MADARA UCHIHA 4
Ha olfateado a su "hembra", el aroma de Obito le gusta bastante, le recuerda al olor de su amado hermano y amante Izuna. Por eso en cuanto tuvo la oportunidad no la desaprovechó, obtendría lo que quería a cualquier precio pues ya había perdido demasiado durante toda su vida. Ya la habían arrebatado todo lo que amó y deseó, a partir de ahora él tomaría lo que le correspondía por derecho.
Al no tener un lazo autentico con el joven azabache no podía sentirle a través de esa conexión que se establecía mediante la mordida, pero si olfatear el delicioso aroma que empezaba a llegarle desde la otra estancia. Dejó que esa fragancia excitante, fértil, dulce e intensa creciera y le envolviera… Excitándole más y más. Su pene duro pulsaba en necesidad, quería enterrarse en esa joven pantera rebelde que era Obito y follarle hasta dejarle sin sentido. Llenarle tantas veces de su abundante semilla que el vientre del joven creciera, como si hubiera alimentado muy ricamente al gran gatito que era Obito. Ronroneó satisfecho, paladeando ya en su boca el sublime néctar que producía el omega… Ese omega que se había apropiado robándoselo a ese idiota de la Hoja. Por una vez la suerte le había sonreído y había podido burlar al destino.
Cuando el joven llegó ese día en su primer celo a la cueva donde se escondían y olió ese magnifico aroma fue glorioso. Y a día de hoy aun duraba el potente genjutsu que le aplicó, y eso gracias al sello que le había implantado en el corazón; ese sello que hacía obedecer a Obito y alimentaba su genjutsu del chakra del propio muchacho. Era tan potente su técnica, que ni algo tan poderoso como el lazo, ni una unión predestinada habían podido quebrar esa ilusión y control en Obito Uchiha. Y ahora iba a poder disfrutar de esos planes que trazó hace tiempo atrás y ésta vez se aseguraría de que el joven Uchiha no perdiera a su cachorro. "Su omega" iba a parirle todas y cada una de las crías que le pondría en su vientre, él se ocuparía de llenarle en cada uno de sus celos y juntos formarían un clan Uchiha fuerte, capaz e invencible, no esos payasos inútiles, débiles y sometidos en los que se habían convertido. Un clan que antaño fue orgulloso y poderoso, se habían dejado convertir en el hazmerreir de los demás clanes de mierda. Ellos dos, Obito y él, devolverían la fama y la gloria que los Uchiha se merecían, algo que soñaban con Izuna y no habían podido realizar.
Y por fin el aroma estaba en su punto álgido, a la vez que escuchó el llamado del omega azabache. Se desnudó, observando su cuerpo… Fuerte, joven de nuevo, la piel firme, los músculos abultados debajo de esa piel tersa sin arrugas. Estaba orgulloso de su aspecto, un aspecto conseguido tras años de entrenar duramente, curtirse en peleas y seguir entrenando para volverse aun más poderoso. Sabía que Obito también estaba satisfecho con su nuevo aspecto, lo había escuchado ronronear mientras lo apreciaba. Y otro de los beneficios de volver a ser joven y poderoso, era la resistencia… Esta vez podría, no solo seguir el ritmo de un omega en celo, además podría copular durante horas sin agotarse. Le daría con todo al omega del que se había apropiado. Otro factor a tener en cuenta era que la calidad y cantidad de su esperma también había mejorado muchísimo al ser joven y vigoroso de nuevo.
Ya desnudo se encaminó con seguridad hacía ese cuarto donde estaban ambos omegas, le causó gracia la hembra de lobo, el tal Kakashi, pareja de su Obito, intentando evitar que siguiera con sus planes… ¡Incluso le amenazó! ¡A él! Eso le causó mucha más gracia, aunque los cojones que tenía el tal Hatake eran de admirar, entendía que a Obito le gustase ese cánido. Pero aunque podía admirar el intento en vano de ese peligris, ya era hora de llevar a término sus planes. Obito estaba en celo y él estaba ansioso por copular con la hembra, su pene erecto, grueso, largo y congestionado daba fe de ello. Tras cuatro frases para molestar al Hatake y demostrarle su diferencia de niveles y la inferioridad de ese omega peligris, su incapacidad para evitar lo inevitable, le arrancó a Obito de su regazo. Levantándolo y besándolo con pasión mientras su Uchiha lloriqueaba y gimoteaba pidiendo por su polla y el grueso nudo.
