Lamento haber tardado tanto en escribir este capítulo. Sé que estabais deseando que publicara este nuevo capítulo y espero no decepcionar a nadie. Gracias por esos maravillosos comentarios que me animan a seguir escribiendo.
Un beso para todos: Natilovebooks
De pronto la sala del trono se ilumino con un destello de luz blanca que obligo a todos a apartar la vista. Cuando se disolvió muchos de los mestizos de ambos campamentos de quedaron con la boca abierta y muchos de ellos con lágrimas en los ojos.
Allí, en medio de la sala, se encontraban todos los campistas, tanto romanos como griegos que habían muerto durante la guerra contra Cronos.
Por el lado de los romanos se encontraban todos aquellos que habían fallecido en el asalto al monte Othrys, y en las continuas escaramuzas que tuvieron con el ejército titán antes de destruir el templo de los titanes.
En el lado de los griegos aparecieron muchos de los compañeros que habían perdido durante todo la guerra contra el rey de los titanes. Allí, con una mirada impresionada estaban Silena Beauregard, Charlie Beckendorf, Lee Fletcher, Castor, Michael Yew y Bianca Di Angelo entre otros muchos.
-"Bianca"- Murmuro Nico antes de abalanzarse hasta donde estaba su hermana y apretujarla en un abrazo. Al hijo de Hades le siguieron todos los mestizos de ambos campamentos que se precipitaron hasta los recién llegados para abrazarlos con lágrimas en los ojos, aunque los aparecidos todavía mostraban sorpresa y confusión por estar allí.
-"¿Quiénes sois y porque estáis aquí?"- Pregunto Zeus gritando, un poco molesto por ser ignorados por los mestizos.
Antes de nadie pudiera contestar hubo un pequeño flash del que apareció una nota. Zoe, la más cercana se apresuró a recogerla para disponerse a leerla en voz alta:
Queridos Dioses:
Hemos enviado a todos estos semidioses porque tienen relación con lo que ocurre en los libros y por decisión expresa de Percy Jackson, que ha hecho un trato con nosotras. Él vendrá más adelante.
Otra cosa, no está permitido hacer nada que pueda dañar a ningún semidiós. Y semidioses, no os está permitido decir a los demás vuestra situación, vosotros ya nos entendéis.
Se despiden:
Las Parcas
Los murmullos se expandieron por toda la sala. Los griegos, tanto como los recién llegados como los campistas actuales, tenían una sonrisa cariñosa al pensar que solo Percy les daría una oportunidad así a costa de algo para él. Uno de los romanos fallecidos decidió preguntar:
-"¿Y quién es ese Percy Jackson, nunca he oído hablar de él?"- Dijo con voz despectiva pensando en que sería uno de los de la escoria griega.
-"¿Es que los romanos no tenéis respeto?"- Pregunto con sorna Clarisse visiblemente molesta, al igual que los griegos y muchos romanos.
-"No te atrevas a hablarnos así graecus. Puede que los griegos no tengáis modales pero a nosotros, los romanos debéis tratarnos con respeto."- Dijo otro romano de los recién llegados.
Los griegos los miraron con rabia y Clarisse estaba a punto de lanzarse contra ellos cuando una voz se alzó sobre el resto:
-"Basta"- Grito Reyna.
-"Pero Reyna…"- Iba a protestar uno de los romanos cuando la mirada de la pretor lo detuvo.
-"Debéis agradecer que Percy Jackson sea tan generoso o si no, no estaríais aquí"- Dijo mordazmente la hija de Bellona
-"¿Por qué íbamos a agradecer que un graecus nos trajera?"- Pregunto uno de los romanos con un desprecio evidente en su voz.
-"Ten cuidado con el tono que hablas romano."- Dijo Thalía enfadada de que alguien hablara así de su hermano.
-"¿Por qué iba a tenerlo griega?"- Dijo otro romano mirando con asco a la hija de Zeus.
-"Porque Percy es un héroe"- Dijo Annabeth con los dientes apretados.
-"Si claro, pues yo no vi que él nos ayudara cuando atacamos el monte Othrys. Es más que yo recuerde no vimos a ningún graecus, seguramente estabais del lado de Cronos o escondidos en algún lugar como los cobardes que sois."- Dijo el romano haciendo que los campistas griegos enfurecieran aún más.
-"Nosotros evitamos que Cronos ganara. Y ahora idiota, si quieres ver nuestra participación en la guerra por que no pones tu fantasmal trasero en el asiento para que podamos seguir leyendo"- Dijo Nico provocando la risa de los semidioses griegos y que los romanos llegados apretaran los dientes.
-"¿Qué estamos leyendo?"- Pregunto Michael Yew.
-"Las aventuras de Percy, desde que llego al campamento"- Respondió Malcom.
-"¿Y quién es ese niño tan bonito en los brazos de Poseidón?". Pregunto Silena con ternura al ver al pequeño con un pelo negro azabache lanudo y unos ojos verde mar tan profundos que te podrías perder en ellos.
-"Es Percy"- Dijo Katie con una sonrisa.
-"¿Ese es Percy de pequeño?"- Pregunto Lee. Los demás asintieron como afirmación –"Vaya, es bastante mono"- Dijo el hijo de Apolo con una sonrisa.
-"Más que mono"- Arrullo Silena que era abrazada por Beckendorf.
Una vez que todos se hubieron establecido en su lugar Dakota levanto el libro y pregunto quién iba a leer.
-"Yo lo haré"- Dijo Beckendorf.
-"Me aboco a mi muerte"- Leyó el hijo de Hefestos provocando que todos se tensaran, menos los romanos llegados que miraban a los suyos con curiosidad y decepción por estar preocupados por un simple griego.
Pasamos dos días viajando en el tren Amtrak, a través de colinas, ríos y mares de trigo ámbar.
-"Oh, el dulce trigo"- Murmuro soñadora Deméter.
No nos atacaron ni una vez, pero tampoco me relajé.
