Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Era domingo por la mañana, un día que Hermione había temido. El día anterior se había quedado en casa, el artículo de Rita Skeeter sobre ella había sido despiadado. Decía, con el ocasional eufemismo aquí y allá, que mientras Hermione Granger no tenía gracia o talentos discernibles a simple vista, obviamente poseía abundantes talentos privados, suficientes como para atrapar al mejor partido de los jóvenes del mundo mágico. Básicamente era una zorra, cuyos talentos daban como resultado intereses y lealtad fugaz.

Había hecho reír a Draco y le aseguró que sus talentos ciertamente eran muy reales. Ella supuso que no había nada como que se les anunciara a todos que era buena en la cama. Incluso ella misma se habría reído si el artículo no hubiera salido el día previo a aquel en que debía conocer a los padres de él. No era como que no los conociera, de hecho, la habían torturado en su casa. "Ya hemos compartido algunos momentos significativos juntos", pensó para sí misma sarcásticamente.

Hoy sería probablemente otra forma de tortura. A menos que agitaran sus varitas y le lanzaran un crucio de nuevo. Probablemente estaría más cómoda ahora si le dijeran que le iban a aplicar el crucio durante media hora, al menos sabría qué esperar.

Draco no estaba preocupado en lo más mínimo. Si lo estaba no lo demostraba. Hermione yacía en la cama con una revista muggle de ciencia y escuchaba a Draco en la regadera. Se le uniría pero estaba muy nerviosa por el día y tenía un vacío incómodo en el estómago. Se sentía muy ansiosa como para dejarse distraer por la piel empapada en agua de Draco. Sólo quería que todo terminara, luego regresarían a casa y pasaría una cantidad exorbitante de tiempo con la piel de Draco. Primero el sufrimiento, más tarde el premio.

Observó a Draco ponerse el traje negro que solía usar en las ocasiones más oficiales con los de sangre limpia. Lo usaba cuando necesitaba representar a su familia o su posición. Él era increíblemente hermoso, la austeridad del atuendo sólo complementaba su belleza.

–Necesitas vestirte –dijo él y la miró en la cama. Ella podría sacarle ese traje con éxito, lo sabía. Parte de ella quería hacerlo, con la remota posibilidad de que se olvidara de esa estúpida reunión con sus padres–. No debemos llegar tarde.

Eso la puso en marcha. Draco usualmente tenía una actitud relajada con respecto a sus compromisos, así que si insistía en llegar a tiempo, probablemente significaba que se desataría el infierno si no lo hacían. Se puso un vestido azul marino. Draco se lo había sugerido ayer. Un atuendo informal no sería apreciado. En verdad quería causar una buena impresión, sólo que no estaba tan convencida como Draco de que eso fuera siquiera posible.

Se arregló el cabello en un moño suelto, eso le controlaba un poco lo alborotado sin hacerle ver como una seria matrona. Se aplicó un poco de brillo labial y estuvo lista.

–¿Nos vamos? –dijo él y esperó a que ella llegara a sus brazos para la aparición conjunta. A ella le sorprendía constantemente la intimidad del acto de aparición conjunta, especialmente en una pareja. Tenía que ponerse totalmente en sus manos y él la guiaría, con suerte sin cortar ninguna de sus extremidades.

Llegaron al interior de la mansión. La última vez que había estado ahí las circunstancias habían sido menos joviales, pero igual reconoció el interior. Escuchó unos tacones el mármol a su izquierda.

–Draco, cariño –dijo la refinada voz de Narcissa Malfoy–, y tu invitada. La señorita Hermione Granger creo. Esto es una sorpresa.

Hermione sintió una sacudida de angustia. Él no les había dicho que era ella a quien iba a llevar. ¿Por qué no les había dicho?, debería haber allanado el camino.

–Pasen al comedor, tu padre está esperando.

Draco tiró suavemente de ella. Hermione temía cada paso, trataba de buscar apoyo en él. ¿Cómo podía haber hecho eso? Simplemente la arrojaba a ellos, y se los arrojaba a ella.

