Hola, lamento haber tardado tanto, pero es que con los estudios y exámenes no me queda mucho tiempo para lo demás pero no se preocupen, no dejare esta historia, tengo tantas ideas que quiero incluir.
También déjenme decirles que puede que se lleven una pequeña decepción, con la aparición, pero si quieren saberlo sigan leyendo.
Espero que disfruten y que me dejen muchos reviews, me animan a seguir esforzándome mucho para hacer lo mejor posibles estos capítulos.
En fin, un beso de: Natilovebooks.
Cada uno de los semidioses se desperezó, al igual que los dioses al levantarse para ir al comedor.
Percy, todavía con la diosa Deméter, estaba sujeto de una mano por la diosa y por la otra de Poseidón que sonreía a su hijo pequeño que reía mientras ambos dioses le levantaban por los brazos y lo columpiaban entre ambos.
Todos los semidioses miraban con cariño la imagen, cada uno añorando cuando el hijo del dios del mar se presentara.
Bien era cierto que Percy no había estado mucho tiempo con los romanos, pero todo en ese poco tiempo había conseguido que cada uno de los semidioses romanos lo respetaran, y lo trataran como a un hermano.
Percy había conseguido que el campamento no pareciera un lugar militar, si no como una campamento de verano normal, donde uno hace las actividades no solo para sobrevivir si no como un modo de entretenerse con los amigos y con la familia. Eso era lo que había hecho el hijo de Poseidón, había echo de los romanos una familia, y nunca podrían agradecérselo lo suficiente. Había demostrado que los griegos merecían tanto respeto como cualquier romano, que no estaban por debajo de ellos. Solo si sus compañeros caídos pudieran ver eso, pero ellos se lo demostrarían, les demostrarían que Percy es a alguien a quién respetar y querer, no una alimaña.
Al llegar al comedor todos volvieron a sentarse mezclados, sorprendiendo a los romanos y enfureciéndolos. Pero sabiamente no dijeron nada, no querían que el dios del mar volviera a estar furioso, era incluso más aterrador que Zeus y Hades.
En una de las mesas se encontraban todos los amigos cercanos a Percy, riendo y disfrutando, y sobretodo haciendo sonrojar a la hija de Atenea, que todavía llevaba la sudadera de Percy puesta.
Cuando hubo un poco de silencio, mientras todos comían Teseo hablo con su hermano y los otros héroes del pasado aunque todos en la mesa le escucharon.
-"Tenemos que pensar en cómo vamos a proteger a Percy"- Dijo Teseo frunciendo el ceño preocupado mientras miraba a su hermanito, el cual volvía a ser alimentado por la diosa Deméter.
-"¿Protegerlo de qué exactamente?"- Pregunto Thalía alzando las cejas sorprendida.
-"De Hércules"- Dijo Perseo con una mueca.
-"Por eso no te preocupes, Percy podría llegar a matarlo si nadie lo detiene"- Dijo Nico con una sonrisa un poco sádica.
-"¿Por qué Percy querría matar a Hércules?"- Pregunto Orión curioso.
-"Por Zoe, pero toda la historia saldrá en el tercer libro, creo"- Dijo Grover.
-"De todos modos tenemos que protegerlo"- Dijo Aquiles, a lo que los demás héroes asintieron con vehemencia.
-"¿Por qué?"- Pregunto Katie preocupada.
-"No conocéis a Hércules como nosotros, el no esperara a que Percy se presente y sea capaz de derrotarlo. Intentará acabar con él cuando todavía es pequeño."- Dijo Teseo con los dientes apretados.
-"¡¿Qué?!"- Susurró Annabeth con furia y preocupación.
-"Veréis, Hércules no soporta que alguien sea considerado más poderoso que él. Siempre que algún semidiós podía ser más fuerte que él, Hércules iba a su encuentro y lo mataba, sin importar el cómo. Eso no volvió a suceder cuando fue convertido en un dios menor y lo desterraron a vigilar la entrada al Mare Nostrum, la entrada al antiguo mundo, el origen de los dioses. Pero ahora que está de vuelta aquí, sé que va a intentar acabar con mi hermanito antes de que pueda hacerse más famoso que él." – Dijo Teseo con una mueca.
-"Qué ni siquiera se atreva a tocarle un pelo a mi primo, porque si lo hace lo mato."- Dijo Thalía mirando a Hércules con rabia, el cual estaba sentado en la misma mesa que Octavian y los romanos resucitados.
-"No lo hará Thalía. Nosotros nos encargaremos de ello"- Dijo Perseo poniéndole a su hermana una mano en el hombro para calmarla.
-"¿Cómo?"- Pregunto Hazel preocupada.
-"Le vigilaremos. Tanto a Percy como a Hércules. No dejaremos que se acerque a mi hermanito si podemos evitarlo"- Dijo Orión con seguridad y determinación.
-"No deberíamos decírselo a los dioses"- Pregunto Rachel mirando en dirección a Poseidón que sonreía divertido a su hijo que no paraba de reír mientras la diosa Deméter hacia el avioncito para darle de comer.
-"No, solo conseguiríamos una guerra entre ellos cuando Poseidón matara a Hércules"- Dijo Aquiles con una mueca.
-"Espero que eso sea suficiente"- Dijo en un murmullo Annabeth.
-"Lo será, tranquila."- Dijo Perseo sonriendo tranquilizadoramente a la hija de Atenea.
Después volvieron a comer, ahora un poco más callados después de esta preocupante noticia.
-"Vamos, tenemos que volver a leer o sin nunca acabaremos con estos dichosos libros"- Dijo Zeus en un suspiro, haciendo que gran parte de los dioses pusieran los ojos en blanco.
Una vez estaban todos en la sala Castor se ofreció a leer el siguiente capítulo.
-"Cebra hasta Las Vegas"- Leyó el hijo de Dionisio.
El dios de la guerra nos esperaba en el aparcamiento del restaurante.
-"Espero que a Percy se le halla pasado un poco el enfado porque si no se va armar una grande."- Dijo Thalía divertida.
-"Ohh, créeme que se va armar la grande cuando los dioses escuchen como Percy se dirige a uno de ellos."- Dijo Annabeth mordiéndose el labio entre divertida y preocupada.
— Bueno, bueno —dijo—. No os han matado.
— Sabías que era una trampa —le espeté.
-"No, no se le ha pasado el enfado"- Dijo Nico con una sonrisa.
Ares sonrió maliciosamente.
— Seguro que ese herrero lisiado se sorprendió al ver en la red a un par de críos estúpidos. Das el pego en la tele, chaval.
-"Menos mal que no salieron heridos porque si así hubiese sido no tendrías lugar donde esconderte de la furia del tío P."- Dijo Hefestos mirando a su hermano con una sonrisa burlona en sus labios.
Le arrojé su escudo.
— Eres un cretino.
-"¿Cómo se atreve?"- Gritaron Ares y Zeus al mismo tiempo, el primero con incredulidad al oír como el mocoso le estaba hablando y Zeus porque no permitiría que nadie faltara el respeto a los dioses, eran los seres más superiores y como tal debían ser tratados con respeto.
-"Si no muestra respeto por los dioses debe ser castigado, incluso si llega a la pena de muerte. Ningún semidiós puede faltarnos el respeto de esa forma. Es por este motivo por el que quería deshacerme de ese niño. Los hijos de Poseidón son como su padre, irrespetuosos, incontrolables, poderosos y nunca siguen las reglas, por esto es una amenaza."- Dijo Zeus con una sonrisa de suficiencia, así conseguiría deshacerse del hijo de su hermano y podría intentar convencer a Thalía para que ella fuera el niño de la profecía, no pensaba permitir que ninguno de sus hijos quedaran renegados a un segundo lugar.
-"Ni se te ocurra tocarlo, o te juro que desearas estar con padre en el Tártaro"- Dijo Poseidón cogiendo su tridente con tanta fuerza que parecía que iba a romperlo.
-"Padre no puedes matarlo, ni siquiera hacerle daño, provocarías que el mundo quedara destruido"- Dijo Thalía mirando a su padre, ella nunca suplicaría pero si esto seguía así, haría todo lo necesario para que Percy no resultara herido, ella sabía que no podría recuperarse si perdía a su hermano.
-"Tonterías nadie es tan importante a parte de los dioses como para afectar tanto al mundo"- Dijo el rey de los dioses con una sonrisa socarrona.
-"Percy lo es"- Dijo Nico con los dientes apretados y una mirada de furia y preocupación a partes iguales.
-"No puedes hacerle nada padre, no podemos matar al muchacho del que las Parcas querían que leyéramos, aunque por mi parte no habría problema en deshacerse del engendro de Poseidón"- Dijo Atenea con altivez, y un poco de burla en la última parte. Poseidón se giró mirando en su dirección también mirándola con odio.
-"Madre como puedes decir algo así"- Dijo Annabeth con una lágrima en la mejilla.
-"Por favor Annabeth, no puedes dejar que este estúpido semidiós sea tu novio, ni siquiera tu amigo, es hijo de Poseidón. Puede que te haya afectado un poco ese engendro que no tendría que vivir si su podre hubiera sido responsable por un vez, pero con el tiempo comprenderás que él no es nada, y que tu mereces algo mucho mejor. Yo solo estoy intentando que entres en razón"- Dijo Atenea mirando a su hija con determinación.
-"Como se te ocurre decir que mi hijo no tiene que existir. Tengo que decirte que sí, lamento haber roto mi juramento, pero no por tener a Percy, si no por el destino que eso le acarreará a mi querido hijo. El que Percy haya nacido es una de las mejores cosas que me ha pasado y no me arrepiento de nada."- Dijo el dios del mar mirando a su pequeño hijo el cual le devolvió la mirada desde los brazos de la diosa Deméter, la cual ya había decidido protegerlo aunque eso le llevara problemas, al igual que la mayoría de dioses del consejo, incluidas sorprendentemente Hera y Artemisa.
Antes de que Zeus o Atenea volvieran a hablar intentando convencer al consejo de que Percy debía ser eliminado, un destello de luz apareció, y cuando se desvaneció había tres figuras encapuchadas con unas capas verde oscuro y cada una de las cuales tenía un objeto a su lado, la de la izquierda tenía una rueca y un huso con hilo del color del color del arco iris en ellos. La del centro poseía en una de sus callosas y arrugadas manos una vara con distintas marcas y la de la derecha poseía unas tijeras antiquísimas.
-"Las Moiras"- Susurro Rachel, ante lo que todos callaron de inmediato y miraron entre aterrorizados y preocupados a las tres mujeres que miraban directamente al rey de los dioses.
