Hola, en primer lugar me gustaría disculparme por haber tardado tanto en escribir, y no tengo excusa. Bueno espero que os guste el capitulo he intentare actualizar lo más pronto posible. Recordad que si teneis alguna sugerencia o quereis decirme algo podeis decirmelo tanto por un review como por un mensaje privado.

Un beso de: Natilovebooks


-"¿Bien y ahora quién lee?"- Pregunto Hestia sonriendo ante la imagen de su hermano y su sobrino.

-"Yo quiero leer"- Dijo Leo con una sonrisa marca Valdez.

-"Annabeth, escuela de adiestramiento para perros"- Leyó el hijo de Hefestos mientras todos miraban a Annabeth.

Estábamos en las sombras del bulevar Valencia, mirando el rótulo de letras doradas sobre mármol negro:

«Estudios de grabación El otro barrio.» Debajo, en las puertas de cristal, se leía: «abogados no, vagabundos no, vivos no.»

-"¿Por qué abogados no?"- Pregunto Will curioso al dios del inframundo que tenía en su regazo a Percy.

-"Puff, son muy pesados, sobre todo los que pueden ver que es un estudio de grabación y van para convertirse en managers." – Dijo Hades con una mueca de desagrado.

Era casi medianoche, pero el recibidor estaba bien iluminado y lleno de gente.

-"Siempre está y estará lleno de gente, si hay algo que no falta en el mundo es muerte"- Dijo Nico con una mueca mirando a sus hermanas, que le sonrieron y le abrazaron cálidamente.

Tras el mostrador de seguridad había un guardia con gafas de sol, porra y aspecto de tío duro.

-"Caronte"- Dijo Atenea

-"Ya lo sabíamos oh gran diosa de la sabiduría"- Dijo Poseidón sarcástico. Atenea se giró para responderle mordazmente pero se mordió la lengua al recordar lo peligroso que podía llegar a ser el dios del mar.

Me volví hacia mis amigos.

Muy bien. ¿Recordáis el plan?

-"Oh si el gran plan de Percy"- Dijo Annabeth divertida.

¿El plan? — Grover tragó saliva — Sí. Me encanta el plan.

-"Mirándolo desde ahora una vez pasado el peligro, no era un plan muy elaborado pero dio resultado"- Dijo Gorver.

¿Qué pasa si el plan no funciona? — Preguntó Annabeth.

No pienses en negativo.

-"Mira quien fue a hablar"- Dijo Malcom riendo.

Vale — Dijo — Vamos a meternos en la tierra de los muertos y no tengo que pensar en negativo.

-"Así me gusta"- Dijo Thalía divertida mientras cogía uno de los mofletes de Annabeth

Saqué las perlas de mi bolsillo, las tres que la nereida me había dado en Santa Mónica. Si algo iba mal, no parecían de mucha ayuda.

-"Nada es lo que parece"- Dijo Poseidón sonriendo.

Annabeth me puso una mano en el hombro.

Lo siento, Percy, los nervios me traicionan. Pero tienes razón, lo conseguiremos. Todo saldrá bien. — Y le dio un codazo a Grover.

-"No hacía falta ser tan violenta"- Dijo el sátiro en un murmullo.

¡Oh, claro que sí! — Dijo él, asintiendo con la cabeza — Hemos llegado hasta aquí. Encontraremos el rayo maestro y salvaremos a tu madre. Ningún problema.

Los miré y me sentí agradecido. Sólo unos minutos antes, por poco habían muerto en unas lujosas camas de agua, y ahora intentaban hacerse los valientes por mí, para infundirme ánimos.

-"Es lo que hacen los buenos amigos"- Dijo Hermes para después añadir con una sonrisa –"Y también los que son más que amigos"

Me metí las perlas en el bolsillo.

Vamos a repartir un poco de leña subterránea.

Muchos, a pesar de que intentaron contener las risas, no pudieron evitar soltar una estruendosa carcajada que alivio un poco el ambiente.

Entramos en la recepción de EOB.

Una música suave de ascensor salía de altavoces ocultos. La moqueta y las paredes eran gris acero. En las esquinas había cactus como manos esqueléticas. El mobiliario era de cuero negro, y todos los asientos estaban ocupados. Había gente sentada en los sofás, de pie, mirando por las ventanas o esperando el ascensor.

Nadie se movía, ni hablaba ni hacía nada. Con el rabillo del ojo los veía a todos bien, pero si me centraba en alguno en particular, parecían transparentes. Veía a través de sus cuerpos.

-"Bueno son solo las almas de las personas no su cuerpo"- Dijo Bianca con una mueca.

El mostrador del guarda de seguridad era bastante alto, así que teníamos que mirarlo desde abajo.

Era un negro alto y elegante, de pelo teñido de rubio y cortado estilo militar. Llevaba gafas de sol de carey y un traje de seda italiana a juego con su pelo. También lucía una rosa negra en la solapa bajo una tarjeta de identificación. Intenté leer su nombre.