Entraron al comedor y Hermione hizo su mejor esfuerzo en lucir calmada y serena. Lucius Malfoy estaba de pie junto a la ventana y se dio la vuelta cuando entraron. Sus ojos los examinaron detenidamente hasta posarse sobre ella. No hubo reacción en su rostro, luego esbozó la más leve media sonrisa, que tenía más que ver con un algún diálogo interno que con un saludo.

–Señorita Granger –dijo fríamente–, bienvenida a la Mansión Malfoy. Nuestro hogar. Usted ya ha estado aquí, por supuesto, aunque fue una visita inesperada, no tuvimos oportunidad de darle la bienvenida. –Hermione sonrió, él no le correspondió. Ella sospechó que la bienvenida que había recibido la vez anterior había sido un poco más honesta.

–Siéntense –dijo Narcissa indicando la mesa; estaba puesta con platería y cristalería, ninguna de la cual parecía haber sido fabricada en el último siglo–. Así que, ¿a qué se dedica, señorita Granger? Me parece que tiene alguna ocupación, a menos que me equivoque –continuó Narcissa.

–Trabajo en el ministerio, con regulaciones y casos –dijo Hermione tratando de sonar lo más clara y concisa posible. Sonrió y miró a la mujer mayor quien estaba sentada con aplomo y una postura perfecta. Aplomo, una palabra que Hermione ni siquiera pensaba que fuera relevante en el mundo de hoy, pero ahí estaba sentada en el otro lado de la mesa, escudriñándola. Juzgándola.

–Que tedioso –dijo Narcissa–. Todos esos tipos apagados del ministerio, estoy segura que ponen a prueba su paciencia.

Eso era verdad, ponían a prueba su paciencia. Hermione sólo sonrió. No iba a comenzar a quejarse de su empleo. De hecho, no podía pensar en ningún tema que se sintiera a gusto discutiendo en esta compañía. Lucius Malfoy la observaba fríamente, pasando la punta de su dedo a lo largo de un brillante cuchillo de plata. Se preguntó si estaría considerando tomarlo y apuñalarla justo ahí en ese momento. Desafortunadamente ella lo consideraba capaz de eso debido a su antagónica historia en el pasado.

La comida apareció en la mesa. Un Wellington* de ternera de aspecto rico, con una salsa espesa. Obviamente alguien talentoso cocinaba para ellos. Narcissa se encargó de cortar. Sirvió la comida y el vino. Hermione tuvo la impresión que siempre lo hacía ya que Lucius Malfoy no hizo ademán de ayudar.

La comida estaba deliciosa. Estaba rica y llena de sabor. La ternera prácticamente se le derretía en la lengua. La salsa era casi únicamente mantequilla sazonada. Le horrorizaba pensar en las calorías que acababa de consumir. Tendría que hallar alguna manera de hacer algo de ejercicio cardiovascular más tarde, tenía algunas ideas en mente, pero luego se reprendió por tener esos pensamientos frente a sus padres. Su madre probablemente podía ver la dirección de sus pensamientos.

Después de terminar la comida, Lucius se retiró. Besó a Narcissa en la sien y salió sin decir palabra. Hermione tuvo que admitir que la atmósfera se sintió menos densa con él fuera.

–Debemos platicar, sólo las chicas –dijo Narcissa–. ¿Por qué no vas con tu padre, Draco? –Hubo un momento de silencio entre madre e hijo. Hermione supo que había algún tipo de comunicación entre ellos, pero no supo qué.

–No se tarden –dijo Draco–. Debemos irnos pronto.

–Por supuesto –dijo Narcissa, pero Hermione tuvo la sensación de que Narcissa no le pondría atención a sus limitaciones de tiempo–. Ahora ven, caminemos. Te mostraré un poco de la casa.

Draco apretó su mano y salió de la habitación. Narcissa empezó a caminar hacia la puerta en la dirección opuesta y Hermione tuvo que saltar para alcanzarla.

–He vivido en esta casa desde joven –dijo Narcissa–. Llegué aquí como una novia. El matrimonio había sido concertado varios años antes –Hermione trató de pensar cómo se habría sentido eso, estar comprometida con Lucius Malfoy y llegar a esta casa como una novia. No podía imaginarlo. No le parecía una perspectiva agradable–. Esta es una familia antigua, sus tradiciones se extienden por siglos atrás. ¿Cuánto tiempo llevan juntos? –dijo ella y se volvió a verla.

