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Disclaimer:
LAS TORTUGAS NINJA
no me pertenecen,
más bien mi corazón le pertenece a Leo.
Tampoco obtengo ningún beneficio lucrativo por escribir este fanfiction.
Mi única ganancia es la satisfacción de hacerte pasar un rato agradable,
a ti estimado lector,
que pasas a leer mi divagación.
-69-
AQUÍ ABAJO
Un destello dorado resplandece repentinamente, inundando con su luz las alcantarillas y cegándolo a él, pero tan inesperado y fugaz como un relámpago, dura un instante.
La oscuridad regresa y también su visión.
Parpadea un par de veces, y puede enfocar mejor su vista.
Está en su habitación, recostado boca arriba en su cama.
Ya que se ha dado cuenta en dónde está, sus ojos no pueden permanecer abiertos.
Está tan cansado, que no puede pensar en qué día es, ni en la hora, o si se le ha hecho tarde para el entrenamiento de la mañana.
Nada importa.
Sólo quiere seguir durmiendo.
Gira para recostarse de lado, sus ojos se cierran y se deja arrastrar hacia un largo descanso, aunque, antes de quedarse dormido completamente, estira su brazo palpando la cama.
No hay nada a su lado.
Abre perezosamente los ojos.
Comprueba que no hay nada en la cama más que él.
¿Se supone que debería haber algo a su lado?
Se pregunta, pero no puede buscar la respuesta, porque es más fuerte la necesidad de sueño, así que sus párpados vuelven a cerrarse.
Su mente se va desconectando de la realidad para perderse en el mundo de los sueños, pero su corazón comienza a agitarse dolorosamente en su pecho.
Su corazón le dice que "algo" falta.
Él quiere dormir e ignora esa sensación de ansiedad, sólo que, con cada doloroso latido, la angustia va creciendo y creciendo, hasta al grado de no poder ignorarla.
Abre los ojos, y se levanta trabajosamente.
Trata de recordar qué podría haber olvidado.
¿Lavarse los dientes?
¿Cerrar la llave del agua?
¿Apagar la luz de la cocina?
Una lista interminable de cosas podría seguir y seguir en su ofuscada mente, pero unos ruidos provenientes de la planta baja, lo distraen.
Ya hay actividad en la casa, lo que quiere decir que los demás ya se han levantado y él continuaba durmiendo; es más, trae puesta la pijama.
¿Por qué trae puesta la pijama?
Él siempre es el primero en levantarse, pero esta vez, ha sido el último.
¿Cómo es que nadie ha ido a despertarlo?
Tal vez porque quieren ver cómo el discípulo más disciplinado es regañado por el retardo.
Se pone de pie, y no se siente nada bien, pero de todas formas va a bajar para disculparse con su maestro por el retardo para el entrenamiento matutino.
Al ir bajando las escaleras con una desesperante calma, va viendo que en la casa, están colgados por todas partes, adornos navideños, lucecitas de colores, e irguiéndose majestuosamente en la sala, está el árbol de Navidad con algunos regalos a su alrededor.
- ¿Cómo pude olvidar que… - se dice, pero debe pasar saliva porque la garganta le molesta - es Navidad?
También se percata que todos están limpiando.
- Pero no es temporada… para la limpieza de primavera. –
Quien llama más su atención es su hermano Miguel Ángel.
Para estar haciendo la limpieza, está muy contento.
Con tantas dudas, debe seguir bajando.
Cuando ya está bajando el último escalón, es que los otros se dan cuenta de su presencia.
- Leo. –
Donatelo es el primero y va deprisa con él.
- Lamento levantarme tan… tarde, – carraspea – pero… feliz Navidad. -
Eleva los brazos porque va a darle un abrazo a su hermano Donatelo, pero Donatelo no recibe el abrazo, sino que toca su frente con una de sus manos.
- La fiebre ha cedido, - dice Donatelo con alivio, sólo que al siguiente momento se ve molesto - pero no deberías estar fuera de la cama, Leo. -
- ¿Fiebre? – pregunta claramente confuso - ¿Por eso… me siento mal? –
Donatelo lo toma del brazo, y con cuidado, lo lleva a sentarse al sofá.
Los otros se acercan para saber si está mejor.
- Ay Leo... – dice Miguel Ángel en un tono compasivo – La influenza te dio muy duro. Ayer fue Navidad, y estuviste todo el día durmiendo. Ni siquiera has abierto tus regalos. -
- ¿Ya fue… Navidad? –
- Ayer que bajaste para abrir tus regalos – Donatelo continúa con el chequeo médico – fue evidente que estabas enfermo. Inmediatamente te llevé de vuelta a la cama y te di medicamento. Hasta hoy despertaste. –
- Y nosotros – dice Casey – nos la hemos pasado limpiando y desinfectando porque aquí, el doctor Donatelo, no quiere que quede ningún rastro del malvado virus que puede contagiarnos a todos. –
- Es mera precaución. – dice Donatelo a la defensiva.
