Los personajes de Dragon Ball Z no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama.

Los personajes de Avatar: la leyenda de Aang no me pertenecen. Son creación de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko. La serie fue producida por Nickelodeon.

19. Reencuentro

Nyla, el shirshu de June, corría a toda velocidad a través de los espesos bosques que componían la geografía del noroeste del Reino Tierra.

Era un animal bastante veloz, no tanto como los dragones mangosta que usaban algunos soldados de la Nación del Fuego, pero sí lo suficiente para que la joven caza recompensas, cumpliera sus encargos con celeridad.

A pesar de ello, Trunks moría de ganas porque el extraño animal, se desplazara más a prisa. Daría lo que fuera por ser él quien tuviera la capacidad de encontrar a Ty Lee por sí solo.

Tampoco podía quejarse demasiado, June parecía saber muy bien lo que hacía y de continuar así la cuestión, pronto tendría conocimiento del paradero de la acróbata.

Se sorprendió al notar como Nyla se desplazaba con increíble facilidad a través de los intrincados obstáculos que ofrecía el bosque, todo sin luz y en medio de una noche de luna menguante. La explicación era que el shirshu no usaba su vista, sino el olfato, por lo que con mucha o poca luz, daba lo mismo.

Estuvieron cerca de 4 horas a espaldas de Nyla, viajando velozmente, hasta que June tiró de las riendas con fuerza, logrando que el shirshu se parara con violencia sobre sus dos patas traseras, deteniéndose en seco.

Fue tan imprevista la frenada del animal, que Trunks tuvo que rodear con sus brazos la cintura de la chica para evitar su caída.

— ¿Qué sucede? ¿Por qué nos detenemos aquí? —Preguntó algo sobresaltado, girando su rostro a todos lados para comprobar si ya habían llegado al sitio indicado.

— ¿Sabes? Debería frenar así más a menudo… —Le respondió en un tono claramente insinuante, refiriéndose al desprevenido saiyajin que seguía abrazándola por la cintura.

Cayendo en cuenta de la situación, Trunks la soltó de inmediato y no pudo evitar sentirse apenado, a lo que June sólo contestó con una ligera risa. El chico era muy predecible.

—Descuida, —continuó, dado el mutismo absoluto del saiyajin—, conozco muy bien a Nyla y sé que necesita de un descanso. Podría forzarla más, pero no lo veo conveniente.

En efecto, si June así lo quería, podía obligar a la bestia a andar toda la noche sin interrupción, pero como su único medio de transporte era ése, nunca fue fanática de recorrer grandes distancias de un solo golpe si el motivo no era demasiado importante. Eso de jactarse que tan rápido llegaban a un sitio u otro, era en definitiva cosa de hombres.

La caza recompensas se bajó de un salto de la montura de Nyla.

Trunks la siguió en el acto, viendo con curiosidad el lugar en medio del cual se hallaban.

Parecían unas ruinas muy antiguas, talladas sobre la roca misma que conformaba la montaña que se alzaba frente a ellos. Quizás, alguna civilización vivió allí en algún momento, pero ahora, el lugar estaba casi completamente destrozado.

—Bienvenido a las ruinas de Taku. —Comentó June, lanzando un sonoro resoplo que añadía inconfundible sarcasmo a sus palabras, mientras tomaba con rudeza un pesado bulto que se mantenía atado a la silla de montar de Nyla y lo lanzaba estrepitosamente al suelo—. Alguna vez fue un importante centro de comercio del Reino Tierra, pero al comienzo de la Guerra de los Cien Años, la Nación del Fuego lo convirtió en esto.

Trunks seguía sin comprender a fondo todos los detalles de semejante conflicto bélico, pero a juzgar por todo lo que había visto, la Nación del Fuego había sido implacable en sus conquistas y todo lo que dejaban atrás, era miseria y destrucción.

En todo su tiempo allí, el único lugar que se mantenía en pie con dignidad era Ba Sing Se, y todo gracias a que aún no había sido conquistada. Todo lo demás, palidecía frente a la imponente ciudad amurallada.

—Ve montando el campamento. —Le dijo June, señalándole el bulto que arrojó hace un momento al suelo, al tiempo que tomaba las riendas del shirshu y comenzaba a caminar con ella hacia un pequeño bosque situado al frente—. Yo llevaré a Nyla a un pantano cercano para que tome agua, el cual por cierto, es famoso por sus ranas congeladas con propiedades curativas.

Pudo notar que la chica tenía gran conocimiento sobre todo lo relacionado al Reino Tierra y sus lugares de interés. No por nada, June era una nómada que viajaba de aquí para allá desde que era muy niña. De hecho, mientras arribaban a las ruinas, la joven caza recompensas le llenó de comentarios sobre los diversos lugares por los que pasaron.

