Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
El torneo de Swivenhodge duró un largo rato. Comieron el almuerzo en uno de los patios. Hermione no tenía hambre y no quería estar ahí.
–Haz un esfuerzo, Granger –dijo Malfoy cuando se sentó junto a ella; se veía relajado e informal como siempre–. No tienes que lucir como si acabara de matar a tu gato.
–Lo siento –dijo ella más por sus buenos modales que por otra cosa. No estaba haciendo ningún esfuerzo por fingir que estaba enamorada de él. Luego sonrió, en un intento por representar su papel. Él se acercó.
–Recuerda lo que tendré que hacer si no te comportas –dijo y se tocó ligeramente el labio superior con la lengua.
Hermione abrió desmesuradamente los ojos. No podía creer que la amenazara con besarla si no se comportaba, como si fuera una inocente que se intimidaría con un beso. Lo peor del caso era que, por un irracional motivo, así era. Quiso voltear los ojos por ser tan patética, pero no iría de acuerdo con la imagen que trataba de proyectar.
Miró hacia otro lado para asegurarse que no se sonrojaría, lo que sucedía cuando el tema de los besos surgía entre ellos. Eso tampoco fue buena idea, porque Blaise estaba ahí y evidentemente había estado observando el diálogo. Aunque estaba segura que no había escuchado nada de lo que habían dicho.
No quería lidiar con Blaise, así que volvió su atención hacia Malfoy. Tenía un whiskey en la mesa frente a él y sus largos dedos acariciaban los bordes del vaso de cristal.
–¿Acaso existes en un estado de embriaguez constante? –preguntó ella.
–¿Acaso te preocupa mi bienestar?
"No", quiso decir ella, pero sonaría infantil.
–Créeme –continuó él–, no estoy ebrio. –Había una advertencia en esa declaración, pero no estaba segura a qué se refería. En realidad no podía asegurar que lo entendía, y entre más lo conocía, menos lo entendía.
La observaba de nuevo, en esa forma que siempre la molestaba. Pero ella no se echaría para atrás esta vez. Lo contempló como él la contemplaba a ella.
–Debemos hacer algo solos los dos esta tarde –dijo él; Hermione se sintió confundida y extrañada–. Es algo que se espera de nosotros –continuó él.
–Oh –dijo ella, sintiéndose tonta porque por un segundo había pensado que él quería pasar tiempo a solas con ella. Aunque haciendo memoria, era muy normal para ella y para Blaise escaparse en las tardes para un poco de arrumacos y más.
–Podemos pasar la tarde refugiados en nuestra habitación, o podemos hacer algo más –dijo él y tomó un sorbo del whiskey.
–Algo más, creo –dijo ella.
–Iremos de cacería entonces.
–¿De cacería? –espetó ella.
–Ya sabes, caminar por el bosque y cazar cosas –dijo él–. Aunque todos asumirán que estaremos al acecho de algo totalmente diferente.
–Entonces tu idea es que vayamos a sentarnos al bosque toda la tarde. Mejor vayamos a sentarnos a la habitación.
–No voy a pasar la tarde viéndote leer.
–¿Entonces qué sugieres?
–Que vayamos a cazar de verdad.
–Yo no mato cosas.
–Bueno, en ese caso puedes observarme.
–No quiero –dijo ella ya que cazar estaba muy abajo en la lista de cosas en las que querría pasar su tiempo.
–Yo sólo paso la tarde en una habitación por una razón, Granger –dijo él–. A menos que estés dispuesta a complacerme, iremos de cacería.
Hermione apretó los dientes porque sabía que la había acorralado. Si se resistía, él lo tomaría como una admisión de que quería acostarse con él, sin importar cuanto protestara. Él tendía a ignorar ese tipo de cosas.
–A no ser que quieras ir de compras –añadió él.
–En realidad no.
–Entonces iremos de caza –dijo y se levantó de la mesa–. Iré a cambiarme. Te traeré una chamarra. Quédate aquí.
–Entonces ¿cuáles son sus planes para esta tarde? –ronroneó Pansy.
–Iremos a cazar –respondió Hermione tan alegre como pudo.
–Que aburrido –dijo Pansy, era obvio que no le gustaba–. Vamos a ir en el carruaje volador a un picnic en la casa del lago. El lago es asombrosamente hermoso en esta época del año. Las chicas solían celebrar ahí sus fiestas de cumpleaños.
