Hola, se que muchos de vosotros queréis mi cabeza por tardar tanto en escribir, y lo siento mucho, pero que muchísimo. Pero como prometí hace mucho tiempo no tengo pensado dejar esta historia, tengo muchas ideas para incorporar en este fic, algunas de las cuales me las han dado mis magníficos y maravillosos lectores ;p. Ahora enserio, para el próximo capitulo no tardare tanto, o eso espero si no surge algo inesperado. De todos modos agradezco a cada uno de los que ha leído esta historia, gracias por todas sus criticas y sus ánimos que siguiera escribiendo, por cada uno de ustedes, muchas gracias.

Y ahora sin más dilaciones el nuevo capitulo que espero que os guste.

Un beso con el cariño más grande del mundo: Natilovebooks


-"Bien, ¿quién quiere leer?"- Pregunto Poseidón con un poco de nerviosismo por saber que le pasaría a su hijo y a sus amigos.

-"Yo quiero leer si se me permite"- Dijo Jason levantando la mano tímidamente, para después coger el libro y abrirlo por la página correcta.

-"Probamos camas de agua"- Leyó Jason, lo que provocó que Annabeth y Grover pusieran una mueca dolorosa al recordar lo ocurrido.

Fue idea de Annabeth.

-"Mentira, no fue mi culpa"- Dijo Annabeth con el ceño fruncido.

En Las Vegas nos hizo subir a un taxi como si realmente tuviéramos dinero y le dijo al conductor:

A Los Ángeles, por favor.

-"Ah, era esa idea"- Dijo en un susurro la hija de Atenea sonrojándose con fuerza mientras los demás se reían.

El taxista mordisqueó su puro y nos dio un buen repaso.

Eso son quinientos kilómetros. Tendréis que pagarme por adelantado.

¿Acepta tarjetas de débito de los casinos? —preguntó Annabeth.

-¿Crees que esa tarjeta funcionaría fuera del casino?- Le pregunto Travis a su hermano, que solo se encogió de hombros con una sonrisa traviesa.

Se encogió de hombros.

Algunas. Lo mismo que con las tarjetas de crédito. Primero tengo que comprobarlas.

Annabeth le tendió su tarjeta verde LotusCash. El taxista la miró con escepticismo.

Pásela —le animó Annabeth.

Lo hizo.

-"Mira, hasta los adultos siguen las ordenes de Annie"- Dijo Thalía con una sonrisa.

El taxímetro se encendió y las luces parpadearon. Marcó el precio del viaje y, al final, junto al signo del dólar apareció el símbolo de infinito.

-"¡¿Qué?!"- Gritaron la mayoría de los semidioses. –"Yo quiero una."

Al hombre se le cayó el puro de la boca. Volvió a mirarnos, esta vez con los ojos como platos.

-"Normal, no te encuentras con una persona tan rica en tu taxi todos los días"- Dijo Nico poniendo los ojos en blanco.

¿A qué parte de Los Ángeles… esto, alteza?

Al embarcadero de Santa Mónica. —Annabeth se irguió en el asiento, muy ufana con lo de «alteza»

-"Orgullo de Atenea"- Resoplo Apolo con una sonrisa burlona a su hermana, con la que estaba todavía molesto por su tratamiento a los hijos de Poseidón. Atenea solo le fulmino con la mirada, un poco roja por su enfado.

Si nos lleva rápido, puede quedarse el cambio.

-"Enserio, ojala yo fuera ese taxista"- Dijo Leo soñador.

Creo que no debería haberle dicho aquello.

El cuentakilómetros del coche no bajó en ningún momento de ciento cincuenta por el desierto del Mojave.

-"Vaya, pero por lo menos tardasteis menos en llegar"- Dijo Piper con una sonrisa.

En la carretera tuvimos tiempo de sobra para hablar. Les conté mi último sueño, pero los detalles se volvieron borrosos al intentar recordarlos.

-"Es un efecto secundario de ese maldito hotel"- Refunfuño Bianca

El Casino Loto parecía haber provocado un cortocircuito en mi memoria.

No recordaba de quién era la voz del sirviente invisible, aunque estaba seguro de que era alguien que conocía.

-"Eso quizás nos hubiera ahorrado muchas penurias"- Dijo Annabeth agachando la cabeza

El sirviente había llamado al monstruo del foso algo más aparte de «mi señor».

Había usado un nombre o título especial…

¿El Silencioso? — Sugirió Annabeth—. ¿Plutón? Ambos son apodos para Hades.

-"¿Por qué estáis tan empeñados en echarme la culpa?"- Dijo Hades haciendo un pequeño puchero, que volvió a impactar a los romanos por la actitud tan infantil y despreocupada de los dioses.

A lo mejor — Dije, pero no parecía ninguno de los dos.

Ese salón del trono se asemeja al de Hades —intervino Grover—. Así suelen describirlo.

Meneé la cabeza.

Aquí falla algo. El salón del trono no era la parte principal del sueño. Y la voz del foso… No sé. Es que no sonaba como la voz de un dios.

-"Él pasa a ser mi sobrino favorito, no me echa la culpa"- Dijo Hades con una sonrisa, impactando un poco a los semidioses.

-"Ehhhhhh"- Se quejaron todos los hijos de los hermanos del dios del inframundo que estaban presentes en la sala.

-"No se vale, nosotros también te queremos tío"- Dijeron Teseo y Orión haciendo un puchero gracioso. Hades solo les sonrió en respuesta.

-"Espera, espera, espera"- Dijo Demeter frunciendo un poco el ceño –"¿Tú te llevas bien con tus sobrinos?"- Pregunto incrédula la diosa, al igual que muchos de los presentes.

-"Buenos, si"- Dijo el dios para luego continuar hablando -"Los hijos de Poseidón suelen ser bastante divertidos, siempre que se escapan de los Elíseos para dar una vuelta en el inframundo vienen a visitarme y siempre cuentan chistes y hacen tonterías bastante divertidas"- Dijo el dios del inframundo sonriendo tanto a sus sobrinos como a su hermano, las visitas de este último también eran divertidas y apreciadas por el mayor de los hermanos.

Los ojos de Annabeth se abrieron como platos.

¿Qué piensas? —le pregunté.

Eh… nada. Sólo que… No, tiene que ser Hades. Quizá envió al ladrón, esa persona invisible, por el rayo maestro y algo salió mal…

-"Lo siento señor Hades, pero era mucho mejor pensar que usted lo hubiera robado a pensar en enfrentarse a la otra opción."- Dijo Annabeth antes de que nadie pudiera decir nada.

