Capítulo 9

—Esto será muy interesante...

Gokú y Número 18 comenzaron un combate amistoso que era observado tanto por Vegeta como por los residentes del Templo Sagrado. La velocidad con la que ambos combatían apenas y dejaban ver unos manchones de colores a lo largo de la entrada principal donde las decoraciones de mármol sufrían con cada golpe que recibían por parte del par de los guerreros.

En un instante, Número 18 logró conectar una patada al Saiyajín criado en la Tierra logrando así detener su constante esquivar. Una ráfaga de golpes tal cual una metralleta conectaron con las manos del discípulo de la escuela de la tortuga. Esta era la primera vez que ambos luchaban, anteriormente no hubo oportunidad alguna debido a la enfermedad del corazón que sufrió el azabache.

—Gokú no está luchando con toda su fuerza—comentó Piccolo a la vez que seguía con sus ojos los movimientos de ambos luchadores.

—Ese idiota de Kakarotto no quiere verla sufrir. Es muy desesperante—dijo Vegeta en un tono cansado a la vez que intentaba leer los pensamientos de su mayor rival.

—Es posibles que Gokú no luche con toda sus fuerzas para así poder medir la habilidad que posee Número 18 para el combate—aclaró Mr. Popo de manera serena sin dejar de asombrarse por el crecimiento que tuvo uno de sus discípulos. En el pasado, apenas y creería que Gokú sobrepasaría el nivel de Kamisama , pero ahora, con una basta experiencia gracias al guerrero, supo de inmediato que este no tendría límites al crecer más allá de los que el mismo se ponga.

Así, de manera atenta, todos observaron los movimientos de ambos luchadores quedamos sorprendidos por la expresión del Saiyajín. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro demostrando así lo mucho que apreciaba este combate.

Por su lado, Número 18 no parecía estar contenta con lo que sucedía. Ya llevaba algunos minutos intentando vencer a quien en el pasado fue su objetivo, pero cada uno de sus golpes era desviado por el discípulo del legendario maestro hermitaño logrando así que su rabia fuera creciendo sin que esta lograra percatarse.

—¡Eres muy buena en esto! —exclamó Gokú con alegría a la vez que esquivaba cada uno de los ataques de su amiga—. Aunque puedo ver que te falta algo de entrenamiento. Con estos ataques no podrás vencerme.

—¡¿Y qué te parece esto?! —gritó ella para así cargar una bola de energía con su mano derecha la cual lanzó directo hacia Gokú quien de un momento a otro pasó a su legendaria transformación del Súper Saiyajín desviando así su ataque con suma facilidad—. ¿Cómo lo has...?

—Ese ataque fue muy bueno—elogió Gokú.

—¿Acaso tú poder...?

—Los Saiyajín somos una raza guerrera que evoluciona con los combates y el entrenamiento. Mis poderes no son los mismos de ayer y te puedo asegurar de que no son los mismos que registró el Dr. Gero—explicó él notando entonces el rostro molesto de su compañera quien finalmente logró relajarse.

—Osea que nunca tuve una oportunidad de poder vencerte—comentó la rubia de manera cansada mientras llevaba sus manos a la cadera para así ver con seriedad a su futuro maestro—. Ese idiota del Dr. Gero ni siquiera pudo hacer una buena investigación sobre ustedes. Me llevará mucho tiempo alcanzar un nivel similar al tuyo.

—Je je...

—¡Ja! ¡Ni lo sueñes hojalata!

—¡Vegeta!

—¿Y a ti quién te hablo?

—Tal vez seas capaz de sobrepasar el nivel de Freezer y su padre, pero estás lejos de nuestro nivel—dijo de manera burlesca Vegeta mientras se acercaba a la androide logrando asustarla para su sorpresa—. ¿Acaso no recuerdas que el hijo de Kakarotto fue capaz de vencer a CELL? Y no sólo eso, mi hijo Trunks en el futuro también fue capaz de vencerte. Te has quedado obsoleta.

—¿Acaso quieres luchar?

—Es mi turno de romperte el brazo...

Ambos guerreros estaban a punto de iniciar su combate, pero entonces Gokú intervino para el disgusto del príncipe de los Saiyajín.

—Vamos Vegeta, no debemos pelear así entre nosotros. Recuerda que todos somos compañeros de batalla—dijo de manera serena el azabache mientras se interponía entre ambos para así evitar un conflicto que pueda destruir el preciado templo de Kamisama—. Por otro lado, también me gustaría llevar las capacidades de Número 18 más allá del límite que le puso el Dr. Gero. Después de todo sigue siendo humana y puede aprender a controlar el Ki para así llegar a ser tan fuerte como nosotros. ¿Verdad que estoy en lo correcto?