-"Tu Zeus, hijo de Cronos,"- Dijeron las tres Moiras al mismo tiempo –"no debes seguir por el camino que tenías pensado o te arrepentirás por el resto de tu vida inmortal en el Tártaro. Y no, no es una amenaza, es la realidad que ocurrirá dentro de trece años si decides eliminar a Perseus Jackson. Más te vale cambiar de opinión, al igual que Atenea, pues ya os hemos avisado. Decís que un solo semidiós no puede hacer esa diferencia en el mundo, y con estos libros se va a demostrar lo equivocados que ambos estáis. Por último tu hija de Atenea" – Dijeron mirando a Annabeth la cual palideció un poco – "Te tenemos un pequeño obsequio, 'Dulces sueños'."- Dijeron las tres antes de desaparecer en un rayo de luz.
Todos miraron otra vez en dirección al rey de los dioses y a la diosa de la sabiduría, que eran fulminados por casi la totalidad del consejo.
Mientras tanto Annabeth tenía el ceño fruncido, por la actitud de su madre hacia Percy y por el mensaje de las Moiras, que la había dejado confundida.
-"Deberíamos volver a leer"- Dijo Hermes serio, todavía molesto por la actitud de su padre y su media hermana hacia el hijo de su tío favorito.
La verdad es que Hermes consideraba a Poseidón como un padre, casi todos lo veían así, era cariñoso, amable y se preocupaba por todos. Eso convertía a Percy en casi un hermano, y no iba a permitir que alguien le dañara solo por existir. Porqué ellos no podían ver la bondad que albergaba el hijo de Poseidón, debía poseer muchas buenas cualidades como para que tanto los griegos como los romanos le consideraran un hermano, un líder y un héroe.
Annabeth y Grover contuvieron el aliento.
Ares agarró el escudo y lo hizo girar en el aire como una masa de pizza. Cambió de forma y se convirtió en un chaleco antibalas. Se lo colocó por la espalda.
-"¿Por qué Ares no reacciona cómo ahora?"- Pregunto Nico en voz baja para no provocar una situación como la anterior.
-"Se explica más adelante en el libro zombieman"- Dijo Grover en un susurro.
— ¿Ves ese camión de ahí? —Señaló un tráiler de dieciocho ruedas aparcado en la calle junto al restaurante—. Es vuestro vehículo. Os conducirá directamente a Los Ángeles con una parada en Las Vegas.
-"Con todo lo que nos costó recuperar el escudo podría haber sido un transporte mejor"- Dijo Annabeth en un murmullo con el ceño fruncido.
El camión llevaba un cartel en la parte trasera, que pude leer sólo porque estaba impreso al revés en blanco sobre negro, una buena combinación para la dislexia: «amabilidad internacional: TRANSPORTE DE ZOOS HUMANOS. PELIGRO: ANIMALES SALVAJES VIVOS.»
— Estás de broma —dije.
Zeus tuvo que morderse la lengua para no volver a gritar molesto por la actitud del hijo de su hermano, porque nadie quería ver que solo un hijo del rey de los dioses era merecedor del honor de ser llamado salvador del Olimpo y ser el líder de los campamentos.
Ares chasqueó los dedos. La puerta trasera del camión se abrió.
— Billete gratis, pringado. Deja de quejarte. Y aquí tienes estas cosillas por hacer el trabajo.
Sacó una mochila de nailon azul y me la lanzó. Contenía ropa limpia para todos, veinte pavos en metálico, una bolsa llena de dracmas de oro y una bolsa de galletas Oreo con relleno doble.
-"Pff, mejor que nada"- Resoplo Apolo.
— No quiero tus cutres… —empecé.
— Gracias, señor Ares —saltó Grover, dedicándome su mejor mirada de alerta roja—. Muchísimas gracias.
Me rechinaron los dientes.
-"Menos mal que lo detuviste G-man, o si no se habría armado una pelea monumental"- Dijo Thalía en un susurro.
Probablemente era un insulto mortal rechazar algo de un dios, pero no quería nada que Ares hubiese tocado. A regañadientes, me eché la mochila al hombro. Sabía que mi ira se debía a la presencia del dios de la guerra, pero seguía teniendo ganas de aplastarle la nariz de un puñetazo.
-"Vaya, fue capaz de darse cuenta de eso"- Dijo Nico con una sonrisa divertida.
-"Sabes que Percy puede ser una persona muy inteligente cuando quiere"- Dijo Annabeth mirando al hijo de Hades.
-"Lo sé, pero es divertido meterte con él."- Dijo Nico haciendo que Thalía soltara una risita, no había nada más divertido para los dos primos que hacer enfadar a Percy y salir huyendo cuando este les perseguía.
Me recordaba a todos los abusones a los que me había enfrentado: Nancy Bobofit, Clarisse, Gabe el Apestoso, profesores sarcásticos; todos los cretinos que me habían llamado «idiota» en la escuela o se habían reído de mí cada vez que me expulsaban.
-"Vaya, eso es más de lo normal para un semidiós."- Dijo Malcom con una mueca.
-"No me había imaginado que Percy lo pasara tan mal"- Dijo Travis con el ceño fruncido.
-"Que los semidioses se encuentren con niños que se rían de ellos y a matones es normal. Pero que incluso los profesores le hagan pasar malos ratos no es bueno."- Dijo Katie
-"Otra cosa más de la que hablar con él cuando llegue"- Dijo Annabeth apuntándolo con un suspiro triste.
Miré el restaurante, que ahora tenía sólo un par de clientes.
La camarera que nos había servido la cena nos miraba nerviosa por la ventana, como si temiera que Ares fuera a hacernos daño. Sacó al cocinero de la cocina para que también mirase. Le dijo algo. Él asintió, levantó una cámara y nos sacó una foto.
-"Oh genial, más problemas. ¿Es que no podéis tener ni cinco minutos de descanso?"- Preguntó Chris con una mueca divertida.
-"Con Percy hay, no es posible"- Dijo Rachel divertida.
«Genial —pensé—. Mañana otra vez en los periódicos.» Ya me imaginaba el titular: «Delincuente juvenil propina paliza a motorista indefenso.»
A pesar de la tensión por la visita de las Moiras, todos se echaron a reír.
— Me debes algo más —le dije a Ares—. Me prometiste información sobre mi madre.
-"Eso es ser un buen hijo, no olvidarse de su madre aun cuando estás enfadado"- Dijo Hera con una sonrisa mirando a Percy que estaba recostado contra el torso de Deméter y se le cerraban los parpados por el sueño.
— ¿Estás seguro de que la soportarás? —Arrancó la moto—. No está muerta.
Todo me dio vueltas.
-"Eso es normal, a todos les cambia la vida cuando le dicen que la persona más importante para ti no está muerta."- Dijo Annabeth con una sonrisa de comprensión, ella sabía cómo debió sentirse Percy en ese momento, ella había sentido lo mismo cuando Nico le dijo que su sesos de alga no estaba muerto.
— ¿Qué quieres decir?
-"Pues estaba bastante claro sesos de alga"- Dijo Thalía con una sonrisa burlona.
— Quiero decir que la apartaron de delante del Minotauro antes de que muriese. La convirtieron en un resplandor dorado, ¿no? Pues eso se llama metamorfosis. No muerte. Alguien la tiene.
-"¿Pero quién querría a Sally?"- Pregunto Poseidón molesto.
— ¿La tiene? ¿Qué quieres decir?
-"Justo escoge este momento para volver a ponerse lento"- Dijo Grover en un suspiro dramático haciendo a todos reír.
— Necesitas estudiar los métodos de la guerra, pringado. Rehenes… Secuestras a alguien para controlar a algún otro.
— Nadie me controla.
-"Cuanta razón tiene"- Dijo Annabeth con una sonrisa. Nadie, ni siquiera los dioses podían hacer que Percy les obedeciera si él no quería ayudar.
Se rio.
— ¿En serio? Mira alrededor, chaval.
Cerré los puños.
-"Tenéis que iros pronto o a Percy se le va a acabar la paciencia" –Dijo Travis con una mueca. No era nada divertido cuando Percy llegaba a ese estado en una de sus bromas.
— Sois bastante presuntuoso, señor Ares, para ser un tipo que huye de estatuas de Cupido.
Todos los dioses se echaron a reír mientras los semidioses, menos los hijos de Ares/Marte intentaban esconder sus sonrisas divertidas.
Tras sus gafas de sol, el fuego ardió. Sentí un viento cálido en el pelo.
-"Está vez sí que lo ha enfadado"- Dijo Teseo con preocupación por su hermanito.
— Volveremos a vernos, Percy Jackson. La próxima vez que te pelees, no descuides tu espalda.
Aceleró la Harley y salió con un rugido por la calle Delancy.
— Eso no ha sido muy inteligente, Percy —dijo Annabeth.
-"Annie, Annie, Annie, ¿ desde cuando Percy hace cosas inteligentes?"- Dijo Nico negando con la cabeza, divertido haciendo reír a todos en la sala.
— Me da igual.
— No quieras tener a un dios de enemigo. Especialmente ese dios.
-"Bueno, ahora tiene enemigos más peligrosos que esos"- Dijo Annabeth en un susurro aunque todos la escucharon y al instante se tensaron.
— Eh, chicos —intervino Grover—. Detesto interrumpiros, pero…
Señaló al comedor. En la caja registradora, los dos últimos clientes pagaban la cuenta, dos hombres vestidos con idénticos monos negros, con un logo blanco en la espalda que coincidía con el del camión: «amabilidad internacional.»
-"Amabilidad internacional mi …"- Dijo Grover antes de ser interrumpido por Annabeth.
-"Grover, que hay niños pequeños"- Dijo la hija de Atenea señalando a los semidioses más jóvenes de ambos campamentos y a Percy que ya se había quedado dormido en el regazo de Deméter.
— Si vamos a tomar el expreso del zoo —prosiguió Grover—, debemos darnos prisa.
No me gustaba, pero no teníamos opción. Además, ya había tenido suficiente Denver. Cruzamos la calle corriendo, subimos a la parte trasera del camión y cerramos las puertas.
Lo primero que me llamó la atención fue el olor. Parecía la caja de arena para gatos más grande del mundo.
-"Ugh, era asqueroso"- Dijeron Annabeth y Grover haciendo una mueca.
El interior del camión estaba oscuro, hasta que destapé a Anaklusmos. La espada arrojó una débil luz broncínea sobre una escena muy triste. En una fila de jaulas asquerosas había tres de los animales de zoo más patéticos que había visto jamás: una cebra, un león albino y una especie de antílope raro.
Artemisa frunció el ceño, ella era la protectora de los animales salvajes, esperaba que estos sujetos los trataran bien, porque si no tendría que iniciar una nueva cacería para transformarles en jackalopes.
