Los personajes de Dragon Ball Z no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama.

Los personajes de Avatar: la leyenda de Aang no me pertenecen. Son creación de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko. La serie fue producida por Nickelodeon.

10. El Polo Norte

"Aún es muy temprano para volver. ¿Podríamos pasear un rato más?" preguntaba la acróbata casi suplicando con la mirada. Por su parte, el joven Saiyajin sólo le respondió con una leve sonrisa. No tenía nada mejor que hacer de todas formas y para ser sincero, se encontraba a gusto en compañía de Ty Lee.

Trunks decidió que lo mejor era descender, para que así ambos pudieran tener una mejor visión del paisaje bajo ellos, o al menos Ty Lee, pues él ya sabía lo que era volar. Todo esto era realmente por ella, quien parecía maravillada por la inusual experiencia.

A una distancia segura de la vista de los demás, ambos jóvenes se encontraban sobrevolando diversos territorios sin rumbo definido, mientras la joven acróbata disfrutaba con atención y admiración de la hermosa vista, sin soltar su agarre con ambos brazos del cuello de Trunks.

- Jamás imaginé que este día podría ser tan diferente. Mucho menos que el muchacho tímido y de ropa curiosa que conocí en la tarde, pudiera ser el responsable de eso. Me siento muy bien junto a Trunks. Es un chico diferente…-

La atención de Ty Lee ya no se encontraba admirando el paisaje, sino sobre el rostro del Trunks, brindándole una de sus amplias sonrisas y con sus grandes ojos grises desbordando alegría. El joven Saiyajin se percató de ello al cabo de unos momentos, haciéndosele imposible ocultar un ligero sonrojo.

"¿S-sucede algo malo? ¿Estás muy cansada? S-si quieres puedo llevarte de vuelta" preguntó un tanto entrecortado y nervioso, inseguro del significado de la mirada que la joven acróbata tenía puesta fijamente sobre él.

"No Trunks, en absoluto" respondió manteniendo su gran sonrisa mientras cerraba los ojos. –Quisiera que durara para siempre-

La suave brisa que soplaba esa noche era fresca y se sentía muy agradable. Las luces de los pequeños pueblos bajo ellos se veían a la distancia como si fuesen luciérnagas. Para Ty Lee todo era mágico, casi irreal. Ella era reconocida por ser muy habladora, pero por alguna razón, prefirió permanecer en silencio y disfrutar del maravilloso momento.


Pasadas un par de horas, ambos jóvenes se encontraban sentados de piernas cruzadas a la orilla de un lago, donde la luna llena se reflejaba tan enorme como nunca. De no ser por el cantar de los grillos, el silencio hubiese sido absoluto.

"Tu edad… nunca me dijiste cuál es tu edad" fue Trunks quien rompió el silencio entre ambos, dándose una bofetada mental por no habérsele ocurrido una mejor pregunta que hacerle

- ¡Qué pregunta tan tonta! ¿Por qué de repente me siento nervioso de hablarle a Ty Lee? ¿Qué pasa conmigo?-

La chica acróbata posaba ahora su mirada de grandes ojos grises sobre el joven Saiyajin "Tengo 14 años… y sí, lo sé, soy muy joven para trabajar en el circo. Pero me siento muy a gusto con ello"

"¿Y qué fue lo que te hizo unir al circo?" De inmediato, se arrepintió de haber hecho tal pregunta, al notar la tristeza que se dibujaba en el rostro de la chica. Pero a pesar de eso, ella le comenzó a explicar.

"No sabes lo difícil que fue mi vida en casa… tuve que crecer con 6 hermanas exactamente iguales a mí. A veces, ni siquiera sabía mi propio nombre. Era como si no tenía una identidad propia"

La acróbata hizo una breve pausa, recordando todas las veces que era ignorada por su propia familia debido a la similitud con sus hermanas, como si fuera una más del montón. Sus opiniones y sus logros no eran tomados en cuenta. Simplemente pasaban de largo con ella.

"¡Me uní al circo porque me aterraba pasar el resto de mi vida como parte de un rompecabezas! ¡Sólo quería ser reconocida como alguien diferente y encontrarme a mí misma! ¡A la verdadera Ty Lee!" En este punto, su voz estaba totalmente quebrada y pronto, algunas lágrimas comenzaron a correr por su rostro.

