Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione estaba en un café de Notting Hill con su madre. Algunos domingos almorzaban juntas. Ya le había cancelado varias semanas. Su relación con Draco consumía mucho de su tiempo e impactaba su horario normal. No era como que se estuviera quejando porque hallaban maneras muy absorbentes de pasar el tiempo.

–Deduzco que alguien nuevo en tu vida –dijo su madre con una taimada sonrisa.

–Tal vez sí –Hermione se sonrojó.

–Bueno, no me tortures, ¿quién es? Cuéntame de él.

–Se llama Draco Malfoy –dijo ella; la sonrisa de su madre se desvaneció.

–¿No son los Malfoy esa espantosa familia? ¿Los que trataron de lastimarte? –dijo con preocupación–. Y ese chico era horrendo contigo en la escuela. Me lo contabas cada año.

–Sí, pero ahora las cosas son distintas –dijo Hermione.

–¿En serio? –su madre no sonaba convencida–. La gente no cambia tanto. Nos gusta pensar que así es, pero no.

–Ha cambiado algunos de sus valores –lo defendió Hermione.

–¿A qué se dedica?

En realidad Hermione no tenía una respuesta, en realidad no tenía un empleo tradicional. No estaba muy segura de qué hacía él durante el día. Ella sabía cómo pasaba las noches. Pasaban unas noches encantadoras juntos.

–Trabaja en los negocios familiares –dijo ella, podía ser cierto, pero definitivamente era muy vago. Sabía que a su madre no le impresionaría si le dijera que eran ricos y que él realmente no trabajaba. Eso también era un punto álgido para ella. Tampoco le beneficiaría si mencionara que antes de que estuvieran juntos él había sido básicamente un borracho mujeriego. Podía apreciar lo ridículo que le parecería a su madre.

–Y ahora son pareja –dijo su madre con un tono que indicaba desaprobación–, no estoy segura que sea la persona indicada para ti –continuó ella con preocupación. Hermione sabía a donde quería llegar su madre, ella también tenía esas preocupaciones. Era grandioso cuando estaban juntos, pero cuando daba un paso atrás y lo veía, era una locura total.

–Es sólo una de esas cosas que pasan, mamá. Una de esas cosas inexplicables, pero pasó. Yo lo quiero –trató de defenderse–, y cuando estamos juntos…funcionamos.

–¿Y qué hay después de la emoción de una relación nueva? Esa emoción se desvanece. ¿Entonces tendrás algo que te haga feliz? –la presionó su mamá. Hermione trató de sonreír, pero su madre sólo reflejaba sus propias preocupaciones. No estaba segura de qué era real, qué era sólo novedad y lujuria pura. Las cosas iban bien entre ellos, hablaban, bromeaban y reían. Su ingenio y sarcasmo eran muy agudos. Desafiaba sus puntos de vista, algunas veces tenían grandes y acalorados debates. Físicamente las cosas no podían ser mejores, él la miraba y ella se derretía por completo.

Era la relación más intensa que había tenido jamás. Él estaba justo ahí, en su mente todo el tiempo. Parecía conocer todos sus pensamientos. Era perfecto, pero ella sabía que lo perfecto era siempre una ilusión. Por lo tanto, esto debía ser una ilusión también. Ella quería creer con los ojos cerrados, pero había una parte de sí misma que no lo permitía.

–Espero que sepas lo que estás haciendo –dijo su madre, repitiendo lo que había dicho Ginny antes. Hermione cambió el tema del resto de la plática. Era claro que su madre no lo aprobaba. Su padre no aprobaba a nadie, pero si su madre no lo aprobaba, él sería todavía peor.

No le tomó mucho olvidarse cuando llegó a casa. Draco seguía en la cama, recorriendo todos los canales de su televisión.

–¿Es que no tienen nada mejor que hacer qué ver esta baba? –dijo cuando ella llegó–. ¿Cómo te fue con tu mamá?

–Como siempre –dijo Hermione y se sentó en la cama–. Eres toda una criatura de comodidad ¿no? ¿Planeas vestirte hoy? –le preguntó cuando vio que estaba completamente desnudo debajo de la blanca sábana. Él procedió a bajar la sábana lentamente para revelar más de su cuerpo. Hermione no pudo evitar la sonrisa. Provocador.

