Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


La boda se estaba haciendo eterna. Hermione se sentía mal por percibirlo así, pero así era. Ginny y Harry se estaban poniendo cómodos y disfrutando el uno del otro. El fin no estaba ni cerca y sería muy notorio si se iba.

–Ven, vamos a bailar –dijo Draco y se puso de pie, le ofreció su mano–. Es una boda, es prácticamente obligatorio.

Ella la tomó renuentemente y él la llevó a la pista de baile, que estaba llena de gente bailando. La acercó y empezaron a bailar. Por mucho que lo odiara, se sentía simplemente como algo normal.

–Supongo que es una buena boda, tanto como lo puede ser una boda no de sociedad –dijo Draco.

–No de sociedad.

Él no dijo nada por unos segundos. –Bueno, digamos que este no es el tipo de boda que Pansy esperaría.

–Oh –dijo ella y regresó su atención al baile. Mientras que normalmente habría sentido curiosidad acerca de lo que Pansy esperaría, sólo por análisis cultural, esta noche no podía lograr que le importara.

Cerró los ojos. Se sentía agradable sólo estar ahí, bailando. Él se había quitado el saco, así que tenía las manos solamente sobre su camisa blanca y sentía su calidez debajo, esa calidez se irradiaba hacia ella.

Él la acercó todavía más, así que ella quedó con la cabeza en el cuello de él. Olía increíblemente bien. Ella colocó la mano en su pecho. Un poco de espacio no estaría mal, pero no salió como lo planeaba porque él se inclinó y la besó. Un beso lento que parecía incluir un desafío a la gravedad.

Muy bien, las ancianas probablemente iban a ver eso, pensó ella en un esfuerzo por no sentir todo el impacto, porque se podía perder muy fácilmente en eso. Realmente el pensamiento de la gente viendo fue muy fugaz mientras los labios de él se movían lentamente contra los de ella.

Maldito fuera por besar tan bien.

–No –dijo ella volviendo la boca hacia su cuello. Quería desesperadamente pasarle los labios por la piel del cuello, en lugar de eso dejó que sus labios se quemaran.

–Sabes que no voy a parar –dijo él–, voy a seguir todos tus pasos. Finalmente vas a ceder.

Hermione suspiró. –¿Hay alguna posibilidad de que eso sonara menos psicótico en tu cabeza?

Podía sentirlo sonreír. Estaba muy cerca para verlo, y no quería abrir los ojos.

–¿Por qué? –preguntó ella después de un rato–. ¿Por qué haces esto? Ya me tuviste, ¿por qué no lo dejas atrás?

Él no contestó.

–No somos compatibles –continuó ella–, tu estilo de vida y el mío no se ajustan de ninguna forma concebible, así que ¿qué es lo que quieres?

–Quiero que me lleves a tu casa –dijo él–. Quiero que me prepares el desayuno.

–¿Quieres que te prepare el desayuno? –repitió ella incrédulamente.

–Y que me arrastres a alguna galería abandonada, o algo igual de patético.

–Dios, ¿por qué? Por mucho que me gustaría torturarte. ¿Por qué te ofrecerías de voluntario para eso? –dijo ella pero no le dio tiempo de responder–. No estoy aquí para que la hagas de turista de lo mundano.

Trató de zafarse pero él la sostuvo firme.

–¿Qué querías de Blaise? –preguntó él–. De entre toda la gente ¿por qué anduviste con él?

–Ya tuve suficiente de ese asunto entre tú y Blaise, no soy un balón con el que ustedes dos puedan jugar –espetó ella.

–Esto no es acerca de Blaise, es acerca de ti –dijo él–¿Por qué Blaise? ¿Por qué no Weaselby?

–Él estaba ahí, mostró interés –dijo ella, sin entender por qué sostenían esa conversación. También sabía que no era una respuesta completa o verdadera, pero no quería analizarla–. ¿Qué importa? Estás aquí porque te obligué, de otra manera estarías en Praga o París, o cualquier lugar que tú y tus amigos consideren suficientemente glamoroso, con alguna chica ridículamente hermosa, sentado por ahí luciendo elegante.

–Ya he tenido a todas las chicas hermosas –dijo él. Ella no pudo evitar sonreír ante la arrogancia de la declaración.

–Estoy segura que se te pasaron una o dos –dijo ella enfáticamente–. ¿O es que tus estándares están descendiendo? ¿Ahora tienes que buscar el último recurso, el ámbito de los Gryffindors? Te acorralaste tú mismo en una esquina ¿Ya no tienes a dónde ir? Bueno, ya lo experimentaste. Estoy segura que una de las gemelas Patil está soltera de momento, ¿por qué no pruebas ahí? Pero que digo, probablemente ya hayas estado ahí, ¿acaso soy la última bruja en las cercanías con la que no has andado? Bien, tal vez debas considerar un modelo más joven, cada año sale un lote nuevo.

–Auch –dijo él–. A veces sacas las uñas y los dientes ¿sabías?

–¿Me conoces desde hace casi quince años y apenas te das cuenta?

Trató de zafarse de nuevo pero él no la dejaba.