Al joven Saiyajin le resultaba bastante difícil manejar una situación como esta. Era la primera vez que le tocaba lidiar con algo parecido y no sabía exactamente que debía hacer para consolar a Ty Lee. No sabía si debía permanecer en silencio, abrazarla o decirle algo que le levantara el ánimo.

Su poca experiencia interactuando con otras personas le convertía en alguien bastante torpe para tratar con problemas de este tipo. En definitiva, prefería volver a pelear con Freezer que tener que pasar de nuevo por algo así.

Sin embargo, sólo siguió sus instintos. Poco a poco, se acercó a Ty Lee y pasó con sutileza su dedo índice por el delicado rostro de la chica, secando con cuidado sus lágrimas.

"Lo siento mucho si mi pregunta te ha incomodado tanto. De verdad no era mi intención, yo sólo…" fue silenciado de inmediato por la joven acróbata, quien colocó dos de sus dedos sobre los labios de Trunks.

"No te preocupes. No tiene nada que ver contigo. Es sólo que aún me resulta un poco fuerte recordarlo todo. Ya han pasado varios años, pero ahora soy diferente. De hecho, me parece que chica de circo me queda bien. Es hasta un gran halago"

La sonrisa de Ty Lee había aparecido nuevamente, menos amplia que de costumbre, pero lo suficiente como para tranquilizar a Trunks. En definitiva, no le gustó ver llorando a una chica tan alegre, jovial y llena de energía como lo era ella.

"De mi vida no hay mucho más que decir. Soy hija de un noble y gracias a ello, pude asistir a una prestigiosa Academia Real para chicas de la Nación del Fuego. Allí me eduqué y compartí muchos años de mi vida con mis amigas Mai y la Princesa Azula. Podría decirse que por lo demás tuve una infancia un poco normal… hasta que escapé de casa y me uní al circo de la Nación del Fuego…"

"Me parece que eres una chica especial. De entre tantas de tus hermanas, fuiste la única capaz de dar un paso adelante y luchar por lo que creías que era mejor para ti, aún desde muy joven. Luchar por ser alguien diferente e irrepetible, pero sin dejar de ser tú misma. Eso dice mucho de ti, pero no creo que seas única por haber hecho eso. Creo que ya lo eras desde siempre, sólo que estaba dentro de ti" fue todo lo que dijo Trunks un tanto sonrojado, después de un par de minutos de silencio entre ambos.

Por alguna razón, le costaba decirle esto mirándola a los ojos. La chica definitivamente estaba logrando, sin saber por qué, ponerle más nervioso de la cuenta. Pero prefería verla al menos un poco más alegre que antes.

Ty Lee podía darse cuenta de ello, por lo cual no pudo ocultar su gran sonrisa a causa de la manera de actuar del joven Saiyajin. Sin mencionar por sus palabras que, en su opinión, eran las más bonitas que alguien le había dedicado. Para ser alguien un tanto tímido, lo había hecho bastante bien.

"Bueno, creo que he hablado suficiente de mí. Ahora, me encantaría saber un poco más sobre ti, tu vida, lo que haces, tu familia y amigos…" la chica se detuvo repentinamente cuando observó la expresión de Trunks, quien agachaba su cabeza. Su semblante se había vuelto serio, como si hablar sobre su vida fuese algo doloroso, un tema que obviamente quería evitar.

"Oye Trunks, de verdad lo siento, si quieres no tienes que…" pero esta vez fue ella quien resultó interrumpida por la intervención del chico.

Él comenzó a explicarle poco a poco todo sobre su vida. Como era el mundo en donde vivía y como las personas sufrían cada día de sus vidas sin saber con certeza si sería el último de ellos. Le contó cómo sus amigos y familia entera habían resultado asesinados por dos individuos de increíble poder que, según él, eran los responsables de todo el infierno que le estaba narrando.

Le contó que él era la única esperanza del futuro, el único guerrero lo suficientemente apto como para salvar a los demás y que por ello, en sus hombros descansaba el peso de la humanidad, o lo que quedaba de ella.

Le habló de cómo no paraba de entrenar día a día, intentando volverse más poderoso para, de una vez por todas, eliminar a esos dos perversos individuos. De cómo en más de una oportunidad, no estuvo lo suficientemente preparado y recibió golpizas brutales, estando a punto de morir en manos de sus adversarios.

De cómo el miedo, el hambre y la miseria eran el pan de cada día de todos los seres humanos. Muchos habían perdido sus hogares, otros a sus familias y los pocos que no, estaban cerca de sufrir la experiencia en cualquier momento. Paisajes desolados y enormes terrenos baldíos eran los únicos vestigios remanentes de lo que alguna vez fueron imponentes ciudades y grandes capitales importantes.

