El pitillo del horno lo saco con un sobresalto de sus pensamientos. Sasuke corrió por toda la cocina y se apresuró a abrir la portezuela del horno, una nube de humo lo cubrió al instante, cogió los guantes de cocina y saco la lasaña que lucía levemente quemada. Rodo los ojos y lanzó un suspiro, reprendiéndose mentalmente por seguir divagando en idioteces del pasado que solo causaba que su garganta se cerrara y su pecho se oprimiera con dolor. Él no era un hombre que vivía del pasado o fantasías inútiles, él estaba constantemente en el presente, no se divagaba y tampoco andaba con melodramas. Por eso no podía explicarse su comportamiento de ese día.
Todo había sido raro, confuso y doloroso; mucho más cuando tuvo que volver al barrio Uchiha por Minato, donde el recuerdo de su décimo cumpleaños fue más nítido que nunca.
Llamo a Itachi, mientras servía la mesa y un instante después el niño llego correteando.
—Te has olvidado de Sakura de nuevo —dijo Itachi mirando el puesto vacío frente a él.
Sasuke miro a su sobrino y alzo una ceja, pero al recordar lo que había leído en los sitios web se tragó sus palabra y decidió hacerle casos a los consejos.
—¿En serio? Pero que torpe —respondió intentando que el sarcasmo no se notara tanto en su voz. Itachi lo miro sorprendido y antes de que el niño dijera algo más, se levantó y camino hasta la cocina.
Tomo un tercer plato y otro tenedor, rodando los ojos y gruñendo por el desperdicio de comida, pero cuando regreso al comedor mantuvo su cara inexpresiva intentando que Itachi no se percatara del fastidio que eso le causaba.
Los coloco sobre la mesa, frente a Itachi y volvió a su lugar.
—Lo siento Sakura —murmuró con elocuencia. —Supongo que eso será suficiente, no creo que una chica como demasiado.
—Me ha dicho que si es lasaña no le importa, le gusta mucho —contesto casi de inmediato Itachi.
—Adivino. Es su comida favorita.
—Es su pasta favorita.
—Lo mismo —renegó pasando con desesperación una mano por su cabello.
Sasuke miro de reojo el supuesto plato de Sakura, preguntándose cómo se las arreglaría Itachi para comer una doble ración. Solo esperaba no encontrarla escondida y podrida por algún lado de la casa.
—Sakura me ha dicho que se lo paso en grande en tu oficina esta tarde —dijo Itachi después de tragar un bocado.
—¿Ah, sí? — respondió Sasuke, esbozando una diminuta media sonrisa por aquel disparate. —¿Y qué le ha parecido tan divertido?
—La silla giratoria —dijo de forma distraída, intentando cortar un trozo más de la pasta.
Sasuke se atraganto y una vez logro tragar, volteo a ver a Itachi con sus ojos abiertos de par en par.
—¿Qué quieres decir?
—Que le ha gustado dar vueltas en la silla de Naruto.
Sasuke se quedó en silencio por varios minutos, analizando todas las maneras en las que el niño se había dado cuenta de esa información. Estaba seguro que él no había comentado nada, de hecho casi no había hablado desde que salió de la oficina, pero tal vez Naruto…
—¿Has hablado con Naruto esta tarde? —pregunto de repente, sabía que al rubio le gustaba mantenerse en contacto con el niño y generalmente era para arruinarle un poco más la vida.
—No.
—¿Con Tenten?
—Tampoco.
—¿Con Madara?
Itachi lo miro extrañado. El niño apenas y había visto a Madara en algunas reuniones familiares y nunca había cruzado una palabra con ese Uchiha, le intimidaba demasiado y Sasuke lo sabía, pero si precisamente él llegaba a enterarse de la amiga imaginaria de su sobrino, no había nada en el mundo que le impediría usarlo en su contra.
Dejó la comida a un lado, sin más ánimos de tomar otro bocado. De reojo miro el plato de Sakura, que lógicamente seguía intacto.
—No —respondió Itachi.