–Déjame ir –dijo ella.

–No –dijo él–. No hasta que terminemos esto. Y sí, no niego que he tenido muchas mujeres, no es ningún secreto. ¿Qué puedo decir? Las chicas no me dejan ser. Y he evitado a las chicas como tú como a una maldita plaga. Y tú eres la líder de todas las chicas como tú. Las chicas como tú son exasperantes, tú discutes absolutamente por todo, te rehúsas a ceder hasta en las cosas más pequeñas. Eres exigente, cabeza dura e insufrible, para que conste. Eres terca como una mula. En otras palabras, eres intimidante.

–Entonces, ¿qué haces aquí? –exigió saber ella.

–Porque me acorralé a mí mismo en una esquina, como tú acertadamente dijiste –dijo él–. No tengo a donde ir. Y no puedo dar marcha atrás.

–Pfffft –dijo ella.

–Estoy enamorado de ti –dijo él exasperado.

–Tú no tienes idea de qué es el amor –declaró ella.

–¿No? Te absorbe, te duele, se te pega como si fuera maldita melaza –dijo él–. Estoy totalmente paralizado. No puedo respirar. Nada de lo que hago me alivia. No puedo dar marcha atrás, no hay ninguna alternativa aceptable. Estoy luchando por mi vida.

–¿Cómo alguien como yo puede encajar en tu vida? Y estar conmigo no es el tipo de vida que tú quieres –dijo ella.

–Yo creo que sí.

–No nos adaptamos bien –dijo ella tratando de huir de la sensación de que todo se derrumbaba a su alrededor.

–Tal vez esa es la cuestión, Granger –dijo él–. Tal vez somos perfectos porque no lo somos. Mordemos y arañamos, y nos gusta cogernos duro. Porque hay que afrontarlo, tú me buscaste a mí.

–Oh, tu arrogancia es asombrosa.

–Y tal vez tú, estás exactamente igual que yo, sin otro remedio que estar aquí conmigo –dijo él–. Me invitaste a esta boda, podrías haber traído a cualquiera. Estás igual que yo.

–Eso no es verdad –dijo ella.

–Al menos yo soy honesto conmigo mismo –dijo él.

Ella quiso discutir, pero Draco dio un paso atrás y se inclinó. Antes que ella supiera qué estaba pasando, él la levantaba sobre su hombro.

–¡Malfoy! –gritó, pero nadie hizo nada, todos simplemente reían.

Él la cargó fuera de la carpa y la bajó una vez ahí.

–Ahora hablemos de las opciones que tienes –dijo y la atrajo hacia él. La atrajo hacia un beso. Un beso firme que hizo saltar sus entrañas, pero se negó a abrir la boca. No era como que eso importara, pero sus entrañas cantaban. Él estaba completamente excitado y ella sentía como se le encendía el cuerpo. Maldición.

Hasta el momento no habían hablado mucho. Él interrumpió el beso y prosiguió con su cuello, lo cual no la ayudaba en nada a calmarse.

–Mientras que es lindo pensar que puedes escapar de esto, no creo que puedas, no más de lo que yo podría. Y en este momento tienes que ser honesta –le dijo él al oído; las manos bajando por su espalda, haciéndola temblar.

–Siempre soy honesta.

–Entonces sé honesta ahora, dime en este momento que no me deseas.

–Esto es completamente irrelevante –dijo ella con voz entrecortada–. Es sólo atracción, no significa nada. Y se me va a pasar –terminó en un suspiro ya que él había encontrado ese punto justo debajo de su oreja que le hacía ver estrellas.

–Lo cual no ha sucedido hasta ahora –dijo él–. Y estoy dispuesto a apostar mi brazo izquierdo a que no se te va a pasar, por un largo tiempo, si no es que nunca.

–Ay por favor, no se te conoce precisamente por mantener tu atención en lo que a mujeres se refiere.

–Excepto por ti, en este caso he tenido una atención subyacente durante, mmm, doce años más o menos –dijo él–. Y no puedo volver atrás ahora –dijo y regresó a su boca. Con un ligerísimo roce, estremeciéndola toda, amenazando la resistencia de sus rodillas. Sentía sus entrañas como un horno y completamente fluidas, su balance pareció alterarse violentamente y la desestabilizó por completo.

Sus últimos vestigios de resistencia aguantaban porque ella sabía que el próximo paso la llevaría al siguiente nivel, y no habría vuelta atrás. Un paso que la llevaría lejos de lo que a ella le era familiar, a un nuevo territorio. Ella lo supo días atrás en la casa de los Parkinson.

Y ella no había ido en su busca, eso era absolutamente ridículo.

Simplemente se sentía tan bien. Su cuerpo era firme y exigente, ¿cómo podría no responder a eso? La verdad era que ella nunca había deseado tanto a alguien. Si era completamente honesta, tendría que admitir que aunque había algunas cosas desagradables de la personalidad de él, por no mencionar a sus amigos y su familia, el centro de la resistencia que sentía era el miedo. Nunca había estado tan asustada, no de él, pero de lo que esto significaría. Nunca sintió miedo con Ron, o con Blaise, o con ninguno de los otros tipos con los que había salido. Si las cosas no funcionaban, se sentía mal un día o dos, pero luego todo quedaba atrás. La herida nunca era tan profunda.