Ty Lee no tenía palabras, estaba absolutamente conmocionada. Se sintió miserable, peor que nuca, por haberse lamentado hacía tan sólo minutos de la manera en que lo había hecho por un pasado que, bajo ninguna circunstancia, se comparaba al de Trunks. No sólo eso. El pasado, presente y quizás el futuro del chico estaban llenos de sacrificio, muerte y tristeza.

A Ty Lee le pareció sumamente injusto que, una persona tan maravillosa como él, estuviera pasando por todo ese verdadero infierno. Ahora, ella entendía el por qué de su aura tan pura, única e inmensa.

Se debía a que Trunks estaba dispuesto a sacrificar su vida por el bienestar y la felicidad de los demás, aún a costa de la suya propia. Aún a sabiendas que podría no recibir ni premio, ni admiración, ni reconocimiento alguno. Su identidad podría pasar al anonimato para siempre, pero de igual manera, él haría todo lo posible por derrotar al enemigo y asegurar un mejor futuro para los demás.

Su esfuerzo, sus entrenamientos y sus peleas le habían hecho perderse de todo aquello que un chico normalmente debería tener: familia, amigos, diversión… incluso alguien especial que estuviera a su lado…

Por todo lo que había contado, Ty Lee se dio cuenta de ello, incluyendo el hecho de que jamás había conocido una chica. Por eso, le costaba tanto comunicarse y en particular, estaba un poco nervioso junto a ella.

En definitiva, Trunks se había perdido de muchas experiencias bonitas y agradables que forman parte de la infancia de un niño cualquiera. Si bien la mayoría de la humanidad se encontraba en una situación desfavorable, a él le tocaba cargar una responsabilidad muy grande por sí sólo.

Ella no sabía que decir. Se sentía mal por todo ello, por Trunks. Pasados unos minutos, todo lo que pudo hacer fue acercarse al joven Saiyajin y recostarse sobre él, acomodando la cabeza en su hombro, mientras ambos permanecían sentados frente al tranquilo lago.

"Imagino que has debido sentirte solo en muchas ocasiones. Sé que tal vez no signifique nada, ni haga la diferencia, pero desde ahora, no tienes porque estar solo… si quieres, yo puedo estar contigo" fueron las dulces palabras, casi en un susurro, que Ty Lee le dedicó, sin dejar de permanecer acomodada a su lado.

Sus palabras, aunque sencillas, serían subestimadas por ella misma, pues el efecto que produjeron en el maltrecho espíritu del joven guerrero fue increíblemente reconfortante y consolador. Quizás más adelante, ella se daría cuenta de ello.

"Creo que se ha hecho bastante tarde. Será mejor que volvamos. Tus compañeros del circo podrían preocuparse si notan que aún no has llegado" comentó Trunks levantándose y comenzando a caminar lentamente en dirección opuesta al lago.

Ty Lee le siguió caminando un trecho con sus manos, dando finalmente una voltereta para caer de pie y quedar frente al Saiyajin. Dirigiéndole una sonrisa encantadora, rodeó con ambos brazos su cuello, mientras Trunks la levantaba suavemente en los suyos, estilo nupcial, y empezaba a elevarse por los aires.

El viaje de regreso fue tranquilo y en silencio. La chica acróbata comenzó a acusar el cansancio, por lo que, dando un gran bostezo, terminó acomodando su cabeza en el pecho de Trunks y terminó por dormirse durante una buena parte del trayecto.

Cuando se acercaban al campamento del circo, el joven Saiyajin se aseguró de que nadie estuviese por los alrededores, para así aterrizar frente a la tienda de Ty Lee y entrar a ella con la chica aún dormida en sus brazos.

Lentamente, se aproximó a la única cama dentro la tienda, cubierta de elegantes sábanas rojas, dejando a Ty Lee sobre ella con la mayor delicadeza posible y haciendo su mejor esfuerzo por no despertarla. Pero de alguna manera, cuando se dio la vuelta y se disponía a salir, la chica acróbata despertó.

"¿Tienes algún sitio donde pasar la noche? No me importaría compartir espacio contigo" le dijo en un tono un poco somnoliento.

"Descuida, no quisiera incomodarte. Menos aún causarte algún inconveniente. Estaré bien, no te preocupes por mí" fue todo lo que le respondió, permaneciendo aún de espalda en la entrada de la tienda.

