Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione voló de regreso desde Milán. Le costó una fortuna debido a la poca anticipación con que compró el boleto, pero no le importó. Quería poner cuanta distancia fuera posible entre ella y los asquerosos Slytherins.

En serio, ¿qué más podía esperar? ¿Quién en su sano juicio no esperaría que un Slytherin se volviera en su contra? Ahora se dirigía a casa hacia un muy merecido "te lo dije". Dentro de su propia estupidez, no se merecía que la hirieran, estaba decepcionada de sí misma.

Llegó a su departamento a una muy temprana e indecente hora de la mañana y estaba exhausta por la falta de sueño. A pesar de su agotamiento, su mente no dejaba de dar vueltas y no pudo dormir, así que permaneció en su cama hasta que amaneció, entonces se levantó y fue a trabajar. No tenía caso quedarse en casa deprimida, era mejor distraerse.

La distracción funcionó sólo en parte, su mente oscilaba entre la tristeza y el enojo. Tristeza porque todo había parecido perfecto y enojo porque todo había sido un espejismo del cual ella había mordido el anzuelo y caído redondita. Si hubiera sido perfecto no la hubiera cortado de tajo por un malentendido. Y en verdad, ¿qué significa uno para alguien si ese alguien está dispuesto a sacar conclusiones sin una oportunidad de investigar qué es lo que pasa en realidad? E incluso, si hubiera besado a Flint a propósito, ¿no hubiera querido él saber por qué o simplemente dejar en claro si así había sucedido? No era como que lo hubiera visto con sus propios ojos.

Eso ya no importaba, decidió ella; lo hecho, hecho estaba y él le había mostrado su verdadero rostro. Rostro que ella no respetaba ni toleraba. Toda la situación se iba a reducir a una embarazosa etapa de su vida que tal vez saliera a colación en las fiestas durante los años siguientes, algo como "Oh, tú saliste con Blaise Zabini alguna vez ¿no?" a lo que ella respondería "Atravesaba una fase de experimentación", tal como alguien describiría alguna experiencia aislada de lesbianismo.

Y había que enfrentarlo, a largo plazo era mejor así. No era como que ella pudiera ser feliz con la obsesión por las compras, el vestir elegante o la idea de que el valor de uno estaba completamente ligado a los contactos de la familia, la riqueza y la exclusividad. Cosas que de ninguna manera figuraban en su ambiente o en su psique, por no mencionar que iban en contra de sus principales creencias. En realidad era bueno que hubiera pasado esto, mejor temprano que tarde, fue su justificación.

Alguien llamó a su puerta unos días después. No estaba esperando a nadie, pero seguramente era Harry.

Era Blaise, y ella no estaba segura si eso la alegraba o no. Quizás tenía la suficiente decencia para decir lo que quería en persona. Aunque ella hubiera estado mucho mejor sin volver a verlo nunca. Suspiró y lo dejó pasar. Esto iba a ser incómodo. Era una de esas cosas que uno tenía que hacer, como arrancarse un vendaje que ya había cumplido su propósito.

–Puedes pasar, supongo –dijo ella.

Él entró al departamento. El lugar en el que había pasado tanto tiempo y donde ya no era bienvenido.

–Hablé con Flint, confirmó que fue algo que el empezó –dijo Blaise.

–¿En serio? –dijo Hermione–. De hecho yo te dije eso, pero que bueno que al fin supiste la verdadera historia, a pesar de que mi palabra no contó para nada.

–Lo siento –dijo él y tuvo la decencia de lucir arrepentido–. Pero ya se aclaró todo. Le pedí a Flint que se fuera, y quisiera que regresaras conmigo. Ya tengo un traslador listo, podemos irnos en unos minutos. Vamos a olvidarnos de esto, como si nunca hubiera pasado.

–Pero sí pasó, Blaise –dijo ella. Ciertamente era tentador solo decir "Está bien, vámonos", pero sabía que no podía olvidarlo así como así.

–Pero no fue tu culpa. Ahora lo sé, y lamento que todo esto haya sucedido.

–Yo no –dijo ella.

Él se veía confundido y receloso.

–¿Cómo puedes decir eso? ¿Te alegra que te haya besado?

–De hecho sí, porque me mostró de qué estás hecho –dijo ella–. Me importa un bledo Flint o que me haya besado. Pero lo que sí me importa es que titubeaste al primer obstáculo, el primero.

–¿Cómo esperabas que reaccionara cuando te encontraron besándote con alguien más? –la desafió.

–Tal vez con un poquito de confianza –dijo ella–. No me interesa estar con alguien que va a desconfiar cada vez que yo hable con algún chico; o más importante, con alguien que asume lo peor de mí. Búscate alguien más.

–Perdón, debí haber sabido que tú nunca harías algo así. La lealtad es muy importante para mí y reaccioné. Debí haber confiado en ti.

–La lealtad también es importante para mí y tú no me la demostraste. Y sí, debiste haber confiado en mí; pero como resultado, yo perdí la confianza en ti.

Esa declaración pareció tomarlo por sorpresa. Ella supuso que el "vamos a olvidar que pasó algo desagradable" usualmente era todo lo que él tenía que decirle a una chica para que volviera a sus brazos, pero ella tenía estándares más altos.

