Lamento haber tardado tanto. Espero que os guste y que me sigais dejando esos maravillosos reviews. Un beso : Natilovebooks


-"Bien, ¿Quién quiere leer?"- Pregunto Nico alzando la voz para que todos le escucharan.

-"Yo primito"- Dijo Thalía pasándole a Percy y sentándolo en el regazo del hijo de Hades que para sorpresa de todos recibió con una sonrisa.

-"Mi cena se convierte en humo"- Leyó la hija de Zeus entre miradas de desconcierto por parte de los romanos y los héroes del pasado.

La noticia del accidente del baño se esparció inmediatamente.

-"Claro, en el campamento todo se sabe, sobre todo con las hijas de Afrodita cotilleando todo el día"- Dijo Katie con una sonrisa

A donde quiera que fuera, los campistas me señalaban y murmuraban algo acerca de agua de inodoro. O quizás ellos solo veían a Annabeth, que estaba todavía bastante mojada.

Todos de rieron mientras Annabeth hacía una mueca divertida.

Ella me mostró algunos otros lugares: la tienda de metal (donde los chicos hacían sus propias espadas), el cuarto de artes y oficios (donde los sátiros lanzaban chorros de arena a una estatua gigante de mármol de un fauno), y el muro de escalada, que de hecho consistía de dos paredes cara a cara que se sacudían con violencia, rocas caían, se esparcía lava, y chocaban la una con la otra si no llegabas a la cima con la suficiente rapidez.

-"Quizás deberíamos hacerlo en nuestro campamento"- Dijo un hijo de Marte. Reyna asintió pensativa.

Finalmente regresamos al lago, donde el camino llevaba de vuelta a las cabañas.

"Tengo entrenamiento que hacer," dijo Annabeth categóricamente. "La cena es a las siete treinta. Solo tienes que seguir de la cabaña el pasillo hacia el comedor."

"Annabeth, siento lo de los inodoros."

-"Más le valía sentirlo, conociendo a Annabeth"- Le susurro Travis a su hermano.

"Como sea."

"No fue mi culpa."

-"Si claro"- Refunfuño Annabeth mientras todos se reían.

Ella me miró con escepticismo, y me di cuenta que si fue mi culpa. Yo había hecho salir el agua de los accesorios del baño. No entendía cómo. Pero los inodoros habían respondido a mí. Me había convertido en uno con la tubería.

Todos estallaron en risas mientras los Stoll repetían la frase de forma seria.

"Necesitas hablar con el Oráculo," dijo Annabeth.

-"¿Vosotros tenéis un Oráculo?"- Preguntó Octavian, con cara de asombro mientras miraba a los griegos, comprendiendo la pregunta que le había hecho el dichoso hijo de Neptuno cuando se habían conocido. Estos asintieron mientras miraban sonrientes a Rachel que le hecho una mala mirada al augur pues se había presentado al principio de la lectura.

"¿Quién?"

Rachel hizo un mohín mientras los griegos se reían en silencio.

"No quién. Qué."

-"Resulta que ahora soy un objeto, si lo hubiera sabido habría insistido más con Percy"- Dijo Rachel con una sonrisa traviesa mirando a cierta hija de Atenea.

-"No, solo que en ese entonces el Oráculo era distinto"- Dijo rápidamente Annabeth roja por completo entre la risa de los demás.

"El Oráculo. Le preguntaré a Quirón."

Me quedé viendo el lago, deseando que alguien me diera una repuesta directa, por una vez.

-"Pues tendrás que esperar mucho para eso sesos de algas"- Les dijo Annabeth a Nico y Thalía en un susurro al que correspondieron con una sonrisa divertida mientras miraban al pequeño jugando en brazos del hijo de Hades.

No esperaba que nadie estuviera mirándome desde el fondo, así que mi corazón dio un vuelco cuando vi a dos chicas adolescentes con las piernas cruzadas en la base del muelle, unos veinte metros más abajo. Ellas usaban vaqueros azules y camisetas verde brillantes, y su cabello castaño flotaba alrededor de sus hombros, mientras pececillos entraban y salían. Ellas sonrieron y saludaron como si yo fuera un viejo amigo.

-"Claro, las Náyades lo trataron como un príncipe, como a todos mis hijos"- Dijo Poseidón con una sonrisa. Los romanos no dejaban de ver sorprendidos al dios, se suponía que era terrorífico y había que tenerle miedo pero resultaba ser el dios más afable, simpático y cariñoso de todos a medida que lo conocían.

Yo no sabía que más hacer. Saludé de regreso.

"No las alientes," me advirtió Annabeth. "Las Náyades son terribles coqueteando."