- Me parece b… - dice Leonardo, pero tose un poco - ¡cof! ¡cof! -
- ¡Ah! – grita Miguel Ángel aterrorizado y se oculta atrás de Abril.
- Y así no vamos a acabar la limpieza – se queja Rafael – si sigues esparciendo tu virus, Leo. -
- ¿Por qué gritas, Miguel? – Abril le pregunta.
- ¿No es obvio? Leo nunca se enferma, y si ese bicho lo ha puesto tan mal, imagina lo que nos hará a los otros. -
- Es la época – dice Donatelo para tranquilizar a su hermano menor - en la que cualquiera puede contraer influenza, pero, – ha finalizado la revisión – si se atiende a tiempo, el virus no provocara más que fiebre, jaqueca y tos. -
- Pero Leo no puede enfermarse. -
- Leo no es perfecto, al igual que su sistema inmune. -
Miguel Ángel no contradice esas palabras de Donatelo.
Ya en una ocasión, descubrieron que Leonardo puede llegar a 'tocar fondo', como a cualquiera puede pasarle, pero no cualquiera puede salir del abismo en el que ha caído.
Afortunadamente, Leonardo pudo hacerlo.
- Debió contagiarlo – dice Casey - la señora que estaba detrás de él cuando estábamos formados para pagar en la caja, cuando fuimos por lo que nos faltaba para la cena de Navidad. –
- Tosía… demasiado. – dice Leonardo sintiendo que va a quedarse dormido en el sofá – Pero entonces… me perdí de la Navidad. -
- No te perdiste de mucho. – dice Abril – Después de abrir los regalos, Doni nos ha obligado a limpiar la casa prácticamente desde el piso al techo. –
- Lo… ejem… lamento. -
- No te preocupes, lo importante es que te recuperes. –
- ¡Recupérate pronto, hermano! – Miguel Ángel sale de su escondite – Porque tengo que contarte el sueño más maravilloso que he tenido en mi vida. –
- ¡Ay no! – Rafael se queja - Entre la implacable limpieza de Doni y el sueño de Miguel… -
- Pero no te lo voy a contar a ti, Rafita, sino que le voy a contar a Leo que soñé con Santa Claus. –
- ¿En serio? –pregunta Leonardo intrigado e intentando que sus ojos no se cierren.
- ¡Sí! Santa vino a casa a comer galletas y leche caliente; pero no vino solo, también vinieron el Hada de los dientes, Sandman, el Conejo de Pascua y… alguien llamado Jack. -
- Debió ser un sueño muy bonito. –
- Lo fue. –
- Lo curioso. – dice Abril – es que Rafa y Doni también soñaron con ellos. –
- Yo no recuerdo – dice Rafael – que hayan venido a comer galletas, pero creo que sí soñé con ellos. -
- Yo tampoco recuerdo los detalles, – dice Donatelo – pero les aseguro que ese fenómeno se le conoce como sueño condicionado. Es Navidad, y es obvio que hubiésemos soñado con Santa Claus y con los otros personajes que representan las festividades populares. –
- ¡¿Soñaste con Santa, Leo?! - a Miguel Ángel le interesa poco la explicación de su hermano el genio, así que se sienta al lado de Leonardo para escuchar lo que tenga que decir.
- Creo… - Leonardo baja un poco la mirada tratando de recordar.
Difusas imágenes pasan por su mente.
No es que a Santa Claus y los otros los haya invitado a comer galletas, más bien, estuvieron en una batalla contra… El Coco.
Pero las imágenes son borradas por la aparición de un pensamiento.
Fue un sueño
Siente una punzada de dolor en la cabeza, quizás debido a la gripe.
- Creo que… - carraspea al sentir una molestia en su garganta – ejem… -
- Te traeré un vaso con agua. – dice Abril al darse cuenta de la molestia del chico de la pijama azul, y va a la cocina.
- Soñaste con ellos, ¿verdad? – la impaciencia de Miguel Ángel hace que Leonardo fuerce su garganta.
- Sí. – dice con una sonrisa.
- ¡Lo sabía! – dice Miguel Ángel triunfalmente.
- "Un sueño condicionado". – dice Rafael – Ya lo dijo Doni. –
- ¿Y vinieron a comer galletas? – pero no hay nada en el mundo que pueda contener la curiosidad de Miguel Ángel.
- No. Pelearon contra El Coco. –
- ¡Wow! –
- Ellos eran como un equipo… ejem… como lo es La Fuerza de la Justicia. –
Leonardo trata de contar los detalles de su sueño, pero cada vez que intenta recordarlo, vuelve a sentir una punzada en la cabeza y a ver en su mente las mismas palabras.
