Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione no vio a Draco por un tiempo; de hecho desde que habían tenido esa…pelea. No había sido realmente una pelea, era mucho más profundo que eso. Él le había dicho que se decidiera y le avisara cuando lo hiciera. El problema era que la situación no se volvía más fácil. No se habían presentado soluciones claras. Draco creía firmemente que el amor era suficiente y que el problema era que ella no confiaba lo suficiente en él.

No era que no confiara en él; sólo que no confiaba en todos los que lo rodeaban. Aunque una vez dicho eso, supo que era la excusa que usaba cualquier novio irracionalmente celoso. En el fondo, esto no tenía que ver con Draco; tenía que ver con ella y lo que quería en su vida. Draco era lo que era, y él estaba bien, lo sabía cuando empezó con él. Él nunca lo había escondido ni la había engañado de ninguna forma. A ella le gustaba, sólo que no le gustaba lo que era, pero ambas cosas eran parte integral de él y no podía aceptar una sin la otra, no funcionaría y no sería justo.

–Ha pasado un tiempo desde la última vez que almorzamos –dijo Ginny–. Has estado en noviolandia por un tiempo –dijo Ginny cuando se unió a Hermione en una cabina del Caldero Chorreante. Hermione asimiló la crítica, era verdad, había estado tan envuelta en Draco últimamente, no había visto mucho a Ginny.

–Lo siento –dijo Hermione–. Tienes razón, perdí un poco la perspectiva.

–Por lo que Harry me dice, es más que un poco.

Hermione esperó que Ginny no se hubiera enojado porque había llamado a Harry cuando tuvo su colapso la semana anterior, pero siempre era Harry cuando estaba en problemas.

–Como que las cosas llegaron a un punto decisivo.

–Debiste haberlo visto venir –dijo Ginny–. No es algo que salió de la nada. Ustedes son fundamentalmente incompatibles. –Aunque pensándolo bien, quizá Ginny estaba enojada.

–No somos incompatibles –se defendió Hermione–. Tal vez algunas de nuestras expectativas son un poco diferentes, sólo que no lo había querido enfrentar, supongo. –Hermione se desanimó y bajó la vista a la taza de té que había ordenado. Era la hora de la comida pero no tenía hambre, últimamente rara vez tenía. No era estúpida, se forzaba a comer, sólo que no quería hacerlo ahí.

–¿Qué vas a hacer? –preguntó Ginny un poco más tierna.

–No lo sé –dijo Hermione; agitó el té y puso la cuchara cuidadosamente en la mesa junto a la taza–. Yo soy la que tiene que hacer todos los sacrificios –dejó escapar después de un momento–. Yo soy la que tiene que aceptar su estilo de vida, abandonar el mío y aguantar a sus dementes amigos, por no mencionar a su familia –todo fluyó y Hermione sintió el enojo en todas sus palabras.

Ginny no dijo nada. –¿Sí sabes que él no es capaz de otra cosa? Así es como fue criado y como vivirá. Nunca aceptará el mundo muggle.

–Pero yo tengo que aceptar su mundo. Es totalmente horrible. Su madre, no me hagas empezar… ¿Sabes que él pretende que yo no trabaje?

–Es una actitud común en esta sociedad, especialmente entre los de sangre limpia. Son muy tradicionales en eso. Son tradicionales, punto.

–Tú podrías trabajar si quisieras –dijo Hermione.

–Sí, pero yo me casé con Harry, y honestamente no voy a trabajar. Además, ¿por qué querrías trabajar?

Hermione no tenía una respuesta lista para eso, sólo era algo que se esperaba de ella. Por supuesto que las mujeres trabajaban, así es el mundo. –Para participar equitativamente en la sociedad –dijo al fin–. Para ser una persona independiente. –Hermione dejó de hablar porque lo que dijera terminaba siendo una observación sobre la elección de Ginny de no trabajar y quedarse en casa con sus hijos. Ella no pretendía sugerir que Ginny no era un miembro participativo de la sociedad o una persona por derecho propio, aunque en efecto estaba diciendo exactamente eso. Quizá una parte de ella pensaba eso también. No estaba orgullosa de ello, pero así había sido criada–. Debería de ser una opción para aquellas que la quieran –esta conversación era incómoda y Hermione empezó a lamentar haber invitado a Ginny. Esta cisma entre ella y Draco, era más que eso, era entre ella y la sociedad mágica, y en el proceso dejaba ver las diferencias entre ella y Ginny.

–¿Lo amas?

–Claro que sí –dijo lacónicamente. Empezaba a molestarle que todos le preguntaran eso. Sólo deseaba que todo desapareciera. Cerró los ojos. Quería acostarse en alguna playa con arena y no pensar para nada en esto.

–Lo siento –dijo Ginny con actitud de apoyo–. Sé que no entiendo por completo las opciones que enfrentas. No sé qué decir. Fue toda una conmoción cuando Draco y tú se juntaron debido al pasado y a todo lo de la escuela, pero en realidad ustedes parecen adecuados el uno para el otro, aunque suene demente. Sé que sus amigos son unos completos cretinos, pero también nos tienes a nosotros. No tienes que pasar todo el tiempo con ellos, nos tienes a nosotros y me tienes a mí.

–Excepto que nadie espera que tú vivas con Lucius y Narcissa Malfoy.

–Sí bueno, también está eso. Pensándolo bien, bótalo.

Realmente Ginny la hizo reír. Extrañaba reírse; se sentía como si hubiera pasado mucho tiempo. Contradecía la seria elección que en realidad debía hacer, pero por ahora sólo necesitaba reír. Hermione se percató que necesitaba pasar más tiempo con sus amigos, había estado muy atrapada en el mundo de Draco. Necesitaba volver a balancear su vida, sólo que no sabía hasta qué grado.

