Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


–Entonces ¿Draco Malfoy y tú son pareja? –dijo Ginny incrédulamente.

–No, no seas ridícula –dijo Hermione mientras se sentaban en la taberna al día siguiente–. Saldremos algunas veces, luego él me humilla en público cuando terminemos y todo habrá acabado. Él obtendrá lo que siempre ha querido, humillarme y yo obtengo sólo una abolladura leve en mi reputación en lugar de una mayor.

–Sí, pero es Malfoy –dijo Ginny–. No puedes confiar en él

–No confío en él –dijo Hermione–. Aunque dicho eso, estoy muy segura que va a humillarme. Algunas cosas pueden darse por sentadas.

–Entonces ¿por qué hacerlo? ¿Por qué no haces que Harry levante cargos contra Cormac? Claro que se lo merece.

–Ya sé, pero eso convertiría este lamentable asunto en algo más grande. Sería el centro del universo de Rita Skeeter de nuevo por quien sabe cuánto tiempo. Un caso extendido en el Wizengamot del que la gente hablará por siempre. Luego yo sería la desgraciada que lo hizo encerrar por tratar de soltarme un poco. No vale la pena. Ya encontraré una manera de encargarme de Cormac, pero no me voy a poner como blanco de chismes eternos. No, es más fácil de esta manera, una cita o dos con Malfoy donde él podrá hablarme de forma condescendiente a placer, luego todo habrá terminado. Como yo lo veo, este es mi castigo por haberme involucrado con Blaise, con un Slytherin. Uno tiene que pagar por tanta estupidez. Es justicia universal.

–¿Qué tal si él tiene otros motivos?

–¿Qué otros motivos podría tener? –dijo Hermione–. Bueno, parece que hay algo de competencia entre Blaise y Malfoy, así que en su mente puede que tenga algo que ver con eso. Muy inmaduro. Pero no importa, al menos a mí no, yo sólo quiero terminar con esto. Es sólo una cita, no es como que vayamos a formar una familia.

–No sé Mione –dijo Ginny–. No confío en él y no confío en sus motivos. Tú no lo viste, pero no creo que humillarte estuviera entre sus prioridades esa noche en el club. Él se inclinaba más por la parte de formar una familia.

Hermione se estremeció.

–Por favor, como si él me tuviera en tan alto concepto, que no huyó de la demostración en público. No hay que olvidar que él da su afecto a prácticamente cualquiera que se le acerque, siempre y cuando sea mujer. No le busques tres pies al gato.

–Espero que sepas lo que estás haciendo –dijo Ginny.

–Sólo quiero que todo este asunto termine. Si algo he aprendido, es que hay que saber elegir las batallas y esta no vale la pena pelearla.

Había flores esperándola cuando regresó a la oficina. Eran espatífilos* en un hermoso florero como el que ella había pateado. Sabía de quien eran. Las flores eran bellas y no llamativas. Él sí tenía buen gusto, cuando quería.

"Así es como empieza", se dijo a sí misma mientras veía las flores con el ceño fruncido. En eso se percató que había gente observando y fruncir el ceño no era la reacción adecuada. Rápidamente tomó el sobrecito y sacó la tarjeta.

–Oooh –dijo en una tierna voz sintiéndose humillada. Él ni siquiera estaba ahí y ya la estaba humillando. Tomó el florero y lo llevó a su oficina.

Una vez dentro miró la tarjeta con más detenimiento.

Cena el viernes. Paso por ti a las 8pm. DM

La fecha estaba fijada. No quería imaginarse como sería. Probablemente algún restaurante sofisticado. Comerían y ella haría lo posible por ignorarlo. Había adquirido algunas habilidades del tipo "sonríe y aguanta" al tratar con abogados arrogantes, jueces equivocados y toda clase de funcionarios. Pero amaba su trabajo y en definitiva no lo iba a dejar ir por Blaise, o Flint y, desde luego, no por Malfoy.

Escogió el vestido que usaría para su salida. Era más bien del tipo profesional, atractivo pero no coqueto.

Se sentó en la sala de estar y esperó. Por supuesto, a él se le hizo tarde. No debería haber esperado nada menos. Finalmente, alguien llamó a la puerta.

–Bueno, te ves aburrida –dijo él y Hermione lo miró con desdén.

–Es un vestido perfectamente apropiado.

–Para un evento al que estés obligada a ir –dijo él–. Usaste cosas mucho más interesantes en Italia.

–No estoy segura que un bikini sea adecuado para una cena.

–Tampoco esto lo es, a menos que seas una viuda.

–¿De qué estás hablando? Este vestido es bonito.

–Es como de señora.

–Bueno, no tengo otra cosa.

–No te creo.

–Bueno, que mal –dijo ella mientras él la empujaba para abrirse paso–. ¡Aléjate de mi clóset!