Olfateó las lágrimas del tal Hatake y eso solo consiguió que sonriera con malicia mientras bajaba su mano a apretarle el trasero al azabache más joven, que gimió en respuesta a ese toque lujurioso.
–Vamos, omega… Vamos a enseñarle a tu otra parejita lo que disfrutas conmigo y como te gusta que te folle este culito húmedo que tienes.– Sonrió con malicia al escuchar como le rechinaban los dientes a Kakashi, mientras él metía las manos dentro de los pantalones de Obito para estrujarle ese buen trasero que tenía. Obito se quejó con suavidad deseando más; más de esos toques que le daba y que necesitaba para calmar ese fuego que le exigía copular desesperadamente y él, debía saciarle. –Tranquilo omega, ahora lo tendrás.– Susurró de forma ronca en su oído mientras le arrancaba la innecesaria ropa.
Ante él ya no estaba ese adolescente que abandonaba su fase de cachorro, ahora había un omega adulto, un omega formado… Y muy bien formado. Le encantaba lo que veía y tocaba. Obito era fuerte, era potente, era poderoso, estaba muy bien desarrollado, una compacta musculatura más que adecuada recorría todo su cuerpo dándole un aspecto robusto y resistente, pero a la vez armónico, equilibrado, elástico y ágil. Quizás demasiado musculoso para los estándares omega, pero todo y eso, él lo hallaba apetecible y adecuado para quien deseara una hembra fuerte y capaz a su lado. Seguía creyendo que Obito no podía comprarse a su perfecto hermano Izuna; nadie podría compararse jamás a su amado Izuna, pero estaba más que satisfecho con lo que veía, escuchaba y olía.
Sin más preámbulos y ya con el omega desnudo, decidió que ambos estaban ya listos para el coito. Obito no era su auténtico omega, solo era un medio para conseguir un fin, alguien necesario y adecuado para saciarle y parirle fuertes hijos. Sólo con Izuna se había permitido disfrutar de juegos previos entre ellos; juegos que a ambos les gustaban antes de hacer el amor. Pero a Obito no le haría el amor, a Obito le follaría y le preñaría. Y con esa idea en mente le obligó a tumbarse de cara en el camastro y se colocó detrás suyo. Aunque había gozado de provocarle dolor a Kakashi Hatake sobre lo erótico que era Obito en el sexo, realmente sólo habían sido mentiras para cabrear al omega lobo, a él no le interesaba lo sensual o lujurioso que fuera el joven Uchiha, a él le interesaba que era poderoso, que poseía una gran cantidad de chakra, que su sharingan poseía unas características muy notables, que sabía usar el mokuton y este corría por sus venas, y que era fértil, además con la resistencia del muchacho no se desgastaría al engendrar y parir camada tras camada.
Observó con deleite como el agujero del Uchiha estaba lleno de lubricante producto de estar en celo y que ese ano pulsaba necesitado en un intenso rosáceo bastante llamativo, también producto de estar en celo. Era una señal que buscaba llamar la atención del macho, y vaya si le llamaba la atención. Gruñó excitado y guió su necesitada polla hacía esa pulsante entrada. Presionó abriendo ese agujerito goloso y Obito soltó un quejido, le sujetó antes de que empezara a removerse. Quizás la mente de Obito y su cuerpo, a nivel superficial, aceptaban que él era el alfa enlazado del joven… La situación era diferente en capas más profundas del joven, el omega en su interior intuía que no era su pareja real y cuando realizaban el coito, notaba que él no era su enlazado y le repudiaba. Era una negación intensa y visceral la que sufría entonces el cuerpo de Obito hacía él. Esa repulsión hacía él y lo que le hacía al penetrarle, se manifestaba en rechazo corporal, la entrada del omega se cerraba intentando evitar que pudiera seguir embistiéndole. También la hembra sentía dolor, incomodidad, malestar... Toda una serie de síntomas que dejaban al joven ido e incluso inconsciente. Por otro lado el genjutsu actuaba "convenciendo" al omega de que era su auténtico enlazado… Esperaba que fuera suficiente para combatir ese rechazo visceral, o lo suficiente como para poder llegar al final y preñarle, la vez anterior funcionó, aunque Obito terminó perdiendo al cachorro a los pocos meses de sufrir de los primeros síntomas que indicaban una gestación. Ahora lo iba a poder comprobar.
Madara consiguió penetrar hasta que sus testículos hicieron contacto en el trasero de Obito. El omega había tragado todo su gran y grueso miembro hasta el fondo y aunque soltaba quejidos y su rostro mostraba que no disfrutaba de esa penetración, por ahora aun no había vomitado como la vez anterior. En cambio si que se removió buscando escapar, mientras leves temblores le dominaban.
