Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Hermione miró fijamente la mano que le tendía Draco. Sabía que si la tomaba, todo volvería, su futuro con los Slytherins, su madre, Pansy y toda la basura que venía con el mundo mágico. Pero luego estaba él. Ella lo amaba, cada parte de él, incluso sus partes tercas, arrogantes e inmaduras. También adoraba ese lado de él que era decidido, que se mantenía completamente fresco bajo presión y que sabía su propio valor. En especial amaba que él de verdad, de verdad la quería y no había condiciones ni dudas. Él sabía exactamente lo que quería. Era abierto con sus afectos, no como Ron que le gustaba mantenerla con la duda, dando y retirando sus afectos como quería, como un medio para controlarla. No era como si hubiera caído en el juego, lo había adivinado bastante rápido.
Draco no era perfecto, estaba lejos de ello, pero era honesto acerca de sus fortalezas y debilidades. Quizá era una cualidad que necesitaba cultivar más en ella misma. Si era honesta consigo misma, tendría que admitir que se había asustado y lo había estado desde el momento en que él puso sus ojos en ella. Eso la había privado de entregarse por completo a lo largo de la relación. Siempre había contenido algo, para ser exactos, la parte de ella que en verdad podía salir herida si las cosas no funcionaban. Y por eso no habían funcionado.
Si ella tomaba su mano ahora, tenía que entregarse por completo, entera y vulnerable. Era un asunto de confianza. Tendría que confiar en él en todas las formas posibles y luego vivir con las consecuencias. Tendría que vivir con sus amigos y familia, pero eso era un asunto periférico. Aunque Blaise y Pansy merecieran una cachetada o dos. Quizá Blaise más que Pansy, porque Pansy protegía a su amigo a pesar de haberlo hecho de una forma maliciosa y desagradable. Blaise sólo era un mal amigo.
A final de cuentas, no podía verse a sí misma con nadie más. Él la volvía loca, la provocaba y la derretía cuando la miraba de la forma en que lo hacía. Cualquier otra persona sería sólo una versión barata de él. Se sentiría como una mala excusa y ella viviría con eso el resto de su vida. No estaría con él por haber estado muy asustada. Esa no era ella, no era una cobarde.
Suspiró pesadamente, era tiempo de saltar. Sería la chica que saltó o la que se rehusó a hacerlo.
Tomó su mano y la sonrisa de superioridad se dibujó en el rostro de él, la sonrisa de superioridad que ella conocía tan bien, aquella que esbozaba cuando obtenía lo que quería.
–No luzcas tan complacido contigo mismo –dijo ella en tono de advertencia.
–¿Y por qué no? Estoy complacido conmigo mismo.
–¿Ah sí?
–Ya sabes que puedo convencerte de casi cualquier cosa.
Lo golpeó en el pecho por ser tan completamente… Slytherin.
–Eres un cerdo arrogante –dijo ella, pero él no le permitió seguir ya que la atrajo hacia un beso. Hermione suspiró en el beso, dejando que se llevara sus pensamientos y que cubriera su cuerpo con un cálido resplandor. Se sentía tan bien, como si ahí fuera donde ella pertenecía. La besó lentamente, sin ninguna prisa aparente, explorando su boca. Sus labios dejaron su boca y viajaron por su cuello, mandando sensaciones a través de su cuerpo–. Va a ser una batalla constante para mí, mantener tu ego a raya –exhaló ella.
–Mmm –dijo él y se movió más abajo mientras la levantaba, urgiéndole que pusiera sus piernas alrededor de él. Él ya no le prestaba atención. Ella tenía problemas para seguir el hilo de sus pensamientos mientras los labios de él provocaban su piel. Su cuerpo parecía luchar por más. Ella tenía mucha tensión en el cuerpo, tensión de semanas de estrés e infelicidad. Se sentía tan bien tener otra vez sus brazos alrededor de ella.
Ella inclinó la cabeza y le besó el cabello, ya que sus atenciones iban más abajo, provocando su piel hasta un nivel desesperado de necesidad. Cerró sus tobillos alrededor de la espalda de él, acercando sus cuerpos con urgencia, mientras él lentamente los colocaba en el suelo del bosque. Era suficientemente suave, y no le importaba nada más que eso. El bosque estaba en silencio y el único sonido que ella podía escuchar era el de ellos. El silencio que los rodeaba parecía amplificar cualquier pequeño gemido que ella hacía, cada beso y suspiro.
