Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Hermione no vio a nadie durante la siguiente semana, lo cual estaba bien. Aún estaba que echaba chispas. El descaro de Blaise de llamarla cazafortunas. Él era, de hecho, el afortunado de haber estado con ella. Él era el que resultaba insuficiente, entonces por qué se regodeaba en llamarla una cazafortunas. Y luego esa perra de Pansy.
Bueno, ella no se iba a escabullir y dejarse intimidar por esos imbéciles. La dignidad y la calma sólo eran buenas si la gente a la que se las mostrabas las entendía. Tristemente, la dignidad y la calma podían ser vistas por esta gente como que estaba admitiendo la derrota.
Lo cual causaba algo de conflicto con el humillante rompimiento con Draco Malfoy. A pesar de que su reputación en general saldría mejor librada con un rompimiento humillante, no estaba segura de poder soportar las miradas de superioridad de Blaise y Pansy, por no mencionar a los otros Slytherins.
Así que había un pequeño dilema. Quizás si ella y Draco solamente se alejaban, una separación amistosa. O podría aprender a ser fuerte y no dejar que le importara lo que Blaise y Pansy pensaran. ¿Darles importancia no sería una señal de debilidad de su parte? Simplemente odiaba ser tratada burlonamente por gente que no merecía para nada sentirse superior.
Su regreso a su normal y sensata vida sólo duró hasta el siguiente fin de semana, en el cual sería la "Fiesta de la Casa", lo que sea que eso significara. Recibió una nota de Draco el viernes por la mañana.
Pasaré por ti a las 7. No te molestes en empacar. DM.
¿No empacar nada? No iba a usar el mismo atuendo por tres días, en realidad dos días y medio. Lo que fuera que él había planeado, no iba a funcionar. Empacó una maleta pequeña con un cambio de ropa y artículos personales.
Ella tenía pavor de este fin de semana. Sería como la cena, pero mucho más largo. Pero realmente quería hacerles pagar a Blaise y a Pansy, antes que todo se acabara y ella hubiera concluido todo con los Slytherins, para siempre.
Draco llegó tarde. Que sorpresa.
–No necesitarás eso –dijo y aventó su pequeña maleta a un rincón.
–Pero necesito un cambio de ropa.
–Ya me encargué –dijo él–. No creas que puedes ser mi chica y vestir lo que se te dé la gana.
–¿Perdón?
–Yo no ando con cualquier arpía que encuentro en la calle.
–No soy exactamente una arpía.
–No, pero a veces pareciera que quieres imitar a alguna.
–Dios, eres terrible.
–Tengo estándares, ahora vámonos.
–Tal vez haya más en mi vida que la necesidad de arreglarme como arbolito de Navidad con cualquier excusa –lo retó ella–. Tal vez si no hubiera en mi vida nada más importante que hacer como salir a almorzar, tal vez entonces pondría todo mi esfuerzo en mi vestimenta. Por suerte, no soy tan patética.
–Bueno, este fin de semana trata de no asombrar a todos con lo importante que eres. Le da náuseas a la gente.
–No me odies porque se me aprecia por algo más que mi apariencia –dijo cruzándose de brazos firmemente. Ella sabía muy bien que eso era infantil, pero no podía evitarlo. Él la irritaba demasiado.
–Si vamos a tener esta discusión, es mejor hacerlo ahora que después en frente de otras personas –dijo él. Él le había ganado a su infantilidad y ella estaba completamente apenada.
–Sólo digo que te odio, a ti y a los bobos valores a los que tu sociedad se sujeta.
–Bueno, me alegra que hayamos aclarado eso –dijo él sarcásticamente–. ¿Podemos irnos ya?
En verdad quería decir que no, pero eso se pasaba de infantil, así que asintió.
Llegaron a otra vieja casa de alguien de sangre limpia. Se sintió desorientada con la aparición conjunta, la cual incluyó un acercamiento a él y unas náuseas abrumadoras. Las paredes estaban llenas de retratos de gente esnob. Los de sangre limpia tenían el mismo gusto en decoración. Examinó los retratos buscando una pista que le indicara donde estaban. Los Greengrass, se dio cuenta después de un rato. Oh, que alegría.
Tan pronto cayó en la cuenta, una mujer, que debía ser Madame Greengrass llegó y saludó cálidamente a Draco, al tiempo que lanzaba una mirada a Hermione como si fuera una mancha de mugre que se atrevía a mancillar su casa.
Hermione observaba como la mujer hablaba a Draco de cosas sin importancia. Conforme miraba, se percató que la mujer se vestía con ropa algo juvenil para su edad. Una risita le dejó claro que la mujer estaba coqueteando con Draco. Hermione quiso vomitar. No podía ver más, por lo que volvió su atención a la ventana y al paisaje exterior. No tenía idea de donde estaban.
–Por aquí –dijo coquetamente la mujer señalando con el dedo. Los llevó escaleras arriba y por un corredor. En realidad la decoración del hogar de sangre limpia no era del todo igual. Los Greengrass se inclinaban por lo barroco.
–Estaré por aquí si me necesitan –dijo la mujer señalando hacia el salón.
–Bueno, eso fue repugnante –dijo Hermione cuando la puerta se cerró tras ellos.
–¿Qué?
