Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Al siguiente día Hermione se sintió intranquila y el sentimiento se negaba a ceder. No estaba segura del porqué pero tenía que ver con Malfoy. La noche anterior había sido tan fácil que todo se fuera por otro camino, lo cual hubiera significado que muy probablemente no estaría despertando sola esa mañana. Su estómago dio un salto mortal.
No se podía negar la atracción, su estómago daba un vuelco cada vez que pensaba en él. Pero la atracción era solo eso, una reacción química, no significaba que uno debía regirse por ella. El problema era que persistía, él había invadido su cabeza y no cedía.
Se arregló y fue a trabajar. Cada pensamiento secundario era sobre él. Le había sugerido algo la noche anterior, algo que había admitido y que ponía las cartas sobre la mesa, envuelto en vulgaridad. Pero así era su modo, ¿no?, no podía haberlo hecho de otra manera, algo más directo sería muy sensible para Draco Malfoy.
Centrarse en los defectos hacía más fácil ignorar lo que había admitido. Así que, ¿qué si a él le gustaba?, ya le había gustado a otros antes, no significaba nada. A la gente le gustaba otra gente todo el tiempo. No significaba que tenía que saltar y regocijarse. El hecho era, que era él y tenía tantos defectos que ni siquiera era gracioso. En primera él era vulgar, carecía completamente de dirección, solo buscaba el placer y era superficial. Era como un cachorrito que destrozaba tu casa y después era perdonando por ser tan adorable.
Y para que conste, Draco Malfoy no era adorable. Él no tenía ojos de cachorro, él tenía esa penetrante mirada que te atrapaba como a un insecto clavado con alfileres por un entusiasta de los insectos. Así se sentía ella, como un insecto atrapado por un entusiasta. Él la tenía clavada y ella se retorcía para liberarse. Eso la ponía furiosa.
No avanzaba nada con su trabajo, sus cambios de humor se interponían en el camino, pero no importaba lo que hiciera, él se rehusaba a salir de su cabeza. El almuerzo no le dio tregua, ni tampoco el ir a casa. Incluso sus programas de televisión favoritos le parecieron aburridos y nada interesantes. Su mente parecía estar atrapada en este asunto de Draco Malfoy como si fuera la única cosa interesante en el mundo.
Se rehusó a caer en atrayentes pensamientos lascivos cuando estuvo en cama tratando de dormir, era como si la estuvieran llamando y ella los ignorara. Su corazón estaba agitado y ella sentía que le faltaba el aire. Recurrió a tomar una poción para dormir sin sueños.
El día de la boda llegó. Le envío a Ginny una nota de buena suerte, pero no recibió respuesta. Sospechó que la casa sería un caos y lo mejor que podía hacer era mantenerse fuera del camino. Ya le avisarían si necesitaban algo.
Llevaba un vestido rojo a la boda. Ginny había optado por no llevar damas para alivio de Hermione. Ya era muy complicado con cuñadas, amigas y primas, así que Ginny decidió resolver el problema contundentemente. Además, las bodas mágicas tradicionales no llevaban damas.
Simplemente se sentó y esperó. Le había dicho a Malfoy la hora para que la buscara desde hacía días y más le valía estar ahí. Se pondría lívida si la plantaba. Aunque si era completamente honesta, la aliviaría si la plantaba. Significaría que este asunto entre los dos estaba concluido, y sería una manera fácil de salir de ella, aún si le costaba un poco de la ira de su mejor amiga.
Poco después de las dos alguien llamó a la puerta. Hermione cerró los ojos. Había venido. Se sentía como si hubiera estado balanceándose en el punto más alto de una montaña rusa y ahora se estuviera zambullendo en caída libre.
Abrió la puerta y él estaba recargado en la entrada. De nuevo, su estómago dio un salto mortal. Llevaba un traje gris. No tan severo como el usual negro, se veía más ligero, no como un ligero femenino, sólo más relajado, pero aún pulcro.
–Estás lista –dijo él–. ¿Rojo eh? Siempre la Gryffindor.
–Es una boda Gryffindor.
–¿Cómo fue exactamente que me convenciste de esto? –gimió él.
–Yo necesitaba una pareja y tú fuiste un caballero –dijo Hermione.
–Eso debe ser –dijo él sarcásticamente. Le ofreció su brazo y ella lo tomó. Ya estaba tan acostumbrada a él, se sentía normal. Estaba acostumbrada a su aroma, a su tacto y a como su cuerpo se amoldaba al de ella. No habían estado juntos tanto tiempo, aunque quizá sí había sido algo de tiempo.