¿Cómo qué?

No… no lo sé —dijo—. Pero si robó el símbolo de poder de Zeus del Olimpo y los dioses estaban buscándolo… Me refiero a que pudieron salir mal muchas cosas. Así que el ladrón tuvo que esconder el rayo, o lo perdió. En cualquier caso, no consiguió llevárselo a Hades. Eso es lo que la voz dijo en tu sueño, ¿no? El tipo fracasó. Eso explicaría por qué las Furias lo estaban buscando en el autobús. Tal vez pensaron que nosotros lo habíamos recuperado. —Annabeth había palidecido.

Pero si ya hubieran recuperado el rayo —contesté—, ¿por qué habrían de enviarme al inframundo?

-"Él tiene razón"- Dijo en un murmullo Atenea, para después maldecirse a sí misma por ser amable con el hijo de Poseidón, pero es que al ver al pequeño en la sala no podía dejar de pensar en lo tierno que se veía con sus grandes ojos verde mar y su pelo negro totalmente alocado ya a esa edad.

Para amenazar a Hades —sugirió Grover—. Para hacerle chantaje o sobornarlo para que te devuelva a tu madre.

Dejé escapar un silbido.

Menudos pensamientos malos tienes para ser una cabra.

A pesar de la tensión en la sala, todos se echaron a reír sin control al ver como Grover se sonrojaba fuertemente mientras hacía un mohín.

Vaya, gracias.

-"Vaya Grover, quien pensaría que podías ser sarcástico"- Dijo Quirón con una sonrisa al sátiro que todavía estaba sonrojado pero que respondió con una sonrisa divertida.

-"He pasado demasiado tiempo con Percy señor, desgraciadamente me ha contagiado."- Dijo el sátiro haciendo que otra ronda de risas llenara la sala.

Pero la cosa del foso dijo que esperaba dos objetos —repuse—. Si el rayo maestro es uno, ¿cuál es el otro?

Atenea jadeo fuertemente al darse cuenta de lo que era el otro objeto, pero aun con las miradas inquisitorias de los demás no dijo nada, pues eso provocaría la ira del dios del inframundo.

Grover meneó la cabeza. Annabeth me miraba como si supiera mi próxima pregunta y deseara que no la hiciese.

-"Awww, ya desde entonces se leen los pensamientos como los tortolitos que son"- Dijo Thalía divertida haciendo sonrojar a su amiga mientras el salón se llenaba de risitas.

Tú sabes lo que hay en el foso, ¿verdad? — Le pregunté —. Vamos, si no es Hades.

-"Padre"- Dijo Poseidón en un murmullo que todos consiguieron escuchar, aumentando la tensión del ambiente.

Percy… no hablemos de ello. Porque si no es Hades… No; tiene que ser Hades.

Dejábamos atrás eriales. Cruzamos una señal que ponía: «FRONTERA ESTATAL DE

CALIFORNIA, 20 KILÓMETROS.»

Tenía la impresión de que me faltaba una parte de información básica y crucial. Era como cuando miraba una palabra corriente que debía saber, pero no podía entenderla porque un par de letras estaban flotando. Cuanto más pensaba en mi misión, más seguro estaba que enfrentarme a Hades no era la respuesta.

-"Por eso me gusta este chico"- Murmuro el dios mirando a su pequeño sobrino que comenzaba a despertarse en el regazo de su hermana.

Estaba pasando otra cosa, algo incluso más peligroso.

-"Tiene los mejores instintos que haya visto"- Dijo Artemisa sorprendida, ganándose miradas de toda la sala, excepto de sus cazadoras, que se encontraban en un estado similar, no podían evitar pensar que ese pequeño tan tierno y alegre se convertiría en un hombre muy diferente a los demás, lo cual no dejaba de sorprenderlas e incluso algunas, entre ellas la diosa de la caza, ya planeaba una manera de coger al pequeño descendiente del mar para disfrutar un rato de su agradable y tierna compañía.

El problema era que estábamos dirigiéndonos al inframundo a ciento cincuenta kilómetros por hora, convencidos de que Hades tenía el rayo maestro. Si llegábamos allí y descubríamos que no era así, no tendríamos tiempo de corregirnos. La fecha límite del solsticio habría concluido y la guerra empezaría.

-"Tiene razón"- Dijo Dionisio que seguía mirando su revista, aunque solo disimulaba, pues estaba muy atento a la lectura, le había cogido cariño al pequeño, aunque jamás lo admitiría.

-"¿Estaba escuchando?"- Pregunto Nico sorprendido, al igual que otros muchos.

-"Por supuesto que no Nicole"- Dijo el dios provocando el sonrojo del hijo de Hades y las carcajadas de los demás por el nombre.

La respuesta está en el inframundo — Aseguró Annabeth — Has visto espíritus de muertos, Percy. Sólo hay un lugar posible para eso. Estamos en el buen camino.

-"En eso tiene razón, aunque en el inframundo también se encuentra la entrada al Tártaro."- Dijo Hades con una mueca, cada vez más seguro de que era su padre el culpable de toda esta situación.

Intentó subirnos la moral sugiriendo estrategias inteligentes para entrar en la tierra de los muertos, pero yo no lograba concentrarme.

-"Eso es algo muy difícil para un semidiós, sobre todo para Percy."- Dijo Katie sonriendo.

-"¿Por qué es más difícil para Percy?"- Le pregunto su madre que acariciaba la espalda del pequeño en su regazo que lentamente se incorporaba soltando un pequeño bostezo para después refregarse los ojos somnolientos con el dorso de sus pequeñas manitas logrando que todas las chicas arrullaran y muchos chicos, sobre todo los héroes del pasado le sonrieran con cariño, como un hermano mayor a su hermanito.

-"Porque es muy inquieto y activo, le es casi imposible no hacer nada durante un rato"- Dijo sonriendo Katie a su madre y al pequeño.

Había demasiados factores desconocidos. Era como estudiar para un examen del que no conoces la materia. Y créeme, eso lo he hecho unas cuantas veces.

Muchos de los semidioses, sobre todo los de la cabaña de Apolo y Hermes, tanto romanos como griegos, se rieron mientras asentían como si les hubiera pasado lo mismo.

