La misión suicida

Hermione estaba muy segura de la decisión que había tomado y a pesar de eso su cerebro no paraba de gritarle cosas como "corre", "huye" o "¿en qué estabas pensando?"-

Estaba parada frente a la sala de profesores para vigilar que Snape no saliera. La verdad es que parte del plan había sido su idea, pero no se esperaba que Ron y Harry la manden al frente a dar la cara.

- ¿Por qué yo? - se quejó cuando se decidieron los roles.

- Es obvio- opinó Ron – siempre puedes decir que estás esperando al profesor Flitwick, ya sabes, algo como "Oh profesor Flitwick estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b"- dijo imitando su voz aguda.

-Oh, cállate- le respondió enojada mientras le tiraba un cojín por la cabeza, aunque finalmente coincidió con ellos.

Pero ahí estaba, llevaba un cuarto de hora parada como una estatua y todavía no se le había ocurrido alguna excusa razonable por si alguien salía y la veía.

Cuando la puerta abrió la mente de Hermione estaba en blanco. Para su consuelo estaba segura de que no importa la increíble mentira que hubiera pensado, se habría congelado de igual manera ante esos fríos ojos negros.

-Este no es un lugar para estar perdiendo el tiempo, señorita Granger-

-P-p-pro...fesor Snape... yo-

- ¿Usted qué? - dijo arrastrando las palabras con su característico acento.

-Necesito hablar con el profesor Flitwick sobre mi examen- respondió tan rápido y bajito que fue casi inentendible.

El profesor la miró de arriba abajo con una mueca de desprecio- Aguarde un momento, lo llamaré para usted- dijo alzando una ceja con desconfianza antes de volver a entrar a la sala.

Cuando Snape desapareció de su vista Hermione soltó el aire que estaba conteniendo en los pulmones. -Que alivio, creí que se había dado cuenta- pensó recuperando la compostura – un momento ¿va a volver con Flitwick?-

Salió corriendo a toda velocidad por el pasillo en dirección a la torre de Gryffindor. Solo se detuvo a pensar una vez que estuvo dentro de la sala común.

-Dios soy tan tonta- se quejó tirándose del pelo con fuerza - tenías un solo trabajo Hermione y fallaste miserablemente-

- ¿Y a ti que te pasa? -

Parvati estaba sentada en uno de los sofás mirándola con una mueca rara.

-Nada- respondió cortante y fue a sentarse a la otra punta de la sala.

Se llevó las manos a la cara frotando sus ojos con frustración. Lo había arruinado, Harry y Ron iban a matarla con toda la razón ¿De qué servía ser tan inteligente si no podía pensar rápido cuando lo necesitaba?

Estaba maquinando una buena explicación para contarle a los chicos cuando el retrato se movió y entraron Harry y Ron a la sala común, con la misma expresión que había tenido ella hace un rato. Se quedaron boquiabiertos cuando la vieron allí adentro sentada.

- ¡Lo siento mucho! - les dijo levantándose de un salto – Snape apareció y no tuve más opción que correr-

-Genial ¿y ahora que hacemos? - protestó Ron con su dramatismo habitual.

-Sigamos con el resto del plan- dijo Harry con los ojos brillantes de emoción - Nos reuniremos esta noche, mientras estén todos dormidos. Tenemos que intentar robar la piedra antes de que Snape la consiga-

Hermione tragó saliva y se fue a su habitación a esperar - Será mejor que no pierda más tiempo y mire algunos libros, tiene que haber algo que pueda ser de utilidad-

A la hora indicada bajó en puntas de pie la escalera, Harry y Ron estaban cerca de la chimenea esperándola.

-Creí que ibas a acobardarte- se burló Ron con una sonrisa de medio lado.

- ¿Y eso por qué? - preguntó alzando las cejas.

-Sabes que nos expulsarán si nos encuentran ¿no es así? -

-No seas ridículo Ronald, Flitwick me dijo en secreto que obtuve un ciento doce sobre cien en el examen. Nadie va a expulsarnos, no a mí por lo menos- dijo con el tono más arrogante que pudo encontrar.

Como siempre que estaban por empezar una discusión Harry los detuvo cambiando de tema -Vámonos antes de que sea tarde-

- ¿A dónde van? - Neville apareció desde atrás de uno de los sofás con su sapo Trevor entre las manos.

Los tres se quedaron callados mirándose entre sí, sin saber que responder.