-"Celosa Annabeth"- Pregunto Leo con una sonrisa pícara en los labios.

Annabeth solo le miro con dagas en la mirada mientras el resto se reía.

"Náyades," repetí, sintiéndome completamente abrumado. "Eso es todo. Quiero irme a casa ahora."

-"A ver si me aclaro, lucho contra el Minotauro y una Furia, conoció a un centauro y su mejor amigo resultó ser un sátiro y resulta que no puede con unas Náyades, es increíble"- Dijo Jason desconcertado.

-"Ese es Percy para ti. Alguien que puede concebir que un ejército de monstruos vengan detrás de él pero no con que una chica esté enamorada de él."- Dijo Nico sonriendo a Annabeth y Rachel que se pusieron rojas como un tomate mientras todos se reían.

Annabeth frunció el ceño. "¿No lo entiendes, Percy? Estás en casa. Este es el único lugar seguro en la tierra para chicos como nosotros."

-"No es el único"- Dijeron todos los romanos mientras Annabeth ponía los ojos en blanco.

"¿Quieres decir, niños con trastornos mentales?"

-"Eh"- Se quejaron todos los semidioses mientras el resto se reía.

"Quiero decir no humanos. No completamente. Medio humanos."

"¿Medio humano y medio que?"

-"Sí que es lento"- Murmuraron Octavian y Hércules, que para su suerte no fueron escuchados.

"Creo que lo sabes."

-"Desde cuando Percy sabe algo que no sea del agua o de la espada"- Dijo Nico sonriendo cuando su pequeño primo le puso mala cara. Todos se rieron.

-"¿Cómo os lleváis bien los tres si no dejáis de meteros unos con otros?"- Pregunto Piper curiosa mirando en dirección a los tres primos. Thalía le sonrío antes de contestar:

-"Veras, nuestra relación se basa en meternos unos con otros, somos como hermanos. En realidad nos queremos mucho, tanto que arriesgaríamos la vida por cualquiera de nosotros". Dijo Thalía con lágrimas no derramadas en los ojos al recordar los momentos divertidos que habían pasado Nico, Percy y ella. A su lado Nico estaba en iguales condiciones mientras abrazaba fuertemente a Percy con una sonrisa triste.

Todos miraron tristemente a los tres mientras los dioses los observaban con asombro. Nunca, en toda la historia los hijos de los tres grandes se habían llevado bien, bueno hasta que aparecieron estos tres chicos que resultaron ser todo lo contrario.

Después de un momento Thalía siguió leyendo mientras las cazadoras de Artemisa la miraban suspicazmente. Como llegó a ser cazadora si sus mejores amigos, por los que moriría, eran chicos.

No quería admitirlo, pero me temía que si sabía. Sentí un hormigueo en mis extremidades, una sensación que a veces tenía cuando mi mamá hablaba de mi papá.

Poseidón sonrió cariñosamente ante eso.

"Dios," dije. "Mitad Dios."

-"Por fin"- Murmuraron Octavian y Hércules, que para mala suerte de este último fue oído por Perseo quién le dirigió una mala mirada. A él si le había caído bien su homónimo, parecía un buen chico, ¿qué importaba quién fuera su padre?

Annabeth asintió. "Tú padre no está muerto, Percy. Es uno de los del Olimpo."

"Eso es una locura."

Zeus y Hades, para gran sorpresa de los romanos, se pusieron a reír a carcajadas mientras Poseidón los fulminaba con la mirada.

"¿Lo es? ¿Qué es lo más común que los dioses hacían en las viejas historias? Corrían a enamorarse de los humanos y tenían hijos con ellos. ¿Tú crees que han cambiado sus hábitos en los últimos milenios?"

-"Absolutamente no"- Dijo Atenea mirando a los dioses en la sala.

-"Tampoco es que tu hallas dejado de tener hijos."- Replicó Poseidón. Atenea iba a contestar pero Thalía siguió leyendo para evitar una pelea.

"Pero esos son solo…" casi digo mitos otra vez. Luego recordé la advertencia de Quirón que en doscientos años, yo probablemente sería considerado un mito. "Pero si todos los chicos aquí son mitad dioses…"

"Semidioses," dijo Annabeth. "Ese es el término oficial. O mestizos."

"¿Entonces quien es tu papá?"

-"Ohhh, eso no le va a gustar a nuestra Annie"- Dijeron los Stoll a dúo con una sonrisa traviesa en los labios que borraron rápidamente cuando Annabeth les miró.

Sus manos se apretaron alrededor de la barandilla del muelle. Tuve la sensación de que acababa de abordar un tema delicado.

