Aquí les dejo el próximo capítulo, espero que lo disfruten y pronto publicare un corto sobre la reunión de Percy y Annabeth después del Hijo de Neptuno. Espero sus comentarios que tanto me animan.
Un beso: Natilovebooks
-"Creo que es hora de que nos vallamos a dormir, ¿no les parece?"- Dijo Hestia con una sonrisa cálida desde su chimenea.
-"Claro, venga a acostarse"- Dijo Quirón haciendo señas a todos los mestizos y héroes del pasado para que se levantaran e iniciaran el camino hasta sus respectivas cabañas en el Olimpo.
Teseo y Orión, con este último cargando a Percy, el cual estaba dormido, se dirigieron a la cabaña de Poseidón y dejaron al pequeño en su cama antes de acostarse.
El comedor estaba a rebosar de gente a la mañana siguiente, y aunque los romanos seguían siendo serios y formales, poco a poco se fueron abriendo a los griegos los cuales les trataban como si fueran de los suyos.
De repente se escucha la risa de un niño pequeño y todos se giran para ver como el pequeño Percy es levantado por sus dos hermanos que también se ríen y mantienen una sonrisa cariñosa en el rostro.
Cuando todos se dirigieron a sus lugares se sentaron y Dakota se presentó a leer ante la mirada de sorpresa de muchos de los romanos.
-"Nos asesora un caniche"- Leyó el hijo de Baco. Muchos miraron interrogantes a Annabeth y Grover, los cuales estaban un poco sonrojados y le hicieron señas para que siguiera leyendo.
Esa noche nos sentimos bastante desgraciados.
-"La verdad es que cualquiera se sentiría así"- Dijo Leo con una mueca.
Acampamos en el bosque, a unos cien metros de la carretera principal, en un claro que los chicos de la zona al parecer utilizaban para sus fiestas. El suelo estaba lleno de latas aplastadas, envoltorios de comida rápida y otros desechos.
-"Pobres plantas"- Murmuró apenada Deméter.
Habíamos sacado algo de comida y unas mantas de casa de la tía Eme, pero no nos atrevimos a encender una hoguera para secar nuestra ropa. Las Furias y la Medusa nos habían proporcionado suficientes emociones por un día.
-"Yo diría que para una misión"- Dijo Poseidón molesto por el destino tan difícil que tenía su hijo.
No queríamos atraer nada más.
Decidimos dormir por turnos. Yo me ofrecí voluntario para hacer la primera guardia. Annabeth se acurrucó entre las mantas y empezó a roncar en cuanto su cabeza tocó el suelo.
-"Yo no ronco"- Se defendió Annabeth al escuchar algunas risitas.
-"Lo lamento hermanita pero sí que lo haces"- Dijo Malcom divertido.
Grover revoloteó con sus zapatos voladores hasta la rama más baja de un árbol, se recostó contra el tronco y observó el cielo nocturno.
—Duerme —le dije—. Te despertaré si surge algún problema.
-"Puff, entonces es mejor que no duermas, te va a estar despertando a cada momento."- Dijo Thalía divertida.
Asintió, pero siguió con los ojos abiertos.
— Me pone triste, Percy.
— ¿El qué? ¿Haberte apuntado a esta estúpida misión?
-"¿Cómo qué estúpida? Debe recuperar mi rayo maestro"- Dio el rey de los dioses en in berrinche, el cual provoco la risa de sus hermanos.
— No. Esto es lo que me entristece. — Señaló toda la basura del suelo —. Y el cielo. Ni siquiera se pueden ver las estrellas. Han contaminado el cielo. Es una época terrible para ser sátiro.
— Ya. Debería haber supuesto que eres ecologista.
La risa no se hizo de esperar, mientras Grover miraba molesto, aunque la sonrisa de su rostro anulaba todo el efecto.
Me lanzó una mirada iracunda.
— Sólo un humano no lo sería. Tu especie está obstruyendo tan rápidamente el mundo… Bueno, no importa. Es inútil darle lecciones a un humano. Al ritmo que van las cosas, jamás encontraré a Pan.
-"Pero lo hiciste. Deberías estar orgulloso"- Murmuró Annabeth con una sonrisa para que solo el sátiro la escuchara.
— ¿Pan? ¿En barra?
-"Percy que voy a hacer contigo"- Dijo la hija de Atenea con una sonrisa cariñosa mientras la risa se extendía por toda la sala.
— ¡Pan! —exclamó airado—. P-a-n. ¡El gran dios Pan! ¿Para qué crees que quiero la licencia de buscador?