- ¿Y bien? - insistió el chico frunciendo el ceño - Saldrán de nuevo ¿cierto? -

Harry levantó las manos intentando apaciguar la situación - No Neville escucha ¿por qué no vuelves a la cama y.…? -

- ¡No! No se los permitiré. Nos meterán a todos los Gryffindor en problemas otra vez-

-Por favor, es importante...- rogó Harry mirando de reojo el reloj.

-No me importa lo que sea, voy a detenerlos si hace falta- dijo y los apuntó con su varita.

- ¿Es en serio? - dijo Ron perdiendo la paciencia- muévete o te moveremos a la fuerza-

-No te atrevas- le respondió Neville con la varita temblando entre sus dedos.

Ron intentó dar un paso desafiante, pero Hermione lo detuvo colocando una mano en su antebrazo. El chico se volteó a mirarla, enojado por la interrupción, pero ella lo ignoró y se puso adelante.

-Neville, espero que puedas perdonarme algún día- le dijo solemnemente y antes que el niño pueda entender lo que estaba pasando ella levantó su varita y dijo – Petrificus totalus-

Todo el cuerpo de Neville se puso rígido, sus brazos y piernas se pegaron al cuerpo y cayó al suelo rígido como una estatua. Lo único que seguía moviéndose eran sus ojos que la miraban horrorizados.

Hermione guardó su varita devuelta entre su ropa con un movimiento elegante de muñeca. Después de la charla que había tenido con Neville el otro día no se sentía tan culpable por hechizarlo, ya le había advertido que no le convenía entrometerse.

Ron le pasó por al lado mirándola con una expresión que no supo reconocer – A veces eres escalofriante ¿lo sabes? Brillante pero escalofriante-

-Ya vámonos- los apresuró Harry y los tres pasaron por el lado de Neville para salir de la sala común.

-Lo siento- murmuró Hermione cuando fue su turno de pasar, aunque no se atrevió a mirarlo en los ojos.

Una vez fuera se pusieron la capa y fueron directo hacia el pasillo del tercer piso. Llegaron sin cruzarse a nadie, pero no todo eran buenas noticias: la puerta ya estaba entreabierta.

-Llegamos tarde- dijo Harry terminando de abrirla.

Cuando entraron se escuchó una especie de gruñido amortiguado, los tres se quedaron quietos por unos segundos, pero avanzaron al ver que Fluffy no se movía.

-Está dormido- susurró Hermione.

-Puaj, su aliento apesta- dijo Ron cuando Fluffy roncó tan fuerte que la capa de invisibilidad voló de sus hombros.

-Miren, un arpa- señaló Harry.

En un rincón de la habitación había un arpa dorada que tocaba una suave melodía.

-Snape debe haberla encantado para pasar- dijo Hermione.

Los tres caminaron hacia la trampilla, podían sentir la respiración caliente del animal a medida que se acercaban. Ron fue el primero en atreverse a coger la argolla para abrir el pasadizo. Asomaron las cabezas para mirar dentro del agujero, no se veía absolutamente nada, solo oscuridad.

-Las damas primero- le dijo Ron.

- ¡Ni lo sueñes! - le respondió ella en un susurro.

- ¿No pueden parar de discutir por un minuto? ¿Acaso saben en qué situación nos encontramos? - Harry parecía querer estrangularlos a ambos y Ron y Hermione tuvieron la decencia de verse avergonzados – Yo iré primero, si algo me pasa no quiero que bajen. Vayan a la lechucería y llamen a Dumbledore ¿entendido? -

-Entendido- respondieron ambos.

-Nos vemos en un minuto- dijo Harry asomándose - ¿No hay demasiado silencio? -

-El arpa, ya no suena- notó Ron abriendo mucho los ojos.

Un gruñido terrible le dio la razón un segundo después. Fluffy estaba despierto, y no estaba feliz de verlos.

- ¡Salten! - gritó Harry y los tres se lanzaron directo a la oscuridad.

No le dio tiempo de pensar un hechizo razonable para evitar que se rompan la crisma porque, antes de darse cuenta, ya habían aterrizado. Gracias al cielo cayeron sobre algo suave que amortiguó el golpe.

- ¿Están todos bien? - escuchó gritar a Harry a lo lejos.

- ¡Si, bien! - le respondió Hermione.

- ¡Bien! - terminó Ron. Desde donde ella estaba no llegaba a ver a ninguno de los dos – Que suerte que alguien puso aquí esta planta-

Pues sí, muy conveniente ¿Esperen un momento? ¿Acaso dijo planta?