Annabeth asintió tristemente con la cabeza mientras Atenea la veía con culpabilidad.

"Mi papá es un profesor en West Point," dijo ella. "No lo he visto desde que era pequeña. Él enseña historia americana."

"Él es humano."

-"No, es un perro, no te digo"- Dijo Nico divertido rompiendo el aire taciturno de Annabeth quién sonrió divertida.

"¿Qué? ¿Asumes que tiene que ser un hombre Dios que encuentre una mujer humana atractiva? ¿Cuán sexista es eso?"

Todas las cazadoras y Artemisa asintieron con la cabeza mientras sonreían a Annabeth.

"¿Quién es tu mamá, entonces?"

"Cabaña seis."

-"Eso no lo va entender, aunque es cierto nunca entiende nada."- Dijo Thalía interrumpiéndose y ganándose las risas de toda la sala. Percy solo le puso mala cara, que cambio cuando Thalía le sonrío y le dio un beso en la mejilla.

"¿Es decir?"

Annabeth se enderezó. "Atenea. La diosa de la sabiduría y la batalla."

Okey, pensé. ¿Por qué no?

-"Creó que todavía piensa que estás loca"- Le dijo Piper a Annabeth.

"¿Y mi papá?"

"Indeterminado," dijo Annabeth, "Como te dije antes. Nadie sabe."

-"¿Cómo no sabes quién es su papa después de lo de los lavabos?"- Pregunto Grover a Annabeth en un susurro. La hija de Atenea solo se encogió de hombros.

"Excepto mi madre. Ella sabía."

Poseidón asintió con una diminuta sonrisa sin darse cuenta de la mirada del rey de los dioses.

"Quizás no, Percy. Los Dioses no siempre revelan su identidad."

"Mi papá lo habría hecho. Él la amaba."

Poseidón tenía una mirada soñadora, y Afrodita estaba en éxtasis.

Annabeth me dio una mirada cautelosa. Ella no quería reventar mi burbuja. "Quizás tienes razón. Quizás él envíe una señal. Esa es la única forma de estar seguros: tu padre tiene que enviar una señal reclamándote como su hijo. A veces sucede."

-"No os preocupéis, Percy se encargó de que eso no volviera a suceder"- Dijo Rachel al notar como los dioses se movían incomodos con una aire de culpabilidad.

"¿Quieres decir que a veces no pasa?"

Annabeth pasó su palma por la barandilla del muelle. "Los dioses están ocupados. Ellos tienen muchos hijos y ellos no siempre… bueno, a veces no se preocupan por nosotros, Percy. Nos ignoran."

-"Lo sentimos"- Dijeron los dioses culpables. Los romanos miraron con asombro. Los dioses romanos no eran lo que se dice, sentimentales, eran más crueles porque estaban concentrados en la guerra.

Pensé en algunos chicos que había visto en la cabaña de Hermes, adolescentes que parecían sombríos y depresivos, como si estuvieran esperando por una llamada que nunca vendría. Yo había conocido chicos así en la academia Yancy, abandonados en una escuela por padres ricos que no tenían tiempo para lidiar con ellos. Pero los dioses deberían comportarse mejor.

"Entones estoy atascado aquí," dije. "¿Eso esto todo? ¿Por el resto de mi vida?"

"Depende," dijo Annabeth. "Algunos campistas solo se quedan por el verano. Si eres hijo de Afrodita o Deméter, probablemente no tienes una fuerza de gran alcance."

Afrodita y Deméter, así como sus respectivos hijos estaban miraban a Annabeth con el ceño fruncido. Antes de que alguien pudiera decir algo Annabeth se disculpó:

-"Lo lamento, lo único que quería decir era que los hijos de ambas diosas no llaman tanto la atención como los hijos de los tres grandes"- Dijo apresuradamente.

-"Además no sé de qué os quejáis, o acaso queréis que os persigan tanto los monstruos como a nosotros." –Añadió Teseo señalando a todos los hijos de los tres grandes en la sala.

Los monstruos puede que te ignoren, así que puedes pasar unos meses de entrenamiento de verano y vivir en el mundo mortal el resto del año. Pero para algunos de nosotros, es muy peligroso para vivir. Somos rondadores por año. En el mundo mortal, atraemos a los monstruos. Ellos nos sienten. Ellos vienen a retarnos. La mayoría del tiempo nos ignoran hasta que somos lo suficientemente grandes como para causar problemas, como de diez u once años, pero después de eso, la mayoría de los semidioses vienen aquí, o son asesinados. Algunos se las arreglan para sobrevivir en el mundo exterior y se vuelven famosos, créeme si te digo los nombres, los reconocerías. Algunos ni siquiera se dan cuenta que son semidioses. Pero son muy pocos."

