Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Draco y Hermione abandonaron la Mansión Malfoy poco después del pequeño tour por la casa con Narcissa. Hablaron poco, pero tuvieron sexo en cuanto llegaron al departamento, recargados contra la puerta el segundo en que la cerraron. Fue rápido y duro, pero era exactamente lo que ella necesitaba después de la tensa y sumamente desagradable comida con su familia.

Más tarde ella yacía sobre el regazo de él en el sofá mientras leía El Profeta. No quería hablar acerca de las cosas que Narcissa le había dicho pero quemaban en su mente como bombas incendiarias que no se apagaban. No quería pensar en las cosas que Lucius le habría dicho a Draco, pero bien podía imaginarse que debía haber sido una conversación aún menos agradable. Quizá tenía que ver con la razón por la cual él la había arrojado así a sus padres. Él debía tener una razón para haber hecho eso.

Ella delineó el contorno de los labios de él mientras leía, lo cual le hizo sonreír y luego tratar de morderla.

–Mi cumpleaños es un par de semanas –dijo él todavía leyendo.

–¿En serio? –dijo ella–. ¿Qué debo regalarte por tu cumpleaños?

–No me interesa tanto lo que me puedas regalar sino lo que vayas a hacer conmigo.

–He ahí un reto, si alguna vez escuché alguno.

–Es muy común que todos vayamos a Egipto para mi cumpleaños. Se ha vuelto casi una tradición.

–¿Todos?

–Ya sabes, el grupo.

–En este momento hay mucha agitación en Egipto.

–No a donde nosotros vamos. Hay una villa turística a la que vamos. Ha estado ahí por siglos. Si hay problemas en la parte muggle, no impacta al lugar al que llegamos.

–Oh. –Dijo Hermione, como que había olvidado al grupo y su propensión a celebrar absolutamente todo–. ¿Por cuánto tiempo? –preguntó ella. Le daba curiosidad ver Egipto ya que nunca había ido, pero no sabía mucho de la parte mágica además de lo que le habían contado Ron y Ginny. También le interesaba ver la parte muggle de Egipto, simplemente no sabía si sería una buena idea en ese momento.

–Usualmente dos semanas.

–No puedo tomarme dos semanas del trabajo cada vez que alguien cumple años.

Él se encogió de hombros.

–Pero es mi cumpleaños. Seguro que entenderán.

–Necesitan que termine mis proyectos, otros departamentos esperan que yo haga mi parte.

–Pueden encontrar a alguien más –dijo él con un dejo de enfado–. Se las tendrán que arreglar.

Evocó la conversación con Narcissa. Se preguntó cuales serían las expectativas de Draco. Él no parecía darle tanta importancia al trabajo de ella, no tanto como ella misma, lo cual aventuró que no era tan notable considerando que él no le daba mucha importancia al trabajo en general. Ninguno de los Slytherin lo hacía, excepto quizá Blaise, pero él también esperaba que su trabajo fuera lo suficientemente flexible para amoldarse a su vida social.

Como novia de un Slytherin, se esperaba que ella se amoldara a su vida social también. Ciertamente no era una visión del mundo que los padres de ella promovieran. Ella había sido educada creyendo que el trabajo era lo primero, todo lo demás quedaba en segundo lugar, excepto las emergencias. La fría verdad era que había una diferencia cultural muy real entre ellos y él era producto de su cultura, no de la de ella. Y no estaba muy segura cuales eran los valores reales de él.

Ella había pensado que Ron tenía ideas muy anticuadas, ella había bromeado sobre eso cuando estaban en la escuela y él había aceptado de buena gana las pullas. Draco estaba aún más arraigado en la cultura mágica de los de sangre limpia y había sido criado dentro de esos valores. Incluso si no creía, como algunos, en una superioridad definitiva sobre ella debido a su origen; aun así tampoco aceptaba la cultura muggle.