Hermione hizo un esfuerzo por enfocar la vista en la oscuridad, pero apenas podía distinguir nada, excepto por la pequeña rendija de luz en el techo que era la trampilla por la que entraron. La habitación parecía ser grande, ya que escuchaba eco cuando hablaban y se sentía calurosa y húmeda como una sauna. No tenían opción, si no podían ver nada tendrían que recorrer el lugar a oscuras en busca de una salida. Sin embargo, cuando intento mover las piernas para levantarse se dio cuenta de que no le respondían, quiso mover los brazos para chequear que no tenía nada roto, pero tampoco se movieron.

- ¡Ayuda! ¡Estoy atrapado! - escuchó gritar a Ron a lo lejos. Harry también estaba gritando, pero no le entendía lo que decía.

Poco a poco los ojos se acostumbraron y pudo ver lo que la retenía, eran raíces serpenteantes, tenía todos los brazos y las piernas envueltos en ellas, y parecían deslizarse lentamente hasta su cuello donde sin duda tratarían de ahorcarla. Un nudo de terror frío le apretó el estómago, esta no era una planta cualquiera, era la primera prueba.

Intentó forcejear en vano, presa del terror, pero solo logró enredarse aún más. La planta parecía feliz de que luche por su vida, casi como una motivación para matarla más rápido. Y ahí estaba ella otra vez, la mejor estudiante del curso, incapaz de recordar un solo hechizo ni siquiera a costa de su propia vida y la de sus amigos. -Maldita sea Hermione, tienen que concentrarse... piensa... ¡piensa! -

Todo esto era por su mal karma, estaba segura, tendría que haber sido una mejor persona, si se salvaban de esta intentaría ser más paciente, menos arrogante. Se le vino a la mente la maldad más reciente que había hecho: el encantamiento petrificador para Neville. Ni siquiera se sintió culpable al respecto, punto en contra para su karma – Si salgo de esta juro que le pido disculpas de rodillas-

Un momento. Neville. ¡Eso es!

- ¡No se muevan! - gritó lo más fuerte que pudo esperando que la escuchen. Por los chillidos que sonaban del otro lado de la habitación era poco probable que le presten atención, pero aun así tenía que intentarlo - ¡Es lazo del diablo! ¡Si se quedan quietos hay una posibilidad de que los suelte! -

- ¡Ayuda! - escuchó decir a Harry. Ron no le respondía, solo gritaba enloquecido.

Por Merlín, a este ritmo iba a matarlos, tenía que hacer algo. Cerró los ojos y se relajó, intentando recordar la noche que se había desvelado con Neville, ella le había enseñado sobre Transformaciones y él le compartió sus apuntes de Herbología. El chico era sorprendentemente bueno en esa materia, y disfrutaba un montón investigar sobre el tema y compartir sus descubrimientos con la poca gente que le prestaba atención. Habían hablado sobre el lazo del diablo, por culpa de un rumor sobre un pasillo escondido en la parte trasera del aula de Herbología, dónde se decía que la profesora Sprout cultivaba plantas peligrosas, aquellas que tenían que permanecer lejos de los estudiantes, y entre esas estaba el Lazo del Diablo.

Abrió los ojos respirando profundo y notó que la planta le había liberado. Aprovechó el momento para levantarse y subir a una cornisa que estaba detrás suyo, por un segundo la planta volvió a acercarse, pero se movió lo suficientemente rápido hacia un lado para que las lentas raíces no puedan capturarla.

Continuó caminando por la cornisa siguiendo los gritos hasta que encontró a Harry y a Ron. Por lo poco que llegaba a ver estaban casi totalmente envueltos en raíces, luchando para que la planta no los mate. Ron se veía histérico, era poco probable que la escuche, así que intentó con el moreno.

- ¡Harry! - gritó en la oscuridad. Desde donde estaba no podía distinguir las facciones del chico, así que tuvo que seguir hablando sin saber si la escuchaba- ¡Es Lazo del Diablo! ¡Deja de moverte y te soltará! - por un momento todo siguió igual, pero de pronto Harry obedeció y se quedó estático. Hermione comprobó aliviada que la planta retrocedía poco a poco soltando sus extremidades - ¡Harry, detrás de ti! -

El chico se puso de pie y dio un salto hacia atrás quedando elevado, al igual que ella, en la cornisa del lado opuesto. Se tomó un momento para respirar antes de decirle - ¡Ron no va a calmarse! -

- ¡Tenemos que ayudarlo! - le respondió el moreno.

