Los personajes de Dragon Ball Z no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama.
Los personajes de Avatar: la leyenda de Aang no me pertenecen. Son creación de Michael Dante Di Martino y Bryan Konietzko. La serie fue producida por Nickelodeon.
6. Revelaciones
-Nación del Fuego, guerra de los 100 años, maestro fuego… parece que en esta época se está llevando a cabo una especie de guerra, donde una tal Nación del Fuego está involucrada, aunque no tengo idea contra quienes ni el porqué de los enfrentamientos… esas chicas no fueron nada amables, no quisieron confiar en mí y ahora estoy aún con más dudas que antes. Debo conseguir un lugar donde quedarme y si puedo, encontrar a alguien que me diga que está sucediendo. Después de todo, estaré un buen tiempo por aquí- pensaba Trunks mientras volaba sin rumbo definido, esperando encontrar alguna ciudad o pueblo donde quedarse a descansar.
"Que extraño… ¿Cuánto pudo haber cambiado la geografía del planeta en 4000 años? ¿Será que en esta época el nivel del mar es mucho más alto? Porque hasta el momento, sólo he estado en donde aterricé y aquella isla Kyoshi. Del resto, no puedo ver nada más que el océano" murmuraba para sí mismo el ya impaciente joven Saiyajin, que sin saberlo, se encontraba rumbo a la Nación del Fuego, pues al partir de la Isla Kyoshi había decidido viajar al noroeste.
Cuando ya llevaba cerca de media hora volando, Trunks pudo sentir un ki significativamente alto tal vez a unos 50 kilómetros de distancia frente a él, cuya energía era pura, libre de toda maldad, pero por alguna razón, bastante diferente a cualquier otra que había sentido.
El ki no sólo representa la fuerza vital de un individuo, sino que también es energía espiritual, desarrollada a través de los años con entrenamiento físico y también mental.
Las 2 únicas personas a quienes Trunks había conocido con un ki de este tipo eran Goku y sobre todo Piccolo, pero esta presencia desconocida iba más allá. Tenía una carga de energía espiritual muy elevada, como si perteneciese a alguien que hubiese meditado por generaciones, quizás incluso capaz de conectar su alma en un plano espiritual más allá del que Trunks siquiera podía imaginar.
Es raro que el joven Saiyajin pudiera saber todo eso, pero era parte de la extraña sensación que recorría su cuerpo. Sólo sentir la presencia de aquel individuo le había llenado con esa impresión. No era algo divino, o una deidad como el Dios Dragón, pero sin duda era "algo intermedio" entre lo natural y sobrenatural. Trunks se consideraba así mismo como "algo natural", pues si bien sus exagerados poderes no eran nada normales, al menos éstos podían explicarse por el hecho de que él no era del todo humano. Por sus venas, corría la sangre de una casi extinta raza guerrera de increíbles poderes, pero para nada era algo espiritual o semidivino.
"Voy a acelerar un poco más, sólo tengo curiosidad de ver la apariencia de aquél individuo"
Dicho esto, el joven Saiyajin aceleró su vuelo, calculando que en tan sólo un minuto podría alcanzar la misteriosa presencia, que por cierto, también estaba volando pero a una velocidad muy inferior a la suya.
Al cabo de muy poco tiempo, había recortado la distancia necesaria para observar a lo lejos, una enorme figura que se desplazaba parsimoniosamente por los aires.
Pero no era aquella especie de toro o bisonte volador el poseedor de aquél extraño ki, así que Trunks disminuyó su velocidad lo justo para observar con más detenimiento a tres chicos en la espalda de la extraña bestia voladora.
Dos de ellos estaban vestidos con ropajes azules similares. Uno era un chico con un aspecto y ki de lo más corriente. Pero la chica sin duda era diferente ¡Su energía era pura y bastante serena! Por alguna razón le recordaba a la de un lago tranquilo y sosegado.