-"Eso es bueno, nunca hay que relajarse"- Dijo Ares sorprendiendo a todos.
Me daba la sensación de que viajábamos en un escaparate, que nos observaban desde arriba y puede que también desde abajo, que había algo acechando, a la espera de la oportunidad adecuada.
Buenos instintos, si les hace caso quizás pueda seguir vivo Pensó uno de los romano recién llegados para después menear su cabeza intentando despejarla de ideas estúpidas.
Intenté pasar inadvertido porque mi nombre y mi foto aparecían en varios periódicos de la costa Este.
-"Eso no hará más que aumentar su ego"- Se quejaron Nico y Thalía para después echarse a reír junto al resto de la sala. Bianca miro a su hermanito contenta, al parecer había podido encontrar una familia con Percy, y ella nunca podría agradecerlo lo suficiente al hijo de Poseidón.
El Trenton Register—News mostraba la fotografía que me hizo un turista al bajar del autobús Greyhound. Tenía la mirada ida. La espada era un borrón metálico en mis manos. Habría podido ser un bate de béisbol o un palo de lacrosse.
-"Oh un paraguas"- Dijeron los Stoll produciendo algunas risitas.
En el pie de foto se leía: «Percy Jackson, de doce años de edad, buscado para ser interrogado acerca de la desaparición de su madre hace dos semanas. Aquí se le ve huyendo del autobús en que abordó a varias ancianas.
-"Por los dioses Percy. No puedes ir atacando a las ancianas demoniacas y asesinas que te encuentres por ahí. Eso es de mala educación"- Dijeron Thalía y Nico, para después echarse a reír, acompañados por el resto de los presentes.
El autobús explotó en una carretera al este de Nueva Jersey poco después de que Jackson abandonara el lugar. Según las declaraciones de los testigos, la policía cree que el chico podría estar viajando con dos cómplices adolescentes.
-"¿Cómo que cómplices?"- Se quejaron Annabeth y Grover produciendo la risa.
-"¿Me veo como que me voy a dejar mandar por el sesos de alga?"- Pregunto irónica la hija de Atenea volviendo a producir la risa.
-"Echábamos de menos a la Annabeth divertida"- Dijeron los Stoll entre risas recordando lo contenta, feliz y divertida que había estado la hija de Atenea cuando Percy estaba todavía con ella.
Su padrastro, Gabe Ugliano, ha ofrecido una recompensa en metálico por cualquier información que conduzca a su captura.»
-"Ya le daré yo su merecida recompensa a ese monstruo por todo lo que le hizo a Percy"- Dijo Thalía con los dientes apretados.
—No te preocupes —me dijo Annabeth—. Los policías son mortales, no podrán encontrarnos. —Pero no parecía muy segura de sus palabras.
Pasé el resto del día paseando por el tren (lo pasaba fatal sentado quieto) o mirando por las ventanillas.
-"Es lo que tiene el THDA" – Dijo Lee con una sonrisa.
Una vez vi una familia de centauros galopar por un campo de trigo, con los arcos tensados, mientras cazaban el almuerzo. El hijo centauro, que sería del tamaño de un niño de segundo curso montado en poni, me vio y saludó con la mano.
Quirón sonrió al oír hablar sobre los suyos.
Miré alrededor en el vagón, pero nadie más los había visto. Todos los adultos estaban absortos en sus ordenadores portátiles o revistas.
-"Los mortales de hoy en día parecen muy metidos en sus aparatos como para darse cuenta de que tienen un mundo maravilloso fuera de la pantalla del móvil o el ordenador."- Dijo Deméter.
En otra ocasión, por la tarde, vi algo enorme moviéndose por un bosque.
-"Por favor que no sea un monstruo"- Rogo Poseidón con una mueca
Habría jurado que era un león, sólo que no hay leones sueltos en América, y aquel bicho era del tamaño de un todoterreno militar.
Su melena refulgía dorada a la luz de la tarde.
-"Él lo había visto antes"- Murmuró sorprendida Thalía, captando la mirada curiosa de todos.
-"¿Qué había visto antes Thals?"- Pregunto curiosa la hija de Atenea, aunque no recibió respuesta.
Después saltó entre los árboles y desapareció.
El dinero de la recompensa por devolver al caniche nos había dado sólo para comprar billetes hasta Denver.
No nos alcanzaba para literas, así que dormitábamos en nuestros asientos. El cuello se me quedó hecho un cuatro. Intenté no babear, ya que Annabeth se sentaba a mi lado.
-"Awww, que tierno de su parte"- Dijo Afrodita juntando ambas manos con una sonrisa cariñosa y amorosa, causando que Annabeth se sonrojara.
-"Igualmente lo hizo"- Murmuro divertida la hija de Atenea.
Grover no paraba de roncar, balar y despertarme. Una vez se revolvió en el asiento y se le cayó un pie de pega. Annabeth y yo tuvimos que ponérselo de nuevo antes de que los otros pasajeros se dieran cuenta.
-"Lo siento"- Dijo Grover entre la risa de los demás
—Vale —me dijo Annabeth en cuanto terminamos de ponerle la zapatilla a Grover—, ¿quién quiere tu ayuda?
-"Eso es bastante malo, Annabeth"- Dijo Thalía bromeando.
— ¿Perdona?
-"Hasta el sesos de alga lo piensa"- Dijo Nico divertido.
—Hace un momento, cuando estabas durmiendo, murmurabas «No voy a ayudarte». ¿Con quién soñabas?
-"Awww, lo mirabas mientras dormía"- Arrullaron los Stoll con sorna.
No quería contárselo. Era la segunda vez que soñaba con la voz maligna del foso, pero me preocupaba tanto que al final se lo dije.
-"Eso es muy bueno, siempre hay que confiarle las peores cosas, los miedos más profundos y las peores pesadillas a alguien en quien confíes para que así estos no te pesen tanto." – Dijo Hestia con una sonrisa.
-"Dígale eso a Percy"- Resoplo Nico con una mueca
-"¿Qué quieres decir?"- Pregunto la diosa curiosa.