"No sería una molestia para mí. Estaría más tranquila de saber que no estarás solo por allí. Hay suficiente espacio para los dos" contestó ella mientras se hacía a un lado, para mostrarle a Trunks que ambos podrían dormir juntos sin problema alguno.

La amabilidad y generosidad que la chica tenía para con él, terminaron sacando una sonrisa de sincera gratitud en el rostro del Saiyajin

"De verdad agradezco mucho tu atención. Pero podría causarte problemas si alguien del circo se entera. No te preocupes, si quieres mañana vendré a visitarte"

"¿Me lo prometes?" preguntó con su expresión dulce y tierna, a la cual Trunks, por alguna razón, se le hacía bastante difícil no complacer.

"Te lo prometo"

Con una sonrisa de satisfacción, la chica acomodó plácidamente su cabeza en la almohada y dando un bostezo, sus grandes y hermosos ojos grises comenzaron a cerrarse poco a poco, teniendo como última visión al joven Saiyajin que la observaba de pie en la entrada de su tienda.


Era cerca de medianoche cuando Trunks se encontraba sentado al pie de un árbol en un bosque cercano, con su espalda apoyada en el tronco y mirando con atención la luna llena. Estaba pensando en su madre y en lo preocupada que podría estar por el hecho de no haber vuelto a casa. También pensaba en todo el daño que los androides podrían haber causado durante su ausencia, las ciudades destruidas y quizás las cientos de personas que habrían muerto.

En diversas ocasiones, él mismo tuvo que evitar confrontarlos para entrenar y hacerse más poderoso. Es decir, tuvo que soportar como muchas personas inocentes morían mientras él no podía hacer nada para salvarlas. Pero el resultado siempre era el mismo. Terminaba siendo derrotado y viéndose en la penosa necesidad de huir para salvaguardar su propia vida. Aunque cada vez les plantaba una mejor batalla.

No era la primera vez que por su mente pasaban estas ideas antes de conciliar el sueño. No por nada, en todas las noches del joven Saiyajin, estaban presentes las pesadillas. Todo lo que deseaba, al menos por una vez en su vida, era pasar una noche tranquila. Dominado por el cansancio, sus párpados se cerraron pesadamente.


Trunks se encontraba de pie, solo, bajo la lluvia, en un lugar que se le hacía bastante familiar. Era la ciudad en ruinas donde su amigo Gohan había sido asesinado por los androides. Lentamente, comenzó a caminar en medio de la oscuridad, hasta que logró divisar a lo lejos un grupo de tres personas. Cuando se acercó lo suficiente, pudo notar que se trataba de él mismo luchando contra número 17 y número 18, solo, como siempre.

Los androides estaban jugando con él, esquivando con insultante facilidad todos los golpes y patadas que el joven Saiyajin les lanzaba con toda la rabia del mundo. Ellos simplemente se reían de él, hasta que 17 se cansó de jugar.

Cuando sacó su espada para intentar matarle, el joven androide de cabellos negros detuvo la hoja de la misma a una gran velocidad, sosteniéndola muy cerca del mago, para luego hacer uso de su fuerza superior y obligar al Saiyajin a apuñalarse con su propia arma.

La espada atravesó el abdomen de Trunks sin problema alguno, traspasando su cuerpo totalmente, mientras la sangre salía a borbotones de su boca y las fuerzas comenzaban a abandonar rápidamente su ser.

Pronto, se desplomó con fuerza, quedando sin vida en el pavimento de la ciudad en ruinas. No era la primera vez que tenía una pesadilla donde se veía a sí mismo siendo asesinado por los androides. Pero esta vez, había algo diferente.

"¡TRUNKS¡ ¿DÓNDE ESTAS? ¡TRUNKS! ¡POR FAVOR, RESPONDEME!" gritaba una voz llena de miedo y dolor. Una voz que le resultaba bastante conocida.

"¿TY LEE? ¿ERES TÚ?" gritó buscando con la mirada a todos lados. En cuestión de segundos, logró ver a la joven acróbata, corriendo desesperadamente al lugar donde se encontraba su cuerpo sin vida. La chica lloraba arrodillada sobre el cadáver del joven Saiyajin, mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas.

