Disclaimer: los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione se relajó y desempacó sus cosas. No tenía suficiente de la vista de su ventana. La atraía muchísimo. Ni siquiera la puesta de sol disminuía el hipnótico efecto del océano. La luna refulgía en el agua y el suave chapoteo de las olas era relajante.

Blaise había salido, tenía que encargarse de los huéspedes y las provisiones. Hermione no estaba segura de cuanta gente había ahí. Podía escuchar algo de plática.

Aparentemente, la cena se serviría tarde. No obstante, eso tenía sentido ya que el calor mataba el apetito. Hermione estaba un poco cansada para cuando llegó la hora de cenar, pero tendría que aguantar.

La cena se sirvió en el patio junto a la alberca, bajo las estrellas y con los grandes árboles cubriendo la mayor parte del área. El calor casi no había disminuido, pero la brisa marina era placentera.

Las luces hacían que el patio luciera mágico. Hermione vio a Blaise hablando con Nott y Flint, y se encaminó hacia él. No se había cambiado. Todavía vestía de blanco y se veía muy bien. Algunas de las chicas sí se habían cambiado. Usaban ropa más formal para la noche.

Blaise la rodeó con su brazo y la alegró mientras terminaba su conversación. Se sentaron mientras les llevaban la comida en un carrito de servicio.

Pansy estaba sentada frente a ellos. Llevaba un pequeño vestido negro de corte impecable. Le quedaba bien en la forma que se lograba con las hechuras costosas. Su dramático maquillaje para la noche hizo que Hermione se sintiera un poco desarreglada; como quiera, ella nunca usaría maquillaje de esa forma.

Los platillos se veían muy bien, pensó ella. El aroma le recordaba que se había saltado una comida. Mientras todos se acomodaban, Malfoy se les unió junto con una chica que Hermione nunca había visto. Una impactante y alta chica en un vestido corto color lila encima de unas largas y bronceadas piernas. Malfoy había vuelto a su usual ropa negra. Hermione se preguntó si habría estado esperando todo el día a que el sol se ocultara para poder usar de nuevo negro.

La hermosa chica se sentó junto a Malfoy y volcó su atención por completo en él. Era evidente por su lenguaje corporal que estaban involucrados de alguna forma.

–¿Ensalada? –preguntó Blaise, y Hermione se olvidó de lo que pasaba en el otro lado de la mesa.

–Por favor –contestó con una sonrisa.

–Más tarde habrá cordero –dijo él–. Cocinado lentamente por horas. Tienes que probarlo.

–Seguro que sí –aseguró ella, tomando un minuto para darse cuenta de lo bien que iba todo en ese momento.

–Hey, me prometiste una vuelta en tu bote, Blaise –dijo Pansy–. Sería tan agradable dar un paseíto a toda velocidad a lo largo de la costa.

–Eso hice, ¿no? –dijo Blaise–. Hay una playa un poco más allá.

–Adoro las playas –declaró Pansy–. Así quedamos entonces.

–¿Qué piensas? –preguntó él, volviéndose hacia Hermione–. Un rato en la playa mañana.

–Suena perfecto –contestó ella, mientras Pansy sonreía y desdoblaba la servilleta en su regazo.

Hermione se preguntaba qué sentiría Pansy por Blaise. Realmente le gustaba darle órdenes, y Blaise parecía conforme dándole gusto. Tal vez era una dinámica que quizá llevaba años así.

La ensalada estaba fresca. El plato de carne llegó y Blaise tenía razón. Era salado y suculento. Tal vez al día siguiente sabría aún mejor en sándwiches, pensó ella. Un lindo picnic en la playa, sólo ella, Blaise… y Pansy.

La despampanante chica de Malfoy se reía a carcajadas. Su cuerpo perfecto se sacudía por entero cuando reía.

–Esa es Justine –apuntó Pansy–. Es francesa, de Beauxbatons.

Hermione observó cuando la chica agitó su largo cabello castaño sobre su hombro bronceado en tono dorado. Su cabello era tan sedoso que parecía tener vida propia. Hermione sintió celos porque no importa lo que hiciera, su cabello nunca se vería así. Si se esforzaba, lograba que luciera bajo control, pero su cabello nunca se vería tan naturalmente sedoso como ese.

–Pensé que andaba con unas gemelas –dijo Hermione.

–Ya las superó –dijo Pansy–. Se aburre fácilmente. Cambia de chicas con más frecuencia que de calcetines. Estoy segura. Veremos cuánto dura Justine.

En realidad se veían como la pareja perfecta. Se preguntaba qué tipo de persona tendría una pareja que los hiciera verse tan perfectos a ambos y no le diera valor alguno. Se preguntaba a qué le daría valor él, y cayó en la cuenta que a las chicas tal vez no mucho, no más allá de la novedad. Le dio un mal sabor de boca porque probablemente él no sabía qué se estaba perdiendo. Miró a Blaise. El entusiasmo de llegar a conocer a alguien porque te gusta, lo quieres y puedes estar cerca de esa persona. A Malfoy parecía no interesarle nada de eso, prefería guardar su distancia y tener sólo sexo.