¿Se llama Quirón? — dije, confundido.

-"Estúpida dislexia"- Murmuraron muchos de los semidioses mientras los dioses intentaban reprimir sus sonrisas al verlos poner morritos.

Él se inclinó hacia delante desde el otro lado del mostrador. En sus gafas sólo vi mi reflejo, pero su sonrisa era dulce y fría, como la de una pitón justo antes de comerte.

Mira qué preciosidad de muchacho tenemos aquí. — Tenía un acento extraño, británico quizá, pero también como si el inglés no fuera su lengua materna—. Dime, ¿te parezco un centauro?

-"No, es muchísimo más feo"- Dijo Nico con una sonrisa divertida consiguiendo que muchos se rieran, incluido su padre.

N-no.

Señor — añadió con suavidad.

Señor — repetí.

Agarró su tarjeta de identificación con dos dedos y pasó otro bajo las letras.

¿Sabes leer esto, chaval? Pone C-a-r-o-n-t-e. Repite conmigo: Ca-ron-te.

-"No me extraña que tu padre no lo aguante, es muy molesto"- Le dijo Annabeth a los hijos del dios del Inframundo presentes.

Caronte.

¡Impresionante! Ahora di: señor Caronte.

Señor Caronte.

Muy bien. — Volvió a sentarse — Detesto que me confundan con ese viejo jamelgo de Quirón. Y bien, ¿en qué puedo ayudaros, pequeños muertecitos?

-"Al menos parece amistoso"- Dijo una hija de Venus.

-"Ya pero eso solo es para la primera impresión, si no tienes dinero no te deja pasar al inframundo para descansar en paz"- Dijo Grover frunciendo el ceño.

La pregunta me golpeó en el estómago como un puño. Miré a Annabeth, vacilante.

Queremos ir al inframundo — intervino ella.

Caronte emitió un silbido de asombro.

Vaya, niña, eres toda una novedad.

Algunos intentaron ahogar la risa con una tos falsa mientras que el resto simplemente no pudo reprimir la carcajada.

¿Sí? —repuso ella.

Directa y al grano. Nada de gritos. Nada de «tiene que haber un error, señor Caronte». — Se nos quedó mirando — ¿Y cómo habéis muerto, pues?

Le solté un codazo a Grover.

-"Mmmm, sois la pareja perfecta, ambos violentos"- Dijo Michael riéndose, al que se unieron la mayoría de los presentes al ver la cara roja de Annabeth.

Bueno… — Respondió él — Esto… ahogados… en la bañera.

¿Los tres?

Asentimos.

-"Es la historia más patética que he escuchado"- Dijo Lee riendo.

Menuda bañera. — Caronte parecía impresionado— Supongo que no tendréis monedas para el viaje. Veréis, cuando se trata de adultos puedo cargarlo a una tarjeta de crédito, o añadir el precio del ferry a la factura del cable. Pero los niños… Vaya, es que nunca os morís preparados. Supongo que tendréis que esperar aquí sentados unos cuantos siglos.

-"Eso no es justo"- Dijeron muchos.

-"Voy a tener que hablar con Caronte"- Dijo Hades mientras jugaba con su sobrino e ignoraba las miradas de absoluta sorpresa al ver al oscuro dios tan relajado y simpático.

No, si tenemos monedas. — Puse tres dracmas de oro en el mostrador, parte de lo encontrado en el despacho de Crusty.

-"Oh soborno, siempre funciona"- Dijo Hermes.

Bueno, bueno… — Caronte se humedeció los labios— Dracmas de verdad, de oro auténtico. Hace mucho que no veo una de éstas… —Sus dedos acariciaron codiciosos las monedas.

Entonces Caronte me miró fijamente y su frialdad pareció atravesarme el pecho.

-"Os ha pillado, pero no te impedirá bajar si le das una buena cantidad de dinero"- Dijo Nico soltando un suspiro.

A ver — Dijo— No has podido leer mi nombre correctamente. ¿Eres disléxico, chaval?

No — Mentí— Soy un muerto.

Se escucharon algunas risas a lo largo de toda la sala.

Caronte se inclinó hacia delante y olisqueó.

No eres ningún muerto. Debería haberme dado cuenta. Eres un diosecillo.

Tenemos que llegar al inframundo — Insistí.

Caronte soltó un profundo rugido.

-"Lo dije, solo es para la primera impresión, después es más molesto que una mierda en el zapato"- Dijo Grover con un resoplido, ganándose risas por parte de todos.

Todo el mundo en la sala de espera se levantó y empezó a pasearse con nerviosismo, a encender cigarrillos, mesarse el pelo o consultar los relojes.

Marchaos mientras podáis — Nos dijo Caronte— Me quedaré las monedas y olvidaré que os he visto. —Hizo ademán de guardárselas, pero yo se las arrebaté.

Sin servicio no hay propina. — Intenté parecer más valiente de lo que me sentía.

