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Todavía no es el último capítulo.
Gomen nasai.
Es que el trabajo no me da tregua.
Disclaimer:
LAS TORTUGAS NINJA
no me pertenecen,
más bien mi corazón le pertenece a Leo.
Tampoco obtengo ningún beneficio lucrativo por escribir este fanfiction.
Mi única ganancia es la satisfacción de hacerte pasar un rato agradable,
a ti estimado lector,
que pasas a leer mi divagación.
-69-
AQUÍ ABAJO
Lo que estuvo a punto de arrollar a los chicos ha detenido su abrupta aparición.
Ellos se acercan a ver qué fue, y descubren que es un enorme trineo rojo impulsado por majestuosos renos.
Miguel Ángel, Donatelo y Rafael miran con asombro el increíble trineo que han visto en muchas películas navideñas, pero en ninguna de esas películas les ha parecido tan impresionante como el que están viendo ahora mismo.
- ¡Santa! – dice Leonardo de repente con una voz de preocupación.
Los tres chicos voltean a verlo sin poder creer lo que acaban de oír.
Sin tiempo para reparar en el desconcierto de esos rostros, Leonardo ya va corriendo hacia el trineo junto con el chico rubio y el chico de cabello blanco.
- Santa. –
Leonardo sacude a alguien inconsciente sobre el mando del trineo, mientras Ogima y Jack ayudan a alguien más.
El abrigo rojo que ven Miguel Ángel, Donatelo y Rafael es lo faltaba para que se quedaran boquiabiertos, aunque…
Algo ayuda a Miguel Ángel a reaccionar, y él va a ayudar a sus hermanos.
- ¡Auch! –
Les propina un fuerte pellizco a cada uno en el brazo.
- ¡Hey! – Rafael, sobando su brazo, voltea a ver a Miguel Ángel, igual que Donatelo, para reclamarle por el dolor que está sintiendo (sobretodo Donatelo porque ya son dos moretones que le ha hecho en el brazo), sólo que…
- ¡AUCH! – Miguel Ángel se pellizca así mismo fuertemente sus brazos - ¡NO ES UN SUEÑO! – dice con enorme alegría al comenzar a sentir el palpitante dolor en su piel.
Sin pensarlo dos veces, corre hacia el trineo, pero Rafael y Donatelo se quedan en su sitio todavía sorprendidos por lo que está sucediendo.
- ¿Dónde… estás…? – habla el hombre del abrigo rojo apenas recuperándose de ajetreado viaje - ¿Dónde estás… Pitch? –
Tambaleándose y sin darse cuenta que un chico tortuga que lleva un antifaz azul trata de ayudarle, Norte logra salir del trineo, pero enseguida desenfunda unas enormes espadas y gira en todas direcciones llevándolas en lo alto; éstas pasan muy cerca de la cabeza de Leonardo.
- ¡Santa, espera! –
Norte voltea de nueva cuenta y sus espadas ahora pasan demasiado cerca de un sonriente Miguel Ángel…
- ¡Wow! – pero consigue agacharse a tiempo.
Leonardo esquiva nuevamente las espadas de Norte y lo aferra uno de los brazos, pero está demasiado débil como para poder detenerlo.
- ¡Pitch! – Norte sigue llamando al Rey de las Pesadillas sin importarle que su cabeza no deja de darle vueltas, por eso habla con torpeza - ¡Te juro… que si has atrevido… a… lastimar a Leo…! – aunque tampoco él deja de dar vueltas.
- ¡Santa! – Miguel Ángel le llama pero debe agacharse - ¡Hola! – vuelve a agacharse - ¡Soy Miguel! – tiene que agacharse otra vez.
Miguel Ángel está demasiado entusiasmado como para pensar en detener al corpulento hombre del abrigo rojo, y Donatelo y Rafael están demasiado pasmados como para ayudar a Leonardo.
Jack trae en brazos a una chica inconsciente que viste un colorido atuendo, pero va a dejarla de nuevo en el trineo para detener a Norte, cuando ve un borrón blanco lanzarse hacia Norte.