–Tengo la política de no volver a la cama una vez que estoy vestida.

–Esa es una política terrible –dijo él–. ¿No discutimos ya algunas de esas políticas contraproducentes tuyas? –sus dedos desabrocharon cautelosamente el botón de sus jeans–. Y estos pantalones espantosos, tienen que irse. Te prohíbo que los uses.

–¿Prohibir? –dijo ella enfáticamente–, esa es una opinión muy fuerte viniendo de un hombre desnudo.

Él ya había tenido suficiente de provocación, la jaló a la cama y se colocó encima de ella, la besó profundamente. ¿Cómo era posible que esto estuviera mal?, se preguntó ella. ¿Cómo algo que se sentía tan bien podía ser de otra forma?

Hicieron el amor lenta y deliberadamente. Ella no podía imaginar a nadie más tocándola. Se preguntó si sería posible que la hubiera arruinado para otros hombres. Nunca había sido así de intenso y absoluto con nadie más. Eso era parte de la razón por la que estaba tan asustada. ¿Cómo sobreviviría perder esto?

Hermione se escabulló discretamente de la cama el martes por la mañana. Tenía un día pesado por delante en el trabajo.

–Marcus tendrá una reunión en su casa esta noche –dijo Draco.

–¿Esta noche? ¿Tenemos que ir? –lloriqueó ella. Una velada en casa de Marcus no era la noche divertida que ella estaba esperando.

–Sí –dijo él–. No podemos ignorar a todos para siempre.

–¿Por qué no? A mí me parece una buena idea –no quería que el mundo exterior se entrometiera en su idilio. Ella sabía que finalmente tenía que suceder, tenían que aventurarse al mundo otra vez.

–Sólo nos quedaremos un rato –dijo él y giró para quedar sobre su estómago de nuevo–. Ahora vístete o me vas a dar ideas.

Hermione temía la idea de pasar una velada con los Slytherins. Ella sabía que este día llegaría, pero no estaba lista. Se sentía como si aún estuviera recuperándose del último episodio de interacciones con ellos. Otra velada de tijereteo, insinuaciones y maniobras sociales simplemente no le atraía.

Draco no estaba en casa cuando regresó del trabajo. Había dejado una nota diciendo que tenía algunos asuntos que atender, pero la recogería más tarde.

Llegó como a las siete y se fueron casi inmediatamente. No lo había visto en un atuendo social apropiado por un tiempo. Usaba su traje negro de nuevo, la severidad del mismo contrastaba completamente con la manera en la que habían convivido las últimas semanas. También se había arreglado el cabello perfectamente. Se veía diferente al Draco que ella conocía tan bien. La invadió el pánico.

Él sonrió mientras los aparecía a ambos al vestíbulo de la casa de los Flint. El típico hogar de una familia de sangre limpia de época indefinida, llena de lujos y orgullo familiar. La velada ya estaba avanzada para cuando llegaron. Todos vestían de forma exquisita como era la norma. La habitación brillaba con las tenues luces, el resplandor de la joyería y la ropa fina.

Marcus estaba de pie junto a su prometida, una linda chica con el cabello oscuro y rasgos afilados. Ella no parecía de las que aceptan un no por respuesta, lo cual podría quedarle bien a Marcus más de lo que él creía, sospechó Hermione. ¿Hasta dónde había llegado cuando tenía sospechas sobre lo que quedaba a sus temperamentos?, había llegado a conocer a los Slytherins mejor de lo que alguna vez habría querido. En verdad le deseaba el bien a Marcus, sospechaba que él deseaba desesperadamente estar enamorado. No era un pensamiento que compartiera con nadie. Este no era un grupo donde se pudiera ser abierto con los sentimientos, o revelar los de los demás, a menos que se quisiera que alguien los despedazara y los pisoteara.

–Draco, cariño –dijo suavemente Pansy–, veo que trajiste a alguien.

"¿Alguien?", pensó Hermione. Pansy todavía la trataba como si fuera la última chica desechable de las que solía llevar Draco. Pansy probablemente preferiría ser torturada antes que reconocer esa relación, supuso Hermione.

–Pansy –dijo Draco–, te ves fantástica, como siempre –Pansy ronroneó de gusto ante el halago.

