Este capitulo esta dedicado a DarrenWalker, gracias por enviarme los libros para mejorar esta historia. Te estoy muy agradecida.

Lamento haber tardado en escribir pero he tenido dos semanas llenas de evaluaciones. Espero que disfrutéis de este capitulo.

Un beso: Natilovebooks


Al llegar al comedor los romanos y griegos se sentaron por juntos para sorpresa de los dioses, aunque sonrieron ampliamente. Al final, griegos y romanos podrían llevarse bien son que estallara una guerra civil.

Cuando todos estaban sentados alrededor de las mesas que había allí comenzaron a charlar animadamente. Annabeth estaba con Percy, al que le daba de comer. Junto a ella estaban Thalía, Nico, Grover, Rachel, Jason, Piper, Leo, Frank, Hazel y Reyna, que miraban a la interacción de los dos con una sonrisa.

-"¿Puedo hacerte una pregunta Hazel?"- Pidió Annabeth limpiándole la boca a Percy con una servilleta.

-"Claro"- Respondió ella con una sonrisa.

-"¿Cómo está Percy?"- Preguntó mirando a la hija de Plutón con preocupación en los ojos.

Hazel se sorprendió de lo mucho que se preocupaba por Percy y sonrió internamente. Se veía lo mucho que se querían, de la forma en que Annabeth se preocupaba por él, y hablaba de él. Por otra parte Percy no era muy diferente, siempre que Hazel le preguntaba qué es lo que más echaba de menos de su campamento, siempre decía lo mismo con una sonrisa: Annabeth.

-"Esta bien, siempre dice que os echa de menos y no puede esperar para veros."- Respondió Hazel con una sonrisa.

Los griegos de la mesa sonrieron con cariño al infante en brazos de Annabeth. Pero Thalía frunció el ceño un poco antes de volverse a Hazel y Frank.

-"¿Vosotros sois sus amigos?"- Pregunto curiosa. Hazel y Frank asintieron confusos con la pregunta.

-"Me alegro, en un campamento nuevo y al parecer mucho más estricto Percy necesitaría buenos amigos."- Thalía les sonrió a medida que hablaba. Los dos romanos le devolvieron contentos la sonrisa. En ese momento Atenea se levantó y anunció que la lectura debería volver a continuar. Con eso todos se levantaron y se dirigieron hacia la sala de tronos. Una vez establecidos Atenea levantó el libro y preguntó:

-"¿Quién va a leer?"-

-"Si no le importa, yo quiero leer"- Dijo Jason alzando el brazo en alto. Thalía y Piper sonrieron felizmente.

Hazel se acercó tímidamente a Annabeth y le susurró algo en el oído. La hija de Atenea sonrió con cariño y le paso a Percy a Hazel con cuidado. La hija de Plutón sonrió al bebe, el cuál le devolvió la sonrisa. Hazel le beso la mejilla y camino hasta su asiento. Al sentarse se le acerco Frank que sonrió al pequeño, al igual que Reyna y Dakota que estaban sentados justo al lado de ellos.

-"Capturamos una bandera"- Leyó Jason y todos los griegos aplaudieron y vitorearon. Los romanos miraron intrigados, quizás esto fuera como sus juegos de guerra.

Los siguientes días me acostumbré a una rutina que casi parecía normal, si exceptuamos el hecho de que me daban clase sátiros, ninfas y un centauro.

-"Exacto, totalmente normal"- Dijo Leo poniendo los ojos mientras los demás reían.

Cada mañana recibía clases de griego clásico de Annabeth, y hablábamos de los dioses y diosas en presente, lo que resultaba bastante raro. Descubrí que Annabeth tenía razón con mi dislexia: el griego clásico no me resultaba tan difícil de leer. Al menos no más que el inglés. Tras un par de mañanas, podía recorrer a trompicones unas cuantas frases de Homero sin que me diera demasiado dolor de cabeza.

-"Se cómo te sientes"- Dijeron todos los semidioses, mientras los dioses, Rachel, Quirón y Grover sonreían divertidos.

El resto del día probaba todas las actividades al aire libre, buscando algo en lo que fuera bueno.

Quirón intentó enseñarme tiro con arco, pero pronto descubrimos que no era ningún as con las flechas. No se quejó, ni siquiera cuando tuvo que desenmarañarse una flecha perdida de la cola.

En la sala hubo un estallido de risas. Cuando se calmaron un poco Nico se giró hacia Quirón.

-"¿Dónde estabas tú?"- Preguntó divertido.

-"Detrás de él"- Respondió con una sonrisa el centauro.

Artemisa miro al hijo de Poseidón con el ceño fruncido y para sorpresa de todos, sobretodo de sus cazadoras, se encogió a tamaño su tamaño normal y se acercó a Percy. Hizo aparecer un diminuto arco y se lo dio al bebe.

"Toma, para que vallas practicando"- Le dijo la diosa de la luna con una sonrisa.

¿Carreras? Tampoco. Las instructoras, unas ninfas del bosque, me hacían morder el polvo. Me dijeron que no me preocupara, que ellas tenían siglos de práctica de tanto huir de dioses enamorados. Pero, aun así, era un poco humillante ser más lento que un árbol.

Otra vez las risas sonaron por todo el salón.

¿Y la lucha libre? Olvídalo. Cada vez que me acercaba a la colchoneta, Clarisse me daba para el pelo. «Tengo más de esto, si quieres otra ración, pringado», me murmuraba al oído.

Clarisse sonreía, echaba de menos las peleas con Percy, aunque nunca se lo admitiría a nadie.

En lo único en que sobresalía era la canoa, que desde luego no era la clase de habilidad heroica que la gente esperaba descubrir en el chico que había derrotado al Minotauro.

Thalía puso los ojos y se inclinó hacia su primo y murmuró –"Peligro de ego".

Ante eso los dos se echaron a reír levantando la curiosidad de todos.

Sabía que los campistas mayores y los consejeros me observaban, intentaban decidir quién era mi padre, pero no les estaba resultando fácil. Yo no era fuerte como los hijos de Ares,

Ares y sus hijos sonreían con suficiencia excepto Frank que intentaba no poner los ojos a la actitud de su padre y sus medio hermanos.

Ni tan bueno en el arco como los de Apolo.

Ahora les toco a Apolo y sus hijos hinchar el pecho con orgullo.