Una brisa extraña atravesó el claro, anulando temporalmente el olor de basura y porquería. Trajo el aroma de bayas, flores silvestres y agua de lluvia limpia, cosas que en algún momento hubo en aquellos bosques.
-"La magia de lo salvaje"- Dijo Grover con un suspiro y una sonrisa.
De repente, sentí nostalgia de algo que nunca había conocido.
-"Es lo que pasa cuando alguien habla de algo o alguien con tanto cariño, devoción y amor que no puedes evitar preguntarte como será en verdad."- Dijo Afrodita sonriendo.
— Háblame de la búsqueda —le pedí.
Grover me miró con cautela, como temiendo que pudiera estar gastándole una broma.
-"Sabes que él nunca se burlaría de ti"- Dijo Nico.
-"Los sé, es solo que estaba muy molesto por toda la contaminación de alrededor de Nueva York"- Dijo Grover con una mueca.
— El dios de los lugares vírgenes desapareció hace dos mil años —me contó—. Un marinero junto a la costa de Éfeso oyó una voz misteriosa que gritaba desde la orilla: « ¡Diles que el gran dios Pan ha muerto! » Cuando los humanos oyeron la noticia, la creyeron. Desde entonces no han parado de saquear el reino de Pan. Pero, para los sátiros, Pan era nuestro señor y amo. Nos protegía a nosotros y a los lugares vírgenes de la tierra. Nos negamos a creer que haya muerto. En todas las generaciones, los sátiros más valientes consagran su vida a buscar a Pan. Lo buscan por todo el mundo y exploran la naturaleza virgen, confiando en encontrar su escondite y despertarlo de su sueño.
— Y tú quieres ser un buscador de ésos.
-"¿Qué sátiro no quiere ser un buscador? Es como ser un héroe de los mestizos."- Dijo el sátiro suspirando.
-"Solo que al ser un héroe, nadie sabe que tienes que cargar con los problemas de los demás no solo los tuyos. Tragarte tus miedos para que los demás también lo hagan y sufrir muchas más cosas que el resto de la gente"- Dijo Annabeth recordando todo lo que había sufrido Percy.
— Es el sueño de mi vida. Mi padre era buscador. Y mi tío Ferdinand, la estatua que has visto ahí atrás…
—Ah, sí. Lo siento.
Grover sacudió la cabeza.
—El tío Ferdinand conocía los riesgos, como mi padre. Pero yo lo conseguiré. Seré el primer buscador que regrese vivo.
-"Oh, no debiste decir eso. Ahora se preocupara por ti más de lo que lo hacía antes"- Dijo Hazel, a lo que Frank asintió en acuerdo, sorprendiendo a todos los griegos que no sabían que su relación era tan cercana con Percy.
—Espera, espera… ¿El primero?
Grover sacó la flauta del bolsillo.
— Ningún buscador ha regresado jamás. En cuanto son enviados, desaparecen. Nunca vuelven a verlos vivos.
— ¿Ni uno en dos mil años?
-"Eso es mucho tiempo"- Murmuró Travis
— No.
-"Y eso es muy deprimente"- Coincidió Connor
— ¿Y tu padre? ¿Sabes qué le ocurrió?
— Lo ignoro.
— Pero aun así quieres ir — dije asombrado —. Me refiero a que… ¿en serio crees que serás el que encuentre a Pan?
—Tengo que creerlo, Percy. Todos los buscadores lo creen. Es lo único que mantiene la esperanza cuando observamos lo que han hecho los humanos con el mundo. Tengo que creer que Pan aún puede despertar.
-"Eso es Grover, hay que mantener la esperanza"- Dijo Hestia con na cálida sonrisa que el sátiro devolvió con gusto.
-"Como dice un amigo mío 'La esperanza sobrevive mejor en el hogar'."- Dijo Nico con una sonrisa. Hestia estaba sorprendida y contenta, contenta de que los semidioses entendieran su labor en el mundo.
Miré el resplandor naranja del cielo polucionado y me asombré de que Grover persiguiese un sueño que a simple vista parecía un imposible.
-"Mira quién habla, él que siempre hace lo que la gente cree imposible."- Dijo Thalía sonriendo.
— ¿Cómo vamos a entrar en el inframundo? —le pregunté—. Quiero decir, ¿qué oportunidades tenemos contra un dios?
-"¿Percy? Muchas"- Murmuro Will aunque solo los semidioses de su alrededor le escucharon.
—No lo sé. Pero en casa de Medusa, mientras tú rebuscabas en el despacho, Annabeth me dijo…
— Oh, se me había olvidado, claro. Annabeth ya debe de tener un plan.