Sin embargo su atención se desvió de inmediato al pequeño niño calvo con trajes de monje y una extraña flecha azul en su cabeza. Él sí que era el dueño de la energía que Trunks había sentido antes.
-Pero ¿¡cómo es posible!? ¡Tan sólo es un niño! Ni siquiera debe tener 15 años de edad, pero aún así tiene esta energía tan extraña. Imaginé por las características de su ki, que debía tratarse de un sabio anciano o algo por el estilo. Pero sólo es un niño…-
Por un minúsculo instante, los ojos de Trunks se cruzaron con los de aquel misterioso chico, como si ambas miradas se hubieran congelado en una pequeñísima fracción de segundo. Pero en ningún momento, el joven Saiyajin se detuvo o ralentizó su marcha. Sólo fue casualidad.
Trunks siguió su camino y pasó de largo al bisonte volador a tal velocidad que parecía como si éste no se movía de su sitio. Como si el extraño animal estuviese flotando estático por los aires.
"Oye Aang, sé que esto de hablar con el Avatar Roku es importante y toda la cuestión… ¿Pero al menos tienes idea de lo custodiado que deben estar los mares de la Nación del Fuego?" Preguntaba Sokka en un tono algo preocupado, sin dejar de mirar hacia abajo, inclinado sobre uno de los costados de la silla de montar de Appa en busca de cualquier embarcación de la Nación del Fuego.
"¿Qué pasa? ¿Ahora sucede que el gran y valiente hombre guerrero de la Tribu Agua del sur está arrepentido de acompañar a Aang?" preguntaba la chica de manera burlona a su hermano mayor, aunque en el fondo también estaba preocupada por la situación.
"¡No se trata de eso! Sabes bien de lo que son capaces esos barcos y sus enormes bolas de fuego, Katara. Sólo digo que debemos estar atentos. No me gustaría morir carbonizado justo ahora sin antes patear unos cuantos traseros de soldados de la Nación del Fuego"
"Chicos tranquilos. Sé muy bien lo arriesgado que nos resultará entrar en el territorio de la Nación del Fuego. Pero debemos llegar antes del Solsticio o será muy tarde para hablar con Roku y tengo el presentimiento que lo que sea que tiene que decirme debe ser muy importante" intervino el joven maestro aire, sentado sobre la cabeza de Appa, sin apartar su vista del frente.
Los tres jóvenes viajeros permanecieron en silencio. Mientras Sokka y Katara no paraban de vigilar el océano que yacía bajo ellos, Aang estaba concentrado arreando a Appa, cuando repentinamente sintió que el viento se agitaba violentamente detrás de ellos.
Como buen maestro aire, el joven Avatar sabía que no se trataba de una corriente de viento natural, sino que alguien la estaba produciendo, alguien que se movía a una velocidad irreal.
Mayor fue su sorpresa cuando giró la cabeza y por una fracción de segundo, se encontró con los ojos de un chico que pasaba volando a gran velocidad y se perdía en un abrir y cerrar de ojos en el horizonte. La escena fue tan fugaz, que en realidad dudó por unos instantes que había visto correctamente.
-Wow ¿¡Acaso ese chico estaba volando!? ¿¡Será que estoy viendo espíritus o algo parecido!? No… no puede ser… en estos momentos no me encuentro en el mundo espiritual. Pero entonces… ¿cómo es posible que alguien pueda volar de esa manera? Ese muchacho no estaba planeando, ni controlando corrientes de aire. Simplemente estaba volando…-
Katara pronto notó la expresión pensativa y confusa del joven Avatar, así que se atrevió a preguntar.
"Oye Aang ¿Sucede algo malo? ¿Acaso se trata de nuestro visita a la isla?" pero la chica se quedó sin respuesta alguna "Oye tranquilo, todo va a salir bien, te puedo asegurar…"
"No Katara, no se trata de eso. Es sólo… olvídenlo… realmente no tiene importancia. El viaje será largo, así que sujétense, tendremos que ir más rápido"
Y dicho esto, Aang ordenó a Appa que volara un poco más de prisa.