- ¡Ron! ¡Por favor relájate! - insistió ella. Pero no la escuchaba, seguía gritando desesperado, estaba en pánico. Se tiró de los pelos intentando pensar alguna forma de ayudarlo – Uhg por Merlín, recuerdo haber leído sobre el tema, había un poema y decía algo como... Lazo del diablo, ehm, no así no era-

- ¡Ayuda por favor! -

- ¡Rápido Hermione! - la apuró Harry poniéndola tan nerviosa que estuvo a punto de resbalar.

-Lazo del diablo... lazo del diablo... letal diversión... ¡Qué se acaba con el sol! ¡Eso es! - sacó su varita de entre sus ropas y gritó - ¡Lumos Solem! -

Hermione sintió el habitual cosquilleo recorrerle el brazo hasta la punta de sus dedos antes de que la luz empiece a salir a chorros desde la punta de la varita. Era muy brillante, cegadora, el conjuro era más potente de lo que pensaba, una parte dentro suyo no podía creer que ella sea capaz de conjurar eso. Los ojos le ardían porque se habían acostumbrado a la oscuridad, pero siguió invocando el hechizo con fuerza, intentando no pensar en que sus piernas se sentían como gelatina.

Solo bajo su varita cuando notó que Ron ya no gritaba. Resbaló de la cornisa cayendo de rodillas directo al fondo de piedra donde antes estaban las raíces. Por un segundo se quedó ciega y sorda, como cuando te levantas muy rápido de la cama, cuando recupero la noción ya la estaban arrastrando del brazo a través de un pasadizo. Jaló su brazo de la mano de Harry para que la suelte mientras los miraba frenéticamente - ¿Están bien? -

-Sí, lo siento. Teníamos que salir de ahí antes de que vuelva la planta- le dijo Harry. Ambos estaban tan pálidos que se les habían puesto los labios morados, pero más allá de eso y de alguna magulladura que otra se veían enteros.

- ¿Y tú? - preguntó Ron señalando sus piernas con preocupación.

Tenía una aureola roja en cada rodilla, unas gotitas de sangre resbalaban por sus piernas, pero aún podía moverlas sin problemas – Es solo un raspón - respondió restándole importancia – me caí cuando terminó el conjuro-

-Fue un gran hechizo- confirmó Harry haciéndola sonreír – tenemos que seguir, esta es el único camino-

-Vale- respondió y empezaron a caminar en silencio. Solo se escuchaban sus pisadas y gotitas de agua condensada que caían de vez en cuando entre las rocas.

Hermione volteó hacia atrás cuando sintió un tironcito en la manga del sweater. Ron, que estaba mucho más callado de lo de costumbre, le extendía el puño cerrado. Ella alzó su mano para recibir lo que sea que quiera darle y el chico dejó caer un caramelo de limón en su palma – Azúcar, ayuda a recuperarse - murmuró - gracias por salvarme allí atrás -

Ella le respondió un gracias suavecito y se dio vuelta rápido escondiendo su cara entre la oscuridad y su cabello para que nadie pueda ver su vergüenza. Se metió el caramelo en la boca, intentando no pensar en lo que les esperaba más adelante.

- ¿Oyen eso? - preguntó Harry después de caminar un rato.

-Suena como un tintineo- respondió ella.

-Espero que no sea otra planta asesina- dijo Ron tragando saliva. Hermione no pudo evitar sonreír, si había recuperado el sentido del humor significaba que ya se sentía mejor.

- ¡Miren! ¡Hay luz! - gritó Harry emocionado y los tres salieron corriendo hacia el final del pasillo.

-Wow- dijo Ron que fue el primero en entrar. Estaba mirando hacia el techo con la boca abierta. Después lo siguió Harry, que copió el gesto.

Hermione fue la última en entrar, levantó la mirada intentando entender el motivo de la sorpresa – Por Merlín -

La habitación a simple vista era normal, cálida e iluminada, pero si mirabas hacia arriba la historia era muy distinta. Era incapaz de decir a simple donde terminaba el techo, calculó que el límite sería el piso del castillo, o sea la misma altura desde la que habían caído de la trampilla. Como si no fuera suficientemente extraño todo ese espacio estaba lleno de pajaritos brillantes que volaban en círculos.

-Qué raro- dijo Harry expresando los pensamientos del grupo - allí está la puerta - señaló la pared del fondo.

Los tres se acercaron caminando lento, temerosos de que a los pájaros se les ocurra atacarlos, pero no paso nada, ni siquiera cuando tocaron el pomo de la puerta. Harry movió la manija, pero, por supuesto, estaba cerrada.