Frunció su entrecejo mientras su mente maquinaba por una razón lógica. Quizá sólo fue una coincidencia, quizá Itachi simplemente lo había adivinado. Quizás, quizás…
¿Dónde había ido a para toda su certidumbre?
—Un juegues con la comida —masculló distraído cuando escucho como el plato de Itachi resonaba contra el tenedor —. Sakura me ha dicho que quiere que te la comas…
Itachi soltó una risa de inmediato.
—¿De qué te ríes?
—Sakura dice que todos los papás y las mamás siempre se aprovechan de ella para hacer que sus hijos coman.
Sasuke enarcó una ceja y sonrió de lado.
—Eso es porque los padres siempre se preocupan por sus hijos.
Su sonrisa se desvaneció lentamente: bueno, algunos padres al menos.
—Díselo tú mismo —lo retó Itachi riendo.
—Bien —Sasuke volteo hacia la silla vacía de Sakura y puso la misma cara que tenía en las entrevistas de trabajo: una educada indiferencia —. ¿De dónde eres Sakura? —dijo mirando hacia abajo, como si se dirigiera a una niña.
—Es de Aisatnaf.
Sasuke elevo amabas cejas hasta que casi tocaron su cabello mientras recordaba todo los lugares del país del fuego. Ese nunca lo había escuchado.
—¿Y dónde queda eso? —preguntó reclinándose hacia atrás, entrelazando sus manos sobre la mesa y mirando a su sobrino con interés.
—Muy lejos —respondió Itachi simplemente.
—¿Qué tan lejos? ¿Cómo hasta el país del viento?
Itachi, aburrido con la conversación, se encogió de hombros y llevó un trozo de pasta hasta su boca.
Sasuke rodó sus ojos hasta el puesto vacío de Sakura y tuvo que parpadear varias veces para creer lo que sucedía.
—¿Cómo has hecho eso? —preguntó girándose hacia Itachi.
—¿Hacer qué?
—Darle un bocado a la lasaña de Sakura.
—No lo he hecho yo. Ha sido ella.
Sasuke arrugo el entrecejo, mas confundido que nunca.
Un momento después, ambos se encontraban en la sala de estar. Itachi estaba acostado en el suelo dibujando y tarareando la dichosa canción, mientras Sasuke tomaba té y observaba su canal favorito de televisión.
Hacía mucho tiempo desde que habían estado así.
Por lo general cada quien hacia su vida después de la cena. Ni él dejaba que Itachi coloreara sobre una alfombra blanca, ni hablaban en la cena… y sobre todo, por lo general él no jugaba juegos estúpidos con Itachi.
Comenzaba a lamentarse por eso.
Observó a Itachi con un poco de pesar y después volvió a centrar su mirada en el programa de reformas a hogares.
Al menos Itachi jugaba con juguetes que él podía ver y no con una amiga imaginaria.
—Sasuke —llamó Itachi, sentándose en la alfombra.
Sasuke bajó la mirada una vez más y el niño le tendió el papel.
—He dibujado esto para ti. Somos Sakura y yo jugando en el jardín.
Sasuke estudio el dibujo. Itachi habia escrito sus nombre sobre cada dibujo, pero lo que lo sorprendió fue la estatura de Sakura. Era el doble de alta que Itachi. Vestía una camiseta blanca y una falda roja con zapatillas converse a juego. Su cabello era color rosa y muy largo sujetado con una cinta roja y tenía unos grandes ojos color jade.
—Sakura es muy alta para tener solo seis años —puntualizó Sasuke mirando a su sobrino.
Tal vez lo había dibujado así porque Sakura era muy importante para él.
Itachi soltó otra carcajada.
—Ella dice que seis años no son pocos años —dijo recobrando la compostura —además, Sakura no tiene seis años. ¡Es tan mayor como tú!
Sasuke abrió sus ojos con horror. ¿Qué clase de amigo imaginario tenía su sobrino?
—.—
Lamento mucho el abandono temporal.
Creo que soy una pésima escritora que deja abandonadas historias, pero prometo terminarla. Espero que sigan conmigo y prometo no tardar tanto en las siguientes actualizaciones.
