Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Hermione llegó a las afueras de la Mansión Malfoy. Colocó su mano en la fría piedra del portal y suspiró. No quería estar ahí y había sentido pavor de este día desde que Draco lo había mencionado. No era como si esta fuera una reunión particularmente especial; era sólo que incluía a algunas de sus personas favoritas en todo el mundo.
Debía tocar a la puerta en lugar de estar ahí parada afuera en el porche como si no pudiera descubrir como entrar. En realidad ese no era el problema; era descubrir una manera de salir lo que preocupaba a su mente. La cuestión no era si el día iba a salir bien; la cuestión era que tan horrible iba a ser.
Draco realmente no la comprendía, sólo seguía diciendo que ella estaría bien y que sólo era un día con las mujeres. ¿Sería que en realidad no sabía lo desagradables que podían llegar a ser las mujeres Slytherins?, se preguntó. Quizá sólo porque se trataba de su madre no lo sabía. Él sabía que Pansy era "extravagante", pero siempre insistía que sus intenciones eran buenas. ¿Exactamente en qué engañoso sentido?, había preguntado ella en una ocasión.
La puerta se abrió y su momento de postergar todo el horrible día había terminado.
–Señorita Granger –dijo Narcissa Malfoy detrás de la gran puerta lacada en negro–. Veo que llegó.
Hermione se preguntó si la mujer esperaba que no llegara. Quizá no entendía que tan incisivo y persistente podía ser su hijo.
–Me alegra tanto que pudiera acompañarnos hoy –el tono y la expresión de la mujer rubia no correspondía con sus palabras; quizá ella temía tanto esto como la misma Hermione. Ese pensamiento en verdad la hizo sentir mejor–. Por favor acompáñeme al salón –"Que palabra tan anticuada", pensó Hermione cuando entró en una estancia que podría haberse construido antes que se acuñara la palabra. Había seis mujeres ahí.
–Esta es Syllestine, Agora, Horetensia, Myrrah, Gelsy y, desde luego, ya conoces a Pansy –Narcissa tomó asiento en una lujosa silla cerca de donde estaba el juego de té. Había un asiento adicional para ella, junto a Pansy. Narcissa dijo los nombres tan rápido que Hermione en realidad no captó quien era quien, excepto Pansy, no confundiría a Pansy.
–Por supuesto –dijo Hermione con la más grande sonrisa que pudo esbozar.
–Frecuentamos los mismos círculos –dijo Pansy. Hermione notó que se había asegurado de comunicar que su relación era al mismo tiempo distante y por casualidad, lo cual estaba bien para Hermione.
–Hermione fue criada por muggles –dijo Narcissa.
–Oh –dijo una de las otras mujeres–, que extraordinario –"En realidad no", pensó Hermione mientras la mujer la veía de arriba a abajo. Quizá buscaba señales obvias de muggles. Hermione no se había percatado que esto no era del conocimiento de todos. ¿Acaso los Malfoy estarían guardando ese hecho en secreto? Si era así, ¿por qué anunciarlo ahora? Probablemente porque no podían confiar en que ella no lo delataría.
–¿Y está comprometida con Draco? Que extraordinario –repitió la mujer.
–Parecía que Draco nunca iba a sentar cabeza, al estar tan cómodo en sus hábitos de soltero –dijo otra de las mujeres. Hermione podía adivinar que la mujer sospechaba que ella estaba embarazada. Hermione se limitó a sonreír e internamente maldijo su mala fortuna y lo que podría haber hecho en una vida pasada para merecer esto.
–Ella trabaja –dijo Pansy poniendo mucho énfasis en las palabras. Hermione se volvió a la chica sentada junto a ella, agradeciéndole en silencio por haberla empujado bajo el autobús, pero en serio, ¿qué podía esperar? Era Pansy y probablemente ordeñaría todo lo que sabía de ella y sus desagradables conexiones.
–¿No eres amiga de Harry Potter? –preguntó otra de las damas.
–Sí –respondió Pansy antes de que Hermione tuviera oportunidad–, ella es la cerebrito del trio –obviamente Pansy amaba soltar esos detallitos cuando podía. Hoy iba vestida de negro con adornos en blanco, su ridículamente liso y brillante cabello acariciaba sus esbeltos hombros. Su lápiz labial era de un rojo intenso con aspecto líquido. De hecho, todas las mujeres estaban más arregladas de lo que la hora requería. Hermione no sabía eso, así que no se había puesto nada especial. También se preguntó por qué Draco no lo había señalado. Normalmente a él parecía preocuparle mucho que ella vistiera de forma apropiada.
