Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Hermione se sentó a la mesa. La cena empezó con una sopa. Al mismo tiempo sentía hambre y no la sentía. Con respecto a su comodidad se sentía a la vez lánguida y acelerada. Y no sólo un poco confundida. Su atracción hacia Malfoy la había tomado por sorpresa, aunque ahora que cobraba protagonismo, se preguntó si no habría estado siempre ahí de alguna forma, porque sentía que otras personas la atraían de forma diferente.
Por otro lado, Draco parecía muy calmado y compuesto. No había duda de que él sabía que ella le estaba respondiendo. Él estaba al tanto de su pequeño secreto, y ambos sabían que él lo intentaría más tarde. Como un depredador listo para matar.
Él hacía esto todo el tiempo. Esto era lo que él hacía. Esto sería sólo otra conquista para él. Quizá más que una conquista. Había algo muy incómodo en caer en la tentación con él, en admitir que le atraía. Incluso tan sólo admitir que era atractivo, tal y como todas las demás chicas hacían.
También estaba el hecho que prácticamente habían sido archienemigos o algo parecido cuando estaban creciendo. Parecía que era desleal a su yo más joven. Cuando ceder una pulgada a Draco Malfoy hubiera representado una estrepitosa derrota.
Pero ya no era su yo más joven, y no eran enemigos. Él sólo era un tipo como cualquier otro, y ella no tenía por qué temer sentirse atraída por él. Sentirse atraído por alguien era algo que la gente de su edad hacía, era normal. Se dio cuenta que sentir que él tenía alguna victoria sobre ella era ridículo e inmaduro. No era como que importara en ningún contexto, ¿qué podía hacer él? ¿Decirle a la gente? En cualquier caso todos pensaban que eran pareja.
El único resultado posible sería que ambos sabrían que algo pasó entre ellos, y ella podría vivir con eso, además a ella le importaba un bledo lo que él pensara al respecto. Si eso levantaba su ego por tener otra conquista, ¿por qué debería importarle a ella? A ella no le importaba él, o lo que él pensara acerca de nada después, cuando pasara este fin de semana. No era como que fueran a frecuentar los mismos círculos de nuevo. Ya estaba harta de los Slytherins.
Había algo muy excitante en sentirse atraído por alguien sólo por la atracción. Sentir la pesadez en los miembros, el ligero temblor que recorría su cuerpo al estar listo a responder con tan sólo la más leve mirada o el más leve roce. Era un poco como la embriaguez, pero mucho más excitante.
La comida sabía más sazonada. El vino era más dulce, y todo parecía brillar un poco más. Ni siquiera la compañía la molestaba. Los veía a través de esa neblina de atracción que afectaba todos sus sentidos.
Malfoy platicaba con Adrian. Obviamente disfrutaba la conversación porque estaba animado. Ella lo observaba hablar, los pequeños movimientos de su tenedor para acentuar lo que decía. Su piel de verdad parecía de porcelana, pero no de una forma que le hiciera ver menos masculino. No había nada ahora, ni lo había habido nunca, acerca de él que fuera dulce y suave.
Ocasionalmente lo miraba a los ojos, y él a ella por un momento. No había nada suave ahí tampoco. Quizá por eso siempre se había sentido alerta con él, porque sabía que detrás de esos ojos había una mente, calculadora, observadora y, cuando le convenía, predadora.
Ella estaba acostumbrada a lo dulce, y no había nada de dulce en esta atracción. Tal vez por eso la afectaba de forma tan potente, porque no se disfrazaba de nada más que de lo que era, sólo sexo y nada más.
Hermione miró alrededor de la mesa, miró a los Slytherins enfrascados en discusiones. Blaise le hablaba a la chica danesa. Pansy competía por atención. Nott hablaba con Flint, mientras las hermanas Greengrass trataban cosas de hermanas. Su deambular mental fue interrumpido por un toque en su antebrazo. El roce se extendió hacia afuera, poniéndole la piel de gallina a lo largo del brazo.
Volvió su atención a los ojos grises que parecían sujetarla a su lugar. Sonrió, a lo que él cerró los ojos por un segundo. El dedo siguió por su brazo hacia su mano, acariciando la parte exterior de su dedo meñique. Un ligero roce del que nadie supondría nada. Pero ella lo sentía poderoso, irradiaba electricidad por todo su ser.
Le pareció que su propio aliento en los labios se sentía más ardiente que el resto de su cuerpo. Tenía que tomar una decisión. O se dejaba llevar o no. Si no se iba a dejar llevar, no podría regresar a la habitación esa noche.