-"Oh créeme de verdad lo encontramos valiente, y también un poco estúpido, nosotros no nos habríamos atrevido a decir y hacerle eso a Caronte, al menos no en esa época"- Dijo Annabeth sonriendo con cariño al recordar las estupideces que hacia su novio.

Caronte volvió a gruñir, esta vez un sonido profundo que helaba la sangre.

Los espíritus de los muertos empezaron a aporrear las puertas del ascensor.

-"Definitivamente voy a tener que hablar con él. Las almas no deben tener tanto miedo de Caronte, se supone que es una ayuda para que puedan llegar al Inframundo y puedan descansar en paz."

Es una pena — Suspiré — Teníamos más que ofrecer.

-"Oh yeah, dulce soborno"- Dijeron Apolo y Hermes riendo.

Le enseñé la bolsa llena con las cosas de Crusty. Saqué un puñado de dracmas y dejé que las monedas se escurrieran entre mis dedos. El gruñido de Caronte se convirtió en una especie de ronroneo de león.

¿Crees que puedes comprarme, criatura de los dioses? Oye… sólo por curiosidad, ¿cuánto tienes ahí?

-"Oh sí, no creo que vaya a ceder fácilmente"- Dijo Thalía divertida.

Mucho — Contesté— Apuesto a que Hades no le paga lo suficiente por un trabajo tan duro.

Uf, si te contara… Pasar el día cuidando de estos espíritus no es nada agradable, te lo aseguro.

-"Pues yo no lo encuentro tan difícil comparado con otros trabajos"- Dijo un hijo de Marte frunciendo el ceño.

-"Claro que es fácil, los espíritus no pueden hacer nada a menos que sean muy malos, pero esos van directamente a los campos de castigo después de su muerte. Solo es que a Caronte le encanta quejarse."- Dijo el dios del Inframundo.

Siempre están con «por favor, no dejes que muera», o «por favor, déjame cruzar gratis». Estoy harto.

Hace tres mil años que no me aumentan el sueldo. ¿Y te parece que los trajes como éste salen baratos?

-"Es un dios no, no puede hacer que aparezcan así como así"- Pregunto uno de los campistas griegos nuevos.

-"No, Caronte no es un dios, simplemente es inmortal, su única función es cuidar las almas que se encuentran esperando y transpórtalas hacia el Inframundo. Sin embargo no sé de qué se queja, no necesita comer ni dormir, y su sueldo es muy cuantioso, le da de más para esos dichosos trajes."- Termino Hades dando un resoplido que ocasiono la risa clara y alegre de su sobrino que se encontraba en su falda.

Se merece algo mejor — Coincidí— Un poco de aprecio. Respeto. Buena paga.

A cada palabra, apilaba otra moneda de oro en el mostrador.

Caronte le echó un vistazo a su chaqueta de seda italiana, como si se imaginara vestido con algo mejor.

Debo decir, chaval, que lo que dices tiene algo de sentido. Sólo un poco, ¿eh?

-"Como decía, va a ser muy difícil convencerle"- Dijo Thalía con una sonrisa burlona

Apilé unas monedas más.

Yo podría mencionarle a Hades que usted necesita un aumento de sueldo…

Suspiró.

De acuerdo. El barco está casi lleno, pero intentaré meteros con calzador, ¿vale? —Se puso en pie, recogió las monedas y dijo—: Seguidme.

Se abrió paso entre la multitud de espíritus a la espera, que intentaron colgarse de nosotros mientras susurraban con voces lastimeras.

-"Pobres, a saber cuánto les hará esperar"- Dijo Hazel con el ceño fruncido.

Caronte los apartaba de su camino murmurando: «Largo de aquí, gorrones.»

Nos escoltó hasta el ascensor, que ya estaba lleno de almas de muerto, cada una con una tarjeta de embarque verde.

Caronte agarró a dos espíritus que intentaban meterse con nosotros y los devolvió a la recepción.

-"Mmmm, cuando vuelve veré si puedo descongestionar un poco la sala para que esos espíritus no tengan que esperar más"- Dijo Hades murmurando para si mismo.

Vale. Escuchad: que a nadie se le ocurra pasarse de listo en mi ausencia —anunció a la sala de espera—. Y si alguno vuelve a tocar el dial de mi micrófono, me aseguraré de que paséis aquí mil años más. ¿Entendido?

-"Eso es cruel"- Murmuro Piper.

Cerró las puertas. Metió una tarjeta magnética en una ranura del ascensor y empezamos a descender.

¿Qué les pasa a los espíritus que esperan? — Preguntó Annabeth.

Nada — Repuso Caronte.

¿Durante cuánto tiempo?

Para siempre, o hasta que me siento generoso.

Vaya — Dijo Annabeth — Eso no parece… justo.

-"No, no lo es. Espero que eso se solucione en cuanto tenga una charla con Caronte."- Dijo Hades frunciendo el ceño.

Caronte arqueó una ceja.