–Esa mujer coqueteando contigo.
–Oh, siempre coquetean conmigo –dijo él con esa exasperante sonrisa.
Hermione miró alrededor de la grande y luminosa habitación donde absolutamente todo tenía acentos en oro. Hasta la cama.
–Sólo hay una cama –notó Hermione.
–Sí, porque somos pareja, recuerda.
–¡No dormiré en la misma cama que tú!
–A veces me preocupa tu madurez –dijo él
–Oh ¿soy inmadura? –dijo ella–. Si tú fueras yo ¿dormirías en la misma cama que tú?
La sonrisa exasperante se dibujó en su rostro.
–Desde luego que no.
–Si me tocas, te arrancaré las pelotas con un hechizo.
–Ya tomé nota –dijo y se volvió–. Ahora, ¿podemos alistarnos?
–¿Alistarnos para qué? –dijo ella con sospecha.
–Para ver a los demás.
–Vamos –dijo ella pero él no se acercó a la puerta.
–Así no, con eso no –dijo él y buscó en un montón de cajas que estaban en un diván. Sacó el vestido rosa que la había hecho probarse la semana anterior–. Con esto.
Hermione lo miró fijamente. ¿Cuántas cosas había comprado? Sólo estarían dos días
–Quieres verte a la altura, ¿no? No va a ser creíble si no lo haces.
–Era suficientemente creíble cuando andaba con Blaise.
–Bueno, era muy notorio y se comentaba continuamente –dijo él–. Era un tema recurrente entre las chicas.
–¿Y eso debe importarme?
–No, probablemente no, pero soy conocido por mis estándares y si me ven con una chica así, pensarán que mis estándares están decayendo –dijo él–. ¿Quieres que te asocien con estándares decadentes?
Hermione lo miró.
–Hay quien cree que mis propios estándares están decayendo desde el momento que miré a Blaise.
Draco ahogó una risa.
–Empiezas a extrañar tu tipo con facha de observador de aves y botas altas de goma.
–Yo no salgo con observadores de aves –se defendió ella.
–Oh en serio, entonces ¿sólo tienen la pinta? –dijo él–. Intento de observador de aves, eso es aún peor. Déjame ver, un tipo que cree que una movida ingeniosa es hacerte una taza de chocolate.
–Todo el mundo ama el chocolate.
–Vamos cariño –dijo en una voz fingida–, vayamos a buscar hongos, después, podemos alocarnos un poco y tomar un Rum Toddy* con mami.
–No hay nada de malo en alguien que aprecia la naturaleza, o a su madre –dijo ella–. Mejor que alguien que aprecia qué… ¿zorras?
–Las zorras son criaturas simples –dijo él–. Completamente transparentes y sin remordimientos por la "transacción".
–No todo es una transacción.
–Sí lo es.
–Bueno, tal vez tú eres muy insensible para apreciar un Rum Toddy –dijo ella–. Lo único que reduce tu hastío es la búsqueda constante de algo nuevo con que entretenerte. Me siento mal por ti.
–¿Te sientes mal por mí? –dijo él sorprendido–. El mundo es mi ostra. Puedo hacer lo que yo quiera, tener a quien yo quiera. Y créeme, soy muy feliz con mi posición. Lo opuesto a ti que has luchado incansablemente para probarle a todos que eres más de lo que eres.
–Tal vez no soy la indicada para lo que el mundo me dice que soy. O para lo que tú eres.
–Suenas como toda una marginada.
–Si soy una fracasada, entonces ¿por qué ustedes siempre están tratando de despedazarme? –dijo acaloradamente–. Esta conversación se estaba poniendo fea y no había sido su intención.
Él no contestó. Hermione le quitó el vestido de las manos. Se había resignado a sobrevivir el fin de semana a toda costa, luego podría continuar con su vida. Con sus tipos con facha de observadores de aves y todo. Fue al baño y se cambió. Sí iba bien con su tono de piel, algo muy tonto de qué preocuparse.
Regresó a la habitación para ponerse los zapatos, pero aparentemente él también había pensado en eso. Tenía unos zapatos negros de tiras colgando de un dedo. En ese momento lo odió. Era demasiado obvio que los separaba un mundo entero, como siempre había sido.
–Porque rompes las reglas –dijo él después de un rato.
–¿Qué? –preguntó ella confundida, sin saber a qué se refería él.
– Por qué la gente trata de despedazarte, porque rompes las reglas.
–Son reglas estúpidas.
–Sí, pero otros se sienten obligados a acatarlas, incluso si son completamente estúpidas.
–Eso es absurdo, cumplir reglas que no tienen sentido. A lo mejor tuvieron sentido alguna vez, pero ya no obedecen a ningún propósito real. Aun así la gente obedece como borregos. En serio, sigan adelante.
–Pero la mayoría de la gente no puede.
–Bueno, eso es su culpa, no mía –dijo ella–. Ahora hay que empezar este condenado fin de semana. Sin duda, pasar el fin de semana contigo y tus amigos será tan divertido como espero –no pudo evitar el sarcasmo. Ya se sentía juzgada y maltratada, y todavía no salía de la habitación.
* N. de la T. Rum Toddy: bebida caliente hecha con ron, azúcar o miel, limón, canela y otras especias.
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