—Eso sí, —advirtió, justo antes de desaparecer de su vista a través de la espesa vegetación—, nada de esto te saldrá gratis. El recorrido y la información turística, lleva consigo un recargo adicional. Espero lleves contigo más dinero… aunque acepto otras formas de pago… —Y guiñándole un ojo, terminó de irse.

—No puedo creerlo. —Murmuró para sí mismo, poniéndose de cuclillas para comenzar a desempacar y montar la tienda de campaña—. No llevamos ni medio día de viaje y ya empezó…

Con una leve sonrisa, recordó aquella ocasión en la que Ty Lee prácticamente enloqueció de celos en la taberna, pues June no dejaba de coquetearle al saiyajin y a pesar del afable y jovial carácter de la acróbata, ésta no pudo soportarlo más. ¡Qué diría la chica si se enteraba que Trunks andaba con ella!

Las ruinas portaban un aspecto lúgubre y melancólico durante la noche, que lograba impregnar la atmósfera con un sentimiento de soledad pesado y hasta desagradable. Fue allí donde Katara y Sokka se enfermaron y tuvieron que esperar junto con Appa, a que Aang les trajera unas ranas congeladas.

Una vez que montó la tienda, se quedó viéndola un buen rato, pues notó que era muy pequeña, prácticamente servía para una sola persona, lo cual era lógico dado que June trabajaba sola.

—No te preocupes, —irrumpió la voz de la joven, que recién llegaba con Nyla tomada de las riendas—, es más espaciosa de lo que crees. Además, no soy de quienes tienen problemas con los lugares reducidos…

Seguía con sus provocativos comentarios. Se acercaba a él, caminando con un leve vaivén de caderas imposible de ignorar. La chica se las arreglaba para parpadear con lentitud y hacer muy evidentes sus voluminosas pestañas, aún bajo la tenue luz de la luna que no permitía distinguir demasiado.

El rostro del saiyajin, se hallaba teñido por completo de un intenso tono carmesí.

—Lo-lo siento mucho, pero yo sí te-tengo problemas en dormir con po-poco espacio…

En definitiva, June se divertía demasiado. Quería estallar en carcajadas, pues sus juegos e insinuaciones, hacían florecer la evidente timidez del saiyajin. Con ello, podía dar por seguro que jamás había estado con una chica.

Y estaba en lo cierto, pero Trunks tenía sus buenas razones. No había cabida para semejantes actos en un mundo como en el que él vivía. Jamás tuvo el tiempo o la oportunidad de tratar con personas de su misma edad.

Sabía que no lo iba a convencer. Examinándolo por encima, concluyó hace mucho que no era de esos chicos que cedían con tanta facilidad. Además, su determinación por encontrar a la acróbata era fuerte, así que June no tenía nada que hacer allí. Pero en su opinión, jugar un poco no estaba mal.

No todos los días, tenía la oportunidad de tratar o trabajar con un cliente como Trunks.

—Despertaremos temprano—. Finalizó la chica, lanzándole con poco menos que rudeza, un viejo y desgastado saco de dormir—. Sé que no es mucho, pero apuesto que con o sin saco, preferirías dormir a la intemperie…

Eso sonó como a una última invitación, pero obviamente, el chico no aceptó.

Una fría ventisca nocturna sopló, haciendo que June se abrazara a sí misma como por acto reflejo, incapaz de contener el tenue escalofrío que recorrió su cuerpo entero. Después de todo, las regiones del noroeste del Reino Tierra eran reconocidas por su clima más fresco.

Notando el gesto de June, el saiyajin decidió quitarse su chaqueta púrpura de la corporación capsula, entregándosela pese a la confundida expresión de la joven. En efecto, la chica no se esperó tal acción por su parte.

—Descuida, estaré bien—. Le extendió la prenda sin quiera mirarla o de lo contrario, podría terminar avergonzado.

June tomó la chaqueta casi de inmediato y se la colocó, sin perder pista del físico de Trunks, mucho más notorio por llevar sólo su camiseta negra sin mangas. Maldijo en su mente la suerte de aquella chiquilla que le ganó en la competencia de pulso.

Ahora más que nunca, se preguntaba el por qué de la extraña huída de Ty Lee, pues en su lugar, ella no habría huido nunca.


Antes de que comenzara a salir el sol, ambos ya se encontraban nuevamente reanudando la particular búsqueda.

June sacó a Trunks de su bolsa de dormir poco menos que a patadas. Incluso él que solía despertar muy temprano, se sorprendió con la responsabilidad que la chica le daba a su trabajo.

Apenas paraban para que el shirshu tomara alguno que otro descanso, pero no pasaban más de 15 minutos cuando emprendían camino nuevamente.