-"Eh"- Se quejó la hija de la sabiduría entre las risa de todos los demás.
-"Vamos Annie, has sido bastante repelente con el sesos de alga como para que además te quejes"- Dijo Thalía divertida.
— No seas tan duro con ella, Percy. Ha tenido una vida difícil, pero es una buena persona. Después de todo, me ha perdonado… —Le falló la voz.
-"¡Grover!"- Dijo Annabeth captando toda la atención de la sala –"Te he dicho que tu no tenías la culpa de nada. Voy a decirle a Percy que hable contigo sobre ese tema, él es el único que puede hacerte entrar en razón con ese tema."- Dijo terminando en murmullo haciendo que al sátiro le recorriera un escalofrío al imaginarse el enfado de su mejor amigo al enterarse de que se había vuelto a subestimar a si mismo.
— ¿Qué quieres decir? Te ha perdonado ¿qué?
De repente, Grover pareció muy interesado en tocar la flauta.
— Un momento —insistí—. Tu primer trabajo de guardián fue hace cinco años. Y Annabeth lleva en el campo también cinco años. ¿No sería ella… tu primer encargo que fue mal…?
-"Vaya, nunca pensé que se daría cuenta por él solo."- Dijo Nico con una sonrisa burlona.
— No puedo hablar de eso — repuso él, y el temblor de su labio inferior me indicó que se echaría a llorar si lo presionaba—. Pero como iba diciendo, en casa de Medusa, Annabeth y yo coincidimos en que está pasando algo raro en esta misión. Hay algo que no es lo que aparenta.
-"Yo también lo creo"- Murmuró Atenea pensativa.
— Vale, lumbrera. Me culpan por robar un rayo que se llevó Hades, ¿recuerdas?
— No me refiero a eso. Las Fur… las Benévolas parecían contenerse. Igual que la señora Dodds en la academia Yancy… ¿Por qué esperó tanto para matarte? Y después, en el autobús, no estaban tan agresivas como suelen ponerse.
-"A mí me parecieron muy agresivas"- Dijo Leo.
— A mí me parecieron agresivas de sobra.
La risa se extendió por la sal mientras Leo sonreía complacido.
Grover meneó la cabeza.
— Nos gritaban: «¿Dónde está? ¿Dónde?»
— Os preguntaban por mí —le dije.
-"Te lo puedes creer, menudo ego"- Dijo Thalía sonriente.
— Puede… pero tanto Annabeth como yo tuvimos la sensación de que no preguntaban por una persona. Cuando preguntaron dónde está, parecían referirse a un objeto.
— Eso es absurdo.
— Ya lo sé. Pero si hemos pasado por alto algo importante, y sólo tenemos nueve días para encontrar el rayo maestro… —Me miró como si esperara respuestas, pero yo no las tenía.
-"Casi nunca las tiene"- Dijo Rachel con una sonrisa.
Pensé en las palabras de Medusa: estaba siendo utilizado por los dioses. Lo que tenía ante mí era peor que la petrificación.
— No he sido sincero contigo —admití—. No me importa nada el rayo maestro. Accedí a ir al inframundo para rescatar a mi madre.
-"Eso es muy bonito."- Dijo Hera, sin hacer caso de las miradas de asombro y sorpresa de todos.
Grover hizo sonar una nota suave en la flauta.
—Ya lo sé, Percy, pero ¿estás seguro de que es el único motivo?
—No lo hago por ayudar a mi padre. No le importo, y a mí él tampoco me importa.
-"Oh Percy, lo siento. Pero si me preocupo por ti. Todos los dioses nos preocupamos por nuestros hijos."- Dijo Poseidón para después acercarse a sus hijos y coger al pequeño y abrazarlo, abrazo que su hijo menor correspondió sonriente, produciendo arrullos y sonrisas cariñosas de muchos de los presentes, incluso de las cazadoras y Artemisa.
Después Poseidón se llevó a su hijo a su trono para sentarlo en su regazo y jugar con él, haciendo que muchos miraran con cariño la imagen y algunas de las diosas desearan tener a Percy durante un rato en el futuro, entre las que se incluía, aún con sorpresa por su propia decisión, Artemisa.
Grover me miró desde su rama.
—Oye, Percy, no soy tan listo como Annabeth ni tan valiente como tú, pero soy muy bueno en analizar emociones. Te alegras de que tu padre esté vivo. Te hace sentir bien que te haya reclamado, y parte de ti quiere que se sienta orgulloso. Por eso enviaste la cabeza de Medusa al Olimpo. Querías que se enterara de lo que has hecho.