Alguien le había tirado al león un saco de nabos que claramente no quería comerse.
La cebra y el antílope tenían una bandeja de polispán de carne picada. Las crines de la cebra tenían chicles pegados, como si alguien se hubiera dedicado a escupírselos. Por su parte, el antílope tenía atado a uno de los cuernos un estúpido globo de cumpleaños plateado que ponía: «¡Al otro lado de la colina!»
-"Chicas, cuando acabe la lectura, vamos a tener que hacer una nueva cacería para crear dos nuevos jackalopes"- Dijo la diosa de la caza con una sonrisa maliciosa, la cual sus cazadoras correspondieron.
Al parecer, nadie había querido acercarse lo suficiente al león, y el pobre bicho se removía inquieto sobre unas mantas raídas y sucias, en un espacio demasiado pequeño, entre jadeos provocados por el calor que hacía en el camión. Tenía moscas zumbando alrededor de los ojos enrojecidos, y los huesos se le marcaban.
— ¿Esto es amabilidad? —exclamó Grover—. ¿Transporte zoológico humano?
Seguro que habría salido otra vez a sacudirles a los camioneros con su flauta de juncos, y desde luego yo le habría ayudado,
-"Buen chico"- Dijo Artemisa sorprendido a todos, incluida ella misma.
Pero justo entonces el camión arrancó y el tráiler empezó a sacudirse, así que nos vimos obligados a sentarnos o caer al suelo.
Nos apiñamos en una esquina junto a unos sacos de comida mohosos, intentando hacer caso omiso del hedor, el calor y las moscas. Grover intentó hablar con los animales mediante una serie de balidos, pero se lo quedaron mirando con tristeza. Annabeth estaba a favor de abrir las jaulas y liberarlos al instante, pero yo señalé que no serviría de nada hasta que el camión parara.
Thalía y Nico se quedaron mirando a Annabeth con la boca ligeramente abierta, hasta que la hija de Atenea ya incómoda les pregunto:
-"¿Qué pasa?"
-"Percy ha sido más listo que tú, esto definitivamente tiene que ser registrado."- Dijo la hija de Zeus haciendo reír a todos mientras ella escribía en su libreta, donde tenían registrados todas las veces que Percy había sido inteligente, las cosas que no les había dicho y que tenían que hablar seriamente con él y las personas con las que tenía que tener una de sus charlas que te cambiaban por completo.
Además, me daba la sensación de que teníamos mucho mejor aspecto para el león que aquellos nabos.
-"Definitivamente, aunque parecía obsesionado con Percy, cada vez que miraba al león lo encontraba con la vista clavada en él."- Dijo Annabeth pensativa.
Encontré una jarra de agua y les llené los cuencos, después usé a Anaklusmos para sacar la comida equivocada de sus jaulas. Le di la carne al león y los nabos a la cebra y el antílope.
Grover calmó al antílope, mientras Annabeth le cortaba el globo del cuerno con su cuchillo.
Quería también cortarle los chicles a la cebra, pero decidimos que sería demasiado arriesgado con los tumbos que daba el camión. Le dijimos a Grover que les prometiera a los animales que seguiríamos ayudándolos por la mañana, después nos preparamos para pasar la noche.
-"Buenos niños, eso sí que es lo correcto."- Dijo Hestia con una sonrisa cariñosa y afectuosa.
Grover se acurrucó junto a un saco de nabos; Annabeth abrió una caja de nuestras Oreos con relleno doble y mordisqueó una sin ganas; yo intenté alegrarme pensando que ya estábamos a medio camino de Los Ángeles. A medio camino de nuestro destino.
-"Ugh, no puede dejar de ser dramático ni un solo día"- Dijo Katie con una sonrisa.
Sólo estábamos a 14 de junio. El solsticio no era hasta el 21. Teníamos tiempo de sobra.
-"Así que fue culpa suya, suya y de su penosa suerte"- Dijo Annabeth en un suspiro.
-"¿De que estas hablando Annie?"- Pregunto Thalía mirando a la hija de Atenea con una ceja alzada.
-"Ya lo veras, y no me llames Annie"- Dijo Annabeth, la última parte gritando y fulminando a su amiga la cual solo se rio
Por otro lado, no tenía idea de qué debía esperar.
Los dioses no paraban de jugar conmigo.
-"Mas te vale acostumbrarte primito. Eso no parece que vaya a cambiar en ningún momento cercano"- Dijo Nico con una mueca.
Por lo menos Hefestos había tenido la decencia de ser honesto: había puesto cámaras y me había anunciado como entretenimiento.
-"Gracias por el cumplido renacuajo"- Dijo Hefestos mirando al pequeño dormido en brazos de Deméter.
Pero incluso cuando aquéllas aún no estaban rodando, había tenido la impresión de que mi misión era observada. Yo no era más que una fuente de diversión para los dioses.
-"Todos lo somos, pero sin duda Percy se llevaría el Óscar."- Dijo Chris sarcástico.
— Oye —me dijo Annabeth—, siento haber perdido los nervios en el parque acuático, Percy.
-"Yo diría que eso fue más que perder los nervios princesita"- Dijo Clarisse de forma burlona.
-"Ya, pero según recuerdo, alguien también los perdió cuando estábamos en la isla de Polifemo, y este se enamoró de alguien especial"- Dijo Annabeth con una sonrisa maliciosa a la vez que Clarisse la miraba con el celo fruncido, pero con una chispa de diversión en sus ojos.
-"¿De qué conocéis a uno de mis peores hijos?"- Dijo Poseidón frunciendo el ceño con disgusto y pesadumbre pensando en una de sus mayores pesares.
-"Lo siento señor Poseidón, saldrá en el segundo libro"- Dijo Annabeth mirando al dios de los mares.
— No pasa nada.
— Es que… —Se estremeció—. ¿Sabes?, las arañas…
— ¿Por la historia de Aracne? —supuse—. Acabó convertida en araña por desafiar a tu madre a ver quién tejía mejor, ¿verdad?
-"Vaya, como lo sabía"- Dijeron Nico y Thalía con la boca abierta como un pez.
-"No lo sé, no recuerdo haberle contado esa historia antes de ir en la misión"- Dijo Annabeth pensativa.
-"O a lo mejor, el estudio sobre Atenea y sus hijos por cierta persona"- Dijo Silena con una sonrisa coqueta mirando a la hija de Atenea que había enrojecido hasta la raíz de su pelo mientras los demás se reían por lo bajo.
Annabeth asintió.
— Los hijos de Aracne llevan vengándose de los de Atenea desde entonces. Si hay una araña a un kilómetro a la redonda, me encontrará. Detesto a esos bichejos. De todos modos, te la debo.
— Somos un equipo, ¿recuerdas? —dije—. Además, el vuelo molón lo ha hecho Grover.
Pensaba que estaba dormido, pero desde la esquina murmuró:
— ¿A que he estado total?
-"Y yo que pensaba que tanto tiempo con Percy podría no haberte afectado, veo que me equivocaba, has cogido el mismo ego que tiene él."- Dijo Thalía en broma haciendo que su amigo sátiro se sonrojara más allá de lo posible mientras el resto se reía.
Annabeth y yo nos reímos. Sacó una Oreo y me dio la mitad.
— En el mensaje Iris… ¿de verdad Luke no dijo nada?
-"Sabes Annabeth, tienes suerte de que el sesos de alga no esté aquí o si no se habría enfadado mucho, muchísimo con estas situaciones"- Dijo Nico con una sonrisa dirigida a una sonrojada Annabeth. Pero antes de que esta pudiera responder, Atenea tomo la palabra, aun enfadada por como las Moiras le habían prohibido deshacerse del hijo de Poseidón.
-"Mi hija no tiene por qué dar explicaciones a ese engendro de Poseidón, es más, yo preferiría al hijo de Hermes antes que a esa aberración. "- Dijo la diosa de la sabiduría descargando toda su rabia, pero lo que no había previsto es que casi la totalidad de los presentes, incluidos sus hijos para su sorpresa y disgusto y también algunas de las cazadoras, aunque en menor medida, la miraran enfadados y molestos por sus insultos hacia el joven.
-"Atenea, ya basta"- Dijo Poseidón con la voz tan fría como un trozo de hielo que hizo que a todos les recorriera un escalofrío, aunque la que más pavor sentía era dicha diosa que temía darse la vuelta para enfrentar al dios de los mares. Al fin se armó de valor y giró lentamente hasta quedar mirando hacia su tío, que estaba de pie delante de su trono, con el tridente sujeto tan firmemente que sus nudillos comenzaban a ponerse blancos por la fuerza ejercida.
-"Solo he dicho lo que creo, y lo que sé que es verdad. Ninguno de tus hijos es lo suficiente bueno como para tener una relación con mis hijos."- Dijo la diosa de manera arrogante con una sonrisa de suficiencia con la que intentaba esconder su miedo.
-"Solo te lo diré una vez sobrina"- Dijo Poseidón apuntando a la diosa con su tridente – "No vuelvas a insultar a mis hijos o te las veras conmigo"- Termino furibundo el dios del mar. Él podía soportar que la diosa se metiera con él y le insultara cuantas veces le apeteciera, pero si había algo que no pensaba pasar por alto es que menospreciaran a sus hijos, los hijos que demostraban su valía y valor.
-"Pero, según recuerdo, algunos de tus hijos asesinan a mestizos, o no tío"- Dijo la diosa burlona.
-"Y si yo no recuerdo mal, tú y algunos de tus hijos son los causantes de las grandes guerras de la historia por culpa de tu estúpido orgullo"- Dijo el dios con los dientes apretados mirando a la diosa que se sonrojaba por la rabia de haber sido humillada.
-"Esos estúpidos romanos me quitaron el puesto que me corresponde."- Dijo la diosa con orgullo a la vez que fulminaba a los semidioses romanos de la sala.
-"Y tu puesto, como recordaras, siempre estará por debajo del mío, así que nadie, ni siquiera Zeus podría evitar que te lanzara al Tártaro por unos cuanto miles de años, recuerda eso."- Dijo el dios helando la sangre de todos a la vez que Atenea había comenzado a temblar.
La diosa intento buscar el apoyo de su padre pero este solo la miro impasible, él no era tan tonto como para enfrentar la ira de su hermano. Así que resignada la diosa volvió a sentarse .
Después de un incómodo y tenso silencio, Castor volvió a leer.
Mordisqueé mi galleta y pensé en cómo responder. La conversación del arco iris me había tenido preocupado durante toda la tarde.
— Luke me dijo que él y tú os conocéis desde hace mucho. También dijo que Grover no fallaría esta vez. Que nadie se convertiría en pino.
-"Gracias por la confianza amigo"- Dijo Grover con una mueca.