-Es otra prueba- suspiró resignada.

-Bueno ¿Cuál es el plan? ¿Alimentar a los pájaros hasta que nos digan cómo pasar? - bromeó Ron para liberar la tensión del ambiente. Otras veces ella lo habría regañado por decir un chiste tonto en un momento inadecuado, pero, en esta situación estresante, la verdad es que se agradecía un poco.

-No son pájaros...- dijo Harry estrechando los ojos con mirada clínica de buscador- ¡Son llaves! Y apuesto a que una de esas abre la puerta-

¿Eran llaves? Se preguntó Hermione intentando distinguirlas, Harry tenía muy buena vista ¿será cosa de los lentes?

-Y ahí hay una escoba- señaló Ron a la pared - así que solo hay que volar y agarrarla, parece fácil-

- ¿Fácil? - preguntó ella alzando una ceja - Sabes que hay cientos de llaves ¿no? ¿piensas probar todas una por una? -

-Bah, eres una aguafiestas- le respondió el pelirrojo de mal humor, pero para su sorpresa en vez de seguir discutiendo fue hacia la puerta e investigó el picaporte – si la llave encaja aquí debe ser grande, de plata, probablemente esté oxidada-

- ¡Ahí está! ¡Tiene un ala rota! - gritó Harry sorprendiéndolos una vez más - Quédense atrás, voy a volar hasta allá- dijo y salió corriendo hacia la escoba.

- ¡Espera Harry...! - quiso advertirlo Hermione, pero ya era demasiado tarde. Ni bien tocó la escoba las llaves volaron en picada hasta el chico, arremetiendo con fuerza contra su cuerpo. Hermione hizo una mueca de dolor, pero por suerte Harry se repuso rápido y voló lejos del ataque.

Las llaves eran rápidas, pero Harry era aún más rápido. Por suerte la única que se movía en dirección contraria a las demás era la que abría la puerta, por lo que era más fácil seguirle el rastro y, fiel a su título de buscador más joven en todo un siglo, logró atraparla después de unos cuantos intentos, haciendo que el resto de las llaves se dispersen en el aire.

- ¡Eso fue genial! - gritó Ron emocionado como si estuviera viendo un partido de Quiddich.

Harry bajó corriendo de la escoba y se lanzó hacia la puerta, insertando la llave en la cerradura – Vámonos antes de que vuelvan a atacarnos- dijo y los tres pasaron a la siguiente habitación.

Otra vez oscuridad y frío, con lo bien que habían estado en la anterior. Pero antes de poder expresar sus quejas en voz alta se encendieron unas antorchas mágicas que iluminaron el cuarto. La primera impresión fue tan impactante como en la segunda habitación, pero esta vez lo impactante no era el techo, si no el suelo: estaban parados en un tablero de ajedrez gigante.

Estaban del lado de las negras, cada pieza medía el doble de alto que Hermione y resultaba intimidante caminar cerca de ellas. La puerta estaba del otro lado de la sala, de espalda a las piezas blancas.

- ¿Creen que debemos jugar para pasar? - preguntó Ron con un brillo de emoción en sus ojos.

-Déjenme ver algo- dijo Harry caminando a través del tablero. Ninguno de los tres se sorprendió cuando las piezas blancas lo detuvieron para no pueda seguir avanzando - Tenía que intentarlo-

-Creo que vamos a tener que ser piezas- explicó el pelirrojo examinando el tablero. Harry y Hermione permanecieron en silencio mientras Ron pensaba – Hermione tú serás esa torre, Harry ocupa el lugar del alfil- dijo y las piezas se movieron dándoles paso. Ambos caminaron hacia sus respectivos lugares.

- ¿Y tú? - preguntó ella.

-Yo seré un caballo-

Una vez que los tres ocuparon sus posiciones todo se quedó en silencio - ¿Y ahora? - preguntó Harry.

- Las blancas mueven primero- dijo Ron y como si lo estuvieran escuchando un peón se adelantó dos casilleros.

Hermione no quería hacer caso al pensamiento intrusivo que le estaba dando vueltas por la cabeza desde que entraron a la habitación, pero se estaba poniendo tan nerviosa que no pudo evitar preguntar - ¿Creen que sea como el ajedrez mágico? -

Ron la miró empatizando con sus nervios y señaló un peón al azar - Peón a D5 – la pieza obedeció, quedando justo en la línea de fuego para que el alfil enemigo lo destroce en mil pedazos. Los tres se quedaron boquiabiertos, pensando lo que podría pasar si los próximos eran ellos.