Trunks no tuvo tiempo de pensar mucho más acerca del pequeño monje con el extraño ki cuando su atención se desvío rápidamente a lo que parecía ser una enorme fila de barcos de acero formados en medio del mar, dispuestos de manera tal que establecían un férreo bloqueo.
-De seguro estoy cerca de alguna isla o territorio importante que necesita de tal vigilancia. Esto no es bueno, a donde sea que me dirija parece que no encontraré más que hostilidad y guerra. Definitivamente no sé a dónde ir. Debo alejarme de cualquier problema, pues mi intervención podría provocar cambios importantes en el futuro-
Su decisión fue definitiva cuando percibió la gran cantidad de presencias malignas que provenían de la tripulación de esos barcos, lo que era claro indicio de que los habitantes del desconocido territorio serían aún peores que las jóvenes guerreas que intentaron atacarle en la isla Kyoshi.
De hecho, las chicas no eran realmente malas. Pudo darse cuenta de ello con sólo percibir sus ki, pero era normal que hubiesen sentido desconfianza de su parte al tratarse de un completo desconocido, aunado al hecho de que una gran guerra parecía estar en pleno curso. Sólo defendían su territorio.
Quizás debió intentar otras maneras de entablar diálogo con ellas y tal vez no estaría vagando sin rumbo alguno. Pero conversar no era algo que se le daba muy bien al joven Saiyajin.
Por el contrario, solía ser bastante tímido, pues nunca tuvo más amigos aparte de Gohan. Todo esto le había hecho crecer escaso de relaciones sociales con otras personas, por decirlo de alguna manera.
"Ni modo, tendré que encontrar otro lugar donde quedarme antes de que se me haga más tarde" pensó mientras cambiaba a toda marcha su dirección de vuelo hacia el este, a pesar de que ya comenzaba a vislumbrar muy a lo lejos la orilla de de la misteriosa región que ahora trataba de evitar.
Varias horas después, el pequeño equipo Avatar ya se encontraba en la isla volcánica que albergaba el templo del Avatar Roku. Gracias a la ayuda de uno de los monjes, se encontraban frente al santuario donde se suponía que Aang entraría en contacto con el espíritu de Roku, pero pronto fueron descubiertos por el resto de los monjes y para empeorar las cosas, el príncipe Zuko también se encontraba allí.
"¡Cierren las puertas del Santuario! ¡Rápido!" ordenó a los monjes del templo el joven príncipe exiliado, mientras sostenía a Aang por su espalda con una llave y lo llevaba consigo.
Al fin, Zuko completaría su misión. Le entregaría el Avatar a su padre y recuperaría su honor y derecho de volver a la Nación de Fuego de una vez por todas.
Aang observaba con preocupación cómo sus amigos eran atados con cadenas a una inmensa columna cuando se lo llevaban.
– No puedo permitir que esto suceda. ¡No después de haber llegado tan lejos!-
Con un rápido movimiento, Aang efectúo un giro con el cual se liberó del agarre de Zuko, para luego arrojarlo escaleras abajo con una fuerte ráfaga de aire creada a partir de una patada circular.
"¡No permitan que el Avatar ingrese al santuario!" gritó uno de los ancianos monjes al momento en que el resto disparaban en dirección a Aang intensas llamaradas de fuego con sus puños, las cuales fueron esquivadas por él con la audacia típica que caracterizaba a los maestros aire.
Dando rápidos giros y volteretas, evadió los ataques de cada uno de los monjes hasta que, por muy poco, logro entrar al santuario antes de que las pesadas puertas de acero se cerraran totalmente.
Una intensa luz azul comenzó a brillar desde dentro del santuario, visible aún fuera de las puertas del mismo, que indicaba que la luz del solsticio ya había llegado a la estatua del Avatar Roku y que éste, por nada del mundo, permitiría la entrada de nadie más que no se tratase de Aang.
