Disclaimer: los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la trama a camnz.


A la mañana siguiente Hermione se alistó para salir. Se puso una falda de tubo y un suéter, discreto y sencillo. Blaise se había ido antes a su casa a cambiar. Se acomodó un poco el cabello y un poco de brillo labial y estaba lista. Ella rara vez usaba maquillaje durante el día y no veía la necesidad de cambiar eso por ir a comer con los Slytherins. Si todo salía horriblemente mal, se retiraría, concluyó.

Escuchó que llamaban a la puerta, obviamente era Blaise. Era ridículo cuanta emoción y felicidad sentía cada vez que lo veía. Era simplemente perfecto. Y ella merecía alguien perfecto.

Él, por supuesto, se veía guapísimo, un poco más relajado que cuando iba a trabajar, pero aun así más formal de lo que Ron o Harry usaban en algo que no fuera una boda o un baile.

–¿Estás lista? –preguntó él–. Te ves como para comerte.

Ella se ruborizó levemente y asintió. Todavía no se acostumbraba del todo a recibir halagos. Al principio la había tomado por sorpresa pero estaba mejorando en ese aspecto.

De nuevo, él los apareció a ambos en lo que parecía ser un restaurante, pero más exclusivo que cualquiera de los del Callejón Diagon, ya que cada mesa contaba con un privado.

–Blaise, llegaste –dijo alguien. Flint. Hermione no lo había visto en años. Aún tenía esos dientes. Probablemente luciría más atractivo si se los arreglara. Le daban un aspecto muy salvaje. Su padre no habría podido evitar hacer un comentario al respecto.

Y allí estaban, los Slytherins, mejor dicho algunos de los Slytherins, Miles Bletchley, Adrian Pucey, Theo Nott, Pansy, Daphne Greengrass y Graeme Harper. Además, un rubio fastidio. Se veía igual, un poco mayor, más maduro, pero definitivamente era él. No lo había visto en persona durante años. Aparecía regularmente en los periódicos. Todavía era el soltero más codiciado en el país, según la revista Witch Weekly, detalle que había hecho que Hermione dejara de leer, de una buena vez, todas las publicaciones de chismes.

Ella siguió a Blaise hacia las dos sillas vacías de la mesa.

–Blaise, cariño, me alegra tanto que estés aquí –dijo Pansy con una sonrisa radiante.

–¿Te acuerdas de Hermione Granger? –preguntó él a Pansy.

–Desde luego que la recuerdo –respondió Pansy, sin perder su sonrisa, Hermione debía reconocerle eso–. La Gryffindor estudiosa si mal no recuerdo. ¿Te estás preparando para ser profesora en Hogwarts?"

–No, trabajo en el Ministerio –dijo Hermione.

–Oh, yo suponía que terminarías haciendo algo más relacionado con libros.

–Así es –confirmó Hermione.

–Bueno, entonces todo está bien en el mundo –dijo Pansy–. Adrian, dulzura, ¿podrías ir a visitar a mi abuelita la próxima semana? Se muere por la compañía de alguien que no tenga arrugas y que no sufra de gota.

–Si insistes Pansy –dijo Adrian–. Es la última vez, tienes que dejar de usarme para servirles té a las viejecitas.

–Es que eres muy ameno –dijo Pansy haciendo un mohín–. Y las viejecitas te adoran, como yo.

Luego Blaise la presentó con todos en la mesa. Ellos inclinaron la cabeza cuando mencionó sus nombres. En verdad eran lo suficientemente educados cuando la situación lo ameritaba, y eso alegraba a Hermione. Hasta Malfoy la saludó, y luego se volteó. Voltearse estaba bien.

–¿Cómo estuvo tu fiesta de anoche? –inquirió Pansy con mirada traviesa–. Espero que la Señorita Fletchnary se haya comportado.

–Llevaba a Hermione para disuadir a cualquiera que sufriera alucinaciones –respondió él y le acarició la rodilla.

–Debieron haber ido a casa de Marcus después. La pasamos increíble –dijo Pansy–. Los chicos aún están un poquito alcoholizados. ¿Por qué no vinieron?

–Tenía otras cosas que hacer –repuso Blaise y Hermione hizo un gran esfuerzo por no sonrojarse.

Pansy hizo un sonido como pffft.

–En serio Blaise, no te estarás instalando ya en la mediana edad ¿verdad? Tendrías que verte a ti mismo pasando el día con esos decrépitos socios de tu firma. Pasas demasiado tiempo con los ancianos.

Hermione ignoró el parloteo de Pansy, no estaba dirigido a ella y parecían ser principalmente banalidades. Pansy lucía pulida en todo aspecto posible, su cabello estaba liso y brillante como si cada uno de sus negros y relucientes mechones hubiera sido obligado a someterse. Su maquillaje era impecable y sus uñas brillaban, lo que hacía destacar su bronceado perfecto.

Un mesero le dio un menú y pasó un momento leyéndolo detenidamente. Estaba en francés, afortunadamente sabía suficiente como para no hacer el ridículo o tener que pedirle a Blaise que ordenara por ella. Hermione pidió un estofado de carne, mientras que Blaise ordenó Coq au Vin. Pansy y Daphne pidieron ensaladas Niçoise.

–¿Alguna vez comes algo más que unas cuantas hojitas, Pansy? –preguntó Adrian.

–Tengo que poner de mi parte para mantener esta figura –contestó Pansy con una radiante sonrisa.

Malfoy no pidió nada además de más whiskey.

–¿No vas a comer, Draco? –cuestionó Pansy.