Lo extrañaba. Sus cosas todavía estaban por todo el pequeño departamento y olían a él. El olor la calmaba y lo extrañaba aún más. Los pensamientos sobre su decisión cambiaban todos los días. Algunos días, iba a superarlo y a vivir la clase de vida que sus padres querían que viviera, se casaría con algún agradable doctor muggle, trabajaría y triunfaría en la vida moderna. Sería fuerte. Otros días, no podía imaginar no ver de nuevo a Draco. Se sentiría como cortarse una de sus propias extremidades. El espacio en su cama parecía frío y vacío. Su ausencia le retorcía las entrañas.

Ahora ir a trabajar era un alivio. Los fines de semana eran horrendos y solitarios. En realidad rezaba para que llegara la mañana del lunes. Entonces podía sumergirse en el trabajo y no sentirse tan horrible por un instante.

–Hola –dijo una voz desde la puerta de su oficina mientras ella analizaba los resultados de una importante reunión con su homólogo francés. Alzó la mirada para ver a Blaise. Una cara que no esperaba ver. Abrió la boca para decir algo, pero luego cambió de opinión–. ¿Cómo estás? Vengo de una reunión con algunos miembros del Wizengamot y mataría por una taza de té. Por favor acompáñame.

–De verdad tengo que…

–Por favor –dijo otra vez con tal rotundidad que sugería que no aceptaría un no como respuesta. También languidecía por noticias sobre Draco y el único enlace real con él en este momento estaba parado frente a ella con su elegante traje de rayas. Hermione notó cuan atractivo era, había olvidado como la habían sacudido su atractivo y su impecable vestimenta. Eso fue antes que se diera cuenta que había verdaderos defectos bajo la superficie.

–Seguro –dijo finalmente y se encaminaron a un salón de té cerca del atrio principal. Hermione en realidad no iba ahí, era muy estirado para su gusto y se contuvo de voltear los ojos cuando una chica vestida elegantemente les proporcionó un servicio de té de plata poco después de que se sentaron. Incluso tomar una taza de té debía ser un espectáculo para los Slytherin y no les importaba pagar por la espectacularidad. La definición de exclusividad era que algo estaba fuera del alcance de la mayoría. El té nunca era sólo té, una de las cosas que la irritaban sobre ellos, añadió a su lista mental.

–¿Cómo te va? –dijo Blaise mostrando preocupación en la mirada. Él era muy buen actor, pero estaba muy segura que no era sincero. De hecho, no estaba del todo segura del porqué estaba él ahí, pero lo averiguaría, supuso–. Lamento escuchar que todo terminó entre tú y Malfoy.

Hermione quiso corregirlo diciendo que las cosas no habían terminado; sólo era una interrupción mientras arreglaban algunas cuestiones importantes, pero no quería discutirlo con Blaise. En primera, no confiaba en Blaise; en segunda, sospechaba que lo disfrutaría demasiado.

–Te advertí que tuvieras cuidado con él; era sólo cuestión de tiempo para que volviera a su estado normal.

–¿Y cuál es ese? –preguntó ella.

–Un vago borracho.

Hermione sintió sus cejas juntarse. –¿Está bebiendo?

–No ha parado –Blaise quitó una pelusa de sus pantalones–. En este momento anda con el grupo de europeos, viajan de una botella a otra, haciendo paradas ocasionales en algún burdel.

Sabía que él trataba de conmocionarla e indignarla. No sabía cómo se sentía al respecto. Así era cuando lo conoció, borracho casi todo el tiempo, una chica diferente en su brazo cada hora, sin más dirección y sentido que su propio entretenimiento y avivamiento. No había sido así por un tiempo, pero había caído de nuevo en eso. También sabía que era algo de lo que él quería alejarse.

–No te preocupes –continuó Blaise–. No dejaremos que se haga ningún daño. Pansy se está ocupando de él.

–Apuesto a que sí –resopló Hermione, no había querido decirlo en voz alta.

–Además, Draco es un profesional en holgazanear y buscar placer. Era sólo cuestión de tiempo para que su verdadero carácter se restableciera. Sólo puede mostrar su mejor comportamiento por un tiempo. Espero que te hayas dado cuenta que acabas de esquivar una bala ahí. ¿Cómo va el trabajo?

Hermione farfulló algo. Su desagrado por Blaise se había "restablecido" como él había dicho. Él era el mejor amigo de Draco y acababa de venir a decirle que era afortunada de haberse librado de él.

–Ya viene el Acta Constitutiva de Isherford, tenemos objeciones enérgicas para que no pase en su estado actual. Deberíamos discutirlo en una cena.

Hermione se mordió los labios. Él le estaba echando los canes y ella quería derribarlo de un golpe. Por no mencionar a Pansy que sin duda estaba aprovechándose de Draco en cualquier estado en que se encontrara. Hermione sabía que Draco estaba herido, muy profundamente, y Pansy lo sabía también. Otra cosa que ella odiaba de los Slytherin, se pateaban el uno al otro sin piedad cuando estaban decaídos.

Odiaba escuchar que Draco volvía a lo que obviamente era una conducta autodestructiva. También sabía que él había estado buscando con ella una ruta de escape de ese estilo de vida. Saber eso sólo hacía que toda esta imposible situación lo fuera aún más. "Y jodida Pansy", pensó Hermione, ¿por qué no podía sólo ir y encontrar a ese tipo sumiso y completamente jodido que en verdad la quisiera? Seguro en todo el vasto mundo habría alguien.

–¿Digamos el viernes? –dijo Blaise sacando su agenda de su bolsillo interior.


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