-Por favor, ten cuidado- le suplicó con la voz amortiguada por el miedo.

Confiaba en Ron, lo había visto jugar y sabía que era grandioso, pero el oponente también era bueno. Las piezas blancas estaban encantadas para jugar como uno de los profesores de Hogwarts, sin importar lo bueno que fuera Ron, ganar iba a ser todo un desafío y salir ilesos una hazaña.

Un par de veces se dio cuenta justo a tiempo para moverlos a ella y a Harry fuera del peligro. La partida se estaba complicando por su culpa.

El ajedrez, como había aprendido gracias a Ron, es un juego que requiere sacrificios. Enviar a una pieza a una muerte segura podía ser la estrategia definitiva para ganar la partida, pero ahora Ron contaba con tres piezas que no podía sacrificar bajo ninguna circunstancia.

Hermione temblaba como una hoja cada vez que una pieza salía volando del tablero, destrozada por un enemigo. Nunca le había gustado el ajedrez mágico, y ahora menos todavía, el ajedrez muggle era más que suficiente para ella. Aunque estaba segura que dejaría de jugar a ambos por un tiempo después de esto.

Quedaban pocas piezas y aún nadie había cantado jaque, Hermione tuvo que obligarse a dejar de perderse en sus pensamientos y prestar atención al tablero.

-Bueno, ya casi estamos- dijo Ron con su característica sonrisa de satisfacción.

Hermione frunció el ceño, confundida ¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Pero cómo...?

- ¡No! ¡Ron, no lo hagas! - gritó Harry que estaba más atento al juego que ella.

- ¿Qué pasa? - preguntó Hermione angustiada. Sentía un nudo de culpa en la garganta por no haber prestado atención.

- ¡Ron se va a sacrificar! -

- ¿Qué...? - dijo abriendo mucho los ojos para evaluar la situación hasta que por fin entendió - ¡No lo hagas! Debe haber otra forma...- empezó a decir, pero la voz se le cortó por el miedo.

-Es la mejor opción, y la más rápida ¿quieren evitar que Snape robe la piedra o no? No va a esperar ahí todo el día-

Ninguno de los dos pudo discutir, sabían que tenía razón.

-Cuando yo me mueva la reina me atacará, entonces Harry tiene que atacar al rey ¿entendido? -

-Entendido- respondió Harry más serio que nunca.

Así como Hermione tomó su decisión en su momento, Ron había tomado la suya y no había nada que pudieran hacer al respecto.

Ron estaba muy pálido, desde donde estaba parada podía ver sus pecas en contraste con la blanca piel, pero tenía un brillo de seguridad en la mirada, la seguridad de estar haciendo lo correcto.

No tuvo tiempo de reaccionar, en cuanto dio un paso al frente la reina lo golpeó con fuerza en la cabeza con su mazo de piedra y cayó redondo al suelo.

- ¡Ron! -

-¡Alto! ¡No te muevas! - le grito Harry justo a tiempo señalando sus pies. Estuvo a punto de dar un paso fuera de su casillero.

-Rápido Harry- le pidió conteniendo las lágrimas, el golpe sonó horrible y estaba preocupada por su amigo.

Harry se movió con cuidado de pisar correctamente las baldosas hasta llegar al lado del rey y grito -¡Jaque mate! - El rey se quitó la corona y la tiró a sus pies, hizo una reverencia y todas las piezas restantes salieron del tablero.

Ambos corrieron hacia el lugar donde estaba tirado el pelirrojo. Harry lo movió, despejando la cara de Ron, tenía un fuerte golpe en la frente que sangraba y no despertaba por más que lo sacudían.

-Oh por dios... ¿crees que está...? - empezó a decir, pero se calló al momento. No estaba preparada para escuchar la respuesta.

-Estará bien, tiene que estarlo- dijo Harry entendiendo lo que ella no se animó a decir. El moreno se sacó el sweater que llevaba puesto y se lo puso detrás de la cabeza a Ron como si fuera una almohada.

Hermione sentía que las manos le temblaban fuera de control. Sabía que estaba llorando, aunque no notaba las lágrimas caer ¿En qué estaban pensando los profesores al hacer estas pruebas salvajes? Podía entender lo del lazo del diablo, hasta entendía que Fluffy vigile la trampilla. Ambas eran aterradoras, pero relativamente fácil de esquivar si sabías como, la prueba de las llaves era más una demostración de agilidad y destreza física, pero esta era una barbarie.

