Lo siento, lo siento, lo siento. No he podido terminar de escribir este capítulo antes porque estaba muy ocupada, y se que eso no es excusa pero lo siento mucho, muchísimo.
Espero que os guste este capítulo que tanto habéis esperado.
Gracias por todas vuestras respuestas y comentarios. Ya se han resuelto mis dudas, al me os de momento y os lo agradezco mucho.
Con los mejores deseos, un beso de: Natilovebooks
-"Bien, ¿quién va a leer?"- Pregunto Lee levantando el libro.
-"Yo, yo, yo, yo"- Grito Michael levantando y agitando una mano al aire.
-"No hace falta que grites Michael, estoy a tu lado"- Dijo el hijo de Apolo quejándose y pasándole el libro a su hermano entre las risas de los demás campistas griegos que tanto habían echado de menos a sus viejos amigos.
Los miembros de la cabaña de Apolo no podían estar más agradecidos con Percy, les había traído a sus hermanos de vuelta, aunque solo fuera por una temporada y a costa de algo para él y era por ese motivo por el que nunca podrían agradecérselo lo suficiente.
-"Un dios nos invita a hamburguesas"- Leyó Michael haciendo que los dioses se miraran recelosos los unos a los otros, pues tenían prohibido entrometerse en las misiones de los semidioses. Zeus miraba sospechoso a sus hermanos, sobre todo a Poseidón.
La tarde siguiente, el 14 de junio, siete días antes del solsticio, nuestro tren llegó a Denver. No habíamos comido desde la noche anterior en el coche restaurante, en algún lugar de Kansas. Y no nos duchábamos desde la colina Mestiza. Desde luego tenía que notarse, pensé.
-"Eso es verdaderamente molesto, es una de las cosa que más odio en las misiones"- Dijo Annabeth haciendo una mueca.
-"No te preocupes Annabeth, yo creo que a Percy seguirías gustándole aunque no estuvieras limpia"- Dijo Silena guiñándole un ojo a la hija de Atenea haciendo que esta se sonrojara y los demás tuvieran una gran carcajada.
—Intentaremos contactar con Quirón —dijo Annabeth—. Quiero hablarle de tu charla con el espíritu del río.
-"¿Cómo vas a contactar con él graecus?"- Dijo un romano con burla mirando a Annabeth.
-"Tú solo espera y verás"- Dijo la hija de Atenea devolviéndole la sonrisa burlesca al romano, quién frunció el ceño.
—No podemos usar el teléfono, ¿verdad?
—No estoy hablando de teléfonos.
-"Entonces, ¿Cómo te vas a contactar con Quirón?"- Pregunto Gwen mirando a los griegos curiosa.
Caminamos sin rumbo por el centro durante una media hora, aunque no estaba seguro de lo que Annabeth iba buscando. El aire era seco y caluroso, y nos parecía raro tras la humedad de San Luis.
Dondequiera que miráramos, nos rodeaban las montañas Rocosas, como si fueran un tsunami gigantesco a punto de estrellarse contra la ciudad.
-"Siempre hace comparaciones con el mar"- Dijo con una sonrisa cariñosa Thalía a la vez que un recuerdo le venía a la mente. Era de cuando había ido al Campamento Mestizo después de que Percy hubiera desaparecido.
Se sentía tan desolada cuando un Quirón preocupado y triste le había dado la noticia de la desaparición del hijo de Poseidón. Ya antes había perdido a un hermano, Jason, al cual gracias a los dioses había conseguido recuperar. Después al volver a convertirse en humana había perdido también a Luke, al que antes había considerado uno de sus mejores amigos. Pero esta vez sabía que no podía seguir adelante así como así.
Percy siempre la había cuidado, por los dioses, fue el único que la cuido nada más volvió a ser humana, y había sido el único que no la había tratado de forma distinta solo por ser la hija de Zeus. El primero que había tratado de protegerla, aun cuando ella le había dejado el peso de toda la Gran Profecía y era por eso por lo que desde que Percy había desparecido se sentía tan culpable consigo misma.
Así que ese día, se dirigió hacia la playa, aunque solo fuera para estar un poco más cerca de él. Se sentó en la arena y dejo que las lágrimas que había estado intentando detener ganaran la batalla y fluyeran libremente por sus mejillas. Solo quería que su hermano estuviera allí, consolándola como siempre lo había hecho, con su sonrisa molesta que siempre conseguía animarla, por muy deprimida que estuviera. Percy era el único que podía hacerle sonreír en esos momentos y por muy molesta que ella fuese con él, el hijo de Poseidón simplemente se sentaba allí a su lado sin hacer caso de su prima, y la animaba con una abrazo y sus palabras dulces que hacían que nadie pudiera evitar abrirse a él. Y no podría estar más contenta con eso, pues con su hermano pudo desahogarse de todos los problemas, penas y miedos que guardaba en lo más profundo de su corazón.
Thalía sacudió la cabeza intentándola despejar de recuerdos deprimentes que seguramente harían que llorara a lágrima viva, y eso era algo que nadie, excepto Percy había visto.
Al final encontramos un lavacoches con mangueras vacío. Nos metimos en la cabina más alejada de la calle, con los ojos bien abiertos por si aparecían coches de policía. Éramos tres adolescentes rondando en un lavacoches sin coche; cualquier policía que se ganara sus dónuts se imaginaría que no tramábamos nada bueno.
La risa se extendió por toda la sala mientras Leo y los Stoll murmuraban 'genial, genial' entre carcajadas.
— ¿Qué estamos haciendo exactamente? —pregunté mientras Grover agarraba una manguera.
-"Oh oh"- Dijo Frank.
-"¿Qué pasa?"- Pregunto Clarisse mirando a su medio hermano críticamente.
-"He visto lo que Percy puede hacer con una manguera y te puedo asegurar que los Lestrigones se mearan encima cada vez que vean una."- Dijo Frank provocando que la risa volviera a resonar por todos los lados.
-"Espera ¿Lestrigones?"- Dijo Annabeth preocupada.
-"Lo siento pero tendrás que esperar a que lleguemos al libro con la aventura de Percy con nosotros, si es que hay un libro"- Le dijo Hazel en un murmullo a la hija de Atenea, la cual asintió un poco preocupada recordando cuando habían peleado Percy y ella contra esos monstruos en la antigua escuela del sesos de alga.
—Son setenta y cinco centavos —murmuró—. A mí sólo me quedan dos cuartos de dólar. ¿Annabeth?
-"¿Qué vais a hacer? Lavaros"- Dijo uno de los romanos, el resto de los que habían llegado hace poco se rieron con él, mientras que los griegos les miraron enfadados, incluso muchos de los otros campistas romanos les miraron un poco molestos.
Los semidioses griegos no les habían hecho nada malo hasta ahora, incluso su héroe y nuevo pretor era griego, y aunque Percy hubiera estado poco tiempo en el Campamento Júpiter, ya se los había ganado a todos. Hacía que el campamento no pareciera tanto una escuela militar y los trataba a todos como si fueran sus hermanos, se preocupaba por ellos y aunque él no fuera romano, se preocupaba por el campamento, y eso era algo que los romanos no podían dejar de admirar en el hijo de Poseidón.
—A mí no me mires —contestó—. El coche restaurante me ha desplumado.
Rebusqué el poco cambio que me quedaba y le pasé a Grover un cuarto de dólar, lo que me dejó dos monedas de cinco centavos y una dracma de Medusa.
-"Lo que es una fortuna"- Dijo Nico sarcástico.
—Fenomenal —dijo Grover—. Podríamos hacerlo con un espray, claro, pero la conexión no es tan buena, y me canso de apretar.
-"¿Qué es lo que vais a hacer?- Pregunto Dakota. Annabeth le señalo el libro con una sonrisa amistosa como toda respuesta.
— ¿De qué estás hablando?
-"Lo mismo quiero saber yo"- Dijo Octavian frunciendo el ceño.
Metió las monedas y puso el selector en la posición «LLUVIA FINA».
— Mensajería I.
— ¿Mensajería instantánea?
-"¿No llegaría mojada?"- Dijo Dakota haciendo que los griegos y los dioses soltaran una carcajada.
— Mensajería Iris —corrigió Annabeth—. La diosa del arco iris, Iris, transporta los mensajes para los dioses. Si sabes cómo pedírselo, y no está muy ocupada, también lo hace para los mestizos.
-"Espera, ¿eso es verdad?"- Pregunto Octavian con sorpresa.
-"Si, pero supongo que los romanos no la sabíais por que no tenéis una diosa romana del arco iris"- Dijo Annabeth encogiéndose de hombros.
-"Qué lástima eso nos sería muy útil"- Dijo Gwen con una suspiro.
-"Pero sí que podemos utilizarlo"- Dijeron Frank y Hazel sorprendiendo a todos.
-"¿Cómo?"- Pregunto Atenea curiosa.
-"Lo tendrán que averiguar cuando toque el libro de nuestra aventura con Percy"- Dijo la hija de Plutón sonriendo divertida.
— ¿Invocas a la diosa con una manguera?
-"Oh gran diosa de las mangueras responde a mi llamado"- Dijo Leo con una sonrisa divertida mientras todos se echaban a reír
Grover apuntó el pitorro al aire y el agua salió en una fina lluvia blanca.
—A menos que conozcas una manera más fácil de hacer un arco iris.
-"Eso no es justo"- Se quejaron Hermes y Apolo atrayendo las miradas confusas de todos.
-"¿Qué no es justo?"- Pregunto Hestia
-"Que para crear un arco iris haga falta el agua. Es por eso por lo que Iris se lleva mejor con Poseidón que con ningún otro dios."- Dijo Hermes haciendo un puchero, mientras Poseidón solo sonreía mientras le sacaba la lengua.
-"¿Puedo preguntar algo?"- Pidió un romano atrayendo la atención de todos.
-"Claro, ya has preguntado."- Dijo Poseidón divertido provocando otra carcajada.
-"¿Desde cuándo el señor Neptuno es tan afable, divertido y relajado? Según la mitología romana y también a veces griega él siempre está de mal humor e intenta ahogar a todos los semidioses que no sean sus hijos."- Pregunto el romano un poco nervioso ante la idea de que el dios le atacara en ese mismo instante.