Se detuvieron definitivamente por ese día, cuando casi se hacía de noche y arribaron a las cercanías de la Fortaleza de Occidente, la misma donde el General Fong, intentó los mil y un trucos para que Aang aprendiera a controlar el Estado Avatar, sólo consiguiendo éxito cuando lo amenazó de enterrar viva a Katara.

La cara de June comenzó a descomponerse. Por el trayecto que llevaban recorrido, supuso que la chica se habría dirigido a Omashu, pero por rumores que llegaban a la taberna, se enteró que la ciudad del Rey Bumi finalmente había caído, quedando sólo Ba Sing Se como importante capital del Reino Tierra aún en pie.

Pensándolo bien, Ty Lee portaba una indumentaria común de chicas de la Nación del Fuego, así que algo no andaba bien. Ningún civil o persona común rondaba con tranquilidad desde hace tiempo por la ciudad de Omashu, ya que era zona de conflictos por el momento.

Le restó importancia a sus ideas cuando divisó a Trunks saliendo de entre unos arbustos, con un Caballo Avestruz a cuestas. Salió de caza y regresó en 10 minutos. Sin dudas, no era un chico normal, era difícil llamarlo suerte. Si tan sólo viajara con ella más a menudo, todo le saldría más fácil.

—Mañana también saldremos temprano—. Dijo casi después de una hora de silencio, cuando el saiyajin ya había preparado la fogata y cocinaba al pie de la misma, enormes trozos de carne de la extraña ave.

Ambos eran de pocas palabras, no había mucha conversación entre ellos, aunque Trunks solía charlar bastante si se le motivaba a ello, tal cual hacía Ty Lee. Pero como no era el caso, nunca solía hablar más de lo estrictamente necesario.

June quedó boquiabierta con la forma de comer de su acompañante. Era tan increíble, que pudo jurar que el saiyajin consumió más carne que Nyla.

Sí, en definitiva, no era un chico normal.


Esa misma noche, unos kilómetros al sur del desierto de Si Wong…

El enorme tanque de guerra de la Princesa Azula, se había detenido. Un grupo de cinco soldados esperaban por el regreso de la princesa y sus dos amigas, pues se habían separado por un encuentro que tuvieron con el equipo Avatar.

Sí, un encuentro en el que Mai y Ty Lee se enfrentaron a Katara y Sokka, pero cuando ya los tenían indefensos y acorralados, llegó Appa al rescate y las arrojó a ambas a un rio cercano, todo gracias a una potente ráfaga de aire que les lanzó la enorme bestia con su cola.

Por su parte, Azula tuvo un enfrentamiento con Aang y el traidor de su hermano, el Príncipe Zuko. Y también fracasó. Se vio obligada a una forzosa retirada cuando se halló a sí misma rodeada de muchos contrincantes. Pero no escapó sin antes herir de muerte a su propio tío Iroh con un sorpresivo relámpago.

La despiadada princesa cargaba un humor de perros. Nada resultó como ella quiso… por casi vez primera en toda su vida….

Comenzaba a acumular fracaso tras fracaso en muy poco tiempo. Y antes de eso, durante los 14 años de vida que tenía, nunca había fracasado en nada.

Eso le llevó a herir gravemente a uno de sus comandantes, cuando éste la vio llegar y le preguntó por su siguiente orden, a lo que ella respondió con una terrorífica mirada de ojos dorados y una veloz ráfaga de su extremadamente violento fuego azul, que quemó con brutalidad la mitad derecha del cuerpo de su subordinado.

Una vez que el tipo fue recogido para ser atendido dentro del tanque, nadie más se atrevió a dirigirle la palabra.

Hasta la fría e impasible de Mai, no pudo evitar estremecerse al ser testigo de semejante acto de crueldad y salvajismo.

Ty Lee quería poco menos que llorar ¡Qué decir cuando la despiadada princesa se acercó a ambas y las observó de arriba abajo, casi con desdén!

Azula resoplaba agitada; signo de ello, era la convulsa respiración de su pecho. El sudor recorría sin tregua sus bellas pero sucias facciones, pues caminó de regreso por horas y a pie, un largo trecho de caminos polvorientos y acantilados rocosos.

Comprobó que Mai y Ty Lee se hallaban empapadas de pies a cabeza. Más evidente resultaba en la monótona chica, pues su largo cabello negro, no paraba de gotear.

Y la rabia volvió a golpearla con cegada ira. Soltando un desgarrador grito que partió el aire, lanzó un aterrador y potente relámpago azul que reventó en dos un enorme árbol cercano, destrozando la madera en medio de un terrible sonido crujiente, inundando el aire con el temible sonido crepitante del trueno e iluminando el cielo entero de la oscura noche, con el resplandor azulado de su peligrosa técnica predilecta.

