Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Hermione no sabía qué hacer. Ella y Draco necesitaban hablar, simplemente no podían dejar las cosas así después de todo lo que habían pasado, pero también sabía que no podía esperar ahí conteniendo el aliento hasta que Draco volviera. No, él se había ubicado fuera del país, fuera de su alcance. Y Pansy interceptaría cualquier carta que ella enviara.
Al contrario de Draco, Hermione no estaba lista para dejar ir esto, necesitaba hablar con él. A estas alturas era más que sólo una cuestión de tolerar a su madre, estaban de nuevo en la cuestión fundamental de qué significaban el uno para el otro. Él la había descartado efectivamente como a un abrigo. Aunque en su interior sabía que no era verdad. Pansy no estaría interceptando sus cartas si fuera verdad, no tendría que molestarse.
Decidió que no podían seguir así. Tendría que buscarlo. El problema era que no sabía cómo. No tenía idea de cómo encontrar la casa de una bruja del continente y no iba a ir a preguntarle a Blaise con la cola entre las patas si podía evitarlo. Bien podía imaginarse las miradas de desaprobación y las pequeñas mordaces burlas. Necesitaba preguntarle a alguien más.
–Adrian –llamó mientras aporreaba la puerta de su departamento. Debería estar en el trabajo, pero esto era más importante.
–¿Qué? –dijo él tambaleándose al abrir la puerta. Estaba envuelto en una cobija–. ¿Hermione? ¿Qué haces aquí a esta hora indecente?
–Son las cuatro de la tarde.
–¿Ah sí?
–¿Tu equipo de quidditch jugó? –preguntó; sabía que Adrian se descarriaba siempre que su equipo favorito jugaba. Él sonrió pero fue más una mueca. Hermione sospechó que su cabeza le dolía sólo de mover sus músculos faciales–. Necesito encontrar a Babette Huircroix.
–Babette –dijo Adrian con una sonrisa más amplia–. Ella está buena –el pensamiento obviamente valía el dolor.
–Oh Dios, sigues borracho –dijo y echó la cabeza hacia atrás maldiciendo en silencio; él no podría aparecerse si estaba borracho–. Te prepararé un poco de café –dijo ella y se abrió paso hacia adentro.
–Entonces, ¿te vas a casar con él? –preguntó Adrian una vez que Hermione hubo puesto una taza de café en sus manos.
–¿Acaso todo el mundo sabe nuestros asuntos?
–Sí.
Hermione suspiró. Oh, como le gustaba tener audiencia para todo lo que hacía, pero eso era parte del estilo de vida Slytherin. Eran maliciosos y crueles, pero eran unidos. Hechos para apuñalarse mejor por la espalda, supuso.
–No sé –se encogió de hombros ella–; tenemos problemas.
–¿Quién no los tiene? –dijo él y bebió el café que ella había hecho–. Esto es espantoso –dijo mirando la taza.
–Gracias.
Después de otros tres cafés y un tazón de sopa, Hermione lo tuvo listo para que los apareciera hasta Francia.
–Gracias –dijo ella cuando llegaron a las afueras de un viejo castillo francés. Era tan hermoso como una tarjeta postal, aún de noche. Si pudiera ver la campiña que los rodeaba, estaba segura que también sería espectacular. ¿Cómo era justo que algunos pudieran vivir así?
–No te preocupes, no me perdería esto por nada del mundo –dijo Adrian con una sonrisa jubilosa.
–Grandioso –dijo ella percatándose de que cualquier Slytherin aquí estaría pensando lo mismo. Se alegró que no tuvieran teléfonos celulares para poder mandar mensajes de texto a todos los ausentes para que llegaran al espectáculo de la noche. Las pequeñas indulgencias y eso.
Hermione puso un pie dentro y un elfo apareció, pero desapareció en cuanto vio a Adrian. Ella siguió a Adrian cuando entró a una gran sala decorada en estilo barroco. Antigüedades ostentosas por todas partes. Y no de las falsas, apostaría a que esta sala en verdad había sido decorada en los años 1600. Tenía ese ligero olor rancio que se asociaba con edificios y muebles muy viejos.
Todos estaba muy arreglados, lo que la hizo sobresalir en su falda azul de oficina y su gabardina beige.
–¿Qué haces aquí? –dijo Pansy caminando a zancadas hacia ella mientras le dirigía a Adrian una mirada de desaprobación.
–Creo que sabes exactamente por qué estoy aquí, Pansy.
–Sólo déjalo en paz.
–No interfieras Pansy –dijo Adrian.
–¡Vete al carajo, Adrian! –respondió Pansy.
Hermione podía ver a Draco al fondo del salón. Yacía en un diván con los ojos cerrados. Estaba vestido con su juego de túnica más fino, como si hubieran ido a la ópera o alguna otra cosa que requiriera un atuendo de altos vuelos. Pero el de él estaba deshecho. Su corbata estaba desanudada y su camisa abierta. Caminó hacia él.
