Capítulo 3: Enamorada

-Señorita Swan, ¿que necesita?- dijo la directora amablemente, divague en su mente un poco hasta que vi que en lo único que pensaba era en que terminara la escuela e ir a casa a ver su telenovela.

-Buenas tardes, me gustaría saber sí todavía me puedo cambiar de clase- Ella comenzó a hojear los horarios de clases, los niños que había en cada clase, pude ver un hueco, pero ella lo tacha inmediatamente.

-Lo siento, no se puede- Pude notar que se estaba desesperando, y no la culpaba era humana.

-¿Pero porque?- Seguí insistiendo, sin duda me gustaba molestar un poco a los humanos más a los mayores, eso era lo que hacían los adolescentes así que de cierta manera tenía que hacerlo.

Su olor, el de su sangre entro a mis pulmones era totalmente delicioso, quería dejar de respirar, pues si no lo hacía en cualquier momento podría atacarlo y beber su sangre.

-Pues, señorita, todas las clases están ocupadas, no hay ninguna clase con un espacio-

Me empecé a enojar no con ella si no conmigo por no poder controlarme lo suficiente como para no morderlo en cualquier momento.

- Ya veo que no se puede- Salí casi corriendo, pobre directora estaba a punto de morir.

Salí de la escuela me encontré con mis hermanos, siempre comprensivos hacía mi, abrí mi Audi R8, todos entraron y me dirigí a casa.

-Bella ¿cómo te fue?- me preguntó Jasper, aunque sabía que todos habían pensado preguntarme pero nadie se atrevía.

-Sobreviví eso es bueno ¿no?- Conteste molesta, no quería hablar del tema.

Emmet se empezó a reír en su cabeza, en realidad estaba muy molesta conmigo, no podía creer que sólo un olor me pusiera así, no lo podía procesar todavía y además me dolía estar lejos de él.

Los pensamientos de Rosalie, decía por ejemplo, ¿como un humano debilucho, mortal, lento, puede ponerte así Bella?, sinceramente esperaba más de ti, ó, que débil eres Bella. Esos pensamientos sólo lograban que me irritara, pero no ponerme fúrica o por lo menos eso esperaba.

-Oye Bella, sabes que yo podría matar a tu preciado humano en menos de 2 segundos- dijo Rosalie.

En ese momento sentí como si mi sangre helada empezará a hervir por primera vez en mi existencia, ese comentario si hizo que me pusiera fúrica, frené el auto y me fui corriendo dejándolos atrás, lo siento por Jasper, Alice y Emmet, pero Rosalie me saco de mis casillas, no podía creer todavía lo que provocaba tan siquiera oír que podían lastimar a Edward, aunque para ser sinceros era más fácil que el solo se hiriera, él era bastante torpe, casi siempre cuando caminaba se tropezaba o caía pero él siempre levantaba.

Decidí ir a casa, para ver a Esme y hablar con ella.

-Ma, no se me siento rara- No quería decirle más sinceramente, me sentía muy extraña Esme era como mi madre, pero nunca me gustó preguntarle acerca de estas cosas.

-¿Que sientes?- Vi en su mente, una chispa de curiosidad le iba a decir que nada, pero como era algo que nunca me había pasado tenía que preguntarle.

-Bueno, pues algo muy extraño acaba de pasar Rosalie dijo algo sobre que podría matar a alguien, y me puse totalmente fúrica ya aparte si estoy lejos de él me duele- Dude hasta el último momento pensé que me pondría una cara de desaprobación.

-¿Hija de casualidad es ese chico Edward?- Puso una cara de felicidad, y comprensión, quería darle detalles pero oía un auto llegar a la casa y no quería que nadie supiera.

-Pero como, supiste no se lo eh dicho a nadie-

-Jasper me hablo hoy sobre como mirabas al chico, sabía que era por su olor, pero no lo mirabas como presa sino como algo más-

-Bueno, eso significa que…-

-Que tal vez estas- hizo una pausa pero entre a su mente, ahí vi, a lo que se refería

-Está bien, no lo digas no quiero que nadie se entere-

-Pero porque hija si ese es un sentimiento muy hermoso, debes dejar de ser tan cerrada-

En ese momento se abrió la puerta, vi a Alice entrar dando saltitos.

-¿Que nadie se entere de que? dijo Alice felizmente sentándose en el sofá.

Porque los vampiros teníamos un oído perfecto, que en esta casa no se podía tener privacidad. Me despedí de Esme y de Alice, me dirigí a la puerta cuando vi a Rosalie, quería disculparse lo leí en su mente, pero no estaba de humor, la ignore y sin querer solté un gruñido.

Empecé a correr quería llegar al bosque, la única palabra que estaba en mi mente era la que vi en la mente de Esme "enamorada".