No tardaron en aparecer las rojas llamas como efecto secundario de su arrebato, que consumían en medio de chasquidos, el tronco de aquel inocente árbol que fue víctima de su cólera.

Los severos ojos dorados de la princesa resplandecían con feroz viveza, observando complacida como el fuego se propagaba y escalaba sobre la superficie de otros troncos cercanos, para iniciarse así, todo un incendio forestal en las horas venideras.

—Son unas buenas para nada—. Musitó apenas, aún obsesa en las llamas que continuaban su mortal avance de consumirlo todo, y sin siquiera dignarse a verlas. Las duras facciones de Azula, se colorearon de naranja, gracias al incinerante espectáculo que tenía lugar para su deleite—. ¡Qué ansiosa me encuentro por saber cómo demonios fueron a parar al agua!

Inocente como de costumbre, la acróbata no captó el marcado sarcasmo en sus palabras y se decidió a responderle, cosa que tensó la postura de Mai, dada la posible respuesta de la cruel princesa.

—Hubo un inconveniente… ya los teníamos, pero ese bisonte volador nos arrojó y…

— ¡Ah! ¡Cómo olvidarlo! ¡Ese maldito bisonte volador! —Rió con sorna, colocando ambos brazos tras la espalda y caminando de un lado a otro como tigre enjaulado.

La ingenua Ty Lee comenzó a sonreír y a afirmar con su cabeza, obviando la clara hipocresía que ungía a las palabras de Azula. La acróbata pensaba que su explicación fue más que convincente, pero sólo empeoró las cosas.

—Díganme algo… se supone que aquí todas somos humanos, mientras que el bisonte del Avatar, sólo una bestia… así que, ¿quién debería ser más inteligente? ¿El humano o la bestia?

— ¡Esa es fácil! ¡Yo la sé, yo la sé!— Soltó la jovial chica, poniéndose de puntillas y alzando su mano, cual alumno que pide el derecho de palabra a un profesor— ¡El humano, Azula! Aunqueeee… algunos animales son muy inteligentes… ¡En el circo, por ejemp…!

No la dejó finalizar. Con violencia y sin previo aviso, tomó a Ty Lee por el cuello de su ropa y la pegó con fuerza contra la dura pared de acero del tanque, que permanecía estacionado justo a espaldas de ambas.

La chica abrió sus grandes y hermosos ojos grises con evidente impresión. Su mirada, desbordaba inconfundible miedo y sumisión. El recuerdo de la barbarie que mostró Azula con aquel comandante, se abrió paso sin clemencia dentro de su mente.

Era tanta la furia de Azula, que llegó a levantar a la pequeña acróbata, haciéndola despegar sus pies a unos pocos centímetros del suelo, y aplicando cada vez más presión en su impulsivo agarre.

— ¿ENTONCES POR QUÉ LOS DEJARON ESCAPAR? ¡EL BISONTE NO ES UN PRETEXTO VÁLIDO PARA MÍ! ¡NO LO ES! —

Sosegó su violento arrebato únicamente cuando un rebelde mechón negro, cayó frente a su descompuesto rostro. Si algo odiaba Azula, era perder la compostura. Tan pronto como descargó su furia en la acróbata, la soltó de golpe y se dio la vuelta. Con sus dedos, retiró el mechón fuera de lugar, acomodándolo detrás de una oreja.

Mai se hallaba poco menos que consternada. Siempre supo del mal temperamento de la princesa, pero jamás imaginó que el tiempo habría sido capaz de cambiarla de semejante manera. No era la misma de cuando niña, de eso no cabía la menor duda.

Ty Lee permanecía con ambas rodillas enterradas en el suelo, respirando agitada y con ambos ojos abiertos como platos. Temblaba ligeramente, ya que pensó que sería víctima de algún tipo de maltrato peor. Agradecía que aquel manchón de cabello, cubriera el rostro de la princesa de manera oportuna.

Sí, manchón. La pobre y descuidada acróbata, solía olvidar y confundir algunas palabras. Justo ahora no podía recordar como se le decía a esa porción de cabello.

—Ambas son unas imbéciles—. Y Azula era por lo mínimo, bipolar. Ahora, hablaba con parsimonia e increíble entereza, mientras que segundos antes, gritó completamente enloquecida y fuera de sí—. Pero la mayor culpable eres tú—. Señaló a la chica de circo con su índice adornado por una larga y afilada uña—. ¡Es tu culpa por tener la mente en otra parte! ¡De seguro sigues pensando en él!

— ¡Sí! ¡Sigo pensando en él! — Exclamó perdiendo la calma, entre sollozos y con amargas lágrimas resbalando por sus pequeñas mejillas— ¡No puedo evitarlo! ¡He dado lo mejor de mí, te lo juro Azula! ¿Qué quieres que haga?