Poseidón frunció el ceño y suspiro antes de responder:
-"Esos mitos no son verdad, siempre me ponen como el malo porque les daba miedo el mar. Y siempre soy relajado, no me gustan las responsabilidades, que te lo digan mis hermanos, siempre estoy bromeando con ellos, únicamente me pongo furioso cuando alguien amenaza a alguien o algo que me importa. No es mi culpa si a los romanos no les gustaba el mar. En cuanto a los de los mitos también es mentira. Yo siempre he ayudado en lo que he podido. Pregúntales a todos los semidioses que han estado en el mar o cerca de una gran cantidad de agua."- Dijo mirando a todos en la sala.
-"Es verdad, cuando yo tuve que navegar por un lago en una de nuestras caserías el señor Poseidón no hizo nada en contra mía, es más el lago estaba más tranquilo que antes de meternos"- Dio pensativa Thalía.
-"Y Poseidón es el único que consigue que me ría cuando me molesto. La verdad es que es el único, junto con Deméter, Hestia y Hermes que viene a visitarme."- Dijo Hades sorprendiendo a todos los que no la sabían mientras Poseidón sonreía divertido por las caras de sorpresa y las bocas abiertas de los romanos.
-"Pero, y no quisiera ofender al señor Poseidón y a la señora Deméter, ¿Arión no nació de una, como decirlo, relación forzada?"- Pregunto Reyna un poco nerviosa a la vez que los hijos de Poseidón y Deméter/Ceres pusieron una mueca mientras miraban a sus respectivos padres con el ceño fruncido.
-"Oh no querida, eso es otra mentira en un mito relacionado con Poseidón, no me forzó, en ese momento los dos estábamos, como expresarlo, encaprichados el uno con el otro. No sé de donde salió esa parte del mito en la que Poseidón abuso de mi"- Dijo Deméter un poco sonrojada y frunciendo un poco el ceño.
-"Ohh, ya veo."- Dijo la pretor en comprensión.
-"Ahora podemos seguir con la lectura"- Dijo Poseidón con una sonrisa un poco incomoda.
Y vaya que sí, la luz de la tarde se filtró entre el agua y se descompuso en colores.
Annabeth me tendió una palma.
— La dracma, por favor.
-"Parece que nuestra Annie ya está siendo más educada con el sesos de alga, pero algo me dice que eso no va durar mucho"- Dijo Thalía con una sonrisa burlona a su amiga que se sonrojaba por omentos y la miraba con los ojos entrecerrados.
Se lo di.
Levantó la moneda por encima de su cabeza.
— Oh, diosa, acepta nuestra ofrenda.
Lanzó la dracma dentro del arco iris, que desapareció con un destello dorado.
-"Espera, si hay que ofrecer una dracma, ¿Cómo sabéis de este tipo de mensajes?"- Dijo Octavian mirando a Hazel y Frank con desconfianza.
-"Lo siento Octavian pero tendrás que esperar a que lleguemos a nuestra misión"- Dijo Hazel, aunque la hija de Plutón no parecía sentirlo en absoluto.
— Colina Mestiza — pidió Annabeth.
Por un instante, no ocurrió nada.
Después tuve ante mí la niebla sobre los campos de fresas, y el canal de Long Island Sound en la distancia. Era como si estuviéramos en el porche de la Casa Grande.
-"Vaya, es como una video llamada."- Dijo Dakota.
De pie, dándonos la espalda, había un tipo de pelo rubio apoyado en la barandilla, vestido con pantalones cortos y camiseta naranja. Tenía una espada de bronce en la mano y parecía estar mirando fijamente algo en el prado.
-"Luke"- Murmuro Clarisse.
— ¡Luke! —lo llamé.
Se volvió, sorprendido.
-"Por supuesto que no, nadie se sorprendería de que alguien le llamara cuando no hay nadie contigo"- Dijo Apolo sarcástico.
Habría jurado que estaba a un metro delante de mí a través de una pantalla de niebla, salvo que sólo podía verle la parte del cuerpo que cubría el arco iris.
— ¡Percy! —Su rostro marcado se ensanchó en una sonrisa—. ¿Y ésa es Annabeth? ¡Alabados sean los dioses! Eh, chicos, ¿estáis bien?
-"No solo te llamamos para que sepas que no estamos muriendo, pero tenemos tempo para formar un arco iris y llamarte"- Dijo Grover causando algunas risas.
—Estamos… bueno… Sí, bien —balbuceó Annabeth.
Se alisaba la camiseta sucia y se peinaba para apartarse el pelo de la cara.
-"Ohh, nuestra pequeña Annabeth intenta verse bien. Percy se pondría celoso si estuviera aquí"- Dijo Travis riéndose junto a la mayoría de los presentes en la sala mientras Annabeth se tapaba la cara con las manos en un intento de ocultar su rubor.
— Pensábamos que Quirón… bueno…
-"Annie balbuceando, menos mal que Percy era ingenuo todavía porque si no te hubieras metido en un buen lío Annabeth"- Dijo Thalía riéndose.
— Está abajo en las cabañas. — La sonrisa de Luke desapareció—. Estamos teniendo algunos problemas con los campistas. Escuchad, ¿va todo bien? ¿Le ha pasado algo a Grover?
-"Como si le importara"- Dijo Clarisse en un susurro. Ella no había conseguido perdonar del todo a Luke, aunque si no fuera por Percy, que le había convertido en un héroe, ella no habría podido ni siquiera escuchar el nombre del hijo de Hermes.
— ¡Estoy aquí! —gritó Grover. Apartó el pitorro y entró en el campo de visión de Luke—. ¿Qué clase de problemas?
-"Oh ya sabes, disputas clásicas entre cabañas"- Dijo Travis riéndose mientras se acordaba de la vez en la que los de Apolo maldijeron a los de la cabaña de Ares haciendo que estos no pudieran hablar si no era de modo poético.
En aquel momento un enorme Lincoln Continental se metió en el lavacoches con la radio emitiendo hip hop a tope. Cuando el coche entró en la cabina de al lado, el bajo vibró tanto que hizo temblar el suelo.
— Quirón tenía que… ¿Qué es ese ruido? —preguntó Luke.
— ¡Yo me encargo! — exclamó Annabeth, aparentemente aliviada por tener una excusa para apartarse de en medio.
-"Eso no es verdad"- Grito indignada la hija de Atenea sonrojándose a más no poder mientras los demás se reían.
— ¡Venga, Grover!
— ¿Qué? — Dijo Grover—. Pero…
— ¡Dale a Percy la manguera y ven! —le ordenó.
-"Mandona"- Murmuro Hermes que puso carita de inocente cuando Atenea le miró.
Grover murmuró algo sobre que las chicas eran más difíciles de entender que el oráculo de Delfos, después me entregó la manguera y siguió a Annabeth.
-"Ehhh"- Gritaron todos las chicas en la sala.
-"¿Qué? Es cierto así que ni intentéis negarlo"- Dijo Apolo, recibiendo un golpe en la cabeza por parte de su hermana causando la risa de todos.
Ajusté el pitorro para mantener el arco iris y seguir viendo a Luke.
-"Qué mal suena esa frase"- Dijo Travis mientras sonreía divertido.
— ¡Quirón ha tenido que detener una pelea! — Me aulló Luke
-"Quirón siempre está deteniendo peleas entre las cabañas, eso no es nada nuevo"- Dijo Beckendorf restándole importancia con una sonrisa divertida.
Por encima de la música—. Las cosas están muy tensas aquí, Percy. Se ha corrido la voz de la disputa entre Zeus y Poseidón.
-"¿Me pregunto quién fue?"- Pregunto Lee sarcásticamente.
Aún no sabemos cómo; probablemente el mismo desgraciado que invocó al perro del infierno.
-"Mira que llamarse desgraciado a sí mismo"- Dijo Silena frunciendo el ceño.
Ahora los campistas están empezando a tomar partido. Se están organizando otra vez como en la guerra de Troya. Afrodita, Ares y Apolo apoyan a Poseidón, más o menos.
-"Casi siempre apoyamos a Poseidón"- Dijeron los dioses mencionados.
-"¿Por qué?"- Pregunto Clarisse mirando a su padre.
-"Porque tiene más cabeza en la lucha que Zeus, el simplemente se deja llevar por la ira y el deseo de venganza. Además, el tío P siempre nos ha ayudado cuando lo necesitábamos y no ha hecho nada en contra nuestra ni de nuestros hijos."- Dijo Apolo con una sonrisa mientras Zeus fruncía el ceño molesto.
Atenea está con Zeus.
-"Como siempre."- Dijo Poseidón con un bufido.
-"Niñita de papá"- Dijo Ares burlón.
Me estremecí al pensar que la cabaña de Clarisse se pusiera del lado de mi padre para nada.
-"Hey"- Gritó Clarisse molesta mientras muchos reían.
La verdad es que ella y Percy eran como hermanos, a ninguno le gustaba demostrarlo pero se tenían aprecio y cariño, y si, se molestaban entre sí, pero eso es lo normal entre hermanos.
Percy había sido uno de los pocos que la consoló cuando Silena murió, la cuido cuando viajaron al Mar de los Monstruos y dejo que ella se llevara el mérito de la misión aun cuando el hijo de Poseidón había contribuido más a la misión que ella misma. Era por estos y por otros muchos motivos por los que la hija de Ares consideraba a Percy como un hermano suyo y aunque sabía que debía odiarlo por lo que sucedió con su padre en su primera misión no podía.
Simplemente no podía odiar al hijo de Poseidón, era el quien la animaba cuando estaba decaída y era el quien le ayudaba en las clases de esgrima. No podía simplemente odiarle, porque era su hermano, y era por esto por lo que también había llorado, aunque en silencio cuando Percy desapareció, solo esperaba que pudieran encontrarlo para poder recuperar a su hermanito, para volver a pelearse con él y para que el pudiera consolarla como hacía antes. Ella solo quería que Percy volviera.
En la cabina contigua oía a Annabeth discutir con un tipo, después el volumen de la música descendió drásticamente.
-"¿Qué hiciste?"- Pregunto Piper mirando a su amiga con curiosidad.
