Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


–Mi madre te invitó a almorzar –dijo Draco vacilante cuando llegaron a casa. Hermione bajó los ojos. Por un lado era algo bueno, supuso ella; por otro, sería un momento de insultos velados, silencios incómodos y rezar para que el reloj avanzara. No era muy bueno que se sintiera de esa forma sobre sus suegros, pero considerando que eran supremacistas de sangre limpia, una invitación a almorzar era algo de verdad bueno.

–¿Tú no estarás ahí?

–No, parece que es cosa de chicas. Pansy estará ahí.

–Yupi –dijo Hermione en una voz chillona. Trataba de mantener su sarcasmo bajo control, pero es que ser presa fácil de Pansy por una hora más o menos podría ser una versión única del infierno. Se preguntó si podría fingir alguna enfermedad, incluso se atrevería a buscar a la persona más enferma en el trabajo y pasar todo el día en su compañía. No la podrían tachar de cobarde si se enfermaba de verdad.

Todavía tenía una sensación de inquietud sobre la boda y el triste destino de Daphne. Al menos Draco veía algo malo en ello. A él parecía importarle que un matrimonio fuera genuino, lo opuesto a la farsa que Theo se había montado a sí mismo. Theo no podía haber mandado un mejor mensaje al mundo si hubiera tratado. Se preguntaba si a Theo en verdad no le importaba o si era su manera de rebelarse. Quizá no lo habían forzado a ese matrimonio tan directa o brutalmente como a Marcus, pero ¿por qué elegiría casarse con alguien a quien ni siquiera se molestaba en serle fiel? Al menos durante el periodo de noviazgo y luna de miel. No era como que se estuviera esforzando mucho en esconderlo. A él lo habían presionado de alguna forma para que se casara, y quizá no le quedó otro recurso que sabotearlo. Al final estaba lastimando tanto a Daphne como a sí mismo, pero tal vez su enojo era demasiado como para contenerlo. O tal vez era un pendejo a quien no le importaba nada. Hermione no sabía cuál era la verdad, de cualquier manera era triste.

Pensar en eso hacía que le dolieran la cabeza y el corazón porque no había solución para eso. Daphne y Theo probablemente iban a ser completamente miserables y era algo muy triste de presenciar. También la hizo preguntarse por qué Draco la había perseguido tan incansablemente. Ella estaba muy motivada porque él no planeaba guardar por ahí a una esposa mientras él se ocupada de sus asuntos, haciendo lo que le diera la gana. Si eso quisiera, ¿por qué querría hacerlo con ella? Él podía tener a quien quisiera, aun así buscó a la persona que menos lo aceptaría y a la que menos aguantaría sus métodos de sangre limpia.

Aunque cuestionarse esta parte era una preocupación en sí. ¿En qué posición estaba ella, si deseaba sinceramente que la persona con la que se iba a casar no planeara tratarla como un tapete de entrada para pisotear? Sabía que había una verdad que no había querido confrontar, que incluso con su última reafirmación, no estaba segura sobre lo que él quería en este matrimonio. Primero, ella no hubiera elegido el matrimonio en ese momento, pero reconocía que él había sido criado para ver las cosas de manera diferente en una relación.

Lo amaba, sincera y honestamente, pero había cosas de él que no sabía y que no había querido saber.

–¿A dónde vas? Durante el día, ¿a dónde vas?

Él estaba sentado en el sofá leyendo El Profeta. Se había quitado los zapatos y eso siempre era una vista estimulante para ella, verlo informal. Eso le daba un poco de crédito a la idea de que él era suyo. Él se encogió de hombros.

–A diferentes lugares, ¿por qué preguntas?

–Porque no sé.

–No hay nada que saber –él la miró por un momento e hizo el periódico a un lado; se puso de pie y caminó hacia ella–. ¿Qué pasa por tu cabeza? –preguntó y la tomó por las caderas–. Veo que aquí pasa algo.

–Es que hay cosas que no sé sobre ti.

–¿Y por qué necesitas saber? ¿No confías en mí?

–Claro que sí –él puso la mano en el costado de su cara y ella sintió su calidez. La tranquilizaba, el contacto con él siempre tenía ese efecto–. Es que hay cosas que no sabemos el uno del otro.

–No soy un perro faldero, no vas a saber dónde estoy cada minuto del día. Tienes que confiar en mí o vas pasar un muy mal rato.

–Lo sé –dijo ella–. Pero hay cosas de las que necesitamos hablar.

Él suspiró. –¿Cómo qué?

–¿Cómo nos ves funcionando cuando nos casemos?

–No entiendo –dijo él y la miró a los ojos. Se recargó en la orilla de la mesa todavía sosteniéndola frente a él.

–¿Seguiremos así cuando estemos casados? –era una pregunta que había estado evitando desde el momento en que él puso sobre la mesa la idea de un futuro permanente entre ellos.

–Claro que no, las cosas necesitan cambiar. Seremos marido y mujer, eso cambia las cosas.

–¿Cómo…? –dijo ella conteniendo el aliento.