"Mírala… ¿No te parece conmovedor, 18? La estúpida humana llora la muerte de este imbécil. No entiendo porque todos los humanos hacen lo mismo ¿Por qué llora si ya está muerto? No tiene caso que lo haga, ni que ello le fuese a devolver la vida"

"Sinceramente no tengo idea. Todo lo que sé es que los humanos me dan asco. Son patéticos y débiles. Lo único para lo que sirven es para obtener un poco de diversión cuando son asesinados. No te preocupes niña, pronto estarás reunida con tu novio" dijo la chica androide de cabellos rubios, caminando en dirección a Ty Lee con su sonrisa perversa y su fría mirada de ojos azules.

"¡NO TE ATREVAS A TOCARLA!" gritó Trunks lleno de una ira incontrolable, lanzándose con todas sus fuerzas dispuesto a destrozar a la malvada androide, pero cuando intentó golpearla, todo lo que hizo fue atravesarla, como si él fuese un fantasma.

Sin darse por vencido, volvió a la carga, esta vez con una fuerte patada circular, pero nada funcionaba. Sus golpes terminaban atravesando a 18. Era como si él no estuviese allí. No podían verle ni escucharle. Y lo peor de todo era que la androide seguía aproximándose a Ty Lee lentamente, quien sin prestarle atención alguna a su agresor, seguía llorando inconsolable sobre el cuerpo de Trunks.

Cuando finalmente llegó hasta ella, 18 la tomó por el cuello, levantándola del suelo, como si la chica no pesara nada, mientras le dirigía una mirada asesina y macabra.

"¡NO TE ATREVAS A HACERLE DAÑO! ¡NO LO HAGAS! ¡NOOOO!"

¡CRAAAACK!

Era demasiado tarde. 18 ya lo había hecho. La había matado. Le había roto el cuello como si se tratase de una delgada ramita. Luego la soltó con desprecio, como si fuese basura. Allí estaba el cuerpo sin vida de Ty Lee, que yacía sobre el cadáver de Trunks.

"¡Te dije que pronto te reunirías con él! JAJAJAJAJA"

"¡ERES UNA MALDITA! ¡LOS DOS… LOS DOS SON UNOS MONSTRUOS! ¡¿POR QUÉ SIEMPRE ME ARREBATAN TODO LO QUE ES IMPORTANTE PARA MÍ?¡" La ira del joven Saiyajin era más grande que nunca, sólo comparable a la que sintió cuando encontró muerto a Gohan.

Quizás era un sentimiento diferente, pues Gohan era un fuerte y habilidoso guerrero que intentaba salvar a la humanidad. Algún día ese podía ser su destino. Pero Ty Lee era frágil, indefensa y aún así, la habían matado a sangre fría, de manera ruin y cobarde. Sin duda, el sentimiento de impotencia era mayor.

"¡LOS MATARÉ! ¡JURO QUE LOS MATAREEEEEE!" gritó furioso, fuera de sí, elevando violentamente su ki y transformándose en Super Saiyajin sin dudarlo. Se abalanzó sobre ambos, propinándoles una lluvia de golpes y patadas feroces, pero inútiles, pues continuaban atravesándolos como si nada.

Pronto, Trunks cayó sobre sus rodillas, incapaz, derrotado, tomando su cabeza con ambas manos, mientras veía el cuerpo de Ty Lee bajo la lluvia, inerte, frío, muerto.

No podía hacer nada. Igual que tantas veces, sus esfuerzos eran inútiles. Él era un inútil. Eso es lo que era, como un fantasma, incapaz de poner fin a todo este infierno e incapaz de proteger a los demás. Cuando fue finalmente capaz de conocer a alguien especial, a una persona amable y cariñosa que se preocupaba por él, los malditos androides se encargaban de arrebatársela.

Allí estaba de nuevo, solo como siempre. Soltando un desgarrador grito a los cielos, quedó inmerso dentro de una infinita oscuridad, que lo atrapaba cada vez más, haciéndosele imposible escapar. Su respiración le helaba los pulmones y la sangre se le congelaba dentro del pecho. Allí estaba Trunks, el poderoso Super Saiyajin, solo como siempre.


"¡NOOOOOO!" despertó abruptamente con un fuerte grito, empapado en un frío sudor y respirando agitadamente. Sólo fue otra pesadilla, aunque un poco diferente a las demás.

Cuando miró a su alrededor, notó que seguía siendo de noche. Pero de repente, ocurrió algo sumamente extraño. La enorme luna llena se tornó completamente roja, sin previo aviso, así como el resto del cielo. Era un color rojo sangre muy intenso, que se reflejaba sobre toda la faz de la tierra.