De repente Hermione se sintió agradecida de tener que ir de cacería. No quería pasar la tarde con Pansy y sus pegotes.
–Es más divertido que cazar –dijo Pansy–. Deberías venir, deja a los chicos con sus elementales pasatiempos.
–En realidad Pansy –dijo Hermione–, creo que Draco quiere que pasemos algo de tiempo nosotros dos solos. En algún lugar más apartado.
La expresión en el rostro de Pansy mostraba que estaba menos que impresionada. Draco regresó vistiendo pantalones verde oscuro y un suéter, y una ballesta.
–Cuídate las espaldas –dijo Pansy enarcando una ceja.
Pansy sólo estaba soltando algo de mala leche, pero tal vez debería sentir un poco de peligro al caminar por el bosque con Malfoy llevando un arma. A Harry le daría un ataque si supiera esto.
–Vamos. Toma esto –dijo él dándole una pequeña mochila–. Él le tendió una mano y con la otra sostenía la ballesta. Ella la tomó y la guio hacia los límites de la propiedad. Les tomó pocos minutos de caminata antes que el bosque se tornara oscuro y silencioso. La brillante casa de los Greengrass se desvaneció tras ellos.
–¿Todas las casas de los sangre limpia están rodeadas de bosque? –preguntó ella sabiendo que la mansión de él lo estaba.
–Nos gusta nuestra privacidad.
Caminaron un poco más.
–No puedo creer que me dejara convencer de entrar al bosque contigo, ni más ni menos que con una ballesta.
–Te preocupa que mi marca tenebrosa empiece a dar comezón –dijo él con una sonrisa.
–Bueno, no me preocupaba hasta que lo mencionaste.
–No te voy a hacer daño, Granger –dijo él–. A pesar de que me gusta ver como te retuerces.
–Entonces ¿cazas regularmente? –dijo ella, sin que le apenara cambiar de tema. Le creía. Nunca había percibido esa vibra de él, que debía preocuparle su bienestar inmediato, al menos hacía mucho que no. Las cosas habían sido muy diferentes en la escuela. Siempre había existido ese dejo de malicia debajo de la superficie en todo su trato hacia ella. Aunque no estaba segura que malicia pudiera resumir todo. Definitivamente había evolucionado con el tiempo. De malicia pura cuando eran jóvenes a algo un poco más complejo cuando crecieron. Culminando cuando él tuvo su varita en la garganta de ella al sorprenderla practicando para el Ejército de Dumbledore.
Había sido un momento raro. Umbridge estaba interrogando a Harry, mientras Malfoy la sujetaba a ella. En ese momento había tenido su completa atención. Podía sentirlo. Sentir su agitación. Prácticamente podía sentirlo vibrar detrás de ella, sentir su aliento en la piel de su cuello y su intuición le dijo que debía mantenerse alejada de él. Pero todo había sido fácil ahí; después, cuando las cosas se volvieron serias, él perdió el interés en ella.
Había tenido su momentito para rememorar mientras caminaba tras él en el oscuro y tranquilo bosque.
–¿Qué es lo que cazas exactamente? –preguntó.
–Nogtails, a veces pixies y hadas. Kneazles si puedo encontrarlos. Ocasionalmente algún zorro. Obviamente los lobos y las mantícoras no son objetivos para partidas pequeñas.
–Supongo que cazar es otra actividad en la lista aprobada de actividades recreativas de los de sangre limpia.
–Ya vas captando la idea.
–No vas a matar nada ¿verdad?
–No contigo pisando como si fueras un animal de establo –dijo él.
–¡Corran animalitos! –gritó ella.
–Aguafiestas –dijo él y siguió caminando–. Si nos perdemos, no habrá cena para ti.
Finalmente encontraron un afloramiento de grandes rocas, que él procedió a trepar. Pronto alcanzó la cima de las rocas y se sentó.
–No estoy vestida para trepar rocas –dijo ella.
–Bueno, quédate ahí abajo entonces.
Hermione apretó los labios. La caballerosidad ciertamente no era un requisito de los sangre limpia, pensó y finalmente escaló las rocas. Para cuando llegó arriba él ya había abierto una botella de vino y unos bocadillos de queso.