No sabía muy bien cómo lidiar con eso. Esconderlo debajo de la alfombra parecía la mejor opción, particularmente ahora que sólo eran ellos dos y que todo el desorden que implicaba la interacción con terceros no era un asunto inmediato. Sólo ellos dos, era algo perfecto.

El temor de Hermione por este viaje se había incrementado y ahora se acercaba muy rápidamente. Había negociado una semana con Draco. Él había estado muy firme al principio en que se quedara todo el tiempo, pero ella no estaba segura de no volverse loca en esa compañía por dos semanas. Al fin habían llegado a un mutuo acuerdo en el que ella se quedaría una semana, mientras que él se quedaría dos con el resto.

La última vez que había ido con los Slytherin a algún lado, había sido a la casa de Blaise en Italia y ese viaje había sido un absoluto desastre. No estaba del todo asustada de que este viaje se convirtiera en un completo desastre, si así era, así sería y no había nada que ella pudiera hacer al respecto. Si ella se esforzaba y fallaba, entonces no habría nada que lamentar.

Draco había partido hacía algunos días, pero había regresado en traslador para llevarla. Él ya había empacado la maleta de ella, lo había hecho antes de irse. Hermione no estaba segura sobre su constante insistencia de vetar su ropa para todos los eventos. El gusto de él era exquisito, pero había una parte de ella que sentía que su gusto debía ser aceptado sin importar como fuera. Pero de nuevo, esa no era la clase de gente con la que convivía, no eran Gryffindors donde lo único que importaba era tu corazón, tu honor y tu lealtad.

Aterrizaron en una playa. En realidad estaba mejorando al viajar por traslador, aunque no le gustara. Algunas veces se preguntaba si no preferiría un lindo viaje en avión, al menos no se te sacudían las entrañas. El sol brillaba radiante en sus ojos, por la diferencia de horario en Egipto era mediodía, comparando con la melancólica mañana de Londres.

–Vamos –dijo él con esa sonrisa que haría que estuviera de acuerdo con prácticamente todo. La llevó de la mano. Caminaron por una fila de palmeras y llegaron a un área cubierta por una enorme pagoda, debajo de la cual se sentaban los Slytherins. Hermione sintió sus hombros caer. Otra semana con los Slytherins. Era el precio por la opción que había escogido. Era hora de pagar las consecuencias.

Ahí estaba todos, sus personas favoritas en el mundo. Pansy estaba ahí, se había cortado el cabello, su liso estilo bob lucía aún más liso si es que eso era posible. Blaise, lucía bronceado y relajado con sus shorts y una camisa blanca abierta. Daphne que se veía preciosa y Astoria que la ignoró por completo. La emoción de Theo definitivamente se podía contener. Adrian estaba feliz de verla, Marcus todavía más.

Habían terminado lo que parecía un encantador almuerzo con platillos que ella desconocía. Draco le ordenó a alguien un gin and tonic para ella.

–¿Sabías que la ginebra era la bebida que escogía la gente más rudimentaria? –dijo Pansy.

–Me gustan las bebidas rudimentarias –dijo Hermione sin ponerse a la altura del insulto. Realmente estaba más allá de la competencia con Pansy, o de defender sus elecciones. Para ser exactos, en ese momento probablemente dejaría a Pansy organizar una revuelta en su contra. Le daba igual.

Se sentó a la mesa y simplemente disfrutó del cálido aire que fluía del océano azul. El lugar en verdad era celestial, agua azul, arena amarillo claro. Miró detrás de ella a la pálida construcción de arenisca que componía el edificio principal del centro turístico. Era espléndido y muy antiguo. Se preguntó por cuanto tiempo habría estado ahí ese centro. Una fuente con jeroglíficos inscritos burbujeaba a un costado.

De verdad estaba en Egipto, no podía creerlo.

–Aquí es donde nació la magia –dijo Theo tranquilamente junto a ella.

–Estoy consciente de eso –dijo ella, no era como que hubiera faltado ese día a la escuela.

–La magia empezó aquí y gobernaba –continuó él–. Cuando la magia era reina y todos aceptaban su dominación.