La Madriguera estaba en calma aunque había Weasleys moviéndose por ahí con miradas determinadas en sus rostros.
Molly y Arthur saludaban a los invitados conforme llegaban. Ni siquiera pestañearon cuando fue el turno de Hermione y llegó con Malfoy. Arthur incluso le preguntó por la salud de sus padres, y luego entraron.
La boda había sido organizada en forma similar a la de Bill y Fleur. Los asientos estaban alineados para la ceremonia y luego las reacomodarían con magia para la recepción. Esperaron un poco antes de empezar y la gente solo estaba de pie esperando. Platicando un poco.
Hermione y Draco no hablaron, solo estaban parados en una orilla y esperaron. Hermione no pudo evitar distraerse con lo alerta que estaba por él. Ocasionalmente algunas personas les hablaban, alguien incluso sostuvo una conversación entera con Draco, pero la constante alerta no cedía.
Finalmente la ceremonia dio comienzo. Tomaron sus asientos.
–Cuando era más joven –dijo Malfoy en voz baja–, nunca esperé encontrarme en esta circunstancia, estar en la boda de Potter como tu pareja.
–Tal vez tu "yo" adolescente debió haber presagiado que yo, tarde o temprano, averiguaría tu fascinación por la "Chica No Deseada" y lo usaría para obligarte a hacer toda clase de cosas –respondió ella también en voz baja.
–Eso se aplica sólo para el sexo –dijo él.
–¿En serio? Porque aquí estás, ¿no? –dijo ella ásperamente.
No tuvo una respuesta ingeniosa de inmediato, pero ella sospechó que le daría vueltas hasta tener algo con qué castigarla.
Potter avanzó y tomó su lugar junto al celebrante. Su cabello estaba peinado hacia un lado. Ella se preguntó que habría tenido que hacerle a su cabello para que se comportara. Se veía raro con el cabello acomodado, parecía que algo estaba mal. Ginny caminaba por el pasillo con su vestido. Se veía hermosa. Hermione estaba tan feliz por ellos que se le hizo un nudo en la garganta.
–Por Merlín, ¿acaso él tiene que verse como si ella lo tuviera bien agarrado de las pelotas?
–Tal vez a él no le importe porque ya no tiene doce años –lo desafió ella.
–¿Me estás diciendo inmaduro?
–Y es una de tus mejores cualidades –señaló ella enfáticamente.
–Oh, recuerdo que tengo otras cualidades que tú disfrutas mucho –dijo él–. Cualidades que ponen tus piernas a temblar.
Hermione se negó a hacer caso al comentario y levantó su barbilla.
Él se acercó a su oído. –Al menos yo soy honesto conmigo mismo.
–En serio, eres la persona que más se engaña a sí mismo que he conocido.
–Ya deja de estar de necia y pon atención, te vas a perder toda la ceremonia –la reprendió, lo cual la exasperó más, pero se aguantó y observó el intercambio de votos entre sus amigos más cercanos.
Fue una ceremonia hermosa y la puso feliz y triste al mismo tiempo. Harry estaba rebosante de felicidad. Se lo merecía. Las cosas siempre habían sido tan sencillas entre él y Ginny. Simplemente se amaban desde el principio, y eso era todo, no había problemas con todo lo demás. Mientras tanto, ella estaba ahí con una pareja del infierno.
La ceremonia terminó. Todos salieron en lo que se reacomodaba la carpa. Harry y Ginny se estaban tomando fotos con la dorada luz de esa hora del día. Una pequeña parte de ella no pudo evitar sentirse celosa. Parecía que las bodas siempre lo hacían a uno reconsiderar su rumbo en la vida.
Notó que Draco tenía la mano en su espalda. Ni siquiera se había dado cuenta como había llegado ahí. Estaba hablando con alguien, pero cumplía su trabajo como su pareja. ¿En qué punto habían logrado tanta familiaridad? Como para que su mano en la espalda se sintiera como algo normal.
Ella se percató de sus fuertes latidos, la continua calma. Se sentía como si le hubiera faltado el aliento por mucho tiempo, la adrenalina era su constante compañera. ¿Cómo podía él hacerla sentir cómoda y tenerla lista para pelear o huir, todo al mismo tiempo? Pero él se veía cómodo. Lo observó hablar, hablaban de algún negocio de sus padres. Se veía animado. No se veía como todo un bueno para nada, se veía como si pudiera perfectamente sostener una conversación. Ciertamente podía si era necesario.
