Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione se levantó al día siguiente con una sensación escalofriante. Había sobrevivido a la noche anterior. Sin embargo, los tentáculos de esa cena se extendían hasta ese día con la amenaza de ir de compras. No quería ir de compras con Draco Malfoy, definitivamente no quería ir de compras con él y sus exparejas. ¿Quién querría eso?

En lugar de eso se dio un baño y trabajó en su exiguo jardín interior. Sólo algunas plantas que vivían en el pequeño espacio bañado por el sol matinal en su departamento. Se esforzó mucho en no pensar en la velada previa, no tenía como consolarse de ella. Estaba el asunto del espectacular beso, pero estaría mucho mejor sino pensaba nunca más en él.

Sintió vergüenza atrasada por haber sido besada en frente de más personas. En frente de Blaise. Ella no alardeaba con cosas así. Era impropio. Además para rematar, la querían arrastrar de compras para poder arreglar a golpes el problema que tuvieran. Bueno, ella no quería tomar parte de ello.

Aunque sí necesitaban terminar. De preferencia en público para que todos supieran que él la estaba botando. Ella luciría herida y mal encarada por unos días, lo cual pensó que podría lograr. Incluso podía recurrir a untarse algo de Vick VapoRub debajo de los ojos para que se vieran rojos y llorosos. En realidad no se sentía mal por engañar a la gente en ese aspecto, bien merecido lo tenían por moralistas.

En realidad, esperaba ansiosa que Draco Malfoy la botara. Una semana o dos y todo estaría olvidado. Había decidido que después mostraría cuanta dignidad pudiera reunir. Y con Blaise, decidió que se portaría completamente profesional. Como si nada hubiera pasado. Finalmente terminaría por entender lo que se había perdido, pero para entonces ella ya estaría lejos. Feliz con alguien más. Esa era la misión: una relación bonita, sana, con alguien normal.

Un llamado a la puerta interrumpió sus cavilaciones.

–No estás lista –dijo él en la puerta con su acostumbrado traje negro.

–Eso es porque no iré –replicó ella cruzando los brazos.

–Tienes que ir. Estuviste de acuerdo.

–No lo estuve. ¿Y quién en su sano juicio quiere pasar un sábado de compras con sus ex? Eso es triplemente espantoso; en primera tenemos que pasar el día juntos; en segunda, de compras; y en tercera, con los ex. Eso está al nivel de llevar a tu suegra a un club de strippers. ¿Por qué alguien haría eso? Creo que preferiría sacarme los ojos.

–Yo te sacaré un ojo en un minuto, ahora vístete –dijo con fastidio–. Esto es culpa de tu ex, él lanzó el desafío y no podía dejar de responder. ¿No tienes decoro alguno? Si no vamos es como admitir que nos avergonzamos, o que me avergüenzo de ti. No es el mensaje que quieres mandar.

–¿Por qué? Me parece un mensaje perfecto. Te da vergüenza que te vean conmigo, por eso terminas conmigo.

–¿No tienes ni un poco de orgullo?

–Si juzgamos por la noche anterior, no –soltó ella–. No hago esto por orgullo. Créeme, me estoy tragando el orgullo para poder acabar con esto.

Él la observaba con unos ojos que podrían ser de advertencia. No podía creer que lo tuviera en su departamento. Era incomprensible. Draco Malfoy, su archienemigo de la infancia.

–No podemos terminar todavía. Ser vistos un par de veces es importante. Tiene que parecer que lo intentaste –dijo él–. Y yo tengo una reputación que mantener, así que iremos de compras y parecerá que es tu sueño hecho realidad.

–Nada de lo que dijiste tiene sentido.

–Sí, a juzgar por tu guardarropa, nunca has visto el interior de una tienda –dijo él–. Yo, siendo un sangre limpia rico y de espléndida posición, puedo permitirme ser generoso con mis amantes. Es símbolo de estatus.

–¿Pansy es amante de Blaise?