Se giró en el acto, caminó unos pasos y se puso de cuclillas frente a Ty Lee, haciéndola estremecer nuevamente. Extendió una mano y la tomó con firmeza por el rostro, ejerciendo bastante fuerza sobre las mejillas de la chica.

—Que lo olvides. Quiero que lo olvides…

No sólo era la rudeza y maltrato de Azula, sino sus crueles palabras las que terminaron por desmoronar a la chica.

—No tienes otra opción. Si no lo haces y fallas de nuevo, tu destino será La Roca Hirviente.

Y con eso la soltó, casi empujándola en el proceso.

De repente y sin que nadie lo esperara, un halcón mensajero descendió de los cielos y se posó con gracia sobre el hombro de Azula.

La princesa desató el pergamino atado a la pata del animal, lo desenrolló y comenzó a escudriñar rápidamente la información allí escrita.

Una sonrisa cínica y hasta sádica, adornó su rostro.

Era un mensaje escrito a puño y letra por el Ministro de Guerra Qin, quien informaba a la princesa sobre un nuevo dispositivo que supondría la victoria definitiva de La Nación del Fuego sobre el Reino Tierra, pues les permitiría penetrar sin problemas, la muralla de Ba Sing Se de una vez por todas.

Codicia y ambición desmedida, nublaron de inmediato los sentidos de Azula, de tan sólo imaginar la fama y grandeza que alcanzaría si fuera la responsable de la toma de Ba Sing Se, algo que jamás en 100 años, habían logrado ni los más capaces generales de la Nación del Fuego.

Sería recibida con honores. Su nombre pasaría a ser eterno. Se harían cientos de historias, poemas y cantos de guerra dedicados a la memoria de Azula por siempre. Se convertiría en una leyenda entre las leyendas de su propia nación.

— ¡Qué suerte la mía! — Exclamó con una sonrisa que estremeció tanto a Mai como a la joven acróbata—. El Avatar podrá esperar. Mañana mismo salimos a Ba Sing Se.

Sin mediar otra palabra, ingresó al enorme vehículo de acero, dispuesta a llegar a su habitación para escribir un mensaje de respuesta al Ministro Qin.

Mai dejó escapar con pesadez el renuente aire escondido en sus pulmones. Observó a su amiga y se arrodilló frente a ella, para consolarla en medio de un cálido abrazo.

Ella sólo enterró su rostro en el hombro de Mai, todo para intentar ahogar sus sollozos. Se sentía herida. No comprendía como Azula había sido capaz de cambiar tanto, como se había vuelto tan cruel. Y pensar que de niñas fueron grandes amigas, casi inseparables.

Además, lo que ella le pedía, era imposible. Daría lo mejor de sí e intentaría no fallar de nuevo. Pero aunque no volviera a verlo otra vez, jamás olvidaría lo días que pasó junto a Trunks.


Al día siguiente, aún en horas de la mañana, Nyla los condujo a las afueras de Omashu, justo como June se lo esperó.

—Los rumores eran ciertos... — Dijo asombrada, con la mirada perdida en ningún punto en específico sobre lo que alguna vez, fue una de las ciudades más importantes del Reino Tierra. En efecto, sólo quedaba Ba Sing Se. La victoria de la Nación del Fuego, se hacía cada vez más inminente.

Pero aún había esperanza. Así era la gente del Reino Tierra, de voluntad inquebrantable, diversa y fuerte, perseverante y resistente. Se negaba a creer que la guerra estuviera perdida.

Trató de hacer sus ideas a un lado cuando Nyla comenzó a sacudir la cabeza con ímpetu, signo inequívoco de que el rastro no había terminado. Al parecer, la chica tampoco se encontraba allí, cosa que le extrañó de sobre manera. No resultaba muy lógico que la acróbata anduviera distancias tan largas en tan poco tiempo, por lo visto sin detenerse a descansar por mucho. Debía contar con un medio de transporte rápido.

—Estuvo por aquí—. Fue todo lo que dijo la pelinegra, cuando su shirshu volvió a emprender la veloz carrera, esta vez hacia el este.


Trunks y June continuaron viajando por unos cuantos días bajo el mismo ritmo.

La caza recompensas quedó algo extrañada con la ruta que seguía Nyla, ya que en lugar de arribar a los pueblos más importantes, el shirshu se limitaba a rodearlos o se aproximaba a unos cuantos kilómetros de ellos, pero nada más.