-"Grover, sabes que confiamos en ti. Percy pondría su vida en tus manos sin pensárselo si quiera."- Dijo Annabeth intentando reconfortar a su amigo, aunque aún estaba molesta con su madre por la escena que acababa de dar.
Al débil resplandor de la espada era difícil leer sus expresiones.
Grover baló lastimeramente.
— Debería haberte contado la verdad desde el principio. —Le tembló la voz—. Pensaba que si sabías lo bobo que era, no me querrías a tu lado.
-"Sabes que Percy te querría a su lado siempre, sin importar lo útil o inútil que eres, siempre que seas buena persona, el intentaría ser tu amigo." – Dijo Nico dirigiéndose a nadie en particular.
— Eras el sátiro que intentó rescatar a Thalía, la hija de Zeus.
-"Me sorprende que lo descubriera con tanta rapidez"- Se rió por lo bajo Thalía, a lo que le acompaño su primo.
Asintió con tristeza.
— Y los otros dos mestizos de los que se hizo amiga Thalía, los que llegaron sanos y salvos al campamento… —Miré a Annabeth—. Erais tú y Luke, ¿verdad?
-"Vaya, es más inteligente de lo que parece"- Dijo Artemisa en un susurro.
Annabeth dejó su Oreo sin comer.
— Como tú dijiste, Percy, una mestiza de siete años no habría llegado muy lejos sola. Atenea me guio hacia la ayuda. Thalía tenía doce; Luke, catorce. Los dos habían huido de casa, como yo. Les pareció bien llevarme. Eran… unos luchadores increíbles contra los monstruos, incluso sin entrenamiento.
Viajamos hacia el norte desde Virginia, sin ningún plan real, evitando monstruos hasta que Grover nos encontró.
-"Vaya, eso es muy duro para alguien tan joven"- Dijo Piper mirando tanto a Annabeth como a Thalía con admiración y compasión.
-"Ahora vez porque no queremos hablar mucho de nuestra infancia. Por esto es que también siempre le preguntamos a Percy por su infancia, con una madre como Sally debió de haber sido muy buena pero, por lo que se ahora, entiendo por qué cada vez que le preguntábamos cambiaba de tema al instante" – Dijo Thalía con el ceño fruncido.
— Se suponía que tenía que escoltar a Thalía al campamento —dijo Grover entre sollozos—. Sólo a Thalía. Tenía órdenes estrictas de Quirón: no hagas nada que ralentice el rescate. Verás, sabíamos que Hades le iba detrás, pero no podíamos dejar a Luke y Annabeth solos. Pensé… que podría llevarlos a los tres sanos y salvos. Fue culpa mía que nos alcanzaran las Benévolas. Me quedé en el sitio. Me asusté de vuelta al campamento y me equivoqué de camino. Si hubiese sido un poquito más rápido…
-"No fue culpa tuya Grover cuantas veces tendré que decírtelo"- Grito la hija de Zeus molesta. Grover solo agacho la cabeza con pesadumbre. –"Esta bien, cuando llegue Percy, tu serás uno de los primeros en ir a hablar con él sobre este tema, me escuchaste."- Dijo Thalía a lo que el sátiro asintió enérgicamente con la cabeza al ver la mirada que le dirigía su amiga.
— Ya basta —lo interrumpió Annabeth—. Nadie te echa la culpa. Thalía tampoco te culpaba.
—Se sacrificó para salvarnos. Murió por mi culpa. Así lo dijo el Consejo de los Sabios Ungulados.
-"Como dice Percy, no deberías hacerle caso a esos sátiros gordos que lo único que hacen es dormir y comer."- Dijo Nico con una sonrisa divertida.
— ¿Porque no pensabas dejar a otros dos mestizos atrás? —dije—. Eso es injusto.
— Percy tiene razón —convino Annabeth—. Yo no estaría aquí hoy de no ser por ti, Grover. Ni Luke. No nos importa lo que diga el Consejo.
Los Stoll se quedaron sin aire mirando a Annabeth a la vez que sonrisa divertidas se habría paso por sus labios.
-"Annabeth hace caso omiso de lo que le dice una autoridad"- Dijo Connor de manera dramática.
-"Esto es lo nunca visto, como se ve que Percy te hace bien"- Dijeron los Stoll para después echarse a reír, junto a todos, menos la diosa de la sabiduría, la cual estaba mordiéndose los labios para no volver a despotricar y volver a causar la ira de Poseidón, Hércules, el cual ya se encontraba tramando el plan para deshacerse del mocoso del dios del mar y los romanos que habían llegado gracias al deseo de Percy. Aunque algunos de estos comenzaban a sentir un poco de admiración por el joven héroe.
Grover siguió sollozando en la oscuridad.
— ¡Menuda suerte tengo! Soy el sátiro más torpe de todos los tiempos y voy a dar con los dos mestizos más poderosos del siglo, Thalía y Percy.
-"Perdón, y yo"- Dijeron Nico y Jason al mismo tiempo mirando a Grover con las cejas alzadas mientras Hazel y Thalía se reían de su infantilismo.
-"Para empezar, yo no os conocía a ninguno en esa época"- Dijo el sátiro, haciendo sonrojar un poco a los dos semidioses mientras los demás se reían disimuladamente.
— No eres torpe —insistió Annabeth—. Y eres más valiente que cualquier otro sátiro que haya conocido. Nómbrame alguno que se atreva a ir al inframundo. Seguro que Percy también se alegra de que estés aquí.
Me dio una patada en la espinilla.
-"No creo que eso hubiera sido necesario"- Dijo Frank
-"Si lo sé, pero no lo conocía tan bien en ese entonces"- Se defendió un poco sonrojada la hija de Atenea.
—Sí —contesté, aunque lo habría dicho incluso sin la patada.
—No fue la suerte lo que hizo que nos encontraras a Thalía y a mí, Grover. Eres el sátiro con más buen corazón del mundo. Eres un buscador nato. Por eso serás el que encuentre a Pan.
-"Y tenía razón"- Murmuro Annabeth con una sonrisa, solo las de su alrededor la escucharon.
-"Siempre es agradable cuando Percy da esos discursos motivadores"- Dijo Will con una sonrisa de añoranza, recordando todas las veces que Percy le había aconsejado para ser un buen líder de su cabaña.
Oí un hondo suspiro de satisfacción. Esperé que Grover dijera algo, pero sólo volvió más pesada su respiración. Cuando empezó a roncar, me di cuenta de que se había dormido.
— ¿Cómo lo hará? —me asombré.
-"Es un don"- Dijo Grover con una sonrisa, provocando que la sala se llenara de carcajadas.
— No lo sé —repuso Annabeth—. Pero ha sido muy bonito eso que le has dicho.
-"Casi siempre que Percy habla para animar a alguien es bonito lo que dice"- Dijo Lee con una sonrisa.
— Hablaba en serio.
Guardamos silencio varios kilómetros, zarandeados contra los sacos de comida. La cebra comía nabos. El león lamía lo que quedaba de carne picada y me miraba esperanzado.
-"Oh, ahora lo entiendo"- Dijo Grover pensativo.
-"El que chico cabra"- Dijo Thalía mirando a su amigo.
-"Es que esa noche tuve un extraño sueño en el que aparecía Percy, y en el cual tenía un sentimiento de respeto y admiración por él. Ahora veo de dónde venían esos sentimientos, el león respetaba a Percy, y no lo miraba porque quisiera comérselo, sino porque estaba agradecido con él por haberle dado la carne cuando ninguno de nosotros de atrevió."- Explico el sátiro ante la atenta mirada de todos, y ante la explicación algunos quedaron bastante sorprendidos, sobre todo las cazadoras.
Annabeth se frotó el collar como si estuviera concentrada pensando.
— Esa cuenta del pino —le pregunté—, ¿es del primer año?
Miró el collar. No se había dado cuenta de lo que estaba haciendo.
-"Nunca me di cuenta de que lo hacía hasta que Percy me lo dijo"- Dijo Annabeth con una sonrisa cariñosa.
— Sí —contestó—. Cada agosto, los consejeros eligen el evento más importante del verano y lo pintan en las cuentas de ese año. Tengo el pino de Thalia, un trirreme griego en llamas, un centauro con traje de graduación… Bueno, ése sí que fue un verano raro…
-"Te has dado cuenta de que desde que llego Percy, las cuentas siempre tienen algo que ver con él."- Dijo Polux, mirando su collar al igual que los demás semidioses griegos.
— ¿Y el anillo universitario es de tu padre?
— Eso no es asunto… —Se detuvo—. Sí. Sí que lo es.
-"¿Se lo vas a contar?"- Pregunto Thalía con sorpresa a la hija de Atenea la cual, como toda respuesta señalo el libro.
— No tienes que contármelo.
— No… no pasa nada. —Inspiró con dificultad—. Mi padre me lo envió metido en una carta, hace dos veranos. El anillo era… En fin, su mayor recuerdo de Atenea. No habría superado su doctorado en Harvard sin ella… Bueno, es una larga historia. En cualquier caso, dijo que quería que lo tuviera. Se disculpó por haber sido un estúpido, dijo que me quería y me echaba de menos. Quería que volviera a casa y viviera con él.
— Eso no suena tan mal.
— Sí, bueno… El problema es que me lo creí. Intenté volver a casa aquel año académico, pero mi madrastra seguía como siempre. No quería que sus hijos corrieran peligro por vivir con un bicho raro.
Los monstruos atacaban. Peleábamos. Los monstruos atacaban. Peleábamos. No llegué a las vacaciones de Navidad. Llamé a Quirón y volví directamente al Campamento Mestizo.
-"Me sorprende que te abrieras tan rápido a él, a nosotros nos costó una eternidad para que nos contaras tu historia"- Dijo Thalía a su amiga la cual asintió, antes de responder:
-"Sabes que cualquiera se abre a Percy, es imposible no decirle tus problemas y confiar en él."- Dijo la hija de Atenea con una sonrisa cariñosa mientras miraba al pequeño que dormía en el regazo de Deméter con un pequeño reguero de baba.
— ¿Crees que podrás vivir con tu padre otra vez?
No me miraba a los ojos.
-"Es de mala educación no mirar a la gente a los ojos Annie"- Regañaron en broma los Stoll ganándose una cuantas risas.
— Por favor. Paso de auto infligirme daño.
"No debería haber hecho eso"- Dijo Annabeth intentado detener la lágrima que le corría por la mejilla. El ambiente había cambiado por completo, de uno donde la risa era ligera y divertida a uno donde todos se tensaron y mandaban miradas preocupadas al hijo más pequeño de Poseidón.
-"Tu no podías saber qué es lo que pasaba con el padrastro del sesos de alga."- Dijo Thalía para reconfortar a su amiga.