No tenía la habilidad con el metal de Hefestos

Hefestos y sus hijos sonrieron.

Ni —no lo permitieran los dioses — la habilidad de Dionisio con las vides.

-"El sentimiento es mutuo"- Murmuró el dios de la locura.

Luke me dijo que tal vez fuera hijo de Hermes, una especie de comodín para todos los oficios, maestro de ninguno. Pero tuve la impresión de que sólo intentaba hacer que me sintiera mejor. Él tampoco sabía a quién adscribirme.

A pesar de todo, me gustaba el campamento. Pronto me acostumbré a la neblina matutina sobre la playa, al aroma de los campos de fresas por la tarde, incluso a los sonidos raros de los monstruos de los bosques por la noche.

Los romanos miraron con asombro. Su campamento sonaba muy bien, acogedor y tranquilo.

Cenaba con los de la cabaña 11, echaba parte de mi comida al fuego e intentaba sentir algún tipo de conexión con mi padre real. No percibí nada, sólo el sentimiento cálido que siempre había tenido, como el recuerdo de su sonrisa. Intentaba no pensar demasiado en mamá, pero seguía repitiéndome: «Si los dioses y los monstruos son reales, si todas estas historias mágicas son posibles, seguro que hay manera de salvarla, de devolverla a la vida…»

Las cazadoras miraron sorprendidas, al igual que Artemisa al ver la preocupación, amor y devoción que tenía este niño por salvar a su madre.

Empecé a entender la amargura de Luke y cuánto parecía molestarle su padre, Hermes. Sí, de acuerdo, a lo mejor los dioses tenían cosas importantes que hacer. Pero ¿no podían llamar de vez en cuando, o tronar, o algo por el estilo? Dionisio podía hacer aparecer de la nada una Coca-Cola light. ¿Por qué no podía mi padre, o quien fuera, hacer aparecer un teléfono?

-"Lo siento"- Dijeron todos los dioses mirando hacia abajo con arrepentimiento.

El martes por la tarde, tres días después de mi llegada al Campamento Mestizo, tuve mi primera lección de combate con espada. Todos los de la cabaña 11 se reunieron en el enorme ruedo donde Luke nos instruiría.

Todos los del Campamento Mestizo que había oído la historia de la primera clase de espada de Percy se frotó las manos con anticipación y una sonrisa en la cara.

Empezamos con los tajos y las estocadas básicas, practicando con muñecos de paja con armadura griega. Supongo que no lo hice mal. Por lo menos, entendí lo que se suponía que debía hacer y mis reflejos eran buenos.

-"Extremadamente buenos"- Sonrieron todos los que habían estado en alguna misión o habían luchado con Percy.

El problema era que no encontraba una espada que me fuera bien. O eran muy pesadas o demasiado ligeras o demasiado largas. Luke intentó todo lo que estuvo en su mano para pertrecharme, pero coincidió en que ninguna de las armas de prácticas parecía servirme.

Quirón sonrió recordando cuando le había dado a Contracorriente a un asombrado hijo de Poseidón que se iba en su primera misión, la primera de muchas al parecer.

Después empezamos a enfrentarnos en parejas. Luke anunció que sería mi compañero, dado que era la primera vez.

Buena suerte —me deseó uno de los campistas—. Luke es el mejor espadachín de los últimos trescientos años.

-"Ya no"- Canturrearon los Stoll con una sonrisa.

A lo mejor afloja un poco conmigo —dije. El campista bufó.

Luke me enseñó los ataques, las paradas y los bloqueos de escudo a la manera dura. Con cada golpe, acababa un poco más machacado y magullado.

Mantén la guardia alta, Percy —decía, y me asestaba un cintarazo en las costillas—. ¡No, no tan alta!

-"Decídete hombre, ¿alta o no?"- Dijo Leo con una sonrisa inocente. El resto solo se río de las tonterías del hijo de Hefestos.

¡Zaca!-. ¡Ataca!

¡Zaca!-. ¡Ahora retrocede!

¡Zaca!

-"Me encantan las onomatopeyas de Percy"- Dijo Apolo sonriendo. Artemisa y Atenea le estaban mirando con sorpresa e incredulidad. Apolo se siento incómodo hasta que no aguanto más. –"¿Qué?"- Les preguntó.

-"Has dicho algo inteligente"- Dijo Atenea. Apolo puso los ojos en blanco y se fijó en que su hermana estaba escribiendo en una libreta.

-"¿Qué estás haciendo hermanita?"- Preguntó el dios del Sol.

-"Apuntando este acontecimiento, es un gran momento en la historia"- Dijo Artemisa. Al terminar todos se estaban riendo excepto Apolo, quién solo hizo un mohín.

Cuando paramos para el descanso chorreaba sudor. Todo el mundo se apiñó junto al refrigerador de bebidas. Luke se echó agua helada sobre la cabeza, y me pareció tan buena idea que lo imité.

Todos los que conocían ese poder de Percy estaban sonriendo mientras los otros solo los veían confusos.

Al instante me sentí mejor. Mis brazos recuperaron fuerzas. La espada no me parecía tan extraña.

-"El agua le da poder"- Exclamó Leo saltando arriba y abajo en su asiento. Thalía se rio y asintió con la cabeza.

Los romanos miraban a Percy con sorpresa y respeto. No esperaban que su nuevo héroe y pretor tuviera tantos poderes siendo tan joven.

Leo solo estaba más ansioso por conocer a Percy, se estaba convirtiendo en su ídolo.

Los únicos que no perecían contentos eran los dos de siempre, Octavian y Hércules. Ambos estaban bastante molestos con el hijo de Poseidón. El primero porque, a pesar de sus advertencias, los romanos habían caído en la trampa de los griegos, como seguía afirmando. Y Hércules, porque ya no aguantaba que todos le hicieran caso a ese patético semidiós y no a él. Dejó escapar un gruñido que le valió una mala mirada de Aquiles, Teseo, Orión y Perseo, a todos les gustaba el joven.

¡Vale, todo el mundo en círculo, arriba! —ordenó Luke—. Si a Percy no le importa, quiero haceros una pequeña demostración.

«Vale —pensé—, vamos a ver cómo le zurran la badana a Percy.»

-"Eso sería tan divertido"- Dijeron todos los que entrenaban con Percy en la clases de esgrima. Todos los demás les sonrieron divertidos.