El taxi avanzaba a toda velocidad. Cada golpe de viento por el Valle de la Muerte sonaba como un espíritu. Cada vez que los frenos de un camión chirriaban, me recordaban la voz de reptil de Equidna.

-"Eso es un poco paranoico, ¿no?"- Dijo Will divertido.

-"Si, pero recuerda adónde van"- Le respondió Silena con una mueca.

Al anochecer, el taxi nos dejó en la playa de Santa Mónica.

-"Bonita playa, aunque prefiero las playas donde el agua es más fría y hay menos gente"- Dijo Poseidón con una sonrisa.

Tenía el mismo aspecto que tienen las playas de Los Ángeles en las películas, aunque olía peor.

Las risas de muchos de los presentes se hicieron presentes resonando por toda la sala y haciendo que la tensión disminuyera un poco.

Había atracciones en el embarcadero, palmeras junto a las aceras, vagabundos durmiendo en las dunas y surferos esperando la ola perfecta.

-"Annabeth, ¿crees que Percy sepa hacer surf?"- Pregunto Piper con una sonrisa.

-"Puede ser, ¿Por qué lo preguntas?"- Respondió la hija de Atenea curiosa.

-"Oh, para hacer surf con alguien y no sola"- Respondió con una sonrisa divertida. Annabeth en otra situación se habría puesto celosa, pero sabía que Piper quería mucho a Jason y que ni este ni Leo sabían hacer surf.

Grover, Annabeth y yo caminamos hasta la orilla.

¿Y ahora qué? —preguntó Annabeth.

-"Le das un beso en la puesta de sol"- Dijo Lee divertido al hacer sonrojar a Annabeth, lo que causo bastantes risitas que intentaban pasar desapercibidas.

El Pacífico se tornaba oro al ponerse el sol. Pensé en cuánto tiempo había pasado desde la playa de Montauk, en el otro extremo del país, donde contemplaba un océano diferente.

-"Ni que lo digas hijo, el Atlántico y el Pacifico son tan diferentes, aunque mi preferido es el Pacifico"- Dijo el dios del mar sonriendo a su hijo más pequeño que ya comenzaba a impacientarse en el regazo de su tía.

¿Cómo podía haber un dios que controlara todo aquello? Mi profesor de ciencias decía que dos tercios de la superficie de la tierra estaban cubiertos por agua. ¿Cómo podía yo ser el hijo de alguien tan poderoso?

-"Jajajajaja, chupaos esa"- Les dijo Poseidón a sus hermanos sacándoles la lengua, a los que sus hermanos respondieron frunciendo el ceño, pero estaban bastante divertidos, Poseidón era sin duda el dios más ameno y divertido de los tres.

Me metí en las olas.

¡Percy! — Llamó Annabeth—. ¿Qué estás haciendo?

Seguí caminando hasta que el agua me llegó a la cintura, después hasta el pecho.

Ella gritaba a mis espaldas:

-"No te pongas tan histérica Annie"- Dijo Thalía sonriendo.

¿No sabes lo contaminada que está el agua? ¡Hay todo tipo de sustancias tóxicas!

-"Ugh, sabes lo que cuesta limpiar el mar. Siempre que lo hago los mortales vuelven a ensuciarlo con sus desechos enseguida"- Se quejó el dios.

En ese momento metí la cabeza bajo el agua.

Al principio aguanté la respiración.

Es difícil respirar agua intencionadamente.

-"Si, es algo muy raro"- Dijo Leo con una sonrisa.

Al final ya no pude aguantarlo. Tragué… No había duda, respiraba con normalidad.

-"Eso debe ser genial, podrías ver arrecifes de coral sin molestarte por cuanto tardar"- Dijo Hazel sonriendo.

Bajé hasta los bancos. No se veía nada con aquella oscuridad, pero de algún modo sabía dónde estaba todo.

Sentía la textura cambiante del fondo. Veía las colonias de erizos en las barras de arena. Incluso distinguía las corrientes, las frías y las calientes, así como los remolinos que formaban.

-"Vaya"- Dijo Frank sorprendido.

-"Si, ventajas de ser mis hijos"- Dijo Poseidón sonriendo a sus otros hijo que le correspondieron sus sonrisas.

Sentí una caricia en la pierna.

Miré hacia abajo y por poco subo hasta la superficie como un misil.

-"¿Pero qué…?"- Iba a preguntar Will pero Jason le interrumpió al continuar leyendo.

Junto a mí había un tiburón mako de un metro y medio de longitud.

-"No me extraña que se asustara"- Dijo Will con una pequeña sonrisa.

Pero el bicho no atacaba. Tan sólo me olisqueaba. Me seguía como un perrito.

-"Como mola, yo también quiero una mascota así"- Dijo Travis con una sonrisa.

Le toqué la aleta dorsal con cautela y el tiburón corcoveó un poco, como invitándome a agarrarme con fuerza.

Me así a la aleta con las dos manos y el escualo salió disparado, arrastrándome con él.

-"Buen método para desplazarse más rápido"- Dijo Hermes pensativo.

Me condujo hacia la oscuridad y me depositó en el límite mismo del océano, donde el banco de arena se despeñaba hacia un enorme abismo.

Era como estar al borde del Gran Cañón a medianoche, sin ver demasiado pero consciente de que el vacío está justo ahí.

-"Debe de ser una sensación increíble"- Dijo Zoe con los ojos brillantes.

La superficie brillaba a unos cincuenta metros por encima. Sabía que la presión debería haberme aplastado y que, desde luego, tampoco debería estar respirando. Sin embargo… Me pregunté si habría algún límite, si podría zambullirme directamente hasta el fondo del Pacífico.

-"Si, aunque prefiero que no lo hagas"- Dijo Poseidón con una pequeña sonrisa a su hijo.

-¿Y porque no quieres que lo haga? ¿No quieres que este en tu reino?- Pregunto Atenea burlesca.

-"No, pero es obvio el por qué no quiero que vaya a allá abajo. Y yo que pensé que eras la diosa de la sabiduría"- Le respondió el dios con una sonrisa divertida al ver los colores que adquiría su sobrina.

-"¿A si, y cuál es el motivo? Ilumínanos por favor"- Dijo la diosa molesta.

-"Bueno, a más profundidad hay más oscuridad y desde siempre se ha sabido que los monstruos prefieren los lugares oscuros, sobre todo los monstruos marinos gigantes."- Dijo Poseidón con simpleza encogiéndose de hombros.

