Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


El comedor estaba lleno de gente cuando llegaron. Todos usaban ropa muy elegante y pulcra en colores claros. La túnica en color durazno claro que Draco le había comprado, cobraba sentido ahora, lo malo era que por accidente se la había puesto y se veía adecuada. Ni siquiera había cuestionado el traje gris de Draco.

–¿Por qué todos usan los mismos colores?

–Es el atuendo de la Fiesta de la Casa –dijo él–. Es así como se hacen las cosas.

–¿Hay reglas arbitrarias para todo?

–Por supuesto –dijo él–. Es la señal de la buena crianza.

–O la señal de una mente sin quehacer.

–No seas mala leche.

Cerró su boca. Ella no era mala leche, eran inferencias lógicas. Iba a decir eso, pero Daphne Greengrass se les acercó.

–Que bueno que vinieron –dijo.

"¿Dónde más podría estar?", la retó Hermione en su mente. Quizás era un poco mala leche. La compañía en la que estaba lo provocaba. Hablando de mala leche, la reina se aproximaba, usando algo beige y blanco, se veía como un traje para jugar tenis.

–¿Vas a jugar? –preguntó Pansy mirando a Hermione de arriba a abajo.

–Ella no vuela –dijo Malfoy.

–Claro que vuela –dijo Pansy–. Todo el mundo vuela.

–No por voluntad propia –dijo Hermione sin saber aún de que hablaban. Pero lo que fuera, si incluía volar, ella no quería tener nada que ver.

–¿Tú no vas a jugar, Drakie? –dijo Pansy con coquetería.

–Todavía no lo decido –dijo Draco.

–Anda, ve –lo instó Hermione con la leve esperanza de estarle pidiendo que hiciera algo fastidioso.

Él la miro pero no contestó. En lugar de eso caminó hacia el bufet de desayuno y apiló cosas en un plato.

–Oh cielos, ¿no se habrán disgustado ayer en la noche? ¿O sí? –dijo Pansy-perra con su horrible voz infantil.

–¿Cuándo no nos hemos peleado? –dijo Hermione antes de alejarse caminando hacia la mesa también. La dejaría pensar que estaban disgustados, sólo reforzaba su inminente rompimiento. Este día iba a ser infernal.

Hermione disfrutó un momento de paz con su comida antes que Daphne se le uniera.

–¿Has jugado Swivenhodge? –dijo Daphne. Hermione tenía una vaga memoria del juego, pero no sabía que todavía se jugara.

–No soy mucho de juegos en general –dijo Hermione–. Así que no, no lo he jugado.

–Es terriblemente divertido. Tienes que intentarlo –dijo Daphne. Hermione no podía decir si la chica era cortés por ser la anfitriona o si tenía alguna intención oculta.

De ninguna manera ella iba a jugar un juego sobre una escoba frente a los Slytherins, pero sería grosero decirlo.

–Tal vez en otra ocasión –mintió Hermione–. Pero tomaré un tiempo para aprender las reglas.

–Hace el clima perfecto para ello. Debo supervisar los tentempiés –dijo Daphne y desapareció.

Evidentemente todos habían terminado de desayunar y se dirigían afuera. Hermione los siguió de mala gana. Era un día hermoso, fresco y soleado con el rocío apenas desapareciendo del césped.

Draco conversaba con Nott. Se veía relajado con la mano en un bolsillo. Blaise estaba de pie un poco más allá con su mano alrededor de la cintura de la alta chica danesa. Se veía fantástico como siempre. El color claro resaltaba bellamente su piel. Todos lucían elegantes, frescos como pepinos estos Slytherins. De hecho, todo se veía nuevo, nada tenía ni una señal de uso, incluyendo los bates que obviamente eran para el juego.

Hermione divisó una hilera de camastros que se veían divinos. El aire todavía estaba fresco y podía sentir la piel de gallina. Un poco de sol sería encantador y con suerte alejaría el frio.

–¿Vas a jugar, Granger? –dijo alguien. Una voz que no reconoció. Se volvió para ver a Theo Nott. En realidad nunca habían hablado.

–No, no me gustan mucho los juegos –dijo ella.