"¿Entonces los monstruos no pueden entrar aquí?"

-"¿Entonces tenéis barreras protectoras?"- Preguntó Reyna curiosa. Annabeth asintió sin darse cuenta de la mirada de decepción que se cruzó en ese instante en la mirada de Octavian. Él quería atacar a los griegos, sabía que solo estaban fingiendo ser amables y amistosos para poder atacarles después por la espalda.

Annabeth sacudió su cabeza. "No a menos que sean intencionalmente atrapados en el bosque o convocados aquí por alguien."

"¿Por qué alguien invocaría monstruos?"

"Peleas de prácticas. Bromas."

"¿Bromas?"

-"Bueno, ya no se hacen bromas después de lo que le pasó a Percy en su primera captura de la bandera"- Dijo Travis.

"El punto es, los bordes están sellados para mantener a los monstruos y a los mortales afuera. Desde afuera, los mortales ven el valle y no ven nada inusual, solo una granja de fresas."

"¿Así que tú eres rondadora por año?"

Annabeth asintió. De debajo del cuello de su camiseta sacó un collar de cuero con cinco cuentas de barro de diferentes colores. Era tal como el de Luke, excepto que el de Annabeth también tenía un gran anillo de oro colgado de ella como un anillo de graduación.

"He estado aquí desde que tenía siete," dijo ella. "Cada agosto en el último día del periodo de verano, recibes una cuenta por sobrevivir otro año. He estado aquí más tiempo que la mayoría de los consejeros, y ellos están en la Universidad."

-"Ya sabemos lo que significa el collar de Percy, aunque el significado de las cuentas es un poco deprimente"- Dijo Hazel. Frank, Reyna y Dakota asintieron, eran los que estaban a su lado y los que más cerca estaban del hijo de Poseidón en el campamento romano.

"¿Por qué viniste tan joven?"

Ella torció el anillo en su collar. "No es tu problema."

-"Solo estaba preguntando"- Le dijo Piper a Annabeth. Esta asintió tristemente ante el recuerdo de cómo había tratado a Percy en su primera misión.

"Oh." Me quedé allí por un minuto incómodo de silencio. "Así que… ¿puedo salir caminando de aquí sí quiero?"

-"Solo si quieres que te maten sesos de alga."- Dijo Annabeth con una pequeña sonrisa al recordar a su imprudente novio.

"Sería suicidio, pero podrías, con el permiso del Señor D o Quirón. Pero ellos no te darán permiso hasta el final del verano a menos…"

"¿A menos…?"

"Se te conceda una búsqueda. Pero eso difícilmente sucede. La última vez…"

-"Al parecer no salió bien"- Dijo Leo con una mueca.

Su voz se apagó. Puede notar por su tono que la última vez no había ido bien.

Leo sonrió gratamente al pensar como Percy, deseaba conocerlo.

"De vuelta a la enfermería," dije, "cuando me daban de comer esas cosas…"

"Ambrosía."

"Siii. Me preguntaste algo acerca del solsticio de verano."

Los hombros de Annabeth se tensaron. "¿Así que sabes algo?

Thalía se detuvo y miró a Annabeth contrariada.

-"¿Qué?"- Dijo ésta molesta por la mirada de su amiga.

-"Annie, Annie. Annie ¿Cuándo vas a aprender a no preguntarle cosas a Percy?"- Dijo negando con la cabeza con un falso tono de decepción. A su alrededor todos se estaban riendo mientras que Annabeth solo le saco la lengua a la hija de Zeus.

"Bueno… no. En mi vieja escuela, escuché a Grover y Quirón hablando de eso. Grover mencionó el solsticio de verano. Él dijo algo como que no teníamos mucho tiempo, por la fecha límite. ¿Qué significa?"

Ella apretó su puño. "Ojala supiera. Quirón y los sátiros, ellos los saben, pero no me lo dirán. Algo está mal en el Olimpo, algo muy importante. La última vez que estuve allí, todo parecía demasiado normal."

-"¿Has estado en el Olimpo?"- Preguntaron todos los romanos con un poco de celos, hasta que se acordaron de los que habían dicho en la conversación, al parecer ellos vivían más tiempo, pero los griegos veían más a los dioses. Annabeth solo miró sorprendida ante la coincidencia, pero solo les señaló el libro como respuesta.

"¿Has estado en el Olimpo?"