Esquivando sorprendentemente las espadas, de un salto y en el preciso segundo en el que Norte descuida su defensa, Ogima consigue tocar su pecho y darle un leve empujón, con lo que Norte pierde el equilibrio y cae al sueldo de sentón; Leonardo se aparta a tiempo para no caer junto con él.
- Uf… -
- ¡Santa! – exclama Miguel Ángel porque para él, Santa Claus es invencible, y acaba de ser derribado por un chico.
Norte yace en el suelo, aturdido.
- Santa, - le llama Leonardo que ya está a su lado; Ogima también - ¿estás bien? –
- ¿Leo? – Norte lo reconoce; el aturdimiento está pasando - ¿Y Pitch? Él va a lastimarlos, a ti y a tu sem`ya [familia]. –
- Pitch se ha ido sin hacernos daño, no mucho, pero, ¿ustedes están bien? ¿Qué les sucedió? –
Leonardo está seguro que la condición de Santa y la de los demás no puede deberse al aterrizaje forzoso.
- Ah… - Norte sacude la cabeza – Pitch envió demonios Ringetsu para inducirnos un sueño que durara por días, y así evitar que viniéramos a ayudarte. A todos nos tomaron desprevenidos, pero no pudieron sorprender a Jack, y gracias a él, sólo dormimos por algunas horas, aunque él tuvo que venir solo, porque demoramos demasiado en recuperarnos. –
- Lamento haberles causado tantos problemas. –
- No tienes que pedir disculpas, Leo. Esta es una valiosa lección que no debemos olvidar: no subestimar al Coco ni aun en Navidad; y por lo que veo, - sonríe - él tampoco volverá a subestimar a unos adolescentes. -
Norte se pone de pie y mira que sus camaradas se aproximan, aunque dos están todavía adormilados y uno flota a la deriva como un globo (es el hombre pequeño que viste una pijama dorada; Jack lo sujeta del tobillo para que no se vaya flotando).
- Aaaaaaauuumm… - bosteza un conejo de uno ochenta de alto - ¿Ya… llegamos? –
- Así es mi adormilado druk [amigo]. -
- ¿Y Pitch? – pregunta la chica que es una hermosa hada de largas pestañas (vuela agitando sus alas), esforzándose por que sus ojos estén abiertos.
- Se fue. –
- Entonces… - dice el conejo - puedo regresar a mi abrigadora madriguera sin necesidad de subir a tu inseguro trineo ni pasar a través de tus infernales portales. –
- No antes de que conozcas al valiente jovencito que enfrentó a Pitch por muchos años: Leonardo. –
Leonardo siente las miradas de los Guardianes.
Estarán cansados, pero aun así son imponentes, y no sólo eso, le incomoda ser el centro de atención.
Se pone nervioso.
- E… Es un gusto, Hada de los Dientes, Conejo de Pascua y Sandman. –
Leonardo observa a cada Guardián con tanta admiración como ellos le miran con curiosidad, o al menos el Hada y el Conejo; Sandman apenas está abriendo los ojos.
- Una tortuga ninja adolescente mutante. – dice Conejo parpadeando un par de veces para despertar del todo - ¿Quién podría creer que existe una tortuga que camina y habla y además conoce una antiquísima técnica de combate, por no decir que es un despistado adolescente? –
- ¿Quién lo haría? – dice Jack con sarcasmo – Sería tan descabellado como creer en un conejo que reparte, por todo el mundo, huevos cocidos y pintados de muchos colores. –
- Absurdo, ¿verdad? – Conejo le sigue el juego a Jack - Pero continúa, Leo, por favor. -
- Yo… Yo no estuve solo. – Leonardo continúa, y su nerviosismo también - Mi Baku… estuvo siempre conmigo. - es entonces que siente una mano posarse sobre su hombro, y al voltear, es el Baku; se tranquiliza – Ogima ha estado conmigo en todo momento. -
- Vaya. – dice el Hada – Un adolescente que tiene su propio Baku, pero creía que los Baku eran muñecos de peluche. -
- Los Baku – dice Norte – son muñecos de peluche o juguetes que los niños eligen para que les hagan compañía a la hora de dormir. Ogima es el Baku de Leo, y era un oso de peluche, sólo que yo ignoraba que los Baku pudiesen transformarse. –
Ahora las miradas se posan en Ogima, pero a él no le incomoda.