–Para empezar, viviremos en la mansión –a Hermione se le cortó la respiración–. Ya sé que te preocupan mis padres, pero lo superarás. Serás mi esposa y como tal te respetarán –Hermione no estaba segura de que el respeto fuera un fundamento real de la sociedad de sangre limpia, parecía que la insolencia era una característica que los definía mejor. No se atrevía a pensar que involucraría eso en el contexto de Lucius y Narcissa Malfoy. Sonaba como a una presión constante.

–¿Por qué no podemos vivir aquí?

–¿Aquí? No, este no es un lugar apropiado –la estudió con atención–. Hermione, yo nací, viviré y moriré en la Mansión Malfoy, como lo harán mis hijos –no había lugar para negociaciones en su declaración. Él la acercó más, pero ella trataba de procesar las implicaciones. Había asumido que vivirían por su cuenta, tal vez en un departamento más grande. En realidad no había pensado en los hijos, era algo en un futuro distante. Aunque ella sabía que los de sangre limpia eran diferentes, tenían hijos pronto. Empezaba a entender que las expectativas de él estaban alineadas con eso.

–Te acostumbrarás a eso. Hay espacio suficiente en la mansión para que hagas lo que tú quieras.

–¿Qué hay del trabajo? –esta era una pregunta que había yacido en su subconsciente por largo tiempo, apenas se había percatado.

–Serás una esposa, tendrás hijos que cuidar. Necesitarán tu atención y tomarán tu tiempo. El trabajo en realidad no es…aceptable. Puedes hacer lo que quieras, investigar, leer, sólo que será en casa.

–Estoy acostumbrada a ser un poco más independiente –dijo ella alejándose de él. La idea de tener que dejar su trabajo no era algo que siquiera pudiera empezar a procesar en ese momento. Tendría grandes implicaciones en cómo veía su futuro e identidad. Él se cruzó de brazos y la observó.

–La independencia no es en realidad la idea del matrimonio.

–Tal vez vemos diferente el matrimonio.

–Tal vez los muggles, pero tú no eres muggle, eres una bruja que se casa con un mago. Como ha sucedido desde muchos siglos atrás. Eso viene con ciertas expectativas, incluyendo que te tomes el matrimonio en serio.

–No es un asunto de seriedad.

–Suena a que sí –él se estaba molestando. Ella se dio cuenta que él no entendía de dónde provenía su preocupación.

–Ya sabes que vengo de un ambiente muy diferente, uno que es mucho menos tradicional.

–Bueno, vives en esta sociedad. Es lo que es, y nosotros sí tomamos nuestros matrimonios muy en serio.

–¿Cómo Theo? –lo desafió ella; se arrepintió el momento en que lo dijo.

–Ya te dije que no es así como yo veo las cosas. ¿Por qué sigues insistiendo con eso?

–Porque necesito entender cómo voy a vivir el resto de mi vida –dijo tratando de hacerse entender.

–Conmigo –dijo él–. Pensé que eso estaba claro. O quieres ser mi esposa o no. Me suena a que estás tratando de decidir que no quieres.

–No –dijo ella–. No estoy haciendo eso, sólo quiero saber qué esperar. No quiero hacer esto y luego sorprenderme. Quiero saber exactamente en qué me estoy metiendo.

Él no se apaciguó. Podía verlo en la expresión de su cara. Estaba enojado e incluso herido.

–Si tienes problemas de confianza, necesitas trabajar en ellos. Yo no he hecho nada para ganarme tu desconfianza. En lo que llevamos juntos, nunca te he tratado más que respetuosa y honorablemente. Si crees que voy a cambiar y a hacer lo que hizo Theo, entonces mejor aquí dejamos todo.

–Eso no es lo que estoy diciendo –imploró ella; sabía que él no sería receptivo como para ver su punto de vista en este momento–. No es lo que pienso y sé que represento más que eso para ti.

–Entonces estás tratando de entender qué represento para ti –dijo él. De la manera más brutal, él tenía razón. Ella estaba tratando de decidir qué representaría estar con él.

–Para mí, tú representas el mundo –dijo ella; él se ablandó un poco–. Sólo estoy tratando de entender el mundo.

–Deja de preocuparte, todo va a estar bien –dijo él–. Te preocupas demasiado. No hay sorpresas desagradables, es sólo matrimonio, la gente lo hace todo el tiempo. Entiendo que te sientas un poco aprensiva, es una decisión para toda la vida, pero no te preocupes, nos amamos y eso es lo más importante.

La besó y ella lo permitió. Parte de ella estaba muy aliviada que esta conversación hubiera terminado, parecía haber ido mal muy rápidamente. No había pretendido hacerlo pensar que ella no lo quería, porque no había nada más lejos de la realidad. Ella lo quería tanto que le dolía. Pero él tenía un precio, uno que se había negado rotundamente a explorar, hasta ahora.

Justo en este momento, se sentía maravilloso estar en sus brazos y besarlo. Ese pequeño momento en que la idea de perderlo surgió había dolido y ella lo acercó un poco más por eso, pero también sabía que más tarde, reflexionaría sobre lo que él había dicho sobre su vida juntos porque él tenía expectativas y eran diferentes a las de ella. Había tenido la esperanza de que fuera distinto, pero había sabido que estaba ahí bajo la superficie.

También sabía que el precio era mucho más alto de lo que esperaba.


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