Él quedó encima de ella y ella le pasó la mano por el pecho, sobre la costosa tela de su camisa sintiendo debajo el calor de su cuerpo. La mano de él estaba en su trasero, acercándolos más. Sabía que él estaba feliz de verla, podía sentirlo. Necesitaba sus labios de nuevo, necesitaba la intimidad de sus besos. Quería sentir la lengua de él con la de suya, sentir como la necesitaba con desesperación, lo cual era el mayor afrodisiaco con que se había topado jamás.
Recorrió su camisa con los dedos, abriendo cada botón mientras avanzaba, luego deslizó su mano dentro, sintiendo los músculos de su hombro mientras empujaba la tela. Él movió el hombro para ayudarla y luego jaló las orillas de su blusa con mucho menos paciencia. Ella sabía que su blusa quedaría arruinada y no le importó. Aunque le serviría a él como excusa para comprarle ropa nueva.
Tenía la falda enrollada alrededor de la cintura mientras movía las caderas para provocarlo y calmar su propia necesidad de fricción. No estaba segura de qué había estado pensando, ¿cómo podía haber vivido sin esto? Sólo había una persona a la que deseaba con tanta desesperación y estaba ahí apretando su cuerpo contra el de él.
Ella lo empujó y ocupó sus manos en desabrochar su cierre, no quería esperar más. A él le gustaba jugar con ella hasta que a veces su frustración explotaba, pero ella no quería jugar esta noche, lo quería dentro de ella. Una vez que lo liberó, lo alcanzó y lo besó de nuevo, esperando la embestida. Entró en ella en un sólo movimiento fluido y ella ahogó un grito mientras una vorágine de sensaciones la invadía. Hermione no pudo hacer nada más que aferrarse fuerte y enfrentar la arremetida cuando él se retiró y embistió de nuevo.
–Nunca dejemos de ser esto –jadeó ella tanto como su voz se lo permitió.
–Es un trato –dijo él y la penetró de nuevo, más duro. Era casi doloroso como las exquisitas sensaciones se intensificaban. Ella necesitaba sus labios otra vez. Lo quería ahí con ella mientras tocaba el cielo. Arqueó el cuerpo en su clímax y su fuerte gemido reverberó en los árboles. Sintió sus propias emociones muy en alto mientras su cuerpo se contraía una y otra vez. Sintió el orgasmo de él y se agregó al suyo.
–Te amo –jadeó ella. En realidad no lo había dicho antes, no en realidad, y lo decía de verdad con todo su ser, sin contener nada.
–Yo también te amo –dijo mientras dejaba caer todo su peso encima de ella–. Y te voy a hacer esto todas las noches. Para ser exactos, te voy a hacer esto otra vez más tarde. Te me has negado cruelmente, tengo que recuperar el tiempo perdido.
Él se sentó y se arregló los pantalones. La miró de nuevo y permaneció ahí, dejando que sus ojos recorrieran cada parte de ella. Ella no se avergonzaba, se sentía hermosa cuando la miraba. Luego le dio un golpecito en el muslo. –Ahora levántate, tenemos que planear una boda.
Hermione gimió.
–Estoy seguro que mi madre querrá arrastrarte con la modista a la primera oportunidad. Y tú –dijo señalándola–, no te vas a acobardar de nuevo.
–No usaré el viejo y enmohecido vestido de tu madre –dijo rotundamente ella–. Tengo que lidiar con mi propia madre. Si voy a usar el vestido de alguien, será el de ella –mintió deliberadamente, su madre no tenía vestido de novia, se había arruinado la noche de su boda debido a un exceso de piñas coladas y unos centros de mesa sorpresivamente inflamables.
Draco se encogió de hombros y Hermione se sintió mal por mentirle. No quería mentirle a él, no quería tener esa clase de relación.
–Al menos es lo que le voy a decir a tu madre –dijo vacilante; él la miró, luego se inclinó y la besó.
–Soy una mala influencia para ti. Te estás convirtiendo en una verdadera Slytherin. Estoy tan orgulloso de ti. Ahora levántate, tenemos mucho que hacer. Tengo que comprar una casa. Aunque tenemos un castillo medieval en Escocia que podría ser nuestro nuevo hogar.
–Realmente no es mi estilo –dijo ella cuando él la levantó de la mano–. Una linda casa en Londres, creo.
–Oh vamos, tiene un foso.
–Casa. Londres –repitió ella.
–Si insistes en la opción aburrida.
–Creo que sí o podemos quedarnos en mi departamento.
–Entonces una casa –dijo él. Ella temía pensar como interpretaría él eso.
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