Querido diario.

¿Puedes decirme cómo puede ser que Katara sea tan linda?

Déjame ponerte en contexto; hoy fue mi cumpleaños.

Por lo general, no lo festejo. Quiero decir, por supuesto que sé que el día en que nací es especial —principalmente para los que les importa el Avatar—, pero como Aang, siendo un niño más en el Templo, nunca lo celebré como tal.

Los cumpleaños se festejaban todos juntos, para todos los niños, en el Solsticio. Era más como un Festival Ceremonial, con música y sabrosa comida hecha por los Monjes Superiores -y debo destacar el exquisito sazón de Gyatso. Sus pasteles de Luna con Crema Batida con Aire Control eran de lo mejor que podías probar-, que como un cumpleaños en sí.

Y entonces dirás ¿qué tiene que ver toda esta explicación de mis costumbres con Katara? Bueno, he ahí lo más asombroso.

¡Katara me organizó una fiesta sorpresa con los Acólitos! Recreó el Festival Ceremonial del Solsticio -excepto por el Solsticio, claro, pues yo nací unas semanas antes-, y junto con los Acólitos del Aire prepararon toda la comida. ¡Les quedó exactamente igual! Estaba deliciosa, especialmente las tartas que hizo mi amorcito. (Su sazón puede llegar a superar incluso el de Gyatso. Hace maravillas con sus manos)

¿De dónde sacaron las recetas? Ni siquiera yo recuerdo todos los ingredientes. Pero lo que más me sorprendió fue ver a Katara vestida con las ropas típicas de mi pueblo.

Estoy acostumbrado a ver a los Acólitos usar atuendos similares a los que usabamos los Nómadas del Aire, pero nunca me esperé ver uno tan parecido al original. ¡Katara elaboró su propio vestido de Maestra Aire!

Me dijo que había buscado pinturas y retratos de las monjas en los Templos, hasta que vio un patrón que se repetía en las mujeres jóvenes. Cuando se presentó ante mi vestida así, estaba tan nerviosa, y temía que yo me enojara con ella por lo que había hecho, pensando que tal vez podía tomarlo como una falta de respeto a mi cultura.

Pero todo lo que podía pensar era en lo hermosa que estaba. Me conmovió hasta el alma ver cuanto se había esforzado en respetar los detalles, los diseños y hasta había bordado los decorados tradicionales.

Con un acto tan simple, me hizo sentir que estaba de vuelta en casa.

Este día fue muy especial para mí.

La pasé de maravilla.

No obtuve presentes, parte de mi filosofía es no apegarme a lo material y mis amigos lo saben, y lo tuvieron en cuenta. Pero puedo decir que, en realidad, sí obtuve el mejor regalos de todos; tener a la chica mas especial, amable y amorosa del mundo a mi lado, Katara. Soy muy afortunado, Querido Diario.

¡La amo tanto!