—Al parecer tu novia está haciendo lo mismo que nosotros… está persiguiendo a alguien…

Y tenía razón. La experiencia le indicaba a June que cuando su shirshu se dedicaba a seguir un rastro sin rumbo aparente, era porque el objetivo también perseguía algo o en su defecto, dicho objetivo sabía que June le seguía e intentaba perderle la pista a cualquier costo, pero ella apostaba más a lo primero.

Cuando estuvieron cerca del Pueblo de Chin, Nyla prefirió desviar su trayecto hacia los bosques aledaños, para luego continuar el viaje sobre los enormes acantilados que se cernían por encima de los mares del sur, y avanzar por un buen tiempo cerca de la costa.

Algo similar ocurrió cuando quedaban pocos kilómetros para arribar a Gaoling, el pueblo natal de Toph, donde una vez más, Nyla no dudó en cambiar de dirección y transitar por la región montañosa que rodeaba al gran pueblo.

Pero eso no era lo más impresionante. Desde que habían salido de Omashu, June juró observar las tenues marcas de lo que parecía ser un tanque de guerra de la Nación del Fuego, aunque sus sospechas se fueron confirmando a medida que avanzaban y por ende, las huellas eran más recientes.

—Primera vez que veo unas huellas tan grandes—. Sentenció algo abrumada, cuando durante una de las paradas de descanso, se aproximó a las marcas que dejó el tren tanque de Azula. Examinándolas más de cerca, llegó a la conclusión de que debía tratarse de un tanque demasiado enorme.

—¿Crees que ella… esté con quien sea que viaje en esa cosa…?

Los nervios en la voz del joven guerrero casi podían palparse. Y eso que Trunks no demostraba sus emociones tan fácilmente.

June sólo asintió. Era más que obvio que Nyla perseguía el rastro de Ty Lee y casualmente, dicho rastro coincidía con el recorrido del misterioso vehículo.

No hacía falta ser demasiado listo para darse cuenta que las marcas que dejaba el tanque a su paso, eran cada vez más notorias, sin mencionar el desastroso escenario de troncos y árboles caídos que dejaba tras de sí.

Viendo como Nyla se decidía a correr en dirección al norte, June haló de las riendas para detener en seco a la bestia. Más adelante quedaba el desierto de Si Wong, por lo que de inmediato, supo donde se hallaba la acróbata.

—Trunks, prepárate—. Soltó de repente, girando la cabeza para encontrarse con esa severa expresión que portaba el saiyajin la mayor parte del tiempo—. Nos quedan dos días de camino, tres a lo mucho. Iremos a Ba Sing Se.


Durante esos tres días, el equipo Avatar la pasó de lo peor.

Se aventuraron a viajar a espaldas de Appa a través del despiadado desierto de Si Wong, encontrando en medio de éste, la maravillosa biblioteca de Wan Shi Tong. Inclusive, hallaron un planetario allí dentro que les proporcionó una información muy valiosa: la fecha del próximo eclipse solar, dato con el cual, podrían planear una invasión a la Nación del Fuego.

Pero como siempre, hubo inconvenientes. Wan Shin Tong, el espíritu guardián con apariencia de búho, casi los entierra vivos para siempre junto con toda la inmensa biblioteca. Apenas lograron escapar y cuando lo hicieron, Aang se encontró con la terrible noticia de que unos areneros secuestraron a Appa.

Tuvieron que atravesar la mitad del desierto a pie. Se vieron en un grave peligro, pues estuvieron cerca de morir por la falta de agua y el abrasador calor del sol del desierto.

Hasta tuvieron un encuentro con los mismos areneros que se robaron a Appa, pero para desgracia del joven nómada aire, ya lo habían vendido. Eso desató su ira y le hizo entrar al Estado Avatar, llegando a destrozar algunos de los deslizadores que usaban los areneros para desplazarse en el desierto, aunque Katara logró calmarlo antes de que la cuestión llegara a mayores.

Sin embargo, precisamente gracias a uno de los deslizadores, fueron capaces de escapar de ese vasto océano de arena.

Al día siguiente, el equipo Avatar se encontró a un pequeño grupo de tres viajeros cerca de un rio, quienes buscaban establecerse como refugiados en Ba Sing Se. Por supuesto, Aang se comprometió a ayudarlos, pues una de las mujeres estaba embarazada y a punto de dar a luz.

El problema fue que se vieron en la necesidad de tomar la peligrosa ruta del Paso de la Serpiente, ya que fue imposible hacerlo mediante los transbordadores de la Bahía de la Luna Llena (los boletos de los viajeros que acompañaban a Aang, fueron robados).

En la estación de transbordadores se encontraron a Suki, a quien no fue capaz de reconocer Sokka por la ausencia de su tradicional maquillaje de guerrera Kyoshi, hasta que la chica lo besó para refrescarle la memoria. Luego, la líder de las Kyoshi se unió al empresa de Aang.

