Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione llegó a casa poco después de su frenética huida de la Mansión Malfoy. Tuvo que calmarse, regresar a la mansión y limpiar el vestido. Se sintió un poco mejor una vez que se hubo quitado el vestido de Narcissa Malfoy. Se fue a casa de inmediato después de regresarlo. Narcissa Malfoy le lanzaba miradas, pero a Hermione no le importó. No se molestó en tratar de averiguar cualquiera que fuera la opinión que la mujer mayor le trataba de comunicar. La verdad era que le importaba un comino lo que pensara Narcissa Malfoy.

No estuvo mucho tiempo en casa antes que Draco apareciera. Tenía un profundo y persistente dolor de cabeza que trataba en vano de desaparecer masajeándose. Estaba sentada en el sofá esperándolo, sabiendo que no tardaría y que debían hablar.

–¿Qué pasa? Mi madre me dijo que empezaste a comportarte extraño y que saliste corriendo melodramáticamente con su vestido de novia puesto.

La idea de que Narcissa Malfoy se hubiera referido a su escape como melodramático molestó a Hermione. Narcissa podía pensar que las chicas se comportaban de esa manera, pero no había nada de melodramático en ello, era solamente dramático. Quizá una crisis de conciencia.

–Yo… –empezó ella, pero no supo cómo expresarlo–. Me sentí un poco abrumada.

Draco caminaba de un lado a otro en la estancia.

–¿Por el vestido?

–No –dijo Hermione exasperada–, no me importa la boda, sino lo que viene después. Tampoco estoy diciendo que me entusiasme particularmente una enorme boda de sociedad.

–No sé qué debo pensar. Dices que me amas, pero no quieres estar casada conmigo.

–No es eso –se defendió Hermione.

–Te amo, nunca he amado a nadie, sólo a ti, ¿qué?, ¿no confías en eso?

–No eres tú, son todos los demás. No soy parte de tu sociedad y es tan restrictiva que me sofoca. Yo no crecí con todas esas reglas y no crecí con la completa falta de expectativas además de convertirme en la esposa de alguien.

Draco guardaba silencio; miraba al piso.

–Lo dices como si hubiera algo de malo en ello. ¿Crees que ser esposa y madre representa una completa falta de ambición? ¿Qué te han dicho tus padres? Parece que algo salió totalmente mal con las expectativas con las que fuiste educada. No entiendo cómo puedes decir eso, la familia es lo único que importa.

–No dije eso, estás malinterpretando mis palabras.

–Eso espero, porque todo lo que oigo es que no confías en mí lo suficiente como para que cuide de ti.

Sabía que él no entendería sus recelos.

–No soy Theo, si eso es lo que piensas.

–No pienso eso –dijo ella; no estaba dando a entender lo que quería. No pensaba que él fuera como Theo. No estaría ahí si pensara eso.

–No dudo de ti o que me ames –dijo ella–. Sólo que me cuesta la idea de encajar en la sociedad de sangre limpia. No sé si pueda manejar todas esas expectativas. No sé si quiero vivir así.

–No podemos vivir en un capullo –dijo él. Guardó silencio por un rato.

–Cuando me case contigo –dijo ella con cuidado–, me estaré casando con todos ellos también. Me casaré con tu familia y toda la sociedad de sangre limpia.

Draco resopló y desvió la mirada. –Soy un mago y soy de sangre limpia; siempre has sabido lo que soy. No puedo vivir de otra manera. No puedo ser un muggle. Mi familia es de sangre limpia y es el modo de vida para los magos desde que hay registros. No entiendo qué es lo quieres de mí.

Se frotó la cabeza un poco más. La verdad es que no lo sabía con exactitud. Todo lo que había pretendido en un una pareja era alguien que la amara y ya tenía eso. Sólo era todo el equipaje que venía con él. Ella no esperaba que su pareja viviera en la sociedad muggle, porque probablemente eso fuera demasiado hasta para el mago más condescendiente. Quizá ella quería a alguien que estuviera más en la periferia de la sociedad mágica como los Weasleys. O alguien con más valores Gryffindor, tal vez incluso valores Ravenclaw, aun cuando estaban más alineados con la alta sociedad Slytherin que todas las otras casas. Draco era un Slytherin y siempre lo sería.

–Tenemos diferencias abismales. Venimos de ambientes completamente diferentes.

–Sigue diciendo eso, luchaste tan duro para convencer a todos que eres una bruja, pero cuando importa de verdad rehúyes de nuestra sociedad. Por cosas que no significan nada. Lo único que importa somos tú y yo. ¿Por qué no puedes concentrarte en mí? Me doy cuenta que venimos de sitios diferentes, pero si nos concentramos el uno en el otro, nada más importa, pero tú sigues distrayéndote.

–Sí importa; esas cosas impactarán como viviremos.

–Entonces te importa más tu estilo de vida que la persona con la que estás.

–¡No! –dijo ella.

–Necesitas decidir qué es lo que quieres –dijo él–. Avísame cuando lo hagas –se dio la vuelta y salió por la puerta. Hermione gruñó frustrada mientras lo miraba irse. Ella traba de pensar que no era acerca de él, pero en parte sí lo era. Él era un Slytherin y tenía valores profundamente diferentes. Quizá no de raíz, pero sí para lo demás. Sabía que él esperaba que dejara de trabajar y sabía que él sentía que no podía ser una buena madre y trabajar al mismo tiempo. Podría tratar de argumentar, pero todas las madres que él conocía se quedaban en casa criando a sus hijos. Cualquier madre que trabajaba lo hacía por desesperación y pobreza, a expensas del bienestar de sus hijos. Sabía que podría insistir en el asunto, pero probablemente él lo resentiría, oponiéndose a la idea a la menor provocación. Eso sin mencionar que toda la sociedad mágica la etiquetaría como una mala madre.

