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CÁMARA INFRAGANTI
Donatelo retrocedió invadido por el miedo, pero tropezó y cayó de sentón, e inmóvil en el suelo, sin siquiera sentirse capaz de pedir ayuda, fue nuevamente testigo del arribo del monstruo al cuarto de otro de sus hermanos, ahora del mayor.
La cinta corría a su velocidad normal, pero lo ocurrido sucedió en pocos minutos.
Eran las 2:29 am, minutos antes de que su hermano Miguel Ángel sufriera pesadillas, pero no causadas por una cena pesada.
A pesar de su colosal tamaño, el monstruo se deslizó dentro de la habitación de Leonardo, tan silencioso como una serpiente al acecho, y como la cámara estaba por encima de la cama, en la grabación, Donatelo pudo ver lo que el monstruo hacia: se colocó justo por encima de Leonardo, acercó su grotesco hocico al rostro de él, abrió las enormes fauces repletas de agudos colmillos, y…
Donatelo ya no supo qué era lo que hacía el monstruo para provocar pesadillas, porque en ese justo momento, de entre las frazadas, algo pequeño saltó a la cara del monstruo, y un destello le golpeó el hocico e inmediatamente retrocedió aullando de dolor.
En cuanto la bestia bajó de la cama, lo que había protegido al pequeño Leonardo, saltó al piso.
La cámara captó de qué o quién se trataba, y cómo encaraba valientemente al enorme monstruo.
Lo siguiente que vio Donatelo, fue aún más extraño: frente a frente, se hallaban la enorme bestia y un pequeño oso.
Donatelo ya no temblaba, quizás fue porque, lo que había descubierto, resultó ser mucho más extraño de lo que había previsto que descubriría con su investigación.
Se sorprendió aún más al ver cómo el pequeño oso hacia retroceder a la horrenda creatura con tan sólo apuntarle con una diminuta pero brillante espada.
Con el mismo sigilo que entró, el monstruo fue retrocediendo para salir del pequeño cuarto, hasta que en la puerta sólo quedó asomando la grotesca cabeza.
- Maldito Baku. –
Donatelo escuchó tenebrosas palabras que brotaban desde un profundo abismo.
El abismo era el hocico de la bestia.
– Protege a tu niño cuanto quieras, Baku, pero no puedes protegerlos a todos. –
Rápidamente el monstruo abandonó la habitación, el brillante destello desapareció, y el pequeño oso regresó en un salto a meterse de nuevo entre las frazadas de la cama.
Donatelo echó un vistazo rápido al reloj de la pantalla.
Marcaba 02:31 am.
La habitación de Leonardo volvía a estar en paz, pero Donatelo sabía que no era así en la habitación contigua: la habitación de Miguel Ángel.
- No… no… no… Imposible, es imposible... – susurraba Donatelo; se negaba a sí mismo lo que había visto y oído.
Fue el frío del suelo lo que le obligó a reaccionar.
Se levantó y rebobinó la cinta para volver a ver la grabación y asegurarse que lo que había visto era tan real como el atroz miedo que sentía en ese momento, sólo que… en lo más profundo de su pequeña alma, sabía que había descubierto al causante de las horrendas pesadillas que sufría su hermano Miguel Ángel y también su hermano Rafael, y las suyas propias, y también la razón por la que Leonardo jamás se había despertado a media noche llorando desconsoladamente.
Presionó PLAY… y ahí estaba.
La horrenda creatura miraba fijamente la cámara como si supiera que cada movimiento suyo estaba siendo grabado.
Donatelo no recordaba haber visto eso en la primera ocasión.
La creatura se acercó más a la cámara hasta que el hocico lleno de filosos dientes chocó con la lente, y resopló sobre ésta, empañándola brevemente.
Donatelo siguió mirando el monitor preguntándose si acaso estaba demasiado cansado como para no haber visto eso tampoco, y estiró una mano para adelantar la cinta, pero en ese momento…
¡El monstruo saltó del monitor como si fuese una ventana, y cayó encima del niño!
El terror que invadió al niño fue tan inmenso, que su corazón se detuvo un segundo, pero fue suficiente para que no jalara aire, y sin aire en sus pulmones, no pudo gritar para pedir ayuda.
Ese segundo fue suficiente para que la creatura abriera su enorme hocico y se tragara la cabeza del pequeño Donatelo…
- ¡AH! –
Donatelo abre los ojos de golpe.