¿Quién ha dicho que la muerte sea justa, niña? Espera a que llegue tu turno. Yendo a dónde vas, morirás pronto.

Saldremos vivos — Respondí.

Ja.

-"Mira por donde, el sesos de alga tenía razón. Apunta eso Nico"- Dijo Thalía divertida.

De repente sentí un mareo. No bajábamos, sino que íbamos hacia delante. El aire se tornó neblinoso.

Los espíritus que nos rodeaban empezaron a cambiar de forma. Sus prendas modernas se desvanecieron y se convirtieron en hábitos grises con capucha.

El suelo del ascensor empezó a bambolearse.

Cerré los ojos con fuerza.

Cuando los abrí, el traje de Caronte se había convertido en un largo hábito negro, y tampoco llevaba las gafas de carey. Donde tendría que haber habido ojos sólo había cuencas vacías; como las de Ares pero totalmente oscuras, llenas de noche, muerte y desesperación.

-"Me gustaba más su aspecto anterior"- Dijo una hija de Afrodita reprimiendo un escalofrío.

Advirtió que lo miraba y preguntó:

¿Qué pasa?

No, nada — Conseguí decir.

Pensé que estaba sonriendo, pero no era eso. La carne de su rostro se estaba volviendo transparente, y podía verle el cráneo.

-"Hugh, hubiera preferido que estuviera sonriendo"- Dijo Annabeth.

El suelo seguía bamboleándose.

Me parece que me estoy mareando — Dijo Grover.

-"No me extraña"- Dijeron muchos con una mueca al imaginarse la escena.

Cuando volví a cerrar los ojos, el ascensor ya no era un ascensor. Estábamos encima de una barcaza de madera. Caronte empujaba una pértiga a través de un río oscuro y aceitoso en el que flotaban huesos, peces muertos y otras cosas más extrañas: muñecas de plástico, claveles aplastados, diplomas de bordes dorados empapados.

-"No parece un buen lugar para nadar"- Dijo una hija de Apolo.

-"No, no lo es, sino pregúntale a Percy"- Dijo Nico con una mueca, por suerte los dioses no le había escuchado

El río Estige — Murmuró Annabeth— Está tan…

Contaminado — la ayudó Caronte— Durante miles de años, vosotros los humanos habéis ido tirando de todo mientras lo cruzabais: esperanzas, sueños, deseos que jamás se hicieron realidad. Gestión de residuos irresponsable, si vamos a eso.

-"Eso parece desolador"- Dijo un hijo de Hécate con una mueca.

La niebla se enroscó sobre la mugrienta agua. Por encima de nosotros, casi perdido en la penumbra, había un techo de estalactitas.

Más adelante, la otra orilla brillaba con una luz verdosa, del color del veneno.

El pánico se apoderó de mi garganta. ¿Qué estaba haciendo allí? Toda aquella gente alrededor… estaba muerta.

-"A buena hora te vienes a dar cuenta"- Dijo Bianca.

Annabeth me agarró de la mano.

En circunstancias normales, me habría dado vergüenza, pero entendía cómo se sentía. Quería asegurarse de que alguien más estaba vivo en el barco.

Me descubrí murmurando una oración, aunque no estaba muy seguro de a quién se la rezaba. Allí abajo, sólo un dios importaba, y era el mismo al que había ido a enfrentarme.

La orilla del inframundo apareció ante nuestra vista. Unos cien metros de rocas escarpadas y arena volcánica negra llegaban hasta la base de un elevado muro de piedra, que se extendía a cada lado hasta donde se perdía la vista. Llegó un sonido de alguna parte cercana, en la penumbra verde, y reverberó en las rocas: el gruñido de un animal de gran tamaño.

El viejo Tres Caras está hambriento — Comentó Caronte. Su sonrisa se volvió esquelética a la luz verde— Mala suerte, diosecillos.

-"Cerbero no es malo, solo necesita compañía más a menudo"- Dijo Annabeth con una pequeña sonrisa.

-"Cuando tengamos un descanso le preguntare si le puede traer, pero como un cachorro, porque si no tendremos un problema"- Dijo Nico.

La quilla de la barcaza se posó sobre la arena negra. Los muertos empezaron a desembarcar. Una mujer llevaba a una niña pequeña de la mano. Un anciano y una anciana cojeaban agarrados del brazo. Un chico, no mayor que yo, arrastraba los pies en su hábito gris.

Te desearía suerte, chaval — Dijo Caronte— pero es que ahí abajo no hay ninguna. Pero oye, no te olvides de comentar lo de mi aumento.

-"Claro, porque en realidad le va a decir eso"- Dijo Jason divertido, pero al ver las caras de Grover y Annabeth cambio su sonrisa a una mueca de sorpresa.

-"¿Enserio se lo dijo?"- Pregunto el hijo de Júpiter, a lo que respondieron con un asentimiento con la cabeza.