-"Ni tu ni nadie podía saberlo, yo solo me entere porque un día Percy pensó tanto en él que sus sentimientos me llegaron por el enlace de empatía"- Dijo Grover en un susurró que todo el mundo escucho.
-"¿Y qué es lo que sentía al pensar en ese cerdo?"- Pregunto Nico, pensando en que si conocía los sentimientos de Percy al pensar en ese hombre podría saber que tan grave fue lo que paso en esa casa. Aunque sabía que no debía haber sido mucho. Era imposible que Percy tuviera una infancia tan mala, después de todo él era la alegría en persona.
Solo si Nico hubiera sabido que tan equivocado estaba.
-"Eso fue lo más sorprendente, nunca había sentido tanto odio y miedo en Percy. Aunque era un miedo extraño, como si no fuera por él, más como preocupación por otra cosa, ¿me entiendes?"- Dijo Grover mirando a Nico aunque hablando lo suficientemente alto como para que todos le escucharan con claridad. El hijo de Hades asintió con una mirada pensativa, al igual que muchos en la sala, intentando descifrar esos sentimientos.
— No deberías desistir —le dije—. Deberías escribirle una carta o algo así.
— Gracias por el consejo —me dijo fríamente—, pero mi padre ha escogido con quién quiere vivir.
Annabeth bajo la cabeza apenada, si solo ella hubiera sido más amable con él, quizás hubiera podido pasar más tiempo con él como pareja antes de que la odiosa reina del Olimpo se lo llevara.
Guardamos silencio durante unos cuantos kilómetros.
— Así que si los dioses pelean —dije al cabo—, ¿se alinearán del mismo modo que en la guerra de Troya? ¿Irá Atenea contra Poseidón?
-"Por supuesto, es una niña de papa, no iría en contra de su papaito"- Dijo Ares burlón causando la risa de todos los dioses menos Zeus y Atenea, los cuales estaban rojos de ira por la burla a su persona.
Annabeth apoyó la cabeza en la mochila que Ares nos había dado y cerró los ojos.
— No sé qué hará mi madre. Sólo sé que yo lucharé en tu bando.
— ¿Por qué?
— Porque eres mi amigo, sesos de alga. ¿Alguna otra pregunta idiota?
-"Era un pregunta válida, como iba a saber que eras su amiga si lo tratabas tan mal"- Dijo Leo, pero al instantes puso una mano sobre su boca y maldijo en griego antiguo mirando con miedo a la hija de Atenea.
-"Solo por esta vez tienes razón Valdez"- Dijo Annabeth fulminando a Leo con la mirada haciendo que este se estremeciera notablemente.
No se me ocurría qué decir. Afortunadamente no tuve que hacerlo. Annabeth se había dormido.
Yo tuve problemas para seguir su ejemplo, con Grover roncando y un león albino mirándome hambriento, pero al final cerré los ojos.
-"Con su suerte, seguro que tenía una pesadilla"- Dijo Teseo con una mueca, la verdad es que nunca había visto a un semidiós con peor suerte hasta que comenzaron a leer sobre su hermanito.
La pesadilla se inició como algo que había soñado antes un millón de veces: me obligaban a realizar un examen oficial metido en una camisa de fuerza.
Los demás chicos estaban saliendo al patio y el profesor no paraba de decir:
«Venga, Percy. No eres tonto, ¿verdad? Agarra el lápiz.»
-"Si me entero de que algún profesor le habla así a mi hermanito, se las tendrá que ver conmigo"- Dijo Orión molesto.
Y entonces el sueño se desviaba de su camino habitual.
Miraba hacia el pupitre de al lado y veía a una chica sentada allí, también con camisa de fuerza.
Tenía mi edad, el pelo negro y revuelto, peinado a lo punk, los ojos verdes y tormentosos pintados con lápiz oscuro, y pecas en la nariz. De algún modo, sabía quién era: Thalía, hija de Zeus.
-"¿Cómo?"- Dijo Thalía con la boca ligeramente abierta, al igual que la mayoría de personas en la sala.
-"Te ha descrito a la perfección Thals, solo fallo en los ojos, te describió como si fueras también una hija de Poseidón, su hermana"- Dijo Annabeth todavía sorprendida, pero con una sonrisa cariñosa mientras miraba a su amiga.
Thalía todavía un poco en shock, quería echarse a llorar, las palabras de la hija de Atenea, Percy la había considerado una hermana tan pronto y ella le había tratado como basura, le echaba la culpa del cambio de Luke y del secuestro de Annabeth, cuando él tenía algunos problemas más graves para afrontar, incluso acepto el peso de la profecía para que ella no tuviera que tener esas responsabilidades. Aun así se mantuvo fuerte, y no lloro, eso no se lo permitiría.
Ella forcejeaba con la camisa de fuerza, me lanzaba una airada mirada de frustración y espetaba:
— Bueno, sesos de alga. Uno de los dos tendrá que salir de aquí.
-"Y hasta tiene tu misma personalidad"- Dijo Bianca sorprendida mirando a la hija de Zeus.
«Tiene razón —pensaba yo en el sueño—. Voy a volver a esa cueva. Voy a darle a Hades mi opinión.»
La camisa de fuerza se desvanecía. Caía a través del suelo de la clase. La voz del maestro se volvía fría y malvada, resonando desde las profundidades de un gran abismo.
Algunos de los presentes se estremecieron mientras otros miraban al dios del inframundo.
— Percy Jackson —decía—. Sí, veo que el intercambio ha funcionado.
-"¿Qué intercambio?" - Pregunto Poseidón preocupado.
Estaba otra vez en la caverna oscura, los espíritus de los muertos vagaban alrededor.
Oculta en el foso, la cosa monstruosa hablaba, pero esta vez no se dirigía a mí. El poder entumecido de su voz parecía dirigido hacia otro lugar.
Hades frunció el ceño, esto no parecía ser obra suya, sino de su padre, y esto no auguraba nada bueno.
— ¿Y no sospecha nada? —preguntaba.
Otra voz, una que me resultaba conocida, respondía a mi espalda:
-"Luke"- Gruño Thalía en voz baja.
— Nada, mi señor. Está totalmente en la inopia.
-"Siempre está en la inopia"- Dijo Nico intentando relajar el ambiente, y consiguiéndolo a medias, pues se escucharon diversas risitas a lo largo de todo la sala.
Yo miraba, pero no había nadie. El que hablaba era invisible.
— Un engaño tras otro —musitaba la cosa del foso—. Excelente.
-"Engaño"- Murmuro Atenea pensativa.
— En serio, mi señor —decía la voz a mi lado—, hacen bien en llamaros el
Retorcido, pero ¿era esto realmente necesario? Podría haberos traído lo que robé directamente…
— ¿Tú? — Se burlaba el monstruo—. Has mostrado tus límites con creces. Me habrías fallado por completo de no haber intervenido yo.
—Pero, mi señor…
—Haya paz, pequeño sirviente. Estos seis meses nos han rendido mucho. La ira de Zeus ha aumentado. Poseidón ha jugado su carta más desesperada. Ahora la usaremos contra él. Pronto obtendrás la recompensa que deseas, y tu venganza. En cuanto ambos objetos me sean entregados… Pero espera.
-"Este no es Hades"- Dijo Poseidón sorprendiendo a todos, incluida a Atenea que miraba a su rival con burla, esperando que este se equivocara para poder burlarse.
-"¿Y cómo lo sabes?"- Pregunto Zeus frunciendo el ceño.
-"Porque Hades nos habría llamado hermanos, no por nuestros nombres. Si hubiera sido el habría dicho algo como: Mis hermanos están a punto de ser acabados, y bla bla bla"- Dijo el dios del mar como si fuera obvio. Atenea lo miro entre sorprendida y molesta, pues nunca habría esperado que él tuviera razón y tampoco que lo descubriera antes que ella.
Está aquí.
— ¿Qué? —El sirviente invisible de repente parecía tensarse—. ¿Lo habéis convocado, mi señor?
— No. —El monstruo centraba toda la fuerza de su atención en mí, dejándome inmóvil en el sitio.
-"Esto no tiene buena pinta"- Dijo Jason con una mueca.
— Maldita sea la sangre de su padre: es demasiado voluble, demasiado impredecible. El chico ha venido solo.
-"Igualito a ti hermano"- Dijo Deméter revolviendo el pelo del pequeño en sus brazos.
— ¡Imposible! —gritaba el sirviente.
— ¡Para un débil como tú, puede! —rugía la voz. Entonces su frío poder se volvía hacia mí—. Así que… ¿quieres soñar con tu misión, joven mestizo? Pues te lo concederé.
La escena cambiaba.
Estaba de pie en un enorme salón del trono con paredes de mármol negro y suelos de bronce. El trono, vacío y horrendo, estaba hecho de huesos humanos soldados.
-"Lo veis, si hubiera sido Hades el sueño hubiera empezado con ese paisaje"- Dijo Poseidón con una sonrisa.
De pie, junto al pedestal, estaba mi madre, helada en una luz dorada reluciente, con los brazos extendidos.
Intentaba acercarme a ella, pero las piernas no me respondían. Estiraba los brazos para alcanzarla, pero sólo para comprobar que se me estaban secando hasta los huesos.
Muchos de los presentes se estremecieron ante lo descrito en libro, mientras los amigos de Percy hacían una mueca de tristeza, ellos sabían lo difícil que debió de haber sido para el hijo de Poseidón el ver a su madre y no poder ayudarla.
Esqueletos sonrientes con armaduras griegas se cernían sobre mí, me envolvían en una túnica de seda y me coronaban con laureles que olían como el veneno de Quimera y me quemaban la piel.
La voz malvada se echaba a reír.
— ¡Salve, héroe conquistador!
-"Eso es monstruoso"- Dijo Piper con una mueca.
-"Bueno, es uno de los seres más malvados del mundo, es normal que sea tan cruel"- Dijo Leo frunciendo el ceño.
-"¿Crees que si Cronos hubiera ganado, le habría hecho eso a Percy.?"- Pregunto Annabeth a nadie en particular.
-"Annabeth, no te preocupes por eso, solo piensa en que ganamos"- Dijo Lee intentado animarla.
Desperté con un sobresalto.
Grover me sacudía por el hombro.
— El camión ha parado —dijo—. Creemos que vendrán a ver los animales.
— ¡Escóndete! —susurró Annabeth.
-"Tu lo tienes más fácil princesita"- Dijo Clarisse con sorna.
Ella lo tenía fácil. Se puso la gorra de invisibilidad y desapareció.
-"Ni una palabra a Prissy cuando llegue"- Dijo la hija de Ares mientras los demás se reían.