Esto representaba riesgo, un riesgo real, profundo e inherente. La aguijoneaba que él lo enfrentaba y ella rehuía. Ella no era una cobarde. Y lo deseaba tanto en ese momento, no estaba segura de poder dar marcha atrás.

Antes de que se diera cuenta, tocó el labio de él con su lengua. Eso provocó un cambio en él, se apresuró a su boca, apretándola contra él, empujándola contra la carpa, la cual no ofreció resistencia. Terminaron besándose profundamente mientras él la sostenía.

Él terminó el beso, y miró alrededor. Los encaminó hacia la puerta de la cocina de La Madriguera. Por fortuna no había nadie ahí, de otra manera habrían presenciado todo un espectáculo.

De alguna forma ella había introducido sus manos debajo de la camisa de él. Su cálida piel se sentía gloriosa. Cada músculo de su cuerpo la provocaba y no podía quitarle las manos de encima. Él se separó un poco de donde estaban, en las escaleras, y se quitó la camisa, antes de volver a ella, que lo rodeó con sus brazos y piernas.

–Tal vez este es un lugar muy público –dijo él y la levantó de nuevo. De algún modo llegaron escaleras arriba, y ella rio porque no lo estaba ayudando en nada. Francamente, había dejado de importarle si alguien los descubría. En eso, estaban en alguna habitación, una habitación con una cama individual. Perfecto. No sabía de quién era esa habitación ahora que La Madriguera había sido arreglada para reflejar la etapa ya sin hijos de Molly y Arthur. No le importaba.

Estaban en la cama y el vestido se le había subido, y ella se lo sacaba desesperadamente por encima de la cabeza para deshacerse de él y fue recompensada con la sensación de piel a piel. La hizo suspirar. Lo necesitaba desesperadamente, lo necesitaba dentro de ella. Intentó alejarlo un poco para poder quitarle el cinturón. Él le dio espacio apenas suficiente para maniobrar con la hebilla. Él gimió cuando ella le bajó el cierre, lo había estado conteniendo.

Un poco más de lucha y él la despojó de sus últimas prendas, después solamente sensaciones gloriosas mientras se abría paso en su interior, llenándola. Su cuerpo lo había estado esperando, esperando esto por mucho tiempo, y sentía una profunda satisfacción más allá de sólo sacarse una espinita. Él se movía lentamente y ella no podía respirar, necesitaba más. Necesitaba que él se moviera más rápido.

Dos embestidas lentas y ella casi estaba por acabar. En eso él dejó de moverse. Dejó de besarla y se movió un poco hacia atrás para poder verla a los ojos. Ella trató de hacerlo moverse, pero él se negó. El cuerpo de ella estaba frustrado más allá de lo razonable.

Ella trató de moverlo pero él permanecía inmóvil.

–Solamente tú y yo ¿sí? –preguntó él.

–¿Quieres hablar de eso ahora? –dijo ella con total incredulidad. Tenía el cuerpo completamente en llamas, tanto que dolía–. ¿No podemos sólo…?

–De otra manera evitarás responder.

–Algunas personas le llamarían a esto coerción –dijo ella. No se podía concentrar. Él estaba dentro de ella, podía sentir la tensión, la plenitud; necesitaba fricción desesperadamente, pero él no iba a ceder hasta tener toda su atención.

–Solamente tú y yo –repitió él. En sus ojos no había astucia, no había sarcasmo u orgullo. Sólo él libre de todas esas cosas. Ella asintió. Él aún le sostuvo la mirada cuando se clavó lentamente en ella y ahogó un grito. Él lo hizo de nuevo y el cuerpo de ella se derritió por completo.

Basta de hablar, decidió ella y se estiró para besarlo. Al principio él se lo permitió, luego se sumergió en el beso y su control se derritió. Ahora había urgencia. Ella necesitaba todo, necesitaba terminar. Él aumentó la velocidad y su centro empezó a vibrar con las embestidas de él. No se dio cuenta en que momento comenzó a venirse, era una quemazón lenta que se incrementaba con cada embestida. Explotó cuando él arqueó la espalda clavándose en ella tanto como podía.

Ella lo sostuvo cuando los temblores del orgasmo lo asaltaron. Él colapsó en ella, rodeándola con los brazos. Había algo animal dentro de ella que amaba tenerlo atrapado. El peso de ambos sujetándolo ahí, a ella, en ella. Se quedaron así por largo rato, solos los dos en la oscuridad, con la piel iluminada por la luz de luna que entraba por la pequeña ventana.

–Toma una siesta si necesitas, Granger, va a ser una larga noche –dijo él y ella supo que sonreía cuando recargó la cabeza en su pecho. En realidad no le dio oportunidad porque las puntas de sus dedos causaban estragos en su piel.


Este es de los capítulos que más me gustan, desde cómo le confiesa que la ama y como siente el amor. Y ni hablar de cómo le saca una respuesta. Espero haberle hecho justicia.

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