Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione dejó caer su toalla en un camastro cerca de la alberca. Todavía era temprano así que el clima estaba relativamente agradable. Aun cálido, pero podía sentarse en el sol sin asarse. Había una pagoda cubierta que parecía ideal para más tarde, cuando el sol estuviera más alto. Estaba justo a la orilla de la playa.

Era algo temprano y la mayoría de sus acompañantes no se habían levantado aún. Se sentía un poco como una bendición estar ellos solos. Draco se sentó en el lugar junto a ella. Llevaba una bandeja con fruta y pastelillos para que picaran.

–Es ridículamente temprano –dijo él.

–Lo sé, sólo quería salir y andar por aquí un rato –respondió ella–. Luego podemos tomar una agradable y larga siesta.

–Simplemente podríamos levantarnos tarde, eso ya incluye la siesta.

–No voy a pasar una semana en Egipto para experimentar sólo un cuarto de hotel –dijo ella y tomó un bocado de una jugosa sandía–. En ese caso, nos podríamos haber quedado en casa.

Él hizo un sonido de desaprobación y comió algo de fruta, luego observó como Hermione se quitaba la blusa y la falda para revelar el bikini color mandarina y dorado que llevaba debajo. Lo había comprado especialmente para el viaje.

–Esta vista sí que tiene sus ventajas –dijo él y se recostó en el camastro, mientras Hermione se daba un chapuzón. El agua estaba fresca cuando se metió, contuvo el aliento cuando le llegó a su sensible vientre. Podía sentir la piel de gallina en sus brazos, pero era absolutamente encantador.

En realidad estaba feliz de haber venido. Pasaría cinco días completos con Draco, algo que no había hecho antes. Estaba absolutamente determinada a no dejar que los Slytherins la afectaran. Podía lidiar con eso, sabía cómo eran y podía elegir no morder el anzuelo. Había hecho un buen trabajo la noche anterior.

Una salpicadura en el agua le dijo que tenía compañía. Draco emergió del agua no lejos de ahí. Se veía espectacular, con sus pálidos y anchos hombros cubiertos de agua. Su cabello adquiría un color dorado cuando estaba mojado y ahora estaba acomodado hacia atrás dejando ver su cara. Caminó hacia él y no pudo evitar tocarlo. Su abdomen era suave y cálido, y ella pasó sus dedos sobre los bultos a lo largo de él, donde estaban sus músculos. Él hacía algún tipo de ejercicio para mantener esa figura, pero ella nunca lo veía. Aunque hacían suficiente ejercicio juntos.

Deslizó sus brazos por la espalda de él y se acercó. Esto era el cielo. La frescura del agua y los cálidos, acogedores brazos alrededor de ella. No había duda de que estaba enamorada de él. Había luchado tan fuerte contra eso, contra él, pero él había vencido y a ella ya no le quedaba ninguna lucha.

Él le levantó el cabello mojado de los hombros y se inclinó a besarlos. Hermione sintió escalofríos recorrer su espina dorsal.

–Oh, los tortolitos –dijo la extremadamente indeseable voz de Pansy-perra; estaba de pie junto a la alberca en un brillante vestidito color púrpura y tacones plateados–. Que nauseabundo –sus piernas eran largas y bronceadas, su extravagante atuendo en realidad se veía bien en ella.

–Buenos días, Pans –dijo Draco y se negó a dejar que Hermione se alejara–, que no te importen nuestros…arrumacos.

Pansy hizo un sonido de disgusto y se alejó a sentarse en una mesa no lejos de ahí. Llamó a un mesero.

–No es muy afecta a los arrumacos, nuestra Pans –dijo él y la besó de nuevo.

–De lo que se está perdiendo.

–Probablemente deberíamos parar. Es una perra vengativa y no puedes confiar en que no te hechizará. Particularmente si la molestas antes de que haya tomado su café –dijo él y se sumergió en el agua.

Hermione nadó algunas vueltas en el agua fresca. Los Slytherins en verdad se conocían bien entre ellos. Supuso que los Gryffindors también, sólo que eran abiertamente más protectores los unos con los otros, lo contrario a usar el conocimiento contra los demás. Una vez que salió, se acomodó con una novelucha muggle. Normalmente no era fanática de las noveluchas muggles de crímenes, pero había una pequeña parte de ella que quería restregárselo en la cara a los Slytherins y su desdén por todo lo muggle.

Los otros fueron apareciendo en la siguiente hora más o menos, hasta que todos estuvieron ahí. Se habían establecido alrededor de la mesa cubierta en la que habían estado la noche anterior. La mañana se tornó más brillante conforme avanzó y Hermione tuvo que sacar sus lentes de sol. No era un accesorio común en el mundo mágico, ellos sólo sufrían la luz brillante. Por otro lado, al ser británicos, normalmente había poca necesidad de esos accesorios. También le gustaba que la encubrían, podría estudiar a algunos de ellos sin que lo supieran.

Blaise estaba ahí, usaba un short blanco y pequeño como traje de baño, llevaba las piernas y el pecho descubiertos. Se veía imponente, no había otra palabra. Se veía maravilloso. Hermione no pudo evitar que algunas de las memorias reptaran por su mente. Una vez habían pasado unos días encantadores en una cálida costa italiana. Se preguntó qué habría pasado si él hubiera reaccionado diferente, si habrían llegado a alguna parte. Descartó la posibilidad, su personalidad y sus inseguridades se habrían mostrado de una forma u otra. Sólo hubiera sido cuestión de tiempo.

Su relación había tenido cierta ligereza que no tenía su relación con Draco. Esta relación era más seria porque ella sabía que no sólo tenía potencial verdadero, sino que Draco parecía estar más dedicado a ella. Draco la había presentado con sus padres, no era como que el día hubiera sido un éxito estelar, pero mostraba sus intenciones.

