Capítulo 7: Girando
Para Sasuke, Baile na gCroíthe era una especie de puente. Te ayudaba a llegar rápido a cualquier lugar pero no era para quedarse ahí mucho tiempo. Por su puesto que era bonito, su mayor motivo de orgullo fue ganar el concurso Ciudad Cuidada por tercer año consecutivo, y cuando entrabas al pueblo, encima del puente un esplendoroso arreglo floral formaba un rótulo de bienvenida. Los arreglos florales se sucedían por toda la localidad. Las jardineras adornaban las fachadas de las tiendas, había canastas colgadas de las farolas negras, los árboles crecían a lo largo de la calle mayor. Cada edificio estaba pintado de un color diferente y la calle mayor, la única calle, era un arco iris de tonos pastel y colores atrevidos como verdes menta, rosas asalmonados, lilas, amarillos limón y azules de lo más variopinto. Las aceras relucían sin el menor rastro de desperdicios y en cuanto levantabas la vista por encima de los tejados grises de pizarra te encontrabas rodeado por majestuosas montañas verdes. Era como si Baile na gCroíthe estuviera arrebujado, acurrucado en el seno de la Madre Naturaleza.
Demasiado asfixiante para su gusto.
Los turista, como en esa mañana, se arrejuntaban en las ventanillas alzando las cámaras y tomando fotografías de lo que parecía una villa de cuentos de hadas, mientras el autocar intentaba maniobrar en la angosta calle para no chocar con otro autocar lleno de turista que transitaba en la vía opuesta.
Era una situación bastante común y otro punto en su lista de inconvenientes a la hora de ir al "barrio Uchiha". Aparco el auto aun extremo de la carretera mientras esperaba que el tráfico volviera a fluir. Encendió la radio, buscando cualquier emisora local que le permitiera no pensar en el cementerio que había dejado atrás.
Cuando los autocares por fin cedieron el estrecho callejón, Sasuke manejo sin prisa hasta el pequeño edificio de los Uchiha. Era de un color crema y una fachada bastante llamativa que casualmente combinaba con el supermercado amarillo que tenía al lado y el negocio de telas celeste de la señora Bracken que estaba al otro lado, una señora viuda hace más de diez años que basaba todas sus decisiones en lo que su difunto marido pudiera desear o pensar. Sasuke no entendía porque aquella señora le tenía tanta estima, seguramente era por sus trajes monótonos y su cara de seriedad absoluta que rara vez variaba… ella no era una persona que le gustaran los cambios y Sasuke era una persona constante.
El barbullo de los turistas disminuían a medida que los autos se alejaban del pequeño pueblo y para cuando Sasuke llego al estacionamiento de su empresa, la calma habitual volvía a reinar.
La villa tenía tendencia a hacer eso. Casi como si lo hiciera a propósito. Te abría la puerta de su corazón con los brazos extendidos, te mostraba cuanto tenía que ofrecer, con sus flamantes tiendas multicolores de fachadas decoradas con flores. Era como llevar a un niño a una tienda de golosinas y mostrarle los estantes llenos de resplandecientes y azucarados caramelos que le hacían la boca agua, y acto seguido, mientras los contemplaba con ojos como platos y el pulso acelerado, proceder a cerrar los botes apretando bien las tapas. En cuanto habías percibido la belleza del lugar, te dabas cuenta de que no tenía nada más que ofrecer.
Curiosamente, resultaba más fácil de cruzar el puente de entrada que el de salida. Éste trazaba una curva peculiar haciendo que el hecho de abandonar el pueblo entrañara cierta dificultad. Cada vez que pasaba por allí, Sasuke se sentía agobiado.
Era como si la pequeña ciudad se esforzara en mantenerlo cautivo y recordándole que ahí debía estar, debía cumplir con lo que se suponía que debía hacer y así todo seguiría con la armonía establecida, por quien sabe quién.
El corto tiempo que había pasado en Italia durante algunas vacaciones se convertía en esos momentos en su sueño ideal. Le encantaba la vida en ese lugar. Nadie lo conocía, nadie esperaba nada de él, ni mostraban respeto por su apellido o lo catalogaban por el mismo. En esa pequeña aldea había tenido mayor libertad de la que jamás había tenido en su vida, se había enamorado por primera vez y al mismo tiempo le habían roto el corazón; y el siguiente verano nada de eso importaba porque podía volver a comenzar.
Nunca se lo dijo a Itachi ni Saoirse – en esos tiempos su orgullo hubiera sufrido demasiado.- pero realmente se había enamorado de ese lugar. Intento trasladar el estilo de vida a Inglaterra mantenerse relajado, disfrutando de la pasión que brinda todo lo cotidiano, practicando de la dulce vita que todo italiano parecía llevar en la sangre y que se ejercía con tanto fervor en la aldea donde vivió Itachi como si fuese su credo. Consecuentemente, el ajetreo de la ciudad termino ganando la partida su propio actitud de perfeccionamiento le impedía ser de la manera que él deseaba y aquello tampoco le molestaba. La vida de la ciudad era para él tan llamativa como para cualquier joven.