Todos se echaron a reír por la similitud excepto dos personas. Octavian, que no sabía cómo todos sus compañeros del campamento podían seguir a tan estúpido personaje, y Hércules que no podía creer que ambos campamentos parecieran admirar a tan ridículo héroe. A quién han convertido en dios, quién es el mejor héroe de todos, quién tenía una constelación en el cielo, yo. ¿Por qué la gente de la sala no puede leer mis aventuras y dejar de leer la patética vida del engendro del dios del mar?

"Algunos de los rondadores por año -Luke, Clarisse y yo y algunos otros- hicimos un viaje de campo durante el solsticio de invierno. Ahí es cuando los dioses tienen su gran consejo anual.

"¿Pero cómo llegas allí?"

"El ferrocarril de Long Island, por supuesto. Te bajas en la estación Penn. El edificio Empire State, el ascensor especial al piso seiscientos." Ella me miró como si estuviera segura que yo ya debía saber eso. "Eres de New York, ¿verdad?"

-"Creó que se olvidó que el Empire State no tiene seiscientos pisos para los mortales"- Dijo Leo inocentemente mientras los Stoll intentaban no reírse muy fuerte.

"Oh, claro." Hasta donde yo sabía, había solo ciento dos pisos en el edificio Empire State, pero decidí no señalarlo.

"Justo después de nuestra visita," continuó Annabeth, "el clima se volvió extraño, como si los dioses hubieran comenzado a pelear. Un par de veces desde entonces, escuché a los sátiros hablando. Lo mejor que pude entender es que algo importante fue robado. Y si no es devuelto para el solsticio de verano, habrá problemas. Cuando viniste, yo esperaba… quiero decir, Atenea se lleva bien con todo el mundo a excepción de Ares. Y, por supuesto tiene una rivalidad con Poseidón. Pero, quiero decir, aparte de eso, pensé que podíamos trabajar juntos. Pensé que quizás sabías algo."

-"Nunca esperes que Percy sepa algo, la primera regla para trabajar con él"- Les dijo Thalía a todos los presentes en la sala mientras Nico se reía y Percy le sacaba la lengua tiernamente para gran satisfacción de Afrodita y sus hijas, pues se veía muy lindo haciéndolo.

Sacudí mi cabeza. Deseé poder ayudarla, pero me sentía demasiado hambriento y mentalmente sobrecargado para preguntar algo más.

-"Hombres"- Resoplaron las cazadoras.

"Tengo que conseguir una búsqueda," murmuró Annabeth para sí misma. "No soy demasiado joven. Si ellos solo me contaran el problema…"

Pude sentir el olor de una barbacoa proveniente de un lugar cercano. Annabeth debió escuchar mi estómago gruñir. Ella me dijo que fuera, que ella me alcanzaría después. La dejé en el muelle, deslizando sus dedos por la barandilla como si estuviera trazando el plan de batalla.

-"Si que estaba trazando un plan de batalla"- Dijo Annabeth mientras se ruborizaba al escuchar las risitas provenientes de las hijas de Afrodita.

De vuelta a la cabaña once, todo el mundo estaba hablando, esperando por la cena. Por primera vez, noté que muchos de los campistas tenían facciones similares: nariz afilada, cejas arqueadas, sonrisas maliciosas. Eran la clase de chicos que los maestros clasificarían como problemáticos.

-"Por supuesto"- Gritaron contentos los hijos de Hermes, tanto griegos como romanos ganándose una mirada de orgullo y satisfacción de su padre.

Afortunadamente, nadie me prestó mucha atención mientras caminaba a mi lugar y me sentaba junto a mi cuerno minotauro. El consejero, Luke, se acercó. Él también tenía el aire de la familia de Hermes. Tenía una cicatriz en su mejilla derecha pero su sonrisa estaba intacta.

Hermes frunció el ceño preguntándose cuándo, dónde y porque se habría echo esa cicatriz su hijo.

"Te encontré un saco de dormir," dijo él. "Y aquí, te robé algunos artículos de aseo de la tienda del campamento"

No puede notar si estaba bromeando en la parte de robar.

-"Por supuesto que no"- Dijeron indignados los hijos de Hermes mientras los otros ponían los ojos en blanco.

Dije, "Gracias."

"No hay problema." Luke se sentó junto a mí, apoyando su espalda contra la pared. "¿Primer día difícil?"

"No pertenezco aquí," dije. "Ni siquiera creo en dioses."

-"Pues más le vale"- Murmuró para sí mismo Jason.

"Siiii," dijo él. "Así es como todos comenzamos. Una vez que empieces a creer en ellos no se vuelve más fácil."

La amargura en su voz me sorprendió, porque Luke me parecía un muchacho bastante transigente. Él lucía como si pudiera manejar cualquier cosa.