-"Pues que Percy siempre carga con los problemas de todos, pero también con los suyos propios, y créame que son muchos, sin compartirlos con nadie porque no quiere que nadie se preocupe por él. Al final acaba con más problemas que un dios, y se las arregla para solucionar la mayoría de ellos, no solo los suyos. Pero cuando no puede se siente un mal amigo por no haber podido hacer nada y se siente tan culpable que sería capaz de cualquier cosa para compensarte. Créame lo sé por experiencia."- Dijo Nico con lágrimas no derramadas.
Todos los semidioses que conocían esa faceta de Percy asintieron con una sonrisa cariñosa, mientras el resto de la sala miraba sorprendido al pequeño niño que estaba sentado en el regazo de Poseidón jugando con un pequeño hipocampo de peluche. Sus hermanos le miraron orgullosos, la mejor manera de morir para un hijo de Poseidón era la de morir por una ser querido, aunque ellos preferían salvar a las personas y seguir vivos.
Annabeth reflexionó un rato.
— No parece que se trate de Hades — dijo por fin—. Siempre aparece encima de un trono negro, y nunca ríe.
-"Eh, que yo me rio"- Se defendió el dios del inframundo.
-"Pero la mayoría de las cosas con las que te ríes son crueles"- Dijo Deméter con una mueca.
-"Pero me rio, por lo que punto demostrado"- Dijo Hades sacándole la lengua a su hermana y produciendo una gran carcajada que se extendió por toda la sala.
— Me ofreció a mi madre a cambio. ¿Quién más podría hacer eso?
— Supongo… pero si lo que quería es que lo ayudaras a salir del inframundo, si lo que busca es desatar una guerra contra los Olímpicos, ¿por qué te pide que le lleves el rayo maestro si ya lo tiene?
-"Esto es muy confuso"- Dijo Will con un mohín.
-"La verdad es que esta creo que es la misión más enredada que hemos tenido en cuanto a que hacer" –Dijo Annabeth con una mueca.
Negué con la cabeza, deseando conocer la respuesta. Pensé en lo que Grover me había contado, que las Furias del autobús parecían buscar algo. « ¿Dónde está? ¿Dónde?» Quizá Grover presentía mis emociones. Roncó en sueños, murmuró algo sobre verduras y volvió la cabeza.
La risa no se hizo de esperar mientras Grover se rascaba el cuello un poco avergonzado y sonrojado.
Annabeth le remetió la gorra para que le tapara los cuernos.
— Percy, no puedes hacer un trato con Hades. Ya lo sabes, ¿verdad? Es mentiroso, no tiene corazón y sí mucha avaricia. No me importa que sus Benévolas no se mostraran tan agresivas esta vez…
-"Gracias por los cumplidos"- Dijo Hades con una sonrisa sarcástica.
-"Lo siento mucho señor Hades."- Dijo Annabeth un poco sonrojada.
— ¿Esta vez? ¿Quieres decir que ya te habías encontrado con ellas antes?
Se sacó su collar y me mostró una cuenta blanca pintada con la imagen de un pino, uno de sus premios por concluir un nuevo verano.
— Digamos que no tengo ningún aprecio por el Señor de los Muertos. No puede tentarte para hacer un trato a cambio de tu madre.
— ¿Qué harías tú si fuera tu padre?
— Eso es fácil —contestó—. Lo dejaría pudrirse.
-"Annabeth"- Dijo furiosa la diosa de la sabiduría.
-"Lo lamento madre, pero en ese momento no me llevaba nada bien con papa. Ahora ya no es así, un amigo me dijo que tenía que hacer las paces con él, porque si no me sentiría deprimida respecto a eso todo el resto de mi vida"- Dijo Annabeth con una sonrisa cariñosa recordando todo lo que había hecho Percy por ella, mientras que ella siempre lo había tratado mal los primeros años.
— ¿A qué viene eso?
Annabeth me miró fijamente con sus ojos grises. Tenía la misma expresión que le había visto en el bosque cuando desenvainó la espada contra el perro del infierno.
—A mi padre le molesto desde el día que nací, Percy —dijo—. Nunca le gustaron los niños. Cuando me tuvo, le pidió a Atenea que me recogiera y me criara en el Olimpo, porque él estaba demasiado ocupado con su trabajo. A ella no le hizo mucha gracia. Le dijo que los héroes tienen que ser criados por su padre mortal.
-"Lo siento"- Dijo Atenea mirando a su hija.
—Pero ¿cómo…? Es decir, supongo que no naciste en un hospital.
—Aparecí en la puerta de mi padre, en una cesta de oro, transportada desde el Olimpo por Céfiro, el Viento del Oeste. Cualquiera recordaría el momento como un milagro, ¿no? Y hasta sacaría unas fotos digitales o algo así. Pues bien, siempre hablaba de mi llegada como si fuera lo más molesto que le hubiera sucedido en la vida. Cuando cumplí cinco años, se casó y se olvidó por completo de Atenea. Se buscó una mujer mortal «normal» y un par de hijos mortales «normales», e intentó fingir que yo no existía.
-"Oh los siento mucho hija"- Dijo la diosa con culpabilidad.
-"No te preocupes madre, la verdad es que yo estaba exagerando un poco, y mi orgullo me cegaba."- Le dijo Annabeth a su madre con una sonrisa tranquilizadora.
Miré por la ventanilla del tren. Vi las luces de una ciudad dormida a toda velocidad. Quería que Annabeth se sintiera mejor, pero no sabía cómo lograrlo.
-"Awww"- Arrullaron muchas de las chicas y de las diosas en la sala, mientras Annabeth se sonrojaba hasta las orejas, y su madre igual, aunque de indignación y furia.
—Mi madre se casó con un hombre absolutamente espantoso —le conté—. Grover dice que lo hizo para protegerme, para ocultarme tras el aroma de una familia humana. A lo mejor tu padre intentaba hacer lo mismo.