Se sacudió de la mente todo pensamiento sobre él y lo que hiciera tras puertas cerradas. No era un lugar a donde ella quisiera ir.

El postre era un rico y sedoso tiramisú. Y más vino. Hermione empezaba a sentir el efecto relajante del vino. Blaise le contó un poco de la historia del lugar. La comida desapareció y la sustituyeron con más vinos y licores. En ratos Hermione no podía seguir lo que él decía, sólo observaba sus labios moviéndose. Más tarde se irían a su cuarto, se recordó a sí misma y se frotó las pantorrillas, expectante.

–Están tan enamorados que es desagradable –dijo Pansy, mientras hacía sentarse a Malfoy en la silla que Adrian Pucey había desocupado–. Metidos en su burbujita. Es repulsivo. Debes rescatarme.

–Oh, ya sabes cómo es Blaise –dijo Malfoy mientras se dejaba caer en el asiento–. Pierde toda perspectiva cuando anda con una chica que le gusta.

Hermione detectó lo que podría haber sido una advertencia. Sintió toda la atención de Malfoy en ella. Algo que siempre precedía eventos que, en su experiencia, eran dolorosos y vergonzosos. No le gustaba tener su atención, en el pasado eso significaba que todo se iba a ir por la borda rápidamente.

Pansy puso su mano sobre su brazo y la mirada de él se detuvo en Hermione un segundo más de lo necesario antes de tornar su atención hacia Pansy. Ella le hablaba de su cumpleaños o algo. Hermione se sintió aliviada cuando su atención se centró en algo más. No pudo evitar analizar lo que él había dicho, que podía interpretarse como que Blaise había perdido tanto la perspectiva como para andar con ella, o incluso que eso le sucedía con frecuencia y se le pasaba pronto.

No, se rehusaba a escuchar la opinión de ellos sobre su relación. Era lo opuesto a lo que ella veía y sentía. Y ellos ciertamente no eran fuentes confiables.

Daphne Greengrass trataba desesperadamente de atraer la atención de Malfoy. Definitivamente no le hacía bien a su ego tener a todas esas chicas adulándolo. Tristemente, parecía ser un hecho de la vida, y sólo reforzaba la idea de que él era el chico súper cool con el que todas las chicas querían estar.

Hermione quiso vomitar. Realmente necesitaba enfocarse de nuevo en todo lo bueno, como el maravilloso chico sentado junto a ella.

Pero Malfoy prácticamente ignoró a Daphne.

–¿Primera vez en Italia? –le preguntó a Hermione directamente.

–No, había venido con mis padres un par de veces.

–A la Italia muggle –señaló Malfoy.

Hermione no contestó, ya que él había dejado claro su argumento.

–La Italia mágica es, desde luego, un mundo completamente diferente. Deberías disfrutarlo.

Su declaración tenía ese trasfondo que indicaba que él no deseaba que ella disfrutara, más bien que debía disfrutar mientras durara porque no tendría oportunidad una vez que Blaise se aburriera de ella. Aunque no estaba segura, tal vez entendía otras cosas de sus enunciados debido al complicado pasado que tenían. Consideraba que no confiaría en una frase positiva de él aunque su vida dependiera de ello.

–Lo haré, gracias –dijo con una apretada sonrisa. Un silencio incómodo siguió y Hermione iba a sugerir a Blaise que le mostrara más de la propiedad. De hecho, quería alejarse de su compañía.

–Creo que Blaise mencionó que trabajas en el Ministerio –Malfoy continuó la conversación que ella creía terminada. Y no le alegraba el hecho que Blaise le hablara de ella a Malfoy. Eran amigos cercanos, así que no era ninguna sorpresa, pero no tenía que gustarle.

–Trabajo sobre todo con el Wizengamot –dijo ella.

–Que apasionante –dijo Pansy con una particular falta de entusiasmo.

–Hermione tiene un puesto muy importante al que no se le da el aprecio debido –intervino Blaise.

Hermione sonrió mientras volteaba a verlo. Le impresionaba mucho que la hubiera defendido y que pensara que su trabajo era importante.

–Asumo que alcanzaste un puesto donde tienes influencia sobre algunas cosas –dijo Malfoy. La molestia de Hermione aumentaba inmediatamente cada vez que el abría la boca, reconoció.

–No me molesta estar en un puesto donde se puede dirigir la atención a algunas injusticas de este mundo –declaró con la cabeza muy en alto.

Otra vez contaba con su total atención y no le gustaba. Sus rasgos no eran particularmente expresivos, lo cual era aún peor. Como un predador que no quiere alertar a su presa antes de atacar. Hermione se sacudió ese pensamiento.

–Me permite pagar las cuentas y es algo que disfruto –dijo Hermione–. Y a veces tengo la oportunidad de interactuar con personas sumamente interesantes. No me puedo quejar –dijo ella y recargó su mano en el antebrazo de Blaise.

Ella no estaba segura si todavía tenía la completa atención de Malfoy. Había decidido no fijarse en ello. Realmente él era el antídoto al efecto relajante del vino.


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