Fue un sueño
- Y seguro le ganaron. –
- Ejem… Sí. -
– Cómo me hubiera gustado estar en tu sueño. –
Casey sonríe sintiendo envidia de los chicos porque aún tienen ese tipo de sueños.
- Lo que a mí me gustaría, - dice Donatelo con severidad – es que dejaras de fastidiar a Leo. -
- Ya me callo. –
Mientras su hermanito sea feliz, a Leonardo no le importa hablar y lastimar su garganta, y le contaría más, pero tiene esa sensación de que algo pasó en el sueño, algo muy importante que trata de recordar.
- Toma Leo. – regresa Abril y le entrega el vaso con agua.
- Gracias Abril… - Leonardo toma el vaso con su mano derecha - ¡AH! – e inmediatamente lo suelta.
El vaso de cristal cae al suelo y se hace añicos.
- ¡Ah! – exclaman los demás por el repentino susto.
Leonardo mira su mano derecha.
Le duele tremendamente.
Donatelo ya está a su lado revisándolo.
- ¡Ah! – Leonardo se queja cuando su hermano le examina.
- Es extraño que haya dolor. Tu mano no tiene heridas ni tampoco ninguna falange rota. -
- No hemos salido de patrullaje como para que estuviera herido por una pelea. – dice Rafael.
- Tal vez las cosas que traía antier eran muy pesadas. - dice Casey.
- O durmió mal. – dice Miguel Ángel.
Todos tratan de acertar el por qué a Leonardo le duele la mano derecha.
En el fondo de su corazón, Leonardo lo sabe.
Su maestro le ha dicho que está bien que deje que su corazón le guie, y eso hace.
Con su mano izquierda, aferra su mano derecha, y la estruja.
- ¡AH! –
El dolor es tan intenso que lo obliga a cerrar los ojos y a apretar su mandíbula, e incluso siente una potente descarga eléctrica que va de su mano, recorre su brazo y estalla en su cabeza.
Sólo así, los recuerdos del sueño son más claros.
Una búsqueda…
Una persecución…
Una pelea…
Un hombre de negro…
Unos ojos azules…
Abre sus ojos de golpe.
- Ogima. -
Era "eso" lo que no estaba a su lado cuando despertó.
Se levanta del sofá, y tambaleante, camina hacia algún lugar, apenas logrando evitar los vidrios rotos.
- Espera Leo, te puedes cortar. – le dice Abril que ya trae el trapeador y Casey la sigue llevando el recogedor y la escoba.
Leonardo avanza algunos pasos, mirando hacia todas partes, como buscando algo, pero se detiene.
- No puedo encontrarlo. –
Se dice a sí mismo, después se gira.
- ¿Dónde está Ogima? – les pregunta a los demás.
- Está en mi laboratorio. – responde Donatelo – Debía apartarlo de ti porque la felpa, de ese tipo de muñecos, puede albergar todo tipo de bacterias… -
- Ogima es hipoalergénico. – dice Leonardo, cansado pero molesto.
- Tranquilo, Leo. – le pide Rafael – Tu viejo oso está bien... –
Pero antes de que Rafael termine de explicar, Leonardo va deprisa hacia el laboratorio, aparentando estar recuperado.
Entra al laboratorio, busca con la vista, y ahí está.
En una repisa exclusiva, se encuentra el oso de peluche que Leonardo pedía a gritos que se le devolviera.
Al verlo sano y salvo, el sueño que tuvo es más claro todavía, pero una y otra vez esas molestas palabras azotan su cabeza.
Fue un sueño
Fue un sueño
Fue un sueño
FUE UN SUEÑO
¡FUE UN SUEÑO!
Ignorando las punzadas de su cabeza, se acerca, toma el oso de peluche, y se arrodilla.
Lo abraza.
- Ogima, por favor, dime que no fue un sueño. -
Le suplica al muñeco y guarda silencio, esperando que le responda.
Pero, ¿dónde se ha visto que los muñecos de peluche hablen?
La espera de Leonardo es absurda.
- Ogima… -
Vuelve a suplicarle, y lo haría una y otra vez y mil veces si fuera necesario, pero al estar enfermo, se acaba pronto su tenacidad.
Se recuesta en el piso, y sin soltar el muñeco de felpa, vuelve al mundo de los sueños.
El mundo de los sueños es el único lugar en donde existen hadas de alas azules, unicornios negros, dragones blancos y osos de peluche que hablan.
¿O no?
-69-
¡Hola!
Quiero darles las gracias a todas las personitas que han seguido esta historia.
La verdad, no esperaba que fuese bien recibida, pero te lo agradezco con todo mi corazón.
Gracias por creer en mí.