-"Gracias por intentarlo sesos de alga"- Dijo cariñosamente la hija de Atenea.
Annabeth seguía jugueteando con su collar. No dejaba de pellizcar el anillo de oro de la universidad, que colgaba entre las cuentas. Se me ocurrió que el anillo probablemente era de su padre. Me pregunté por qué lo llevaba si lo odiaba tanto.
-"Para recordar los buenos momentos que tuvimos"- Murmuró Annabeth
—No le importo —dijo—. Su mujer, mi madrastra, me trataba como a un monstruo. No me dejaba jugar con sus hijos. A mi padre le parecía bien. Cada vez que pasaba algo peligroso (lo típico, que llegaban los monstruos), los dos me miraban con resentimiento, como diciéndome: « ¿Cómo te atreves a poner en peligro a nuestra familia?» Al final lo entendí: no me querían. Así que me escapé.
-"Lo siento mucho hija"- Repitió Atenea.
-"No te preocupes madre, al final lo entendí, no me dejaban jugar con mis hermanos porque ellos eran muy pequeños en ese momento y lo de los monstruos, solo se preocupaban por mí, no me echaban la culpa. Mi orgullo no me permitió ver eso, pero Percy me hizo darme cuenta de que ellos si me querían."- Le dijo su hija con una sonrisa.
— ¿Cuántos años tenías?
—Los mismos que cuando entré en el campamento. Siete.
-"Eso es muy joven"- Dijo Piper con una mueca.
—Pero… no podías llegar sola hasta la colina Mestiza.
—No, sola no. Atenea me vigilaba, me guio hasta conseguir ayuda. Hice un par de amigos inesperados que cuidaron de mí, al menos durante un tiempo.
-"Gracias"- Le dijo en un murmullo Annabeth a Thalía.
-"De nada"- Dijo la cazadora abrazando a su amiga.
Quería preguntar qué había ocurrido, pero Annabeth parecía absorta en sus recuerdos. Así que escuché los ronquidos de Grover y miré por la ventanilla del tren, mientras los campos oscuros de Ohio pasaban a toda velocidad.
Hacia el final de nuestro segundo día en el tren, el 13 de junio, ocho días antes del solsticio de verano, cruzamos unas colinas doradas y el río Mississippi hasta San Luis.
Annabeth estiró el cuello para ver el famoso arco, el Gateway Arch, que a mí me pareció una enorme asa de bolsa de la compra en medio de la ciudad.
-"Por los dioses Percy"- Se quejó en un bufido una indignada pero divertida hija de Atenea mientras los otros se echaron a reír.
—Quiero hacer eso —suspiró.
-"¿El qué?"- Pregunto Hazel.
— ¿El qué? —pregunté.
La hija de Plutón se sonrojo mientras se escuchaban algunas risitas.
—Construir algo como eso. ¿Has visto alguna vez el Partenón, Percy?
—Sólo en fotos.
—Algún día iré a verlo en persona. Voy a construir el mayor monumento a los dioses que se haya hecho nunca. Algo que dure mil años.
-"Lo conseguiste"- Le murmuro Rache con una sonrisa cariñosa a su amiga, la cual se la devolvió.
Me reí.
— ¿Tú? ¿Arquitecta?
-"¿Qué quieres decir con eso?"- Dijo Atenea molesta.
— No sé por qué, la idea de una Annabeth quietecita y dibujando todo el día me hizo gracia.
-"La verdad es que si hace gracia Annabeth"- Dijo Thalía con una sonrisa.
-"¿De qué hablas?"- Dijo la diosa de la sabiduría antes de que su hija pudiera responder a su amiga. Thalía puso los ojos en blanco antes de responder:
-"Hablo de que Annabeth es una chica guerrera por naturaleza, y siempre está entrenando. Resulta un poco difícil imaginársela en una mesa dibujando durante mucho tiempo."
-"Oh"- Dijo la diosa un poco avergonzada causando la risa por toda la sala.
Se ruborizó.
— Sí, arquitecta. Atenea espera de sus hijos que creen cosas, no sólo que las rompan, como cierto dios de los terremotos que me sé muy bien.
-"Eso fue un golpe bajo Annabeth"- Dijo Nico con una mueca.
Observé los remolinos en el agua marrón del Mississippi.
— Perdona —dijo Annabeth—. Eso ha sido una maldad.
— ¿No podríamos colaborar un poquito? —propuse—. Quiero decir… ¿es que Atenea y Poseidón nunca han cooperado?
-"Una vez, y salió una vez. Pero seguiríamos colaborando si no fuera por el orgullo de Atenea"- Dijo Poseidón encogiéndose de hombros.
-"¿Perdón?"- Dijo la diosa indignada.
-"Vamos tu sabes que es verdad. Habría seguido colaborando contigo si no te hubieras apropiado de todo el mérito del trabajo y no dejabas de restregarme por la cara como los atenienses te habían escogido para ser su patrona. Yo solo quería colaborar contigo para ver si nos podíamos llevar mejor y no pelear tanto. Pero tú fuiste la que hizo que el proyecto se me hiciera insoportable y por esa razón no seguí colaborando contigo" –Dijo el dios del mar sorprendiendo a todos, que miraban a una sonrojada y furiosa diosa.
-"Sigue leyendo"- Le ordeno la diosa a Beckendorf.
Annabeth tuvo que pensarlo.
—Supongo que… en el tema del carro —dijo, vacilante—. Lo inventó mi madre, pero Poseidón creó los caballos con las crestas de las olas. Así que tuvieron que trabajar juntos para completarlo.
-"Fue un gran proyecto"- Dijo Annabeth recordando cuando Percy y ella colaboraban en las carreras de carros.
—Entonces también podemos hacerlo nosotros, ¿no?
-"Y a diferencia de sus padres, ellos sí pudieron colaborar."- Dijo Thalía con una sonrisa.
-"Todo fue gracias a Percy"- Dijo Annabeth.
-"¿Qué quieres decir?"- Pregunto Katie.
