Capítulo 6:

El sol, brillante y cálido, se coló traviesamente a través de las delgadas cortinas oscuras que cubrían la amplia ventana de su habitación. Siempre le habían gustado los colores oscuros y que su habitación pareciera estar siempre de noche, sin embargo, había cambiado las gruesas cortinas por unas livianas y casi transparente que le permitían recibir el sol inmediatamente saliera.

La costumbre la había adquirido en Italia, más específicamente la pequeña aldea de Konoha, donde su hermano había vivido. Un lugar demasiado brillante para su gusto y que albergaba personas igualmente luminosas como la misma Saoirse cuya filosofía de que todo debía ser tocado por el sol, los había obligado a comprar ese tipo de telas traslucidas. Y después de sus vacaciones aquel detalle tan molesto, se había convertido en un constante recuerdo de su hermano y su aventurera esposa.

Recuerdo que aún le gustaba mantener.

¿Qué quieres vivir en una cueva? – había preguntado aquella mujer, quitando la manta que él mismo había colocado el día anterior sobre la ventana, para permitirse dormir un poco más.

Sasuke había gruñido y cubierto con las sabanas.

Entre más temprano te levantes, mas podrás disfrutar del día. – volvió a decir, mientras abría la ventana y dejaba que la brisa marina ondeara su flameante melena ondulada, como si de fuego se tratara.

Claro, que después de mucho tiempo había aprendido lo importante de despertarse al son del sol y había cambiado la última frase de ella por una digna de un Uchiha.

"Entre más temprano se levante, mas podrá aprovechar el día"

Lo que no incluía casi nunca nada de diversión o algún entretenimiento vago.

Salió de su cama y se dirigió inmediatamente a la cocina, necesitaba una taza de café y algo que calmara su estómago. A medida el sueño se disipaba completamente de su cuerpo, fue haciendo memoria de todo lo que debía hacer ese día. Aun tenía que organizar una cita con los Hyuuga, para hablar sobre la construcción y revisar los últimos detalles del proyecto antes de ser presentado, seguramente su empresa no sería la única en presentarse con la amplia publicidad que se había dado y él debía de conseguir el proyecto a cualquier precio. Arrugo levemente su frente al recordar que el tedioso trabajo no era lo único que le esperaba de ese día. Itachi había sido invitado a la casa de su Tío Obito, lo cual no estaba mal y sabía que el niño lo disfrutaría, pero el inconveniente estaba en ir al barrio Uchiha. Si de por si lo intentaba evitar, ahora con el amigo imaginario de Itachi, era el último lugar en el planeta donde quería estar.

No podía ni imaginar cómo se mofaría Obito al saber aquella noticia, y como lo acosarían los ancianos diciendo que no estaba haciendo un buen trabajo con el menor de los Uchiha. Debía hablar seriamente con Itachi al respecto.

Su familia era un tanto… exigente. Los más ancianos no se ablandaban con el tiempo y fungían de tiernos abuelos que malcriaban a los más pequeños, eran ellos precisamente los encargados de juzgar cada acto de cada miembro de la familia y no permitirles salirse de los estándares permitidos para un Uchiha. Perfección, era lo único que exigían.

Los adultos de su familia, se regían fielmente a aquellas normas y consideraban tan sabios a los mayores que no se permitían rechistar; y los más pequeños no tenían más remedio que ajustarse a aquel tipo de vida y finalmente ser iguales a todos los Uchiha. Era una familia unida, de eso no había duda, pero el peso del apellido no los dejaba ser simplemente… ellos.

No había espacio para juegos y cuentos de hadas. Y al menos esa era una opinión que él compartía con toda su familia –excepto por Obito —.

Movió su cabeza de un lado a otro liberando un poco de la tensión que se había acumulado en su cuello y lavo la taza de café. Era mejor empezar de una vez por todas. Despertó a Itachi, y una vez cambiado volvió a bajar dejando su saco en una de las sillas del comedor, mientras preparaba el desayuno del niño.

— ¿Dónde está Sakura? – pregunto Itachi al entrar, sus ojos oscuros recorrieron la cocina. Su cabello azabache aún estaba húmedo y unas pequeñas gotas caían sobre la camisa naranja que llevaba, a Sasuke irremediablemente le recordó a Naruto y más aún por la expresión de rabieta que tenía en ese momento; sus manos cruzadas frente a su pecho y sus labios apretados fuertemente. — ¿Dónde está Sakura? – repitió el niño mirando fijamente a Sasuke.

El mayor lo ignoro, no pensaba participar en aquel tipo de juegos y estimular la locura de su sobrino. Dolía, porque podía ver la cara de disgusto en el niño cada vez que él no era capaz de seguir una simple invención, pero sabía que a la larga era mejor de esa manera. Coloco el plato de cereal en el comedor y saco su teléfono móvil, llamando a la residencia de Obito.