Sin embargo, sentía que Baile na gCroíthe lo mataba lentamente sumiéndolo en el estado de duermevela en el que parecía flotar eternamente el pueblo.
Y la impotencia al verse arrastrado lo irritaba.
Aparco el coche en el pequeño estacionamiento que contaba la empresa y cerca del letrero que mostraba el nombre "Sharingan" seguido de las tres aspas que formaban el logotipo. En ese momento se dio cuenta que todo el trayecto había tarareado la estúpida "canción del tarareo" y que según Itachi era invención de Sakura. La canción era jodidamente pegajosa y no se la podía quitar de la mente. Callo de golpe y apretó la mandíbula como si aquello pudiese hacer que la canción dejara de resonar en su cabeza.
Abrió la puerta trasera para sacar su maletín y luego camino a paso firme hasta el edificio tomando el elevador hacia el tercer piso, donde estaba su oficina. La pequeña sala de espera que le daba la bienvenida, tenía una vista esplendida del pueblo, un ventanal enorme abarcaba casi toda la pared frontal y los mullidos sofás de cuero invitaban a sentarse. Era un buen diseño de arquitectura y decoración que atrapa a los clientes desde que ponían un pie en el lugar.
Se preparó un poco de café, que siempre permanecía hecho, y lo disfrutó en la completa soledad y silencio que se permitía por unos minutos en el día. Por eso le gustaba llegar temprano, le permitía pensar las cosas con calma y organizarse antes de que Naruto lo sacara de quicio en algún momento del día. O sus compañeras se pusieran flirtearle descaradamente o cotillear por más de una hora.
Entro finalmente a su oficina, una estancia de tonos grises, azules y negros que se traslapaban con absoluta exquisitez y la hacían tan fría como él mismo; y encendió el ordenador. Era costumbre que revisara su agenda en el primer momento, sin embargo lo tenía preocupado el comportamiento de Itachi.
El personaje de Sakura llevaba demasiado tiempo merodeando por la cabeza de su sobrino. A lo largo del fin de semana había observado a Itachi caminar, hablar y jugar a solas, carcajeándose y riendo por lo bajini como si lo estuviera pasando en grande. Quizás estuviera pasando por alto algo que él debía hacer al respecto. Y Edith no estaba allí para presenciar aquel extraño comportamiento y ocuparse de resolverlo con el maravilloso tacto del que siempre hacía gala en su trato con Itachi. Todo eso de ser un padre aun le era completamente nuevo y sentía que estaba defraudando al pequeño en muchos aspectos. No es que no tuviera un buen ejemplo que seguir, su hermano Itachi había sido un magnifico padre y el suyo propio había sido bastante respetable; pero él no contaba con la habilidad de ponerse en el lugar del niño o expresar sus emociones y cariño, era tan duro como una roca y se manejaba solamente en el mundo de lo racional. No entendía que podía estar haciendo mal, el pequeño nunca había presentado algo así mientras sus padres estaban con vida y temía que toda la situación fuera culpa suya.
Una vez encendida la computadora, abrió el buscador y tecleo las palabras "amigo imaginario" tomando sorbos de café mientras esperaba por los resultados. Después de leer varios artículos relacionados, se sentía bastante bien respecto a Sakura e incluso una media sonrisa se formó en sus labios.
El hecho de tener un amigo imaginario no correspondía ningún problema, según algunos médicos, mientras no interfirieran mucho con la vida normal del niño aquello incluso podía verse como un buen augurio del poder imaginativo del niño, y no de soledad. Los amigos imaginarios eran algo bastante común y si sabía preguntar correctamente, podría averiguar lo que Itachi pensaba realmente.
Aun así, no obstante, aquello iba a resultarle difícil a Sasuke. Atentaba contra todo en lo que creía. Su mundo y la tierra de la fantasía existían en dos planos muy diferentes y le costaba lo indecible hacer comedia. Se veía incapaz de hacer ruiditos de bebé a un recién nacido, de fingir que se escondía tapándose con las manos o de dar vida o voz a un oso de peluche. Ni siquiera de estudiante había conseguido hacer teatro improvisado. Había crecido sabiendo que no debía hacer eso, se lo habían inculcado desde pequeño y ahora los expertos le estaban diciendo que todo eso tenía que cambiar.
Se terminó el café pese a que ya estaba frío y leyó la última frase de la pantalla. "Los amigos imaginarios desaparecen transcurridos tres meses, tanto si los alientas como si no."
Dentro de tres meses estaría más que contenta de ver la espalda de Sakura y regresar de nuevo a la vida normal.
Pasó las páginas de su calendario y marcó el mes de julio con un círculo rojo. Si Sakura no se había marchado de su casa para entonces, no dudaría en abrir la puerta y mostrarle el camino de salida él mismo.
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Sakura dejó caer su cabeza hacia atrás haciendo que sus cabellos rosados danzaran al compás de la silla giratoria en la que deba vueltas. Escuchaba hablar a Sasuke al otro lado de la puerta, planeando reuniones por teléfono y resolviendo problemas que solo los adultos consideraban importantes cuando no eran una sarta de cuestiones aburridas que lo alejaban de lo que realmente era vivir. Escucho como el pelinegro colgaba y casi de inmediato se ponía a cantar la melodía que ella había inventado.