-"Vamos, todos sabemos que fui bastante orgullosa y molesta durante los primeros años de Percy en el campamento. Él en cambio se portó como el mejor amigo que una persona puede desear."- Dijo la hija de Atenea con una sonrisa amorosa, para gran disgusto de su madre.
Llegamos a la ciudad, Annabeth seguía mirando el arco mientras desaparecía detrás de un edificio.
—Supongo —dijo al final.
Entramos en la estación Amtrak del centro de la ciudad. La megafonía nos indicó que había tres horas de espera antes de partir hacia Denver.
Grover se estiró. Antes de despertarse por completo, dijo:
— Comida.
La risa no se hizo de esperar.
-"Grover, tus prioridades son las más importantes que he visto en años"- Dijo Leo para después volver a echarse a reír.
— Venga, chico cabra —dijo Annabeth—. Vamos a hacer turismo cultural.
— ¿Turismo?
— El Gateway Arch. Puede que sea mi única oportunidad de subir. ¿Venís o no?
-"Eso es bastante irresponsable por tu parte Annabeth"- Dijo Quirón mirando a su alumna con sorpresa.
-"Siiiii, pensé que esto nunca ocurriría."- Gritaron los Stoll –"Annabeth se la ha cargado"- Dijeron los Stoll, para después echarse a reír junto a todos los demás.
Grover y yo intercambiamos miradas.
Yo quería decir que no, pero supuse que si Annabeth pensaba ir de todos modos, no podíamos dejarla sola tan tranquilamente.
-"Awww"- Arrullo la diosa del amor –"Está preocupado por ti"
Grover se encogió de hombros.
—Si hay un bar sin monstruos, vale.
-"Eso Grover, que es lo más importante"- Dijo Leo riéndose.
El arco estaba a un kilómetro y medio de la estación. A última hora, las colas para entrar no eran tan largas. Nos abrimos paso por el museo subterráneo, vimos vagones cubiertos y otras antiguallas del mil ochocientos. No era muy emocionante, pero Annabeth no dejó de contarnos cosas interesantes de cómo se había construido el arco, y Grover no dejó de pasarme gominolas, así que tampoco me aburrí.
La risa no se hizo de esperar mientras Annabeth bufada divertida.
No obstante, no dejé de mirar alrededor, a las demás personas de la fila.
— ¿Hueles algo? —le susurré a Grover.
Sacó la nariz de la bolsa de gominolas lo suficiente para inspirar.
Los chicos no paraban de reír, mientras algunas de las chicas, sobre todo de la cabaña de Afrodita ponían muecas de asco, gominolas con mocos no es la mejor comida que uno puede encontrar.
—Estamos bajo tierra —dijo con cara de asco—. El aire bajo tierra siempre huele a monstruos. Probablemente no signifique nada.
-"Per con la suerte del sesos de alga presente era algo ¿verdad?"- Pregunto en un susurro Thalía. Annabeth asintió quedamente un poco preocupada, Percy solo le había dicho que había encontrado una Quimera y que había luchado con ella, pero había saltado para salvar la vida de los mortales, pero ella sabía que esa no era toda la historia.
Pero yo tenía un mal presentimiento, la impresión de que no deberíamos estar allí.
-"¿Por qué nunca les haces caso a tus instintos sesos de alga?"- Dijo Annabeth en un suspiro.
-"Porque es muy terco, incluso consigo mismo"- Dijo Nico entre risas.
—Chicos —les dije—, ¿sabéis los símbolos de poder de los dioses?
-"¿A qué viene esa pregunta?"- Pregunto burlesco uno de los romanos recién llegados.
Annabeth estaba intentando leer la historia del arco, pero levantó la vista.
— ¿Sí?
— Bueno, Hade… —Grover se aclaró la garganta—. Estamos en un lugar público… ¿Te refieres a nuestro amigo de abajo?
La risa se extendió por toda la sala mientras Hades miraba al sátiro que estaba sonrojado y sonreía en disculpa
— Esto… sí, claro —contesté—. Nuestro amigo de muy abajo. ¿No tiene un gorro como el de Annabeth?
-"Pero mucho más poderoso"- Dijo Annabeth.
— ¿El yelmo de oscuridad? —dijo ella—. Sí, ése es su símbolo de poder. Lo vi junto a su asiento durante el concilio del solsticio de invierno.
— ¿Estaba allí? —pregunté.
Asintió.
— Es el único momento en que se le permite visitar el Olimpo: el día más oscuro del año. Pero si lo que he oído es cierto, su casco es mucho más poderoso que mi gorra de invisibilidad.
-"Por supuesto que sí"- Dijo el dios en un bufido.
— Le permite convertirse en oscuridad —confirmó Grover—. Puede fundirse con las sombras o atravesar paredes. No se le puede tocar, ver u oír. Y es capaz de irradiar un miedo tan intenso que puede volverte loco o paralizarte el corazón. ¿Por qué crees que todas las criaturas racionales temen la oscuridad?
-"Eso es bastante terrorífico"- Murmuro un campista de Apolo que solo tenía siete años y miedo de la oscuridad.
—Pero entonces… ¿cómo sabemos que no está aquí justo ahora, vigilándonos? —pregunté.
Annabeth y Grover intercambiaron sendas miradas.
—No lo sabemos —repuso Grover.
—Gracias, eso me hace sentir mucho mejor —respondí—. ¿Te quedan gominolas azules?
-"Buena esa Percy"- Dijeron los Stoll mientras se reían.
Casi había conseguido dominar mis frágiles nervios cuando vi el curioso ascensor que iba a llevarnos hasta la cima del arco y supe que tendría problemas. No soporto los lugares cerrados. Me vuelven loco.
-"¿Porque será?"- Pregunto Michael Yew con curiosidad.
-"Yo creo que es por hijo de Poseidón. Al mar no le gusta estar encerrado en un espacio pequeño, no le gusta ser contenido, le gusta ser libre y salvaje. Igual que Percy"- Dijo Annabeth con una sonrisa cariñosa.