Ahora que ya estaban sentados, descubrió que no tenía nada que decir. Y él tampoco la presionaba para conversar, así que no se molestó en iniciar. En lugar de eso sólo se sentó y escuchó los sonidos del bosque, que eran mucho más notorios cuando dejaban de moverse y hablar. Después de un rato se recostó donde daba un rayo de sol y cerró los ojos.
–Es hora de irnos –dijo él, despertándola de un sueño ligero. Se había perdido en sus propios pensamientos y se había olvidado de él y del hecho que estaban solos en lo profundo del bosque.
Bajar llevando una falda demostró ser más difícil que subir. En particular si quería evitar mostrar ciertas partes. Al ser el caballero que era, no se molestó en tratar de ayudarla, sólo se paró y observó cómo trataba de hallar un camino hacia abajo entre las grandes rocas.
–Silencio –susurró él cuando ella se acercó al suelo y se paralizó. Se oían unos ruidos extraños hacia la izquierda–. Hay alguien ahí.
–¿Quién?
–No lo sé –dijo con un dejo de molestia–. ¿Acaso importa?
Se acercó a ella y la cargó.
–¿Qué? –preguntó ella, sin saber qué pasaba. Si había peligro.
–Si nos sorprenden, debemos estar haciendo algo digno de verse –dijo él y la atrajo para besarla. No tuvo tiempo de reaccionar, aún la sostenía muy lejos del suelo como para que alcanzara. Todo la golpeó al mismo tiempo, el aroma, la sensación, el sabor y luego, la electricidad. Él tenía los muslos de ella envolviendo sus piernas y todo el cuerpo recargado contra ella. Podía sentir todo. Sin mencionar la sensación de pánico.
Y no era un beso casto, era uno con todo, un choque de lenguas sin restricción alguna. Comenzó fuerte, pero se suavizó conforme ella aceptó que se estaban abrazando. Cierto era que él sabía delicioso. Para este momento ya lo había probado algunas veces, pero nunca tan profundamente. Las sensaciones le recorrían la espina dorsal. Toda la piel le hormigueaba y se calentaba.
No pudo respirar y se apartó. Respiró agitadamente y él siguió pasándole la boca por el cuello. Le pasó la mano por el trasero y la apretó para frotarla contra sí. La cantidad de calor en su cuerpo la mortificaba y el frotarse contra él mandaba oleadas de fuego a su centro.
Lo estaba atrayendo hacia sí automáticamente con sus brazos y sus bocas se volvieron a encontrar y ella se perdió por completo en la sensación. Después de una cantidad indefinida de tiempo, él se apartó un poco y ella no pudo evitar un gemido cuando lo hizo. Alzó la vista hacia él. Se veía completamente despeinado. Tenía los labios magullados y enrojecidos. Se alejó y se pasó el pulgar por los labios.
–Se fueron –logró decir ella y él asintió.
–Debemos regresar –dijo él y se agachó a recoger la ballesta.
–¿Se la habrán creído?
–Estoy seguro que se la creyeron –dijo él y se volteó.
Hermione arregló sus desaliñadas ropas. Se sentía tan caliente que creyó que calentaría el bosque entero. De hecho el aire fresco se sentía agradable en su piel. Estaba segura que se veía como un completo desastre.
Caminaron de regreso en silencio. Hermione deseó que el sonrojo de todo su cuerpo se hubiera calmado para cuando llegaran a la casa. El sol ya estaba muy bajo y el patio donde habían estado sentados estaba ahora a la sombra.
–Ahí están ustedes dos –dijo Daphne–. Ya nos empezábamos a preocupar.
–Nada de qué preocuparse. Regresamos en una pieza –dijo Malfoy y alargó el brazo para quitar una hoja del cabello de Hermione. Hermione observó con horror como Daphne seguía todo el movimiento. No pudo evitar sentir el horror, aunque se suponía que debían dejar saber a la gente que habían estado "haciendo cosas". Se sentía avergonzada porque para ella, se habían aplicado un poco de más en aparentar que hacían lo que se supone que estaban haciendo.
Daphne sonrió severamente.
–Los cocteles previos a la cena se sirven en media hora. Estoy segura que necesitan… refrescarse. Veo que no pudieron atrapar nada.
–No, las bestezuelas tuvieron suerte hoy.
Más le valía no estar refiriéndose a ella como bestezuela, pensó Hermione.
Gracias por leer, agregar a favoritos y dejar reviews.