–¿Por qué? ¿Te importa? –preguntó Draco, observándola.

–Simple curiosidad –replicó ella y le arrebató la túnica que Draco sostenía para ella.

–No sé –dijo después de un rato–. El ritual de compras puede hacerse para cualquier mujer que aprecies.

–¿No es un poco superficial?

–Es un mensaje. Eso es lo que es.

–Ahora, acerca de terminar –dijo ella mientras caminaba a la otra habitación a cambiarse. No estaba segura de por qué lo había dejado elegir lo que usaría. Tal vez porque ella se habría puesto pantalones de mezclilla y un suéter.

–Aún no –dijo él.

–¿Por qué no?

–Todavía no he acabado –dijo él.

–Bueno, yo ya acabé –dijo ella con aspereza–. Con lo divertido que ha sido esto, y vaya que no lo ha sido, ya tuve suficiente. Simplemente podría hacer una escena y terminar contigo.

–No, no puedes. Volverías a ser la que usa y abusa. Además, nadie termina conmigo. Aún no acaba. Pero no te preocupes, será pronto.

–¿Hay algo más en tu mundo que no sea esa arrogancia que todo abarca?

–Arrogancia o no. El meollo de todo este asunto es no señalarte a ti como bicho raro. Por tanto, no hagas cosas que no se hacen o que no son aceptables.

–¿Y terminar contigo sería inaceptable? –preguntó con evidente incredulidad.

–Soy rico y maravilloso –dijo él–. El soltero más codiciado de esta sociedad. Las chicas hacen fila y esperan tener suerte.

–De seguro debe haber alguna gracia, porque eres un pendejo.

–Esa boquita niña –dijo él–. No querrás destacar por ser vulgar. No olvides el objetivo de toda esta iniciativa.

–¿Cuál es tu objetivo? ¿Por qué de repente tan preocupado por mi reputación?

–Tengo mis razones –dijo Draco fríamente, de una forma que no invitaba a seguir preguntando–. No tienen nada que ver contigo, así que no te preocupes. No tengo designios secretos para ti.

–No estaba preocupada. Eso sería ridículo.

Él no dijo nada más. Y se alegró porque había sonado a que buscaba que la elogiara.

De nuevo la apuró hacia el punto de aparición, desde donde se aparecieron en un bien amueblado recibidor que sólo podía pertenecer a una familia rica de sangre limpia.

–¿Qué estamos haciendo aquí? –preguntó ella.

–Aquí veremos a los demás –dijo él–. Esta es la residencia de los Parkinson.

–Oh, grandioso –dijo en voz baja mientras Blaise y Pansy-perra entraban.

–Ahí están –dijo Pansy-perra–. Nos estábamos preguntando cuando llegarían ¿Verdad Blaise?

Blaise no dijo nada. Pansy-perra miró su ropa.

–Un día extremadamente necesario.

Hermione apretó la quijada.

–Muy bien ¿nos vamos? –añadió Pansy-perra–. El traslador está casi listo.

–¿Traslador? –preguntó Hermione.

–París cariño –dijo Pansy-perra–. Recuerdas París ¿no? O por lo que deduzco, los recuerdos pueden ser algo borrosos. Algo tambaleantes, por lo que he oído.

Draco le dio un apretón en el brazo, y luego le pasó su otro brazo por la cintura y la estrechó mientras alcanzaba el traslador.

–Viajar por traslador no se te da naturalmente, he escuchado. No puedo permitir que caigas sentada cuando lleguemos.

Hermione odiaba los trasladores. Cualquier cosa que volara o similar. Se asió fuerte y él era lo único a lo que podía asirse. Lo odiaba, pero por un momento se sintió segura.

–Ya puedes abrir los ojos –dijo él.

–Ah, que momento tan tierno –dijo Pansy-perra con un dejo de burla en la voz.

–No voy a sobrevivir el día –le susurró a Draco.

–Harás tu mejor esfuerzo.