–Quieto Obito.– Le ordenó roncamente. Su polla era presionada de manera deliciosa, Obito estaba muy cerrado por el rechazo de su cuerpo a la penetración, pero era una placentera presión; o lo era para él, claro. Sonrió malicioso. – Me la estrujas delicioso, pero esto pasará si o si y durante toda tu vida fértil, hembra.
¿Lo estaba disfrutando? Demasiado. Todo y el evidente dolor y malestar de Obito Uchiha, él estaba gozando y además sus planes se materializarían en unos meses, primero cuando el omega mostrara los primeros síntomas de preñez y luego, en unos meses más cuando diera a luz. Dejaría pasar un tiempo antes de volver buscar preñar de nuevo al omega. Que quisiera usar a Obito no significaba que lo tuviera que desgastar antes de tiempo. El joven Uchiha tenía que estar fuerte y sano para darle cachorros fuertes durante toda su vida fértil, luego, cuando ya no le fuera útil, le importaba bien poco que fuera de él. Y también disfrutaba demasiado el malestar, ira y desesperación del otro omega en la habitación. Sonrió aun más grande, Hatake Kakashi estaba sintiendo a través del lazo el dolor de Obito, pero podía intentar zafarse, intentar pelear con las ataduras y dañarse con ellas, gruñirle, maldecirle… Hacer todo lo que quisiera, que él seguiría con el coito lo que durara el celo de su "pareja".
Pero Madara no consiguió culminar sus planes… El alfa azabache consiguió hacer un primer acoplamiento completo, anudando y eyaculando en abundancia en el útero de Obito. La joven pantera, soportó el proceso todo y el dolor que sentía al ser "obligado", por algo era un "omega" fuerte. Eso si, quedó debilitado por el intenso malestar y finalizando en un estado semiinconsciente. Pero eso no iba a detener a Madara. Al alfa le importaba poco como estuviera Obito o si lo disfrutaba o no, tenía un objetivo e iba a por él. Cuando su nudo bajó y su pene volvió a erectarse, apenas pocos segundos después espoleado por el aroma a celo del omega, siguió con los movimientos pélvicos. Obito se removió con suavidad mientras liberaba un débil quejido cargado de dolor e incomodidad.
–No… Ya no más…
Le escucha susurrar ronco y a su vez le intenta empujar para que no siga embistiéndole o para conseguir que salga de su interior, aunque el movimiento es flojo, sin fuerza. Él no se detiene, ni afloja el ritmo que había iniciado. Finalmente Obito queda flojo contra el lecho, sin tensión de ningún tipo. Suelta un sonido burlón al ver como el omega ha terminado perdiendo el conocimiento del dolor que sabe que le causa al no ser su auténtico enlazado, el rechazo del cuerpo de la hembra todo y que en su mente este arraigada la idea de que fue él quien le mordió.
Y mira a su izquierda y ve la tensión en el omega peligris y su rostro descompuesto y roto de pena por su pareja azabache; esa pareja que se esta follando incosnciente y todo. Y su sonrisa taimada aumenta pues Hatake Kakashi no puede hacer nada por ayudar a Obito por mucho que pelee con las ataduras. Huele la sangre, la de Obito y la del omega lobo, que se ha causado con las sogas, y le ve suspirar algo más en paz cuando Obito cae inconsciente, sabe que así no sentirá el dolor que le causa al forzar un cuerpo que le rechaza con tanto ahínco.
Y es en esa segunda cópula, cuando Zetsu interrumpe estrepitosamente. Suelta un profundo gruñido molesto por esa irrupción, pero su siervo ignora su amenaza, acelerado y agitado por algo. Seguro que no tardará en descubrirlo.
–Madara-sama, el-
Un sonido estertóreo corta la voz de su lacayo, un kunai le ha atravesado matándole en el acto, y luego, tierra resquebrajándose mientras un pequeño grupo de árboles empiezan a brotar donde ha muerto Zetsu y crecen llegando hasta el techo, haciendo que se resquebrajara y se formara un buen boquete en esa cueva. Eso es lo malo que encontró cuando creo a los Zetsu blancos, morían y formaban un pequeño bosque allí donde perecían. Madara rechistó para si y observó al recién llegado con rabia por su interrupción, aunque enseguida cambia a una sonrisa torcida y satisfecha al percibir la furia en la mirada de su visitante.