–Eres más bien académica –dijo él. Era raro hablar con él. Era conocido por sus creencias puristas y el hecho de que le hablara era raro. Nunca había sido directamente hostil, pero tampoco había sido ni remotamente amigable con ella, más bien tendía a ignorar su presencia por completo. Pero ahora ella era parte del círculo selecto y él había reconocido su presencia.

–Supongo –dijo ella. Él se alejó y Hermione lo miró. Nunca antes le había hablado directamente. No sabía qué significaba eso. Obviamente tenía algo que ver que ella estuviera ahí con Draco.

Se acercó a su supuesto novio y pasó su brazo alrededor de su cintura. Pudo sentir que él se tensaba, pero no reaccionó de una forma que otros pudieran ver. "Si esto lo incomoda, bien merecido lo tiene", pensó. Él la acercó más.

–¿Lo estás disfrutando? –le dijo en voz baja al oído. Sintió su aliento sobre su piel y se sentía antinatural y desafiante estar así de cerca con alguien con quien no tenía esa confianza.

–Tanto como una intoxicación alimentaria. ¿Qué tal tú? –dijo ella recargando la barbilla en su hombro. Al menos eso se veía íntimo y lo alejaba de su cuello, lo cual a fin de cuentas era demasiado.

–Bueno, aún no estoy ebrio, así que las cosas van mejorando.

–¿Vas a estar ebrio para la hora del almuerzo? –preguntó ella–. Sí que sabes hacer que una chica pase un buen rato.

–¿Es un reto Granger? –dijo él. Una reacción más directa de lo que ella había anticipado.

–No –dijo después de un momento, confundida sobre lo que acababa de pasar porque se sentía como si él se hubiera vuelto hacia ella y ella estuviera cómoda confabulándose con él. Sonrió en cuanto se percató que había sido una idiota al sentirse cómoda cerca de él en cualquier sentido–. No lo es. Sólo digo que no puede ser bueno para tu hígado que bebas tanto –no estaba ni cerca de lo que acababa de decir, pero no la cuestionó por eso.

Si hubiera sido Blaise, le habría sugerido que se fueran de ahí. Huir a algún lado para estar solos, pasar un poco de tiempo explorándose. No pudo evitar mirar hacia donde estaba Blaise, parado viendo a los primeros jugadores tomar sus lugares en lo que debía ser la cancha, había un seto atravesando por el medio.

–¿En qué piensas? –dijo Draco suspicazmente. Siguió su mirada hacia Blaise.

–En nada –dijo Hermione y desvió la mirada. No había notado que él la observaba–. ¿Cuáles son las reglas de esto?

Draco le explicó las reglas que tenían algo que ver con pegarle a una bolsa sobre un seto montando una escoba. El juego empezó y Hermione se aburrió al instante y esto iba a durar horas.

Pansy estaba jugando cuando Hermione tomó uno de los camastros. Obviamente Pansy era muy competitiva. Jugaba contra Astoria. Hermione deseó haber llevado un libro, pero tendría que entretenerse viendo gente.

Draco, Blaise y Nott estaban hablando en el otro lado de la cancha. Observaban el juego en forma intermitente. Llegó más gente. Slytherins mayores que Hermione recordaba de sus primeros años en Hogwarts. La habían olvidado por un rato y eso le venía muy bien. Cerró sus ojos y disfrutó el sol por un rato.

Había otras personas jugando cuando alzó la vista. La gente se había dispersado y un hombre servía bebidas. Hermione decidió caminar un poco por el jardín para estirar sus piernas.

Sin duda era un jardín muy bien atendido. Estaba segura que recibían ayuda profesional, de ninguna manera veía a la señora Greengrass ensuciándose las manos. No obstante eso le trajo la memoria de la señora Greengrass coqueteándole a Malfoy, esa era una memoria sin la cual ella podía vivir.

–Hermione –escuchó a Blaise detrás de ella. No quería voltear, pero tenía que hacerlo.

–Blaise –dijo ella.

–Te ves bien –dijo él después de un incómodo silencio.

