Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Más tarde, esa noche la piel de Hermione resintió los efectos del sol. No estaba quemada, pero su piel se sentía tibia. Había pasado algo de tiempo desde que había estado por largo rato bajo el sol.
Esa noche cenarían fuera. En Florencia, y Hermione estaba muy emocionada por ello. Aparentemente Florencia tenía un barrio mágico muy antiguo. Había leído al respecto pero nunca había ido. En realidad no lograría ver mucho, ya que era de noche.
Blaise usaba un traje de color gris pálido y se veía espectacular. Probablemente se vería espectacular aun en un costal de papas.
Hermione decidió usar ese vestidito rojo que había comprado especialmente para la ocasión. Era uno que había pensado lucía muy femenino la primera vez que lo vio. No tenía ocasión para vestiditos rojos de tirantes en su vida diaria; pero ya que eran vacaciones, pensó que lo compraría por si acaso; aún si nunca se lo ponía, sabría que estaría ahí. Pero esta noche saldría y lo usaría. Si estuviera con Harry y Ron, no lo haría; pero estaba con Blaise, que parecía ir un poco más allá en cuanto a moda se refería.
La suave tela flotaba alrededor de sus muslos y terminaba ligeramente arriba de sus rodillas. Se sentía sexy usándolo. No era particularmente revelador, pero sí acentuaba sus curvas. Blaise también lo notó y le dedicó una amplia sonrisa cuando salió del baño. Él se lo quitaría más tarde, pensó para sí misma.
Ella decidió que salir de vacaciones con Blaise era maravilloso. Eran muchas cosas buenas en una sola.
Se encontraron con todos en el patio donde habían programado el traslador. Era una especie de bola plateada que Blaise sostenía en su mano esperando a que se activara. Pansy llevaba un vestido azul plateado, que parecía estar hecho de cristal. Era bellísimo y Hermione no se atrevió a pensar siquiera cuanto habría costado. Malfoy fue el último en llegar. Vestía de negro, vaya sorpresa, y llevaba a Justine que usaba un vestido verde con estampado selvático.
Todos se veían bien. Todos se habían esmerado. De repente se sintió desleal. Era algo que no debía ser importante y algo superficial, pero por una vez era agradable ser parte de un grupo que lucía muy bien y no se avergonzaban de ello.
–Es hora –dijo Blaise, interrumpiendo las cavilaciones de Hermione. Ella colocó la mano encima de la de él y lo miró con una sonrisa. Estaba emocionada por la velada. Malfoy colocó una mano tibia y grande sobre la suya. Su sonrisa vaciló un poco. No le gustaba que él la tocara, y el contacto le pareció intenso. Sintió la presión de otras manos colocándose encima. Por instinto trató de quitar la suya, pero la mano de él se lo impidió cuando trató de hacerlo. Él le dio una mirada de advertencia y en eso, vino el jalón del traslador.
Llegaron a las cercanías del restaurante. Hermione se sacudió todas las manos tan pronto como pudo. Aún sentía el toque después de tener las manos libres. Quería sacudírselo con su otra mano, pero Blaise la tomó y la encaminó por la calle.
Las mesas estaban en un balcón al aire libre, listas con manteles y velas. Blaise eligió lugares para ellos a la mitad de la mesa. Pansy escogió un asiento al otro lado de Blaise y Hermione volvió a preocuparse. Nott y Astoria Greengrass estaban frente a ellos. Malfoy y Justine se sentaron más a la derecha en el lado opuesto.
–Ese vestido es precioso –dijo Astoria–, ¿dónde lo compraste?
–Es un vestido muggle –declaró Hermione.
–Oh –dijo Astoria sorprendida–. Te queda muy bien.
–Gracias –dijo discretamente Hermione. No era la mejor recibiendo halagos y le hacían sentir bastante incómoda.
En cuanto todos estuvieron acomodados a la mesa, aparecieron el pan y la mantequilla.
–¿Rojo o blanco? –preguntó Blaise. Hermione titubeó por un segundo antes de percatarse que hablaba de vino. Se sintió agradecida por no haberle preguntado a qué se refería. No quería dar la impresión de nunca haber ido a un restaurante. Porque sí había ido a muchos, con sus padres. Sólo que no eran restaurantes mágicos.
–Rojo –dijo ella. Necesitaba controlarse y relajarse.
Pansy parloteaba sobre algo que alguien había hecho y ella declaraba que era algo completamente ridículo.
–¿Haces muchas cosas en el mundo muggle? –preguntó Astoria.
–Sus padres son muggles –dijo Malfoy con un poco de sorna, pero no estaba muy segura si era por sus padres o por la tonta pregunta de Astoria. Muy seguramente era por sus padres.
–Sí, supongo que sí –dijo Hermione–. Ellos prefieren el mundo muggle, particularmente porque no se sienten parte del mundo mágico y ellos sienten que es un poco… –barboteó.
–¿Un poco qué? –quiso saber Malfoy.