De lo que primero se da cuenta, es que está en tendido en medio de la oscuridad, pero no necesariamente en silencio.
Su corazón retumba con mucha fuerza dentro de su pecho. Es un ruido que comienza a taladrar su cabeza provocándole un inmenso dolor, y el dolor se va a volver insoportable porque hay un miedo atroz que lucha por escapar a través de su garganta reseca, pero para que esto no pase, tiene que tomar control de sí mismo ayudándose del entrenamiento que ha recibido prácticamente toda su vida.
Hace respiraciones profundas y continuas, hasta que su corazón comienza a latir más o menos con normalidad, el dolor de cabeza se va, y el miedo ya no toma forma de un ensordecedor y desesperado grito.
Después se sienta en lo que reconoce que es su cama.
- Otra pesadilla. –
Durante toda la noche ha tenido pesadillas que olvida inmediatamente cuando despierta, aunque lo único que consigue recordar es que era un niño y miraba una pantalla, quizás era la televisión, pero se alegra de olvidar el resto del feo sueño.
En cuanto se siente con fuerzas, se levanta y va al baño en busca del frasco de pastillas para dormir.
Pero las pastillas no son de ayuda.
. . .
Un nuevo día comienza, y tres tortugas adolescentes, arrastrando los pies, se dirigen al dojo para la práctica matutina.
El maestro, y el alumno más disciplinado, ya están esperándolos.
- Miguel Ángel, Donatelo, Rafael, - habla el Maestro Splinter con enfado - se han retrasado por veinte minutos. -
Los tres chicos se ven agotados, como si hubieran estado fuera toda la noche.
- Pero Sensei, - dice Miguel Ángel con una voz débil – no pude dormir. –
- Yo tampoco Sensei. – dice Donatelo.
- Ni yo. – dice Rafael.
- ¿Debido a qué? – Splinter se muestra inflexible.
Ya en otras ocasiones sus hijos han acudido tarde a la práctica de la mañana por desvelarse la noche anterior en actividades propias de su jovial edad, como jugar videojuegos, ver películas o salir de parranda con el amigo Casey.
- Tuve la más fea de las pesadillas. – dice Miguel Ángel aún con más cansancio.
- Yo también Sensei. – dice Donatelo con pesar, como no queriendo admitir que, a su edad, todavía tenga pesadillas.
- Y yo. – admite también Rafael.
- Hijos, tienen que ser capaces de asumir las consecuencias de sus actos. Si anoche vieron una película de terror, sabían perfectamente que no podrían conciliar un buen sueño, pero esto no es motivo ni excusa para llegar tarde a la práctica. –
- Eso es lo peor, Sensei, - dice Rafael – no vimos ninguna peli de miedo. –
- De hecho – dice Donatelo – fuimos a dormir a una hora adecuada. –
- Como apenas antier ya nos habías llamado la atención, - dice Miguel Ángel - nos acostamos tempranito para despertar más frescos que una lechuga, pero amanecimos "en la calle de la amargura". Rimó, y eso que mi cerebro no está bien despierto. -
Splinter se aproxima más a sus hijos para examinarlos detenidamente.
Una mirada agotada color ámbar, otra color avellana igualmente cansada, y una triste mirada azul, no mienten.
- Tal vez algo que hayan comido fue lo que les causó las pesadillas. –
- Es probable. – dice Donatelo.
– ¿Probable? – dice Rafael - Si lo único que comimos fue una pizza tamaño familiar cada uno. -
Splinter permanece en silencio, evaluando la situación.
Sabiendo lo estricto que es su maestro y que no hay manera de que puedan regresar a la cama, las tres cansadas tortugas toman su lugar para comenzar el entrenamiento.
Leonardo mira a sus hermanos, después mira a su maestro.
- Sensei, creo que sería mejor cancelar el entrenamiento, al menos por este día. Mis hermanos no están en condiciones. –
Rafael, Donatelo y Miguel Ángel miran a Leonardo, después a su maestro, con una frágil esperanza.
- Precisamente estaba pensando en esa opción, hijo. – dice Splinter no sin dar un suspiro – Ah… Por hoy no habrá entrenamiento. –
Las tres cansadas tortugas celebrarían dando brincos y gritos de júbilo, pero prefieren retirarse a dormir.
Splinter y Leonardo los miran alejarse.