Grover y yo tuvimos que escondernos detrás de unos sacos de comida y confiar en parecer nabos.
Las puertas traseras chirriaron al abrirse. La luz del sol y el calor se colaron dentro.
— ¡Qué asco! —rezongó uno de los camioneros mientras sacudía la mano por delante de su fea nariz.
Artemisa, al igual que muchas de sus cazadoras gruñeron.
— Ojalá transportáramos electrodomésticos. —Subió y echó agua de una jarra en los platos de los animales—. ¿Tienes calor, chaval? —le preguntó al león, y le vació el resto del cubo directamente en la cara. El león rugió, indignado.
— Vale, vale, tranquilo —dijo el hombre.
-"Como puede hacerle eso a un pobre animal"- Dijo Deméter.
A mi lado, bajo los sacos de nabos, Grover se puso tenso. Para ser un herbívoro amante de la paz, parecía bastante mortífero, la verdad.
-"Cualquier sátiro se hubiera molestado, nosotros cuidamos de toda la naturaleza, incluidos los animales."- Dijo Grover con el ceño fruncido.
El camionero le lanzó al antílope una bolsa de Happy Meal aplastada. Le dedicó una sonrisita malévola a la cebra.
— ¿Qué tal te va, Rayas? Al menos de ti nos deshacemos en esta parada. ¿Te gustan los espectáculos de magia? Éste te va a encantar. ¡Van a serrarte por la mitad!
-"Oh, cuando pille a estos hombres, van a desear que les sierren por la mitad"- Gruño Artemisa.
La cebra, aterrorizada y con los ojos como platos, me miró fijamente.
No emitió sonido alguno, pero la oí decir con nitidez: «Por favor, señor, liberadme.»
-"Puede escuchar a las cebras"- Dijo Leo con los ojos abiertos
-"En realidad a la familia de los équidos, los caballos"- Dijo Annabeth, lo último al ver que Leo le miraba aún más confundido.
Me quedé demasiado conmocionado para reaccionar.
-"Normal, si yo oyera voces que parecen venir de una cebra también me sorprendería"- Dijo Chris divertido.
Se oyeron unos fuertes golpes a un lado del camión.
El camionero gritó:
— ¿Qué quieres, Eddie?
Una voz desde fuera —sería la de Eddie—, gritó:
— ¿Maurice? ¿Qué dices?
-"Ahhh, muy inteligente"- Dijo Atenea comprendiendo que lo ocurría.
— ¿Para qué das golpes?
Toe, toe, toe.
Desde fuera, Eddie gritó:
— ¿Qué golpes?
-"Muy lista Annie"- Dijo Thalía con una sonrisa.
-"Gracias, y no me llames Annie"- Dijo la hija de Atenea con una sonrisa.
Nuestro tipo, Maurice, puso los ojos en blanco y volvió fuera, maldiciendo a Eddie por ser tan imbécil.
-"Ambos son imbéciles"- Murmuro Hermes con una sonrisa divertida.
Un segundo más tarde, Annabeth apareció a mi lado. Debía de haber dado los golpes para sacar a Maurice del camión.
-"Vaya, lo descubrió"- Dijo Nico con una sonrisa divertida.
— Este negocio de transporte no puede ser legal —dijo.
— No me digas —contestó Grover. Se detuvo, como si estuviera escuchando—. ¡El león dice que estos tíos son contrabandistas de animales!
-"Debe ser ilegal, como no creer a un león que lo único que quieres es escapar"- Dijeron los Stoll totalmente serios como si todo lo que dijeron fuera totalmente lógico, mientras los demás se echaron a reír y Hermes miraba orgulloso a sus hijos.
«Es verdad», me dijo la voz de la cebra en mi mente.
-"Que animales más listos"- Dijo Michael riéndose.
— ¡Tenemos que liberarlos! —sugirió Grover, y tanto él como Annabeth se quedaron mirándome, esperando que los dirigiera.
-"Bueno, después de todo él era el líder."- Dijo Annabeth como excusa ante la mirada de su madre.
-"¿Pero y en la misión del laberinto?"- Pregunto Grover, aunque se arrepintió ante la mirada de la hija de Atenea.
-"¿Qué misión?"- Pregunto Atenea suspicazmente.
-"Saldrá en uno de los próximos libros"- Dijo Annabeth, hizo una pequeña pausa pensando en cómo responder a la pregunta antes de hablar, captando toda la atención – "Y en cuanto a lo de seguirlo en mi misión, él tenía más experiencia que yo en dirigir misiones, además, nadie puede evitar seguir al sesos de alga"- Termino la hija de Atenea sorprendiendo a todos los que no conocían a Percy, pues si una hija de la diosa de la sabiduría era capaz de dejar a un lado su orgullo para pedir ayuda de un hijo de Poseidón, es que ese muchacho tenía algo especial.
Había oído hablar a la cebra, pero no al león. ¿Por qué? Quizá se debiera a otra disfunción cognitiva… Quizá sólo podía entender a las cebras. Entonces pensé: caballos.
¿Qué había dicho Annabeth sobre que Poseidón había creado los caballos?
¿Se parecía una cebra lo suficiente a un caballo? ¿Por eso era capaz de entenderla?
-"Eso sí que es sorprendente, lo descubrió solito"- Dijo Thalía. Ella sabía que su primo era mucho más listo de lo que parecía, pero es que era muy divertido meterse con él, aunque aún era más divertido cuando el sesos de alga estaba presente.
La cebra dijo: «Ábrame la jaula, señor. Por favor. Después yo me las apañaré por mi cuenta.»
-"No creo que a Percy le haya hecho mucha gracia eso"- Dijo Grover con una sonrisa cariñosa al recordar a su mejor amigo.
-"A que te refieres"- Pregunto Apolo mirando al sátiro con curiosidad.
-"Pues que Percy se preocupa mucho por todos, incluidos los animales, sobre todo si son parientes del animal sagrado de su padre, por lo que no quería dejar a la pobre cebra a su suerte."- Explico Grover, cada vez con una sonrisa más grande.
Muchos se giraron para ver al pequeño en brazos de Deméter que jugaba con un peluche de un león que la diosa le había hecho aparecer, y ella junto con otros muchos le miraban sonrientes ante el corazón noble del pequeño, cuyo padre le sonreía con orgullo y cariño.
Fuera, Eddie y Maurice aún seguían gritándose, pero sabía que volverían en cualquier momento para atormentar otra vez a los animales. Empuñé la espada y destrocé el cerrojo de la jaula de la cebra.
El pobre animal salió corriendo. Se volvió y me hizo una reverencia con la cabeza. «Gracias, señor.»
-"¡Qué bien esta educada!"- Dijo Silena con una sonrisa.
Grover levantó las manos y le dijo algo a la cebra en idioma cabra, una especie de bendición.
Justo cuando Maurice volvía a meter la cabeza dentro para ver qué era aquel ruido, la cebra saltó por encima de él y salió a la calle. Se oyeron gritos y bocinas.
-"Ojala le hubiera pegado en la cabeza al saltar"- Dijo Grover haciendo un puchero, haciendo que los demás se rieran.
Nos abalanzamos sobre las puertas del camión a tiempo de ver a la cebra galopar por un ancho bulevar lleno de hoteles, casinos y letreros de neón a cada lado.
Acabábamos de soltar una cebra en Las Vegas.
-"Algo totalmente normal, sin duda"- Dijo Leo con una sonrisa sarcástica, marca Valdez.
Maurice y Eddie corrieron detrás de ella, y a su vez unos cuantos policías detrás de ellos, que gritaban:
— ¡Eh, para eso necesitan un permiso!
-"No, enserio, y yo que pensaba que ir soltando animales salvajes en las Vegas era totalmente legal" – Dijo Will sarcástico.
— Este sería un buen momento para marcharnos —dijo Annabeth.
— Los otros animales primero —intervino Grover.
-"Muy bien hecho Grover"- Dijo la diosa Deméter sonriendo al sonrojado sátiro.
Rompí los cerrojos con la espada. Grover levantó las manos y les dedicó la misma bendición caprina que a la cebra.
— Buena suerte —les dije a los animales. El antílope y el león salieron de sus jaulas con ganas y se lanzaron juntos a la calle.
En la sala muchos aplaudieron contentos por la liberación de los pobres animales, mientras que los otros, los romanos resucitados y Hércules sonreían burlonamente a los demás por su actitud infantil. Percy mientras, aplaudía y reía en brazos de la diosa de la agricultura, ganándose arrullos de esta.
Algunos turistas gritaron. La mayoría sólo se apartaron y sacaron fotos, probablemente convencidos de que era algún espectáculo publicitario de los casinos.
-"Deberíamos hacer eso en Nueva York, para ver cómo reaccionan los neoyorquinos"- Dijo Connor a su hermano.
-"Si, aunque no creo que se sorprendan mucho, según las películas sufren desastres como monstruos gigantes, tormentas, ataques alienígenas todos los años"- Dijo Travis con una sonrisa divertida.
— ¿Estarán bien los animales? —le pregunté a Grover—. Quiero decir, con el desierto y tal…
— No te preocupes —me contestó—. Les he puesto un santuario de sátiro.
-"Muy listo, al menos esos pobres animales no tendrán que preocuparse por eso"- Dijo Artemis asintiendo con la cabeza en señal de aprobación.
— ¿Qué significa?
— Significa que llegarán a la espesura a salvo —dijo—. Encontrarán agua, comida, sombra, todo lo que necesiten hasta hallar un lugar donde vivir a salvo.
— ¿Por qué no nos echas una bendición de ésas a nosotros? —le pregunté.
— Sólo funciona con animales salvajes.
-"Así que solo afectaría a Percy"- Dijeron Thalía y Nico al mismo tiempo. Annabeth y Grover los miraron a ambos para después mirarse entre ellos y echarse a reír. Los demás los miraron extrañados, por lo que decidieron seguir leyendo.
— Así que sólo afectaría a Percy —razonó Annabeth.
La risa inundo toda la sala.
— ¡Eh! —protesté.
— Es una broma —contestó—. Vamos, salgamos de este camión asqueroso.
Salimos a trompicones a la tarde en el desierto. Debía de haber cuarenta y cinco grados, así que seguramente parecíamos vagabundos refritos, pero todo el mundo estaba demasiado interesado en los animales salvajes para prestarnos atención.
-"Que delicioso, vagabundo refrito"- Dijo Connor con una mueca divertida.
-"Con extra de piojos y pulgas"- Añadió Travis, haciendo reír a todos con los comentarios de los dos hermanos.
Pasamos junto al Monte Casio y el MGM. Dejamos atrás unas pirámides, un barco pirata y la estatua de la Libertad, una réplica bastante pequeña pero que me provocó la misma añoranza.