-"Solo le pedí que bajara la música para poder hablar civilizadamente con él"- Dijo Annabeth con una sonrisa.
-"Si claro"- Bufo Grover con una sonrisa divertida recordando como la hija de Atenea le gritaba y miraba furibunda al conductor para que bajara la música.
— ¿Y en qué situación estás? — Me preguntó Luke—. Quirón sentirá no haber podido hablar contigo.
-"Siempre es bueno saber cómo van los campistas en sus misiones"- Dijo Quirón en un suspiro.
Se lo conté todo, incluidos mis sueños. Me sentí tan bien al verlo, al tener la impresión de que regresaba al campamento aunque fuera por unos minutos, que no me di cuenta de cuánto tiempo llevaba hablando, hasta que sonó el pitido de la manguera y advertí que sólo me quedaba un minuto antes de que se cortara el agua.
-"No debería haber confiado tanto en él"- Murmuró Clarisse molesta.
-"Creo que Percy no lo podía evitar. Consideraba a Luke un amigo y ya sabes cómo es Percy con los amigos"- Dijo Chris también susurrando.
—Ojalá estuviera ahí —dijo Luke.
-"Para poder llevarlos el mismo a Kronos"- Murmuro Castor. Era cierto que ellos habían visto a Luke en los elíseos y le habían perdonado pero no era fácil oír hablar de cómo fingía que se preocupaba por el campamento para después apuñalarlos por la espalda.
— Me temo que no podemos ayudarte demasiado desde aquí, pero escucha… Tiene que ser Hades el que robó el rayo maestro.
-"¿Por qué iba yo a querer robar esa cosa?"- Pregunto Hades a nadie en particular.
-"Los siento señor Hades pero en ese momento todas las pistas apuntaban a usted"- Dijo Quirón intentando apaciguar la ira del dios.
Estaba en el Olimpo en el solsticio de invierno. Yo acompañaba una excursión y lo vimos.
-"Y allí fue donde lo robo"- Murmuro con pesadumbre Thalía aunque nadie la escucho.
— Pero Quirón dijo que los dioses no pueden tocar los objetos mágicos de los demás directamente.
—Eso es cierto —convino Luke, y parecía agobiado—. Aun así… Hades tiene el yelmo de oscuridad. Si no, ¿cómo es posible entrar en la sala del trono y robar el rayo maestro? Hay que ser invisible.
-"¿Qué?"- Preguntó la hija de Atenea furiosa al oír que Luke le estaba echando la culpa.
Ambos nos quedamos callados, hasta que Luke pareció darse cuenta de lo que acababa de decir.
-"Más le vale recapacitar, ninguno de mis hijos es un ladrón"- Dijo Atenea.
—Un momento —protestó—. No estoy diciendo que haya sido Annabeth. La conozco desde siempre.
Ella jamás… quiero decir que es como una hermana pequeña para mí.
Me pregunté si a Annabeth le gustaría esa descripción.
-"En ese momento, creo que no. Pero ahora no puedo estar más contenta de que me considerara su hermana."- Dijo Annabeth un poco sonrojada causando algunas risitas y que los Stoll la miraran levantando las cejas sugerentemente con una sonrisa socarrona en los labios.
En la cabina contigua la música cesó por completo. Un hombre gritó horrorizado, se oyeron cerrarse las portezuelas del coche y el Lincoln salió del lavacoches a toda velocidad.
-"¿Qué le hiciste a ese pobre hombre Annie?"- Pregunto Thalía mirando a su amiga divertida.
-"Oh, nada malo. Solo puede que sin querer le atravesara con mi cuchillo, pero fue por accidente"- Dijo Annabeth con una carita inocente que hizo que todos se echaran a reír.
—Será mejor que vayas a ver qué ha sido eso —dijo Luke—. Oye, ¿estás usando las zapatillas voladoras? Me sentiré mejor si sé que te sirven de algo.
-"La verdad es que nos fueron muy útiles hasta que llegamos a los infiernos"- Dijo Annabeth en un murmullos que solo los que estaban a su alrededor escucharon.
— ¡Oh… sí, claro! — Mentí con desfachatez. — Me han venido muy bien.
-"Estamos tan orgullosos de ti Percy"- Dijeron los de la cabaña de Hermes alegremente causando la risa de todos en la sala.
— ¿En serio? — Sonrió — ¿Te van bien?
-"Buena mentira, si hasta un hijo de Hermes se la cree"- Dijo Apolo levantando los pulgares al pequeño en brazos de su tío que le respondió con una sonrisa adorable que hizo que la mayoría de las chicas y diosas arrullaran, incluso alguna de las cazadoras.
El agua se terminó. La lluvia fina empezó a evaporarse.
— ¡Bueno, cuidaos ahí en Denver! — gritó Luke, y su voz fue amortiguándose—. ¡Y dile a Grover que esta vez irá mejor! Que nadie se convertirá en pino si…
-"Gracias por la confianza Luke"- Dijo con el ceño fruncido Grover.
Pero la lluvia había desaparecido y la imagen de Luke se desvaneció por completo. Estaba solo en una cabina mojada y vacía de un lavacoches.
Annabeth y Grover aparecieron por la esquina, riendo, pero se detuvieron al verme la cara. La sonrisa de Annabeth desapareció.
-"Seguramente porque no te pudiste despedir de Luke"- Dijo Travis ganándose un golpe en el brazo por parte de la hija de Atenea.
— ¿Qué ha pasado, Percy? ¿Qué te ha dicho Luke?
—No demasiado —mentí. Sentía el estómago tan vacío como la enorme cabaña 3.
-"Otra cosa que nos ha ocultado, sus sueños que le atormentan"- Mascullo Annabeth mientras escribía en su cuaderno.
—Bueno, vamos a buscar algo de cenar.
Unos minutos más tarde estábamos sentados en el reservado de un comedor de cromo brillante, rodeados por un montón de familias que zampaban hamburguesas y bebían refrescos.
-"Mmmm, que hambre"- Dijeron Leo, los Stoll, Will y Chris sobándose el estómago.
-"Pero si acabamos de desayunar."- Dijo Katie poniendo los ojos en blanco.
-"¿Y?"- Dijo Travis mirando a la hija de Deméter intentando evitar sonrojarse al ver los ojos de Katie.
Al final vino la camarera. Arqueó una ceja con aire escéptico e inquirió:
— ¿Y bien?
— Bueno… queríamos pedir la cena —dije.
"No, ibais a pedir caca de pegaso, no te digo"- Dijo un romano burlesco. Los que estaban a su alrededor soltaron ligeras risitas mientras los griegos le miraban frunciendo el ceño.
— ¿Tenéis dinero para pagar, niños?
El labio inferior de Grover tembló. Me preocupaba que empezara a balar, o peor aún, a comerse el linóleo. Annabeth parecía a punto de fenecer de hambre.
-"Que mala pinta"- Dijo Nico divertido.
-"Porque Percy no se vio en un espejo, estaba peor que nosotros con todos los cortes y rasguños de todas las peleas que había tenido hasta entonces."- Dijo Grover con una mueca divertida.
Intentaba pergeñar una historia tristísima para la camarera cuando un rugido sacudió el edificio: una motocicleta del tamaño de un elefante pequeño acababa de parar junto al bordillo.
Los dioses miraron de reojo a Ares que parecía sorprendido y confundido. Porque Hades iba a visitar a esos mocosos en su misión.
Todas las conversaciones se interrumpieron. El faro de la motocicleta era rojo. El depósito de gasolina tenía llamas pintadas y a los lados llevaba fundas para escopetas… con escopetas incluidas.
El asiento era de cuero, pero un cuero que parecía… piel humana.
-"¿Qué estás haciendo allí Ares?"- Dijo Zeus mirando a su hijo molesto, los dioses no deben involucrarse en las misiones de los semidioses, sobre todo si dificultan la recuperación de su rayo maestro.
El tipo de la motocicleta habría conseguido que un luchador profesional llamase a gritos a su mamá.
Ares sonrió complacido ante esa descripción mientras los otros dioses pusieron los ojos en blanco.
Iba vestido con una camiseta de tirantes roja, téjanos negros y un guardapolvo de cuero negro, y llevaba un cuchillo de caza sujeto al muslo.
Tras sus gafas rojas tenía la cara más cruel y brutal que he visto en mi vida —guapo, supongo,
-"¿Cómo qué supongo?"- Rugió Ares haciendo que Hermes y Apolo tuvieran que sofocar sus risas con unas cuantas toses falsas.
Pero de aspecto implacable—; el pelo, cortísimo y negro brillante, y las mejillas surcadas de cicatrices sin duda fruto de muchas, muchas peleas. Lo raro era que su cara me sonaba.
Al entrar en el restaurante produjo una corriente de aire cálido y seco. Los comensales se levantaron como hipnotizados, pero el motorista hizo un gesto con la mano y todos volvieron a sentarse. Regresaron a sus conversaciones. La camarera parpadeó, como si alguien acabara de apretarle el botón de rebobinado.
-"Es lo que causamos los dioses"- Dijo Apolo sonriendo arrogantemente, lo que causo que su hermana le pegara en la cabeza.
— ¿Tenéis dinero para pagar, niños? —volvió a preguntarnos.
—Ponlo en mi cuenta —respondió el motorista. Se metió en el reservado, que era demasiado pequeño para él, y acorraló a Annabeth contra la ventana.
-"Eso no fue muy agradable"- Dijo Annabeth en un murmullo.
-"¿El qué? ¿Sentarse al lado de Ares?"- Dijo Leo con una mueca.
-"No, quedar espachurrada contra la ventana"- Dijo la hija de Atenea rápidamente al ver que Ares la miraba con los ojos entrecerrados.
Levantó la vista hacia la camarera, la miró a los ojos y dijo—: ¿Aún sigues aquí?
-"Eso no es muy educado"- Dijo Hestia frunciendo el ceño.
La muchacha se puso rígida, se volvió como una autómata y regresó a la cocina.
El motorista se quedó mirándome. No le veía los ojos tras las gafas rojas, pero empezaron a hervirme malos sentimientos. Ira, rencor, amargura.
