Disclaimer: los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la trama a camnz.


Blaise estuvo en Europa toda la semana. Era raro no verlo en el almuerzo, pero le daba la oportunidad de ponerse al tanto con sus amigos. Los había estado descuidando.

Aunque, cuando almorzaba con Harry y Ron se preguntaba por qué los extrañaba si pasaban todo el tiempo hablando de una captura de traficantes ilegales que habían hecho, o del aparentemente espectacular partido de quidditch del fin de semana pasado.

No estaba segura si sentirse aliviada o no, pero ninguno mencionó a Blaise en absoluto. Nadie habló de sus relaciones en forma significativa. Afortunadamente, Ginny no había ido, porque ella habría analizado cada detalle de cada minuto. Hermione aún no estaba lista para compartir. Su relación era muy nueva y no quería analizarla de más a estas alturas. Sólo quería disfrutar lo que tenían en ese momento.

Pero era lindo tener a alguien con quien hacer planes para el fin de semana, alguien con quien salir y alguien con quien acurrucarse en las noches de lluvia.

El viernes Blaise se encontró con ella para comer. Acababa de regresar y acordaron verse en uno de los bares.

–Te traje algo –anunció él.

–¿En serio?

Le entregó una caja de tamaño mediano. A Hermione le apenaba un poco recibir un regalo, pero a la vez le daba curiosidad. Era una mascada de seda.

–En el continente las mascadas son la locura, así que decidí que tenía que conseguirte una.

–Es hermosa –dijo Hermione y se la acomodó en el cuello–. Gracias –agregó, se inclinó y lo besó. Se sentía como algo muy de adulta, recibir un regalo de un hombre. No era algo a lo que estuviera acostumbrada.

–La usaré el resto del día.

–El color te queda bien –aseguró él y revisó el menú con detenimiento.

–¡Blaise!

Hermione escuchó la aguda voz que le daba escalofríos.

–Pansy, ¿qué haces aquí? –dijo Blaise sorprendido.

–De compras –contestó ella y se dejó caer en una de las sillas–. Puede ser tan extenuante. De verdad que algunos de los empleados de las tiendas no entenderían el último grito de la moda aunque tropezaran con él. No tienen ni idea. Como si alguien pudiera sorprenderme usando el corte imperio, ni que siguiéramos en el año pasado. ¿Será que viven en esas tiendas y no se dan cuenta que las temporadas cambian? El tiempo pasa, en serio. Es su ocupación, uno esperaría que tuvieran al menos un atisbo de entendimiento de la moda actual. ¿Qué tal Europa, cariño?

–Ahí sigue –dijo Blaise antes de ordenar su comida a un mesero que pasaba. Hermione se apresuró y pidió también su sándwich de filete antes que la persona desapareciera.

–¿Vas a comer, Pansy?

–No, desayuné demasiado –respondió Pansy–. Todavía estoy llena. Esa mascada es muy bella.

–Me la dio Blaise –dijo Hermione cuando se dio cuenta que la conversación la incluía.

–Él es muy lindo –opinó Pansy–. Te queda bien.

–Gracias.

–Muy bien, Blaise –dijo Pansy y pestañeó obstinadamente.

–Oh, aquí va –dijo Blaise.

–Se acerca mi cumpleaños –dijo Pansy en una voz melosa–. Y tengo tantas ganas de ir a algún lugar cálido. Pensé que podríamos ir todos a Italia y hacer una pequeña fiestecita. Una sólo cumple veinticuatro una vez en la vida, así que hay que hacer algo especial.

–Pansy, tú haces algo especial cada cumpleaños.

–Entonces ¿por qué cambiar el hábito de toda una vida? Por favor, Blaise.

–No puedo irme así nada más, Pansy; tengo trabajo.

–No seas aburrido. No has tenido vacaciones en mucho tiempo. Estoy segura que has trabajado lo suficiente y a Hermione le vendrían bien unas vacaciones. Ella no ha visto tu casa en Italia.

–No es mi casa, Pansy. Es de mi madre –dijo Blaise, pero Pansy se dirigió a Hermione.

–Deberías de verla, bañada por el sol, justo frente al mar. Un palazzo del siglo XVI. Es absolutamente fabulosa.

Pansy la estaba manipulando deliberadamente, pero Hermione tenía que admitir que sonaba fascinante.

–En serio Blaise. Debes mostrarle a una chica tus mejores atributos –dijo Pansy.

–¿Y una casa en Italia es mi mejor atributo?

–Uno de tantos –respondió Pansy con un guiño y una palmadita en su mano–. Vamos Blaise, por favor. No me hagas suplicar. Es tan vergonzoso cuando tengo que arrodillarme en público –se volteó hacia Hermione–. Es tan sádico.

–Está bien –cedió Blaise exasperado–. Pero debo corroborar con la firma antes de comprometerme a nada.

–¡Yupi! –exclamó Pansy aplaudiendo–. Eres un encanto, Blaise.

–Sólo cuando me acosan.

–Me voy –dijo Pansy, tomó su bolsa y, prácticamente, se lanzó hacia la puerta. Hermione supuso que Pansy había obtenido lo que estaba buscando.

–No tienes que tomarte unos días por mi causa –dijo Hermione.