Los chicos de Hermes se reunieron alrededor de mí. Se aguantaban las risitas. Supuse que antes habían estado en mi lugar y se morían de impaciencia por ver cómo Luke me usaba como saco de boxeo.

-"Si"- Admitieron los que habían estado allí con una pequeña sonrisa.

Le dijo a todo el mundo que iba a hacerles una demostración de una técnica de desarme: cómo girar el arma enemiga asestándole un golpe con la espada de plano para que no tuviera más opción que soltarla.

Esto es difícil —remarcó—. A mí me lo han hecho. No os riais de Percy. La mayoría de los guerreros trabajan años antes de dominar esta técnica.

-"No es un poco avanzado para su primera clase"- Preguntó Hazel.

Los semidioses griegos solo se encogieron de hombros. Los romanos miraron sorprendidos, al parecer los griegos no eran tan debiluchos como creían.

Hizo una demostración del movimiento a cámara lenta. Desde luego, la espada cayó de mi mano con bastante estrépito.

Ahora en tiempo real —dijo en cuanto hube recuperado el arma—. Atacamos y paramos hasta que uno le quite el arma al otro. ¿Listo, Percy?

Asentí, y Luke vino por mí. De algún modo conseguí evitar que le diera a la empuñadura de mi espada. Mis sentidos estaban alerta. Veía venir sus ataques. Conté. Di un paso adelante e intenté imitar la técnica. Luke la desvió con facilidad, pero detecté el cambio en su cara. Aguzó la mirada y empezó a presionar con más fuerza.

Tanto los dioses como los semidioses que no conocían la historia miraron con asombro. Su primera clase y estaba aguantando con el mejor luchador del campamento.

Me pesaba la espada. No estaba bien equilibrada. Sólo era cuestión de segundos que Luke me derrotara, así que me dije: «¡Qué demonios, al menos inténtalo!»

Intenté la maniobra de desarme. Mi hoja dio en la base de la de Luke y la giré, lanzando todo mi peso en una estocada hacia delante. La espada de Luke repiqueteó en las piedras. La punta de mi espada estaba a tres dedos de su pecho indefenso.

Todos los antes nombrados tenían la boca abierta ligeramente sorprendidos antes de que la sala estallara en aplausos.

-"Quiero su autógrafo"- Dijo Leo con una sonrisa.

Los demás campistas quedaron en silencio.

Bajé la espada.

Lo siento… Perdona.

-"¿Qué?"- Preguntó Piper confusa. –"¿Por qué pide disculpas?"

-"Es una manía del sesos de alga. Pide perdón por todo"- Respondió Thalía con una sonrisa cariñosa.

Por un momento Luke se quedó demasiado aturdido para hablar.

-"Cualquiera lo estaría"- Dijo Frank

¿Perdona? —Su rostro marcado se ensanchó en una sonrisa—. Por los dioses, Percy, ¿por qué lo sientes? ¡Vuelve a enseñarme eso!

No quería. El breve ataque de energía frenética me había abandonado por completo. Pero Luke insistió.

Esta vez no hubo competición. En cuanto nuestras espadas entraron en contacto, Luke golpeó mi empuñadura y mi arma acabó en el suelo.

Tras una larga pausa, alguien del público preguntó:

¿La suerte del principiante?

-"Jajaja, como si fuera por eso"- Se rio Nico.

Luke se secó el sudor de la frente. Me observó con un interés absolutamente renovado.

Puede —dijo—. Pero me gustaría saber qué es capaz de hacer Percy con una espada bien equilibrada…

-"Ni te lo imaginas"- Dijeron los que habían visto a Percy en las batallas.

El viernes por la tarde estaba con Grover a orillas del lago, descansando de una experiencia cercana a la muerte en el rocódromo. Grover había subido a la cima a saltos como una cabra montesa, pero la lava por poco acaba conmigo. Mi camisa tenía agujeros humeantes y se me había chamuscado el vello de los antebrazos.

-"Suele pasar"- Dijo Chris restándole importancia con la mano. Los romanos miraron sorprendidos a los griegos, eso definitivamente no era de debiluchos.

Estábamos sentados en el embarcadero, observando a las náyades tejer cestería subacuática, hasta que reuní valor para preguntarle cómo le había ido con el señor D.

Se le puso la cara algo amarilla y dijo:

Guay. Genial.

¿Así que tu carrera sigue en pie?

-"Más o menos"- Murmuró Grover.

Me miró algo nervioso.

¿Te ha dicho Quirón que quiero una licencia de buscador?

-"¿Buscador?"- Preguntaron algunos romanos confusos.

Bueno… no. —No tenía idea de qué era una licencia de buscador, pero no parecía el mejor momento para preguntar—. Sólo dijo que tenías grandes planes, ya sabes… y que necesitabas ganarte la reputación de terminar un encargo de guardián. ¿La conseguiste?

Grover miró hacia abajo, a las náyades.

-"Eso es un no"- Murmuró Leo. Piper puso los ojos en blanco antes de pegarle en la cabeza.

El señor D ha suspendido la valoración. Dice que no he fracasado ni logrado nada aún contigo, así que nuestros destinos siguen unidos. Si te dieran una misión y yo te acompañara para protegerte, y los dos regresáramos vivos, puede que considerara terminado mi trabajo.

Me animé.

Grover sonrió mientras se limpiaba una lágrima no derramada. Al verlo, Annabeth le abrazo por los hombros y le dio un beso en la mejilla para reconfortarlo.

Bueno, ¿no está tan mal, no?

¡Beee-ee! Habría sido mejor que me trasladara a limpieza de establos. Las oportunidades de que te den una misión… Además, aunque te la dieran, ¿por qué ibas a quererme a tu lado?

-"Vamos Grover, no conozco mucho a Percy, pero a través de lo que hemos leído yo diría que él te quiere a su lado porque eres su amigo"- Dijo Perseo con una sonrisa a la vez que muchos asentían con la cabeza.

¡Pues claro que te querría a mi lado!

Alicaído, Grover observó el agua.

Cestería… Tiene que ser estupendo tener una habilidad que sirva para algo.

Annabeth y Thalía pusieron los ojos en blanco y se acercaron a Grover. Thalía le susurró algo al oído y el sátiro sonrió suavemente.

Intenté animarlo, asegurándole que poseía muchísimos talentos, pero eso sólo lo puso más triste.