-"Percy y su ciudad"- Dijo con cariño Annabeth.
No estaba seguro de qué íbamos buscando. Tal vez sólo un lugar donde librarnos del calor por unos instantes, encontrar un sándwich y un vaso de limonada y trazar un nuevo plan para llegar a Los Ángeles.
-"Eso requeriría suerte, algo de lo Percy carece"- Dijo Rachel haciendo una mueca.
Debimos de girar en el lugar equivocado, porque de repente nos encontramos en un callejón sin salida, delante del Hotel Casino Loto. La entrada era una enorme flor de neón cuyos pétalos se encendían y parpadeaban.
Nadie salía ni entraba, pero las brillantes puertas cromadas estaban abiertas, y del interior emergía un aire acondicionado con aroma de flores: flores de loto, quizá.
Jamás las había olido, así que no estaba seguro.
El portero nos sonrió.
— Ey, chicos. Parecéis cansados. ¿Queréis entrar y sentaros?
-"Monstruo"- Murmuraron algunos causando la preocupación del dios de los mares que miraba a su pequeño en brazos de su hermana, al igual que los héroes del pasado, excepto Hércules claro está.
Durante la última semana había aprendido a sospechar. Suponía que cualquiera podía ser un monstruo o un dios.
No se podía saber.
Pero aquel tipo era normal. Saltaba a la vista.
-"Menos mal"- Dijeron Poseidón y sus dos hijos presentes con una pequeña sonrisa.
Además, me sentí tan aliviado al oír a alguien que parecía comprensivo que asentí y le dije que nos encantaría entrar. Dentro, echamos un vistazo y Grover exclamó:
— ¡Guau!
El recibidor entero era una sala de juegos gigante. Y no me refiero a los comecocos cutres o las máquinas tragaperras. Había un tobogán de agua que rodeaba el ascensor de cristal como una serpiente, de una altura de por lo menos cuarenta plantas. Había un muro de escalar a un lado del edificio, así como un puente desde el que hacer puenting. Y cientos de videojuegos, cada uno del tamaño de una televisión gigante.
-"Eso es increíble. Desearía poder ir"- Dijo Leo con una mirada soñadora, mientras muchos de los mestizos asentían.
-"Créeme no quieres ir a ese hotel"- Dijeron Nico y Bianca al mismo tiempo para después sonreírse y abrazarse.
Básicamente, tenía todo lo que se te pueda ocurrir. Vi a otros chicos jugando, pero no muchos.
No había que esperar para ningún juego. Por todas partes se veían camareras y bares que servían todo tipo de comida.
-"Comida"- Babearon muchos de los chicos mientras las chicas ponían los ojos en blanco con una sonrisa divertida.
— ¡Eh! —dijo un botones. Por lo menos eso me pareció. Llevaba una camisa hawaiana blanca y amarilla con dibujos de lotos, pantalones cortos y chanclas—. Bienvenidos al Casino Loto. Aquí tienen la llave de su habitación.
— Esto, pero… —mascullé.
— No, no —dijo sonriendo—. La cuenta está pagada. No tienen que pagar nada ni dar propinas.
-"Vale, esto es raro. Seguramente una trampa"- Dijo Piper con el ceño fruncido.
-"Pero dicen que no había monstruos"- Dijo Jason mirando a su novia.
-"Pero una trampa peligrosa puede estar hecha por otros seres además de monstruos"- Dijo la hija de Afrodita.
Sencillamente suban a la última planta, habitación cuatro mil uno. Si necesitan algo, como más burbujas para la bañera caliente, o platos en el campo de tiro, lo que sea, llamen a recepción.
-"Guau, sé que este lugar es malo, pero suena tan genial"- Dijo Leo con una mirada soñadora al imaginar el hotel, y otros muchos le dieron la razón.
Aquí tienen sus tarjetas LotusCash. Funcionan en los restaurantes y en todos los juegos y atracciones.
-"Genial, genial"- Murmuraron unos cuantos.
Nos entregó a cada uno una tarjeta de crédito verde.
Sabía que tenía que tratarse de un error. Evidentemente pensaba que éramos los hijos de algún millonario.
-"Oh créeme, no parecíamos hijos de millonarios"- Dijo Annabeth con una sonrisa.
Pero acepté la tarjeta y pregunté:
— ¿Cuánto hay aquí?
-" !Percy¡ No preguntes, solo gástate lo que más puedas antes de que te pillen"- Dijeron Hermes y sus hijos.
— ¿Qué quiere decir? —inquirió con ceño.
— Quiero decir que… ¿cuánto se puede gastar aquí?
Se rió.
— Ah, estaba bromeando. Bueno, eso mola. Disfruten de su estancia.
-"No lo entiendo"- Dijo Travis confundido.
Subimos al ascensor y buscamos nuestra habitación. Era una suite con tres dormitorios separados y un bar lleno de caramelos, refrescos y patatas.
-"Como mola, ojalá pudiera ir"-Dijo Leo soñador
Línea directa con el servicio de habitaciones.
Toallas mullidas, camas de agua y almohadas de plumas. Una gran pantalla de televisión por satélite e internet de alta velocidad. En el balcón había otra bañera de agua caliente y, como había dicho el botones, una máquina para disparar platos y una escopeta, así que se podían lanzar palomas de arcilla por encima del horizonte de Las Vegas y llenarlas de plomo. Yo no creía que aquello fuera legal, pero desde luego molaba.
-"No es legal, y es muy peligroso"- Dijo Atenea frunciendo el ceño.
La vista de la Franja, la calle principal de la ciudad, y el desierto era alucinante, aunque dudaba que tuviera tiempo para admirar la vista con una habitación como aquélla.
-"Totalmente de acuerdo"- Dijeron todos menos los hijos de Deméter y su madre.
— ¡Madre mía! — Exclamó Annabeth—. Este sitio es…
—Genial —concluyó Grover—. Absolutamente genial.
Había ropa en el armario, de mi talla. Puse cara de extrañeza.
-"Vale… eso es raro"- Dijo Frank con una mueca.
Tiré la mochila de Ares a la basura. Ya no iba a necesitarla. Cuando nos marcháramos, podría apuntar otra a mi cuenta en la tienda del hotel.
Me di una ducha, que me sentó fenomenal tras una semana de viaje mugriento.
-"Si, gracias a los dioses pudimos bañarnos, estábamos asquerosos"- Dijo Annabeth con una mueca de desagrado.
Me cambié de ropa, comí una bolsa de patatas, bebí tres Coca-Colas y acabé sintiéndome mejor que en mucho tiempo. En el fondo de mi mente, algún problemilla seguía incordiándome. Habría tenido un sueño o algo… tenía que hablar con mis amigos.
Pero estaba seguro de que podía esperar.
-"Y los poderes de ese lugar ya lo están afectando"- Murmuró Bianca.
Salí de la habitación y descubrí que Annabeth y Grover también se habían duchado y cambiado de ropa. Grover comía patatas con fruición, mientras Annabeth encendía el canal del National Geographic.
-"¿Qué? Con todos los canales que hay y tu pones ese"- Dijeron Thalía y Nico mirando a Annabeth que les miraba como si tuvieran dos cabezas.
— Con todos los canales que hay —le dije—, y tú pones el National Geographic. ¿Estás majara?
-"Exactamente"- Dijeron los dos primos con una sonrisa.
— Emiten programas interesantes.
-"Oh si, tan interesantes que yo solo lo pongo cuando no puedo dormir. Sus programas hacen que me entre sueño antes incluso que las pastillas para dormir"- Dijo Leo sarcástico, ganándose una gran carcajada del resto de la sala.
— Me siento bien —comentó Grover—. Me encanta este sitio.
Sin que reparara siquiera en ello, las alas de sus zapatillas se desplegaron y por un momento lo levantaron treinta centímetros del suelo.
— ¿Y ahora qué? — Preguntó Annabeth—. ¿Dormimos?
-"¡¿Qué?!"- Gritaron los Stoll, junto con Leo, Chris, Will, Lee, Mitchael y Dakota que miraban a Annabeth como si hubiera venido de un planeta exterior.
Grover y yo nos miramos y sonreímos. Ambos levantamos nuestras tarjetas de plástico verde LotusCash.
— Hora de jugar —dije.
-"Siiiii"- Gritaron todos la mayoría de los semidioses haciendo que los dioses se echaran a reír.
No recordaba la última vez que me lo había pasado tan bien.
Venía de una familia relativamente pobre. Nuestra idea de derroche era salir a comer a un Burger King y alquilar un vídeo. ¿Un hotel de Las Vegas de cinco estrellas? Ni hablar.
-"Podrían tener mejores vacaciones si ese cerdo de Gabe no se gastara todo lo que gana Sally en partidas de póquer"- Siseó indignada Thalía.
Hice puenting en el recibidor cinco o seis veces, bajé por el tobogán, practiqué snowboard en la ladera de nieve artificial y jugué a un juego de realidad virtual con pistolas láser y a otro de tiro al blanco del FBI.
-"Parece el cielo"- Dijo Chris con una mirada soñadora.
Vi a Grover unas cuantas veces, pasando de juego en juego. Le encantó el cazador cazado: donde el ciervo sale a disparar a los sureños.
-"Ese le encantaría a cualquier sátiro"- Dijo Quirón divertido.
Vi a Annabeth jugar a juegos de trivial y otras cosas para cerebritos.
-"Oh, como no"- Dijo Hércules burlón, aunque se arrepintió al ver como lo miraban Atenea y todos sus hijos presentes.
Tenían un juego enorme de simulación en 3D en el que construías tu propia ciudad y, de hecho, veías los edificios holográficos levantarse en el tablero. A mí no me pareció gran cosa, pero a ella le encantó.
-"Claro que le iba a encantar, es Annie"- Dijo Nico con una sonrisa que la hija de Atenea devolvió.
No sé en qué momento me di cuenta de que algo iba mal.
-"Los sentidos de Percy en acción."- Dijo Hazel con una sonrisa.
Probablemente fue cuando reparé en el chico que tenía a mi lado en el tiro al blanco de realidad virtual.
Tendría unos trece años, pero llevaba ropa muy rara.
Pensé que sería hijo de algún imitador de Elvis.
La risa no se hizo de esperar, e incluso aumento de volumen cuando Apolo chasqueo los dedos y su ropa y pelo cambiaron hasta parecerse a los de Elvis, un Elvis rubio.
Vestía vaqueros de campana y una camiseta roja con estampado de tubos negros, y llevaba el pelo repeinado con gomina como un chico de Nueva Jersey en la fiesta de principio de curso.
-"No estoy seguro, pero creo que así no se visten en Nueva Jersey"- Dijo Rachel con una sonrisa divertida.