Él hurgó en su clóset.

–¿Dónde compras? ¿Ropa Aburrida Inc.? –dijo él–. Y tristemente, tienes razón, no tienes nada mejor. A menos que cuentes el vestido "cógeme en un baño público" que llevabas en París.

–Era prestado –dijo ella entre dientes–. Y, ¿podrías ser un poco menos vulgar?

–El buen gusto nunca ha sido una de tus fortalezas.

Hermione apretó los dientes. Así empezaba la humillación. Respiró hondo, repitiendo en su cabeza que todo eso terminaría muy pronto.

–Bueno, ya que no tienes nada más. Al menos podrías tratar de no verte tan mojigata –dijo él y dobló un poco de la tela alrededor del escote para dejar ver un poco más de piel.

–¡Hey! –le espetó Hermione y le dio un golpe en las manos para que las alejara de donde la estaba tocando, que incluía su busto.

–Oh por favor, ya te he tocado prácticamente en todas partes –dijo él y Hermione se puso roja de vergüenza–. Por cierto, lindas tetas. Ahora vámonos.

La arrastró hacia la puerta antes que pudiera responder. Hermione se repetía a sí misma el mantra de la noche, "no vale la pena pelear esta batalla".

Una vez fuera del edificio él los llevó caminando a paso vivo hasta que llegaron a un callejón donde la atrajo hacia sí y antes de que pudiera reaccionar, los apareció. Ella sintió náuseas al no estar preparada.

–Podías haberme advertido –dijo ella cuando recobró su balance.

–¿Qué creías que íbamos a hacer en un callejón? –dijo secamente él. Pero no se detuvo, continuó hacia una puerta–. Vamos tarde.

–Tú llegaste tarde –dijo ella–. Yo estuve lista a tiempo.

–¿Me vas a discutir por todo?

Se repitió el mantra. –No –dijo ella sin estar convencida. No estaba segura de por lo menos poder llevarse bien con él. Lo siguió hacia la pesada puerta que daba a un espacio acogedor e iluminado. La guio a través de las mesas hacia una más grande en la parte trasera, llena de Slytherins.

Ella retrocedió. No había esperado que hubiera más gente ahí. Esto haría la velada imposible. Allí estaban todas las personas con las que no quería pasar la velada. Pansy-perra, Blaise, Flint y todos los demás. Eso sin mencionar a Malfoy.

Él la sintió titubear y se volvió.

–Mejor que sea en público, recuerda.

Pero a ella la invadía la incertidumbre, no sólo el pánico.

–Todo estará bien –dijo él en voz baja. Apretó su mano y la jaló hacia la mesa.

Ella no podía hacer otra cosa que hacerle caso. Debió haberlo pensado. Por supuesto que tenía que ser en público.

–Ese vestido es bonito –dijo Pansy-perra.

–Gracias –dijo Hermione, de repente se sintió desaliñada usando ese vestido y odió haberse dejado arrastrar hacia todas sus estupideces.

–Es agradable verte de nuevo –dijo Pansy-perra. Hermione podía ver la tirantez de su rostro que decía que era todo menos agradable.

–Tomaré un whiskey –dijo a nadie en particular. Necesitaba el apoyo.

–¿Me vas a dejar que te permita emborracharte? –dijo Malfoy con su habitual sonrisa de superioridad.

–Desde luego que no –respondió Hermione y se concentró en el menú. Inmediatamente llegó un vaso con whiskey y ella le dio un largo trago. Esta sería una velada infernal.

Hermione no se esforzó en platicar. Trataba de hallar donde posar la vista, ya que no quería ver la expresión de Blaise. Definitivamente había hostilidad entre Blaise y Draco. Su conversación era tensa.

No todos se portaban hostiles. Marcus Flint no lo hacía. Había un brillo en sus ojos cuando trataba de preguntarle por su trabajo. "Oh, Dios mío", pensó Hermione, él le estaba coqueteando.

–En serio que Marcus te ha extrañado –susurró Pansy-perra demasiado fuerte a través de la mesa.

Se le ocurrió que el interés de Marcus por ella debía haber sido genuino. Sintió que estaba en la fiesta de té del Sombrerero Loco.

Mientras cavilaba en la locura de la velada y en las situaciones en las que estaba, Malfoy le tomó la mano y se la llevó a la boca. Le besó uno de los dedos, luego llevó esa mano hasta su muslo. Ella resistió el impulso de quitarla. Ella dejó ahí la mano, no muy segura de qué más hacer. Ella podía sentir el calor de la pierna de él y era desconcertante.

Sucedía algo sin palabras entre Blaise y Draco, y la acción de Draco era parte de todo eso. Estaba reclamando sus derechos. Hermione no pudo impedir que la vergüenza la invadiera. No había duda que ella era el centro de una competencia entre los dos Slytherins. Bien, eso explicaba los motivos de Malfoy, o parte de ellos.