Annabeth inclinó la cabeza con pesadumbre. Al darse cuenta Grover le pasó un brazo por el hombro y Rachel le sujeto una mano entre las suyas. Dese que se había convertido en el Oráculo se llevaban mucho mejor.

"¿Así que tu padre es Hermes?" pregunté.

Sacó una navaja de su bolsillo, y por un segundo pensé que iba a apuñalarme, pero el solo raspó el barro de la suela de su sandalia.

"Siii. Hermes."

Hermes frunció un poco el ceño ante eso aunque nadie pareció notarlo.

"El mensajero con pies alados."

Todos se rieron ante eso mientras Hermes sonreía ante la descripción.

"Ese es él. Mensajeros. Medicina. Viajeros, comerciantes, ladrones. Todos los que usan la carretera. Por eso es que estás aquí, disfrutando la hospitalidad de la cabaña once. Hermes no es selectivo con los que auxilia."

-"Exacto"- Dijo Hermes con una sonrisa.

Pensé que Luke no había querido llamarme un Don nadie. Él solo tenía mucho en su cabeza.

"¿Has visto a tu papá?" pregunté.

"Una vez."

Hermes miró confuso. ¿Cuándo hablaré con mi hijo?

Esperé, pensando que él quería contarme, que me contaría. Aparentemente no era así. Me pregunté si la historia tenía que ver con cómo obtuvo su cicatriz.

Hermes miró aterrado hasta que se dio cuenta de la mirada de Annabeth que negó casi imperceptiblemente con la cabeza. Ante eso Hermes se relajó.

Luke miró hacia arriba y esbozó una sonrisa. "No te preocupes, Percy. Los campistas aquí, son en su mayoría buena gente. Después de todo, somos una familia ampliada, ¿no? Cuidamos los unos de los otros."

Todos los del campamento griego asintieron sonrientes. Los romanos miraron con sorpresa, no es que ellos no se protegieran los unos a los otros pero nunca habían actuado como una familia. Quizás deberían cambiar eso.

Él parecía entender cuan perdido me sentía, y estuve agradecido por eso, porque un chico mayor como él- incluso si era consejero- debía evitar a un medio escolar nada sofisticado como yo. Pero Luke me había dado la bienvenida a la cabaña. Incluso había robado unos artículos de aseo para mí, que era la cosa más amable que alguien había hecho por mí en todo el día.

Annabeth frunció el ceño y al darse cuenta de esto Nico le susurró divertido:

-"No deberías sentirte ofendida, fuiste bastante antipática"- Dijo divertido. Aunque como recompensa se llevó un golpe en la cabeza y la risa de Percy que miraba la conversación con sus ojitos verde mar desde el regazo del hijo de Hades.

Decidí hacerle una última gran pregunta, la que me había estado molestando todo el día.

"Clarisse, de Ares, estaba bromeando acerca de que yo tenía potencial para los ‹‹Tres Grandes››. Entonces Annabeth… dos veces, dijo ella que quizás yo sería ‹‹el elegido››. Dijo que debía hablar con el Oráculo. ¿Que era todo eso?"

Luke plegó su cuchillo. "Odio las profecías."

-"Como todos"- Dijeron todos los presentes en la sala menos tres personas, Apolo, Rachel y Octavian, que miraban ofendidos, y en el caso de los dos primeros, algo divertidos.

"¿Qué quieres decir?"

Su rostro se contrajo alrededor de la cicatriz. "Digamos que eché las cosas a perder para los demás. Los últimos dos años, desde que mi viaje al jardín de las Hespérides salió mal, Quirón no ha permitido más búsquedas. Annabeth se moría de ganas por salir al mundo exterior. Ella presionó a Quirón hasta que él le dijo finalmente que él sabía su destino. Él tenía una profecía del Oráculo. Él no le contaría todo, pero dijo que Annabeth no estaba destinada a ir a una búsqueda todavía. Ella tenía que esperar hasta que… alguien especial viniera al campamento."

"¿Alguien especial?"

-"Alguien especial, Annabeth. Hasta Quirón os lanzaba indirectas."- Se rio Travis. Annabeth solo se puso cada vez más roja a medida que la risa inundo la sala de tronos.

"No te preocupes por eso, chico," dijo Luke. "Annabeth quiere pensar que cada nuevo campista que viene aquí es el presagio que ella ha estado esperando. Ahora, vamos, es hora de cenar."

Al momento que lo dijo, un cuerno sonó en la distancia. De alguna manera supe que era una caracola, aunque no lo hubiera oído antes.