Miró hacia donde estaba Draco quien jugaba con una quaffle pasándola entre Adrian, Marcus, Nott y Terrence Higgs. Una vista que la distrajo por completo de su libro y no pudo evitar sonreír. Hubiera apreciado mucho más el quidditch en la escuela si lo hubieran jugado en pequeños trajes de baño.

El sol empezaba a calentar mucho y tuvo que retirarse a la sombra de la pagoda. La cálida brisa del océano era encantadora. Se instaló en un camastro y abrió de nuevo su libro, pero no pasó mucho antes de que sintiera un peso en el almohadón de su silla y sintió la familiar calidez de la mano de Draco en sus piernas.

–Hay un arrecife más allá de la playa, vamos a ir a verlo. ¿Quieres venir? –dijo él.

–No, estoy bien, me quedaré aquí. El almuerzo se servirá pronto –si hubiera sido sólo él, habría ido, pero los chicos que esperaban le mostraban que era una actividad en grupo. También estaba el detalle de las extremidades errantes de Marcus, algo por lo cual preocuparse, y el océano proveía una maravillosa cubierta para un ataque sorpresa de ese frente. No había tenido problemas para coquetearle a la novia de Blaise, sospechaba que sería lo mismo con la novia de Draco.

–No tardaremos –dijo él y se levantó. Hermione observo mientras él, Adrian y Marcus caminaban hacia el agua y continuaban. Cuando llegaron a una zona más profunda, sacaron sus varitas y pusieron una burbuja de aire alrededor de sus cabezas antes de zambullirse bajo las olas.

–El arrecife está genial –dijo Blaise al recostarse en la silla junto a ella, cruzando sus largas y bronceadas piernas por el tobillo. Con esa posición hacía alarde de su cuerpo. Hermione sospechó que él sabía bien eso.

–Tal vez vaya a verlo más tarde. En este momento tengo un poco de hambre.

–El almuerzo no tardará –dijo él–. ¿Cómo has estado?

–Bien, el trabajo va bien –dijo ella; Blaise al menos se interesaba por las cosas que ella hacía en el trabajo. Ese era una desventaja de Draco, en realidad no estaba interesado en lo que sucedía en el trabajo, o los problemas que tenía que enfrentar.

–Algo atareado por el momento –dijo él.

–No tan atareado como para que no pudieras tomarte algo de tiempo libre –dijo ella con un ligero tono acusador.

–Uno debe vivir –dijo él encogiendo los hombros–. ¿Están viviendo juntos ahora?

–Para fines prácticos, sí –dijo ella; Blaise soltó una risita entre dientes.

–No creí que durarían tanto –dijo él y giró las piernas hacia ella, se inclinó con los codos sobre las rodillas; Hermione no supo cómo tomar ese comentario–. No estoy seguro de cómo me siento acerca de eso –al menos era honesto, pensó Hermione.

–¿Hubieras preferido que simplemente me alejara? –preguntó ella.

Blaise se encogió de hombros. –No es fácil ver todo el tiempo a la novia que te robaron con el tipo que se la robó.

–Él no me robó, no exactamente –dijo Hermione.

–Sí lo hizo. Le di la oportunidad y lo sé, pero él la aprovechó. No es la primera vez.

–¿Qué quieres decir? –preguntó ella, sabiendo que probablemente sólo debería ignorar el comentario. Blaise trataba de decirle algo, y ella reconocía una trampa cuando la veía.

–Todo lo que digo es que no eres la primera novia que me roba.

Hermione no dijo nada. Al mismo tiempo se sentía curiosa y reacia a escuchar más al respecto.

–Había una chica de la que estuve completamente enamorado, una mestiza. Estaba loco por ella –dijo él, ella notó que había señalado su estatus de sangre antes de cualquier otra cosa; al menos tenía un género antes del estatus de sangre, supuso que ya era algo–. Y él se la robó, jugó con ella un poco y luego la botó. Pensé que iba a hacer lo mismo contigo. Como dije, han durado mucho más de lo que pensé.

–Tal vez en realidad funcionamos muy bien juntos –señaló Hermione.

–Draco no funciona en general –dijo Blaise, ella tenía la impresión de que Blaise se refería a algo más que sólo a su aparente falta de ocupación–. Él es lo que es. Oh que bien, ya está el almuerzo –él saltó del camastro hacia los carritos que iban hacia la mesa.

Hermione regresó a su libro, pero realmente no podía asimilar ninguna de las palabras. No estaba segura de como tomar lo que había dicho Blaise. La estaba provocando, lo sabía, era como ellos operaban, sembrando pequeñas semillas de duda que con suerte detonarían más tarde. Sabía que Blaise quería sabotear su relación con Draco, había sido consistente en ese aspecto desde el primer día.

–¿Qué quería Blaise? –dijo Draco. Ni siquiera lo había visto salir del océano y lamentó no tener esa visión en su memoria.

–Nada, sólo preguntaba como he estado –dijo ella–; volviste pronto.

–Hay un poco de corriente así que está turbio –dijo él y se secó con una toalla–. No quiero que le hables.

–Es sólo Blaise –dijo ella–. No tienes nada de qué preocuparte, ese barco ya zarpó hace mucho –y era verdad, pero el dolor de la injusticia que él había cometido había bajado un poco. Ella sentía que era algo bueno, pero tampoco se enfurecía cuando se le acercaba, y ya podía ver otra vez algunas de las cosas buenas de él incluso cuando no planeaba volver ahí nunca–. ¿Por qué? –sonrió ella–. ¿No confías en mí?

–Claro que sí, pero en él no confío –dijo él y envolvió sus esbeltas caderas con la toalla.


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