"No lo entiendo, la luz ya tocó la estatua ¿¡Por qué no pasa nada!?" se lamentaba profundamente Aang dentro del santuario "Ni siquiera sé lo que estoy haciendo… sólo tengo el poder de controlar el aire… ¡Por favor Avatar Roku, háblame!"
No hizo falta esperar más, cuando la estatua del Avatar Roku comenzó a brillar con un fuerte resplandor rojo y de repente, Aang se encontraba rodeado de una intensa neblina, que poco a poco comenzó a desvanecerse. ¡Y allí estaba frente a él! El espíritu del anterior Avatar, Roku.
"Me alegro mucho de verte Aang. Dime ¿Por qué tardaste tanto?"
El joven maestro del aire estaba impresionado. Sin embargo, se deshizo rápidamente de toda sorpresa y se limitó a hacer una reverencia.
"Necesito tu ayuda. Por favor, guíame"
Sin perder tiempo alguno, el Avatar Roku comenzó "Aang, tengo algo muy importante que decirte. Por eso, cuando estabas en el mundo de los espíritus, envié a mi dragón a buscarte"
"¿Es acerca de mi visión? ¿La del cometa?"
"Así es. Verás, hace 100 años, el entonces Señor del Fuego Sozin, utilizó el cometa de tu visión para comenzar la guerra. Él, junto a su ejército del fuego, adquirió un inmenso poder que les permitió dar el primer golpe al resto de las naciones"
"Entonces ¿Quieres decir que ese cometa es capaz de brindarle más poder a la Nación del Fuego?"
"Correcto Aang. De hecho, mucho más poder del que puedas imaginar. Un poder con el que los maestros fuego tendrán la fuerza de 100 soles"
"Pero si ese cometa pasó hace 100 años ¿Qué tiene que ver con la guerra actual?" preguntó el joven maestro aire que no entendía aún a donde se dirigía Roku.
"Escúchame muy bien. El cometa de Sozin pasa cada 100 años y en esta ocasión regresará al terminar el verano. El Señor del Fuego Ozai, aprovechará su poder para terminar la guerra de una vez por todas, adquiriendo un poder tan inmenso junto a su ejército, que ni aún el Avatar será capaz de reanudar el equilibrio del mundo. En pocas palabras Aang, debes vencer al Señor del Fuego antes que llegue el cometa".
"¡Pero si ni siquiera he empezado a controlar el agua! ¡Mucho menos la tierra o el fuego!" exclamó el joven maestro del aire sumamente alarmado, viendo lo difícil que empezaba a tonarse la situación.
"El control de los elementos lleva años de práctica y disciplina. Si quieres salvar al mundo, deberás aprenderlos antes de que acabe el verano. No obstante, sé que serás capaz de lograrlo Aang, porque lo has hecho antes. Confío en ti" terminó de decir Roku, con una sincera sonrisa que logró tranquilizar al chico.
"Pero antes de que te vayas, tengo una última cosa que decirte" volvió a intervenir, esta vez cambiando su expresión por una preocupada e incluso temerosa. "No sé con exactitud qué es lo que está pasando o lo que pasará, por eso no puedo darte mayores detalles. Pero presiento que una poderosa amenaza aparecerá en nuestro mundo. Se trata de un ser con extraordinarios poderes fuera de nuestra imaginación. Un ser que no será siquiera de este planeta, y aparecerá antes de que el cometa lo haga"
"Entonces ¿Quieres decir que cuento con menos tiempo aún para aprender el dominio de los 3 elementos restantes y poder detener esta supuesta amenaza?" preguntó el joven maestro aire una vez más con un tono desilusionado, viendo como el problema empeoraba, si eso ya era posible.
Pero lo que pasó a continuación le dejó completamente perplejo y asustado. El Avatar Roku simplemente bajo la cabeza mientras negaba.
