Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Draco y Hermione regresaron a la costa al día siguiente. Había sido encantador alejarse de los demás. Hermione aún se sentía un poco conmocionada por la noche anterior. No lo había asimilado del todo. En realidad tampoco podía conceptualizar las implicaciones. Pero él sostenía su mano y la hacía sentir que todo estaba bien.

Regresaron alrededor de la hora de la comida y todos estaban en el área de la alberca, sentados a la mesa esperando que la comida apareciera. Hermione se sentó junto a Adrian. Adrian siempre se sentía como un puerto seguro en los tormentosos mares de la vida social Slytherin.

–¿Cómo están las pirámides? Espero que sigan ahí.

–Sí, sorprendentemente no se han movido –dijo Hermione–, fue maravilloso. La pasamos muy bien.

–Me sorprende. Habría apostado a que Draco te mantendría confinada en la habitación. ¿Pudiste caminar en ellas?

–No, las vimos desde el balcón –dijo con divertida ironía. Adrian se rió. A ella le caía bien Adrian, era inteligente y divertido, y de verdad no la juzgaba por ser diferente o por no ser una Slytherin de sangre limpia.

–No lo puedo culpar –dijo Adrian.

–Tengo un anuncio que hacer –dijo Draco al grupo entero. Estaba sentado más lejos. Hermione sintió su corazón acelerarse y un manojo de nervios acumularse en su garganta–. Hermione ha aceptado ser mía.

Hubo gritos ahogados alrededor de la mesa. Hermione sintió que todos los ojos se posaban en ella y no supo que hacer. Decidió mantener los ojos en sus sudorosas manos. No estaba preparada para el anuncio. Felizmente habría esperado un poco para contarlo, dejar que fuera su pequeño secreto. Obviamente Draco tenía otras ideas.

–Oh, por Merlín –dijo Daphne–. Esto es absolutamente fantástico. ¿Te dio un anillo?

–Aún no.

–Primero tiene que arrancarlo de los dedos fríos y muertos de Lucius Malfoy –dijo Adrian. Daphne le hizo un ademán desdeñoso.

–Estoy segura que no es así –dijo Daphne–. Aunque sí son bastante particulares. Estoy segura que Draco sabe cómo lidiar con ellos. Nunca te lo habría pedido si no supiera que puede manejarlo.

"¿Será cierto?", quiso preguntar Hermione. No estaba del todo segura. Su única presentación con los Malfoy, en relación con su único hijo, había sido más bien fría y hostil.

–Oh Merlín, es tan emocionante, ahora hay alguien más planeando una boda –dijo Daphne, y Hermione apretó los puños; no quería pensar que su relación con Draco se parecía en algo a la de Daphne y Theo. Esto era incómodo en extremo–. Aunque tal vez no es lo mismo. Yo estoy planeando una boda, tú estás planeando una boda Malfoy.

Hermione frunció el ceño mientras Daphne continuaba. –Eso es algo del todo diferente.

–¿Exactamente cómo?

–Los Malfoy probablemente inviten a cada mago del país, y probablemente media Francia también. Por no mencionar sus vastos contactos de negocios –dijo Adrian–. Esto será el evento del año.

–Estoy segura que Narcissa hará mucho de ello –dijo Daphne. Adrian apretó los labios como diciendo que esperaba que ella supiera en qué se estaba metiendo. Para ser exactos, Hermione no le había dedicado ni un pensamiento a la boda, ahora estaba en su mente como un monolito. Un obstáculo inamovible que se cernía sobre ella.

–¿No creen que él consideraría fugarse? –preguntó ella tentativamente. Adrian rió.

–Probablemente él no debería alejar a sus padres en este punto. En verdad podrían hacerle la vida un infierno viviente –dijo Daphne–. Pero no hablemos de eso, esto es tan emocionante. No puedo creerlo.

Hermione miró a su alrededor. Pansy no se veía tan emocionada. Estaba dando vueltas a su bebida. En realidad se veía como una asesina. Pansy miraba más a Draco que a ella. Hermione no se atrevía a mirar en la otra dirección, hacia donde estaba Blaise.

La comida finalmente llegó y Hermione aprovechó la oportunidad para retraerse. Toda esta idea de la boda la estaba enloqueciendo, particularmente el hecho que debía ser una boda espectacular en frente de todo el mundo. Ella no era alguien que deseara atención, particularmente no a esa escala. Al crecer, siempre había imaginado su boda en La Madriguera, como la de Harry. En ese tiempo, siempre había asumido que sería Ron. Nunca en un millón de años había considerado a Draco. Draco siempre había sido el objeto prohibido. Aquel que ella no tenía permitido mirar, pensar o fantasear con él.

No sólo habría una boda, sino que sería enorme. Esto pondría a Rita Skeeter en un frenesí total, por meses, quizá incluso años. Rita había estado muy callada por un rato y Hermione había abrigado la esperanza que su tiempo en el sitio destacado hubiera terminado. Ahora era una fantasía que se hacía añicos.