Nos apretujaron en una de las cabinas, junto a una señora gorda y su perro, un chihuahua con collar de estrás. Supuse que debía de ser un chihuahua lazarillo, porque ningún guardia le dijo nada a la señora.
-"No hay chihuahuas lazarillos, sesos de alga"- Dijo Thalía con una sonrisa.
Empezamos a subir por el interior del arco. Nunca había estado en un ascensor curvo, y a mi estómago no le entusiasmó la experiencia.
— ¿No tenéis padres? —preguntó la gorda.
-"Percy, esos modales"- Dijeron Nico y Thalía entre risas.
Tenía ojos negros y brillantes; dientes puntiagudos y manchados de café; llevaba un sombrero tejano de ala flácida, y un vestido que le sacaba tantos michelines que parecía un zepelín vaquero.
La risa se extendió por toda la sala mientras Afrodita fruncía el ceño y murmuraba:
-"Necesita un buen cambio de imagen."
—Se han quedado abajo —respondió Annabeth—. Les asustan las alturas.
-"Oh Annie, estamos tan orgullosos de ti"- Gritaron los Stoll mientras corrían a abrazarla.
-"No me llaméis Annie"- Dijo la hija de Atenea con el entrecejo fruncido.
-"Esta bien Annie"- Dijeron ambos hermanos mientras volvían a sentarse, produciendo la risa por toda la sala.
—Oh, pobrecillos.
El chihuahua gruñó y la mujer le dijo:
—Venga, hijito, ahora compórtate.
-"Hijito"- Murmuro pensativa Atenea.
—El perro tenía los mismos ojos brillantes de su dueña, inteligentes y malvados.
-"Definitivamente no es muy mono"- Dijo Dakota, ganándose un golpe en la cabeza por parte de Gwen.
— ¿Se llama Igito? —pregunté.
—No —contestó la señora y sonrió, como si eso lo aclarara todo.
-"Por supuesto que lo aclara"- Dijo Leo sarcástico.
Encima del arco, la plataforma de observación me recordó a una lata de refresco enmoquetada. Filas de pequeñas ventanitas daban a la ciudad por un lado y al río por el otro. La vista no estaba mal, pero si hay algo que me guste menos que un espacio reducido, es un espacio reducido a ciento ochenta metros de altura. No tardé en sentirme mal.
Thalía se puso un poco pálida al pensar en las alturas
Annabeth no dejó de hablar de los soportes estructurales, y de que ella habría hecho más grandes las ventanas y el suelo transparente.
Thalía se fue poniendo cada vez más pálida al pensar en las alturas, cuando recordó que el único que sabía su miedo era Percy y que probablemente también saldría en los libros. Y con este detalle feliz, la hija de Zeus perdió todo el color que le quedaba.
Probablemente habría podido quedarse horas allí arriba, pero, por suerte para mí, el guarda anunció que la plataforma de observación cerraría en pocos minutos.
Conduje a Grover y Annabeth hacia la salida, los hice subir a una cabina del ascensor y, cuando estaba a punto de entrar yo también, reparé en que ya había dos turistas dentro. No quedaba espacio para mí.
-"La mala suerte de Percy en acción, señoras y señores"- Dijo Nico con una mueca.
— Siguiente coche, señor — dijo el guarda.
— ¿Bajamos y esperamos contigo? — dijo Annabeth.
Pero eso iba a ser un lío y tardaríamos aún más tiempo, así que dije:
— No, no pasa nada. Nos vemos abajo, chicos.
-"No deberíamos haberle dejado solo"- Dijo molesta la hija de Atenea.
Grover y Annabeth parecían algo nerviosos, pero dejaron que la puerta se cerrara. Su cabina desapareció por la rampa.
En la plataforma sólo quedábamos yo, un crío con sus padres, el guarda y la gorda del chihuahua. Le sonreí incómodo y ella me devolvió la sonrisa y se pasó la lengua bífida por los dientes.
-"¿¡Qué!?"- Gritaron todos.
Un momento.
¿Lengua bífida?
Antes de que pudiese decidir que efectivamente había visto eso, el chihuahua saltó hacia mí y empezó a ladrarme.
-"Oh, oh, esto no puede ser bueno"- Dijo Jason con una mueca.
— Bueno, bueno, hijito — dijo la señora —. ¿Te parece éste un buen momento? Tenemos delante a esta gente tan amable.
-"Como si eso le importara"- Se quejó Grover dejando más confusos a todos.
— ¡Perrito! — Dijo el niño pequeño—. ¡Mira, un perrito!
Sus padres lo apartaron.
-"Padres listos"- Murmuro Apolo un poco preocupado, su nuevo primito le estaba cayendo bien, con todas esas bromas geniales.
El chihuahua me enseñó los dientes y de su hocico negro empezó a salir espuma.
-"Eww"- Dijeron algunas de las chicas.
—Bueno, hijo —susurró la gorda—. Si insistes.
-"Oh no, es Equidna, la madre de los monstruos"- Dijo Poseidón abrazando a su hijo. Todos se pusieron un poco pálidos, definitivamente Percy se llevaba el premio gordo en cuanto mala suerte.
El estómago se me congeló.
— Oiga, perdone, ¿acaba de llamar hijo a este chihuahua?
— Quimera, querido —me corrigió la gorda
-"Oh no"- Dijo Quirón tristemente. Percy era su alumno favorito y el pobre siempre tenía que enfrentar cosas a las que la mayoría de los semidioses no sobrevivirían.
— No es un chihuahua. Es fácil confundirlos.
-"Facilísimo"- Dijo Frank sarcástico.
Se remangó las mangas vaqueras y reveló una piel azulada y escamosa. Cuando sonrió, sus dientes eran colmillos. Las pupilas de sus ojos eran rajitas como de reptil.
-"Necesita un buen cambio de imagen"- Murmuro Afrodita para sí misma.