Tras un día completo de viaje a pie, no exento de los múltiples peligros que suponía tomar semejante ruta, todos llegaron a cruzar finalmente el Paso de la Serpiente, sanos y salvos. El último imprevisto fue que Ying, la mujer embarazada que viajaba con ellos, entró en trabajo de parto justo en ese momento, siéndole imposible aguantar y llegar hasta los muros de Ba Sing Se, que ya eran visibles a la distancia.

Por fortuna todo salió bien. Gracias a las enseñanzas de Gran Gran Abuela, Katara pudo ayudar a la mujer a tener a su bebé sin problemas o percances. Fue un hecho conmovedor que el equipo Avatar tuvo la dicha de presenciar.

El hecho de aquella bebé llegando al mundo, aún en contra de tantos obstáculos y circunstancias por las que tuvieron que atravesar sus padres, fue algo que le devolvió a Aang la esperanza, virtud que por cierto, terminó siendo el nombre de la pequeña niña recién nacida.

Con ánimo renovado, el antes afligido nómada aire por la pérdida de Appa, se llenó de valor y se despidió de sus amigos, adelantándose un poco a los demás para llegar a Ba Sing Se cuanto antes e iniciar la búsqueda de su bisonte volador.

Usando su planeador no le fue difícil alcanzar los muros de la ciudad, tan enormes y descomunales, que eran visibles aún a varios kilómetros de distancia. Comenzó a ascender verticalmente por la pared, volando con gracia y soltura en su siempre fiel planeador, hasta alcanzar la cima de la gigantesca muralla externa.

Una vez arriba, obtuvo una visión terrible, casi perturbadora.

—Lo siento Momo—, balbuceó a duras penas, volteando en dirección al pequeño lémur volador que descansaba sobre su hombro—, Appa tendrá que esperar…


En ese momento, tal y como lo predijo Aang, sus caminos se volverían a encontrar, aunque siendo más precisos, ni el joven Avatar pensó que tantos caminos se entrecruzarían ese día.

No sólo era el equipo Avatar, que ya estaba reunido en la cima de la muralla de Ba Sing Se y conversaban con el General Sung sobre qué hacer, sino también de Azula y sus amigas, que se hallaban dentro del cada vez más próximo taladro.

Pero además, estaba Trunks, quien acababa de cruzar el Paso de la Serpiente junto a June, todo a espaldas de Nyla. La enorme serpiente marina que había atacado hace tan sólo horas a Aang y los demás, no se presentó mientras ellos cruzaban. Quizás ya había tenido suficiente por ese día.

—Te juro que es la primera vez que cruzo el Paso de la Serpiente con tanta facilidad—. Comentó la chica con una amplia sonrisa, pero sin quitar su vista del frente en ningún momento—. Casi siempre suele aparecer esa enorme serpiente, pero esta vez, tuvimos suerte… creo que tú traes suerte…

Suavizó las últimas palabras, tratando de que éstas llegaran en un tono más afable y simpático para su acompañante.

Trunks sólo sonrió con ironía, jamás se consideró con suerte. De hecho, no creía en tal cosa, por eso se esforzaba tanto en trabajar y entrenar para cambiar la situación de su época.

—Oye, ¿qué es eso que está allá? — Soltó de repente el saiyajin, entrecerrando los ojos para lograr divisar un extraño objeto que apenas distinguía a la distancia. Tenía que tratarse de algo gigantesco para lograr ser visto desde tan lejos.

—Esas son las murallas de Ba Sing Se—. Contestó de inmediato la chica, sintiendo una oleada de orgullo recorrer su ser al estar tan próxima al máximo monumento de fuerza y resistencia de su nación. Era casi orgullo lo que la sobrecogía—. Impresionante, ¿verdad? Apuesto a que jamás habías visto algo así en tu vida…

Era cierto, no existía tal cosa en su época, pero no eran las imponentes murallas a lo que él se refería. Ya las había visto cuando visitó la ciudad con Ty Lee. El saiyajin se refería a un objeto mucho más pequeño, apenas perceptible pero al parecer, tenía movimiento.

No le extrañó que June aún no fuera capaz de verlo, después de todo, su vista solía ser más aguda que la de un humano promedio, quizás formaba parte de alguna característica fisiológica de la sangre guerrera que corría por sus venas.

Se mantuvo en silencio, pero luego de 5 minutos en los que Nyla continuó corriendo sin parar, la joven caza recompensas pareció notar lo mismo que él.

—¿Qué diablos es esa cosa?

—A eso me refería—. Soltó sin pausa, logrando que la anonadada chica finalmente girara la cabeza, sólo para mostrarle una expresión llena de desconcierto absoluto.