Hablamos un rato de canoas y espadas, después debatimos los pros y contras de los distintos dioses.

Los dioses levantaron las cejas mientras los semidioses reían en voz baja.

Al final, acabé preguntándole por las cabañas vacías.

La número ocho, la de plata, es de Artemisa —dijo—. Juró mantenerse siempre doncella. Así pues, nada de niños. La cabaña es, ya sabes… honoraria. Si no tuviera una se enfadaría.

Las cazadoras sonrieron, al igual que su patrona.

Ya. Pero ¿y las otras tres, las del fondo? ¿Son ésas los Tres Grandes?

Grover se puso en tensión. Era un tema delicado.

-"En ese entonces sí"- Murmuró quedamente Quirón

No. Una de ellas, la número dos, es de Hera, otra de las honorarias —dijo—. Es la diosa del matrimonio, así que por supuesto no va por ahí teniendo romances con mortales.

-"Por supuesto"- Dijo Hera.

Esa es tarea de su marido.

Los dioses se rieron mientras el rey de los dioses se puso rojo, de vergüenza e ira.

Cuando decimos los Tres Grandes nos referimos a los tres hermanos poderosos, los hijos de Cronos.

Zeus, Poseidón y Hades.

Los tres nombrados sonrieron mientras el resto del consejo puso los ojos en blanco. Los semidioses veían la escena divertidos, incluidos los romanos que ya se estaban acostumbrando a la forma de ser de los griegos, mucho más relajados que los romanos.

Exacto. Veo que estás al loro. Tras la gran batalla contra los titanes, le quitaron el mundo a su padre y se echaron a suertes a quién le tocaba cada cosa.

A Zeus le tocó el cielo, a Poseidón el mar y a Hades el inframundo —dije.

Aja.

Pero Hades no tiene cabaña.

Leo iba a abrir la boca para preguntar porque había entonces una cabaña ahora, al igual que el resto de cabañas de los dioses menores, pero captó la mirada de Annabeth y se mantuvo en silencio.

No, y tampoco trono en el Olimpo. Digamos que se dedica a sus cosas en el inframundo. Si tuviera una cabaña aquí… —Grover se estremeció—. Bueno, no sería agradable. Dejémoslo así.

Nico hizo un mohín mientras Thalía se reía de él.

-"Lo lamento, señor. Juzgue sin conocer"- Dijo Grover en dirección a el dios del inframundo. Este solo asintió con la cabeza.

Pero Zeus y Poseidón… Los dos tenían infinidad de hijos en los mitos. ¿Por qué están vacías sus cabañas?

Grover movió las pezuñas, incómodo.

Hace unos sesenta años, tras la Segunda Guerra Mundial, los Tres Grandes se pusieron de acuerdo para no engendrar más héroes. Los niños eran demasiado poderosos. Influían bastante en el curso de los acontecimientos de la humanidad y causaban mucho derramamiento de sangre. La Segunda Guerra

Mundial fue básicamente una lucha entre los hijos de Zeus y Poseidón por un lado, y los de Hades por el otro. El lado ganador, Zeus y Poseidón, obligó a Hades a hacer un juramento con ellos: no más líos con mortales. Todos juraron sobre el río Estige.

Los romanos miraron sorprendidos, ellos no conocían la existencia de ese pacto, ni la profecía.

El trueno bramó.

Ese es el juramento más serio que puede hacerse —dije. Grover asintió—. ¿Y los hermanos mantuvieron su palabra?

-"No"- Dijo Hera en un susurró.

La expresión de Grover se enturbió.

Hace diecisiete años, Zeus se cayó del tren. Había una estrella de televisión con un peinado de los ochenta… En fin, no se pudo resistir. Cuando nació su hija, una niña llamada Thalía… Bueno, el río Estige se toma en serio las promesas. Zeus se libró fácilmente porque es inmortal, pero condujo a su hija a un destino terrible.

Thalía hizo una mueca al oír hablar de su madre y de su destino.

¡Pero eso no es justo! ¡No fue culpa de la niña!

-"Como que niña, ya te daré lo tuyo primito"- Dijo Thalía mientras Nico y Annabeth se reían.

Grover vaciló.

Percy, los hijos de los Tres Grandes tienen mayores poderes que el resto de los mestizos. Tienen un aura muy poderosa, un aroma que atrae a los monstruos. Cuando Hades se enteró de lo de la niña, no le hizo ninguna gracia que Zeus hubiera roto el juramento. Hades liberó a los peores monstruos del Tártaro para torturar a Thalía.

-"¿Cómo?"- Gritó Zeus enojado agarrando el rayo maestro y apuntando con él a su hermano.

Hades no le hizo caso y se volvió hacia donde estaba Thalía. Cuando esta levanto la vista y se cruzó con la del señor de los muertos este dijo:

-"Lo siento Thalía". Thalía asintió con una sonrisa triste a las palabras del dios.

Se le asignó un sátiro como guardián cuando tenía doce años, pero no había nada que pudiera hacer. Intentó escoltarla hasta aquí con otro par de mestizos de los que se había hecho amiga.

Annabeth y Thalía se sonrieron tristemente mientras pensaban en Luke.

Casi lo consiguieron. Llegaron hasta la cima de la colina. —Señaló al otro lado del valle, el pino junto al que yo había luchado con el Minotauro—. Los perseguían las tres Benévolas, junto a una horda de perros del infierno. Estaban a punto de echárseles encima cuando Thalía le dijo a su sátiro que llevara a los otros dos mestizos a lugar seguro mientras ella contenía a los monstruos. Estaba herida y cansada, y no quería vivir como un animal perseguido. El sátiro no quería dejarla, pero Thalía no cambió de idea, y él debía proteger a los otros. Así que se enfrentó a su última batalla sola, en la cumbre de la colina.

Todos los que no conocían miraron a Thalía con sorpresa y respeto. Que una niña de esa edad se enfrentara sola a esos monstruos para poder salvar a otros semidioses era admirable.

Mientras moría, Zeus se compadeció de ella. La convirtió en aquel árbol. Su espíritu ayuda a proteger las lindes del valle. Por eso la colina se llama Mestiza.

Ahora todos miraron en comprensión al comentario de Thalía cuando se habló del árbol.

Miré el pino en la distancia.