—Soy Sasuke. ¿Cómo te encuentras?

— ¡Sakura! – grito furioso el niño, al haber sido ignorado. Comenzó a buscar por todos lados, la alacena, debajo de la mesa, al pequeño jardín que tenía acceso desde la cocina.

Sasuke suspiro con pesadez y se dio la vuelta, tapándose el oído libre, evitando los encarecedores ruidos.

—Justamente por eso hablaba, en un momento saldremos para allá… Si Itachi también esta emocionado…

— ¡¿SAKURAAA?! ¿Dónde estás?

— ¿Qué? ¿Una amiga?... segura que te dijo eso… — Sasuke aclaro su garganta, intentando salirse de su asombro, no era posible que Itachi ya había hecho lo que el tanto deseaba evitar. Miro a su sobrino sobre su hombro, fulminándolo con la mirada. El niño fruncía el entrecejo, mientras intentaba escuchar algo que su imaginación inventaría. De repente, su gesto cambio y una amplia sonrisa se formó, saliendo corriendo de la cocina. – no, no sabía nada al respecto pero hablare con él. Gracias Rin, nos veremos pronto.

Sasuke colgó y respiro fuertemente, intentando mantener su desesperación al margen. Luego sin vacilar, camino hasta la puerta de la cocina y desde ahí llamo a su sobrino con voz dura.

—Itachi, ven hacia acá ahora mismo.

Itachi entro a la cocina con su mirada furibunda y dando un portazo.

—Deja de mirarme así. – le reprendió Sasuke. El pequeño Uchiha torció el gesto y se sentó en la mesa. Su expresión cambio a confusión cuando volvió a alzar la vista a su tío.

— ¿Por qué encerraste a Sakura anoche?

Resoplo por lo bajo.

Hablaría con Itachi y le pondría fin a la situación que le estaba quitando más el sueño que su proyecto de hotel.

—Ella quiere saber, porque te llevaste el bate a tu habitación, si claramente no ibas a jugar.

Abrió los ojos sin poder contener la sorpresa. ¿Cómo era posible que él supiera…? Se recompuso al instante y su mirada se endureció.

—No quiero escuchar nada al respecto. – sentencio. Su voz gutural sonó un octavo más alto de lo que deseaba. El niño palideció y solo atino a abrir la boca sin emitir palabra algunas. – ya basta con el jueguito de "Sakura" ¿Entendido?

Sasuke observo como los labios del chico se desfiguraban en un puchero y temblaba levemente, mientras sus ojos se llenaban de agua, sin embargo su frio semblante no sucumbió ni un ápice.

— ¿Entendido?

Itachi movió lentamente la cabeza de arriba abajo, reteniendo su llanto.

—Ahora come.

La desesperación comenzó a alejarse de él al ver como el chico dócilmente le obedecía, pero eso no hacía que se sintiera mejor consigo mismo. Fue hasta su maletín y saco unos cuantos papeles, revisándolos mientras esperaba que Itachi dejara de comer y al mismo tiempo que ignoraba el llanto mudo del infante.

— ¿Dónde está la llave del salón? – pregunto de pronto él niño y el coloco los ojos en blanco… ahí iba de nuevo.

Se levantó con cansancio y tomo la llave de una estantería cercana. Con desgana y furia quito el seguro.

—Ya está. – declaro con molestia. – Ahora Sakura es libre de largarse de aquí. – continuo un tanto sarcástico, pero al momento se arrepintió.

—En realidad no. – murmuro Itachi, asomando su cabeza desde la cocina con cierta timidez. Lo que le faltaba un ente extraño viviendo para siempre en su casa. –Ella no puede abrir puertas.

Sasuke se voltio hacia su sobrino incrédulo. ¿Había escuchado bien?

— ¿Cómo dices?

—Que ella no puede abrir las puertas. – replico encogiéndose de hombros.

Eso era nuevo, y completamente ridículo. ¿Acaso esos seres no podían hacer lo que fuera? Trepar paredes. Atravesar puertas, volar por el espacio, usar polvo de hadas y otras ridiculeces que estuvieran en la imaginación de un niño.

Sasuke salió de la habitación murmurando cosas inteligibles. Ni loco pensaba abrirle la puerta a un amigo imaginario. Miro sobre su hombro como Itachi corría la mar de feliz, después de desplegar la puerta del salón.

1—

— ¡Que estricto que es! – le murmure a Itachi, mientras tomaba del cereal que me había servido y deba leves vistazos a la ventanilla de la cocina esperando no encontrármelo. Raramente susurro a mis amigos, pero como el tío de Itachi me había oído un par de veces preferí no correr riesgos. El niño se encogió de hombros sin darle importancia. — ¿Siempre es así?