–Una vez que a Pansy se le mete algo en la cabeza, no para. Tristemente, entre más la contradigas, más valor le da al asunto. Si hubiera sabido qué estaba tramando, le habría rogado que fuéramos a Italia, esa hubiera sido la única forma de hacerla cambiar de idea.

–Entonces ¿qué te parecen un par de semanas en Italia? –preguntó él cuando llegó la comida.

–Mmm –comenzó Hermione–. Creo que tengo algunas vacaciones pendientes. ¿Cuándo se supone que es esto?

–En dos semanas.

–Tengo una sesión informativa con el Wizengamot –dijo Hermione.

–Puedo programar un traslador para justo después de eso –repuso Blaise.

Hermione se encogió de hombros.

–Así supongo que no habrá problema –dijo. Se sentía un poco intranquila al respecto, pero sería agradable irse con Blaise. Se encontraban en una etapa de su relación en la que un viaje era factible.

Entre más pensaba en ello, sus preocupaciones aumentaban porque no sería un lindo fin de semana con Blaise. Sería un fin de semana con Blaise y sus amigos. En cierta forma, había esperado que todo el asunto con los Slytherins hubiera quedado en la comida; pasar dos semanas con ellos era algo totalmente distinto.

–Así quedamos entonces –dijo Blaise. Pide tus vacaciones hoy y yo haré lo mismo.

Él parecía realmente contento y emocionado al respecto. Hermione no tuvo corazón para negarse, pero internamente se preguntaba en que se estaba metiendo.

–No te preocupes tanto, será divertido –agregó él y tomó su mano.

Hermione decidió que no se preocuparía. Se iba a divertir. Estaría con Blaise y los demás, al menos, serían educados. Y si no lo eran ¿de verdad importaba? Con suerte Malfoy, como mínimo, se portaría mejor que un niño. Bueno, ella no iba a convivir con Malfoy. Estaba segura que Italia era lo suficientemente grande para ambos. Sólo porque él fuera amigo de Blaise no significaba que tenían que ser inseparables. Además, se trataba de Italia, arte, arquitectura, comida y el mar acapararían su atención.

Sería lindo y cálido allá, lo suficientemente cálido como para nadar. Hacía mucho que había nadado en vacaciones. La última vez había sido cuando había ido a recuperar a sus desmemoriados padres de Australia.

Estaba algo emocionada y su jefe accedió de inmediato a darle las vacaciones. Eso le quitaba un último peso de encima.

No hablaron más del asunto durante el fin de semana, solamente disfrutaron de un rato agradable juntos. Mientras estaban en cama el domingo, Hermione estaba segura que sus mejores atributos nada tenían que ver con casas. Tenía ojos maravillosos, piel suave, brazos fuertes y un gran sentido del humor que la hacía reír todo el tiempo.

Ella no sabía qué esperar de estas vacaciones. Aparentemente se trataba de una propiedad en el Adriático que había estado en su familia durante generaciones. No estaba cerca de ninguna población grande, era un lugar lindo y apartado, solamente se podía acceder por mar o por medios mágicos. Él le aseguró que podía aparecerse a Roma o a Florencia. La mayoría de las ciudades italianas tenían un barrio mágico por si quería salir y explorar.

Tenía que admitir que en verdad sonaba divertido. Seguramente sus preocupaciones no tenían fundamento. Sólo esperaba que este viaje no cambiara nada. En verdad, a estas alturas, no quería ni avanzar ni retroceder en su relación. Todo estaba bien. Tenían todo el tiempo del mundo para avanzar, no era el tipo de chica que creía en apresurar las cosas en una relación.

Hermione se preparó para las vacaciones. Empacó trajes de baño, ropa veraniega y algunos vestidos por si salían en las noches. No guardó cosas de más, si necesitaba algo seguro podría comprarlo.

A Harry y a Ron no les emocionó la idea cuando les platicó en casa de Harry una noche.

–Lleva una varita extra –sugirió Ron–. No puedes confiar en esos Slytherins. No le des la espalda a ninguno.

–Ron, en serio –dijo Hermione–. Voy a estar bien. Nadie va a echarme una maldición a mis espaldas.

–¿Cómo sabes? –replicó Ron–. No eran precisamente amistosos en la escuela ¿o sí?

–Todos han crecido un poco –dijo Hermione.

–¿Qué, ahora Malfoy y tú son mejores amigos?

–Nunca vamos a ser mejores amigos, pero estoy segura que nos llevaremos bien. Además, tiene un par de novias para distraer su atención.

–¿Novias? –preguntó Ginny.

–Parece que gemelas –contestó Hermione.

–Que vulgar –dijo Ginny con desagrado, aunque a los chicos no pareció molestarles–. ¿Acaso podría ser más ofensivo? Ojalá que Blaise lo valga, Hermione.

Hermione sonrió. Todavía tenía esa sensación cálida y lánguida del fin de semana.

–Sospecho que por él, valdría la pena arrastrarse por el infierno.

–Bueno, espero que tus vacaciones resulten mejor que eso –dijo Harry–. Pero por si acaso, considerando con quienes accediste pasar el rato, organizaré un plan de rescate en caso que las cosas no resulten bien.

–Muchachos, no sean ridículos. Sólo son unas vacaciones y los Slytherins son gente razonable, la mayoría. Algo bobos, pero esencialmente inofensivos. No vamos a terminar en un duelo al amanecer –dijo Hermione–. Espero.


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