Disclaimer: los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la trama a camnz.
Hermione esperaba con emoción al mismo tiempo que temía sus próximas vacaciones. Su mente oscilaba entre "son vacaciones y todos ya crecieron" y "va a ser un completo desastre". Pero se trataba de la vida y los amigos de Blaise y si querían estar juntos, ella debía aceptar ese aspecto de su estilo de vida.
Blaise partió a Italia y ella se quedó para la sesión con el Wizengamot, que transcurrió tan aburrida y predeciblemente como se podía esperar. Justo cuando parecía que nunca terminaría, finalmente acabó.
Hermione regresó a su oficina y encontró una caja bellamente envuelta en su escritorio. Dentro había algo que parecía un llavero, un pequeño globo terráqueo que giraba. La nota que lo acompañaba decía que se activaba en veinte minutos. Dejó sus libros, notas y el resto de su material, cerró la caja de nuevo. Tenía veinte minutos para regresar a su casa y recoger su maleta. Si no lo lograba, se iría a Italia con su túnica de trabajo, zapatos cómodos y nada más.
Se abrió paso por el recibidor, que estaba inusualmente lleno, aunque tampoco era raro.
–Hermione –oyó a Harry llamarla.
Se dio la vuelta y vio como Harry se aproximaba, evidentemente sin prisa.
–Tengo que irme Harry, voy a tomar un traslador en unos minutos.
–Oh –dijo Harry–, sólo quería… no importa, puede esperar, ve.
Hermione se volvió.
–Avísame cuando llegues –pidió Harry–, sigo sin confiar en ellos.
–¡Harry! –Exclamó Hermione–. Estaré bien, lo prometo.
Entró a la red flu y se dirigió a casa.
Llegó con cinco minutos de sobra. Lo bueno era que ya había empacado casi todo, sólo debía guardar algunos artículos de belleza. Su mente bullía de emoción y trató de asegurarse de no olvidar nada. Rápidamente se cambió y se puso un ligero vestido verde sin mangas, más alegre.
Escuchó el sonidito indicando que el traslador se activaba y velozmente tomó su maleta. Sintió el jalón en el estómago, seguido de luces, velocidad y náusea.
La recibió la brillante luz del sol. Había olvidado sus anteojos de sol. Bueno, algo tenía que ser.
–Llegaste –dijo Blaise y se le acercó y besó su frente. Estaba vestido de blanco y lucía como para comérselo entero. Tal vez ahora podrían pasar algo de tiempo juntos. Estaba lista para quitarse ese vestido verde, aunque sólo lo hubiera usado por un minuto.
Miró a su alrededor, había llegado a una especie de patio. Había una tentadora alberca de color azul que tenía algo que parecía el lema de los Zabini en el fondo. Un repentino e irracional malestar invadió su mente, no era buena idea estar con alguien que tenía un lema.
La alberca estaba rodeada por mesas, camastros y sillas, más lejos había una mesa más grande. Todo rodeado por un exuberante jardín. Giró y se encontró con una subyugante vista del Mediterráneo, interrumpida sólo por unos pocos troncos de altos árboles. El agua de azul profundo brillaba mientras una cálida brisa acariciaba sus brazos y piernas. En mala hora había olvidado esos lentes de sol.
Le entró de nuevo el deseo de retirarse a una habitación para una agradable y larga siesta que no involucraba dormir para nada. Una sensación de felicidad y calidez invadió su interior. Al mismo tiempo que le costaba trabajo mantener sus hormonas a raya, estaba segura que no tendría que hacerlo por más tiempo. Dos semanas de nada más que disfrutarse mutuamente.
–Vamos a guardar tu maleta –dijo Blaise.
Hermione sonrió. Un momento a solas. ¿Qué podría ser mejor?
Comenzaron a besarse en cuanto la puerta de la habitación se cerró. Hermione apenas notó las blancas paredes y la cama antigua sobre el piso de parquet oscuro. Había una gran puerta que les daba vista al océano.
–Es fantástico –murmuró, refiriéndose a la vista.
–Hablando de –dijo y bajó el cierre de su vestido. Este cayó al suelo y él la cargó hasta la cama.
Pasaron veinte minutos reconociéndose.
–Esto de la siesta es una idea eminentemente civilizada –dijo Blaise mientras le pasaba los dedos por el abdomen.
Empezaron a escuchar ruidos afuera.
–Supongo que ya regresan los demás –dijo él. Hermione ni siquiera había pensado en las otras personas. En verdad no había visto a nadie y había olvidado que estaban ahí también.
Él le ayudó a cerrar su vestido. Se veía tan bien en sus pantalones blancos y Hermione casi se desmaya cuando pasó su camisa blanca por sus hombros.