—No importa cuanto la entrenes, no volveré a dejar que una hojalata con patas me derrote de nuevo—expresó el príncipe de los Saiyajín para así acceder a la segunda forma del Súper Saiyajín logrando así intimidar a Número 18 y provocando que el mármol del Templo Sagrado sufriera grietas mayores poniendo así en peligro la estructura del sitio—. Yo también he entrenado, no soy el mismo de ayer y te puedo asegurar que una vez derrote a Kakarotto, tú serás la siguiente.

Tras decir eso, Vegeta se relajó regresando así a su estado base.

—¡Se me ocurrió una idea!

—¿Eh?

—Dame un mes para poder entrenarla—dijo Gokú de forma despreocupada mientras veía el rostro de la androide—. Sé que eres muy fuerte, y aunque la segunda transformación del Súper Saiyajín está en un nivel mucho más alto que el tuyo, estoy seguro de que lograrás vencerlo. ¿Qué te parece?

—Yo...

—¡Ja! ¡No me hagas reír! ¿Acaso crees que esta inútil logrará vencerme?

—Entonces acepta y acabemos con esta tontería—dijo manera seria Piccolo quien se mantuvo en silencio durante la mayor parte de la discusión—. Sí en verdad eres un guerrero innato, serás capaz de vencerla; pero por el contrario, en caso de que no puedas hacerlo, quedarás como un fanfarrón que esta muy lejos de vencer a Gokú.

—¿Qué acabas de decir, insecto?

—Ya me escuchaste. Si en verdad eres mejor que Gokú lograrás derrotar a Número 18 sin problema alguno—repitió Piccolo.

El orgullo de Vegeta, aquel que con los años fue creciendo, fue destajado con unas meras palabras provenientes del namekiano. Hasta ahora, en ningún combate de práctica, ha logrado vencer a su rival más acérrimo quedando por debajo de él y su hijo aún cuando los tres han accedido a la transformación más poderosa del súper Saiyajín.

Todo su esfuerzo, todo ese entrenamiento era con el objetivo de ser el más poderoso y así derrotar de una vez por todas a Kakarotto. Ya no luchaba para matar, mucho menos para acceder a la gloria de conquistar un planeta como en sus días en la Organización Espacial del Comercio liderada por el tirano de Freezer. Ahora, su único objetivo era vencer al Saiyajín que fue enviado para conquistar la Tierra demostrando de una vez y para siempre quien era el que debía llevar el manto de la leyenda.

—Bien, acepto—accedió Vegeta—, pero aún así, dudo que un entrenamiento con Kakarotto haga la diferencia.

—¡Que bien! —exclamó Gokú con una gran sonrisa en su rostro—. ¿Qué te parece eso Número 18? ¿Verdad que estás emocionada?

Lejos de estar emocionada, Número 18 se encontraba algo sorprendida por cómo se llevaron las cosas frente a sus ojos. Era más que evidente que su cuerpo sería destrozado si luchaba contra el príncipe de los Saiyajín aquí y ahora, pero la confianza de Gokú y la mirada serena de Piccolo lograron evitar que se derrumbara ante la falta de fe en ella misma.

Tan pronto se decidió la fecha y el lugar, Vegeta partió lejos para así poder reencontrarse con Bulma quien le estaba esperando desde hace un rato llamado por él gracias a los teléfonos que dejó en el templo de Kamisama una vez supo como sortear al barrera que protegía el monumento al dios de la Tierra.

—Bien, tenemos un mes para entrenar—comentó el guerrero de gi naranja quien notó lo apartada que se encontraba Número 18 de su lado—. ¿Sucede algo?

—¿Cómo planeas ayudarme a vencer a ese engreído? —fue lo primero que dijo ella desde la partida del príncipe—. ¿Acaso no te das cuenta de la diferencia de poder qué existe entre él y yo? Me va a humillar enfrente de todos y lo más seguro es que me matará por la humillación que le hice tras despertar.

—Vamos, no será tan malo—replicó Gokú—. Y sí el llegara a hacerte daño de manera intencional con el fin de matarte, créeme que yo mismo lo venceré. Después de todo, somos amigos y yo jamás dejaré que te hagan algo malo.

—¡...!

El rostro de Número 18 se puso rojo para sorpresa de todos. Esto alarmó un poco a Gokú quien se le acercó de forma despreocupada poniendo una mano sobre su frente. —Que extraño, no tienes fiebres—dijo él de manera calmada a la vez que pasaba a sus mejillas notando entonces lo calientes que estaban producto de la sangre que fluía a través de ellas—. ¡Número 18! ¡Estás ardiendo! ¿Te sientes bien? ¿Te duele algo?