Contó nuestras monedas de oro en su bolsa y volvió a agarrar la pértiga. Entonó algo que parecía una canción de Barry Manilow mientras conducía la barcaza vacía de vuelta al otro lado.

Seguimos a los espíritus por el gastado camino.

No estoy muy seguro de qué esperaba encontrar: puertas nacaradas, una reja negra enorme o algo así.

La verdad es que la entrada a aquel mundo subterráneo parecía un cruce entre la seguridad del aeropuerto y la autopista de Nueva Jersey.

-"Bueno teniendo en cuenta el número de personas que mueren cada día es normal que este tan congestionado"- Dijo Atenea.

Había tres entradas distintas bajo un enorme arco negro en el que se leía: «Está entrando en erebo.»

Cada entrada tenía un detector de metales con cámaras de seguridad encima. Detrás había cabinas de aduanas ocupadas por fantasmas vestidos de negro como Caronte.

-"Vaya está mucho más moderno de lo que recordaba"- Dijo Zeus.

-"Claro que lo está, sino hiciera avances estaría mucho más atascado de lo que está ahora"- Se quejó el dios mientras jugaba con Percy a golpearse las manos el uno al otro suavemente, y sonreía cada vez que su sobrino reía dvertido.

El rugido del animal hambriento se oía muy alto, pero no vi de dónde procedía. El perro de tres cabezas, Cerbero, que supuestamente guardaba la puerta del Hades, no estaba por ninguna parte.

-"¿Dónde está?"- Preguntaron muchos

-"Oh, Cerbero es transparente como los espíritus, pero a medida que te acercas se va volviendo visible y más sólido, debido a que estas más cerca de la muerte."- Dijo Hades encogiéndose de hombros.

Los muertos hacían tres filas, dos señaladas como «EN SERVICIO», y otra en la que ponía: «MUERTE RÁPIDA.»

La fila de muerte rápida se movía velozmente. Las otras dos iban como tortugas.

¿Qué te parece? — Le pregunté a Annabeth.

La cola rápida debe de ir directamente a los Campos de Asfódelos — Dijo — No quieren arriesgarse al juicio del tribunal, porque podrían salir mal parados.

-"Así es, aunque si hay alguien que de verdad merece ir a los campos de castigo o a los Elíseos y pasa por la muerte rápida saltan las alarmas y alguno de los encargados se encarga de explicarle lo que ocurre y llevarle a su sitio correspondiente."

¿Hay un tribunal para los muertos?

-"Claro, son los que deciden a donde va cada alma que quiere arriesgarse al juicio."- Dijo Bianca.

Sí. Tres jueces. Se turnan los puestos. El rey Minos, Thomas Jefferson, Shakespeare; gente de esa clase. A veces estudian una vida y deciden que esa persona merece una recompensa especial: los Campos Elíseos. En otras ocasiones deciden que merecen un castigo. Pero la mayoría… en fin, sencillamente vivieron, son historia. Ya sabes, nada especial, ni bueno ni malo. Así que van a parar a los Campos de Asfódelos.

-"En verdad, hay poca gente mortal que haga tanta diferencia en el mundo como para ir a los campos Elíseos, son aquellos que han aportado mucho bien al mundo o los que han sufrido mucho en la vida y no han hecho nada para merecerlo"- Dijo Nico.

¿A hacer qué?

Imagínate estar en un campo de trigo de Kansas para siempre — contestó Grover.

Qué agobio — Respondí.

-"La verdad es que no es tanto, no tienes sentido del tiempo, y la mayoría de ellos revive sus momentos más felices por el resto de la eternidad"- Dijo Hades.

Tampoco es para tanto — Murmuró Grover — Mira — Un par de fantasmas con hábitos negros habían apartado a un espíritu y lo empujaban hacia el mostrador de seguridad. El rostro del difunto me resultaba vagamente familiar— Es el predicador de la tele, ¿te acuerdas?

-"Oh si me acuerdo de él. Era un cretino"- Dijo Piper.

Anda, sí. — Ya me acordaba. Lo había visto en la televisión un par de veces, en el dormitorio de la academia Yancy. Era un telepredicador pelmazo que había recaudado millones de dólares para orfanatos y después lo habían sorprendido gastándose el dinero en cosas como una mansión con grifos de oro y un minigolf de interior. Durante una persecución policial su Lamborghini se había despeñado por un acantilado.

-"Se lo tenía merecido, había mentido robado y engañado a mucha gente, y además les creo falsas esperanzas a muchos huérfanos a los que se supone que tenía que dar el dinero"- Dijo Silena frunciendo el ceño.

Castigo especial de Hades — Supuso Grover— La gente mala, mala de verdad, recibe una atención personal en cuanto llegan. Las Fur… Las Benévolas prepararán una tortura eterna para él.

-"Que amable de su parte"- Murmuro Frank

Pensar en las Furias me hizo estremecer. De pronto caí en la cuenta de que en aquel momento me hallaba en su territorio. La buena de la señora Dodds estaría relamiéndose de la emoción.