-"Es lo que se siente cuando estas cerca de la guerra"- Dijo Ares sonriente.
Quería darle un golpe a una pared, empezar una pelea con alguien. ¿Quién se creía que era aquel tipo?
-"Y aquí señoras y señores, está el segundo dios al que Percy enfada."- Dijo Nico divertido.
-"Dos dioses en menos de un mes. Esto debe ser un record"- Dijo Chris sorprendido.
Me dedicó una sonrisa pérfida.
—Así que tú eres el crío del viejo Alga, ¿eh?
-"¿Perdón?"- Dijo Poseidón frunciendo el ceño en dirección a su sobrino.
Debería haberme sorprendido o asustado, pero sólo sentí que me hallaba ante mi padrastro Gabe.
Quería arrancarle la cabeza a aquel tipejo.
-"Si Percy esta tan enfadado con él será porque le hizo algo muy malo a él y a su madre."- Dijo Annabeth preocupada.
-"No te preocupes Annabeth, haremos que Percy nos diga todo lo que paso."- Dijo Nico.
-"No lo creo, el sesos de alga no dejara que nos preocupemos por él. No nos dejara saber lo que paso con ese monstruo de Gabe."- Dijo la hija de Atenea.
-"Pues haremos todo lo que este en nuestra mano para averiguar que paso durante la infancia de Percy."- Dijo Thalía decidida, se negaba a no saber lo que le había pasado a Percy.
— ¿Y a ti qué te importa?
Decir que los dioses y los romanos estaban en shock era quedarse corto, pues tenían la mandíbula colgando hasta el suelo.
-"¿Cómo se atreve a hablarle a un dios así? Sabía que los graecus eran salvajes pero no me esperaba que no tuvieran respeto ni siquiera por los dioses" – Dijo uno de los romanos frunciendo el ceño.
Muchos de los campistas, tanto griegos como romanos tuvieron que detener a todos los griegos, sobre todo hijos de Ares, que se habían abalanzado contra el chico.
-"No vuelvas a decir eso a menos que quieras una muerte lenta y dolorosa"- Dijo Clarisse con los ojos entrecerrados y los dientes apretados mirando en dirección al romano.
-"Oh, y que vas a hacer graecus"- Dijo el romano burlón.
-"Matarte tan lentamente que desearas que Percy no hubiera sido tan generoso contigo y te hubiera dejado donde estabas"- Dijo la hija de Ares con una voz helada y furiosa que hizo que el chico se estremeciera.
-"No es como si yo hubiera pedido que ese asqueroso graecus me hubiera traído."- Dijo el romano con un tono de desprecio en su voz.
Esta vez eran todos los griegos los que querían atacar al muchacho pero se vieron interrumpidos por un potente y aterrador grito:
-"Basta ya"- Rugió Poseidón levantándose y dándole a Percy a Deméter la cual lo acepto gustosa aunque estaba un poco preocupada sobre lo que su hermano iba a hacer.
Todos se giraron para ver a un muy molesto y enfadado Poseidón, el cual tenía una mirada terrorífica que hizo que todos se estremecieran sin control. Era terrorífico.
-"Por tu bien romano espero que no vuelvas a hablar así de mi hijo ni de los griegos o desearas estar en el tártaro antes de que acabe contigo"- Dijo el dios furioso.
Los griegos le miraban en shock, era igual que ver a Percy cuando estaba furioso, la misma aura oscura y poderosa, el mismo terror que provocaba el hijo de Poseidón.
El romano no pudo hacer otra cosa que asentir con la cabeza, aterrorizado.
Poseidón, ya más calmado se volvió hacia su hermana con los brazos extendidos para que le entregara a Percy.
-"Por favor, déjamelo solo un rato más"- Pidió la diosa de la agricultura mirando a su hermano con unos ojos de cachorrito, ella no quería separase del pequeño tan pronto, era el niño más bonito y tierno que había visto nunca, y eso era mucho tiempo. El dios asintió con una sonrisa divertida al ver a su hijo jugando con su hermana y se dirigió a su trono para sentarse.
Después de un incómodo silencio Michael volvió a leer
Annabeth me advirtió con la mirada.
—Percy, éste es…
El motorista levantó la mano.
—No pasa nada —dijo—. No está mal una pizca de carácter. Siempre y cuando te acuerdes de quién es el jefe. ¿Sabes quién soy, primito?
-"Si le dices primito no ayuda mucho, tiene un montón de primos"- Dijo Hefestos poniendo los ojos en blanco mientras fabricaba un artilugio con unos cuantos trozos de metal, tuercas, muelles y otras cosas.
Entonces caí en la cuenta. Tenía la misma risa malvada de algunos críos del Campamento Mestizo, los de la cabaña 5.
—Eres el padre de Clarisse —respondí—. Ares, el dios de la guerra.
Ares sonrió y se quitó las gafas. Donde tendrían que estar los ojos, había sólo fuego, cuencas vacías en las que refulgían explosiones nucleares en miniatura.
-"Ahh, la bombas nucleares son una gran arma de destrucción"- Dijo Ares soñador, ganándose malas miradas de todos, incluso de algunos de sus hijos.
—Has acertado, pringado. He oído que le has roto la lanza a Clarisse.
-"De una manera impresionante"- Dijo Orión sonriendo.
—Lo estaba pidiendo a gritos.
—Probablemente. No intervengo en las batallas de mis críos, ¿sabes? He venido para… He oído que estabas en la ciudad y tengo una proposición que hacerte.
-"¿Qué vas a hacer Ares?"- Dijo Poseidón mirando a su sobrino un poco molesto, su hijo no necesitaba más dificultades y problemas en esta misión suicida.
-"No lo sé tío P. esto es el futuro"- Dijo el dios de la guerra confuso, no entendía porque iba a pedirle ayuda al crío de su tío.
La camarera regresó con bandejas repletas de comida: hamburguesas con queso, patatas fritas, aros de cebolla y batidos de chocolate.
Los chicos no pudieron evitar empezar a babear ante la mención de la comida haciendo que todas las chicas pusieran los ojos en blanco.
Ares le entregó unas dracmas.
-"¿Pueden los mortales aceptar eso?"- Pregunto Leo.
-"No lo sé, nunca le he dado a un mortal una"- Dijo Annabeth.
-"Wow, Annabeth no sabe algo. Este es un dial que se tiene que recordar para siempre en la historia de la humanidad"- Dijeron los Stoll sonriendo lo que provoco la risa de muchos de los presentes así como que la hija de Atenea mirara en su dirección, aunque con diversión brillando en sus ojos.
Ella miró con nerviosismo las monedas.
— Pero éstos no son…
-"Eso responde a tu pregunta Leo, los mortales no aceptan dracmas."- Dijo Piper.
Ares sacó su enorme cuchillo y empezó a limpiarse las uñas.
— ¿Algún problema, chata?
La camarera se tragó las palabras y se marchó sin rechistar.
-"Eso es ser un maleducado"- Dijo Hera mirando a su hijo, el cual se encogió de hombros indiferente.
-"Soy el dios de la guerra y la violencia, no soy muy educado"- Dijo Ares poniendo los ojos en blanco lo que causo algunas risas.
—Eso está muy mal —le dije a Ares—. No puedes ir amenazando a la gente con un cuchillo.
-"Mira que tenga que ser Percy el que le enseñe modales a Ares."- Dijo Nico entre risas.
-"Irónico"- Dijo Rachel con una sonrisa.
Ares soltó una risotada y luego dijo:
— ¿Estás de broma? Adoro este país. Es el mejor lugar del mundo desde Esparta. ¿Tú no vas armado, pringado? Pues deberías. Ahí fuera hay un mundo peligroso. Y eso nos lleva a mi proposición. Necesito que me hagas un favor.
-"Ares no deberías intervenir en la misión para recuperar mi rayo maestro"- Dijo Zeus molesto.
— ¿Qué favor puedo hacerle yo a un dios?
-"¿Eso era sarcasmo?"- Pregunto Teseo.
-"Por supuesto, el sesos de alga no perdería la oportunidad de usar su sarcasmo, más aún cuando puede usarlo con un ser inmortal, sobre todo si ese ser es Ares."- Dijo Thalía sonriente.
— Algo que un dios no tiene tiempo de hacer. No es demasiado. Me dejé el escudo en un parque acuático abandonado aquí en la ciudad. Tenía cita con mi novia pero nos interrumpieron. En la confusión me dejé el escudo. Así que quiero que vayas por él.
-"Os volvieron a pillar a ti y a Afrodita, eh Ares"- Dijo Apolo divertido.
— ¿Por qué no vas tú?
-"Poseidón, tu hijo debería mostrar más respeto por los dioses"- Dijo Zeus mirando a su hermano. El rey de los dioses sabía que este niño era peligroso y si no respetaba a los dioses podría convertirse en un peligro.
-"Pues esto no es nada comparado con otras veces que ha hablado con los dioses, no puedo esperar para ver su cara entonces"- Dijo Will en un susurro que solo los que estaban a su alrededor pudo escuchar.
El fuego en las cuencas de sus ojos brilló con mayor intensidad.
— También podrías preguntarme por qué no te convierto en una ardilla y te atropello con la Harley.
-"Por qué entonces tendría que hacer un paseo por el Tártaro cortesía de tu tío"- Dijo el dios del mar mirando molesto a Ares el cual se estremeció un poco antes de asentir en dirección a su tío.
La respuesta sería la misma: porque de momento no me apetece. Un dios te está dando la oportunidad de demostrar qué sabes hacer, Percy Jackson. ¿Vas a quedar como un cobardica? —Se inclinó hacia mí.
— O a lo mejor es que sólo peleas bajo el agua, para que papaíto te proteja.
-"Por mal camino vamos si Ares consigue provocar a Percy, el infierno se desataría"- Dijo Thalía con una pequeña mueca divertida.
-"¿Qué quieres decir?"- Dijo Bianca mirando a la hija de Zeus con curiosidad.
-"Tendrás que esperar para averiguarlo hermanita"- Dijo Nico con una sonrisa contenta, la cual su hermana devolvió con gusto.
Tuve el irreprimible impulso de darle un puñetazo en la cara, aunque sabía que era lo que él estaba buscando. El poder de Ares causaba mi ira y le habría encantado que lo atacara. No pensaba darle el gusto.