-¡Eso es Sasuke! – lo felicito con cierta esperanza que la escuchara pero nada más paso. Con su pie empujo un poco más la silla, dándole nuevamente impulso y riendo por las mariposas en el estómago que le producía.
Aquel juego le encantaba y sabía que a Itachi le habría gustado de igual manera. La carita triste del niño al separarse de ella en la residencia Uchiha volvió a su mente y el entusiasmo bajo. Le habría gustado mucho pasar tiempo con el tío de Sasuke, se notaba que era una persona agradable por lo que tal vez solo Sasuke era el odirruba de la familia.
Al menos ese tiempo con el mayor, le ayudaría a terminar de redactar el perfil que tenía que presentar a la empresa y asegurarse que no la escuchaba. Y así, podría centrarse en Itachi una vez más.
Una vez comenzó a sentirse mareada, Sakura tomo impulso y salto lo más largo que pudo de la silla cayendo sobre sus pies y dando una ovación como si se tratase de una gran gimnasta. Al levantar su cabeza se quedó hecha piedra.
Un chico rubio estaba a unos pasos justamente frente a ella. Sus inmensos ojos azules atravesaban el cuerpo de Sakura y miraba atónito la silla dando vueltas a unas revoluciones alarmantes. Camino como zombi hacia el objeto y Sakura se apartó rápidamente para que no la empujara en el encuentro. Lo observo con curiosidad, era el mismo chico que había visto salir de la residencia Uchiha el día que conoció a Itachi. Naruto, si, así había dicho Itachi que se llamaba.
El rubio camino con pasos silenciosos hasta la cómoda silla negra, y dio vueltas alrededor de ella observando cada milímetro, alargo una mano con sumo cuidado y lo empujo levemente. La silla cambio su rumbo por unos segundos antes de detenerse.
Naruto junto su entrecejo y se rasco la cabeza visiblemente confundido. No pudo evitar imaginarse a Sasuke – quien era el único que estaba a esas horas en la oficina. – girando en ella como cuando era unos críos y hacían lo mismo en la oficina de Fugako Uchiha.
Soltó una risa un tanto amarga y negó con la cabeza. El Sasuke que ahora trabajaba ahí, no se pondría a jugar nunca como un niño, así que hizo lo más sensato y se sentó en la silla, esperando unos minutos para asegurarse que nada pasara.
Sakura no pudo evitar soltar una carcajada al ver al arrebatado chico ser tan cauto por algo tan insignificante.
Ya habían pasado un par de horas. Sasuke tenía agendado todo su tiempo de aquel día y justamente se iba a encargar de revisar el archivo del hotel de los Hyuuga. Sin embargo, había algo sumamente extraño aquel día. Había escuchado la alegre voz de Tenten al entrar a la oficina esa mañana y un Naruto que sonaba taciturno, supuso que en cualquier momento irrumpiría en la oficina y le contaría lo que le molestara al rubio… pero no sucedió. También había escuchado la voz empalagosa de su secretaria al acercarse, pero al igual que los otros dos poco a poco fue apagándose. No llego a ofrecerle café, ni tampoco a molestarlo con los siempre fallidos intentos matutinos por coquetearle.
Era algo extraño e inusual. No podía ser que estuvieran trabajando en total silencio como él siempre lo había pedido.
Se levantó de su escritorio y salió de la oficina. No fue necesario dar un paso más allá del marco de la puerta cuando vio a todos ellos sentados en el escritorio de Naruto y mirando hacia el de Tenten como si fuese lo más interesante del mundo.
-¿Qué sucede? – pregunto, cruzándose de brazos.
Karin, su secretaria se sobresaltó y miro de él hacia el puesto que Tenten debería estar ocupando sin decir nada. Pero fue Naruto quien con su cabeza, le hizo una señal hacia el puesto de la castaña.
Sasuke observo el lugar y levanto una ceja incrédulo. La silla giraba sin detenerse, a tiempos más rápidos y luego más lentos. Se acercó hasta ellos, examinando aquel objeto.
-Lleva así desde que he llegado. – le informo Naruto.
Sasuke se acercó y Naruto lo siguió. Las dos chicas intercambiaron una mirada antes de centrar su atención en los chicos.
-De seguro se ha averiado. – dijo Sasuke analizando la silla.
-Sí, claro. Cuando las cosas se arruinan, dan vueltas como trompo. – señalo Naruto, bufando.
Sasuke lo miro de manera asesina, pero antes de decir algo. La silla dio un brinco y casi al instante Naruto retrocedió, trastabillando.
Sasuke lo miro impresionada y el rubio le devolvió la mira aterrada.
-¡Algo me ha empujado! – exclamo con horror.
-Como digas. Miedosito. - Sasuke sonrió de medio lado y Naruto bufo molesto.
Ambas chicas soltaron una ligera risa. Había sido su imaginación o Sasuke acababa de ser gracioso.