Asintió sin dejar de saborear su cereal.

— ¿Nunca juega contigo, ni te hace mimos…? – esta vez negó y me sentí horrorizada. Di un vistazo más a la ventanilla divisando a lo lejos la mata de pelo negro que se movía de un lado a otro. No lo entendía, era tan joven e Itachi era un encanto que cualquier persona querría jugar con él.

—Ahora no… cuando era más chico, a veces lo hacía.

— ¡Eso es terrible! ¿A ti no te importa?

El chico negó con ahínco.

—Edith dice que hay personas que te quieren pero no saben qué hacer y tampoco lo dicen… mis otros tíos son parecidos.

— ¿Quién es Edith?

—Mi niñera.

— ¿Dónde está?

—De vacaciones.

— ¿Y quién te cuidará mientras esté de vacaciones?

—Tú.

Le devolví la radiante sonrisa que me dedico y le revolví los cabellos con cariño. Casi al instante entro Sasuke y me quede quieta como piedra. Llevaba la corbata desajustada y las mangas de su camisa arremangadas hasta los codos. Simplemente no podía entender como alguien que parecía tan despreocupado fuera todo lo contrario.

—Apresúrate. – murmuro en el umbral de la puerta. – y péinate.

Se dio la vuelta y comenzó a ajustar su traje.

2—

El pulcro BMW negro atravesó las calles del pueblo hasta tomar un pequeño sendero de unos minutos que estaba a las salidas, dando la entrada a una zona residencial que ella nunca esperaría encontrar. Constaba de pocas casas y muchos árboles. Un lugar sumamente acogedor y pacífico, pero no había nadie en sus calles. Se adentró a aquel vecindario silencioso hasta aparcar en una casa de dos plantas y con un bello jardín frontal. Sasuke fue el primero en salir del auto y observo todo el lugar con un suspiro, la puerta junto a él se abrió y una vez el niño estuvo afuera, él la cerro de un golpe seco.

Itachi lo miro con sorpresa y luego poso sus ojos en la ventanilla.

—Aún no ha salido Sakura. – le informo con confusión.

—Y no lo hará. – agrego con su voz parca. – No quiero que menciones nada de ella a tus tíos, ¿Entendido?

El niño se había pegado a la ventanilla y tragándose un sollozo.

— ¿Itachi, me escuchaste? – murmuro con prisa al ver acercarse a uno de sus familiares.

Asintió sin borrar la expresión de tristeza.

— ¡Sasuke! – Obito se acercó hasta ellos, con su cabello oscuro y corto disparando en todas direcciones y con su acostumbrada ropa deportiva. – Hace mucho que no te aparecías por el vecindario.

—Sí, bueno he estado muy ocupado en la empresa.

—Babosadas. – resoplo, quitándole importancia. – aun eres demasiado joven para llenarte de responsabilidades. Además aun tienes a Kakashi para que te quite el trabajo muy pesado.

—Sabes que no está para eso.

—Sí, pero siempre es bueno fastidiarlo un poco. Además si tú se lo pides no se negara.

Sasuke bufo. Tenía razón. Kakashi, su tutor, no le negaría nada precisamente porque él nunca pedía nada. Le resultaba incomprensible la amistad entre ellos dos, tanto como la suya propia con Naruto.

— ¿Y tú amiguita? – pregunto de pronto, sacándolo de sus pensamientos.

—No ha podido venir, se encontraba indispuesta. – contesto rápidamente Sasuke y una vez más ignoro la expresión de enfado de su sobrino.

—Es una lástima. Rin preparará tu platillo favorito y un postre, sabes que le quedan riquísimos.

—Sera mejor que me retire. – dijo Sasuke.

Empujo levemente el niño hacia su tío, para separarlo de la ventanilla y entro al auto.

—No te pierdas tanto, hace falta ver caras diferentes en este barrio.

Sasuke observo a los dos morenos avanzar hasta la casa. Rápidamente salió del barrio Uchiha y una vez dentro de la pequeña carretera se hizo a un lado del camino, deteniéndose unos segundos.

Bajo la ventanilla de su puerta y observo lo que había al otro lado de la carretera. Sakura siguió la línea de su mirada y con sorpresa observo el cementerio del pueblo al otro lado de la carretera.

Sasuke suspiro, hacía seis meses que no iba al barrio Uchiha… desde ese día.

Se colocó los lentes de sol y volvió a encender el carro. Todavía no estaba preparado.

—Bueno Sakura. – dijo mientras aumentaba la velocidad y miraba al asiento trasero por el retrovisor. – supongo que te vienes a mi oficina.

Y luego hizo algo inesperado.

Soltó una breve y ronca risa.

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