La historia me dejó vacío, y también me hizo sentir culpable. Una chica de mi edad se había sacrificado para salvar a sus amigos. Se había enfrentado a todo un ejército de monstruos. Al lado de eso, mi victoria sobre el Minotauro no parecía gran cosa. Me pregunté si de haber actuado de manera diferente, habría podido salvar a mi madre.

-"No deberías quítate merito Percy eso también es impresionante"- Dijo Thalía con una sonrisa triste.

Jason tenía una sonrisa imperceptible en el rostro. Esto demostraba que él tenía razón. Percy no era tan malo después de todo.

Grover —le dije—, ¿hay algún héroe que haya cumplido misiones en el inframundo?

-"Oh no, aquí vamos de nuevo"- Dijo Nico con una mueca.

Algunos —respondió—. Orfeo, Hércules, Houdini.

Y… ¿han traído de vuelta a alguien de entre los muertos?

No. Nunca. Orfeo casi lo consiguió… Percy, ¿no estarás pensando seriamente en…?

No —mentí—. Sólo me lo preguntaba. —Y cambié de tema—: Así que ¿siempre hay un sátiro asignado para velar por un semidiós?

Hermes negó con la cabeza ante el cambio de tema.

Grover me estudió con recelo, poco convencido de que hubiese abandonado la idea del inframundo.

-"Y tenía razón"- Dijo Grover.

No siempre. Acudimos en secreto a muchas escuelas. Intentamos detectar los mestizos con potencial para ser grandes héroes. Si encontramos alguno con un aura muy poderosa, como un hijo de los Tres Grandes, alertamos a Quirón. Éste intenta vigilarlos, porque podrían causar problemas realmente graves.

-"Sois mucho más útiles que nuestro faunos"- Dijo Dakota a Grover con una sonrisa. Grover asintió confuso devolviéndole la sonrisa.

Y tú me encontraste. Quirón dice que crees que yo podría ser alguien especial.

-"Alerta ego, alerta ego, todos a sus puestos de combate"- Dijeron Thalía y Nico para diversión de todos.

Grover hizo una mueca.

Yo no… Oye, no pienses en eso. Aunque lo fueras (ya sabes a qué me refiero), jamás te asignarían una misión, y yo nunca obtendré mi licencia. Probablemente eres hijo de Hermes. O puede que incluso de uno de los menores, como Némesis, la divinidad de la venganza. No te preocupes, ¿vale?

Me pareció que lo decía más por confortarse a sí mismo que a mí.

Esa noche, después de la cena hubo más ajetreo que de costumbre. Por fin había llegado el momento de capturar la bandera.

Todos los semidioses griegos aplaudieron y vitorearon con alegría.

Cuando retiraron los platos, la caracola sonó y todos nos pusimos en pie.

Los campistas gritaron y vitorearon cuando Annabeth y dos de sus hermanos entraron en el pabellón portando un estandarte de seda. Medía unos tres metros de largo, era de un gris reluciente y tenía pintada una lechuza encima de un olivo. Por el lado contrario del pabellón, Clarisse y sus colegas entraron con otro estandarte, de tamaño idéntico pero rojo fuego, pintado con una lanza ensangrentada y una cabeza de jabalí.

Frank y Hazel se miraron en la comprensión de lo que les había dicho Percy en su primer juego de guerra.

Me volví hacia Luke y le grité por encima del bullicio:

¿Esas son las banderas?

Annabeth negó divertida con la cabeza mientras Thalía y Nico se reían de la pregunta.

Sí.

¿Ares y Atenea dirigen siempre los equipos?

No siempre —repuso—, pero sí a menudo.

Ambas cabañas sonrieron con suficiencia mientras el resto ponía los ojos en blanco.

Así que si otra cabaña captura una, ¿qué hacéis? ¿Repintáis la bandera?

-"Oh esa sí que es buena"- Dijo entre risa Nico.

Sonrió.

Ya lo verás. Primero tenemos que conseguir una.

¿De qué lado estamos?

Me lanzó una mirada ladina, como si supiera algo que yo ignoraba. La cicatriz en su rostro le hacía parecer casi malo a la luz de las antorchas.

Annabeth hizo una mueca recordando lo que paso con el perro del infierno.

Nos hemos aliado temporalmente con Atenea. Esta noche vamos por la bandera de Ares. Y tú vas a ayudarnos.

-"Por algún motivo, no le gusto la forma en que participo"- Dijo Annabeth con una sonrisa inocente.

Se anunciaron los equipos. Atenea se había aliado con Apolo y Hermes, las dos cabañas más grandes; al parecer, a cambio de algunos privilegios: horarios en la ducha y en las tareas, las mejores horas para actividades.

-"¿Eso es lo que hacéis para conseguir aliados?"- Pregunto Gwen curiosa. Los griegos asintieron sonrientes.

Ares se había aliado con todos los demás: Dionisio, Deméter, Afrodita y Hefestos. Por lo visto, dos chicos de Dionisio eran bastante buenos atletas.

Todos los del campamento griego miraron hacia abajo, ahora solo había un niño de Hefestos. Pollux sintió que alguien le palmeaba en la espalda en señal de apoyo.

Los de Deméter poseían grandes habilidades con la naturaleza y las actividades al aire libre, pero no eran muy agresivos.

Deméter, al igual que sus hijos sonrió.

-"A mí Katie me parece bastante violenta, al menos cuando se trata de nosotros"- Le susurro Connor a su hermano.

-"Sobre todo desde que Percy le dio clases de lucha"- Dijo Travis mientras le recorría un escalofrío por la columna vertebral.

Los hijos e hijas de Afrodita no me preocupaban demasiado; prácticamente evitaban cualquier actividad, miraban sus reflejos en el lago, se peinaban y cotilleaban.

Piper puso los ojos ante el comportamiento de sus hermanos.

Por su parte, los únicos cuatro niños de Hefestos no eran guapos, pero sí grandes y corpulentos debido a su trabajo en la herrería todo el día. Podrían ser un problema.

Hefestos sonrió, al igual que sus hijos.

-"Leo eres un fenómeno, no te pareces en nada a esa descripción"- Dijo Jason divertido. Leo solo hizo un mohín mientras todos se reían.

Eso dejaba, por supuesto, a la cabaña de Ares: una docena de los chavales más grandes, feos y marrulleros de Long Island, y de cualquier otro lugar del planeta.