–¿Draco? –dijo ella; sus ojos se abrieron lentamente y se movieron hacia los de ella. Estaba borracho, podía verlo en sus ojos. Comenzó a reír.
–¿Qué quieres? –dijo él.
–Creo que necesitamos hablar –Hermione estaba consciente que mientras el resto de la gente en el gran salón actuaba como si tuvieran otras cosas que hacer, todos ponían atención. Se sentó en el diván junto a él para que pudieran tener un poco más de privacidad–. ¿Podemos ir a hablar a algún lado?
–No estoy seguro de poder mantenerme en pie en este momento –dijo él con una sonrisa–. Además, no quiero hablar. ¿De qué hay que hablar?
–De nosotros –dijo ella.
–¿Nosotros? Quieres decir el asunto de "te pedí que te casaras conmigo y estabas indecisa". Indecisa, como si yo fuera una bolsa que no podías decidir si te quedaba bien o no. No estoy seguro que haya más por decir. Eso lo dice prácticamente todo.
–No es tan simple –dijo ella consciente de hablar en voz baja en un intento por preservar su privacidad–. Sabes que yo no pienso así. ¿No podemos ir a otra habitación?
–En realidad, si reducimos todo, sí es así de simple –dijo acentuando cada palabra.
–No seas así.
–¿Que no sea cómo? –replicó él. Podía ver salir la furia dentro de él. Se volvió a sentar y lo miró tratando de descifrar qué era lo que él decía.
–Así que, ¿esto es todo? ¿Así es como termina todo? –preguntó ella cruzándose de brazos.
–Para ser exactos, ya terminó. Deberías irte ahora –dijo él enfáticamente.
"Perra", pensó Hermione y lo abofeteó en la cara tan fuerte como pudo. La mano le dolió por lo que sospechó que a él le dolía más. Se puso de pie y se volvió dirigiéndose directo a la puerta. No iba a dejar que nadie la viera llorar. No podía creer que él fuera un total cerdo. Bueno, supuso que ya había terminado. No había esperado que él fuera tan completamente frío, pero supuso que sólo hacía las cosas más fáciles para ella. No pensaba que hubiera sido un error haber venido aquí, decidió que había resuelto las cosas.
Escuchó pasos detrás de ellas, grandes zancadas que se acercaban a ella. Supo por instinto que se trataba de Draco y parecía que no estaba tan borracho como había pretendido. No sabía qué quería ni quería quedarse a averiguarlo. Aceleró.
Él la tomó del codo y ella sintió un agudo jalón y luego náusea. La había aparecido, el cabrón. Sintió los dementes cambios en la gravedad jalar sus entrañas.
–Aaagh –gritó ella–. ¡Suéltame! –él lo hizo y ella cayó al suelo. En realidad la había estado sosteniendo. Se quitó el cabello de los ojos con un soplido y miró a su alrededor. Estaba oscuro–. ¿A dónde me trajiste? –él no respondió.
Recobró el balance y se puso de pie. Había árboles. Oscuridad y árboles. Estaban en un bosque.
–¿A dónde me trajiste? –preguntó y se volvió hacia él. Él se encogió de hombros y miró alrededor. Realmente no estaba tan borracho como parecía, eso o había recuperado la sobriedad muy rápido. No podía ver bien sus rasgos en esta oscuridad.
–¿Un bosque? –dijo él con incertidumbre.
–¿Un bosque? –repitió ella–. En el libro de las chicas, generalmente se recomienda no ir a los bosques tarde por la noche sola con tu ex. Es universalmente aceptado como regla.
Pudo ver como se formaba una sonrisa en el rostro de él.
–¿Por qué me trajiste aquí?
–No lo sé, solo sucedió. Creo que es el Bosque Prohibido.
–¡¿El Bosque Prohibido?! Aún mejor. Un lugar donde nunca te encuentran. Excelente.
–Ciertamente es muy frío.
Estuvieron en silencio por un momento.
–Te pedí que te casaras conmigo y estabas indecisa. ¿Cómo se supone que debía sentirme?
–Es una gran decisión.
–No debería serlo.
Hermione no supo qué decir. Sabía que lo que él decía sonaba correcto, pero estaban todas las consideraciones. –Si me caso contigo, tendré que vivir cierto tipo de vida.
–Lo mismo es verdad con quienquiera que te cases, pero ¿qué?, ¿no valgo el sacrificio?
–No es así –dijo ella a la defensiva; él estaba simplificando las cosas de más y no era justo–. Por favor, trata de comprender.
–Entonces explícame, porque no lo entiendo. Recorrí la mitad del camino, me detuve y esperé y no llegaste.
–¿Cómo que recorriste la mitad del camino? –exigió ella–. Yo tengo que abandonar toda mi herencia.