La cena llegó a su fin y la fiesta pasó a otra estancia donde la mayoría tomaba alguna bebida y se instalaba en las actividades de la noche. Malfoy se consiguió un whiskey de fuego. Si se emborrachaba se perderían todas oportunidades. A una parte de ella le gustaba la idea de dejarle a él la decisión, pero sabía que eso era pueril.
- Ahí estás –dijo Pansy-perra–. Ese es un vestido deslumbrante.
–Gracias –dijo Hermionea. Era deslumbrante, no había otra forma de describirlo. A pesar de eso, no iba a alentar la conversación.
–Italiano ¿verdad?
–No estoy segura.
Pansy sonrió.
–Draco lo compró. En verdad tiene un gusto exquisito en casi todos los aspectos. No en todo.
Hermione sonrió severamente.
–Estaba sentada con Blaise y Birgitte. Ella es tan dotada. Su habilidad con la varita es extraordinaria. Puede mover un listón a cien yardas.
Hermione supo que esa conversación estaba diseñada para hacerla sentir celos, pero francamente, esta noche no le importaba la habilidad de Birgitte con la varita o las críticas maliciosas de Pansy. El saber que nunca más iba a convivir con Pansy otra vez, hacía que una calidez invadiera su cuerpo. Involucrarse con los Slytherins había sido interesante al principio, tal vez sólo porque eran tan diferentes. La atención a la apariencia, el lujo y la decadencia, pero la habían agotado. Y Hermione reconocía que no le importaban Pansy y sus insultos medio velados.
–No eres una gran conversadora ¿cierto? –observó Pansy.
–Supongo que me falta inspiración –dijo Hermione. Se rehusaba a huir de Pansy pero podía aburrirla para que se fuera. No tuvo la oportunidad, porque Draco se aproximaba.
–Hola cariño –dijo y la atrajo hacia su lado–. Pansy, ¿cuáles son tus planes para la noche? Todavía es joven.
–Pensé en jugar un poco a las cartas –dijo Pansy–. Aunque estoy abierta a sugerencias.
Hermione se tensó. La arpía estúpida le estaba echando los canes justo en frente de ella. Malfoy le dio un apretón en el costado, lo cual era en sí una distracción.
–Me temo que nos retiraremos temprano –dijo Malfoy–. ¿No lo crees, cariño? –dijo volviendo su atención a Hermione.
–Creo que tenemos que hacerlo –dijo coquetamente Hermione–. Quedé un poco cansada de la tarde.
Eso pretendía insinuar que habían pasado la tarde llevando a cabo una agotadora sesión de gimnasia sexual.
Pansy estaba a punto de decir algo, cuando Draco la interrumpió. –De hecho, creo que nos retiraremos pronto ¿o también quieres jugar a las cartas?
–No –replicó Hermione probablemente demasiado rápido. Aunque pensándolo bien, acababa de admitir que quería subir a su alcoba y tener sexo. Lo que llevaba a la pregunta ¿quería ella subir a su alcoba y tener sexo?
Su cuerpo cantaba de tensión y ganas. El ardor era inconfundible y no estaba segura que pudiera superar el dejar esa herida abierta. Era sólo sexo. Era travieso y era sólo por el gusto de hacerlo. La única razón para no hacerlo era que temía darle a él una ventaja, pero ¿una ventaja de qué? ¿Algún juego pueril de los días de escuela? Ya no estaba en la escuela y en realidad ya no le importaba si él sentía que ganaba algo de ella. Él no tenía nada que ver con ella. Si daba marcha atrás, estaría perpetuando el hecho de que había alguna especie de juego de poder entre ellos.
–Vámonos –dijo ella. Él arqueó ligeramente las cejas.
–¿Segura?
Asintió. Él la tomó de la mano y la condujo a la puerta.
Hermione se volvió y se despidió de Pansy con la mano. Ahora que la decisión estaba tomada, todo se sentía ligero. No podía parar de sonreír. Era una chica traviesa y no le importaba ni tantito. Incrementaron la velocidad cuando llegaron a las escaleras.
Apenas habían entrado a la habitación cuando él la atrajo a un agresivo beso. Era ardiente y apremiante. Se había familiarizado con el sabor de él desde la semana anterior. Sintió el calor explotar en su cuerpo. Quería ser tocada y él no tenía ningún problema en complacerla.
