Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
A la mañana siguiente Hermione se escandalizó cuando se dio cuenta que el cuerpo junto a ella era de piel infinitamente más clara que la de Blaise, que ella había esperado. Todavía estaba dormido boca abajo con el cabello cayendo sobre su cara. Era surreal verlo dormir. Se veía tan diferente.
Se deslizó fuera de la cama, sentía como una invasión a su privacidad el verlo dormir. No tenía derecho. Y además, para terminar de sentirse mal, estaba el asunto de haber dormido juntos en la misma cama.
Luego se preguntó en la cantidad de camas desconocidas en las que él se habría despertado a lo largo de los últimos años. Probablemente algo común para él. Que diferentes eran entre sí. La mayoría de los Slytherins no tenían mayor propósito que existir y ser jóvenes y ricos. Blaise trabajaba, a diferencia de la mayoría, había que darle crédito por eso. Supuso que el trabajo de las chicas era atrapar esposo y ser socialités.
Lo gracioso era que ella había logrado lo que algunos sólo podían soñar, ser parte del grupo de élite de Slytherin. Y no podía esperar a salir. Estar con Blaise había sido emocionante al principio, la ropa, el esfuerzo, los lugares lujosos. Lo mejor de lo mejor. Pero ¿qué había más allá de tanta exclusividad? Un montón de gente que en realidad era terrible. Bueno no todos, Adrian era encantador. Blaise había sido encantador hasta antes de convertirse en una completa mierda. Hasta Malfoy se había portado bien. Se habían llevado bastante bien la noche anterior, lo cual la sorprendió sobremanera. Incluso algunas de las chicas, con excepción de Pansy-perra, se portaban bien en forma individual. Sólo era cuando estaban todos juntos que se volvían completamente tóxicos.
Se sentía como idiota esperando a que Malfoy se despertara. Afuera era una fresca mañana de otoño, donde sea que estuvieran. Decidió salir de la alcoba, tal vez de la casa para tener un tiempo a solas antes de la locura del día que la esperaba.
Lentamente bajó las enormes escaleras y caminó a través de una de las estancias del piso inferior que parecía conducir afuera.
–Granger –dijo una voz masculina. Dio un pequeño salto de sorpresa. Descubrió con horror que era Marcus Flint y se veía como si su mañana no pudiera ser mejor–. ¿Qué haces despierta tan temprano?
–Ahh –empezó, y estaba por decirle que quería estirar las piernas, pero supo que la acompañaría si hacía eso–. Estoy buscando una copia del diario "El profeta".
–En el vestíbulo –dijo él, aún sentado en la silla que ocupaba–. No he tenido oportunidad de platicar contigo. Te fuiste muy rápido la vez pasada.
"Porque arruinaste todo, imbécil", pensó ella.
–Tengo que regresar –dijo.
–Tal vez podamos hablar más tarde. Quiero preguntarte por tu trabajo.
–Tal vez, no estoy segura de cuales sean nuestros planes –dijo tratando de cumplir con su imperiosa necesidad de ser cortés–. Tal vez en la cena –"en público", completó ella en silencio. Aprovechó la oportunidad para salir de la estancia. Bien, allá iban sus planes frustrados de escape.
Tomó un periódico y subió fatigosamente las escaleras. Pensó que Marcus sería capaz de tropezar con ella si se quedaba abajo.
Malfoy seguía durmiendo así que se sentó en una silla y abrió la última edición de "El profeta" para leer cualquiera que fuera el sórdido escándalo en boga en el mundo mágico. Su respeto hacia el periodicucho no había precisamente aumentado desde que había salido de Hogwarts. Era sólo drama, escándalo y estupideces. Incluso "El quisquilloso" resultaba una lectura más interesante, incluso si era la principal publicación de Villa Lunática. Ahora que Luna era la editora en jefe. Algunas veces se encontraban ahí pequeñas gemas, aunque fuera sin intención.
–Esta es la parte en que eso de novia de mentira apesta –se oyó la voz adormilada y ronca de Draco Malfoy desde la cama. Las blancas sábanas crujieron conforme él se desperezaba. Ella decidió ignorar su comentario. Obviamente le gustaba "eso" por las mañanas. Y ella se negó rotundamente a ruborizarse por la implicación de lo que acababa de decir. El hecho que la estuviera mirando de nuevo lo hacía más difícil. Agradeció al cielo por el periódico en sus manos, que de repente se había vuelto muy interesante.
–Oh, ahí estas. No te vi porque te confundes con las sábanas.
–¿Te levantas con las garras de fuera?
–Lo que pasa es que, en general, muerdo.
Podía oír las sábanas de nuevo. Pensó que se estaba levantando pero el ruido se detuvo. Cuando bajó el periódico él estaba sentado en la cama recargado, con el torso completamente desnudo.
Ojalá que él no esperara que la abrumara el deseo. Había que admitir que su cuerpo estaba mucho mejor de lo que él merecía, considerando su estilo de vida, pero su rancia personalidad apagaba cualquier atractivo que pudiera generar. Aunque a regañadientes, el atractivo estaba debidamente registrado, si no es que totalmente reconocido.