El chihuahua ladró más alto, y con cada ladrido crecía. Primero hasta adoptar el tamaño de un doberman, después hasta el de un león. Entonces el ladrido se convirtió en rugido.
Muchos de los campistas más pequeños estaban aterrados por la descripción mientras los mayores intentaban calmarlos, aunque no estaban en mejores condiciones al escuchar que su amigo, líder y héroe se encontraba en esa situación a tan corta edad.
El niño pequeño gritó. Sus padres lo arrastraron hacia la salida, detrás del guarda, que se quedó atónito, mirando al monstruo con la boca abierta.
-"Normal, no los preparan para esto"- Murmuro Nico
Quimera era ahora tan alta que tenía la peluda espalda pegada al techo. La melena de la cabeza de león estaba cubierta de sangre seca, el cuerpo y las pezuñas eran de cabra gigante, y por cola tenía una serpiente, tres metros de cola de cascabel.
-"Ese graecus está muerto"- Dijo uno de los romanos llegados con una sonrisa. El resto de la sala le miro provocando que se estremeciera ligeramente.
El collar de estrás aún le colgaba del cuello, y la medalla para perros del tamaño de una matrícula era fácilmente legible: «Quimera: tiene la rabia, escupe fuego, es venenoso. Si lo encuentran, por favor, llamen al Tártaro, extensión 954.»
-"¿Cómo fue capaz de leer eso en esta situación?"- Preguntó sorprendida Piper.
-"No lo sé. Tiende a fijarse en detalles que muchos de nosotros pasamos por alto"- Dijo Annabeth.
Reparé en que ni siquiera había destapado el bolígrafo.
-"Entonces a que estás esperando sesos de alga"- Dijo Thalía preocupada por su primo, nunca le había contado esto. Ya vería Percy cuando llegara, ella iba hacer que dijera todo lo peligroso que no le había dicho, incluido lo de Gabe y seguir culpándose por cosas que no había hecho.
Tenía las manos entumecidas. Estaba a tres metros de las fauces sangrientas de Quimera y sabía que, en cuanto me moviera, la criatura se abalanzaría sobre mí.
Poseidón cada vez apretaba el abrazo más alrededor de su hijo mientras le miraba con preocupación, al igual que los otros cuatro héroes del pasado. Hércules mientras estaba bastante contento con que pronto se acabaría la historia de la escoria de Poseidón.
La señora serpiente dejó escapar un silbido que bien podría haber sido una risa.
— Siéntete honrado, Percy Jackson. El señor Zeus rara vez me permite probar un héroe con uno de los de mi estirpe. ¡Pues yo soy la madre de los monstruos, la terrible Equidna!
-"Zeus"- Grito Poseidón.-"¡¿Por qué enviaste a Equidna a asesinar a mí hijo?!"- Rugió el dios del mar.
-"¿Cómo quieres que lo sepa? Esto es del futuro"- Dijo el rey de los dioses nervioso mientras le hacía señas a Beckendorf para que leyera.
Me quedé mirándola y sólo atiné a decir:
— ¿Eso no es una especie de oso hormiguero?
-"Percy, ¿no puedes controlarte un poco?"- Pregunto Annabeth con una mueca.
Aulló y su rostro ofidio se volvió marrón verdoso de la rabia.
— ¡Detesto que la gente diga eso! ¡Odio Australia! Mira que llamar a ese ridículo animal como yo.
-"Mira que el animal tenga que compartir su nombre contigo, pobrecito."- Dijo Artemisa.
Por eso, Percy Jackson, ¡mi hijo va a destruirte!
-"Oh no"- Dijo Poseidón abrazando a su hijo un poco más fuerte pero sin llegar a aplastarlo.
Quimera cargó, sus dientes de león rechinando. Conseguí saltar a un lado y evitar el mordisco. Acabé junto a la familia y el guarda, todos gritando e intentando abrir las puertas de emergencia.
-"Normal que intentarán salir de allí. No iban a quedarse con el monstruo y un semidiós loco encerrados"- Dijo Nico, aligerando un poco el tenso ambiente.
No podía consentir que les hiciera daño.
Las cazadoras miraron un poco impresionadas, pero rápidamente desecharon la idea de que este semidiós pudiera ser distinto al resto.
Destapé la espada, corrí al otro lado de la plataforma y grité: — ¡Ey, chihuahua!
-"Hay que enseñarle a Percy mejores cosas que decirle a un monstruo"- Le dijo Travis a su hermano, el cual asintió en afirmación.
Quimera se volvió con insólita rapidez y, antes de que mi espada estuviese dispuesta, abrió su pestilente boca y me lanzó directamente un chorro de fuego.
-"¡Escupen fuego!"- Gritaron mucho de los campistas más jóvenes con miedo.
Logré arrojarme a un lado y la moqueta se incendió, desprendiendo un calor tan intenso que casi me deja sin cejas. Por detrás de donde me encontraba un instante antes, en uno de los lados del arco había ahora un boquete. Se veía el metal fundido por los bordes. «Fantástico —pensé—. Acabamos de cargarnos un monumento nacional.»
-"El primero de muchos, así que no te preocupes"- Dijo Thalía con una sonrisa socarrona, aunque seguía preocupada por su primo.
Anaklusmos ya estaba preparada y cuando Quimera se dio la vuelta, le lancé un mandoble al cuello.
-"¡Siii!"- Gritaron muchos mientras aplaudían.
Ese fue mi error: la hoja chisporroteó contra el collar de perro y la inercia del impulso me desequilibró.
Intenté recuperarme al tiempo que me defendía de la fiera boca de león, pero descuidé por completo la cola de serpiente, que se sacudió y me hincó los colmillos en la pantorrilla.
-"Noooo"- Gritaron muchos de los presentes. Annabeth tenía lágrimas corriendo por el rostro, ahora entendía porque Percy no le había querido contar la historia completa.
Poseidón miró apenado e histérico a su pequeño hijo entre sus brazos mientras sus hermanos le miraron incrédulos.
-"Sigue leyendo Beckendorf."- Dijo Nico con una lágrima en la mejilla.