Ares y sus hijos, excepto Frank, gritaron indignados entre las risas de los demás.

Quirón coceó el mármol del suelo.

¡Héroes! —anunció—. Conocéis las reglas. El arroyo es la frontera. Vale todo el bosque. Se permiten todo tipo de artilugios mágicos. El estandarte debe estar claramente expuesto y no tener más de dos guardias. Los prisioneros pueden ser desarmados, pero no heridos ni amordazados. No se permite matar ni mutilar. Yo haré de árbitro y médico de urgencia. ¡Armaos!

-"¿No se permite herir?"- Pregunto asombrado un hijo de Vulcano. Los griegos negaron con la cabeza curiosos.

Abrió los brazos y de repente las mesas se cubrieron de equipamiento: cascos, espadas de bronce, lanzas, escudos de piel de buey con protecciones de metal.

¡Uau! —exclamé—. ¿De verdad vamos a usar todo esto?

Annabeth, Thalía, Nico y Grover se palmearon la frente mientras negaban con la cabeza divertidos entre las risas de los demás.

Luke me miró como si yo fuese tonto.

-"No lo culpo, mira que preguntar eso"- Dijo Katie divertida.

A menos que quieras que tus amiguitos de la cinco te ensarten. Ten. Quirón ha pensado que esto te iría bien. Estás en patrulla de frontera.

-"No le gustó mucho ese puesto."- Dijo Annabeth con una sonrisa. Thalía y Nico miraron interrogantes, nunca habían oído hablar del primer juego de Percy.

Mi escudo era del tamaño de un tablero de la NBA, con un enorme caduceo en el medio. Pesaba mil kilos. Habría podido practicar snowboard con él, pero confiaba en que nadie esperara de mí que corriera muy rápido. Mi casco, como todos los del equipo de Atenea, tenía un penacho azul encima. Ares y sus aliados lo llevaban rojo.

¡Equipo azul, adelante! —gritó Annabeth.

Vitoreamos, agitamos nuestras armas y la seguimos por el camino hacia la parte sur del bosque. El equipo rojo nos provocaba a gritos mientras se encaminaba hacia el norte.

Conseguí alcanzar a Annabeth sin tropezar con mi equipo.

¡Eh! —Ella siguió marchando

-"Ohh, rechazado. Qué pena"- Gritaron los Stoll entre las risas de los demás y el sonrojo de Annabeth.

. Bueno, ¿y cuál es el plan? —pregunté—. ¿Tienes algún artilugio mágico que puedas prestarme?

Se metió la mano en el bolsillo, como si temiera que le hubiese robado algo.

Ojo con la lanza de Clarisse —dijo—. Te aseguro que no te conviene que esa cosa te toque. Por lo demás, no te preocupes. Conseguiremos el estandarte de Ares. ¿Te ha dado Luke tu trabajo?

-"Que dura"- Murmuraron los Stoll.

Patrulla de frontera, sea lo que sea.

Es fácil. Quédate junto al arroyo y mantén a los rojos apartados. Déjame el resto a mí. Atenea siempre tiene un plan.

Apretó el paso, dejándome en la inopia.

Vale —murmuré—. Me alegro de que me quisieras en tu equipo.

-"Pobrecito"- Arrullaron burlonamente Nico y Thalía.

Era una noche cálida y pegajosa. Los bosques estaban oscuros, las luciérnagas parpadeaban.

Annabeth me había ubicado junto a un pequeño arroyo que borboteaba por encima de unas rocas, mientras ella y el resto del equipo se dispersaba entre los árboles.

Allí de pie, solo, con mi gran casco de plumas azules y mi enorme escudo, me sentí como un idiota.

Los griegos estallaron entre risas mientras los romanos sonreían divertidos.

La espada de bronce, como todas las espadas que había probado hasta entonces, parecía mal equilibrada.

La empuñadura de cuero me resultaba tan cómoda como una bola de jugar a los bolos.

Pero nadie me haría daño, ¿no? Vamos, que el Olimpo debía de tener algún tipo de responsabilidad a terceros, digo yo.

Los dioses se rieron divertidos ante la idea.

En la lejanía se oyó la caracola. Escuché vítores y gritos en los bosques, entrechocar de espadas, chicos peleando. Un aliado emplumado de azul pasó corriendo a mi lado como un ciervo, cruzó el arroyo y se internó en territorio enemigo.

«Vale —pensé—. Como de costumbre, me pierdo toda la diversión.» Entonces, en algún lugar cerca de donde me encontraba, oí un ruido —una especie de gruñido desgarrador— que me provocó un súbito escalofrío. Levanté instintivamente mi escudo, con la impresión de que algo me acechaba. Entonces los gruñidos se detuvieron. Percibí que la presencia se retiraba.

-"Él ya sabía que había algo"- Murmuro Annabeth sin hacer caso de las miradas inquisitivas de Thalía y Nico.

Al otro lado del arroyo, de pronto la maleza explotó. Aparecieron cinco guerreros de Ares gritando y aullando desde la oscuridad.

¡Al agua con el pringado! —gritó Clarisse.

Los semidioses se rieron del grito de guerra mientras Quirón, Annabeth, Poseidón, Teseo y Orión miraban mal a Clarisse.

Sus feos ojos porcinos despidieron odio a través de las rendijas del casco. Blandía una lanza de metro y medio, en cuya punta de metal con garfios titilaba una luz roja. Sus hermanos sólo llevaban las espadas de bronce típicas; tampoco es que eso me hiciera sentir mejor.

-"Eso no le hace sentir mejor a nadie"- Murmuro Leo.

Cargaron a través del riachuelo. No había ayuda a la vista. Podía correr. O tratar de defenderme de la mitad de la cabaña de Ares.

Conseguí evitar el lance del primer chaval, pero aquellos tipos no eran tan tontos como el Minotauro.

Los hijos de Ares que estaban en ese combate gruñeron mientras el resto intentaba no reírse en voz alta.

Me rodearon y Clarisse me atacó con la lanza. Mi escudo desvió la punta, pero sentí un doloroso calambre por todo el brazo. Se me pusieron los pelos como escarpias y el brazo del escudo me quedó entumecido. Jadeaba.

Electricidad. Su estúpida lanza era eléctrica. Me replegué.

Clarisse sonrió como una loca mientras las personas a su alrededor se alejaron un poco de ella.