–Vamos –dijo él–, no lo dices en serio. Somos una gran pareja. No te rindas tan fácilmente. Ven conmigo, te recompensaré, lo prometo. –Se acercó a ella–. Tu comodidad y bienestar van a ser toda mi prioridad. Te voy a consentir. Mira, te traje algo.

Sacó una caja. Evidentemente era una joya, como del tamaño de un brazalete.

"Estás bromeando", pensó para sí. Tomó la caja y la abrió, solo para ver cuánto valía para él su perdón. Esta era una obvia estrategia para obtener el perdón de las chicas. Los Slytherins compraban cosas para obtener lo que deseaban.

Era muy lindo. Un complicado diseño en plata que por supuesto había costado bastante.

–Es muy lindo –dijo ella y cerró la caja–. Pero creo que luciría mejor en alguien más. Alguien que le dé su justo valor.

Se lo devolvió

–Entonces ¿no vas a venir? –dijo él con incertidumbre. Una incertidumbre genuina que hasta entonces no había mostrado. Hasta ese momento, todo había salido de acuerdo a su plan; él se disculparía, ella se enfurruñaría hasta que él prometiera ponerle atención y cuidarla, después una muestra de su afecto que igualara el valor de su capitulación. Este era el modus operandi estándar, notó ella, y lo desacreditaba todo.

–No –dijo ella–. Hemos terminado. Disfruta tu vida.

Blaise se mostró sorprendido y ella podía ver su mente trabajando. Se imaginó que estaba recalculando el valor requerido de la muestra de su aprecio.

–Sólo vete –dijo ella.

–Te demostraré que sí valgo la pena –dijo él.

–Ya demostraste que no es así –dijo ella y le indicó el camino a la puerta–. Adiós, debes irte. No querrás perder el traslador.

Parecía que él quería decir algo, pero lo pensó mejor; ella sospechó que se hacía a sí mismo un favor, ya que cualquier cosa que dijera tal vez solo causaría que ella lo detestara más.

La dejó con un mal sabor de boca. Por todos los cielos ¿en qué estaba pensando cuando decidió salir con él? Él era todas las cosas despreciables que eran los Slytherins, ¿por qué no lo había visto? Aunque sabía la respuesta, él era muy guapo, el sexo era fabuloso y ella de verdad, de verdad quería engañarse creyendo que él era más de lo que en realidad era. Ella realmente era la persona más idiota del mundo.

Él regresó a Inglaterra una semana después, tal vez con todos los Slytherins. Lo vio en la corte un día. Él le sonrió y ella le devolvió una sonrisa forzada que de ninguna manera llegó a sus ojos. Cortesía profesional, decidió ella.

No se quedó lo suficiente como para darle tiempo de hablarle, en vez de eso se dirigió a su oficina para botar sus cosas antes de ir a la taberna como era costumbre después de un día en la corte.

Ella pidió una cerveza de mantequilla y se dispuso a llevarla a la mesa donde estaban sus colegas.

–Él no se ha dado por vencido ¿sabes? –dijo alguien a su izquierda, una voz perturbadoramente familiar que su subconsciente parecía conocer. Cuando la persona se hizo a un lado, ella pudo ver la silueta vestida de negro de Draco Malfoy. "De todas las malditas cosas ¿por qué merezco esto?"

–No importa –dijo ella–. Yo ya me di por vencida.

–Él puede ser muy persuasivo –Malfoy casi ronroneaba.

–Y yo puedo ser extraordinariamente obstinada –replicó ella y lo hizo ahogar una risita.

–Buena chica –dijo él y ella no estuvo muy segura de qué significaba eso. No quería saber.

–Ugh –dijo ella–. Sabes que lo mejor de ya no verlo a él, es que ya no tengo que ver a sus amigos. Así que, largo.

–Hey, hey señorita Granger, estábamos platicando muy bien, no hay necesidad de ser desagradable. Este es un lugar público, necesitas ser más tolerante.

–Yo no soy desagradable, tú sí –dijo ella cortante–. De muchas maneras. Y no empecemos la discusión sobre las virtudes de la tolerancia. Me temo que estarías fuera de tu elemento.

–Aquí viene –dijo Draco observándola. Él tenía el pésimo hábito de mirar fijamente, probablemente venía de la creencia que tenía de restregar a los demás su propia superioridad.

–¿Quién?

–Blaise.

"Mierda", pensó Hermione y no supo bien qué hacer.

–Está aquí buscándote –continuó Malfoy en un tono que expresaba lo entretenido que estaba–. Viene a convencerte de sus virtudes.

Hermione no podía decidir si ir con sus colegas sería buena idea, él simplemente se acercaría, pero ¿qué opción tenía?

Malfoy le quitó cautelosamente de las manos el vaso lleno de cerveza de mantequilla.

–Él todavía no te ha visto, puedes salir por atrás y nunca sabrá que estuviste aquí. Gracias por la cerveza –continuó él con esa molesta sonrisa de superioridad. Ella realmente no quería seguir su consejo, solamente por el hecho de que le había resuelto el problema. Sentía como si le fuera a deber algo, pero ese era un mal menor comparado con verse acorralada por Blaise el resto de la noche.

Ella resopló molesta y se escabulló por la puerta trasera. Ni siquiera había podido dar un trago a su cerveza de mantequilla y prácticamente le había invitado una bebida a Malfoy. Eso apestaba.


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