-Tranquila, está respirando bien. Creo que solo se desmayó- dijo Harry sacudiendo el brazo de Hermione para despabilarla – necesito tu ayuda para encontrar a Snape, cuanto antes lo detengamos, antes podremos buscar ayuda para Ron -

Asintió mientras se secaba las lágrimas torpemente con las manos, necesitaban enfocarse en el objetivo, era una suerte que Harry no perdiera la cabeza en situaciones como estas.

-Vamos- le dijo el muchacho y con una última mirada de preocupación ambos avanzaron a la siguiente habitación.

Un olor asqueroso los golpeó con fuerza apenas entraron. Era muy desagradable y hacía que se les salten lagrimillas de los ojos. Harry, que se había llevado la peor parte por entrar primero, parecía estar a punto de vomitar en cualquier momento. Hermione conocía ese olor, era horrible, pero extrañamente familiar: amoníaco si mal no recordaba –Parecido a la casa de la tía Margaret-

Estaban en guardia, a la expectativa de que otra prueba horrible llegue a intentar matarlos, pero en esa habitación solamente había una mesa con botellitas de colores y una nota. Una sorpresa agradable en comparación al resto – No cantes victoria antes de tiempo- le reprochó su subconsciente.

-Es la prueba de Snape- aseguró Harry.

Se acercaron a la mesa con la tensión agarrotando todos sus músculos. Hermione dio un brinco sobresaltada cuando, frente a la puerta por la que habían entrado y también en la que conectaba con la próxima habitación, apareció una barrera de fuego mágico. Bien, por el momento nada los estaba atacando, solo tenían que quedarse lejos de las puertas, un pequeño triunfo para la horrible noche que estaban pasando.

Harry tomó el papel de la mesa y empezó a leer – Creo que es un acertijo -

- ¿En serio? - dijo arrebatándole el papel de la mano. Cuando terminó de leer una carcajada brotó de su garganta, este tipo de enigmas eran su especialidad.

-No sé si es momento de reírse, la nota decía que hay veneno en las botellas-

-Lo siento, fue un reflejo- se disculpó Hermione dándole la razón- hay veneno, pero no en todas. La mayoría son inofensivas, tres tienen veneno, dos tienen vino, una te lleva adelante y otra atrás. Es sencillo-

-Siempre y cuando no tomemos el veneno- ironizó Harry.

-Para eso está el acertijo, es una idea brillante. No usa magia, es solo lógica, tiene mucho sentido ¿sabes? Algunos de los mejores magos de la historia no tenían ni una pizca de sentido común-

- ¿Entonces cuál tenemos que tomar? -

Hermione volvió a releer la nota, solo para asegurarse, pero no había dudas al respecto. Levantó la mano y apuntó al frasco más pequeño con el dedo – La pequeña te lleva hacia adelante-

Harry no dudo ni un segundo en agarrar el frasco, no había nadie mejor para resolver esa prueba que Hermione.

-Diablos, no tiene suficiente para los dos- evidenció Harry agitando la botellita, solo quedaba un sorbo.

Se miraron en silencio sin decir nada, sabía que Harry era la persona indicada para seguir. Era el más valiente y el que menos perdía la cabeza ante el peligro, pero Hermione no estaba dispuesta a abandonar otro amigo esta noche.

- ¿Sabes cuál es la opción para volver? -

-Aunque lo sepa no voy a tomarla- respondió más testaruda que nunca- No puedes enfrentar a Snape solo, es una locura, además Quién-tu-sabes podría estar con él-

-Escucha, Hermione, ya tuve suerte una vez ¿no? Me las ingeniaré, no te preocupes-

-Eso no tiene sentido-

-Tampoco tiene sentido que te quedes aquí, si no podemos pasar juntos lo mejor es que vuelvas y ayudes a Ron-

Apretó los labios con fuerza mientras pensaba. Hermione se consideraba a si misma una persona práctica, pero cuando lo que estaba en juego era la vida de sus dos amigos le costaba tomar una decisión rápida - Un pequeño error podía ser fatal-

-Ni tu ni yo podemos hacer nada contra Snape, nuestra mejor opción es que yo gane tiempo mientras tu vuelves por ayuda. Coge a Ron y salgan de aquí, luego ve a la lechucería y envía a Hedwig a buscar a Dumbledore-

Hermione asintió en silencio, sorprendida por la actitud de su amigo: "Líder" era la palabra que se le venía a la mente- Oh Harry – dijo dándole un abrazo sorpresa que dejó al chico congelado – Ten mucho cuidado-

Cuando Harry recuperó la compostura le dio unas palmaditas tranquilizadoras en la espalda, Hermione lo soltó mientras se frotaba los ojos intentando que las lagrimillas no se escapen.