Jugamos una partida juntos y dijo:
— Cómo enrolla, colega. Llevo aquí dos semanas y los juegos no dejan de mejorar.
« ¿Cómo enrolla? »
-"Ese niño a estado viendo muchas películas de Hippies"- Murmuró Leo para sí mismo.
Más tarde, mientras hablábamos, dije que algo «desentonaba» y me miró sorprendido, como si nunca hubiera oído la palabra.
-"Ese niño es raro"- Le dijo Travis a su hermano.
Se llamaba Darrin, pero en cuanto empecé a hacerle preguntas, se aburrió de mí y regresó a la pantalla.
-"Y bastante antipático"- Le susurro de vuelta Connor
— Eh, Darrin.
— ¿Qué?
— ¿En qué año estamos? —le pregunté.
Puso ceño.
— ¿En el juego?
— No. En la vida real.
Tuvo que pararse a pensarlo.
-"Vaya, mira que no saber en qué año vives"- Dijo Dakota divertido.
— En mil novecientos setenta y siete.
-"Sal de ahí ahora mismo"- Dijeron los de la cabaña de Atenea
-"¿Por qué?"- Pregunto Castor.
-"Es una trampa, te quedas en el hotel para siempre, no puedes salir"- Dijo Malcom mirando a su madre que asintió confirmándolo. La mayoría gimió, es que nunca podían tener buena suerte.
— No —dije, y empecé a preocuparme—. En serio.
— Oye, tío, me das malas vibraciones. Tengo una partida que atender.
Después de eso, me ignoró por completo.
-"Pero que maleducado"- Riñeron en broma los Stoll imitando a una madre haciendo que todos se rieran.
Empecé a hablar con los demás, y descubrí que no era fácil. Estaban pegados a la pantalla del televisor, o al videojuego, o a su comida, o a lo que fuera.
-"Esa es parte de la magia del lugar"- Dijo Nico frunciendo el ceño.
Encontré un tipo que me dijo que estábamos en 1985; otro, que en 1993.
Todos aseguraban que no llevaban demasiado tiempo, sólo unos días, como
mucho unas semanas. En realidad ni lo sabían ni les importaba.
-"Ese lugar debe estar lleno de todas las personas que desaparecieron sin dejar rastro desde que cambiamos a Estados Unidos"- Dijo Hermes frunciendo el ceño.
Entonces se me pasó por la cabeza: ¿cuánto tiempo llevaba yo allí?
-"Que no sea mucho, por favor, que no sea mucho"- Rogo Orión mirando a su hermanito.
Parecía sólo un par de horas, pero ¿cuánto había sido? Intenté recordar por qué estábamos allí. Íbamos a Los Ángeles.
Teníamos que encontrar la entrada del inframundo. Mi madre… Por un horrible instante me costó recordar su nombre.
-"No me imagino el pánico que debió sentir el sesos de alga en ese momento"- Dijo Thalía con una mueca de simpatía.
Sally.
Sally Jackson. Tenía que dar con ella. Tenía que evitar que Hades causara la Tercera Guerra Mundial.
-"Mucha presión para un niño de esa edad"- Dijo Poseidón frunciendo el ceño, él hubiera querido que su hijo hubiera podido disfrutar más de las cosas banales y divertidas que hacen los niños y adolescentes de ahora, pero por su culpa no había podido.
Encontré a Annabeth aun construyendo su ciudad.
-"Ese juego era genial"- Dijo en un suspiro la hija de Atenea
— Venga —le dije—. Nos marchamos.
No hubo respuesta. La sacudí por los hombros.
— ¿Annabeth? —Pareció molestarse.
-"Claro que se molestó, no la llamaste listilla ni cielito o amorcito, seguro que si la hubiera llamado así le habría respondido con una sonrisa"- Dijo Thalía riéndose del sonrojo de su amiga.
— ¿Qué?
— Tenemos que irnos.
— ¿Irnos? ¿De qué estás hablando? Si acabo de construir las torres…
-"Y Claro eso es mucho más importante que cumplir con la misión"- Dijo sarcástico Hércules, aunque para su suerte, nadie le escucho.
— Este sitio es una trampa.
-"Me sorprende que él lo averiguara primero"- Dijo Artemisa con sorpresa.
No respondió hasta que volví a sacudirla.
— ¿Qué pasa?
— Escucha. Tenemos una misión, ¿recuerdas?
— Oh, Percy, sólo unos minutos más.
-"Si mami, solo unos minutos más"- Dijo Michael divertido haciendo que todos se rieran.
— Annabeth, aquí hay gente desde mil novecientos setenta y siete. Niños que no han crecido más. Te inscribes y te quedas para siempre.
— ¿Y qué? —replicó—. ¿Te imaginas un lugar mejor?
-"No, pero prefiero vivir una vida a quedarme allí el resto de mi existencia"- Dijo Nico con una mueca.
La agarré de la muñeca y la aparté del juego.
— ¡Eh! —me gritó, e intentó pegarme, pero nadie se molestó siquiera en mirarnos.
-"Annie, como se te ocurre intentar pegarle, deberías haber intentado darle un besito"- Dijo Katie divertida.
-"Pues yo prefiero haber disfrutado de todos esos debates en la fogata sobre ellos"- Dijo Silena haciendo que Annabeth enrojeciera más que antes, si eso era posible.
Estaban demasiado absortos.
La obligué a mirarme a los ojos.
— Arañas. Enormes arañas peludas —le dije.
-"Eso funcionara, aunque puede que te llegue un puñetazo por el pánico"- Dijo Clarisse riendo.
Eso la estremeció y le aclaró la mirada.
— Oh, santo Olimpo —musitó—. ¿Cuánto tiempo llevamos…?
-"Esperemos que todavía les quede tiempo para su misión"- Dijo Poseidón preocupado.
— No lo sé, pero tenemos que encontrar a Grover.
Tras buscar un buen rato, lo vimos jugando al cazador cazado virtual.
— ¡Grover! —llamamos.
Él contestó:
— ¡Muere, humano! ¡Muere, asquerosa y contaminante persona!
-"Vaya, la cabra tiene la rabia"- Dijo Travis para después echarse a reír con todos los demás mientras Grover le fulminaba con la mirada, pero la sonrisa que tenía delataba que también se estaba divirtiendo.
— ¡Grover!
Se volvió con la pistola de plástico y siguió apretando el gatillo, como si sólo fuera otra imagen en la pantalla.
-"Tienes problemas para controlar la ira Grover. Recuérdame que nunca te demos un arma cuando te pongas a defender a la naturaleza"- Dijo Quirón con una sonrisa divertida a la vez que el sátiro se sonrojaba mientras el resto reía por lo bajo
Miré a Annabeth, y entre los dos lo agarramos por los brazos y lo apartamos. Sus zapatos voladores desplegaron las alas y empezaron a tirar de sus piernas en la otra dirección mientras gritaba:
— ¡No! ¡Acabo de pasar otro nivel! ¡No!
-"No por favor, como se les ocurre sacarlo, acaba de llegar a otro nivel, a esperado toda su vida para esto, ustedes son tan crueles"- Dijo Lee poniéndose la mano en el pecho, sobre el corazón y fingiendo un dolor tremendo que provoco una gran carcajada
El botones del Loto se acercó presuroso.
-"Claro, ellos no quieren que nadie se valla"- Dijo Bianca con una mueca.
—Bueno, bueno, ¿están listos para las tarjetas platino?
—Nos vamos —le dije.
—Qué lástima —repuso él, y me dio la sensación de que era sincero, como si nuestra partida le doliese en el alma—. Acabamos de abrir una sala nueva entera, llena de juegos para los poseedores de la tarjeta platino.
-"Discriminación, y los de las otras tarjetas"- Dijeron los Stoll causando algunas risas.
Nos mostró las tarjetas.
Sabía que si aceptaba una, jamás me iría.
-"De eso se trata, que no salgas de allí nunca"- Dijo Atenea.
Me quedaría allí, feliz para siempre, jugando para siempre, y pronto olvidaría a mi madre, mi misión e incluso mi propio nombre.
-"Es lo que les pasa a los que más tiempo llevan allí"- Dijo Nico estremeciéndose.
Jugaría al francotirador virtual con Darrin el Enrollado por los siglos de los siglos.
A pesar de la situación, nadie pudo evitar a echarse a reír.
Grover tendió un brazo hacia la tarjeta, pero Annabeth le pegó un tirón y la rechazó.
—No, gracias.
Caminamos hacia la puerta y, a medida que nos acercábamos, el olor a comida y los sonidos de los videojuegos parecían más atractivos.
-"Al igual que con medusa"- Dijo Annabeth con una mueca.
Pensé en nuestra habitación del piso de arriba.
Podíamos quedarnos sólo por esa noche, dormir en una cama cómoda y mullida por una vez…
-"Nooo, si haces eso, quizás nunca consigas volver a saber la verdad para poder escapar"- Dijo Poseidón preocupado
Salimos a toda prisa del Casino Loto y corrimos por la acera.
-"Menos mal"- Dijeron muchos mientras soltaban suspiros de alivio.
Era por la tarde, aproximadamente la misma hora del día que habíamos entrado en el casino, pero algo no cuadraba.
-"Debería confiar más en sus instintos"- Murmuro Annabeth, pensando en que ella no se había dado cuenta de la fecha y el cambio del clima hasta que Percy se lo dijo.
El clima había cambiado por completo. Había tormenta y el desierto rielaba por el calor.
Llevaba la mochila que me había dado Ares colgada del hombro, cosa rara, pues estaba seguro de que la había desechado en la habitación 4001, pero de momento tenía otros problemas de qué preocuparme.
-"Si que la había tirado, algo raro pasa con esa mochila"- Mascullo Atenea en voz baja, pero igualmente todos la escucharon.
Fui hasta el quiosco más cercano, miré la fecha de un periódico. Gracias a los dioses, seguía siendo el mismo año en que habíamos entrado.
-"Menos mal"- Dijo Poseidón soltando un suspiro de alivio.
Después reparé en la fecha: 20 de junio.
-"Oh, oh, esto es malo, muy malo"- Dijo Jason
Habíamos pasado cinco días en el Casino Loto.
-"Definitivamente no quiero ir allí."- Dijo Leo haciendo una mueca.
Sólo nos quedaba un día para el solsticio de verano. Un día para llevar a buen puerto nuestra misión.
-"Y la mala suerte del sesos de alga en acción, ¡Yupi!"- Dijo Thalía sarcástica levantando los brazos para celebrarlo en broma.
Espero que hayáis disfrutado de este capítulo, y si alguien tiene alguna idea o comentario sobre algo que deba cambiar podéis enviarme una review o un mensaje privado.
Con cariño: Natilovebooks