–Vamos –indicó él y le sostuvo la puerta. No se había abotonado la camisa y su increíble abdomen se asomaba. Aún no asimilaba que este chico tan increíblemente guapo fuera de ella.
Ella le sonrió cuando salían de la casa al patio. Su sonrisa titubeó un poco cuando vio a los Slytherins desperdigados por el jardín y la alberca.
Hermione vio a Pansy en un camastro con un sombrero fuccsia demasiado grande. Llevaba un traje de baño que hacía juego y tacones. Obviamente muy caros. Su piel lucía un bronceado perfecto y todo aquello que podía estar arreglado lo estaba.
–¿Quieres algo de tomar? –preguntó Blaise mientras un hombre se acercaba–. Este es Giuseppe, sabe preparar cualquier coctel. Puedes retarlo si quieres, pero no hay coctel en el mundo que no sepa preparar.
–Sólo un gin and tonic, por favor –dijo Hermione.
–Que británico de tu parte –opinó Pansy
–Nada le gana a un clásico –repuso Hermione, se sintió algo incómoda pero se olvidó de ello.
–Pero apegarse a lo conocido carece de creatividad ¿no crees? –el timbre frío y aburrido de Draco Malfoy expresó desde la alberca.
Hermione no lo había visto, parado en la alberca, la piel tan blanca que le lastimaba los ojos. Se reprochó de nuevo haber olvidado esos lentes de sol.
–Ser conservador es chocante, estoy de acuerdo, pero a veces una bebida es sólo una bebida.
–Touché –concluyó Malfoy, lentamente salió de la alberca y se le acercó. Chorreaba agua y Hermione luchó con su instinto de alejarse. Estaba parado frente a ella casi como Dios lo trajo al mundo, excepto por el traje de baño gris que era una mezcla entre speedo y shorts. Nunca lo había visto con nada que no fuera un traje y era muy esbelto pero atlético. Lo cual era increíble, reflexionó ella, sorprendida que se viera tan bien considerando el estilo de vida que llevaba.
Él se inclinó y tomó una toalla del camastro junto al de Pansy.
–Niños, pórtense bien –dijo Pansy y puso su revista a un lado.
–¿Quieres ir al embarcadero? –preguntó Blaise.
–Sí –contestó Hermione, agradecida por la oportunidad de escapar.
Caminaron por la vereda señalada hasta la costa. No había una playa de arena, solamente un gran muelle que salía de la rocosa costa. El agua era cristalina y se podía ver el fondo. Invitaba a zambullirse. Una escalera llevaba al agua al final del muelle.
–Este lugar es espléndido –declaró Hermione.
–Está bien –dijo Blaise.
–¿Sólo bien? –dijo Hermione riéndose. Blaise sonrió y caminó por el embarcadero.
–Pasé aquí la mayoría de mis veranos –dijo él–. Con todo, supongo que es un buen lugar para crecer. Ha estado en mi familia por generaciones.
–Me asombra que siquiera pases tiempo en Inglaterra –dijo ella–. Si yo tuviera una casa como esta, no creo que me vieras tan seguido.
–Después de un tiempo se vuelve aburrido, especialmente si estás solo –dijo Blaise encogiéndose de hombros–. Supongo que a fin de cuentas, lo que más importa es la gente con la que te rodeas.
Hermione sintió que su sonrisa se empezaba a borrar, pero la recobró en un microsegundo. Pensar en la gente con la que él se rodeaba solamente resaltaba cuan diferentes eran en verdad.
Ella se sentó al final del muelle y sumergió sus pies en el agua cálida.
–¿Ahora qué sigue? –preguntó ella cuando él se sentó y se recargó en el asa de la escalera que llevaba al agua.
–Solamente pasamos el rato –respondió él–. ¿Quieres nadar?
–Sin duda –dijo ella–. El agua se ve asombrosa. Tan linda como para caminar todo el trayecto de vuelta al cuarto para cambiarme.
Él le dedicó una arrogante mirada que la derritió por dentro.
–Simplemente podrías quitarte el vestido y meterte. Nadie lo sabrá.
A pesar de lo tentador que eso parecía, ella estaba totalmente segura que alguien vendría, conociendo su suerte. El embarcadero no se veía desde el jardín, pero si alguien se acercaba a la orilla, lo podía divisar. Si estuviera oscuro ya estaría quitándose el vestido. Pero como estaban las cosas, no quería nadar desnuda en frente de Pansy o de Marcus, o peor, de Malfoy.
Se recostó en el muelle para poner la cabeza en el regazo de Blaise y dejar que el sol calentara su piel.
–Tal vez después de la cena –dijo ella.
–Me gusta como suena eso –concluyó él.
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