Entonces algo brilló en la oscuridad de abajo, algo que se volvía mayor a medida que ascendía hacia mí. Una voz de mujer muy parecida a la de mi madre me llamó:

Percy Jackson.

Siguió acercándose y su forma se hizo más clara. La melena negra ondeaba alrededor de la cabeza y llevaba un vestido de seda verde.

La luz titilaba en torno a ella, y sus ojos eran tan bonitos y llamativos que apenas reparé en el hipocampo que montaba.

Annabeth frunció el ceño y murmuro una maldición en griego mientras que los demás al verla así de celosa se rieron.

Desmontó.

El caballo marino y el tiburón mako se apartaron y empezaron a jugar a algo similar al tú la llevas. La dama submarina me sonrió.

-"Al parecer los súbditos del tío P. son los más divertidos."- Dijo Apolo sonriendo a su tío el cual le devolvió la sonrisa divertido.

Has llegado lejos, Percy Jackson. Bien hecho.

No estaba muy seguro de cómo comportarme, así que hice una reverencia.

Zeus levanto las cejas incrédulo y farfullo maldiciones por lo bajo dirigidas al hijo de su hermano. ¿Cómo es posible que ese renacuajo muestre respeto por una simple nereida y no por los dioses?

¿Sois la mujer que me habló en el río Mississipi?

Sí, niño. Soy una nereida, un espíritu del mar. No fue fácil aparecer tan río arriba, pero las náyades, mis primas de agua dulce, me ayudaron a mantener mi fuerza vital. Honran al señor Poseidón, aunque no le sirven en su corte.

¿Y vos sí le servís en su corte?

Asintió.

-"Quien fuera tu tío P., siempre rodeado de esas preciocidades"- Dijo Hermes sonriendo pícaramente, junto a los otros dioses mientras las mujeres ponían los ojos en blanco y Poseidón se encogía de hombros.

Hacía mucho que no nacía un niño del dios del mar. Te hemos observado con gran interés.

De repente recordé los rostros en las olas de la playa de Montauk cuando era un niño, reflejos de mujeres sonrientes. Como en tantas otras cosas raras en mi vida, no había vuelto a pensar en ello.

-"Se nota que es un verdadero hijo del mar"- Dijo Poseidón sonriendo mientras se levantaba y cogía a su hijo del regazo de su hermana, que al verlo sonrió.

-"¡Papi!"- Dijo el pequeño sonriendo mientras se abrazaba al pecho de su padre, arrancando suspiros de muchas de las diosas y chicas presentes, e incluso, alguna que otra cazadora.

Poseidón sonrió y envolvió a su hijo más pequeño en un cálido abrazo mientras se dirigía de nuevo a su trono. Sus otros hijos, junto a Perseo y Aquiles, se acercaron corriendo a sentarse a los pies del trono del dios del mar quien los veías divertido.

Sin embargo ellos tenían otra intención además de la de estar con su pequeño hermanito, ya que aunque Perseo y Aquiles no estuvieran emparentados con el pequeño, ya le habían cogido mucho cariño. La otra intención era mantenerlo más vigilado por si Tontules hacía de las suyas.

Si mi padre está tan interesado en mí —dije—, ¿por qué no está aquí? ¿Por qué no habla conmigo?

Poseidón bajo la mirada, a él le gustaría estar con sus hijos, pero esa estúpida ley no se lo permitía. Abrazó a Percy más fuerte y le dio un beso en la cabeza que hizo reír al pequeño y consiguió que el dios sonriera levemente.

Una corriente fría se alzó de las profundidades.

No juzgues al Señor del Mar demasiado severamente —me aconsejó la nereida—. Se encuentra al borde de una guerra no deseada. Tiene muchos problemas que resolver. Además, se le prohíbe ayudarte directamente. Los dioses no pueden mostrar semejantes favoritismos.

-"No sería favoritismo, sino solo una muestra de cariño y de que de verdad se preocupan por nosotros"-Murmuro Nico pero fue igualmente oído por todos y mientras que los semidioses le daban la razón, los dioses bajaban la mirada en vergüenza.

¿Ni siquiera con sus propios hijos?

Especialmente con ellos. Los dioses sólo pueden actuar por influencia indirecta. Por eso yo te doy un aviso, y un regalo.

Extendió la mano y en su palma destellaron tres perlas blancas.

-"Gracias señor Poseidón, esas perlas nos fueron de gran ayuda"- Dijo Grover sonriendo al dios mientras Annabeth también le sonreía agradecida.

Sé que te diriges al reino de Hades — Prosiguió — Pocos mortales lo han hecho y sobrevivido para contarlo: Orfeo, que tenía una gran habilidad musical; Hércules, dotado de enorme fuerza; Houdini, que podía escapar incluso de las profundidades del Tártaro. ¿Tienes tú alguno de esos talentos?

-"No pero a Percy no le hacen falta, creo que con su simple carisma conseguiría salir de allí"- Dijo Thalía encogiéndose de hombros, sorprendiendo a los dioses.

Yo… pues no, señora.

Ah, pero tienes algo más, Percy. Posees dones que sólo estás empezando a descubrir. Los oráculos han predicho un futuro grande y terrible para ti, si sobrevives hasta la edad adulta. Poseidón no va a permitir que mueras antes de tiempo. Así pues, toma esto, y cuando te encuentres en un apuro rompe una perla a tus pies.

-"No me gusta el sonido de eso"- Murmuro Deméter frunciendo el ceño mirando preocupada al pequeño que volvía a ser abrazado por su padre. Otras muchas personas, entre las cuales se encontraban todos los dioses menos Atenea, Zeus, Hércules y Octavian, también miraban con preocupación al pequeño.

¿Qué pasará?

Eso dependerá de la necesidad. Pero recuerda: lo que es del mar siempre regresará al mar.

¿Qué hay de la advertencia?

Sus ojos emitieron destellos verdes.

Haz lo que te dicte el corazón, o lo perderás todo. Hades se alimenta de la duda y la desesperanza. Te engañará si puede, te hará dudar de tu propio juicio. En cuanto estés en su reino, jamás te dejará marchar voluntariamente. Mantén la fe. Buena suerte, Percy Jackson.

-"Por suerte Percy tiene un corazón honesto y bueno. Todas las elecciones que haga con el serán buenas, pero sobre todo para los demás no solo para el mismo"- Dijo Katie con una sonrisa cariñosa que se extendió por muchos de los semidioses de la sala.