-"Menos mal que el sesos de alga consiguió controlarse con Percy en ese momento"- Le dijo Annabeth en un murmullo a Grover que asintió aliviado, si su amigo se hubiera dejado llevar por la ira habría sido un desastre de proporciones épicas.
— No estamos interesados —repuse—. Ya tenemos una misión.
-"¿Acaso está negándose a hacer la tarea que le he encomendado?"- Dijo Ares molesto, ningún semidiós en toda la historia se había negado nunca a hacer lo que el dios de la guerra le había encomendado.
Los fieros ojos de Ares me hicieron ver cosas que no quería ver: sangre, humo y cadáveres en la batalla.
-"Lamentablemente, ha tenido que verlas"- Dijo Katie en un murmullo.
—Lo sé todo sobre tu misión, pringado. Cuando ese objeto mortífero fue robado, Zeus envió a los mejores a buscarlo: Apolo, Atenea, Artemisa y yo, naturalmente. Ahora bien, si yo no percibí ni un tufillo de un arma tan poderosa… —se relamió, como si el pensamiento del rayo maestro le diera hambre— pues entonces tú no tienes ninguna posibilidad. Aun así, estoy intentando concederte el beneficio de la duda. Pero tu padre y yo nos conocemos desde hace tiempo. Después de todo, yo soy el que le transmitió las sospechas acerca del viejo Aliento de Muerto.
-"¿Así que fuiste tú el que me culpo primero?"- Pregunto Hades mirando a su sobrino furibundo.
— ¿Tú le dijiste que Hades robó el rayo?
— Claro. Culpar a alguien de algo para empezar una guerra es el truco más viejo del mundo. En cierto sentido, tienes que agradecerme tu patética misión.
-"Gracias por hacer peligrar sus vidas"- Dijo Poseidón molesto.
— Gracias —farfullé.
Poseidón se olvidó de su molestia para sonreír complacido y miro a su hijo el cual estaba sobre las piernas de su hermana comiendo un cuenco con frutas con el zumo chorreando por su barbilla mientras una sonriente Deméter le limpiaba y arrullaba. El resto no pudo evitar fijarse en lo que había atraído la atención del dios del mar y sonrió ante la ternura de la imagen.
— Eh, ya ves que soy un tío generoso. Tú hazme ese trabajito, y yo te ayudaré en el tuyo. Os prepararé el resto del viaje.
-"Menuda preparación"- Bufo Annabeth molesta recordando a los pobres animales del camión.
—Nos las arreglamos bien por nuestra cuenta.
— Sí, seguro. Sin dinero. Sin coche. Sin ninguna idea de a qué os enfrentáis. Ayúdame y quizá te cuente algo que necesitas saber. Algo sobre tu madre.
-"Oh no"- Dijo Nico con una mueca.
-"Lo único que haría que Percy aceptara una misión de Ares"- Dijo Thalía en un murmullo.
— ¿Mi madre?
Sonrió.
—Eso te interesa, ¿eh? El parque acuático está a un kilómetro y medio al oeste, en Delancy. No puedes perderte. Busca la atracción del Túnel del Amor.
-"Ohh, me encanta ese túnel"- Dijo Afrodita sonriendo.
— ¿Qué interrumpió tu cita? —le pregunté—. ¿Te asustó algo?
Ares me enseñó los dientes, pero ya había visto esa mirada amenazante en Clarisse. Había algo falso en ella, casi como si traicionara cierto nerviosismo.
-"¿Perdón?"- Preguntó molesto el dios de la guerra, causando que algunos de los dioses ocultaran sus risas con toses falsas.
—Tienes suerte de haberme encontrado a mí, pringado, y no a algún otro Olímpico. Con los maleducados no son tan comprensivos como yo. Volveremos a vernos aquí cuando termines. No me defraudes.
-"Pues hasta ahora ninguno de los Olímpicos o Hades ha conseguido que Percy les hable con más respeto del que él utiliza"- Dijo Will divertido.
Después de eso, debí de desmayarme o caer en trance, porque cuando volví a abrir los ojos Ares había desaparecido. Habría creído que aquella conversación había sido un sueño, pero las expresiones de Annabeth y Grover me indicaron lo contrario.
—No me gusta —dijo Grover—. Ares ha venido a buscarte, Percy. No me gusta nada de nada.
-"A nadie le gusta que el dios de la guerra le venga a buscar"- Dijo Reyna con una mueca. De pronto Clarisse, Annabeth y Grover se pusieron a reír sin control ganándose miradas de confusión de todos.
Miré por la ventana.
La motocicleta había desaparecido.
¿Sabría Ares de verdad algo sobre mi madre, o sólo estaba jugando conmigo?
-"Espero que sea verdad porque si no lo es Ares se va a buscar un gran problema"- Dijo Thalía con una pequeña sonrisa y aunque solo la escucharon los que estaban a su alrededor, los cuales tuvieron que sofocar sus risas con unas cuantas toses falsas.
En cuanto se hubo ido, la ira desapareció por completo de mí. Supuse que a Ares le encantaba embarullar las emociones de la gente. Ése era su poder: confundir las emociones al extremo de que te nublaran la capacidad de pensar.
-"Eso es realmente inteligente, ¿lo estas apuntando Thals?"- Pregunto Nico recibiendo una respuesta afirmativa por parte de su prima.
—Quizá no fue más que un espejismo —dije—. Olvidaos de Ares. Nos vamos y punto.
-"Más le vale a ese crío no ignorar la misión que le estoy encomendando"- Murmuró el dios de la guerra, al que por suerte no escucho Poseidón
—No podemos —contestó Annabeth—. Mira, yo detesto a Ares como el que más, pero no se puede ignorar a los dioses a menos que quieras buscarte la ruina. No bromeaba cuando hablaba de convertirte en un roedor.
-"Lo han amenazado mucho con convertirlo en cosas, ya debe estar acostumbrado"- Dijo Lee riendo.
Miré mi hamburguesa con queso, que de repente no parecía tan apetecible.
— ¿Por qué nos necesita para una tarea tan sencilla?
-"¿Por qué es muy vago como para hacerlas el mismo?"- Pregunto Apolo inocentemente.
—A lo mejor es un problema que requiere cerebro —observó Annabeth—. Ares tiene fuerza, pero nada más.
-"¿Perdón?"- Pregunto furioso el dios de la guerra.
-"Sabes que es verdad"- Dijo Atenea defendiendo a su hija.
Y a veces la fuerza debe doblegarse ante la inteligencia.
—Pero ¿qué habrá en ese parque acuático? Ares parecía casi asustado. ¿Qué haría interrumpir al dios de la guerra una cita con su novia y huir?
-"Algo a lo que un semidiós no quiere enfrentar"- Dijo Aquiles con una mueca.
Annabeth y Grover se miraron nerviosos.
—Me temo que tendremos que ir a descubrirlo —dijo Annabeth.
El sol se hundía tras las montañas cuando encontramos el parque acuático. A juzgar por el cartel, originalmente se llamaba «waterland», pero algunas letras habían desaparecido, así que se leía: «WAT R A D».
La puerta principal estaba cerrada con candado y protegida con alambre de espino. Dentro, enormes y secos toboganes, tubos y tuberías se enroscaban por todas partes, en dirección a las piscinas vacías.
Entradas viejas y anuncios revoloteaban por el asfalto. Al anochecer, aquel lugar tenía un aspecto triste y daba escalofríos.
-"Menudo lugar para una cita"- Dijo Deméter sin dejar de mirar al pequeño sobre sus piernas que todavía estaba comiendo la fruta y le sonrió tiernamente a la diosa a la vez que esta le revolvía el pelo, causando que muchas de las chicas volvieran a arrullar la ternura del pequeño.
— Si Ares trae aquí a su novia para una cita —dije mirando el alambre de espino—, no quiero imaginarme qué aspecto tendrá ella.
-¿Perdón?- Chillo Afrodita furiosa.
Aunque todo ese enojo se fue cuando miro al infante en brazos de la diosa de la agricultura, el cual volvía a tener el zumo de la fruta chorreando por su barbilla y se reía tiernamente.
-"Oh mis dioses, no puedo enojarme con algo tan lindo"- Dijo la diosa del amor, que rápidamente se levantó y le dio un beso en la mejilla al pequeño antes de volver a su asiento con una sonrisa.
— Percy —me avisó Annabeth—, tienes que ser más respetuoso.
-"Jajajajaja, Percy ¿respetuoso? Ni en un milmillon de años"- Dijeron los Stoll riéndose.
-"Milmillon no es una palabra"- Dijo Annabeth, aunque ella también tenía una sonrisa divertida en el rostro.
— ¿Por qué? Creía que odiabas a Ares.
— Sigue siendo un dios. Y su novia es muy temperamental.
-"Muy"- Dijeron los dioses haciendo que la diosa pusiera un mohín.
— No insultes su aspecto —añadió Grover.
-"Porque es perfecto"- Dijo la diosa provocando que Artemisa y Atenea pusieran los ojos en blanco.
— ¿Quién es? ¿Equidna?
— No; Afrodita… —repuso Grover y suspiró con embeleso—. La diosa del amor.
— Pensaba que estaba casada con alguien —dije—. ¿Con Hefestos?
-"Si ¿Y?"- Pregunto la diosa frunciendo el ceño.
— ¿Y qué si fuera así?
— Bueno… —Mejor cambiar de tema—. ¿Y cómo entramos?
— ¡Maya! —Al punto surgieron las alas de los zapatos de Grover.
-"Para ti es muy fácil Grover, pero no para ellos."- Dijo Thalía con una sonrisa divertida
Voló por encima de la valla, dio un involuntario salto mortal y aterrizó en una plataforma al otro lado. Se sacudió los vaqueros, como si lo hubiera previsto todo.
—Vamos, chicos.
La risa no se hizo de esperar, y mientras todos se estaban riendo histéricamente, incluso algunos se habían caído al suelo de tanto reírse, el único sátiro presente enrojeció hasta más no poder.
Annabeth y yo tuvimos que escalar a la manera tradicional, aguantándonos uno a otro el alambre de espino para pasar por debajo.