–En los buenos tiempos –dijo ella sarcásticamente, pero Theo sólo asintió. Hermione se dio cuenta que hablaba en serio, en lo que a él tocaba sí habían sido los buenos tiempos. Se frotó las sienes. Tenía dolor de cabeza, podía ser por la repentina brillantez cuando ella estaba acostumbrada a días de otoño más oscuros.

La única forma de sobrevivir a esta semana era seguir la corriente. No estaba segura que tuviera sentido discutir sus opiniones más retrógradas. Sospechó que no iban a cambiar de ideas. Ella solía pensar que la razón prevalecería, pero algunas veces simplemente no era así.

–Bienvenida a Egipto, Granger –dijo Pansy–. Estoy segura que aquí habrá mucho que hacer para ti. Hay una biblioteca enorme en la que puedes perderte. –Sólo la principal biblioteca del mundo, con la mayor parte del material del mundo mágico antiguo, era la biblioteca mágica más famosa del mundo–. Tal vez puedas aprender jeroglíficos o algo.

–Ella ya sabe jeroglíficos –dijo Blaise y hubo risitas disimuladas alrededor de la mesa. Recordó haber tenido una discusión con Blaise una mañana cuando mencionó que había aprendido a leer jeroglíficos. Era profundo que él se burlara de eso, ya que él también podía leerlos. Cualquiera con historial de erudito podía y era prácticamente un requisito para cualquiera que trabajara con leyes.

–Estoy segura que encontraré formas de entretenerme –dijo ella severamente. Se estaba apegando a su estrategia de no rebajarse a su altura, pero honestamente se moría de ganas de humillar a Pansy por ser lerda, boba e inútil.

–Te llevaré a nuestra habitación –dijo Draco y se levantó de la mesa. Lo siguió mientras caminaba hacia el gran edificio detrás de ellos.

–Gracias por defenderme allá –dijo ella molesta.

–No necesitabas que lo hiciera –dijo él con esa sonrisa ladina que hacía que ella le perdonara casi cualquier cosa. Era verdad, no necesitaba que la defendiera, pero hubiera sido lindo–. Eres muy buena peleando tus propias batallas, lo sé, he sido tu objetivo bastantes veces. Es lindo verte apuntar a alguien más para variar.

–Simplemente te gusta cuando me exaspero.

–Probablemente más que cualquier cosa –dijo él y abrió la puerta de su alcoba.

–¿En serio? –dijo ella provocativa–. No creas que estás completamente fuera de peligro porque vamos a dormir en la misma cama. No te pongas muy cómodo ahí.

–Oh no, no te atrevas –dijo él y la acercó hacia sí, le puso un rizo rebelde detrás de la oreja–. Ahora eres mía. Bien puedes considerar eso como un hecho, porque no va a cambiar.

La besó. –Por Merlín, te extrañé. No puedes dejarme solo tanto tiempo. Es cruel –le quitó la blusa por encima de la cabeza y regresó a besar su cuello. Amaba lo posesivo que era, pero también había una parte de ella que se incomodaba mucho con la rotundidad de sus sentimientos. Él sabía muy bien que la hacía perder el hilo de sus ideas.

También lo había extrañado, lo buscaba en la cama a la mitad de la noche y se decepcionaba amargamente cuando no lo encontraba. Se había acostumbrado tanto a que estuviera allí, para poder acurrucarse o algunas veces exigir más. Había descubierto que le gustaba despertarlo a la mitad de la noche tomándolo en su boca. No había nada que ella amara más que cuando él gemía su nombre y seguía prácticamente dormido. Tarde o temprano se despertaba y ella amaba ese momento también. A él le gustaba que lo despertaran con sexo.

Las manos de él bajaban lentamente su ropa interior por debajo de su falda. Con la respiración completamente entrecortada le dijo que mejor se apresurara o ella tendría que hacerse cargo. Él le quitó la mano con un golpecito cuando trató, en lugar de eso continuó desvistiéndola a paso lento y constante. Estas vacaciones prometían mucho.


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