-"Poderes de pescado"- Dijo Hércules con desagrado. Thalía y Nico lo miraron con desagrado hasta que Thalía le contestó con voz cortante:

-"Sabes la de veces que nos han salvado esos 'poderes de pescado'. Sinceramente, son bastante más útiles que los poderes de cielo, sobre todo para mí, sin ofender papa"- Dijo mientras Nico asentía de acuerdo a su lado y Percy sonreía muy tiernamente en su regazo.

Luke grito," ¡Cabaña Once, formen filas!

Toda la cabaña, como veinte de nosotros, se presentó en el patio común. Nos alineamos en orden de antigüedad, así que por supuesto yo era el último. Campistas vinieron de otras cabañas también, excepto de las tres cabañas vacías al final, y la cabaña ocho, que había lucido normal durante el día, pero ahora comenzaba a brillar color plata mientras el sol se ocultaba.

Artemisa y las cazadoras sonrieron con nostalgia. No les gustaba estar en el campamento pero les encantaba su cabaña.

Caminamos sobre la colina hasta el pabellón del comedor. Los sátiros se nos unieron desde el prado. Náyades emergieron del lago. Algunas otras chicas salieron de los bosques- y cuando digo salieron de los bosques, quiero decir directamente de los árboles. Vi una chica, como de nueve o diez años, saliendo de un lado de un árbol de arce y venir saltando hasta la colina.

Los romanos miraron con asombro, en su campamento no comían con los sátiros y las ninfas, ya que los primeros eran pordioseros y las segundas no abundaban en el Campamento Júpiter.

En total, había quizás cien campistas, algunas docenas de sátiros, y una docena entre ninfas de los árboles y Náyades.

En el pabellón, las antorchas ardían alrededor de las columnas de mármol. Un fuego central quemaba en un brasero de bronce del tamaño de una bañera. Cada cabaña tenía su propia mesa, cubierta de tela blanca adornada con púrpura.

-"¿Porque tenéis ese fuego en el centro?"- Preguntó Frank.

-"Dentro de poco lo veras"- Dijo Katie con una sonrisa.

Cuatro mesas estaban vacías, pero la de la cabaña once estaba atestada de gente. Tuve que apretarme al borde de un banco con la mitad de mi trasero colgando.

-"Ugh, no necesitábamos esa información"- Dijeron Thalía y Nico con una mueca de desagrado, haciendo reír a todos.

Vi a Grover sentado en la mesa doce con el señor D, algunos sátiros, y un par de niños regordetes rubios que se parecían el señor D. Quirón se hizo a un lado, siendo la mesa de picnic demasiado pequeña para un centauro.

Annabeth se sentó en la mesa seis con un montón de atléticos de apariencia seria, todos con sus ojos grises y cabello rubio miel.

La cabaña de Atenea sonrió y vitoreo sin notar la mirada de extrañeza de los romanos. Para ellos, Atenea o Minerva era una diosa virgen, por lo que no sabían cómo podía tener hijos.

Clarisse se sentó detrás de mí en la mesa de los de Ares. Al parecer ella había superado lo de ser mojada, porque se estaba riendo y eructando con sus amigos.

Finalmente, Quirón golpeó su pata contra el suelo de mármol del pabellón, y todo el mundo guardó silencio. Él levantó su copa. "¡Por los dioses!"

Todos los demás levantaron sus copas. "¡Por los dioses!"

Los dioses sonrieron complacidos.

Las ninfas se acercaron con platos de comidas: uvas, manzanas, fresas, queso, pan fresco, y si, ¡barbacoa! Mi copa estaba vacía, pero Luke dijo,

"Dilo. Lo que quieras, sin alcohol, por supuesto."

Dije, "Gaseosa de cereza."

El vaso se llenó con un caramelo líquido espumoso.

Luego tuve una idea. "Gaseosa de cereza azul."

-"Todavía sigue pidiendo eso"- Dijo divertida Hazel. A su lado, Frank, Reyna y Dakota asintieron con una sonrisa.

La soda se volvió violentamente a un color cobalto. Tomé un sorbo cauteloso. Perfecto.

Brindé por mi madre.

Todos se pusieron un poco tristes y culpables al haber olvidado a la madre de Percy.

Ella no se ha ido, me dije a mí mismo. No permanentemente, de todas formas. Ella está en el submundo. Y si ese es un lugar real, entonces algún día…

-"No deberías pensar en eso"- Dijo Hades, sorprendiendo a todos, en un tono cariñoso a Percy. Él ya le había cogido cariño al renacuajo, era muy amigo de sus hijos, los cuales solo por ser hijos del señor de los muertos ya espantaban a muchos a su alrededor.

"Aquí tienes, Percy," dijo Luke, entregándome un plato de carne ahumada.