Las sombras se alargaron mientras recorríamos el parque, examinando las atracciones. Pasamos frente a la Isla de los Mordedores de Tobillos, Pulpos Locos y Encuentra tu Bañador.
-"Vaya, esas atracciones no suenan muy atractivas"- Dijo Leo haciendo una mueca.
Ningún monstruo nos atacó y no oímos el menor ruido.
-"Eso da un poco de repelús"- Dijo Hazel.
Encontramos una tienda de suvenires que había quedado abierta. Aún había mercancía en las estanterías: bolas de nieve artificial, lápices, postales e hileras de…
— Ropa —dijo Annabeth—. Ropa limpia.
— Sí —dije—. Pero no puedes ir y…
-"Percy, nos estas defraudando"- Gritaron los de la cabaña de Hermes haciendo que el resto soltara risas divertidas.
— ¿Ah, no?
Agarró una hilera llena de cosas y desapareció en el vestidor.
-"Annabeth, estamos tan orgullosos de ti, por fin hemos logrado corromperte"- Dijeron los Stoll para echarse encima de la hija de Atenea, junto con el resto de su cabaña.
-"Salid de encima a menos que queráis probar mi cuchillo"- Grito Annabeth desde la base del tumulto de personas que pronto se disipo ante la amenaza de la hija de Atenea.
A los pocos minutos salió con unos pantalones cortos de flores de Waterland, una gran camiseta roja de Waterland y unas zapatillas surferas del aniversario de Waterland. También llevaba una mochila Waterland colgada del hombro, llena con más cosas.
-"¿Desde cuando haces promoción de los parques acuáticos?"- Pregunto Leo inocentemente, provocando que muchos de los semidioses se rieran ligeramente.
— Qué demonios. —Grover se encogió de hombros.
En pocos minutos estuvimos los tres engalanados como anuncios andantes del difunto parque temático. Seguimos buscando el Túnel del Amor. Tenía la sensación de que el parque entero contenía la respiración.
-"Esa es una sensación muy, pero que muy rara"- Dijo Frank.
— Así que Ares y Afrodita —dije para mantener mi mente alejada de la oscuridad creciente— tienen un asuntillo.
-"Pensé que habíamos dejado ese tema"- Dijo un poco incomoda la diosa del amor.
— Ese chisme es muy viejo, Percy —dijo Annabeth—. Tiene tres mil años.
— ¿Y el marido de Afrodita?
— Bueno, ya sabes… Hefestos, el herrero, se quedó tullido cuando era pequeño, Zeus lo tiró monte Olimpo abajo. Así que digamos que no es muy guapo. Habilidoso con las manos, sí, pero a Afrodita no le van los listos con talento, ¿comprendes?
-"Gracias por el cumplido hija de Atenea"- Dijo Hefestos en un gruñido mientras seguía trabajando en su invento.
— Le gustan los motoristas.
-"No necesariamente"- Dijo Afrodita.
— Lo que sea.
-"Por lo menos sabemos el tipo que le gusta a nuestra pequeña Annabeth"- Dijo Thalía con una sonrisa divertida a l vez que su amiga la miraba molesta.
-"¿Qué tipo?"- Pregunto Afrodita interesada.
-"Del tipo que mezcla surfero y skater, Percy se parece a ese tipo"- Dijo Katie con una sonrisa recordando a su hermano.
-"Interesante"- Dijo Afrodita con una sonrisa.
-"Espera, ¿eso significa que por fin estás saliendo con Percy?"- Pregunto Silena emocionada. Annabeth no pudo evitar sonrojarse mientras asentía sonriente a su amiga. La hija de Afrodita chillo antes de correr hacia su amiga y encerrarla en un abrazo.
-"Lo sabía, lo sabía. Sabía que acabaríais siendo novios. Sois almas gemelas, estáis hechos el uno para el otro"- Dijo Silena, provocando que Annabeth se sonrojara aún más si era posible.
— ¿Hefestos lo sabe?
— Oh, claro —repuso Annabeth—. Una vez los pilló juntos, quiero decir in franganti. Entonces los atrapó en una red de oro e invitó a todos los dioses a que fueran a reírse de ellos. Hefestos siempre está intentando ridiculizarlos.
-"Es tan divertido cuando logra pillarlos"- Dijo Hermes riendo.
— Por eso se ven en lugares remotos como… —se detuvo, mirando al frente—
Como ése.
-"Ahhh, uno de mis lugares favoritos"- Suspiró Afrodita.
Era una piscina que habría sido alucinante para patinar, de por lo menos cuarenta y cinco metros de ancho y con forma de cuenco. Alrededor del borde, una docena de estatuas de Cupido montaba guardia con las alas desplegadas y los arcos listos para disparar. Al otro lado se abría un túnel, por el que probablemente corría el agua cuando la piscina estaba llena. Tenía un letrero que rezaba:
«EMOCIONANTE atracción DEL AMOR: ¡ÉSTE NO ES EL TÚNEL DEL AMOR DE TUS PADRES!»
La risa no se hizo de esperar mientras que Afrodita y Ares sonreían al escuchar el nombre del lugar donde tuvieron tantas citas.
-"Menudo nombre para una atracción del amor"- Se rio Castor
Grover se acercó al borde.
—Chicos, mirad.
En el fondo de la piscina había un bote de dos plazas blanco y rosa con un dosel lleno de corazones.
En el asiento izquierdo, reflejando la luz menguante, estaba el escudo de Ares, una circunferencia de bronce bruñido.
-"Ahh, mi escudo. Más vale que lo traigas sano y salvo crío"- Dijo Ares.
-"¿Perdón? Yo que tú estaría deseando que mi hijo y sus amigos salgan sanos y salvos de esto o si no tendrás que ir a visitar el Tártaro y quedarte allí por una temporada."- Dijo Poseidón haciendo que Ares se encogiera un poco en su trono ante la mención del Tártaro.
— Esto es demasiado fácil —dije—. ¿Así que bajamos y lo tomamos y ya está?
-"Nada es tan sencillo en una misión, sobre todo s Percy está involucrado"- Dijo Rachel con una mueca.
Annabeth pasó los dedos por la base de la estatua de Cupido más cercana.
— Aquí hay una letra griega grabada —dijo—. Eta. Me pregunto…
-"Oh no."- Dijo Atenea atrayendo la atención de todo el mundo menos Hefestos, que ya se había dado cuenta de que esto era una más de sus trampas. –"¿Esto es lo que creo que es?"- Pregunto la diosa de la sabiduría a su hija que asintió con una mueca recordando las arañas.
— Grover —pregunté—, ¿hueles monstruos?
Olisqueó el viento.
— Nada.
— ¿Nada como cuando estábamos en el arco y no olfateaste a Equidna, o nada de verdad?
-"Eso fue malo de su parte"- Dijo Gwen.
-"¿Qué esperabas? Los graecus son salvajes, se traicionan entre ellos"- Dijo un romano, aunque susurrando para que el dios del mar no lo oyera.
Grover pareció molesto.
— Aquello estaba bajo tierra —refunfuñó.
— Vale, olvídalo. —Inspiré hondo—. Voy a bajar.
— Te acompaño. —Grover no parecía demasiado entusiasta, pero me dio la impresión de que intentaba enmendarse por lo sucedido en San Luis.
-"Si"- Suspiro Grover.
-"No tenías porque chico cabra, nadie tenía la culpa"- Dijo Thalía intentando animar a su amigo.
— No —repuse—. Te quedarás arriba con las zapatillas voladoras. Eres el Barón Rojo, un as del aire, ¿recuerdas? Cuento contigo para que me cubras, por si algo sale mal.
-"Buena manera de animar a un amigo"- Dijo Jason con una sonrisa.
A Grover se le hinchó el pecho.
—Claro. Pero ¿qué puede ir mal?
-"Con Percy allí, todo puede ir mal"- Dijo Nico.
—No lo sé. Es un presentimiento. Annabeth, ven conmigo.
— ¿Estás de broma?
-"¿Por qué?"- Preguntaron todos mirando curiosos a la hija de Atenea que se había vuelto a sonrojar y que no iba a responder.
— ¿Y ahora qué pasa? —quise saber.
-"Nosotros también queremos saberlo"- Dijeron muchos de los semidioses.
— ¿Yo, contigo en… —se ruborizó levemente— en la «emocionante atracción del amor»? Me da vergüenza. ¿Y si me ve alguien?
-"Ohhh, así que era por eso."- Dijeron los mestizos en compresión, muchos de ellos con sonrisas divertidas.
-"Mal, mal Annie. Ahora ya no te da tanta vergüenza que te vean con Percy"- Dijo Thalía riéndose.
-"Cállate"- Dijo la hija de Atenea totalmente sonrojada.
— ¿Quién te va a ver? — Pero yo también me ruboricé un poco. Las chicas siempre le buscan tres pies al gato.
-"Totalmente cierto"- Dijeron los chicos de la sal, solo para aganarse un golpe por parte de las chicas que estaban más cerca.
— Vale —le dije—. Lo haré solo. —Pero cuando empecé a bajar a la piscina, me siguió, murmurando algo sobre que los chicos siempre lo embarullan todo.
-"Pero si has sido tú la que se ha quejado"- La acusaron los Stoll, Nico, Leo Will, Chris, Lee, Michael y Jake Mason.
-"Lo sé"- Murmuro Annabeth con una mueca.
Llegamos al bote. Junto al escudo había un chal de seda de mujer. Intenté imaginarme a Ares y Afrodita allí, una pareja de dioses que se encontraban en una atracción abandonada de un parque de atracciones. ¿Por qué?
-"Oh muchas razones"- Dijo Ares quitándole importancia.
Entonces reparé en algo que no había visto desde arriba: espejos por todo el borde de la piscina, orientados hacia aquel lugar. Podíamos vernos en cualquier dirección que miráramos. Eso debía de ser. Mientras Ares y Afrodita se daban besitos podían mirar a sus personas favoritas: ellos mismos.
-"Esa es una de las razones"- Dijo Afrodita un poco sonrojada.
Recogí el chal. Reflejaba destellos rosa y su aroma era una exquisita mezcla floral. Algo embriagador.