- Leonardo, tienes que vigilar con mayor esmero todo lo que tus hermanos se llevan a la boca. –
- Hai Sensei. –
Splinter se da cuenta que su hijo mayor está muy preocupado por sus hermanos. Pone su mano sobre un hombro tenso.
- Yo les prepararé un té que les ayudé a conciliar el sueño, mientras tanto, tú puedes disponer del tiempo librecomo mejor te plazca. -
– Me gustaría ayudarte. -
Splinter asiente.
Padre e hijo van para la cocina.
A Splinter le gustaría que sus otros hijos fueran tan disciplinados como su hijo mayor: tiene una rutina de ejercicios extra a las lecciones diarias, cultiva su mente y su espíritu con diversas artes, y su alimentación es estrictamente vegetariana y balanceada; pero afortunadamente, cada uno de ellos tiene su propia personalidad, personalidad que no podrá manifestarse en este día, de lo contrario, Miguel Ángel hubiese dicho que las pesadillas las causó algún fantasma o monstruo, y le hubiese pedido a Donatelo que instalara cámaras de vigilancia en todas las habitaciones para comprobar que no hubiera ningún monstruo bajo la cama…
Aunque, si Miguel Ángel le hubiese pedido a Donatelo la instalación de las cámaras, seguramente Donatelo lo hubiese pensado dos veces, porque ya en otra ocasión, cuando eran niños, instaló cámaras sólo para comprobar lo que habían visto en una película. La labor fue tan tediosa, que en último día de revisión de las grabaciones, halló a su pequeño Donatelo durmiendo sobre el frío piso, y estaba tan agotado, que no se despertó cuando fue llevado a su cama, sino hasta la mañana siguiente.
Fue inútil todo el esfuerzo de Donatelo; las cámaras no grabaron nada fuera de lo normal, pero Donatelo, siendo un niño tan creativo, borró todo lo que había grabado, y utilizó las cintas y las cámaras, para algo de mayor provecho: las utilizó para crear el primer sistema de seguridad de su hogar.
Splinter ya van rumbo a las habitaciones de sus cansados hijos, y Leonardo lleva la charola con tres tazas y una jarra que contiene un té especial que ayuda a dormir.
De repente, Leonardo ve algo de reojo.
Se detiene, y voltea.
Hay una pequeña figura color amarillo marfil asomándose cautelosamente desde el umbral de su habitación.
El rostro de esta figura refleja una gran angustia.
Leonardo asiente, como diciéndole a esa figura, que sus hermanos están bien.
Satisfecho con la respuesta, la pequeña figura desaparece dentro de la oscuridad de la habitación.
Leonardo se apresura a alcanzar a su padre antes de que se dé cuenta que se ha rezagado y crea que no quiere ayudar a sus hermanos.
Al contrario, Leonardo siempre ha estado al pendiente de sus hermanos menores, pero hay "algo" que los ha acosado desde niños, y no ha hallado el modo de cómo destruirlo… todavía.
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N/A:
Baku es un ser fantástico de la mitología japonesa. Es un ser benigno que se comen las pesadillas y los malos espíritus.
A mí me encantan las historias de magia como Harry Potter, El Señor de los Anillos, El Jinete del Dragón, Una Historia sin Fin, etc., etc., y también historias de lo sobrenatural como Eso, El Resplandor, Pesadilla a 20 000 pies, El Exorcista, La Dimensión Desconocida, etc., etc.,
así que no pude resistirme a escribir este fic cuando mi musa me dio la idea,
sólo que, el fic lo escribí hace mucho tiempo, y si no lo había publicado es porque no estaba segura si debía hacerlo, pero finalmente me decidí después de ver tres dibujos en Deviantart.
Este descubrimiento significó mucho para mí, porque así supe que no soy la única que cree que los ositos de peluche protegen a los niños de las pesadillas,
y Ogima no podía ser la excepción,
o al menos no en la Dimensión Desconocida de Yunuen.
^.^
Si quieres echarles un vistazo a los dibujos que digo, estos son los links (tienes que copiarlos y pegarlos en tu buscador y agrega la h las dos t los : y diagonal diagonal):
begemott. deviantart gallery/ ?offset=48#/art/sweet- halloween- dreams-42197587?_sid = 4b34d59b
thatsummersguy. deviantart art/ Dream- Defender- 287671564
justmetd. deviantart art/ Teddy- Bears- 282825315
Gracias por leer otro alucinado fic mío.
^.^