El núcleo del problema era que ella no quería ser el tipo de esposa que él quería. Podía hacer que él hiciera concesiones, pero sólo hasta cierto punto. Si él hubiera escogido a cualquiera que no fuera ella, no tendría que hacerlo. La sociedad muggle le decía que ella tenía el derecho a esperar concesiones, también tenía el derecho a no esperarlo si así lo elegía. La sociedad mágica no hacía concesiones. Ni siquiera los Weasley aceptarían el estilo de vida al que estaba acostumbrada si se casaba con alguien de la familia. Aún se esperaría que se quedara en casa con los niños.

En realidad trabajar no era el problema, era más bien el papel prescrito para las mujeres, no trabajar era parte de ese papel. Draco podía pensar que la relación entre ellos vencería cualquier cosa, y tenía razón en un sentido, pero su familia y sus amigos eran parte de él. Si se casaba con él, ellos estarían ahí, como una parte de su vida, día tras día. Apartarlo de eso y llevárselo para que viviera una vida diferente sin nada de lo que conocía y amaba, era poco realista. Lo amaba a él y odiaba todo a su alrededor.

Él también tenía razón en otra cosa. Ella había insistido mucho en que era una bruja y que pertenecía a esta sociedad. Ahora decía lo contrario. Ella era la recién llegada y él era del orden establecido. La sociedad mágica siempre había esperado que ella se adecuara, y no era diferente ahora.

No sabía qué hacer. No veía una solución aquí. Repasó cada escenario en su cabeza, pero no había solución. Draco era la versión más extrema, pero era prácticamente lo mismo sin importar con que mago se casara.

Le mandó un mensaje a Harry pidiéndole que viniera. Su mente se movía en círculos y no llegaba a ningún lado. Si alguien la entendería, sería Harry. Él entendía de donde venía y cuales eran sus recelos tal vez mejor que nadie.

Él llegó de inmediato y Hermione lo guió a la cocina donde preparó té para ambos.

–¿Qué pasa Mione? Tu nota decía que estabas preocupada.

No eran las palabras que había usado, pero casi.

–¿Es Malfoy? ¿Qué hizo?

Hermione suspiró. Odiaba que lo primero que Harry asumía era que Draco le había hecho algo. Harry aceptaba a Draco más que Ron, pero si algo pasaba, rápidamente volvía a su anterior modo de pensar.

–Me pidió que me casara con él –dijo Hermione.

–Ya sé, me lo dijiste.

–Me está costando un poco. Él es de sangre limpia y quiero decir un verdadero sangre limpia, hasta la médula.

–Siempre lo ha sido –dijo Harry, eso no la hizo sentir mejor.

–Si me caso con él, necesitaré amoldarme a su vida.

Harry dio un sorbo de su té.

–Sí –dijo él finalmente. Hermione había esperado que dijera algo más, pero él sólo confirmó su propio miedo. Ella quería que él le dijera alguna concesión que se pudiera hacer, algo que hiciera ligeramente factible lo imposible.

–No sé si puedo vivir así.

Harry sólo la miró. Luego alzó su mano y le frotó la espalda.

–Entonces ya sabes qué tienes que hacer –ella se encogió de dolor ante la idea. Terminar con él le parecía muy extremo y no quería perderlo.

–Lo amo –dijo exasperada. Por mucho que odiara a la sociedad que lo rodeaba, sólo pensar vivir sin él era horrible.

–No envidio tu posición –dijo él–. ¿Por qué tuviste que elegir un Slytherin?

–No lo elegí, sólo sucedió.

–Lo siento Mione, estás en un verdadero lío –dijo con una sonrisa solidaria–. Vas a tener que elegir. Malo si lo haces, malo si no lo haces.

Estaba impresionada que Harry aceptara su amor por Draco sin cuestionarlo o cuestionar su cordura. Ron negaría la verdad de esas dos cosas. Harry sólo lo aceptaba y seguía con su vida. Sólo seguía la corriente y era mucho mejor que ella para hacerlo. Sólo aceptaba lo que fuera que Ginny necesitara de él, sin cuestionar nada.

–Si me quedo con Draco, llevaré una vida llena de concesiones. Más de mi parte que de la suya, lo más seguro. Y tú también tendrás que convivir con él –lo estaba empujando un poco a que rechazara la idea, quizá así le daría otra razón por la cual ella debería alejarse de esta relación.

–Lo sé.

Le rompería por completo el corazón alejarse de él y más sabiendo el dolor que le causaría a él. Él no había hecho nada malo en términos de cómo debía ser. Simplemente no estaba segura de que el amor fuera suficiente. Odiaría visualizar un futuro en que los dos estuvieran resentidos el uno con el otro. Por otro lado, se sentiría miserable si lo dejaba. Quizá nunca lo superaría, terminaría viviendo con el remordimiento de haberlo dejado.

–Esto apesta –dijo ella. Él le sobó la espalda un poco más y ella puso la cara en las manos sobre la barra de la cocina.

–Ojalá hubiera algo que pudiera decir que hiciera esto más fácil, pero no lo hay.

–De cualquier manera yo tengo que hacer grandes concesiones. Y hay mucho riesgo también.

–Las relaciones siempre son riesgosas. Te engañas a ti misma si buscas algo garantizado.

–¿Qué voy a hacer? –necesitaba pensar, pero no llegaba a ningún lado. Todavía esperaba que alguna solución se le presentara sola, que apareciera en su mente y que hiciera que todo estuviera bien.


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