Ella se preguntó si ya podría retirar su mano del muslo de él. ¿Cuánto tiempo era apropiado mantener la mano de uno en el muslo de un amante? Si era tu amante. Lo había visto en su traje de baño. Sabía que tenía muy buenos muslos. Tocarlo era surreal. Hermione podría haber besado al mesero cuando vino a tomarles la orden. Le dio una excusa legítima para retirar su mano.

"Esto lo amerita", se dijo a sí misma mientras ordenaba un platillo de pescado. Después que les tomaron la orden, Malfoy volvió su atención a ella.

–¿Estás bien? –le preguntó, en un volumen apenas audible para los dos, aunque era evidente que los observaban.

–Sí –dijo ella. No se sentía bien, pero no lo iba a admitir. Sin duda no tenía el hábito de mostrar debilidad frente a Draco Malfoy. Él tenía la mano en su espada y la acercó para darle un beso en la sien.

–Vas a tener que besarme más tarde, antes que nos retiremos –dijo él.

Quiso objetar, pero no lo hizo. "Una cosa más, qué más da", se dijo. Un beso no era el fin del mundo. No era una niña de escuela que nunca hubiera sido besada. Para ser exactos, ya había jugado con él al hockey con la lengua, a pesar de que ella no lo recordaba.

Esa fue la comida más incómoda que había tenido jamás. Las chicas la ignoraban por completo, Marcus trataba de atraer su atención, Blaise la miraba con ojos de pistola y ella tenía que pretender que estaba enamorada de Draco Malfoy. De verdad, ¿el crimen valía este castigo?

Pero tampoco quería que la velada terminara. Eso significaría que tendría que besarlo. No es gran cosa, se repetía. Entonces ¿por qué su corazón latía tan de prisa? Sus manos sudaban y no pudo tomar más que un bocado del postre.

–Tengo que comprar un vestido para la fiesta de la casa la próxima semana –dijo Pansy-perra–. Debes llevarme de compras Blaise, no tengo absolutamente nada que ponerme.

A Hermione le sorprendió la familiaridad con la que Pansy lo sugería. ¿Serían pareja? Los observó tratando de determinar si así era. Se topó con los ojos de Blaise en el proceso y no eran precisamente amables.

–Hermione necesita un vestido nuevo –dijo Draco. Hermione se quedó con la boca abierta.

–Vayamos todos juntos –dijo Blaise secamente.

–Maravilloso –dijo Pansy aplaudiendo.

Primero muerta que ir de compras con Pansy y Blaise.

–No necesito un vestido nuevo –dijo Hermione a Draco con intención de pedirle que declinara la oferta.

–Necesitas un nuevo guardarropa –replicó él–. Me extraña que nadie haya hecho nada al respecto.

–No con ellos, no –susurró bruscamente.

–¿Qué clase de novio sería si no te compro cosas? –le respondió murmurando–. ¿Qué tipo de mensaje estaría enviando?

–Que estás indeciso acerca de esta relación y que es posible que termines conmigo muy pronto.

–Todavía no.

–¿Qué significa eso de "todavía no"?

–No hagas una escenita –dijo y la pellizcó–. Es hora de irnos.

La levantó de la silla jalándola por el codo. Era apremiante pero no se notaba tanto. Apenas se había puesto de pie cuando la tomó por el cuello y la acercó. Todo esto pasó tan rápido que sólo pudo contener el aliento. Sus labios se sintieron increíblemente suaves al principio, de algún modo cerró los ojos. El beso se profundizó, se hizo más acuciante.

Ella estaba directamente contra él y la invadía con su lengua. Era un beso apabullante. No estaba lista. Él sabía a whiskey y a crema y a algo más. Y había algo familiar en eso.

No supo dónde estaba cuando él se alejó lentamente. Se sintió incompleta y después muy apenada por ello. Y luego sus ojos, viendo directamente en los de ella.

–Hora de irnos –dijo él. Ella asintió.

Caminó con ella hacia la puerta.

–Buen trabajo con el beso –dijo él, volteando a ver a la mesa–. Fue convincente.

–Ajá –dijo ella. Los labios le quemaban, como sus mejillas. Besaba tan bien que daba risa, lo cual podía explicar los eventos que se desarrollaron en la pista de baile en el club de París. Se había atascado en un buen beso. Un beso tenía valor más allá de la persona que te lo daba. Quien lo hubiera pensado, aunque él tenía experiencia habiendo besado probablemente a todas las chicas del país, no, del continente.


*N. de la T.

Espatífilos es una flor también conocida como banderas blancas, su nombre en inglés es "peace lily"


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