Llamó a su hipocampo, montó y cabalgó hacia el vacío.

¡Espera! — Grité — En el río me dijisteis que no confiara en los regalos. ¿Qué regalos?

¡Adiós, joven héroe! — Se despidió mientras su voz se desvanecía en las profundidades—. ¡Escucha tu corazón! —Se convirtió en una motita de luz verde y desapareció.

Quise seguirla y conocer la corte de Poseidón, pero miré hacia arriba, al atardecer que oscurecía la superficie. Mis amigos esperaban. Teníamos tan poco tiempo…

-"Y escogerá a sus amigos"- Dijo Will sonriente, mientras las cazadoras le miraban burlescas, no podían existir hombres que tuvieran un buen corazón.

Nadé hasta la superficie.

Las cazadoras se miraron sorprendidas para luego mirar patidifusas al pequeño que estaba riendo de las cosquillas que le hacía su padre, y cuando se detuvo y vio que las cazadoras le estaban mirando sonrío ampliamente haciendo que se le formaran hoyuelos, que provocaron que se viera muchísimo más tierno que antes.

Las cazadoras ablandaron sus miradas ante aquella sonrisa e incluso algunas le devolvieron la sonrisa y arrullaron, para sorpresa de muchos de los presentes, menos la diosa de la caza, que se reprimía para no hacer lo mismo que sus cazadoras.

Cuando llegué a la playa, mis ropas se secaron al instante. Les conté a Grover y Annabeth todo lo ocurrido y les enseñé las perlas.

Ella hizo una mueca.

No hay regalo sin precio.

Éstas son gratis.

-"Lo lamento pequeño, pero por ayudarte siempre hay que pagar un precio. Es por no cumplir esa maldita ley"- Dijo el dios del mara acariciando el pelo de su hijo que le sonrío.

No. — Sacudió la cabeza —. «No existen los almuerzos gratis.» Es un antiguo dicho griego que se aplica bastante bien hoy en día. Habrá un precio.

Ya lo verás.

Con tan feliz pensamiento, le dimos la espalda al mar.

-"Me encanta el sarcasmo de Percy"- Dijo Leo sonriendo.

Con algunas monedas que quedaban en la mochila de Ares subimos a un autobús hasta West Hollywood. Le enseñé al conductor la dirección del inframundo que había sacado del Emporio de Gnomos de Jardín de la tía Eme, pero jamás había oído hablar de los estudios de grabación El Otro

Barrio.

-"No, están camuflados para que los mortales"- Dijo Hades encogiéndose los hombros.

Me recuerdas a alguien que he visto en la televisión — Me dijo— ¿Eres un niño actor o algo así?

-"Oh no, pero es más guapo que cualquier actor"- Dijo una hija de Venus soñadora a lo que Annabeth la fulmino con la mirada, pero eso no evito que muchas de las chicas de ambos campamentos asintieran de acuerdo de ella.

Bueno, actúo como doble en escenas peligrosas… para un montón de niños actores.

¡Oh! Eso lo explica.

Le dimos las gracias y bajamos rápidamente en la siguiente parada.

Caminamos a lo largo de kilómetros, buscando El Otro Barrio. Nadie parecía saber dónde estaba.

-"Mmm, quizás debería poner un letrero"- Dijo Hades pensativo.

-"No, créeme, no creo que haya tanta gente que quiera ir al inframundo"- Dijo Poseidón riéndose.

Tampoco aparecía en el listín. En un par de ocasiones tuvimos que escondernos en callejones para evitar los coches de policía.

Me quedé atónito delante de una tienda de electrodomésticos: en la televisión estaban emitiendo una entrevista con alguien que me resultaba muy familiar: mi padrastro, Gabe el Apestoso. Estaba hablando con la célebre presentadora Barbara Walters; quiero decir, en plan como si fuera famoso.

-"Como se atreva a decir algo malo de Percy, ahora mismo me lo cargo"- Dijo Thalía entre dientes mientras muchos asentían de acuerdo con ella y Poseidón abrazaba a Percy hasta que este envolvió su cuello con sus bracitos.

Ella estaba entrevistándolo en nuestro apartamento, en medio de una partida de póquer, y a su lado había una mujer joven y rubia, dándole palmaditas en la mano.

Una lágrima falsa brilló en su mejilla. Estaba diciendo:

« De verdad, señora Walters, de no ser por Sugar, aquí presente, mi consejera en la desgracia, estaría hundido. Mi hijastro se llevó todo lo que me importaba. Mi esposa… mi Cámaro… L-lo siento. Todavía me cuesta hablar de ello. »

-"Yo lo mato"- Grito Nico mientras se levantaba, junto a muchos de los semidioses.

-"Alto"- Grito para sorpresa de todos Poseidón, que se encontraba de pie y con su pequeño hijo en sus brazos abrazado a su cuello y mirando todo con curiosidad y un poco de miedo por todo el escándalo y los gritos de los semidioses y las caras de enfado e ira de muchos de los dioses.

-"Pero tío P. ese mortal se merece una paliza, o una muerte dolorosa y lenta, lo que podamos hacer"- Dijo Hermes furioso.

-"Y crees que no lo sé, es mi hijo el que ha tenido que soportar a ese malnacido, pero sé que si vamos ahora a las Moiras no les va a gustar e impedirán que sigamos leyendo. Quiero saber a lo que se va a enfrentar mi hijo para poder evitarlo y encerrarlo en una cueva para que no se haga daño ni haga ninguna tontería"- Dijo Poseidón frustrado y molesto, pero consiguió que todos volvieran a sus asientos para que continuase la lectura.

« Lo han visto y oído, queridos espectadores. —Bárbara Walters se volvió hacia la cámara—. Un hombre destrozado. Un adolescente con serios problemas. Permítanme enseñarles, una vez más, la última foto que se tiene del joven y perturbado fugitivo, tomada hace una semana en Denver. »

En la pantalla apareció una imagen granulada de Grover, Annabeth y yo de pie fuera del restaurante Colorado, hablando con Ares.

« ¿Quiénes son los otros niños de esta foto? —preguntó Bárbara Walters dramáticamente—. ¿Quién es el hombre que está con ellos? ¿Es Percy Jackson un delincuente, un terrorista o la víctima de un lavado de cerebro a manos de una nueva y espantosa secta? Tras la publicidad, charlaremos con un destacado psicólogo infantil. Sigan sintonizándonos. »

Muchos apretaron los dientes para evitar soltar alguna maldición.