-"Oh si, todavía está molesta con Percy por hacerla estallar en su primer intento"- Dijo Nico riendo.

Pero si es predicador y cree en un infierno diferente… — objeté.

-"Depende de cada uno, según su religión verán en lo que creen y para los que no creen en nada religioso verán la verdadera realidad"- Dijo Deméter.

Grover se encogió de hombros.

¿Quién dice que esté viendo este lugar como lo vemos tú y yo? Los humanos ven lo que quieren ver. Sois muy cabezotas… quiero decir, persistentes.

-"¿Y tú no?"- Pregunto Thalía sarcástica.

Nos acercamos a las puertas. Los alaridos se oían tan alto que hacían vibrar el suelo bajo mis pies, aunque seguía sin localizar el lugar del que procedían.

Entonces, a unos quince metros delante, la niebla verde resplandeció. Justo donde el camino se separaba en tres había un enorme monstruo envuelto en sombras.

-"Veis, ahora que están más cerca de entrar pueden divisar a Cerbero"- Dijo el dios del Inframundo.

No lo había visto antes porque era semitransparente, como los muertos. Si estaba quieto se confundía con cualquier cosa que tuviera detrás.

Sólo los ojos y los dientes parecían sólidos. Y estaba mirándome.

Casi se me desencajó la mandíbula. Lo único que se me ocurrió decir fue:

Es un rottweiler.

-"Pff, no sé por qué pero me esperaba otro comentario"- Dijo divertido Leo.

Siempre me había imaginado a Cerbero como un enorme mastín negro. Pero evidentemente era un rottweiler de pura raza, salvo por el pequeño detalle de que también era el doble de grande que un mamut, casi del todo invisible, y tenía tres cabezas.

-"Si salvo por esos por esos pequeñísimos detalles sería igual a un perro normal"- Dijo Beckendorf riendo.

Los muertos caminaban directamente hacia él: no tenían miedo. Las filas en servicio se apartaban de él cada una a un lado. Los espíritus camino de muerte rápida pasaban justo entre sus patas delanteras y bajo su estómago, cosa que hacían sin necesidad de agacharse.

Ya lo veo mejor — Murmuré— ¿Por qué pasa eso?

Creo… — Annabeth se humedeció los labios — Me temo que es porque nos encontramos más cerca de estar muertos.

-"Que tranquilizador"- Dijo Poseidón con una mueca.

La cabeza central del perro se alargó hacia nosotros. Olisqueó el aire y gruñó.

Huele a los vivos — Dije.

-"Claro, si no de que me sirve tener un perro guardián en el inframundo si no detecta a los que intentan entrar de manera ilegal"- Dijo Hades.

Pero no pasa nada — Contestó Grover, temblando a mi lado — Porque tenemos un plan.

Ya — Musitó Annabeth—. Eso, un plan.

-"No parece gustaros mucho el plan ¿no?"- Pregunto Atenea.

-"No era tan mal plan, después de todo pero en ese momento nos pareció un poco… ridículo"-Dijo Annabeth con una pequeña sonrisa.

Nos acercamos al monstruo. La cabeza del medio nos gruñó y luego ladró con tanta fuerza que me hizo parpadear.

¿Lo entiendes? — Le pregunté a Grover.

Sí lo entiendo, sí. Vaya si lo entiendo.

-"No eran cosas muy agradables la verdad"- Dijo Grover con una mueca

¿Qué dice?

No creo que los humanos tengan una palabra que lo exprese exactamente.

Saqué un palo de mi mochila: el poste que había arrancado de la cama de Crusty modelo safari.

Lo sostuve en alto, intentando canalizar hacia Cerbero pensamientos perrunos felices: anuncios de exquisiteces para perro, huesos de juguete, piensos apetitosos. Traté de sonreír, como si no estuviera a punto de morir.

-"Hay sesos de alga que vamos a hacer contigo"- Dijo divertida Thalía.

Ey, grandullón — Lo llamé— Seguro que no juegan mucho contigo.

-"No puedo, no tengo mucho tiempo"- Dijo Hades molesto.

-"No te preocupes papa, ahora la Señorita O' Leary juega ahora con Cerbero"- Dijo Nico.

-"¿Quién es la Señorita O'Leary?"- Pregunto Hades.

-"Aparece en los libros"- Dijo Nico.

¡ GRRRRRRRRR!

Buen perro — Contesté débilmente.

Moví el palo. Su cabeza central siguió el movimiento y las otras dos concentraron sus ojos en mí,olvidando a los espíritus.

-"Mmm, podría funcionar"- Murmuro Hades.

Toda su atención se hallaba puesta en mí. No estaba muy seguro de que fuera algo bueno.

¡Agárralo! — Lancé el palo a la oscuridad, un buen lanzamiento. Oí el chapoteo en el río Estige.

-"No era un mal plan, solo que a Cerbero parece no gustarle mucho los palos"- Dijo divertida Artemisa, aunque después se llevó una mano a la boca sorprendida por haber alagado a un chico.