-Eres un gran mago Harry-

El moreno, que parecía incómodo con el halago se frotó la nuca con nerviosismo- No soy tan bueno como tú... vete primero- respondió cambiando de tema.

Ella hizo un chasquido sarcástico con la lengua – Si claro, buena con los libros, hay cosas más importantes ¿sabes? - Hermione cogió la opción que sabía que la dejaría volver y le dio un trago largo – Te veo luego, buena suerte- dijo y atravesó las llamas que conducían al cuarto del ajedrez sin mirar atrás.

Te veo luego, le había dicho e iba a ser así, estaba convencida. No podía darse el lujo de dudar, tenía que actuar rápido.

Se le encogió el estómago al ver una mancha negra y roja en el centro de la sala- El color de su cabello se mezclaba con el sweater rojo que llevaba esa noche y con algo un poco más oscuro – Es sangre- pensó recordando el golpe horrible que se había llevado.

-Harry dijo que está bien- se recordó a sí misma en voz alta, juntando valor para acercarse a comprobarlo.

Se acercó a su amigo y se sentó a su lado apoyando el peso en sus rodillas doloridas. Pasó su mano por los cabellos pelirrojos para comprobar la gravedad del golpe – Pudo ser mucho peor- Tenía una fea franja abierta en la frente que por suerte ya había dejado de sangrar, pero no había ninguna otra herida a simple vista.

-Ron, despierta- le dijo zarandeándolo primero suave y luego más fuerte – por favor, Ron, tenemos que irnos- insistió sin obtener respuesta.

Después de insistir un rato, Hermione se puso de pie mirando a su alrededor, mientras intentaba no entrar en pánico. Ron se veía bien, la herida no era grave, pero no se despertaba. No podía cargarlo hasta la salida, no tenía fuerza para eso – A lo mejor puedo encontrar una tabla para acostarlo y levitar o algo así...-

Pero antes de poder seguir divagando un ruido fuerte proveniente de Ron la interrumpió - ¿Ron? - preguntó volviendo a su lado, pero seguía quieto – No es posible ¿me estoy volviendo loca...? - otro ruido sordo salió del cuerpo de su amigo- Uhg no puede ser ¿En serio estas roncando? no es momento para dormir ¡despierta ya Ronald! - gritó sacudiéndolo con todas sus fuerzas.

-Eh ¿Qué pasó? ¿Hermione eres tú? ¿por qué estás en mi habitación? - Ron se incorporó abriendo los ojos con pereza- ¡Auch! Mi cabeza- se quejó agarrándose con fuerza.

-Límpiate la baba y vámonos, eres imposible ¿Cómo se te ocurre dormirte? ¿sabes lo preocupados que estábamos? - le reprochaba mientras lo tomaba del brazo para ayudarlo a levantarse.

- ¿Dónde está Harry? ¿Detuvieron a Snape?- preguntó recuperando la compostura poco a poco.

-Algo así, tenemos que salir de aquí y buscar ayuda. Ven, levanta- Ron obedeció, levantándose a los tumbos - ¿Estás bien? ¿Puedes caminar? -

-Estoy bien, solo un poco mareado- respondió mientras se masajeaba las sienes – tengo una jaqueca horrible-

-No me extraña, necesitas que alguien te revise lo antes posible, ven, salgamos de aquí-

Ron se apoyó en su hombro y juntos recorrieron el camino de vuelta.

- ¿Cómo se supone que vamos a salir? No me digas que tenemos que volver a pasar por el Lazo del Diablo- protestó el pelirrojo.

-El lazo del Diablo no es nuestro peor problema, estamos por lo menos un kilómetro por debajo de la escuela ¿Cuándo fue la última vez que escalaste una pared de piedra? -

-Podemos usar la escoba de la habitación de las llaves para salir- respondió Ron con la simpleza que lo caracterizaba.

Hermione lo volteó a ver sorprendida, Ron podía ser muy ingenioso, aunque dudaba de que sea consciente de eso.

-Bien hagamos eso- coincidió.

Era brillante, podían evadir todos los peligros con la escoba y conseguir ayuda rápido, solo había un pequeño problema: Ron no estaba en condiciones de volar, así que ella iba a tener que manejar la escoba.

Tragó saliva nerviosa, lo único que le faltaba a esta historia, después de todo lo que habían pasado, era que se rompan el cuello por su culpa.