"Pero ¿qué se supone que es esto? ¿Una especie de eclipse? No, no lo creo. No existe ningún eclipse así. La luna simplemente se volvió roja… pero ¿Por qué?"

Sin saber que hacer o como actuar, se puso de pie inmediatamente, sin dejar de mirar el cielo y esperando a ver qué sucedía. Luego de unos cuantos minutos de intriga, la luna volvió a la normalidad, tan rápido como se había tornado roja.

"Debe tratarse de algún fenómeno natural de esta época, pero vaya que es horrible, por un momento pensé…" no tuvo tiempo de terminar cuando algo mucho peor ocurrió. El fenómeno no había terminado. La luna desapareció por completo del firmamento, dejando todo sumido en la profunda oscuridad de la noche. Simplemente así, la luna se desvaneció.

Trunks estaba seguro que no había sido destruida, pues no sintió ningún poderoso ki que arrojara energía hasta ella, ni la había visto estallar en mil pedazos. Permaneció inmóvil por otros tantos minutos, hasta que nuevamente sucedió algo que llamó su atención. Era un ki bastante elevado que apareció de repente y venía directamente del norte, tal vez a poco más de 3000 kilómetros de distancia.

La energía, por alguna razón, se le hizo familiar. De hecho, era bastante parecida a la del chico con la flecha azul en la cabeza que vio volando sobre aquel bisonte volador hacía unas pocas semanas. Sin embargo, no era del todo su ki, pues se sentía como si estuviese mezclado con otra poderosa fuente de energía. Sea lo que sea, tenía que guardar alguna relación con la desaparición de la luna, pues era mucha la coincidencia.

"Debo averiguar qué está pasando de inmediato". Sin pérdida de tiempo alguna, Trunks salió disparado violentamente a los cielos, estallando decenas de árboles del bosque a su alrededor y dejando un gran cráter en el suelo, producto de su poderoso despegue.

-¡No puede ser que la luna haya desaparecido! ¡Esto es grave! Quizás mi llegada a esta época haya provocado algún cambio importante en la historia por mi culpa. Mi madre me contó que cuando ella era joven, el Maestro Roshi tuvo que destruir la luna con un KameHameHa, para evitar que Goku, transformado en Ozaru, destruyese todo a su paso. Por eso en el futuro no tenemos luna. Pero en esta época, no debería suceder algo así. Debo averiguar qué está pasando y si es necesario, intervenir-

Su velocidad ya era descomunal, pero para averiguar qué sucedía cuanto antes, decidió transformarse en Super Saiyajin en medio del vuelo, partiendo el océano casi en dos. Ahora se encontraba surcando los cielos más rápido aún, a miles de kilómetros por hora.

El frío comenzaba a volverse intenso, pues se hallaba tan al norte que imaginó que se aproximaba al polo de la Tierra. En menos de 15 minutos, ya había recortado la distancia existente entre la colonia de la Nación del Fuego y la Tribu Agua del Polo Norte.

Cuando se acercó lo suficiente, tuvo una vista impresionante de lo que estaba pasando, por lo cual se detuvo en seco en medio del aire. Se trataba de una especie de monstruo gigantesco de color azul resplandeciente, que agitaba sus brazos violentamente, azotando los grandes barcos de acero que flotaban en el mar. Pero al lado de la inmensa bestia azul, los navíos parecían poco más que barquitos de juguete. El monstruo creaba olas gigantes que revolcaban y hundían los numerosos barcos de guerra, aunque también, llegó a golpear a algunos, cortándolos por la mitad.

-De seguro ese ser es el responsable de la desaparición de la luna, aunque no tengo idea de cómo fue capaz. Debo detenerlo cuanto antes. Es fuerte, pero su poder no se acerca al mío. Lo derrotaré de inmediato. De lo contrario, podría lastimar a más personas-

La velocidad con que Trunks movió sus brazos era sencillamente imperceptible para el ojo humano, hasta que detuvo su movimiento colocando ambas manos abiertas hacia delante, con la punta de sus dedos índices y pulgares tocándose entre sí.

"¡BURNING AT…!" pero se detuvo en seco al percatarse de un detalle. Detrás del gigantesco monstruo había una ciudad completa, bastante destruida por lo visto. Al parecer, la criatura sólo estaba defendiendo su territorio de la agresión de los numerosos barcos de hierro. Así que su ataque podría dañar también a los habitantes de aquel lugar si no tenía sumo cuidado.