–Tal vez hayas sobrestimado mi capacidad para permanecer calmada y serena.

–Créeme, conozco exactamente tus límites –dijo divertido–. He puesto a prueba casi todos ellos, pienso.

–En ese entonces era una niña, soy un poco diferente ahora –espetó.

–Sí, no estoy tan seguro –dijo él–. Pero déjame darte un incentivo. En cuanto parezca que vas a perder el control, te besaré. Tú decide qué será peor. Aunque si no eres capaz de controlarte, tendré que asumir que secretamente deseas mi atención.

–Eres un completo cerdo, y el infierno se congelará antes que yo busque a propósito un beso tuyo. No te preocupes, estaré fresca como un pepino –dijo ella–. Completamente firme.

–Oh, los tortolitos –dijo Pansy-perra–. ¿No es dulce, Blaise?

Pudo ver la quijada de Blaise apretarse. No estaba disfrutando esto. Se sintió terrible por toda la situación. Seguro quería terminar con todo y seguir su camino, pero no quería restregárselo en la cara. Esto era obra de Malfoy. Y no hablaba bien de él.

Pansy tomó a Hermione del brazo mientras caminaban por lo que debía ser la principal calle de tiendas del París mágico. Era mucho más moderno que el Callejón Diagon, y por moderno entiéndase mediados del siglo XIX.

–Ya te lo había advertido –dijo mientras caminaban más despacio que los chicos por insistencia de Pansy–. Está jugando contigo. Sólo está metiendo la mecha en una alberca gratuita. Tú estás más que deseosa, he escuchado.

Hermione se soltó del brazo de Pansy.

–Él te superará y tú te quedarás sin nada. Aunque así es como iba a ser de todas formas –continuó ella.

Hermione no podía creer su mala leche.

–El problema con chicas como tú es que no saben cómo hacer que ellos se esfuercen. Solamente se ofrecen, como una mujerzuela cualquiera.

–Tal vez, Pansy –dijo Hermione–, la gente se cansa de jugar. Yo podré ser ofrecida, como dices, pero tengo relaciones reales con intimidad real.

–Oh, eres tan inocente –dijo Pansy–. No creerás que tuviste una relación real con Blaise, ¿verdad? Pobrecita, lo que él tenía contigo es lo que se conoce como "darse un baño de pueblo". Y todo el mundo lo sabía.

Hermione estaba estupefacta por la vileza de Pansy. No podía creer una sola palabra de ello, pero aun así dolía escucharlo, que era lo que ella pretendía.

–Bueno, si eso es verdad, él se perdió de algo genuino y es su pérdida lo quiera ver o no.

Pansy hizo un gesto exagerado de compasión, que no era de ningún modo genuino.

–Bueno, no cometas el error de pensar eso con Draco. En realidad estoy tratando de ayudarte, ¿sabes? Te lo advertí.

Pansy se alejó.

–Tus amigos son malvados –le dijo a Draco.

–Son Slytherin –respondió él–. Vienen con algo de políticas. ¿Qué te parece este vestido?

–No quiero que me compres vestidos.

–Bueno, eso es lo que haré –dijo acercándole el vestido–. Usualmente no participo de forma tan activa en el proceso. Normalmente, me siento por ahí, bebo alcohol y luzco bien, pero tú necesitas que te dirija en todo –dijo bruscamente.

–¿Por qué insistes con lo mismo? –preguntó ella–. Prácticamente Pansy me acaba de patear el trasero. Aparentemente, soy el ingrediente necesario para "darse baños de pueblo".

Draco sonrió al tiempo que continuaba revisando estantes de ropa. No lo retó por el significado de esa sonrisita, no quería saberlo.

–Y luego, tiene el descaro de decirme que está tratando de ayudarme –continuó Hermione.

–Probablemente así es, a su manera –dijo Draco–. ¿Qué tal algo verde, verde Slytherin?

–Sobre mi cadáver.

–Eso sería un poco más que "darse un baño de pueblo" –dijo riéndose entre dientes.