-"Al igual que el olor de Percy"- Dijo en un murmullo Annabeth, con una sonrisa cariñosa. Oh, deseo tanto poder volver a oler el aroma de mi sesos de alga.
De repente hubo un flash de luz que obligo a todos a apartar la mirada. Cuando se hubo desvanecido allí se encontraba un pequeño sobre con un sobre pegado en la parte delantera.
Perseo, que es el que estaba más cerca se acercó hasta el paquete con precaución, y al ver que no había peligro lo levanto para leer el sobre.
-"Dice que es para Annabeth"- Dijo el hijo de Zeus con el ceño fruncido.
La hija de Atenea se levantó curiosa y preocupada y llego hasta Perseo, el cual le entrego el paquete con el sobre encima.
Annabeth leyó el sobre, el cual ponía su nombre y lo abrió con dedos temblorosos, y bajo la atenta mirada de todos los presentes.
Para Annabeth.
Sabemos que echas de menos al hijo de Poseidón, el cual nos ha pedido que te digamos que también te echa de menos y que está deseando que llegue el momento de aparecer. Pero de momento eso no será posible, así que para cumplir tu deseo te enviamos esto que esperamos que te sirva.
No pierdas la esperanza, Hija de Atenea
Las Parcas
Abrió el paquete con curiosidad solo para encontrarse con sudadera que Percy llevaba siempre, su sudadera preferida. Lentamente se la acerco a su cuerpo para inhalar el aroma a mar, el aroma característico de su sesos de alga. Ni siquiera se dio cuenta de la lágrima que corría por su mejilla, simplemente se aferró a la prenda con más fuerza y con una sonrisa.
Sujeto la sudadera y la carta fuertemente al volver a su asiento, a la vez que todos la miraban confusos. Al sentarse, Thalía la miró inquisitiva, a lo que la hija de Atenea solo le dio una sonrisa y le entrego la carta para que pudiera leerla.
-"¿Puedo leerla en voz alta?"- Pregunto la hija de Zeus a lo que Annabeth solo se encogió de hombros mientras se ponía la prenda sobre su camiseta del Campamento Mestizo, la cual le llegaba hasta la mistad del muslo y le quedaba bastante ancha.
Thalía comenzó a leer la nota, palabra a palabra, cada vez con una sonrisa más grande. Cuando termino muchos de los presentes tenían una sonrisa, excepto Atenea, Hércules y los romanos. La primera de repulsión por la relación del engendro de Poseidón con su hija y los últimos simplemente por desagrado ante la aceptación del hijo de Poseidón.
Todos los que estaban sonriendo miraron tanto al pequeño en brazos de Deméter como a la hija de Atenea la cual sonrojada estaba sonriendo. Aunque también estaban un poco decepcionados al oír que Percy todavía no llegaría.
Sonreí con aire de ensoñación, y estaba a punto de frotarme la mejilla con el chal cuando Annabeth me lo arrebató y se lo metió en el bolsillo.
-"Oww, eso podría haber sido divertido"- Dijo Afrodita con un pequeño puchero.
— Ah, no, de eso nada. Apártate de esa magia de amor.
— ¿Qué?
-"Eso nos habría ahorrado muchas discusiones para ver cuando los dos os volveríais novios"- Dijo Silena con un pequeño mohín.
-"¿Qué?"- Pregunto la hija de Atenea confusa.
-"Oh nada importante, solo que todos en el campamento, cuando tú y Percy no estabais discutíamos en la hoguera, después de cenar cuanto tiempo os iba a llevar a que os hicierais novios. Era divertidísimo, sobre todo cuando alguien daba un nuevo cotilleo sobre como os había visto a los dos solos en el muelle o hablando, o tras cosas"- Dijo la hija de Afrodita con una sonrisa a la vez que todos los del campamento mestizo que habían estado en esa época se reían recordando esos momentos.
— Tú recoge el escudo, sesos de alga, y larguémonos de aquí.
En el momento en que toqué el escudo supe que teníamos problemas. Mi mano rompió algo que lo unía al tablero de mandos. Una telaraña, pensé, pero lo examiné en la palma y vi que era un delgado filamento de metal.
Estaba puesto ahí para tropezar con él.
-"Oh oh, esto no tiene muy buena pinta"- Dijo Leo.
-"No me digas"- Dijo Jason poniendo los ojos en blanco.
— Espera —dijo Annabeth.
— Demasiado tarde.
— Hay otra letra griega a este lado del bote, otra eta. Esto es una trampa.
-"Lo siento"- Gruño el dios de la forja desde su trono.
-"No fue su culpa señor Hefestos"- Dijo la hija de Atenea con una sonrisa.
Se produjo el chirriante ruido de un millón de engranajes que comenzaban a funcionar, como si la piscina estuviera convirtiéndose en una máquina gigante.
— ¡Cuidado, chicos! —gritó Grover.
-"Ojala nos hubiéramos dado cuenta antes de que era una trampa"- Dijo Grover en un suspiro, haciendo que todos se tensaran un poco.
Arriba, en el borde, las estatuas de Cupido tensaban sus arcos en posición de disparo. Sin darnos tiempo de ponernos a cubierto, dispararon, pero no hacia nosotros sino unas a otras, a ambos lados de la piscina. Las flechas arrastraban cables sedosos que describían arcos sobre la piscina y se clavaban en el borde, formando un enorme entramado dorado. Entonces, por arte de magia, empezaron a tejerse hilos metálicos más pequeños, entrelazándose hasta formar una red.
-"Oh no. Por favor que salgan sanos y salvos de allí"- Rogo Poseidón mirando a su hijo con preocupación.
— Tenemos que salir de aquí —dije.
— ¡Menudo lumbrera! —ironizó Annabeth.
-"Eso tampoco ayuda mucho la verdad"- Dijo Artemisa con una mueca.
Agarré el escudo y echamos a correr, pero salir de la piscina no era tan fácil como bajar.
— ¡Venga! —nos urgió Grover.
-"Par ti es fácil chico cabra"- Dijo Nico.
Intentaba rasgar la red para abrirnos una salida, pero cada vez que la tocaba los hilos de oro le envolvían las manos. De repente, las cabezas de los cupidos se abrieron y de su interior salieron videocámaras y focos que nos cegaron al encenderse.
Un altavoz retumbó:
-"Oh, estoy deseando que eso pase para poder verlo en vivo"- Dijo Apolo con una sonrisa.
«Retransmisión en directo para el Olimpo dentro de un minuto… Cincuenta y nueve segundos, cincuenta y ocho…»
— ¡Hefestos! — Gritó Annabeth—. ¡Cómo no me di cuenta antes! Eta es hache. Fabricó esta trampa para sorprender a su mujer con Ares. ¡Ahora van a retransmitirnos en vivo al Olimpo y quedaremos como idiotas totales!
-"Creo que es mejor salir vivo que quedar como idiotas totales"- Dijo Teseo con una mueca mientras miraba a su hermanito con preocupación.
Casi habíamos llegado al borde, cuando de pronto los espejos en hilera se abrieron como trampillas y de ellas emergió un torrente de diminutas cosas metálicas…
Annabeth se estremeció recordando a las arañas, ganándose miradas inquisitivas de todos.
Annabeth soltó un grito de horror.
-"Espera, si Annabeth se asusto debe haber sido algo terrible"- Dijo Katie estremeciéndose.
Parecía un ejército de bichitos de cuerda: cuerpos de bronce, patas puntiagudas y afiladas pinzas, y se dirigían hacia nosotros como una marabunta, en una oleada de chasquidos y zumbidos metálicos.
— ¡Arañas! —exclamó Annabeth, despavorida—. ¡A-aaa-raaaaa…!
-"Tenían que ser arañas"- Dijeron los de la cabaña de Atenea estremeciéndose, al igual que su madre.
Nunca la había visto así. Trastabilló y cayó hacia atrás, presa del pánico, y las arañas robot casi la cubrieron completamente antes de que lograse levantarla y tirar de ella hacia el bote.
-"Nunca te había visto así"- Dijeron los Stoll mirando a Annabeth con la boca abierta.
-"Son las arañas"- Dijo Annabeth intentando no estremecerse.
Aquellas cosas seguían apareciendo por doquier, miles de ellas, bajando sin cesar a la piscina y rodeándonos.
Me dije que probablemente no estaban programadas para matar, sólo para acorralarnos, mordernos y hacernos parecer idiotas. Entonces caí en la cuenta de que era una trampa para dioses.
Y nosotros no éramos dioses.
-"Lo lamento, pero la trampa no estaba diseñada para semidioses"- Dijo Hefestos con una mueca.
Subimos al bote y empecé a apartar arañas a patadas a medida que trepaban.
Le grité a Annabeth que me ayudara, pero estaba como paralizada y sólo podía gritar.
-"No fui una gran ayuda, la verdad"- Dijo Annabeth en un suspiro y mirando hacia abajo.
«Treinta, veintinueve, veintiocho…», proseguía el altavoz.
Las arañas empezaron a escupir filamentos de metal buscando amarrarnos.
Al principio fue fácil zafarnos, pero había demasiados y las arañas no dejaban de llegar. Le aparté una a Annabeth de la pierna, y otra se llevó un trocito de mis zapatillas surferas con las pinzas.
-"Dime que salisteis de ahí de una pieza"- Le rogo Thalía a la hija de Atenea la cual no le respondió, lo que no aplaco la preocupación de la hija de Zeus.
Grover revoloteaba por encima de la piscina con las zapatillas voladoras, intentando perforar la red, pero no cedía.
«Piensa —me dije—. Piensa.»
-"No te hagas daño a ti mismo"- Dijo Nico, rompiendo la tensión momentáneamente cuando todos se echaron a reír.
Podríamos haber huido por la entrada del Túnel del Amor, de no haber estado bloqueada por un millón de arañas robot.
«Quince, catorce, trece…», contaba sin pausa el altavoz.
«Agua… ¿De dónde sale el agua?»
-"Guau, de verdad tuvo una idea"- Dijo Thalía apuntándolo en su cuaderno con una sonrisa divertida.