"No Aang, quiero decir que no podrás hacer nada. El poder de ese ser no tiene comparación alguna con el Señor del Fuego y el cometa de Sozin. Ni siquiera comparable al poder de todos los Avatares juntos. Es un individuo capaz de destruir el planeta entero y todo lo que conocemos con suma facilidad. Es un poder de proporciones apocalípticas, cataclísmicas, que ni siquiera nuestras mentes puede concebir"
El joven Avatar no podía comprender como algo de esa naturaleza era posible.
– ¿Es una broma? ¿Destruir un planeta entero con facilidad? ¿Qué clase de individuo sería capaz de llevar a cabo algo tan ilógico y desproporcionado?-
"¿E-e-eso significa que… s-será el fin de la vida tal y como la conocemos? ¿N-no queda esperanza alguna?" preguntaba el chico, que para este momento, estaba más pálido que una hoja de papel.
"Cómo te dije anteriormente, ni yo mismo soy capaz de comprender la situación del todo. Pero de alguna manera, creo que podría quedar algún atisbo de esperanza. Este poderoso individuo es tan malvado y perverso como casi nada que puedas imaginar, sin ningún tipo de respeto ni aprecio por la vida. Tan egoísta y mezquino que sólo utiliza su poder para su propio bien. Sin embargo, como todas las cosas en el universo, existe un equilibrio perfecto, de manera que ningún ser, objeto o pensamiento existe por sí sólo. Por el contrario, posee un complemento"
"Lo sé, te refieres al Yin y Yang, pero ¿Qué es lo que tiene que ver con todo esto?" volvió a preguntar el joven maestro del aire que, sin dejar de mostrar su asombro y preocupación, no entendía a donde iba la conversación.
"Lo que quiero decir Aang, es que existe otro individuo tan fuerte como éste que he mencionado. Sólo que por el contrario, su corazón se encuentra lleno de bondad, determinación y una insaciable sed de lucha por la vida y todo lo que es justo. Un individuo capaz de arriesgar su vida e integridad propia por aquellos a quienes ama"
Roku parecía comprender a la perfección la expresión confusa y perdida del joven nómada del aire, quien no acababa de digerir toda la información.
"Tranquilo Aang, entiendo lo difícil que debe ser para ti asimilar todo esto. Incluso yo no comprendo bien la situación. Simplemente escapa de nuestro completo entendimiento" continuó al ver como el pequeño monje permanecía frente a él en silencio, sin pronunciar palabra alguna.
"Todo lo que te puedo decir es que tengas fe. Después de la más oscura noche, siempre llegará la luz del día a ocupar su lugar, así que siempre habrá esperanza. Pero por ahora, debemos separarnos, el solsticio se termina"
"Pero todavía tengo muchas preguntas que hacerte y ya no podré regresar a este templo. ¿Cómo podré volver a hablar contigo?"
"Yo siempre estaré contigo, así que cuando necesites hablarme, encontrarás la forma, te lo aseguro. Ahora, te espera un gran peligro en el templo" explicó Roku en referencia a los maestros fuego que aguardaban a la salida de Aang, incluyendo al mismísimo comandante Zhao con sus soldados "Puedo ayudarte a enfrentar la amenaza, pero sólo si estás listo"
Acto seguido, los tatuajes en el cuerpo de Aang comenzaron a resplandecer con una intensa luz azul, al igual que sus ojos, lo que indicaba el inicio del Estado Avatar
"¡Estoy listo!"
Nuevamente, las grandes puertas de acero del santuario empezaron a brillar con un inmenso resplandor azul, al tiempo que comenzaban a abrirse lentamente, liberando una densa neblina que dificultaba la visión a todos los presentes.
"¡AANG NOOO! ¡TEN CUIDADO!" gritó Katara sumamente angustiada, que permanecía atada junto a su hermano con cadenas a una de las columnas del templo. Temía que su amigo resultase lastimado en la emboscada que le estaban tendiendo.
"Prepárense… apunten… ¡FUEGOOOO!" Ordenó con fuerza a sus soldados el despiadado Comandante Zhao, al tiempo en que todos disparaban potentes y veloces llamaradas al interior del santuario a través de las recién abiertas puertas de acero.