Cerbero me dedicó una mirada furibunda, no demasiado impresionado.

Tenía unos ojos temibles y fríos.

Bien por el plan.

Aunque no rea momento para reírse debido a que los tres se encontraban en peligro no muchos reprimieron las carcajadas.

Cerbero emitió un nuevo tipo de gruñido, más profundo, multiplicado por tres.

-"Mmm, parece molesto"- Dijo Lee pensativo

-"Noo, ¿de verdad?"- Pregunto entre exasperado y divertido Chris.

Esto… — musitó Grover — ¿Percy?

¿Sí?

Creo que te interesará saberlo.

¿El qué?

Cerbero dice que tenemos diez segundos para rezar al dios de nuestra elección. Después de eso… bueno… el pobre tiene hambre.

-"Bueno, al menos os dio tiempo para rezar o salir corriendo"- Dijo Nico con una pequeña sonrisa.

¡Esperad! — Dijo Annabeth, y empezó a hurgar en su bolsa.

«Oh-oh», pensé.

Cinco segundos — Informó Grover— ¿Corremos ya?

-"Creo que sería lo mejor"- Dijo Atenea.

Annabeth sacó una pelota de goma roja del tamaño de un pomelo. En ella ponía: «waterland, denver, co.»

Antes de que pudiera detenerla, levantó la pelota y se encaminó directamente hacia Cerbero.

¿Ves la pelotita? — Le gritó— ¿Quieres la pelotita, Cerbero? ¡Siéntate!

Cerbero parecía tan impresionado como nosotros.

-"No me extraña"- Dijo Nico riendo.

Inclinó de lado las tres cabezas. Se le dilataron las seis narinas.

¡Siéntate! — Volvió a ordenarle Annabeth.

Estaba convencido de que en cualquier momento se convertiría en la galleta de perro más grande del mundo.

-"Que poca confianza"- Dijo Annabeth respolando.

En cambio, Cerbero se relamió los tres pares de labios, desplazó el peso a los cuartos traseros y se sentó, aplastando al instante una docena de espíritus que pasaban debajo de él en la fila de muerte rápida.

-"Eso no debe ser muy agradable"- Dijeron muchos con muecas

Los espíritus emitieron silbidos amortiguados, como una rueda pinchada.

¡Perrito bueno! — Dijo Annabeth, y le tiró la pelota.

-"Espero que funcione"- Dijo Hestia

Él la cazó al vuelo con las fauces del medio. Apenas era lo bastante grande para mordisquearla siquiera, y las otras dos cabezas empezaron a lanzar mordiscos hacia el centro, intentando hacerse con el nuevo juguete.

-"Que egoístas"- Dijo Afrodita.

¡Suéltala! — Le ordenó Annabeth.

Las cabezas de Cerbero dejaron de enredar y se quedaron mirándola. Tenía la pelota enganchada entre dos dientes, como un trocito de chicle. Profirió un lamento alto y horripilante y dejó caer la pelota, ahora toda llena de babas y mordida casi por la mitad, a los pies de Annabeth.

Muy bien. — Recogió la bola, haciendo caso omiso de las babas del monstruo. Luego se volvió hacia nosotros y dijo—: Id ahora. La fila de muerte rápida es la más rápida.

-"Noo, y quién lo habría pensado, que la fila de muerte rápida es más rápida"- Dijo Apolo riendo.

Pero… — Dije.

¡Ahora! — Ordenó, con el mismo tono que usaba para el perro.

Muchos se rieron mientras Grover ponía una mueca de molestia aunque por dentro se estuviera riendo como los demás.

Grover y yo avanzamos poco a poco y con cautela.

Cerbero empezó a gruñir.

¡Quieto! — Ordenó Annabeth al monstruo—. ¡Si quieres la pelotita, quieto!

Cerbero gañó, pero permaneció inmóvil.

-"Annie das verdadero miedo"- Dijo Thalía con una sonrisa, que la hija de Atenea devolvió para luego añadir –"No me llames Annie"

¿Qué pasará contigo? — Le pregunté a Annabeth cuando cruzamos a su lado.

-"Ohh, mira se preocupa por ella"- Dijeron los Stoll riendo.

Sé lo que estoy haciendo, Percy — Murmuró— Por lo menos, estoy bastante segura…

"Que tranquilizador"- Murmuro Atenea que se estaba mordiendo las uñas.

Grover y yo pasamos entre las patas del monstruo.

«Por favor, Annabeth —recé en silencio—. No le pidas que vuelva a sentarse.»

Muchos fueron los que tuvieron que ahogar sus carcajadas mientras que otros no pudieron contenerse.

Conseguimos cruzar.

Cerbero no daba menos miedo visto por detrás.

¡Perrito bueno! — Le dijo Annabeth.

-"Sí que lo es, solo necesita más cariño y que jueguen con él"- Dijo Hestia sonriendo.