–Entonces –dijo ella–, ¿qué formas de tortura podemos esperar hoy?
Él sonrió. Esa sonrisa que derretía a chicas inferiores. Como sus besos, lo cual ella sabía por experiencia; pero por suerte ella era excelente en organizar su mente, así que podía mantener separados esos dos pensamientos. Ciertamente no iban a tener oportunidad de unirse contra ella, porque ella cediendo a algo así y darle a Draco Malfoy un poco de dicha matutina podría acarrear nuevos y terribles niveles de infierno y humillación. Ya era suficientemente malo que lo hubiera hecho cuando no tenía consciencia de ello; hacerlo conscientemente, ya podría ella suicidarse porque seguramente él no sería nada caballeroso al respecto.
–No sé –dijo él–. Pasar el rato. Tal vez algo de quidditch en el jardín delantero, mientras las nenas observan con adoración. Alcohol, un poco de seducción. Lo típico.
–Bueno, puedes olvidarte de la seducción –dijo ella ásperamente.
Él sonrió de nuevo y se recargó otra vez en las almohadas. –Usualmente yo no hago de seductor. Soy más bien el seducido.
–Supongo que eso lo esperan aun cuando tienes "novia".
–Las novias son un concepto muy fluido por aquí.
–Ya veo –dijo ella–. ¿Esperas las atenciones de alguien en particular?
–Bueno, nunca se sabe en estas cosas –dijo él–. Sólo habrá que esperar y ver quien anda merodeando esta noche.
–Que emocionante –dijo ella con trazas de sarcasmo.
–¿Por qué? ¿Qué haces normalmente los fines de semana? –dijo él después de un momento. Sonaba aburrido, pero algo le dijo que tal vez tuviera curiosidad.
–Depende –dijo ella.
–¿De qué?
–De si estoy con alguien o no –dijo ella pensando en el tiempo que había estado con Blaise. Había sido perfecto, independientemente de cómo había resultado o cuáles habían sido sus verdaderas intenciones. Había sido perfecto por un tiempo. Sonrió al recordar–. Si es así, suelo levantarme tarde. Cocinar el almuerzo.
–¿Cocinas? –preguntó él.
–Sí, por supuesto. La gente normal debe alimentarse.
–¿Qué cocinas? –preguntó y Hermione pensó que era una pregunta extraña.
–Normalmente huevos con tocino. Si me siento con ánimos, hago huevos benedictos. Tal vez crepas.
–¿Y luego? –quiso saber él. Ella sintió como si la estuviera interrogando.
–Luego salimos a algún lado. Quizá una galería. Tal vez una librería. Un café en algún lugar sobre la marcha.
–¿Y luego?
Ok, este interrogatorio empezaba a revelar más información personal de la que ella pretendía, pero eran preguntas directas así que sentía la obligación de contestar. No sabía por qué él tenía curiosidad, porque obviamente la tenía.
–Luego volvemos al departamento. Tal vez pasar algo más de tiempo juntos –dijo ella con una sonrisa, rehusándose a divulgar los detalles íntimos que eso implicaba–. Después tal vez comprar cosas para la cena, preparar la cena, tal vez ver una película o tomar un trago en el bar, y ya –se apresuró en la última parte. Él no debía estar al tanto de sus fines de semana.
–Suena aburrido –dijo él con desdén–. No me sorprende que Blaise se haya deshecho de ti.
–En su momento no se quejaba. Algunos dirían que es mejor que sentarse a esperar ser seducido por mujeres de mediana edad –dijo y apartó el periódico–. ¿A qué hora lo alimentan a uno aquí?
–En cualquier momento. Y que conste, la edad no determina a quien atraigo. Mi atracción es ubicua –dijo él saliendo de la cama y Hermione caminó rápidamente a la ventana para estudiar el paisaje–. Yo sólo respondo a las hermosas,… y a las fáciles –añadió después de pensarlo un poco.
–¿No te gusta esforzarte? –bromeó ella, pero él no respondió.
–Vamos. Pongamos manos a la obra –dijo después de vestirse. Sonaba molesto con ella. No estaba segura de por qué, quizá porque tenía que cargar con su novia de mentira todo el día.
–¿Qué se supone que debo hacer si te asedia la población femenina? –preguntó con algo de curiosidad. Hasta que se le ocurrió–. Claro, debo salir corriendo y llorar –estaba emocionada ahora que su tren de pensamiento la llevaba al final de su supuesta relación–. Exprimir una lágrima de cocodrilo o dos. Estoy segura que puedo lograrlo. Si es necesario puedo ponerme algo de cebolla en los ojos.
–Mis amantes no hacen escenas –dijo él secamente–. No está permitido.
–En serio ¿tienes que quitarle lo divertido a todo? –dijo ella–. ¿Y qué quiere decir eso de no permitido? ¿Tú decides lo que las chicas tienen permitido sentir?
–Hacer escenas es vulgar –dijo él.
–Oh ¿Ahí es cuando se vuelve vulgar? –dijo ella con sarcasmo.
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