El resto de sus ideas se esfumaron de inmediato cuanto la luna llena volvió a aparecer en toda su grandiosidad, sin aparente explicación alguna, iluminando todo, una vez más, con su hermoso resplandor plateado. La aparición de la luna logró calmar de alguna forma a la extraña criatura azul que sin más, desapareció por completo sobre el océano, como si estuviese hecha a partir de una enorme masa de agua proveniente del propio mar.

La devastación de su ataque fue tal, que diezmó de manera importante a la flota de navíos. Los pocos que aún seguían a flote, decidieron cesar su arremetida y retirarse, dando por sentado que habían perdido la batalla.

"Sin duda, esto es lo más extraño que he visto en mi vida. ¿Qué se supone que fue lo que pasó?"

Sus preguntas tendrían que esperar. Al parecer, los barcos restantes que se encontraban bajo él se percataron de su presencia. Su intenso resplandor dorado de Super Saiyajin alertaría a cualquiera en medio del cielo de la oscura noche. Acto seguido, comenzaron a atacarle con grandes bolas de fuego disparadas a través de catapultas.

"Esto debe ser una broma"

Decidió que lo mejor era volver a su forma normal, así no podrían identificarle por su resplandor dorado. Luego, comenzó a esquivar los enormes proyectiles uno tras otro con suma facilidad, pero no dejaban de atacarle. Se dio cuenta que tendría que enviarles una advertencia.

Primero, elevó su ki mientras soltaba un fuerte grito, expulsando una poderosa ráfaga de aire que apagó completamente las llamas de una de las bolas de fuego más cercanas. Acto seguido, usando su fuerza bruta, la detuvo con ambas manos fácilmente, para luego lanzarla con una sola mano como si se tratara de una enorme pelota de beisbol de varias toneladas, en dirección a uno de los barcos de hierro. Inmediatamente después, formó dos pequeñas esferas de energía doradas en cada mano, lanzándolas velozmente a otros dos barcos diferentes.

¡BOOOOMM!

En un abrir y cerrar de ojos, tres naves estallaron casi al mismo tiempo, 2 a causa de las pequeñas esferas de energía arrojadas y la otra por la inmensa roca que Trunks le arrojó. A pesar de todo, tuvo el cuidado de no destrozarlas totalmente, de manera que sólo quedaran inhabilitadas. Los soldados tendrían que huir a alguno de los navíos cercanos cuanto antes, si no, terminarían por hundirse junto a sus barcos.

El ataque cesó ipso facto, pero el joven Saiyajin no se quedó allí por más tiempo, dirigiendo su rumbo a toda velocidad hacia la ciudad de hielo. Sea lo que sea que atacó a la Nación del Fuego, dejó a los soldados igual de confundidos. No entendieron que fue esa extraña y pequeña luz dorada en los aires que arremetió contra ellos y desapareció.

La noche recién empezaba a terminar, dándole entrada a un nuevo amanecer. Una vez que sobrevoló el gran muro de hielo (bastante destrozado por cierto) disminuyó su velocidad y descendió suavemente frente a la estructura más grande y elevada del lugar, que guardaba el aspecto de una especia de palacio de hielo. Allí, se encontraban tres jóvenes reunidos, quienes le vieron llegar y descender en todo momento, como si hubiesen estado esperándolo desde hace rato.

La expresión de sus rostros era de total asombro, pues no se explicaban como un ser humano podía volar de esa forma. De hecho, Sokka pensó que comenzaba a volverse loco. Ya había visto bastantes cosas extrañas por ese día.

Trunks notó que los tres chicos fueron los mismos que viajaban a espaldas del extraño bisonte volador. Su atención estaba puesta sobre todo en el muchacho con ropas de monje y el tatuaje de flecha azul en la cabeza.

"No se alarmen, no vengo a atacarlos. No tengo intención de dañarlos a ustedes ni a su gente. Sólo vine hasta aquí porque noté que la luna había desaparecido y pensé que podría ser algo importante. Pero al parecer, todo ha vuelto a la normalidad."

Sacudiendo ligeramente la cabeza de un lado a otro, como queriendo salir de su estupefacción, Katara se preparó para atacarlo.

"¿Quién rayos se supone que eres tú? ¿Qué haces aquí? ¿Acaso eres de la Nación del Fuego?" desafió la chica al tiempo que comenzaba a manipular el agua a su alcance, haciéndola flotar sin más en el aire.