–En todo caso, los niños serán inteligentes, supongo –dijo una morena y luego desvió su atención de Hermione–. ¿Oyeron lo de los Slouhugh? Escuché que el ministerio ha registrado su casa prácticamente cada semana. Debe estar sucediendo algo sospechoso. Tiene algo que ver con esa nueva ley de objetos ilegales.
–Para ser exactos es una ley de encantamientos ilegales –dijo Hermione y el salón quedó en completo silencio. Había dicho algo malo, pero no estaba segura del porqué. Todas la miraron fijamente y luego volvieron a su conversación.
–Marcella ha huido a Francia, según entiendo.
–Pobrecita. Ser acosada de esa forma.
–Fue espantoso cuando estuvieron aquí –confirmó Narcissa–. No tenían modales y esparcieron lodo por toda la casa –Hermione estaba muy segura que eso era una exageración. ¿Por qué estarían llenos de lodo los aurores? Y si por alguna razón así hubiera sido, no habría sido algo con lo que Narcissa hubiera tenido que lidiar.
–Esas cosas se usan para actividades ilegales –dijo Hermione sin poder mantenerse alejada y no podía dejar que la razón por la cual se hacían esas cosas fuera completamente pasada por alto.
–Querida, no somos criminales, pero algunas de las cosas que confiscan son reliquias de familia.
–Aún representan un riesgo –dijo Hermione.
–Tonterías, tal vez se fabricaron en tiempos pasados cuando las cosas eran diferentes y cosas así eran más aceptables, pero son nuestra historia. Pedirnos que entreguemos cosas que representan las tradiciones y herencia de nuestro pasado es inconcebible.
Hermione sabía que no la iban a escuchar. Si había algo para lo que se podía confiar en ellos era en apegarse a sus tradiciones.
–Es muy animosa, ¿no? –dijo una de las mujeres.
–Trabaja con leyes –dijo Pansy girando los ojos–, si le das cuerda, hablará por horas de algo completamente intrascendente.
Hermione se volvió a Pansy de nuevo con una sonrisa severa. –Eso se basa en nuestras muchas y profundas conversaciones legales –Hermione trató de señalarle la desfachatez de haber dicho algo de lo que no sabía nada. No era como que hubiera tenido ninguna conversación con Pansy que ni remotamente tuviera significado.
–¿Té? –dijo Pansy con una dulce sonrisa. Hermione quiso golpearla. No confiaba en Pansy para que le sirviera té, quien sabe que le pondría sólo para su propia diversión.
–Entonces, ¿cuándo es la boda? –una de las mujeres le preguntó a Hermione. La mujer la miraba atentamente y Hermione no tenía una respuesta. En realidad no habían discutido sobre la boda.
–Será a principios del próximo año –dijo Narcissa–, en enero. –Hermione se quedó boquiabierta. Ella no había estado al tanto de esa conversación y ya habían fijado la fecha, y toda esta gente se había enterado al mismo tiempo que ella. Iba a matar a Draco en cuanto llegara a casa. Trató de ocultar su furia, sabía que Pansy observaba todo lo que hacía.
–Estaremos invitadas, ¿verdad?
–Desde luego –dijo Narcissa–, será algo reservado pero estético.
–Asumo que ella usará tu vestido de novia. Es el vestido más hermoso. Recuerdo el día que lo usaste.
–No veo por qué no –sonrió Narcissa–, todas las novias Malfoy lo han usado. –En la mente de Hermione se formó una imagen de un viejo vestido mugriento lleno de agujeros, y que la única razón por la que se mantenía unido era porque todas las alimañas en él estaban tomadas de las manos.
–Veamos si le queda –dijo emocionada la morena.
–¿Crees que debamos? –dijo una de las otras.
–Por supuesto ella es más grande de lo que yo era, puede que no le quede –dijo Narcissa–. Necesitará ajustes –tocó una campanilla y esperó a que apareciera uno de los elfos–. Trae mi vestido de novia.