Llené mi plato y estaba a punto de tomar un bocado cuando noté que todos se ponían de pie, y llevaban sus platos al fuego central del pabellón. Me pregunté si iban por el postre o algo.

-"Solo Percy pensaría algo así"- Dijo Grover a la vez que todos los griegos se echaron a reír.

"Vamos," me dijo Luke.

A medida que me acercaba, vi que todos tomaban una porción de su comida y la lanzaban al fuego, la fresa más madura, el más jugoso trozo de carne, el más cálido rollo de mantequilla.

Luke murmuró en mi oído, "Una ofrenda para los dioses. Les gusta el olor."

-"Oh"- Dio Frank en comprensión

"Estás bromeando."

-"No, es enserio. Nos gusta el olor"- Dijo Apolo confuso. Artemisa solo puso los ojos en blanco ante de darle en la cabeza, entre las risas de los demás.

Su mirada me advirtió que no tomara esto a la ligera, pero no pude evitar preguntarme porque un inmortal, un ser todo poderoso le gustaría el olor de comida quemada.

Luke se aproximó al fuego, inclinó la cabeza, y arrojó un cúmulo de uvas grandes y rojas. "Hermes."

Yo era el siguiente.

Deseé saber que nombre de dios decir.

Poseidón miró hacia abajo.

Finalmente, hice un llamado en silencio. Quien quiera que seas, dímelo. Por favor.

Poseidón asintió con firmeza.

Lancé una rebanada grande de carne en las llamas.

Cuando tomé una bocanada de humo, no me tapé la boca. No olía nada como comida quemada. Olía a chocolate caliente, brownies recién horneados, hamburguesas a la parrilla y flores del campo, y cientos de otras cosas deliciosas que no deberían ir bien juntas, pero lo hacían. Podía casi creer que los dioses podían vivir de ese humo.

-"Lo intente una vez"- Dijo Hermes un poco rojo.

-"¿Y qué paso?"- Preguntaron Travis y Connor.

-"Que terminó desnutrido tragando ambrosia y néctar por una pajita en mi hospital"- Dijo Apolo divertido.

Cuando todo el mundo había vuelto a sus asientos y terminado de comer, Quirón golpeó su pata contra el suelo de nuevo por nuestra atención.

El señor D se levantó con un gran suspiro. "Si, se supone que tengo que decir hola a todos ustedes mocosos. Bueno, hola. Nuestro director de actividades, Quirón, dice que la próxima captura la bandera es el viernes. La cabaña cinco actualmente tiene los laureles."

Un montón de feos vítores se levantaron en la mesa de Ares.

"Personalmente," continuó el señor D, "No me podría importar menos, pero felicitaciones. También, debería decirles que tenemos un nuevo campista hoy. Peter Johnson."

Todos los griegos se rieron ante la costumbre de decir mal los nombres del señor D.

Quirón murmuró algo.

"Ermm, Percy Jackson," corrigió el señor D. "Eso es. Hurra, y todo eso. Ahora vayan a su tonta hoguera. Vamos."

Todos los dioses fulminaron a Dionisio con la mirada ante su trato a los semidioses.

Todo el mundo aplaudió. Todos caminamos al anfiteatro, donde la cabaña de Apolo dirigió un canto con nosotros. Cantamos canciones de campamento acerca de los dioses y bromeamos, y lo gracioso era que no sentía que nadie se me quedaba viendo ya. Me sentía en casa.

-"Como todos"- Suspiró Will. Todos los griegos asintieron de acuerdo.

Más tarde en la noche, cuando las chispas de la hoguera se encrespaban en un cielo estrellado, la caracola volvió a sonar, y todos volvimos a nuestras cabañas. No me di cuenta cuan exhausto estaba hasta que me desplomé en mi saco de dormir prestado.

Mis dedos se enrollaron alrededor del cuerno de Minotauro. Pensé en mi mamá, pero tuve buenos pensamientos: su sonrisa, las historias que me leía antes de dormir cuando eran un niño, la manera en que me decía no dejes que te piquen los chinches.

Todas las diosas sonrieron tiernamente mientras miraban al bebe en brazo de Nico, que estaba jugando con el peluche de una ballena.

Cuando cerré los ojos, me dormí instantáneamente.

Ese fue mi primer día en el Campamento Mestizo. Ojala hubiera sabido cuanto disfrutaría mi nuevo hogar.

-"Terminado"- Dijo con una sonrisa Thalía.

-"Que les parece si vamos a comer"- Preguntó Hestia desde el fuego. Todos asintieron y se levantaron para estirarse y dirigirse al comedor de los dioses.