Terminaron la conversación ya que era hora de volver a la carpa. Ella sentía que se regresaba al combate. Se habían dispuesto mesas redondas con una gran pista de baile. A Ginny le encantaba bailar.
Encontraron asientos cerca de la orilla de la carpa. Las mesas estaban apretadas, así que se sentaron cerca, tan cerca que se tocaban. De nuevo ahí estaba esa extraña mezcla de familiaridad y malestar. Tocarse significaba calor y ahí sí que había muchos peros que valían. Era como si se sintiera segura y amenazada al mismo tiempo.
Todos comieron, luego comenzó la plática en serio. Hermione no estaba de humor para platicar, así que se quedó quieta. Draco tampoco pareció sentirse obligado a pararse y explorar el lugar.
Harry y Ginny regresaron, hubo brindis y discursos, que estuvieron encantadores. Después Harry y Ginny abrieron el baile. Ambos sonreían cuando entraron a la pista. Probablemente ese era el primer momento en el día que tenían para ellos mismos. Con una gran audiencia, pero para ellos era como si estuvieran solos. Hermione sintió lágrimas formársele en los ojos.
–Ahora, si todas las parejas jóvenes se les quieren unir –anunció un hombre corpulento que Hermione sabía era el tío de Arthur.
La gente se empezó a poner de pie. Neville y Luna, Ron y Katie, otras personas de la escuela.
–Creo que se refieren a nosotros –dijo Draco.
Hermione abrió la boca sorprendida, pero no tenía como desafiar su lógica. Ginny se decepcionaría de ella si no bailaba. Draco estaba de pie, ofreciéndole su mano.
–Es hora de pagar las consecuencias –dijo él. No estaba muy segura de que quería decir exactamente, pero así se sentía. Él la llevó a la pista de baile y ella lo dejó.
La atrajo hacia sí y puso la mano en su espalda. Estaban cerca, tan cerca como si estuvieran acostumbrados el uno al otro. Tal vez porque para la gente que está acostumbrada la una a la otra no podía ser de otra manera. Y ella estaba acostumbrada a él, de hecho se sentía como si hubieran atravesado una guerra. Una guerra que nadie más parecía percibir, a pesar de que ella se sentía completamente agotada por la batalla.
Él tenía la boca cerca de su sien. Bailar se sentía agradable. Un pretexto para estar cerca. Un alivio temporal en la batalla. Él la guiaba y ella lo dejaba. Si no estuvieran en esa actividad, aquella a la que estaban socialmente obligados, ella se hubiera sentido muy incómoda al permitirse aceptar que él la guiara.
La verdad no había nada fuera de su pequeño círculo y el hirviente calor que ahí había. Se sentía un poco como un homenaje al camino por el que no viajarían. El camino que no tomarían. Un camino que, si ella era honesta, potencialmente podría incluir sentimientos. Era una sensación agridulce.
Dejó escapar una exhalación cuando el baile terminó y se separaron. Se sintió como si la intensidad amainara, como si las nubes se hubieran separado y la presión del aire amainara. Había algo ahí, pero estaban muy lejos. Bien podrían estar en polos opuestos.
Hermione necesitaba alejarse, necesitaba recuperar el aliento. Se disculpó y deambuló por las mesas para llegar a la mesa de postres.
Una dama entrada en años se inclinó y puso su mano sobre la de Hermione cuando fue a tomar una rebanada de pastel.
–Es tan alentador ver el amor de los jóvenes. ¿No lo crees Elsbeth? Me recuerda mi juventud. Y justo como tú y Montgomery –dijo la dama a su compañera igualmente entrada en años mientras daba palmaditas a Hermione en la mano–. Que novio tan lindo tienes –dijo a Hermione–. Muy guapo. Se ven tan encantadores juntos.
–Muy enamorados –la otra mujer sonreía ampliamente.
"No estamos enamorados", quería gritar Hermione, pero no iba a sacar a dos damas de edad avanzada de sus engañosas memorias. Solo sonrió y tomó su pedazo de pastel tan rápido como pudo sin ser muy descortés.
–¿Qué te pasa? –dijo Draco cuando regresó a su mesa.
–Las bodas vuelven loca a la gente –declaró ella. Draco se encogió de hombros y no inquirió más, lo cual era bueno porque no quería tener que explicar el sentimiento que la había asaltado.
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