Algunos de los chicos felicitaban a Draco. Se veía complacido. Él tomaba todo esto a su paso, aunque pensándolo bien, había tenido toda su vida para acostumbrarse y prepararse para eso. Le habían reafirmado sus expectativas desde que había aprendido a hablar. Hermione lo observó por un minuto. Trabaron sus miradas y ella sintió su estómago dar un vuelco. Sí lo amaba. Todo estaba bien cuando había esa conexión entre ellos. Tendría una condenada boda, por él, lo que sea que necesitara. Sólo sonreiría y lo aguantaría, al final estaría del otro lado, eso esperaba. Si él podía enfrentarse a sus propios padres, ella se enfrentaría a una estúpida boda. Ella le sonrió y él le guiñó el ojo.

–Ciertamente no esperaba esto –dijo Blaise detrás de ella, más tarde esa misma noche–. Hermione reconoció su voz y no necesitó girar para verlo.

–Es bastante repentino, lo admito –dijo ella–. Supongo que nuestros sentimientos son fuertes.

–Toda una sensación –continuó él–. La gente sentirá curiosidad por la chica que domó al salvaje Draco Malfoy. No lo olvides, sólo hace unos meses él era un mujeriego borracho con nada en la mente más que su propia diversión, y cuántas mujeres podía meter en una cama.

–Supongo que ya tuvo suficiente de esa vida –Hermione deseó poder terminar esta conversación y alejarse, pero sintió que tenía que dejar a Blaise desahogarse. Mejor lidiar con eso ahora.

–Tal vez tengas razón. Tal vez está listo para cambiar todo eso por la dicha doméstica.

–Estoy segura que sí –dijo ella.

–¿Y tú lo estás?

–¿Estoy qué?

–Lista para la dicha doméstica –ella no contestó, no estaba lista, ni siquiera había tenido tiempo para considerarlo apropiadamente. Blaise continuó–. Tendrás que renunciar a tu vida, tu trabajo y tu departamento para convertirte en una esposa Malfoy. Me pregunto quién está domando a quien aquí. En lo personal, pienso que ambos se ven menoscabados por esta situación, pero luego supongo que te darás cuenta que yo nunca iba a estar feliz con este resultado.

–Honestamente Blaise, tu felicidad no estaba a consideración en el momento.

–Auch –dijo él bromeando–. No sugerí que lo estuviera, sólo espero que sepas en lo que te estás metiendo. Necesitas estar segura de que él vale la pena un sacrificio tan grande. Podrías pedir mi opinión, pero creo que ya sabes lo que pienso.

–Apreció que te preocupes Blaise –dijo ella, no era como que confiara en sus razones–. Es el paso correcto para nosotros –sonaba más convencida de lo que se sentía, pero no iba a dejar que Blaise pensara siquiera que ella tenía dudas. No estaba del todo segura del porqué eso era importante, pero sabía que lo era. Dios, juró para sí misma, inclusive estaba empezando a pensar como ellos, administrando las apariencias y municiones para futuras escaramuzas. También sabía que Blaise no había dicho todo lo que tenía, habría más de él.

Draco llegó y la rescató; colocó un brazo alrededor de su hombro.

–No estarás tratando de asustar a mi prometida ¿verdad? –dijo él. Hermione adoraba como Draco parecía saber exactamente lo que pasaba. De esa manera no tenía que esconderlo. Era algo bueno si podían ser completamente honestos; no quería ser escurridiza como Slytherin con él también. Eso sería ir muy lejos. Siempre y cuando todo estuviera bien entre ellos, todo lo demás no importaba.

–Claro que no –dijo Blaise haciéndose el ofendido–. Si alguien puede mantenerte por el buen camino, es ella –Hermione reconoció el golpe escondido ahí. Blaise quería que ella pensara que Draco podía y caería en sus viejos modos a la menor provocación. Era una táctica cruel, dirigida a acechar su mente y su paz. Y todavía no recibía la amarga bilis de Pansy.

Miró los alrededores pero no pudo ver a Pansy por ningún lado. Le daba pavor pensar lo que Pansy haría. Todo podía ir muy mal con Pansy, se percató Hermione. Pansy no siempre contenía sus emociones.

Draco aún la sostenía a su lado y ella amaba la sensación de él allí, firme y sólido.

–¿Estás bien? –preguntó él.

–Sí, estoy bien. Adrian parece pensar que necesitas taclear a tu padre para conseguir el anillo.

–Algo hay de eso –dijo Draco. Hermione dio un paso atrás, pensó que Adrian había estado bromeando, pero Draco acababa de confirmar que había algo de cierto en eso.

–Van a ponerle peros a esto –declaró ella.

–No van a tocar el cielo. Sabes de donde provienen. Tienen opiniones de cosas como el estatus de sangre. Ya lo sabes. Les va a llevar un poco de tiempo aceptarlo.

Hermione asintió, a ella no le importaba el tiempo, ella también necesitaba tiempo. Quizás los recelos de sus padres acerca de su estatus de sangre obrarían en su favor, a menos que hundieran todo. No quería pensar en eso. No estaba segura de poder soportar perderlo. Lo rodeó con sus brazos y permaneció ahí un par de minutos. En tanto que él se mantuviera cerca, mantendría esos amenazadores pensamientos revoloteando lejos.


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