–Por hoy me mantendré a dieta líquida –respondió Draco–. No hay necesidad de agregar nuevos elementos que alteren un buen balance.

–Entonces, Hermione –dijo Adrian al sentarse junto a ella–. ¿Qué haces en el Ministerio?

Hermione pasó unos minutos informándole de su puesto en el Ministerio.

–Suena horrendo –dijo él–. Seguro te tienen trabajando a todas horas. Así que tú y Blaise se conocieron en el trabajo. ¿Romance de oficina?

–A nadie le queda mejor el trabajo horrendo que a ella –intervino Malfoy–. Nadie disfrutaba más fregando calderos que ella.

Hermione lo ignoró.

–Supongo que podría decirse eso –ella pretendía contestar la pregunta de Adrian, pero sonó a respuesta de ambas.

–Una fascinación interminable por el trabajo manual –continuó Malfoy. Sus insinuaciones no eran lo suficientemente directas como para ser insultantes, pero definitivamente algo había detrás de su comportamiento burlón.

–A mí me gusta bastante hacer un poco de trabajo manual –añadió Blaise, lo cual era un mal disfrazado juego de palabras.

Blaise y Malfoy intercambiaron miradas. Hermione supo que era sobre ella, pero no sabía lo suficiente del trasfondo como para entender el significado.

La llegada de la comida la rescató de la incómoda situación. Pansy no dejó de parlotear durante toda la comida. Aparentemente llamaba a todos querido o cariño.

La comida era suculenta. Rica, cremosa y sazonada a la perfección.

Alzó la vista mientras comía y descubrió a Malfoy viéndola mientras tomaba un trago de su whiskey. No supo que pensar de eso.

–¿A qué se dedica Potter ahora? –preguntó Marcus Flint.

–Es un Auror titulado –dijo Hermione–. Había estado en capacitación por unos años y ya la completó.

–Oh –repuso Marcus.

–Supongo que ese tipo de trabajo le queda –terció Daphne. Daphne era increíblemente hermosa. Además, prefería conversaciones uno a uno, a la necesidad de Pansy de dominar la mesa.

–Creo que sí –dijo Hermione, sin estar totalmente segura de qué quería decir la chica.

–Alguien tiene qué –dijo Nott. Él parecía más callado y Hermione sospechaba que había algún tipo de relación entre Nott y Daphne.

Así que estos eran la gente de onda. Los ricos, mimados jóvenes de la élite de sangre pura. Ella no estaba segura que ninguno de ellos, aparte de Blaise, trabajara en lo absoluto. Malfoy definitivamente no. Adrian todavía jugaba Quidditch para un equipo profesional. Las chicas seguramente no y no se esperaba que lo hicieran. Aun en la escuela, todos sabían que se dedicarían a actividades de ocio, compras y almuerzos, quizás alguna organización caritativa si estaban de humor.

–Draco –llamó Daphne–. ¿Quién goza de tu atención esta semana?

–Ya que lo preguntas, son las gemelas Halsteth –dijo él–. Me mantienen muy ocupado.

–No sé cómo le haces –dijo Graeme–. Una ya es suficiente problema, ahora con dos.

–No hay nada que algo de joyería no pueda arreglar –respondió Malfoy.

Hermione permaneció callada. Tenía una pequeña ocurrencia que bien podía soltar, pero decidió que entre menos interactuara con Malfoy sería mejor. En verdad no quería regresar a los días de escuela en que se insultaban cada que tenían oportunidad. En primera, a ella no le importaba tanto, aun y cuando seguía pareciendo el mismo desperdicio de espacio que siempre fue; y en segunda, no le apetecía pelear con alguien como él. Ella era conocida por discutir con argumentos buenos y sólidos en forma profesional, lo cual no incluía difamaciones de baja calaña.

–Entonces ¿sigues enamorado con los encantos de las atractivas gemelas? –dijo Nott.

–Atractivas es la palabra clave –dijo Malfoy con una sonrisa.

–La carne estaba magnífica –Hermione dirigió su atención a Blaise–. ¿Cómo está lo tuyo? ¿Puedo probar la salsa?

Él le sirvió una cucharada y ella la probó.

–Mmm, puede que la próxima vez pida eso –dijo ella–. Es asombroso como el mismo platillo puede saber tan diferente con diferentes chefs.

–¿Quieres algo de postre? –preguntó él. Ella lo miró como diciendo, claro que quiero, pero no del tipo que necesita compañía. Él se inclinó hacia su oreja y susurró "Chica traviesa".

Hermione sonrió. Le gustaba el lado pícaro que surgía cuando estaba con él. Era algo que no había explorado antes, pero cuando él la llamaba chica traviesa, en verdad se sentía así.

La comida con los Slytherin había resultado interesante. Probablemente no iría más allá de eso, había tenido suficiente. Quería pasar un rato con Blaise en su departamento.

–La próxima vez te llevaré a algún restaurante italiano. La cocina francesa es buena, pero si realmente quieres algo exquisito, tienes que probar la buena, auténtica cocina italiana –dijo tranquilamente–. Desde luego, estoy algo predispuesto.

–Tendrás que ser mi guía.

–No temas, no te llevaré por mal camino.

Hermione sonrió de nuevo. No le importaba si la llevaba por el mal camino. Él se levantó y se excusó por ambos. Hermione dijo adiós a todos y se despidió con una inclinación de cabeza. Estaba más que lista para salir de ahí. Tenía mejores cosas en que pensar que en la mimada juventud dorada del mundo mágico. A fin de cuentas, todo había salido bien y era algo que ya podía palomear de la lista de cosas que nunca deseaba hacer.


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