Y entonces las vi: los espejos trampilla eran el desagüe de gruesas tuberías de agua, y por allí habían venido las arañas. Encima de la red, junto a uno de los cupidos, había una cabina de cristal que debía de contener los mandos.
— ¡Grover! —grité—. ¡Ve a la cabina y busca el botón de encendido!
-"La verdad es que es una muy buena idea"- Dijo Malcom un poco sorprendido.
— Pero…
— ¡Hazlo! —Era una esperanza loca, pero nuestra única oportunidad. Las arañas ya rodeaban el bote por completo y Annabeth seguía gritando como una posesa.
-"No, ninguna ayuda en absoluto"- Dijo la hija de Atenea con una mueca triste.
Teníamos que salir allí.
-"No me digas"- Dijo Hércules burlesco, aunque solo lo escucharon los que estaban sentados a su alrededor, que para su mala suerte eran los héroes del pasado. Estos lo miraron con desconfianza, planeando ya entrenar al pequeño hijo de Poseidón, solo por si acaso a Tóntules se le ocurría atacar al pequeño, ahora que no podía defenderse. Pero este otro de los motivos por los que ellos no le iban a perder de vista.
Grover se metió en la cabina y empezó a pulsar botones a la desesperada.
«Cinco, cuatro…»
Me hizo señas con las manos, dándome a entender que había apretado todos los botones pero seguía sin pasar nada.
-"Por favor que ocurra un milagro"- Dijo Poseidón con preocupación.
Cerré los ojos y pensé en olas, agua desbordante, el río Mississipi… Sentí un tirón familiar en el estómago. Intenté imaginar que arrastraba todo el océano hasta Denver.
«Dos, uno, ¡cero!»
Las tuberías se sacudieron y el agua inundó con un rugido la piscina, arrastrando las arañas.
-"Siiiii"- Gritaron mucho de los mestizos sonrientes.
-"Vaya, eso es impresionante, para alguien que acaba de descubrir que es hijo de Poseidón y todavía no sabe controlar el agua"- Dijo Hestia con una sonrisa.
Tiré de Annabeth para sentarla a mi lado y le abroché el cinturón justo cuando la primera ola nos cayó encima y acabó con todas las arañas.
-"Gracias sesos de alga"- Dijo Annabeth con una sonrisa cariñosa.
El bote viró, se levantó con el nivel del agua y dio vueltas en círculo encima del remolino.
El agua estaba llena de arañas que chisporroteaban en cortocircuito, algunas con tanta fuerza que incluso explotaban.
-"Ese debe ser un espectáculo impresionante"- Dijo Hermes pensando en cómo se vería en vivo por la televisión del Olimpo.
Los focos nos iluminaban y las cámaras cupido filmaban en directo para el
Olimpo.
Me concentré en controlar el bote y lograr que siguiera la corriente sin estrellarse contra las paredes.
Quizá fue mi imaginación, pero el bote pareció responder; por lo menos no se hizo añicos.
-"No era su imaginación. Mis hijos tienen el poder de controlar las embarcaciones"- Dijo Poseidón sonriendo aunque seguía preocupado por su hijo.
-"Es bastante impresionante"- Dijeron Annabeth, Hazel y Frank, los cuales se miraron entre ellos confusos. La primera recordando cuando Percy había controlado el barco de Barbanegra El Vengador de la reina Ana. Y los otros recordando cuando Percy se había encargado del barco que les habían entregado para su misión en Nueva Roma.
Dimos una última vuelta cuando el nivel del agua era casi tan alto como para cortarnos en juliana contra la red.
Entonces la proa viró en dirección al túnel y nos lanzamos a toda velocidad hacia la oscuridad.
Nos sujetamos fuerte y gritamos al unísono cuando el bote remontó olas, pasó pegado a las esquinas y se escoró cuarenta y cinco grados al paso de imágenes de Romeo y Julieta y otro montón de tonterías de San Valentín.
-"No son tonterías"- Dijo en un mohín la diosa del amor.
-"Eso sí que es una atracción"- Dijeron los chicos sonriendo como locos.
En la recta final del túnel, la brisa nocturna nos revolvió el pelo cuando el bote se lanzó como un bólido hacia la salida.
Si la atracción hubiese estado en funcionamiento, habríamos llegado a una rampa entre las Puertas Doradas del Amor y, de allí, chapoteado sin problemas hasta la piscina de salida.
-"Pero eso era demasiada suerte para el sesos de alga"- Dijo Thalía con una mueca.
Pero había un problema:
-"Siempre hay problemas contigo Percy"- Dijo Rachel suspirando.
Las Puertas del Amor estaban cerradas con una cadena. Un par de botes que al parecer habían salido del túnel antes que nosotros se habían estrellado contra las puertas: uno estaba medio sumergido, y el otro partido por la mitad.
-"Quedaríais espachurrados"- Dijo Connor con una mueca.
-"No me digas"- Dijo Katie dándole un golpe en el brazo.
— ¡Quítate el cinturón! —le grité a Annabeth.
— ¿Estás loco?
-"La verdad es que también fue una buena idea"- Dijo Annabeth sorprendiendo a todos los que la escucharon.
— A menos que quieras morir aplastada. —Me amarré el escudo de Ares al brazo—. Tendremos que saltar. —Mi idea era tan sencilla como demencial: cuando el bote chocara, aprovecharíamos el impulso como trampolín y saltaríamos por encima de la puerta.
-"Vale esto es muy raro. Esa son dos ideas buenas en un solo día. Thals lo estas apuntando"- Dijo Nico con una sonrisa divertida.
Jamás había oído que nadie sobreviviera a impactos de esa índole, arrojados a diez o doce metros del lugar del accidente. Pero nosotros, con un poco de suerte, aterrizaríamos en la piscina.
-"Suerte"- Dijo Will con pesadumbre –"Justo lo que Percy no tiene."
Annabeth pareció comprender y me aferró la mano.
-"No será la última vez"- Dijo Silena con una sonrisa mientras la hija de Atenea se sonrojaba.
Las puertas se acercaban a gran velocidad.
— Yo doy la señal —dije.
— ¡No! ¡La doy yo!
-"Mandona"- Murmuraron los Stoll, que para su suerte no fueron escuchados por Annabeth.
—Pero ¿qué…?
— ¡Física sencilla, amiguito! —me gritó
-"Amiguito"- Se rio Nico.
-"Ahora creo que Annie prefiere llamarlo cielito"- Dijo Thalía riéndose.
-"Callaos"- Dijo la hija de Atenea totalmente sonrojada.
— La fuerza calcula el ángulo de la trayectoria…
-"Ugh, no puedes hablar en cristiano"- Dijo Travis haciendo una mueca.
— ¡Vale! —exclamé—. ¡Tú das la señal!
-"Buena forma de cortar todo ese rollo"- Dijo Connor riendo.
Vaciló… vaciló… y de repente gritó:
— ¡Ahora!
Annabeth tenía razón.
-"Cuando no"- Ironizó Clarisse.
De haber saltado cuando decía yo, nos habríamos estrellado contra las puertas. Consiguió el máximo impulso… más del que necesitábamos: el bote se estrelló contra las barcas estropeadas y salimos despedidos violentamente por el aire, justo por encima de las puertas y la piscina, directos al sólido asfalto.
-"La mala suerte de Percy no os puede dejar ni un momento tranquilos"- Dijo Rachel en un suspiro.
Algo me agarró por detrás.
— ¡Ay! —se quejó Annabeth.
-"Quejica"- Dijo Clarisse en un murmullo.
¡Grover! En pleno vuelo nos había atrapado, a mí por la camisa y a Annabeth por el brazo, e intentaba evitarnos un aterrizaje accidentado, pero íbamos embalados.
— ¡Pesáis demasiado! — Dijo Grover
-"¿Perdón?"- Dijo indignada la hija de Atenea causando una gran cantidad de risas.
— ¡Nos caemos!
-"Pues sí que debíais pesar"- Dijo Leo divertido-
Descendimos al suelo describiendo espirales, Grover esforzándose por amortiguar la caída.
Chocamos contra un tablón de fotografías y la cabeza de Grover se metió directamente en el agujero donde se asomaban los turistas para salir en la foto como Noo-Noo la ballena simpática.
La risa no se hizo de esperar mientras Grover se sonrojaba un poco pero sonreía divertido por el recuerdo.
Annabeth y yo dimos contra el suelo; fue un golpe duro, pero estábamos vivos y el escudo de Ares seguía en mi brazo.
En cuanto recuperamos el aliento, liberamos a Grover del tablón y le dimos las gracias por salvarnos la vida.
-"No fue nada"- Dijo Grover todavía un poco sonrojado.
Me volví para contemplar la Emocionante Atracción del Amor. El agua remitía. Nuestro bote, estrellado contra las puertas, había quedado hecho trizas.
Cien metros más allá, en la piscina, los cupidos seguían filmando. Las estatuas habían girado de manera que las cámaras y las luces nos enfocaban.
— ¡La función ha terminado! —grité—. ¡Gracias! ¡Buenas noches!
La risa volvió a resonar por todo el salón del trono.
Los cupidos regresaron a sus posiciones originales y las luces se apagaron. El parque quedó tranquilo y oscuro otra vez, excepto por el suave murmullo del agua en la piscina de salida de la Emocionante Atracción del Amor.
Me pregunté si el Olimpo habría pasado a publicidad y si habríamos estado bien de audiencia.
-"Yo diría que una buena audiencia. Eso debe haber sido genial"- Dijo Hermes riendo.
Detestaba que me provocaran y me la jugaran. Y tenía mucha experiencia en el trato con abusones a los que les gustaba hacerme esa clase de cosas.
-"Todos los semidioses pasan por eso, o la mayoría"- Dijo Lee con una mueca.
Levanté el escudo que llevaba en el brazo y me volví hacia mis amigos.
—Vamos a tener unas palabritas con Ares.
-"¿Por qué siento que Percy va a acabar enfadando a Ares?"- Dijo Thalía en un murmullo.
-"Terminado"- Dijo Michael sonriente.
-"¿Por qué no vamos a comer?"- Dijo Hestia con una sonrisa cálida.
Espero que os haya gustado. Y intentare publicar el próximo lo más rápido posible.
Un beso: Natilovebooks ;p