Él deslizó las manos debajo del vestido por sus muslos, alzándolo hasta la cintura. Deslizó el vestido por encima de su cabeza dejándola sólo en su ropa interior. Sus manos eran tan cálidas. La atrajo hacia otro beso tan pronto como se deshizo del vestido. La exploró profundamente antes de soltarla. Él tenía las manos sobre el cuello de ella, con los pulgares acariciándole la piel. Ella sentía los ojos quemándole la piel. La miró por un momento, bajando lentamente la mano hasta su pecho. El pulgar acarició su pezón y ella no pudo respirar.
Su mente no funcionaba, pero una parte de ella sabía que esto era surreal. Despacio él se inclinó y tomó el pezón con su boca. Ella no pudo evitar lanzar un gemido. Dirigió sus manos al cabello de él mientras torturaba su palpitante turgencia.
Las atenciones de él enviaban profundas pulsaciones a la parte baja de su cuerpo. Nunca antes había estado tan excitada como ahora. Quizá era el hecho de que se había estado acumulando en ella desde esa tarde, tensándola cada vez más.
Quería sentir más de él. Todavía tenía puesto el saco y ella se la quito de un jalón, dejándole la engañosamente suave camisa blanca. No era la piel, pero había algo muy masculino en un cuerpo tibio en una camisa blanca.
Ella sintió su ropa interior deslizarse por sus muslos. Estaba completamente desnuda cuando él la presionó contra su cuerpo y la llevó hacia la cama. Cayó de espaldas sobre las frescas sábanas, que se sentían maravillosamente.
Él dio un paso atrás y la miró por un momento antes de empezar a desabotonarse la camisa. No tenía prisa aun cuando ella se moría porque él se apurara. Era extraño ver el deseo en sus ojos cuando la observaba. Era una especie de confrontación, pero ella no quería analizarlo. No quería nada más que piel con piel, con todas las incontenibles sensaciones que iban con ello.
Él se deslizó la camisa por los hombros y se acercó a la cama. Todavía tenía los pantalones negros puestos. Se inclinó sobre ella y ella gimió frustrada. Estaba lista para la culminación, pero él aún llevaba los pantalones. No había terminado de jugar con ella.
La tibieza de su cuerpo en el de ella sirvió como distracción. Pasó sus piernas alrededor de él y lo acercó. Él le besó el cuello, que era uno de los puntos que hacían que se olvidara de cuanto la rodeaba. Estaba anclada ahí como un venado que ve las luces de un automóvil acercarse en la carretera mientras él atendía la sensible piel de su cuello.
Necesitaba más. Tiró de él hacia arriba, poniéndolo más cerca de donde lo quería, de donde quería sus caderas. Lo necesitaba dentro de ella. Necesitaba liberar esa tensión o la iba a incendiar desde dentro.
Él la besó de nuevo, moviendo la lengua dentro de su boca, acariciándola. No era suficiente.
–Si no disminuimos el ritmo, va a durar dos segundos –graznó él.
–No me importa –logró exhalar ella–. Ya no aguanto.
Él se apartó un poco y luego volvió dándole lo que ella quería. Se tomó su tiempo penetrándola y ella lo aceptó con glotonería. De hecho, se vino tan pronto como él estuvo enterrado en ella, enviando ondas casi dolorosas de placer a través de su cuerpo. Sensaciones que volvían con cada embestida, dejándola clavada en el punto, sin defensas mientras las sensaciones la invadían. La excitación se acumuló de nuevo cuando sus embates se hicieron más fuertes y largos. Al final una fuerte embestida pareció fusionarlos, haciéndola venirse otra vez.
Él se desplomó sobre ella, y permanecieron unidos mientras jadeaban por el esfuerzo. Ella tenía todo el cuerpo lánguido. Ni siquiera estaba segura si podría moverse si quisiera. Ese había sido el sexo más candente que había tenido jamás. No había habido restricciones en absoluto, sólo necesidad. No estaba del todo segura por qué había estado tan excitada, pero sabía que tenía que ver con el hecho de que la naturaleza de su relación siempre había sido antagónica. Algo que nunca había estado presente en sus relaciones.
Él se rodó hacia un lado. –Es usted una chica muy exigente, señorita Granger.
Hermione no supo que decir, este era el momento en que las cosas podían ponerse incómodas. –Creo que a estas alturas, vas a tener que llamarme Hermione.
Él se volvió hacia ella. –¿Eso no cambiaría la naturaleza de nuestra relación?
Ella rio. Esta era la parte donde redefinían su relación, o la falta de ella. Al ser él un casanova, ella se preguntaba cómo le hacía para no darles a las chicas con las que se acostaba la idea de que iban avanzando en su relación. Por otro lado, no quería saberlo. No necesitaba oír las mismas chorradas que le decía a todas las chicas.