Otro chaval me asestó un golpe en el pecho con la empuñadura de la espada y caí al suelo.

Habrían podido patearme hasta convertirme en gelatina, pero estaban demasiado ocupados riéndose.

Quirón negó con la cabeza al comportamiento de sus campistas mientras Ares sonreía a sus hijos.

Sesión de peluquería —dijo Clarisse—. Agarradle el pelo.

-"Nooo"- Gritó Annabeth. Al ver que todos la miraban añadió en un murmullo: -"Me gusta se pelo"- Nico y Thalía se echaron a reír fuertemente mientras Annabeth se ponía cada vez más roja.

Conseguí ponerme en pie y levanté la espada, pero Clarisse la apartó de un golpe con la lanza, que chisporroteaba. Ahora tenía entumecidos los dos brazos.

Uy, uy, uy —se burló Clarisse—. Qué miedo me da este tío. Muchísimo.

-"Ahora sí que da miedo, ¿Verdad Clarisse? "- Dijo Will. Clarisse solo puso los ojos en blanco.

La bandera está en aquella dirección —le dije. Traté de fingir que estaba enfadado de verdad, pero me temo que no lo conseguí del todo.

Ya —contestó uno de sus hermanos—. Pero verás, no nos importa la bandera. Lo que nos importa es un tipo que ha ridiculizado a nuestra cabaña.

Pues lo hacéis sin mi ayuda —respondí. Admito que quizá no fue lo más inteligente que pudo ocurrírseme.

-"¿Qué pretende, qué lo maten?"- Dijo Dakota sorprendido.

Dos chavales se abalanzaron sobre mí. Yo retrocedí hasta el arroyo, intenté levantar el escudo, pero Clarisse era demasiado rápida. Su lanza me dio directamente en las costillas. De no haber llevado el pecho protegido, me habría convertido en kebab de pollo. Como sí lo llevaba, el aguijonazo eléctrico sólo me dio sensación de arrancarme los dientes. Uno de sus compañeros de cabaña me metió un buen tajo en el brazo.

Quirón miró a los de la cabaña de Ares que intentaban parecer inocentes, aunque muy pocos lo conseguían.

Ver mi propia sangre —cálida y fría al mismo tiempo— me mareó.

-"Debilucho"- Murmuró Ares.

No está permitido hacer sangre —farfullé.

Anda ya —respondió el tipo—. Supongo que me quedaré sin postre.

-"Debo cambiar ese castigo"- Dijo Quirón.

Me empujó al arroyo y aterricé con un chapuzón.

Todos sonrieron mientras Clarisse y sus hermanos ponían mala cara.

Todos rieron. Supuse que moriría tan pronto terminaran de divertirse. Pero entonces ocurrió algo. El agua pareció despertar mis sentidos, como si acabará de comerme una bolsa de las gominolas de mi madre.

Nico y Thalía se echaron a reír mientras Clarisse maldijo en voz baja.

Clarisse y sus colegas se metieron en el arroyo para acabar conmigo, pero yo me puse en pie dispuesto a recibirlos. Sabía qué hacer.

Annabeth sonrió. Había visto solo la segunda parte del combate.

Al primero le aticé un cintarazo en la cabeza y le arranqué el casco limpiamente. Le di tan fuerte que le vi los ojos vibrar mientras se derrumbaba en el agua.

El feo número dos y el feo número tres se me arrojaron encima. Le estampé el escudo en la cara a uno y usé la espada para esquilar el penacho del otro. Ambos retrocedieron con rapidez. El feo número cuatro no parecía con demasiadas ganas de atacarme, pero Clarisse llegaba embalada, y la punta de su lanza crepitaba de energía. En cuanto embistió, atrapé el asta entre el borde de mi escudo y la espada y la rompí como una ramita.

La sala se quedó en silencio, cuando hubo un estallido de aplausos.

-"Guau"- Dijo Leo.

¡Jo! —exclamó—. ¡Idiota! ¡Gusano apestoso!

Thalía y Nico estallaron en carcajadas.

Y me habría llamado cosas peores, pero le aticé en la frente con la empuñadura y la envié tambaleándose fuera del arroyo.

Clarisse gruño mientras los Stoll, Will y Leo aplaudían fuertemente y vitoreaban.

Entonces oí chillidos y gritos de alegría, y vi a Luke correr hacia la frontera enarbolando el estandarte del equipo rojo. Un par de chavales de Hermes le cubrían la retirada y unos cuantos apolos se enfrentaban a las huestes de Hefestos. Los de Ares se levantaron y Clarisse murmuró una torva maldición.

¡Una trampa! —exclamó—. ¡Era una trampa!

-"La más vieja del libro"- Sonrió Annabeth.

Trataron de atrapar a Luke, pero era demasiado tarde. Todo el mundo se reunió junto al arroyo cuando Luke cruzó a su territorio. Nuestro equipo estalló en vítores. El estandarte rojo brilló y se volvió plateado. El jabalí y la lanza fueron reemplazados por un enorme caduceo, el símbolo de la cabaña 11.

Todos los de la cabaña de Hermes estallaron en vítores y aplausos.

Los del equipo azul agarraron a Luke y lo alzaron en hombros. Quirón salió a medio galope del bosque e hizo sonar la caracola.

El juego había terminado. Habíamos ganado.

Estaba a punto de unirme a la celebración cuando la voz de Annabeth, justo a mi lado en el arroyo, dijo:

No está mal, héroe. —Miré, pero no estaba allí—. ¿Dónde demonios has aprendido a luchar así? —me preguntó. El aire se estremeció y ella se materializó a mi lado quitándose una gorra de los Yankees.

Los Stoll sonrieron ante la mención de la gorra, cuantas veces habían intentado robársela y cuantas veces habían acabado en la enfermería por eso.

Me enfadé. Ni siquiera me alucinó el hecho de que acabara de volverse invisible.

Me has usado como cebo —le dije—. Me has puesto aquí porque sabías que Clarisse vendría por mí, mientras enviabas a Luke por el otro flanco. Lo habías planeado todo.

-"Me sorprende que lo descubriera tan pronto"- Dijo Thalía.

-"Tu sabes que él puede ser listo cuando quiere"- Dijo Annabeth defendiendo a su novio.

Annabeth se encogió de hombros.

Ya te lo he dicho. Atenea siempre tiene un plan.