–Sí, Pansy –interrumpió Hermione–, ese vestido es bonito, ¿dónde lo compraste?

–En Madrid –dijo Pansy–. Es hecho a mano, cosido por elfos huérfanos, puntada a puntada –Pansy sabía cuanto se preocupaba Hermione por los elfos indefensos y el abuso del mundo mágico hacia ellos. Hermione entrecerró los ojos. Perra.

Después de un rato Draco se dejó llevar tentado por una discusión sobre quidditch. Hermione cometió el error de caminar cerca de Blaise. La mirada amenazadora que recibió de Draco le mostró claramente su desagrado. Ella se percató que estaba celoso. Oh, esto sería como leña para más tarde bromear con él sin piedad, pensó. Había una parte de ella que amaba la idea de que él estuviera celoso.

La prometida de Marcus hablaba muy poco inglés, lo cual haría su matrimonio más interesante. Claramente se veía que ella estaba muy aburrida. Pobre chica, pobre Marcus. Toda la idea del matrimonio arreglado era espantosa. Draco tenía suerte de haber escapado de eso, lo cual era ligeramente sorpresivo considerando las fuertes ideas de sus padres, o al menos de su padre acerca de la sangre apropiada para su linaje. Esa era otra de las cosas que estaba en su mente. En algún punto tendría que confrontarla, o no, si es que no llegaban tan lejos.

Hermione habló con Daphne, quien ahora lucía un anillo de compromiso. Era ridículamente grande y con un brillo casi cegador. Obviamente, Daphne estaba fuera de sí.

–Es un anillo de lo más exquisito –dijo Pansy–. Una reliquia familiar, ha estado en la familia por siglos.

–Es espléndido –dijo Hermione. "Y podrías usarlo como arma de defensa personal si fuera necesario", se guardó ese comentario para sí.

–Va a ser una boda de primavera –dijo Daphne–. Estoy tan emocionada que no puedo esperar –Daphne se dispuso a describir exactamente como quería que fuera su boda. Le había dedicado mucho tiempo a pensarlo.

En realidad Hermione nunca había hecho eso. En realidad nunca pensaba en bodas, sólo había sido consciente de ello cuando Bill y Fleur se casaron, justo antes de ser atacados por mortífagos. Aún no tenía ideas para una boda más allá de eso, y la de Harry y Ginny. Una boda que no fuera en La Madriguera le parecía muy distante.

–Dos familias antiguas e importantes se unen –dijo Pansy–. Como debe de ser. Y sobre todo, como será siempre –Hermione sintió la mal velada observación mordaz.

–Algunas veces las cosas necesitan evolucionar –dijo Hermione a Pansy.

–Eso nos gustaría pensar, pero en realidad todo sigue igual –dijo Pansy maliciosamente y le dio a Hermione una palmadita condescendiente en el brazo–. Así es como son las cosas. Verás, tú eres un asno, y nosotros somos unicornios. Es lo que es.

–Sí, bien, ya sabes como dicen Pansy, un rinoceronte a final de cuentas no es más que un viejo y gordo unicornio. Todo el mundo lo sabe y tal vez un asno no se vea tan mal si los comparas. Ya sabes, capacidad para resistir –dijo Hermione. "Considérate abofeteada, perra", Hermione mantuvo la calma. Quería golpear a Pansy, harta de su constante maliciosidad.

Se alejó y encontró a Draco.

–¿Estás bien? –preguntó él.

–Sí, seguro –dijo ella y se acomodó el cabello–. Nada que no pueda manejar.

–Eres una chica mala –le dedicó la sonrisa retorcida que tan bien le salía. Le derretía por completo las entrañas. Esa sonrisa que antes temía tanto, le ponía las piernas de gelatina.

–Vamos a coger en el baño –le dijo él al oído. Ella nunca se consideró el tipo de chica que tiene sexo en el baño de alguien más, pero no iba a discutir con la lógica, aunque no la hubiera. De hecho, podría tener sexo en cada baño que pudiera encontrar de los estirados sangre limpia.

Apuró el resto de su bebida.

–Por cierto, comeremos con mis padres el domingo –dijo él y Hermione se atragantó con el último trago de su bebida.

–Espera, ¿qué? –dijo ella, pero él ya iba del otro lado de la habitación y se dirigía hacia el baño.


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