–En verdad te odio.

–No, no me odias. Piensas que soy atractivo, sólo que no lo admites.

–¿Estás tratando de fastidiarme?

–Mantente calmada, Granger, ya sabes que estaré obligado a hacer si no lo haces –dijo él–. Ahora pruébate esto.

–Es rosa.

–Eres una chica.

–No tengo cuatro años.

–Sólo póntelo –dijo él–. Queda con tu tono de piel.

–Eso debe ser lo más masculino que has dicho jamás –dijo sarcásticamente y le arrebató el vestido de la mano. ¿Qué le importaba a ella si le compraba un estúpido vestido? Ella no quería un vestido, así que no importaba como se viera.

Entró al vestidor y se puso la maldita cosa. Sí se veía bien.

–Sal y muéstrame –dijo Draco. Había un sofá afuera del vestidor, que suponía era para situaciones como esta. Tanto Draco como Blaise estaban ahí.

–Podrá ser rosa, cariño, pero viéndolo ahora, me hace sentir muy…varonil.

Hermione sólo pudo dedicarle una mirada asesina. Desesperadamente quería decir algo, pero tenía a Blaise ahí viéndola como si fuera una vaca en venta.

–Para una cazafortunas, se ve bien –dijo Blaise arrastrando lentamente las palabras.

Hermione se quedó boquiabierta. Estaba impactada. Nunca hubiera esperado que él dijera algo tan irrespetuoso como eso.

–¿Qué fue eso? –dijo Pansy-perra al salir de uno de los vestidores.

–Él estaba diciendo que se ve como para besarla –advirtió Draco, pero Hermione estaba lívida.

–Tú, perfecto cabrón –soltó Hermione preparándose para decirle lo que pensaba. Al cuerno con la dignidad, ella le iba a dar una paliza. Pero no tuvo oportunidad porque Draco la llevó a uno de los vestidores.

–Suéltame –espetó mientras lo arañaba para quitarlo del camino.

–Te lo dije –dijo él y la retuvo en su lugar. La tenía contra la pared con los brazos sujetándole los hombros. Las manos de él atrajeron su cabeza hacia la suya donde la sostuvo para un beso forzado. A pesar de eso la tomó por sorpresa. Al principio se resistió, pero él se negó a ceder con el beso. No hasta que ella se calmara por completo, y aún siguió por más tiempo. Sólo para estar seguro que no estaba fingiendo.

Tenía los labios amoratados cuando por fin la soltó. Sintió que le faltaba el aire. Todavía la tenía aprisionada contra la pared con los antebrazos, listo para besarla de nuevo si armaba un escándalo.

–No esperarás que aguante eso ¿o sí? –dijo ella ásperamente–. No soy una cazafortunas. Soy lo más alejado de una cazafortunas. Pinche cabrón.

–Es un cabrón y es rencoroso –dijo Draco–. Te estaba usando.

–No te creo.

–Ya sé que no –dijo él–. No quiere decir que no sea cierto. Todo el asunto con Marcus lo hizo quedar como un tonto y ahora quiere ver un poco de sangre.

–Bueno, si cree que puede herirme, entonces lo voy a herir yo a él. ¿Qué le hace pensar que lo voy a tolerar? –dijo ella–. Ya puedes soltarme.

No lo hizo. De hecho, estaban tan cerca que ella podía sentir su cuerpo entero.

–Verte conmigo lo lastima –dijo Draco–. La pura e inalcanzable Hermione Granger. Estaba muy contento de haberte degradado un par de niveles. No le gusta la idea de que me prefieras a mí.

–Ese pendejo –dijo Hermione, ahora se sentía realmente herida. La idea de que su relación había sido para usarla y humillarla le dolía increíblemente.

–Entonces no hay que terminar todavía –dijo Draco–. Hay que exprimir esto un poco más. Se lo merece.

–Estaremos locos de felicidad –dijo Hermione entre dientes.

–Buena chica.


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