–Algunos meses –dijo ella sintiéndose intensamente incómoda y desafiada, como si fuera un zorro que se hubiera colado en el gallinero.

–Le dimos a Draco libertad para elegir su propia novia –dijo Narcissa–. Creímos que lo haría más fácil para él, pero comprobamos que fue un error –Hermione frunció el ceño ante el insulto directo–. No lo tomes de forma equivocada, no tengo ningún resentimiento hacia los de tu tipo, lo cual te podría sorprender considerando con quien estoy casada, pero no eres apropiada para ser la esposa de un Malfoy.

–La compatibilidad tal vez sea mejor que la juzguen las partes involucradas en la relación –dijo Hermione enérgicamente.

–La compatibilidad tal vez, la pertinencia es otra cosa –dijo Narcissa–. Las esposas de sangre limpia nacen y son educadas para ello. Saben su posición desde muy temprana edad.

Hermione cruzó los brazos. –¿Y cuál sería esa posición?

–Detrás del hombre –dijo Narcissa; se acercó y Hermione observó con sospecha como lentamente le alcanzaba y tocaba uno de sus rizos–. Eres muy bonita, puedo ver porqué Draco está obsesionado contigo. Pero eres muy obstinada. Como esposa de un Malfoy, es el deber de una salvaguardar el legado de esta familia, sus costumbres y tradiciones. Una vive para su esposo, su familia. Y no por otra razón –Narcissa se volvió al salón. No había malicia en su tono, sólo una declaración de los hechos.

Hermione estaba confundida, no entendía muy bien y Narcissa parecía decir cosas contradictorias.

–Tú has sido criada de forma diferente –dijo Narcissa al fin–. No estoy segura de que te adaptarías felizmente.

Hermione por fin hallaba sentido. Narcissa hablaba de las expectativas que recaerían sobre ella. En realidad no lo había pensado antes. Un futuro con Draco vendría con restricciones, deberes y sacrificios. En realidad no se había preguntado si estaba preparada para hacer sacrificios. Había sido educada para creer que no debería hacer concesiones. Ella podía tenerlo todo. Ciertamente nunca había sido educada para aceptar que estaba "detrás del hombre". Nunca había cruzado por su mente. Era algo demasiado pasado de moda para contemplarlo seriamente. ¿O no?

Pensó en todas las chicas Slytherin, seguramente no pensaban de esa manera. Pansy seguro que no, siendo la total perra que era. Las otras… en realidad eran típicamente más sosegadas. Para ser exactos, ahora que lo pensaba, eran los hombres los que hacían funcionar el círculo. Las chicas sugerían, pero eran los chicos quienes decidían. Llevaban de compras a las chicas, decidían la cena, algunas veces hasta ordenaban por ellas. ¿Por qué no lo había visto?

De repente vio a Pansy bajo una luz distinta, aún una completa perra, pero con una cierta desesperación, luchando por mantenerse a flote. Su fuerza era tolerada, pero no la celebraban. Nunca pensó que sentiría conmiseración por Pansy, pero tal vez sí, un poco. Pansy rompía tradiciones, rompía expectativas. Atrapada en la agitación de lo nuevo anulando lo antiguo.

Había una desconexión real entre esta generación y la anterior, se percató Hermione. Entre más conocía a los Slytherins y su sociedad, la complejidad y la discordancia eran más evidentes. No eran solamente un grupo de esnobs arrogantes; estaban presionados por todas direcciones. Particularmente las chicas, presión para cumplir con las antiguas costumbres. Quizá Pansy tenía un poco de pionera. Quien lo hubiera pensado. Las chicas Slytherins que habían elegido otros caminos en el pasado habían sido condenadas al ostracismo, como Andrómeda.

Draco iba por otro lado, eligiendo un camino diferente, pero él estaba muy imbuido como para ser condenado al ostracismo. No estaba del todo segura si a él le importaba siquiera si lo desaprobaban. Narcissa Malfoy simplemente no entendía que ellos elegían un camino diferente, un camino que era más verdadero y auténtico para sus necesidades. Como debería de ser.


*N. de la T. Wellington es un pastel de hojaldre, relleno en este caso de ternera, la carne por lo regular va envuelta en paté.


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