Vamos — Me dijo Grover. Tiró de mí antes de que destrozara el escaparate de un puñetazo.

-"No me extrañaría de que lo hubiera hecho, o algo peor"- Dijo Thalía

Cayó la noche y los marginados empezaban a merodear por las calles. A ver, que no se me malinterprete. Soy de Nueva York y no me asusto fácilmente.

-"Dudo que se asustara fácilmente aunque no fuera de Nueva York"- Dijo Nico con una sonrisa divertida.

Pero Los Ángeles es muy distinto de Nueva York, donde todo parece cerca. No importa lo grande que sea la ciudad, se puede llegar a todas partes sin perderte. La disposición de las calles y el metro tienen sentido. Hay un sistema para que las cosas funcionen. En Nueva York, un niño está a salvo mientras no sea idiota.

-"En eso tiene razón"- Dijo Annanbeth pensativa.

Los Ángeles no es así. Es una ciudad extensa y caótica en la que resulta difícil moverse. Me recordaba a Ares. No le bastaba con ser grande; tenía que demostrar que era grande siendo además escandalosa, rara y difícil de navegar.

Ares frunció el ceño mientras casi todos los demás dioses se reían.

No sabía cómo íbamos a encontrar la entrada al inframundo antes del día siguiente, el solsticio de verano.

-"Y ya está su lado pesimista haciendo de las suyas"- Dijo Will con una pequeña sonrisa

Nos cruzamos con miembros de bandas, vagabundos y gamberros que nos miraban intentando calibrar si valía la pena atracarnos. Al pasar por delante de un callejón, una voz desde la oscuridad me llamó.

Eh, tú. — Como un idiota, me paré.

-"Idiota"- Murmuro Atenea con molestia, pero para su suerte nadie la oyó.

Antes de que nos diéramos cuenta, estábamos rodeados por una banda. Seis chicos con ropa cara y rostros malvados. Como los de la academia Yancy: mocosos ricos jugando a ser chicos malos.

-"Pff, esos son los más molestos, se creen que por ser ríos pueden hacer lo que quieran sin pagar el precio de sus acciones"- Dijo Hestia con una mueca mientras avivaba el fuego.

Instintivamente destapé el bolígrafo, y cuando la espada apareció de la nada los chavales retrocedieron, pero el cabecilla era o muy idiota o muy valiente, porque siguió acercándoseme empuñando una navaja automática.

Cometí el error de atacar.

-"O es muy impulsivo, o le gusta atravesar a todos los mortales con su espada"- Dijo Rachel con una sonrisa divertida

El chico gritó. Debía de ser cien por cien mortal, porque la hoja lo atravesó sin hacerle daño alguno.

Se miró el pecho.

¿Qué demo…?

Supuse que tenía unos tres segundos antes de que la consternación se convirtiera en ira.

¡Corred! — Grité a Annabeth y Grover.

-"Mmm, es un buen método para distraer a los mortales"-Dijo Connor con una sonrisa divertida.

-"Oh no, de eso nada. No iréis atravesando a los mortales con espadas"- Dijo Lou Ellen pegándole en la cabeza al hijo de Hermes mientras los demás soltaban risitas al ver al par.

Apartamos a dos chavales de en medio y corrimos por la calle, sin saber adónde nos dirigíamos.

Giramos en una esquina.

¡Allí! — Exclamó Annabeth.

Sólo una tienda del edificio parecía abierta, los escaparates deslumbraban de neón. En el letrero encima de la puerta ponía algo como: «alpacio ledas sacam de augade crstuy.»

-"Dime que esta tienda no será como la de Medusa" – Se quejó Apolo.

-"Lo siento, pero no podemos mentir"- Dijeron Annabeth y Grover al mismo tiempo haciendo que la tensión hiciera acto de presencia.

¿Al Palacio de las Camas de Agua Crusty? — Tradujo Grover.

-"Me suena ese lugar"- Murmuró Hermes frunciendo el ceño.

No sonaba como un lugar al que yo iría a menos que me encontrara en un serio aprieto, pero de eso se trataba precisamente. Entramos en estampida por la puerta y corrimos a agacharnos tras una cama de agua. Un segundo más tarde, la banda de chicos pasó corriendo por la acera.

Los hemos despistado — Susurró Grover.

-"Todo esto me huele a problemas"- Dijo Nico.

-"Oh porque lo son"- Dijo Grover, lo que no ayudo a romper la atmósfera de tensión.

Una voz retumbó a nuestras espaldas.

¿A quién habéis despistado?

Los tres dimos un respingo.

-"¿Monstruo?"- Pregunto Silena con una mueca.

-"Sip"- Respondió Annabeth.

Detrás de nosotros había un tipo con aspecto de rapaz y ataviado con un traje años setenta. Medía por lo menos dos metros y era totalmente calvo. De piel grisácea, tenía párpados pesados y una sonrisa reptiloide y fría. Se acercaba lentamente, pero daba a entender que podía moverse con rapidez si era preciso.

El traje, del todo propio de los setenta, habría podido salir del Casino Loto. La camisa era de seda estampada de cachemira, y la llevaba desabrochada hasta la mitad del pecho, también lampiño. Las solapas de terciopelo eran casi pistas de aterrizaje y llevaba varias cadenas de plata alrededor del cuello.

-"Ugh, que mal sentido de la moda"- Dijeron Afrodita y muchas de sus hijas.

Soy Crusty — Gruñó con una sonrisa manchada de sarro.

Muchas de las chicas presentes pusieron caras de asco y se les puso la cara un poco verde mientras que los hombres solo hicieron muecas de desagrado.

Perdone que hayamos entrado en tropel — Le dije—. Sólo estábamos… mirando.

Quieres decir escondiéndoos de esos gamberros —rezongó—. Merodean por aquí todas las noches. Gracias a ellos entra mucha gente en mi negocio. Decidme, ¿os interesa una cama de agua?

-"Ohh, seria genial tener una, son tan cómodas"- Dijeron muchos.

Iba a decir «no, gracias», pero él me puso una zarpa en el hombro y nos condujo a la zona de exposición. Había toda una colección de camas de agua de las más diversas formas, cabezales, ornamentos y colores; tamaño grande, tamaño supergrande, tamaño emperador del universo…

-"Me pregunto qué tan grande será esa cama"- Dijo Apolo.