- Jizo-sama me dio la vida siendo yo un muñeco de aparador. Los Baku de Jizo-sama somos capaces de defender a los niños de las Pesadillas, pero quizás él dudó si podríamos defenderlos del mismísimo Coco, por eso debió pensar en la manera para fuésemos más fuertes. Esta transformación debe ser la respuesta que encontró. -
Los Guardianes (Sandman ya despertó del todo) miran de arriba a abajo al chico rubio en el que se transformó el oso de peluche.
Para nada se parece a unos de esos superhéroes que los niños admiran: no es tan alto ni tiene una portentosa musculatura; más bien parece un chico normal.
Pero las apariencias siempre engañan, porque perciben de él, un poder casi tan grande como el que poseen ellos.
- Después tendré una charla con Jizo – dice Norte – para que me explique sobre el poder que pueden llegar a desarrollar sus Baku. –
- Sí que son ingeniosos los nipones. – dice Conejo.
El hada revolotea hacia Leonardo, y él se pone tenso, pero se relaja al ver que ella no vuelva hacia él, sino hacia el chico que está a su lado.
El hada revolotea frente a Ogima ya sin sentirse cansada ni somnolienta; en su delicado rostro se dibuja una enorme sonrisa.
- Mucho gusto, Hada de los Dientes. –
Ogima le saluda cortésmente, pero enseguida tiene que retroceder unos pasos porque el hada se acerca demasiado, pero rápidamente Leonardo se interpone entre ella y su amigo.
- Disculpe, Hada, pero, ¿qué hace? –
- Sólo quiero comprobar qué tan blancos son los dientes de un Baku... bueno, ya que no es muñeco. –
Ella echa un vistazo por un lado de la cabeza de Leonardo y después del otro intentado ver al Baku, o mejor dicho, sus dientes.
- ¿Quiere ver los dientes de Ogima? –
- Leo, - le dice Ogima – recuerda que Benet advierte en su libro lo obsesiva que puede ser el Hada de los dientes con los dientes. –
- Cierto. –
- Yo no soy obsesiva, - dice Hada – pero ya que hablaste, he podido ver que tus dientes, Ogima, son tan blancos como el mismo resplandor de la Luna… - voltea hacia Jack - ¡Sus dientes son más blancos que los tuyos, Jack! -
- Porque él no necesita comer para vivir y nosotros sí. – responde Jack disimuladamente celoso – Parece un humano, pero no lo es. Ogima es un muñeco de felpa que la magia le dio vida, y continúa con vida gracias a Leo. –
- Admito – dice Ogima – que nunca he sentido hambre, pero me gustaría comer un pedazo de pizza, sólo para probar; después le pediría a otro obsesivo de los dientes para que me explicara la forma correcta de lavarlos. ¿No Leo? -
- Yo no soy… obsesivo con los dientes. – Leonardo es el que ahora se está quedando dormido.
- Claro que sí. -
- Bueno… - pero incluso así, trata de sonreír – quizás un poco. -
- ¿No les parece curioso – pregunta Conejo de repente – que nosotros, para poder derrotar a Pitch, dependemos que los niños de todo el mundo crean en nosotros, pero este Baku, depende de un solo chico? –
Las miradas de los Guardianes se posan de nueva cuenta en el Baku.
- Pero Leo no es el único chico tortuga. – dice Ogima porque no es él en quien los Guardianes deben enfocarse.
Se aparta del hada algunos pasos apartando a Leonardo también.
- Leo y sus hermanos permanecieron alejados del mundo humano por muchos años. – Ogima voltea hacia los chicos que se han quedado un tanto apartados.
Al escuchar que su amigo ha mencionado a sus hermanos, Leonardo se obliga a mantenerse despierto.
– Kiodai, vengan. – les llaman.
Los tres chicos se acercan con cauteloso silencio, incluso Miguel Ángel.
- Ellos son Rafa, Doni y Miguel. –
Con un asentimiento, un saludo con la mano, o un "hola" responden los Guardianes.
Luego es a la inversa.