Agarró la pelota roja machacada, y probablemente llegó a la misma conclusión que yo: si recompensaba a Cerbero, no le quedaría nada para hacer otro jueguecito.

Aun así, se la lanzó y la boca izquierda del monstruo la atrapó al vuelo, pero fue atacada al instante por la del medio mientras la derecha gañía en señal de protesta.

-"Me imagino que debe ser un poco molesto tener que compartir el mismo cuerpo con otras dos cabezas"- Dijo Will.

Así distraído el monstruo, Annabeth pasó con presteza bajo su vientre y se unió a nosotros en el detector de metales.

¿Cómo has hecho eso? — Le pregunté alucinado.

-"Annie es buena domando a las fieras"- Dijo Connor divertido.

-"Por supuesto, porque crees que Percy sale con ella"- Añadió Travis riendo.

Escuela de adiestramiento para perros — Respondió sin aliento, y me sorprendió verla hacer un puchero—. Cuando era pequeña, en casa de mi padre teníamos un doberman…

-"No creo que sea el momento como para contar historias de la infancia"- Dijo Leo interrumpiéndose a sí mismo.

Eso ahora no importa — Interrumpió Grover, tirándome de la camisa— ¡Vamos!

Nos disponíamos a adelantar la fila a todo gas cuando Cerbero gimió lastimeramente por las tres bocas.

-"Aww"- Susurraron mucha chicas al imaginarse la escena.

Annabeth se detuvo y se volvió para mirar al perro, que se había girado hacia nosotros.

Cerbero jadeaba expectante, con la pelotita roja hecha pedazos en un charco de baba a sus pies.

-"Sé que parece loca, pero esa imagen me parece muy tierna"- Dijo Piper con una pequeña sonrisa, y otros muchos, sobretodo chicas asintieron estando de acuerdo.

Perrito bueno — Le dijo Annabeth con voz de pena.

Las cabezas del monstruo se ladearon, como preocupado por ella.

Pronto te traeré otra pelota — Le prometió Annabeth— ¿Te gustaría?

El monstruo aulló. No necesité entender su idioma para saber que Cerbero se quedaría esperando la pelota.

-"Mmm, quizás después de arreglar lo que sea que pase en el futuro podría daros permiso para venir a jugar con Cerbero, el pobre debe sentirse muy solo"- Dijo Hades. Al ver como todos los miraban pregunto –"¿Qué?".

-"Bueno no esperábamos que usted fuera tan agradable, sin ofender"- Añadió rápidamente Annabeth.

-"Oh por los dioses, no deberíais hacer caso de todo lo que dicen los mitos. Muchas veces dicen cosas ciertas pero a veces no, si todo lo que dijeran fuera cierto, yo disfrutaría del sufrimiento, y por ejemplo Poseidón sería un monstruo por su carácter."- Dijo el dios resoplando.

-"Tiene razón señor Hades, lo lamentamos"- Dijo Grover con una pequeña sonrisa de disculpa.

Perro bueno. Vendré a verte pronto. Te… te lo prometo. — Annabeth se volvió hacia nosotros—Vamos.

Grover y yo cruzamos el detector de metales, que de inmediato accionó la alarma y un dispositivo de luces rojas.

« ¡Posesiones no autorizadas! ¡Detectada magia! »

Cerbero empezó a ladrar.

Nos lanzamos a través de la puerta de muerte rápida, que disparó aún más alarmas, y corrimos hacia el inframundo.

-"Lo mejor que podéis hacer es buscar un escondite, sino es posible que os atrapen"- Dijo Thalía

Unos minutos después estábamos ocultos, jadeantes, en el tronco podrido de un enorme árbol negro, mientras los fantasmas de seguridad pasaban frente a nosotros y pedían refuerzos a las Furias.

-"Menos mal que os pudisteis esconder"- Dijo Frank

Bueno, Percy — Murmuró Grover— ¿qué hemos aprendido hoy?

¿Que los perros de tres cabezas prefieren las pelotas rojas de goma a los palos?

A pesar de la tensión la sala estallo en carcajadas, nadie como Percy para mejorar el estado de ánimo con solo una frase.

No — Contestó Grover— Hemos aprendido que tus planes son perros, ¡perros de verdad!

Yo no estaba tan seguro. Creía que Annabeth y yo habíamos tenido una buena idea. Incluso en ese mundo subterráneo, todos, incluidos los monstruos, necesitaban un poco de atención de vez en cuando.

-"En eso tiene razón, lo único en que fallo fue con que distraerlo"- Dijo Jason encogiéndose de hombros.

Pensé en ello mientras esperaba a que los demonios pasaran. Fingí no darme cuenta de que Annabeth se enjugaba una lágrima de la mejilla mientras escuchaba el lastimero aullido de Cerbero en la distancia, que echaba de menos a su nueva amiga.

-"Pobrecito"- Dijeron muchos de los semidioses.

-"Terminado"- Dijo Leo con una sonrisa.