Éste es mi modelo más popular. — Orgulloso, Crusty nos enseñó una cama cubierta con sábanas de satén negro y antorchas de lava incrustadas en el cabezal. El colchón vibraba, así que parecía de gelatina.

-"Oh, yo quiero una de esas"- Dijo Hermes con una sonrisa.

Masaje a cien manos — Informó— Venga, probadlo. Tiraos en plancha, echad una cabezadita. No me importa, total hoy no hay clientes.

Pues… — Musité— no creo que…

¡Masaje a cien manos! —exclamó Grover, y se lanzó en picado—. ¡Eh, tíos! Esto mola.

-"¡Blaaa-ha-ha! No debería haber hecho eso"- Dijo Grover con una pequeña mueca.

Hum — Murmuró Crusty, acariciándose la coriácea barbilla—. Casi, casi.

-"Oh no, ya sé quién es"- Dijo Atenea disgustada.

-"¿Quién?"- Pregunto Hera, para sorpresa de todos, con un poco de preocupación.

-"Procrustes"- Dijo la diosa de la sabiduría haciendo que la tensión aumentara.

Casi ¿qué? — Pregunté.

Miró a Annabeth.

Hazme un favor y prueba ésta, cariño. Podría irte bien.

-"No, no lo hagas Annabeth"- Dijo Atena muy seria.

-"Eh, mamá estoy aquí"- Le respondió su hija haciendo que los dioses soltaran risitas al ver como el rostro de la diosa se iba tiñendo de rojo.

Pero ¿qué…? —respondió Annabeth.

Él le dio una palmadita en la espalda para darle confianza y la condujo hasta el modelo Safari Deluxe, con leones de madera de teca labrados en la estructura y un edredón de estampado de leopardo.

Annabeth no quiso tumbarse y Crusty la empujó.

-"No toques a mi hija"- Murmuro Atenea con los dientes apretados.

¡Eh, oiga! — Protestó ella.

Crusty chasqueó los dedos.

¡Ergo!

Súbitamente, de los lados de la cama surgieron cuerdas que amarraron a Annabeth al colchón. Grover intentó levantarse, pero las cuerdas salieron también de su cama de satén y lo inmovilizaron.

-"Esto no me gusta nada"- Dijo Beckendorf con una mueca.

¡N-n-no m-m-mola-a-a! — Aulló, la voz vibrándole a causa del masaje a cien manos—. ¡N-n-no mm- mola na-a-a-da!

A pesar de la tensión algunos no pudieron evitar reírse del sátiro sonrojado.

El gigante miró a Annabeth, luego se volvió hacia mí y me enseñó los dientes.

Casi, mecachis — Lamentó. Intenté apartarme, pero su mano me agarró por la nuca—. ¡Venga, chico! No te preocupes. Te encontraremos una en un segundo.

Suelte a mis amigos.

Oh, desde luego. Pero primero tienen que caber.

-"Si claro, un monstruo nos va a soltar por voluntad propia"- Dijo Chris sarcástico.

¿Qué quiere decir?

Verás, todas las camas miden exactamente ciento ochenta centímetros. Tus amigos son demasiado cortos. Tienen que encajar.

-"Hay monstruos que son demasiado tontos. Tiene doce años, claro que no van a medir un metro ochenta"- Dijo Clarisse con una mueca burlona.

Annabeth y Grover seguían forcejeando.

No soporto las medidas imperfectas — Musitó Crusty— ¡Ergo!

Dos nuevos juegos de cuerdas surgieron de los cabezales y los pies de las camas y sujetaron los tobillos y hombros de Grover y Annabeth. Las cuerdas empezaron a tensarse, estirando a mis amigos de ambos extremos.

-"No es una sensación nada agradable"- Dijeron ambos con muecas desagradables.

-"Eso ya me lo imaginaba"- Dijo Thalía

No te preocupes — Me dijo Crusty— Son ejercicios de estiramiento. A lo mejor con ocho centímetros más a sus columnas… Puede que incluso sobrevivan, ¿sabes? Bien, busquemos una cama que te guste.

-"Oh, que tranquilizador"- Dijo sarcástica Bianca

¡Percy! — Gritó Grover.

La cabeza me iba a cien por hora. Sabía que no podía enfrentarme solo a aquel grandullón. Me rompería el cuello antes de que la espada se desplegase.

-"Si, lo mejor no es un ataque directo"- Dijo Artemisa.

En realidad usted no se llama Crusty, ¿verdad?

Legalmente es Procrustes —admitió.

-"Odio a ese tipo"- Dijo Teseo con una mueca.

El Estirador —dije. Recordaba la historia: el gigante que había intentado matar a Teseo con exceso de hospitalidad de camino a Atenas.

-"Ja se acuerda de mí, de mí pero no de ti hermano"- Dijo el héroe haciendo un pequeño baile ridículo rompiendo por completo el estado de tensión y logrando que Orión sonriera divertido por las tontería se su hermano.

Exacto — Respondió el vendedor— Pero ¿quién es capaz de pronunciar Procrustes? Es malo para el negocio. En cambio, todo el mundo puede decir « Crusty ».

Tiene razón. Suena bien.

-"Más bien suena a nombre de payaso"- Dijo Hermes con una sonrisa divertida.

Se le iluminaron los ojos.

¿Eso crees?

Oh, desde luego — Contesté— Y estas camas parecen fabulosas, las mejores que he visto nunca…

-"Mmm, alagarlo es un buen plan"- Dijo Atenea en un murmullo, antes de negar fuertemente con la cabeza. Ese engendro no debe existir, ni debe infectar a mi hija.

Esbozó una amplia sonrisa, pero no aflojó mi cuello.

Yo se lo digo a mis clientes. Siempre se lo digo, pero nadie se preocupa por el diseño de las camas. ¿Cuántos cabezales con antorchas de lava incrustadas has visto tú?

-"Yo ni siquiera he visto una antorcha de lava."- Dijo un hijo de mercurio encogiéndose de hombros, aunque se sonrojo cuando muchos se volvieron a mirarle.

No demasiados.

¡Pues ahí lo tienes!

¡Percy! — Vociferó Annabeth— ¿Qué estás haciendo?

-"Ganar tiempo para alabar a Crusty y que baje la guardia"- Dijo con naturalidad Michael mirando a Annabeth enarcando una ceja como si esto fuera un hecho totalmente claro.