Hermione se horrorizó. Estas mujeres iban a jugar a disfrazarla como si fuera una muñeca y no había nada que pudiera hacer al respecto. Se esperaba que obedeciera y que fuera modesta, reservada y que aceptara las cosas que los mayores le hacían. También pudo ver la diversión en los ojos de Pansy, pero Hermione estaba muy molesta como para preocuparse de Pansy en ese momento. Más le preocupaba el darse cuenta que ahora estaba a merced de Narcissa, y cuando viviera en esa casa, tendría que seguir las órdenes de Narcisssa, señora Malfoy y señora de la mansión. Cuando Narcissa muriera, el título recaería sobre Hermione con todo y las responsabilidades de mantener la tradición, el buen gusto y el honor de la familia.
Hermione vio su vida pasar delante de ella. Agobiada, denigrada y confinada a esa casa, para siempre.
Un par de elfos aparecieron cargando un vestido blanco, cuidando de no dejar que ninguna parte tocara el piso. Era de seda con una gran cantidad de decoraciones por todo el vestido.
–Póntelo, niña –dijo una de las mujeres haciendo un ademán apurándola. Pansy no se veía complacida ahora, notó Hermione. El único lado bueno de todo ese mortificante asunto–. Los elfos te ayudarán.
Regresaron cargando un biombo, que se veía muy pesado para sus pequeños cuerpos.
–Venga, señorita –dijo uno de los elfos. Hermione no supo qué hacer, pero el elfo la jalaba de la mano. Empezaron a desvestirla antes de que supiera qué estaba pasando y le empujaban el vestido por encima de la cabeza. Sí le cerró y estaba muy apretado. Hermione apenas y podía respirar. Los elfos se llevaron el biombo.
–Oh es un vestido precioso –dijo alguien.
–Es una chica muy rolliza, ¿no?
–Esas cuentas son diamantes ¿cierto?
–Y ópalos –dijo Narcissa–. Los Malfoy tuvieron una mina de ópalos en algún momento.
–¿En serio? No sabía.
–Ya no, es una pena, adoro los ópalos.
Hermione seguía sin poder respirar. El vestido no estaba tan apretado, pero ella sentía que se estaba sofocando. El corazón se le aceleró y tuvo una increíble sensación de pavor.
–Y perlas.
–No puedo –dijo Hermione tratado de respirar, tratando de controlarse–, no puedo hacer esto. –Salió corriendo del salón, no estaba segura de a dónde iba, sólo necesitaba aire. Corrió ciega de pánico, pero terminó en una puerta que se abrió. Tuvo una sensación de alivio cuando llegó afuera, pero su corazón aún latía a alta velocidad. No tenía idea de a dónde iba o de qué huía exactamente.
Colapsó en el césped, dejando que la sensación del mismo bajo sus dedos la confortara. Estaba en un jardín y era agradable y tranquilo. El sol brillaba, los pájaros trinaban. Lo normal.
Escuchó la grava crujir detrás de ella. Los pasos se detuvieron justo a su espalda. Hermione no tenía idea de quien era, pero era alguien que llevaba tacones.
–Te lo dije –dijo Pansy–. No me escuchaste y ahora te has metido en un lío.
Hermione no podía hablar; no confiaba en su voz aun si tuviera algo que decir.
–Tal vez me creas ahora cuando te diga que no perteneces aquí.
–¿Quién eres para decir eso? –la desafió Hermione, aunque sabía que era verdad en todos los sentidos posibles, y lo más importante era que no quería pertenecer.
–No te rindes ¿verdad? Incluso cuando lo tienes en las narices. Pero luego, yo sería la que no huiría en el vestido de novia de alguien más. De verdad estás loca, Granger.
Hermione apretó los dientes. Dios, odiaba a Pansy. Odiaba a Narcissa y a cada una de esas horribles mujeres de ahí. Justo en lo que se convertiría si se quedaba y vivía en ese ambiente año tras año.
–Vas a manchar de césped eso –dijo Pansy antes de darse la vuelta y alejarse.
Hermione no sabía qué hacer. Ni siquiera tenía su ropa o su varita, las cuales estaban en la mansión. Todavía no estaba lista para regresar ahí. Sólo quería acostarse y cerrar los ojos, disfrutar del sol y olvidarse absolutamente de todo. No era como si pudiera ya que, como Pansy había señalado de manera tan amable, no podía manchar más de jodido césped ese jodido vestido.
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