–Yo he cambiado todo en mi vida para estar contigo, y tú no haces nada –dijo él.
–¿Qué? ¿Ser un vago borracho, como tus amigos te llaman? ¿A eso te refieres?
–Tal vez no sea un estilo de vida que tú aprecies, pero era mío y lo dejé para ser un esposo para ti. Para estar contigo. Pero no fue suficiente para ti. Sabes, de verdad me estoy convenciendo de asesinarte –dijo él; ella sabía que estaba siendo sarcástico–. Mi familia no es suficientemente buena para ti, mis amigos no son suficientemente buenos.
–Son horribles –exclamó ella.
–¿Tienes idea de que tan nauseabundamente repugnantes son tus amigos? Y usan tanta lana, en verdad huelen a oveja.
Hermione ahogó un grito ante el insulto. –Claro que no –de hecho en días de lluvia, cuando llegaban a la taberna, sus suéteres sí despedían un ligero olor a oveja, tenía que admitirlo.
–Tus padres son unos cerebritos esnobs que piensan que vivimos en la Edad Media.
–Tal vez tengan razón –soltó Hermione.
–¿Entonces, por qué estás aquí? ¿Por qué viniste esta noche? ¿Sólo para torturarme?
No contestó, sólo lo miró mientras él estaba de pie en el silencioso y oscuro bosque.
–¿Qué tal si no funciona? –dijo ella después de un rato–. ¿Qué tal si lo hacemos y no funciona? ¿Entonces qué? ¿Qué tal si tenemos hijos y los dos estamos jodidamente deprimidos con hijos deprimidos? Nada de lo que te rodea me apoya, sólo tú, todo lo demás es un reto. Todo lo demás nos resta valor. ¿Qué tal si no somos suficientes? Dejo mi trabajo y mi futuro. ¿Qué tal si termino sólo contigo y tú dejas de ser tú? Si hago esto, cambio todo en mi vida y la suerte está echada.
–Al final del día, es un salto de fe y no hay como evitar eso. Sólo tienes que decidir si valgo la pena el riesgo.
–No es una cuestión de valor –dijo ella; nunca había pretendido que él pensara eso.
–Sí lo es.
–Esto no es sobre si lo vales. Es acerca del control, si te dejo entrar en mi vida de forma real y permanente, no puedo… –no estaba del todo segura de cómo decirlo–. Hay tanto de tu vida que está prescrito. Vienes con todas esas reglas y requerimientos. Cosas que no puedo controlar, sólo es.
–Tú también vienes con algunos requerimientos, ¿sabes?
–No como tú.
–Entonces, ¿valgo la pena?
–No digas eso –dijo ella cambiando su postura. Había tratado de argumentar que no era sobre el valor, pero de todas maneras parecía reducirse a eso. Tenía que decidir y tenía que darle una respuesta. Sus entrañas se agitaban con la incertidumbre. Lo amaba, pero había tantas cosas que venían con él, tanto bagaje sobre el que no tenía ningún control.
–Definitivamente no voy a vivir en la Mansión Malfoy –declaró por fin; el giró la cabeza considerando lo que decía.
–Está bien –dijo él–. Mientras vivan mis padres. En realidad no son tan malos. Creo que cambiarás de opinión una vez que los conozcas mejor.
–No cuentes con ello. No estoy genéticamente programada para amarlos.
–Sabes que me encanta cuando hablas en jerigonza. Hace que vivir contigo sea mucho más interesante.
–Y voy a trabajar.
–Cuando los niños estén suficientemente grandes. Que vayan a la escuela y eso.
–Bueno, entonces tú trabajarás –dijo ella.
Draco abrió los ojos desmesuradamente en una súplica. –Vamos.
–Uno de los dos tiene que trabajar.
–No, no tenemos que.
–Son mis condiciones –dijo ella sujetando sus manos. No iba a ceder. Si se iban a casar, él no iba a andar por ahí de vago.
–Por Merlín, a veces te odio –dijo entre dientes–. Está bien.
–Bien –dijo ella; ahora estaba en una hilera de éxitos–; y…
–No más condiciones. Demasiado tarde, ahora estás comprometida.
–¿Qu…? Yo no acepté eso.
–Lo hice por ti. Ahora soy tu prometido. Pronto seré tu esposo.
–Sí claro, nunca vamos a llegar a eso si continúas con eso –le advirtió ella.
–Basta de hablar por ahora, ven aquí –dijo él. Le tendió la mano. Cálida y firme, esperando. Hermione sintió su corazón latir fuertemente en el pecho. Si tomaba su mano, recuperarían el tiempo perdido y todo su cuerpo se preparaba, acumulando tensión y calor. "Ves", se dijo ella, "él hará esto una y otro vez", tentarla con sexo para salirse con la suya. Y maldita sea, vaya que funcionaba.
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