-"Bueno en ese momento estaba un poco ocupada como para pensarlo"- Dijo la hija de Atenea poniendo los ojos en blanco.

No le hagas caso —le dije a Procrustes— Es insufrible.

El gigante se echó a reír.

Todos mis clientes lo son. Jamás miden ciento ochenta exactamente. Son unos desconsiderados. Y después, encima, se quejan del reajuste.

-"Vaya que desconsiderados"- Dijo Zoe rodando los ojos, lo que provoco una gran carcajada general.

¿Qué hace si miden más de ciento ochenta?

Uy, eso pasa a todas horas. Se arregla fácil. — Me soltó, pero antes de que yo pudiera reaccionar, del mostrador de ventas sacó una enorme hacha doble de acero— Centro al tipo lo mejor que puedo y después rebano lo que sobra por cada lado.

-"Una solución fácil"- Dijo Ares encogiéndose de hombros.

Ya — Dije tragando saliva— Muy práctico.

¡Cuánto me alegro de haberme topado con un cliente sensato!

-"Pfff, Percy es de todo menos sensato"- Dijo riendo Hazel, recordando el incidente de Phineas.

Las cuerdas ya estaban estirando de verdad a mis amigos. Annabeth había enrojecido. Grover hacía ruiditos de asfixia, como un ganso estrangulado.

Bueno, Crusty… —comenté, intentando sonar indiferente. Miré la etiqueta con forma de corazón de la cama especial Luna de Miel— ¿Y ésta tiene estabilizadores dinámicos para compensar el movimiento ondulante?

-"Vaya, ¿Porqué de todas las camas se habrá fijado en esa?"- Dijo irónico Nico haciendo que Annabeth se sonrojara.

Desde luego. Pruébala.

Sí, puede que lo haga. Pero ¿funcionan incluso con un tío grande como tú? ¿No se advierte ni una sola onda?

-"Muy inteligente enano"- Dijo Apolo con una sonrisa dirigida a su pequeño primito que le correspondió la sonrisa, otra vez con sus hoyuelos marcados.

Garantizado.

Venga, hombre.

Que sí.

Enséñamelo.

-"Muy persuasivo, me gusta. Fue una idea muy inteligente"- Dijo Afrodita con una sonrisa.

Se sentó gustoso en la cama y le dio unas palmaditas al colchón.

Ni una onda, ¿ves?

-"Es más tonto de lo que pensaba"- Dijo Travis con una sonrisa.

Chasqueé los dedos.

¡Ergo!

Las cuerdas rodearon a Crusty y lo sujetaron contra el colchón.

¡Eh! — Chilló.

-"Siiii, dale una lección Perce"- Dijeron muchos de los semidioses de ambos campamentos aplaudiendo y silbando.

Centradlo bien — Ordené.

Las cuerdas se reajustaron rápidamente. La cabeza de Crusty entera sobresalió por la parte de arriba y sus pies por la de abajo.

¡No! — Dijo — ¡Espera! ¡Esto es sólo una demostración!

-"Una demostración muy realista, sin duda"- Dijo Frank con una sonrisa divertida

Destapé el bolígrafo y Anaklusmos se desplegó.

Bien, prepárate… — No sentía ningún escrúpulo por lo que iba a hacer. Si Crusty era humano, no podría hacerle daño. Si era un monstruo, merecía convertirse en polvo durante un tiempo.

-"Totalmente de acuerdo"- Dijeron todos los mestizos de ambos campamentos, junto con los héroes.

Eres un regateador duro, ¿eh? — Dijo — ¡Vale, te hago un treinta por ciento de descuento en modelos especiales!

Levanté la espada.

¡Sin entrega inicial! ¡Ni intereses durante los seis primeros meses!

-"Claro, y solo por eso te va a soltar"- Dijo Rachel divertida.

Asesté un golpe. Crusty dejó de hacer ofertas.

Muchos se pusieron a aplaudir y a celebrar, incluso el pequeño en brazos de Poseidón se puso a aplaudir tiernamente al ver tanto alboroto.

Cuando todo se calmó Jason volvió a leer con una sonrisa.

Corté las cuerdas de las otras camas. Annabeth y Grover se pusieron en pie, entre temblores, gruñidos y maldiciones.

Parecéis más altos — Comenté.

La risa no se hizo de esperar, incluso los implicados se pusieron a reír a pierna suelta. Este tipo de comentarios son los que echaban de menos todos, solo Percy podía decir algo así en ese momento.

Uy, qué risa — Resopló Annabeth— La próxima vez date un poquitín más de prisa, ¿vale?

-"Pero si lo hizo muy bien"- Dijo Nico divertido.

-"Si Annie no hace falta ser tan repelente"- Le siguió Thalía con una sonrisa

Miré en el tablón de anuncios detrás del mostrador de Crusty. Había un anuncio del servicio de entregas Hermes, y otro del Nuevo y completo compendio de la Zona Monstruo de Los Ángeles: «¡Las únicas páginas amarillas monstruosas que necesita!» Debajo, un panfleto naranja de los estudios de grabación El Otro Barrio ofrecía incentivos por las almas de los héroes. « ¡Buscamos nuevos talentos! »

-"¿Talentos para qué?"- Pregunto Zeus con una ceja levantada.

-"Oh, para los campos de castigo, para ayudar en las colas de muertos que esperan un juicio, etc."- Dijo Hades restándole importancia con una mano.

La dirección de EOB estaba indicada justo debajo con un mapa.

Vamos. — Dije.

Danos un minuto — Se quejó Grover—. ¡Por poco nos estiran hasta convertirnos en salchichas!

-"De que te quejas, ganaste unos centímetros"- Dijo Leo con una sonrisa divertida.

Venga, no seáis quejicas. El inframundo está sólo a una manzana de aquí.

-"Esto se va a poner muy interesante sobrinito"- Dijo Hades, que para sorpresa de todos se levantó y se dirigió hacia su hermano.

-"Poseidón me prestas un rato a este renacuajo"- Dijo el dios del inframundo con una pequeña sonrisa, que su hermano devolvió.

El dios del mar se levantó y le dio con mucho cuidado a Percy a su hermano el cual le dio una pequeña sonrisa al pequeño que se la devolvió tiernamente haciendo que volvieran a marcarse sus lindos hoyuelos.


Espero que les haya gustado, y como dije al principio para el próximo no tardare tanto.

Un beso con todo el cariño del mundo: Natilovebooks