-"¿Quién no querría que sus padres se sintieran orgullosos por eso?"- Preguntó Jason a nadie en particular.
— ¿Sí? A lo mejor las emociones de los sátiros no funcionan como las de los humanos. Porque estás equivocado. No me importa lo que él piense.
-"Eso es una gran mentira. A Percy siempre le ha importado lo que piensasn sobre él. Supongo que se deberá a que ha sufrido el desprecio y maltrato de Gabe y eso le ha afectado, aunque nunca lo admitirá."- Dijo Grover terminando con los dientes apretados por mencionar a Gabe.
-"Es demasiado arrogante como para admitir que nadie le ayude."- Dijo Atenea con una mueca de desprecio.
-"Mira quién fue a hablar"- Dijo Poseidón mirando molesto a su rival, ya empezaba a cansarse del desprecio que la diosa mostraba hacia sus hijos, aun cuando él nunca había hecho ni dicho nada en contra de alguno de sus hijos.
-"En eso te equivocas madre"- Dijo Annabeth atrayendo la atención de todos sobre ella –"Percy no se lo dice a nadie porque no quiere preocupar a nadie, aun cuando el carga con los problemas y responsabilidades de otros."- Dijo sorprendiendo a su madre por la defensa de su novio, el cual no lo iba a seguir siendo por mucho tiempo, eso según a diosa.
Grover subió los pies a la rama.
— Vale, Percy. Lo que tú digas.
— Además, no he hecho nada meritorio. Apenas hemos salido de Nueva York y ya estamos aquí atrapados, sin dinero ni posibilidad de ir al oeste.
-"Claro por qué vencer a una Furia, el Minotauro, las tres Benévolas y a Medusa no es nada de lo que presumir"
Grover miró el cielo nocturno, como meditando en nuestros problemas.
— ¿Qué tal si yo hago el primer turno? —propuso—. Duerme un poco.
Quería protestar, pero comenzó a tocar Mozart, muy suavemente, y me di la vuelta. Los ojos me escocían. A los pocos compases del Concierto para piano n.° 12, me quedé dormido.
En mis sueños, me encontré en una oscura caverna frente a un foso insondable.
-"¿Por qué tiene que tener él los peores sueños posibles?"- Pregunto Thalía con una mueca.
Criaturas de niebla gris se arremolinaban alrededor de mí susurrando jirones de humo, de modo que sabía que eran los espíritus de los muertos.
Me tiraban de la ropa, intentando apartarme, pero yo me sentía obligado a caminar hasta el borde mismo del abismo.
Todos los que habían participado en la guerra contra Cronos se pusieron tensos. Los griegos y los romanos se miraron entre ellos sorprendidos y curiosos pensando en que momento habían participado en la guerra si no se habían visto.
Mirar abajo me mareaba. El foso, ancho y negro, carecía de fondo. Aun así, tenía la impresión de que algo intentaba alzarse desde el abismo, algo enorme y malvado.
Un escalofrío recorrió a todos los campistas ante la mención del rey titán.
—El pequeño héroe —reverberaba una voz divertida desde la lejana oscuridad—. Demasiado débil, demasiado joven, pero puede que sirvas.
-"Oh no, porque siempre tiene que ser Percy el que tiene la mira de los peores seres."- Dijo con una mueca Rachel.
—La voz sonaba muy antigua, fría y grave. Me envolvía como un pesado manto—. Te han engañado, chico —añadía—. Haz un trato conmigo. Yo te daré lo que quieres.
Se formaba una imagen sobre el abismo: mi madre, congelada en el momento en que se había disuelto en aquel resplandor dorado. Tenía el rostro desencajado por el dolor, como si el Minotauro siguiera retorciéndole el cuello.
Todos bajaron la cabeza un poco apenados.
Me miraba fijamente y sus ojos suplicaban « ¡Márchate! ».
Yo intentaba gritar, pero no me salía la voz.
-"Eso siempre pasa en los peores sueños"- Dijo con una mueca Apolo.
Una risotada fría sacudía el abismo. Una fuerza invisible me empujaba, pretendía arrastrarme hacia el abismo.
Los semidioses no dejaban de verse entre ellos nerviosos, haciendo caso a las miradas curiosas de los dioses, cazadoras y héroes del pasado.
Debía mantenerme firme.
—Ayúdame a salir, chico. —La voz sonaba más insistente—. Tráeme el rayo. ¡Juégasela a esos traicioneros dioses!