"Les aseguró que no soy de la Nación del Fuego. No entiendo porque a donde quiera que voy me preguntan siempre lo mismo. No tengo nada que ver con esa nación y su gente y tampoco sé nada sobre ellos" respondió con total sinceridad, pero a la vez asombrado de ver como Katara movía por los aires el agua, como si tuviera poderes psíquicos que le permitían hacer levitar las cosas.

"¡Eres un mentiroso! ¿En qué mundo vives? ¡De tantas mentiras posibles, se te ocurre decir que no sabes nada de la Nación del Fuego! ¿Acaso crees que somos tontos?" Continuó la maestra agua perdiendo la poca paciencia que le quedaba.

Después de la batalla que había vivido, tenía los nervios de punta. Sin dudarlo un solo segundo más, convirtió el agua en afilados picos de hielo, los cuales arrojó violentamente en dirección al desprevenido joven misterioso.

"¡Katara espera! ¡Este chico dice la verdad!" exclamó Aang intentando detenerla. Pero ya era tarde.

Los ojos de Trunks se abrieron en sorpresa por las habilidades de la chica que, al parecer, era capaz de manipular el agua de maneras muy curiosas a su antojo. Ahora, su atención estaba en los 15 afilados picos de hielo que para él, se aproximaban como si estuvieran bajo el efecto de una cámara lenta.

Todo lo que hizo fue levantar su dedo índice y sin siquiera inmutarse o moverse un milímetro de su lugar, los destrozó a todos y cada uno de ellos, desplazando su brazo a una velocidad cegadora e imperceptible.

Los ojos de los tres chicos se abrieron como platos, en completa sorpresa. No entendían que demonios fue lo que ocurrió. Todo lo que vieron fue como los picos de hielo estallaron en medio del aire y caían despedazados a los pies del joven. Apenas distinguieron un leve movimiento de su brazo, pero nada más.

"Ahora si lo vi todo. Chicos, oficialmente he perdido la cabeza. Sabía que podía suceder en cualquier momento. Es más común de lo que creen en los genios como yo"

"¡Ya cállate Sokka! ¡No es momentos de tus bromas!" le regaño Katara visiblemente frustrada, con una vena marcada en su frente.

"Lamentablemente, veo que a donde quiera que vaya me atacan sin motivo alguno. Las personas de aquí son por desgracia violentas y hostiles. Igual ocurrió con aquellas chicas guerreras de la Isla Kyoshi. No me permitieron ni si quiera explicarme. Al igual que hice allí, me retiro"

"¡ESPERA! ¡Yo si te creo! ¡No te vayas, podemos ayudar!" soltó Aang de inmediato, al ver que podría perder la oportunidad de conocer al extraño joven que, según pensaba, podría tratarse de aquel misterioso individuo del que Roku le había hablado.

Era la tercera vez que veía la extraña habilidad de volar sin planeador o aire control. Él tenía que ser el mismo individuo de las otras 2 veces, cuando los adelantó volando cerca de la Nación del Fuego y durante el derrumbe de la montaña en el pueblo de Gaipan. También evitó de alguna manera extraordinaria el ataque de Katara. Sin duda, el joven tenía alguna habilidad inusual.

Además, tenía esa mirada severa de ojos azules… Aang podría jurar que fue la misma mirada que se cruzó con la suya, aunque fue por una fracción de segundo e incluso dudaba si el hecho fue real o producto de su propia imaginación. Pero ahora, estaba casi seguro que él era la misma persona que había visto en las 2 ocasiones anteriores.

"Aang, ¿Cómo puedes saber que este sujeto es de confiar? A mí me parece muy extraño, ¡Llegó volando! ¡VOLANDO!" decía Sokka en un tono casi histérico, mientras agitaba al pobre Momo arriba y abajo.

"No lo sé Sokka, sólo creo que está diciendo la verdad. Al menos confíen en mí" concluyó, obteniendo como única respuesta un profundo silencio por parte de sus dos amigos.

"Bueno… ellos son mis amigos, Sukko y Katara. Él es mi lémur volador, Momo. Y yo me llamó Aang. Un placer conocerte" Le dijo al misterioso joven mientras hacía una pequeña reverencia.

El joven Saiyajin agradeció la amabilidad que mostró el chico de la flecha azul en la cabeza.

"Es un placer conocerlos, mi nombre es Trunks"


Espero les haya gustado.

No duden en dejarme saber su opinión al respecto, si les gustó o piensan que debe mejorarse algo. Eso puede ayudarme mucho.

Veré cuando puedo publicar el siguiente capítulo.