Un plan para que me pulvericen.

Vine tan rápido como pude. Estaba a punto de saltar para defenderte, pero… —Se encogió otra vez de hombros—. No necesitabas mi ayuda. —Entonces se fijó en mi brazo herido—. ¿Cómo te has hecho eso?

Es una herida de espada. ¿Qué pensabas?

No. Era una herida de espada. Fíjate bien.

Todos miraron confundidos a Annabeth, esta señaló el libro como toda respuesta.

La sangre había desaparecido. Donde había estado el corte, ahora había un largo rasguño, y también estaba desapareciendo. Ante mis ojos, se convirtió en una pequeña cicatriz y finalmente se desvaneció.

-"Esto se está poniendo cada vez mejor"- Dijo Leo con una sonrisa de admiración en el rostro.

¿Cómo has hecho eso? —dije alelado.

Annabeth reflexionó con repentina concentración. Casi veía girar los engranajes en su cabeza. Me miró a los pies, después la lanza rota de Clarisse, y por fin dijo:

Sal del agua, Percy.

¿Qué…?

Hazlo y calla.

-"Que mandona"- Dijo Nico, sin darse cuenta de que lo había dicho en voz alta. Cuando se dio cuenta se tapó la boca con la mano y miró aterrorizado a Annabeth. Esta le miro con dureza y antes de que Nico se diera cuenta lee pego en la parte de atrás de la cabeza.

Lo hice e inmediatamente volví a sentir los brazos entumecidos. El subidón de adrenalina remitió y casi me derrumbo, pero Annabeth me sujetó.

Oh, Estige —maldijo—. Esto no es bueno. Yo no quería… Supuse que habría sido Zeus.

Zeus miró a la hija de Atenea, antes de que esta contestara:

-"Deje de mirarla así padre, es normal que pensara en usted primero. "

Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, volví a oír el gruñido canino de antes, pero esta vez mucho más cerca. Un gruñido que pareció abrir en dos el bosque.

Todos se tensaron, incluso los que habían estado allí y sabían el resultado.

Los vítores de los campistas cesaron al instante. Quirón gritó algo en griego clásico, y sólo más tarde advertí que lo había entendido a la perfección:

¡Apartaos! ¡Mi arco!

Annabeth desenvainó su espada.

En las rocas situadas encima de nosotros había un enorme perro negro, con ojos rojos como la lava y colmillos que parecían dagas.

Me miraba fijamente.

Hazel abrazo con fuerza a Percy mientras Frank le tomo la mano para mayor comodidad.

Poseidón y sus hijos miraron a Percy con miedo.

Nadie se movió, y Annabeth gritó:

¡Percy, corre!

Intentó interponerse entre el bicho y yo, pero el perro era muy rápido. Le saltó por encima —una sombra con dientes— y se abalanzó sobre mí. De pronto caí hacia atrás y sentí que sus garras afiladas perforaban mi armadura.

Poseidón miro a su hijo con preocupación, pero se relajó cuando vio a Annabeth sonriéndole tranquilizadoramente.

Oí una cascada de sonidos de rasgado, como si rompieran pedazos de papel uno detrás de otro, y de pronto el bicho tenía un puñado de flechas clavadas en el cuello.

Cayó muerto a mis pies. Por algún milagro, yo seguía vivo. No quise mirar debajo de mi armadura despedazada. Sentía el pecho caliente y húmedo, sin duda tenía cortes muy feos. Un segundo más y el animal me habría convertido en picadillo fino.

A pesar de la tensión Leo, los Stoll, Will y Dakota se echaron a reír.

Quirón trotó hasta nosotros, con un arco en la mano y el rostro sombrío.

Di immortales! —exclamó Annabeth—. Eso era un perro del infierno de los Campos de Castigo. No están… se supone que no…

Alguien lo ha invocado —dijo Quirón—. Alguien del campamento.

Luke se acercó. Había olvidado el estandarte y su momento de gloria se había esfumado.

¡Percy tiene la culpa de todo! — Vociferó Clarisse—. ¡Percy lo ha invocado!

Cuando todos se giraron a mirarla ella espetó:

-"¿Qué?"- Gritó – "Yo estaba enfadada".

Cállate, niña —le espetó Quirón.

Observamos el cadáver del perro del infierno derretirse en una sombra, fundirse con el suelo hasta desaparecer.

Estás herido —me dijo Annabeth—. Rápido, Percy, métete en el agua.

Estoy bien.

-"Ese es su eslogan"- Dijo Nico con una sonrisa sarcástica.

No, no lo estás —replicó—. Quirón, mira esto.

Estaba demasiado cansado para discutir. Regresé al arroyo, y todo el campamento se congregó en torno a mí. Al instante me sentí mejor y las heridas de mi pecho empezaron a cerrarse. Algunos campistas se quedaron boquiabiertos.

-"No era para menos"- Se quejó Chris.

Bueno, yo… la verdad es que no sé cómo… —intenté disculparme—. Perdón…

-"Y ese su lema"- Dijo Thalía entre risas.

Pero no estaban mirando cómo sanaban mis heridas. Miraban algo encima de mi cabeza.

Percy —dijo Annabeth, señalando.

Cuando alcé la mirada, la señal empezaba a desvanecerse, pero aún se distinguía el holograma de luz verde, girando y brillando. Una lanza de tres puntas: un tridente.

Tu padre —murmuró Annabeth—. Esto no es nada bueno.

Poseidón hizo un mohín entre las risas del resto de los dioses.

Ya está determinado —anunció Quirón.

Todos empezaron a arrodillarse, incluso los campistas de la cabaña de Ares, aunque no parecían nada contentos.

¿Mi padre? —pregunté perplejo.

Poseidón —repuso Quirón—. Sacudidor de tierras, portador de tormentas, padre de los caballos. Salve, Perseus Jackson, hijo del dios del mar.

-"Bueno, eso ha sido del todo dramático"- Dijo Hazel jugando con Percy, jugando al caballito con él en sus rodillas.


Hola a todos, espero que os guste el capitulo.

Necesito vuestra ayuda

¿Cuál es el apodo de Thalía, y el que ella le da a Percy?

¿Cuál es el apodo de Nico, y el que él le da a Percy?

Por favor si alguien tiene la respuesta que me la envíe por un review o un mensaje privado.

Un beso Natilovebooks