–Gracias. Tú también –dijo ella. No se veía arrogante. Se veía un poco incómodo, lo cual era de esperarse ya que era la primera vez que hablaban desde que ambos se habían aparecido con otras personas. Ella asintió y se dispuso a alejarse.

–Él no es digno de ti –Blaise dijo apresuradamente cuando ella se movió–. Sé que yo eché las cosas a perder, pero él no es apropiado para ti. Él usa a la gente.

–¿Y qué hay de ti? ¿Tú usas a la gente? –lo desafió. Considerando que había aparecido con un bombón rubio, algunos podrían acusarlo de lo mismo. De alguna manera pensaba que la chica danesa no era la chica de sus sueños.

Él no respondió. Hermione volteó los ojos. No quería escucharlo decir que Malfoy no era adecuado para ella. Ella sabía que así era, no quería que Blaise se lo dijera, como si a él le importara.

–Te extraño –dijo él.

–No –lo interrumpió Hermione–. Estoy con Malfoy, tú estás con alguien. Dejémoslo así. –Definitivamente no quería escuchar a Blaise lamentarse como habían resultado las cosas, él lo había causado. A lo mejor él no había ocasionado que ella se besuqueara con Malfoy en una pista de baile parisina, pero él había terminado con ella–. Me llamaste cazafortunas. No soy una cazafortunas.

–Lo siento –dijo Blaise–. Pero la mayoría de las chicas que van tras Malfoy lo son. Debes saber que así es como te perciben.

–No me importa –dijo Hermione y era verdad, no esperaba tener nada que ver con esta gente al terminar el fin de semana. Y tristemente, ser una cazafortunas era más aceptable que ser considerada una manipuladora. Esta sociedad era retorcida–. Fue una de esas cosas, y será sólo una de esas cosas.

–Va a perder el interés. Siempre es así.

Hermione se encogió de hombros. Quiso decirle que todo era un ardid para que ella superara el error que había cometido, o más bien el error que habían puesto en su bebida, pero en el fondo no confiaba en él. Y ese era el problema de fondo, un problema que no estaba segura que Blaise se diera cuenta. Él pensaba que ella era estúpida y que le atraía Malfoy, pero la verdad era que ya no tenían ninguna oportunidad porque ella ya no confiaba en él.

Se alejó del nicho de jardín donde la había atrapado. Se sentía enojada y triste, como la relación fallida que se negaba a soltar. Caminó de vuelta al juego y a la gente. Cada vez que estaba con esta gente la acosaban de una forma o de otra tan pronto como se quedaba sola. Marcus probablemente estaba al acecho por ahí. Caminar sola había sido una estupidez y había recibido su castigo por ello.

Una mano la jaló del brazo, creyó que era Blaise, pero era Malfoy.

–No te me escondas –dijo severamente. Estaba enojado.

–No lo hice –se defendió ella.

–No voy a soportar que nadie se escabulla a mis espaldas. Nadie me pone los cuernos.

–¡No lo hice! –dijo ella más alto.

–Te vi.

–Sí, hablamos un poco –dijo Hermione–. Tenemos una historia juntos, así que no es inconcebible que hablemos.

–Pues no lo hagas –le apretó más el brazo. Se estaba portando intimidante y eso la molestaba.

–No somos una pareja de verdad, así que, ¿no te lo estás tomando muy en serio? –dijo incrédula. La soltó del brazo.

–Tengo una reputación que mantener y que se burlen de mí no es parte de ella.

–En serio ¿por quién me tomas? –le reclamó y se marchó. Quería alejarse de todo esto. Eran terribles. Había bajado la guardia con Malfoy y había sido un error tremendo. Podía ver su verdadero yo. Todo era acerca de él y su estúpida reputación. Blaise tenía razón, la estaba usando. Quería golpear algo. En realidad, quería salir de ahí hecha una furia y no mirar atrás, pero había acordado quedarse todo el fin de semana. Se vería mejor si se quedaba un poco más y si él terminaba con ella. Y si algo había aprendido de Malfoy era que, con esta gente, uno tenía que cuidar sus propios intereses.

Había sido estúpido de su parte ver a Malfoy como un colaborador. Ese había sido su tonto error. No lo cometería de nuevo.


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