– Kiodai, les presento a Santa Claus, el Hada de los Dientes, el Conejo de Pascua y Sandman. Ellos, junto con Jack Frost, son los Guardianes que mantienen vivos los sueños, la luz y la esperanza de cada niño que hay en el mundo. -
Rafael, Donatelo y Miguel Ángel siguen muy callados.
- Son algo tímidos, ¿niet? [¿no?] – dice Norte.
- No son tímidos – dice Ogima - en lo absoluto, Santa, pero tú comprenderás, que los Cinco Grandes impactan a cualquiera, hasta a un parlanchín como lo es Miguel. -
- Ya se les pasará. – afirma Jack.
A quien primero "se le pasa", es a Miguel Ángel.
Se acerca lentamente hacia el hombre del abrigo rojo, y le mira.
Norte le sonríe dulcemente.
Entonces Miguel Ángel le sonríe con alegría y apretuja a Norte en un abrazo, y Norte lo recibe con gusto.
- Sabía que eras real. –
Norte logra escuchar el quedo susurro del chico tortuga del antifaz naranja.
- Yo… - el siguiente es Donatelo – no sé qué pensar. –
- Doni, – le dice Norte con una voz paternal – no se piensa en la magia, se cree en ella. –
- Por supuesto. - la duda de Donatelo es mandada lejos por una franca sonrisa.
Se acerca a Norte y también le da un abrazo.
Norte rodea con sus enormes pero protectores brazos a los chicos por un momento, porque falta uno.
Todos observan a Rafael cruzado de brazos y con una expresión poco amistosa en su cara.
- Yo soy capaz de hacer cualquier cosa por mis hermanos, hasta creer en un hada con coloridas plumas, en un hombrecito que viste una pijama dorada, en un conejo que es más alto que yo y en un hombre con abrigo rojo que vuela en un trineo que es jalado por renos, pero eso no significa que voy a darte un abrazo, Santa, para probar que creo en la magia. -
- Lo dice – Miguel Ángel le susurra a Norte – porque no le gustan los abrazos. -
Norte comprende, entonces se acerca a Rafael.
- No necesitas probar nada, Rafa. Un apretón de manos basta para presentarse. -
- De acuerdo. – Rafael estrecha la mano de Norte, y no puede evitar sonreír.
Percibe de ese hombre un tipo de magia que no tiene nada que ver con aquella que los magos usan para sacar conejos de sus sombreros de copa. Es ese tipo de magia que alivia cualquier aflicción en tu corazón, repara tus sueños rotos y te da esperanza.
Ahora se siente capaz de creer, no por sus hermanos, sino por y para sí mismo.
Sólo que la sonrisa le dura un momento, porque voltea hacia Leonardo, y en el siguiente instante, se apresura a estar a su lado.
También Donatelo y Miguel Ángel.
Leonardo se sujeta del brazo de Ogima y apoyando su cabeza en el hombro de él.
- ¿Cómo está? - pregunta Rafael.
- La fiebre ha aumentado. –
- Resiste, Leo. – le pide Donatelo – Pronto estaremos en casa. -
Es entonces que un fuerte estruendo retumba en las alcantarillas, una nube de polvo se eleva, y de ésta emerge, El Acorazado.
- Wow. – exclaman los cinco Guardianes sorprendidos por la potencia y la imponencia del vehículo.
El Acorazado se estaciona a varios metros de su creador y la compuerta de la parte de atrás se abre.
- Bendito. – dice Donatelo y se apresura a preparar lo que necesita para aliviar los malestares de su hermano ocasionados por la influenza.
Rafael y Miguel Ángel lo siguen, incluso los Guardianes se acercan al vehículo para mirarlo más de cerca.
Ogima va a guiar a Leonardo, pero con un gesto, Leonardo le pide que aguarde.
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N/A:
Lo que me hizo reír mucho en la película de El Origen de los Guardianes, fue cuando los Guardianes llegan a la Madriguera y descubren a una niñita, y no saben qué hacer n.n
Se han enfrascado tanto en su trabajo, que han olvidado cómo tratar a los niños.
Supongo que a todos los adultos les pasa, igual cuando olvidan que alguna vez fueron niños.