No obstante, la inmensa bola de fuego generada por los soldados y el comandante mismo fue disipada de inmediato y allí, frente a ellos, estaba nada más y nada menos que el Avatar Roku para sorpresa de todos.
El antiguo Avatar controló con sus grandes habilidades de maestro fuego las llamas que le rodeaban y, abriendo sus brazos hacia el frente, las arrojó a sus enemigos en forma de una poderosa onda expansiva de fuego, que terminó por arrojar a todos violentamente sobre sus espaldas.
A su vez, las llamas alcanzaron las cadenas que mantenían prisioneros a Katara, Sokka y el anciano guardián del templo que les había ayudado, dejándolos en libertad.
Lo mismo ocurrió con Zuko, quien permanecía atado al igual que ellos contra una columna cercana, con la diferencia que el joven príncipe exiliado fue más rápido y huyó sin pérdida de tiempo alguna.
Pronto, todos los soldados se colocaron de pie y comenzaron a huir despavoridos de la presencia del poderoso Avatar Roku.
"¡El templo será completamente destruido! ¡RETIRADA!" gritó el comandante Zhao a sus hombres, quienes no lo dudaron ni por un segundo y ya se encontraban huyendo atemorizados.
"Sukko, sé que es peligroso, pero no podemos irnos de aquí y dejar atrás a Aang" indicó Katara a su hermano, mientras ambos observaban horrorizados como el Avatar Roku levantaba sus manos para controlar la lava que yacía bajo el templo, haciéndola subir abruptamente por los aires y destrozando la antigua estructura por doquier.
El suelo y el techo del templo comenzaban a desplomarse a gran velocidad, amenazando con destruir todo rápidamente.
Cuando se aseguró de haber ahuyentado a todos sus enemigos, el Avatar Roku se detuvo. Luego, una gran nube de humo le rodeó, ocultando por completo su espectral figura para luego disiparse, dejando a la vista de Katara y Sukko al joven maestro aire desmayado en el suelo.
Sin dudarlo por un solo instante, ambos se apresuraron hacia a él, ayudándolo a reincorporarse. La primera en llegar fue Katara.
"Aang, por favor, dinos que te encuentras bien".
"Sí, no es nada, ya me siento mejor" le respondió al tiempo en que se ponía de pie poco a poco, tratando de aclarar su visión.
"Tenemos que salir de inmediato, o el templo completo se derrumbará sobre nuestras cabezas" interrumpió Sokka, quien empezó a correr buscando una salida.
Pero cuando llegó a la escalera, se dio cuenta que sería imposible bajar por ellas, ya que se encontraban inundadas por la lava que comenzaba a ascender lentamente.
"Creo que nuestra única salida es por allá" dijo Aang señalando el gran agujero que las llamas arrojadas por el Avatar Roku habían creado en la pared.
De inmediato, el equipo Avatar corrió a través del gran orificio cuando acto seguido, apareció para milagro de todos la enorme figura de Appa volando directo hacia ellos.
Sin perder más tiempo, los tres jóvenes se apresuraron a saltar sobre las espaldas del enorme bisonte volador que tan pronto como llegó, comenzó a volar lejos, en dirección opuesta a la ardiente isla de la Nación del Fuego donde podía vislumbrarse a lo lejos, el antiguo templo de Roku desapareciendo para siempre.
Todos permanecieron un largo rato en silencio, volando fuera de los límites del territorio de la nación enemiga.
Aang estaba conmocionado por completo después de todo lo que Roku le había contado. Ni siquiera tenía ánimos de hablarle a sus amigos acerca de lo sucedido. Por fortuna, ellos parecieron intuirlo, decidiendo dejar al joven Avatar tranquilo.
Pasadas las horas, se encontraban volando sobre Appa en el oscuro cielo de la tranquila noche, en dirección a la enorme luna llena que se cernía sobre ellos.
Viendo la preocupación de su amigo, Katara decidió acercársele por la espalda, dándole un fuerte abrazo de solidaridad y comprensión.