–Sabes, sólo te estoy usando para el sexo –dijo ella–. A pesar de que me gustaría bromear contigo sobre presentarte a mi madre ahora que de verdad somos novios, no creo poder sacar adelante semejante ardid. No soy tan buena actriz.
–¿Qué, señorita Granger? ¿Se avergüenza usted de mí? –bromeó él.
–Por supuesto –dijo ella–. Ya es bastante malo que mis amigos crean que se me botó la canica, no estoy preparada para angustiar a mis padres.
–¿Les presentaste a Blaise? –preguntó él. La conversación cambió un poco, como tanteando un poco de terreno con las bromas.
–Nunca lo presenté con mis padres.
–¿Por qué no? –preguntó él–. ¿También lo estabas usando para el sexo?
Ignoró la pregunta. No estaba del todo segura por qué estaba interesado en su relación con Blaise. –Lo presenté con mis amigos.
–Pero no con tus padres.
–No estuvimos juntos lo suficiente como para que surgiera el tema –dijo ella–. Y en retrospectiva, creo que esa será la postura que adoptaré, lo estaba usando para el sexo.
–Obviamente un sexo decepcionante –dijo él riendo por la nariz.
–Oh, no lo sé –dijo ella con una sonrisa–. Tenía un cierto…
–Siento un desafío –dijo él y la atrajo hacia sí de nuevo–. Verás, una vez que has estado conmigo, prácticamente quedas arruinada para otros hombres.
–¿Ah sí? –preguntó ella mientras él se acomodaba encima de ella.
–Soy muy talentoso ¿sabes? –sonrió y procedió a estimular la muy sensible piel de su cuello.
Tuvieron sexo de nuevo. Ella lo cabalgó esta vez, controlando el ritmo y el alcance. Una posición que les permitía a ambos observar al otro. Él estaba profundamente dentro de ella y a ella le encantaba el control que tenía sobre él. En definitiva había algo adicional por estarlo haciendo con él. Era como dar por terminado algo y avanzar, algo que la hacía más fuerte. Le encantaba ver el impacto que tenía sobre él, mientras veía su cuerpo retorcerse de placer. Pero no pasó mucho tiempo para que cediera el control y se convirtiera en esclava de las sensaciones.
Tuvieron sexo otra vez en medio de la noche. Lento y con deseo.
Y luego la mañana llegó. Hermione se levantó y se bañó. Todo su cuerpo olía a sexo. Estaba adolorida, pero no le importó. Sentía el cuerpo fluido y sensual. Se secó el cabello con la varita y se vistió.
Draco aún estaba en la cama envuelto en la sábana. Estaba despierto pero no se levantaba.
–Te vas –dijo y puso sus brazos detrás de la cabeza.
–Creo que debo irme –dijo ella–. No tiene caso quedarme hasta el almuerzo o a la hora que todos se vayan. Así que supongo que discutimos esta mañana y me fui. ¿Qué hago con estas cosas?
–Llévatelas.
–Gracias –dijo ella–. Supongo. No estoy segura si tendré oportunidad de volverlas a usar, pero gracias. En verdad son exquisitas.
–Tengo buen gusto.
–En la mayoría de las cosas –dijo ella, remedando a Pansy la noche anterior.
Estaba lista para irse. No sabía qué hacer, si podía darle un beso de despedida. Sería extraño y falso, así que no lo hizo.
–Bueno, adiós entonces –dijo sintiéndose incómoda–. Gracias por ser mi novio por una semana. Perdón si te alejé de tus actividades habituales. No estoy segura de qué pasa entre tú y Blaise, pero espero que hayas obtenido lo que querías de ello. Lo de anoche fue…agradable. Ya me voy. Adiós.
Se deslizó fuera antes de que él pudiera decir algo. Ya era suficientemente extraño, podía ahorrarse y ahorrarle a él lo que sea que dijera en esos casos, aunque estaba segura que él había tenido millones de momentos incómodos como ese. Lo borró de su mente y comenzó a pensar sobre lo que haría de cenar esa noche. Parecía que había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que había pasado una confortable noche en casa. Necesitaba ir a comprar los ingredientes, podía hacerlo a la manera muggle. Ir a Waitrose o algo así. Quizá incluso darse el gusto y pasear por el área de comida de Harrods o Selfridge, comprar algún ingrediente exótico para hacer algo especial.
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