–Pequeño –dijo ella, iba a decir anticuado, pero se dio cuenta que no era una palabra adecuada en esas circunstancias. Y eso que ni siquiera describía adecuadamente lo que sus padres pensaban del mundo mágico. Al principio la idea de la magia les pareció fascinante, pero en cuanto supieron más de la cultura mágica, sintieron que Hermione estaba limitando mucho su potencial al pertenecer a ese mundo estancado, retrógrado y obsesivo. Sus palabras, no las de ella.
–¿Pequeño? –dijo Astoria confundida.
–Bueno… –dijo ella, tratando de zafarse de esa conversación sin herir susceptibilidades. No quería pasar la velada siendo atacada por sus padres y sus ideas–. Es que no están acostumbrados a vivir en una comunidad donde todos se conocen y sus negocios llevan siglos –no pudo evitar el pequeño ataque.
–¿Prefieren asociarse con completos extraños? –Malfoy lanzó como reto.
"¿Por qué está él en esta conversación?", pensó ella.
–Es sólo un estilo de vida diferente, eso es todo –dijo Hermione, deseando poder cambiar de tema. Dirigió su atención a Astoria de nuevo–. El mundo muggle es vasto, y es simplemente… diferente.
–Si prefieres la "vastedad" del mundo muggle, ¿por qué estás aquí? –volvió a la carga Malfoy.
–Yo no dije eso –Hermione se encogió de hombros. Ahora también Blaise escuchaba atentamente la conversación–. Yo, al ser hija de muggles, debo vivir en ambos. Es parte del trato cuando tienes padres muggles.
"Y estoy aquí porque Blaise me convierte en gelatina" quiso gritar, pero no lo hizo. Solamente sonrió para sí y volteó a verlo.
Suspiró aliviada por haber terminado la conversación sin iniciar una guerra.
Finalmente llegaron los menús y Hermione se escondió tras el suyo por un buen rato. No le importaba platicar con Astoria, era el que se invitaba solo a la conversación quien la arruinaba.
Se decidió a pedir pescado.
–Tu vino rojo no va con eso –dijo Malfoy.
–Te pediré un buen Chardonnay –dijo Blaise.
–Gracias –dijo Hermione, ligeramente molesta de haber sido obligada a cambiar de vino. El vino blanco quedaba mejor con el pescado, pero le irritaba que prácticamente la habían forzado a ello. Blaise llamó a un mesero.
–Creo que estará bien un Fratelli Burtussi –dijo Blaise al mesero.
–Quedaría mejor un Chateau Fremery –dijo Malfoy.
–Tal vez –dijo Blaise–, pero los vinos franceses carecen de delicadeza.
–Aunque su dulzor altera el sabor del platillo –dijo Malfoy.
–Bueno, a ti siempre te han gustado un poco los dulcitos ¿no? –replicó Blaise con una taimada sonrisa.
Hermione tuvo la particular sensación que había un trasfondo en esa conversación que nada tenían que ver con vino o pescado.
–¿Siempre has vivido en París? –Hermione le preguntó a Justine. De lo que fuera que se tratara ese duelo de palabras, ella no tenía por qué tomar parte. O hacer creer a la chica que ella era el dulcito al que se referían.
–Sí, ahí crecí –dijo ella con su acento.
–Es una bella ciudad –dijo Hermione–. Me encanta la arquitectura.
Hasta ahí llegó la conversación con Justine. En realidad no era buena en nada que no fuera verse bonita, pensó Hermione. Pobrecita. Afortunadamente, Blaise le acarició la rodilla para atraer su atención y Hermione se giró a verlo.
–¿Más tarde quieres caminar un poco? Antes de volver.
–¡Sí! –dijo Hermione con evidente alegría. Le encantaría ver un poco de la Florencia mágica, casi tanto como quería pasar algo de tiempo a solas con Blaise.
La comida llegó. Parecía que Blaise había ganado la contienda ya que le llevaron una botella de Fratelli Burtussi. Estaba delicioso. De postre comió una tarta de limón suculenta, bañada generosamente en algo delicioso, dulce y con alcohol.
Tan pronto como terminaron de comer, Blaise los excusó diciendo que tenían algo que verificar. Una obvia mentira, pero evitaba que nadie se invitara a acompañarlos. Pansy se veía molesta, pero en ese momento a Hermione no le importaba. Ya había tenido suficiente de los amigos de él por un día.
Después de cambiar unas palabras con el gerente del restaurante, Blaise la llevó escaleras abajo hacia la calle.
–Me disculpo por Malfoy –dijo Blaise–. Puede ser un poco difícil y testarudo.
–En verdad tiene muy buen oído –dijo Hermione.
–No es nada –dijo Blaise–. Así es él. Buen gusto en el vestir, pero fatal en mujeres y vino.
Hermione sonrió.
–Y siempre quiere competir –continuó Blaise–. Pero en términos de verse despampanante, esta noche hiciste palidecer las estrellas. ¿Te dije lo maravilloso que se te ve ese vestido?
Hermione sonrió de nuevo y lo empujó ligeramente.
–Ahora aprecio más las habilidades de los muggles para hacer ropa –continuó él–. Ahora déjame enseñarte lo que hay que ver. La arquitectura es punto y aparte. –La atrajo hacía sí–. Y luego, iremos a casa.
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