"Aang, quiero que sepas que pase lo que pase siempre estaremos contigo. No te dejaremos llevar esta pesada carga sólo. Recuerda que más que amigos, somos como una familia" le susurró suavemente al oído, sin dejar de abrazarlo por un instante.
El joven nómada del aire se dio cuenta que podía confiar plenamente en sus amigos, que no había nada que temer.
"¿Recuerdan el cometa de mi visión del que les hablé? El avatar Roku me explicó que se trata del cometa de Sozin, el cual pasa cerca de la tierra cada 100 años. Resulta que éste es capaz de brindar a la Nación del Fuego un inmenso poder, el cual usarán para dar fin a la guerra" Sokka y Katara sólo le miraban en silencio, impactados por la noticia que Aang les estaba contando, pero todavía había más.
"La cuestión es que dicho cometa regresará al terminar el verano, por lo que debo aprender el control del resto de los elementos antes de que eso ocurra y derrotar al Señor del Fuego. De lo contrario, podría ser demasiado tarde"
"Bueno Aang, relájate un poco. Veamos… ya eres capaz de dominar el elemento aire y sólo te tomó 112 años, seguro que dominarás al menos dos elementos más antes de que termine el verano" comentó Sokka de manera chistosa, intentando animar un poco al joven maestro aire. Aunque sólo logró tensar más la situación, si es que eso era posible. Katara sólo le recriminó con una mirada de disgusto.
"¡Pero ni siquiera he comenzado con el agua y aún estamos a semanas de llegar al polo norte! ¡Díganme ¿Qué es lo que haré?"
Katara tomó por ambas manos al pequeño monje, que comenzó a caminar en círculos, visiblemente nervioso.
"Tranquilízate Aang, verás como todo va a salir bien. Si quieres puedo empezar a enseñarte todas las cosas que yo sé. Todo lo que tenemos que hacer es encontrar una buena fuente de agua"
"¿En serio lo harías" preguntó con una expresión un poco menos preocupada, mostrando cierto alivio en el comentario de su amiga, quien sólo asintió mostrándole una gran sonrisa.
"Pues ni hablar. Mañana temprano encontraremos un charco para que chapotees. Ahora lo importante es intentar dormir un poco" agregó Sokka con una amplia sonrisa al igual que su hermana y ambas manos entrelazadas detrás de su cabeza.
"Gracias chicos, sabía que podía contar con ustedes"
Pero aún quedaba un asunto de suma importancia. Uno que mantenía al joven Avatar mucho más preocupado que la cuestión del cometa de Sozin y aprender cuanto antes los otros 3 elementos.
Era el asunto sobre aquel perverso individuo capaz de destruir el planeta entero en un suspiro. Aunque también estaba ese otro sujeto, ese de supuesto corazón noble y bondadoso que podría salvarles de la inminente destrucción.
-Aún tengo demasiadas dudas que quisiera resolver. Pero el Avatar Roku me explicó tan poco… ¿Cuándo llegarán esos dos individuos? ¿Cómo sabré quién es el sujeto que posiblemente nos ayudará a salir de todo este asunto tan extraño?-
Sin previo aviso, la imagen borrosa y fugaz de lo que parecía ser un joven volando a toda velocidad se cruzó por la mente de Aang. Era aquel misterioso chico que pasó a cierta distancia de ellos, cuando viajaban en dirección a la isla de la Nación del Fuego donde hablaría con Roku.
Pero el joven nómada del aire no tuvo tiempo de pensar más al respecto. Sus párpados pesaban mucho y se encontraba agotado del ajetreado día que había tenido.
Sin soportarlo por más tiempo, cayó profundamente dormido sobre la silla de montar del enorme bisonte volador, que surcaba suavemente los cielos de aquella tranquila noche de verano bañada por la luz de la luna llena.
Espero les haya gustado. Si es así, dejenmelo saber. Dejen sus opiniones o recomendaciones que tengan sobre la historia.