Ella quería golpearlo, quería gritarle y decirle que se alejara de su lado, pero por alguna extraña razón las palabras murieron en su boca a la vez que un viejo recuerdo golpeaba su mente. Sus ojos, tan celestes como el cielo, brillaron con nostalgia a la vez que veía en el azabache la figura de quien fue su primer novio y quién lamentablemente, también fue su primera decepción.

Las memorias que buscó olvidar, regresaban para atormentarla sin que ella pudiera hacer algo al respecto. Krillin le juró tantas veces que esa chica no era más que un recuerdo de su pasado, que no tenía nada que ver con ella. Varias veces su mano tocó su rostro para calmarla y en varias ocasiones creyó sus palabras mientras mantenía esa postura rígida en su relación a la vez que disfrutaba de esos pequeños momentos al lado del mejor amigo de Gokú.

Todas esas ocasiones creyó sus palabras, aceptó sus mentiras y buscó amar cuando ya no era amada. Su relación con el segundo discípulo del maestro Roshi terminó con el tiempo y todos esos juramentos, todas esas cartas que él tanto escribió para ella y que expresó en aquella isla terminaron ser sólo oraciones al viento llenas de poco valor para él, quien buscó pasión con esa mujer que arruinó su segunda oportunidad de vivir.

Ahí, frente a su mejor amigo, una lágrima rebelde rodó por su mejilla hasta tocar la mano que sostenía su rostro y que buscaba de manera desesperada entender lo que sucedía. Era la tercera ocasión en que lloraba en frente suyo, poco le importaba si los demás la veían. Su cuerpo ya no quería obedecer a su mente y esta tampoco quería vivir en una mentira que la estaba destruyendo desde adentro.

—¿Por qué...?

—¿Eh?

—¿Por qué me abandonó? —susurró ella antes de derramar más lágrimas a través de sus ya cansados ojos—. ¿Por qué...?

—¡Lo siento mucho! —exclamó Gokú sin percatarse de lo que en verdad sucedía. Las palabras de la rubia, por más cerca que se encontraba de él, pasaron de largo siendo escuchadas por los oídos del Dios de la Tierra y del heredero de la familia del mal. De ser más atento, Gokú pudo darse cuenta de lo que sucedía, pero aquella inocencia que desde chico le acompañó al final fue de gran ayuda—. Número 18, yo me quiero disculpa. No sé si dije algo malo, pero te quiero pedir disculpas.

—Eres un tonto... —susurró la androide con un rostro mucho más calmado—, pero no te pareces en nada a ese idiota.

—¿Eh? ¿Te refieres a Vegeta?

—No me refería a ese sujeto.

—¿Entonces a quién te refieres?

—¿Acaso ese idiota se llama Krillin? —preguntó Piccolo uniéndose a la discusión—. Que yo recuerde él intentó de todo para estar junto a ti. Incluso trató de volverte humana usando las esferas del dragón.

—¿Krillin trató de hacer eso? Vaya, no me esperaba de que él fuera capaz de pedir un deseo de ese tipo. Siempre pensé que pediría algo de dinero o una casa enorme como la de Bulma.

—Tu amigo es el que me hace llorar... ¡Es un verdadero idiota! —exclamó la rubia para así dar un fuerte pisotón que hizo temblar a todo el Templo Sagrado generando muchas más grietas en el blanco mármol—. ¡Lo odio! ¡Odio a ese enano!

Gokú, quien apenas y salía con sus amigos para socializar, se quedó en blanco con el cambio de actitud que tuvo número 18 tras escuchar el nombre de su mejor amigo. Desde el fallecimiento de Milk, las cosas apenas y volvían a ser como antes. Tanto Bulma como los demás se ofrecían a ayudarle con las labores de su casa a la vez que ayudaban a Gohan con el pequeño Goten.

En todo este tiempo, Krillin parecía estar muy contento con su vida tras la derrota de Cell. Se había enterado gracias a Bulma y Yamcha de que él encontró el amor con una joven a la que conoció hace tiempo. Tenía entendido de que Número 18 logró conquistar su corazón durante la cacería del bio androide, pero desconocía por completo la relación que ambos tuvieron tras separarse un tiempo debido al luto que guardó por la partida de Milk.

—Así que han terminado—declaró Gokú—. Por eso Krillin se veía un poco preocupado, seguro se imaginó de que irías a buscarlo para así matarlo por tercera ocasión.

—¿Tercera ocasión? Pero yo...

—Bueno no importa. Lo único que debes hacer es olvidar todo lo malo que sucedió y dedicarte a entrenar para poder derrotar a Vegeta—expresó Gokú de manera más animada olvidado por completo la tristeza que invadió el corazón de la rubia quien se mostraba bastante confundida—. ¡Vamos a la nueva habitación del tiempo!