Los espíritus de los muertos susurraron alrededor de mí:
— ¡No lo hagas! ¡Despierta!
La imagen de mi madre empezaba a desvanecerse. La cosa del foso se aferraba aún más a mí. No pretendía arrastrarme al abismo, sino valerse de mí para salir fuera.
-"Como con Luke"- Dijo en un murmullo Annabeth, a la cual nadie escucho.
—Bien —murmuraba—. Bien.
— ¡Despierta! — Susurraban los muertos—. ¡Despierta!
Alguien me estaba sacudiendo.
Abrí los ojos y era de día.
—Vaya —dijo Annabeth—. El zombi vive.
-"No, ese es Nico."- Dijo Thalía, disolviendo la tensión de la sala.
El sueño me había dejado temblando. Aún sentía el contacto del monstruo del abismo en el pecho.
— ¿Cuánto he dormido?
—Suficiente para darme tiempo de preparar un desayuno. —Me lanzó un paquete de cortezas de maíz del bar de la tía Eme.
-"Claro por qué tú lo has preparado"- Dijo Connor con sorna.
— Y Grover ha salido a explorar. Mira, ha encontrado un amigo.
Tenía problemas para enfocar la vista.
Grover, sentado con las piernas cruzadas encima de una manta, tenía algo peludo en el regazo, un animal disecado, sucio y de un rosa artificial. No, no se trataba de un animal disecado. Era un caniche rosa.
-"Pobre, nadie debería hacerle eso a un animal"- Dijo molesta Artemisa.
El chucho me ladró, cauteloso.
-"Chucho"- Dijeron entre risas los Stoll.
Grover dijo:
—No, qué va.
Parpadeé.
-"Va a pensar que estás hablando solo"- Dijo Katie divertida.
— ¿Estás hablando con… eso?
El caniche gruñó.
— Eso —me avisó Grover — es nuestro billete al oeste. Sé amable con él.
— ¿Sabes hablar con los animales?
-"Deberías habérselo dicho antes"- Dijo Rachel con una sonrisa.
Grover no me hizo caso.
— Percy, éste es Gladiolus. Gladiolus, Percy.
Miré a Annabeth, convencido de que empezaría a reírse con la broma que me estaban gastando, pero ella estaba muy seria.
— No voy a decirle hola a un caniche rosa —dije—. Olvidadlo.
-"Eso es de mala educación"- Riño Will en broma.
—Percy —intervino Annabeth—. Yo le he dicho hola al caniche. Tú le dices hola al caniche.
-"Vaya, estas bastante mandona"- DIJO Thalía con una sonrisa a su amiga.
El caniche gruñó.
Le dije hola al caniche.
La risa no se hizo de esperar.
Grover me explicó que había encontrado a Gladiolus en los bosques y habían iniciado una conversación.
El caniche se había fugado de una rica familia local, que ofrecía una recompensa de doscientos dólares a quien lo devolviera. No tenía muchas ganas de volver con su familia, pero estaba dispuesto a hacerlo para ayudar a Grover.
-"Oh mira Grover, tienes una pretendiente"- Dijo Nico entre risas.
—¿Cómo sabe Gladiolus lo de la recompensa? —pregunté.
—Ha leído los carteles, lumbrera —contestó Grover.
—Claro —respondí—. Cómo he podido ser tan tonto.
-"Lo mismo nos estamos preguntando nosotros"- Dijeron Thalía y Nico para gran diversión de los demás.
—Así que devolvemos a Gladiolus —explicó Annabeth con su mejor voz de estratega—, conseguimos el dinero y compramos unos billetes a Los Ángeles. Es fácil.
Pensé en mi sueño: en las voces susurrantes de los muertos, en la cosa del abismo, en el rostro de mi madre, reluciente al disolverse en oro. Todo aquello podría estar esperándome en el oeste.
-"Eso es bastante deprimente"- Dijo Hermes con una mueca.
— Otro autobús no —dije con recelo.
— No —me tranquilizó Annabeth.
Señaló colina abajo, hacia unas vías de tren que no había visto por la noche en la oscuridad.
— Hay una estación de trenes Amtrak a ochocientos metros. Según Gladiolus, el que va al oeste sale a mediodía.
-"Terminado"- Dijo Dakota con una sonrisa.
De pronto la sala del trono se ilumino con un destello de luz blanca que obligo a todos a apartar la vista. Cuando se disolvió muchos de los mestizos de ambos campamentos de quedaron con la boca abierta y muchos de ellos con lágrimas en los ojos.