Sentí la pierna entera arder. Intenté clavarle la espada en la boca, pero la cola se revolvió y me hizo trastabillar. La espada se me escurrió entre las manos y cayó por el boquete a las aguas del Mississippi.
Tan pronto como había llegado, la tristeza se esfumo para ser remplazada con la esperanza, aunque con un poco de nerviosísimo al no tener Percy una espada para poder defenderse.
-"El río"- Murmuró Poseidón mirando a su hijo esperanzado.
Conseguí ponerme en pie, pero sabía que había perdido. Estaba desarmado.
-"Por favor no pienses así sesos de alga"- Murmuro apenada Annabeth.
Sentía el veneno mortal subiéndome hacia el pecho. Recordé que Quirón había dicho que la espada siempre regresaría a mí, pero no había bolígrafo alguno en mi bolsillo. Quizá había ido a parar demasiado lejos, o tal vez sólo regresaba en forma de bolígrafo. No lo sabía, y tampoco iba a vivir lo suficiente para averiguarlo.
-"Vivirás, si saltas al río"- Dijo firmemente Poseidón
Retrocedí hacia el muro y Quimera avanzó, gruñendo y exhalando vaho por su asquerosa boca. La serpiente, Equidna, se carcajeó.
— Ya no hacen héroes como los de antes, ¿eh, hijo?
-"Claro que no"- Declaró Perseo –"Ahora son mucho mejores"- Dijo haciendo sonreír a todos los mestizos en la sala.
El monstruo gruñó. No parecía tener prisa por acabar conmigo, ahora que me había vencido.
-"Hay que enseñarle a Percy a ser positivo"- Dijo Thalía aligerando un poco la tensión de la sala.
Miré al guarda y a la familia. El chavalín se escondía tras las piernas de su padre. Tenía que proteger a aquella gente.
-"¡¿Qué?!"- Preguntaron las cazadoras sorprendidas.
-"Veréis, sé que consideráis a los hombres uno cerdos pero Percy y el resto de mis amigos no son así. Percy es capaz de dar su vida por alguien que él considere un ser preciado"- Dijo Thalía sorprendiendo a todas las chicas de la caza.
No podía morir sin más.
-"No, no puedes morir. Porque si te mueres te mato"- Dijo Annabeth firmemente, produciendo una gran número de risas.
Intenté pensar, pero me dolía todo el cuerpo y la cabeza me daba vueltas. Me enfrentaba a un monstruo enorme que escupía fuego y a su madre, y tenía miedo.
-"Miedica"- Dijo uno de los romanos.
-"Cualquiera tendría miedo de estar en esa situación. Seguramente tú no habrías podido durar tanto como Percy o ya estarías muerto. Así que ten cuidado de como hablas de mi primo"- Dijo Nico fulminando al romano con la mirada.
No podía huir, así que me acerqué al borde del boquete y miré. Allá abajo, el río brillaba. Si moría, ¿se marcharían los monstruos? ¿Dejarían en paz a los humanos?
-"Es increíble que piense en salvar a los mortales incluso en esta situación"- Dijo Frank sorprendido
— Si eres hijo de Poseidón — silbó Equidna—, no debes tener miedo al agua. Salta, Percy Jackson.
-"Eso, ¡Salta!"- Dijo Poseidón.
Demuéstrame que el agua no te hará daño. Salta y recupera tu espada. Demuestra tu linaje.
Sí, vale, pensé. En alguna parte había leído que saltar al agua desde dos pisos de altura es como saltar sobre asfalto sólido. Desde allí, el impacto me espachurraría.
-"Solo si eres un mortal normal"- Dijo Hermes.
La boca de Quimera empezó a ponerse incandescente, calentándose antes de soltar otra vaharada de fuego.
— No tienes fe —me retó Equidna—. No confías en los dioses. Pero no puedo culparte, pequeño cobarde.
-"Percy no es un cobarde"- Gritaron la mayoría de mestizos, sorprendiendo a los dioses e indignando a los romanos recién llegados y a Hércules.
Los dioses son desleales. Será mejor para ti morir ahora. El veneno ya está en tu corazón.
Tenía razón: estaba muriendo. Mi respiración se ralentizaba. Nadie podía salvarme, ni siquiera los dioses.
-"Si pueden salvarte. Por favor salta"- Dijo Katie con lágrimas rodando por las mejillas al escuchar el sufrimiento del que ella consideraba un hermano.
Retrocedí y miré hacia abajo, al agua. Recordé la cálida sonrisa de mi padre cuando yo era un bebé.
Tenía que haberme visto.
Seguramente me visitó cuando yo estaba en la cuna.
-"Sí, cuando Sally estaba en la otra habitación"- Sonrió el dios mientras abrazaba a su hijo más pequeño.
Recordé el tridente verde que se había formado encima de mi cabeza la noche de la captura de la bandera, cuando Poseidón me reclamó como su hijo.
-"Uno de los momentos más orgullosos de toda mi vida. Todos esos momentos tienen que ver con cosas que han hecho mis hijos"- Dijo el dios del mar sonriendo a sus hijos, los cuales le devolvieron la sonrisa encantados.
Pero aquello no era el mar. Era el Mississippi, en el centro de Estados Unidos de América. No había ningún dios del mar.
-"Siempre estoy cuando uno de mis hijos me necesite"- Dijo Poseidón.
— ¡Muere, descreído! —rugió Equidna, y Quimera me lanzó un chorro de llamas a la cara.
—Padre, ayúdame —recé.
-"Lo haré"- Dijo el dios en un susurro abrazando nuevamente a su hijo.
Me volví y salté al vacío. Mi ropa estaba ardiendo, el veneno recorría mis venas y estaba cayendo al río.
Beckendorf dejo de leer y los otros le miraron.
-"¿Qué? Ya he acabado"- Dijo el hijo de Hefestos.
-"Dame eso"- Dijo Lee quitándole el libro y abriéndolo por la página correcta.