A medida que se aproximaban, ambos notaron que se trataba de algo parecido a un inmenso tanque, aunque demasiado descomunal, increíblemente gigantesco. Medía casi 3 kilómetros de largo. Sus mentes no concebían como alguien fue capaz de diseñar y llevar a cabo semejante vehículo.

Obviamente, Trunks no se impresionó con la parte tecnológica de aquel monstruoso pedazo de acero andante, sino del tamaño en sí que tenía la cosa.

Y mientras avanzaban más y más, pudieron notar los grandes carros de guerra que escoltaban de lado y lado al inmenso taladro. A pesar de ser vehículos enormes constituidos por varias toneladas de acero, se veían tan diminutos como hormigas en comparación al taladro. Sencillamente, algo increíble.

Aún estaban a un kilómetro de distancia y ya ambos podían sentir a través de sus cuerpos, las desagradables vibraciones terrestres producidas por el desplazamiento del taladro.

—Cre-creo que la Nación del Fuego planea una invasión—. June era muy blanca y a pesar de ello, su piel se tornó tan pálida como una hoja de papel. Mordió con nerviosismo su labio inferior antes de continuar—. Siempre pensé que el muro era impenetrable… pero ante esa cosa… no lo sé…

Haló de las riendas y detuvo a Nyla en seco, que se paró sobre sus patas traseras como si de un caballo se tratase. La chica giró su rostro y se encontró con los profundos ojos azules de saiyajin.

—Es peligroso continuar…

Él sólo le brindó su característica sonrisa confiada y colocó una mano sobre el tatuado hombro de la chica, intentando calmarla con su gesto.

—Yo me encargo del resto, muchas gracias por todo. Creo que tu trabajo valió cada moneda. De aquí en adelante, sigo yo.

Y para total sorpresa y conmoción de June, comenzó a flotar poco a poco desde la montura de Nyla, despidiéndose de ella con un saludo militar.

Continuó ascendiendo lentamente, hasta alcanzar una enorme altura de quizás 50 metros o más.

June apenas podía verlo desde el suelo, pero lo que sí distinguió con total claridad, fue cuando una especie de aura azul brillante rodeó lo que vendría siendo la figura completa de Trunks y como por arte de magia, el saiyajin voló directo a la muralla, alcanzando la cima de ésta en un pestañeo. Una velocidad increíble.

—Lo sabía…— Murmuró para sí misma, meneando su cabeza para intentar salir de tanto asombro. Comenzó a formar con sus labios una sonrisa ladina—. Sabía que no eras un chico normal…

Quizás ya no tenía nada que hacer, pero June decidió quedarse allí y observar todo lo que sucedería a continuación, desde la distancia prudente en la que se hallaba.


El taladro avanzaba lento pero seguro, cada vez más cerca de hacer contacto con la inmensa muralla de Ba Sing Se.

Mientras tanto, el equipo Avatar se hallaba en el interior de una enfermería situada en la cima de los muros, donde eran atendidos los maestros tierra que fueron inutilizados por Ty Lee hace una hora aproximadamente.

—Su chi está bloqueado—. Dijo Katara, arrodillada a un lado de la camilla donde descansaba uno de los numerosos soldados fuera de combate—. Es por eso que no parece tener heridas externas… ¿Quién te hizo esto?

El postrado maestro tierra, lanzó una mueca similar al dolor, pero era sólo el esfuerzo que ejercía por intentar mover aunque fuera un músculo de su inutilizado cuerpo—. Dos chicas nos emboscaron, pero una de ellas acabó con la mayor parte de nosotros. Era muy rápida… nos dio unos cuantos golpes y tanto yo como mis compañeros, perdimos nuestros poderes y la capacidad de movernos. Luego se marchó haciendo piruetas…

Katara quedó impresionada con las palabras del maestro tierra. Allí comprendió lo sucedido, pues eso fue exactamente lo que le sucedió cuando enfrentó a la acróbata.

—Fue Ty Lee—. Soltó de repente, poniéndose de pie para mirar a Aang y su hermano—. No parece peligrosa, pero conoce el cuerpo humano y sus puntos débiles a la perfección. Es como si lo atacara desde adentro…

— ¡OH! ¡AH! ¡OHHH! ¡Eso es! — Gritó Sokka de repente, llegando a sobresaltar un poco a los demás— ¡Así es como detendremos al taladro! ¡Lo atacaremos desde adentro por sus puntos débiles, tal y como lo hizo Ty Lee para vencer a los maestros tierra!

Apenas habían asimilado el discurso cuando uno de los comandantes del General Sung, entró corriendo muy alarmado a la enfermería.

— ¡Señor! ¡Tiene que ver esto! ¡Un joven acaba de…!

El hombre no pudo terminar cuando una figura conocida, le apartó lentamente con un brazo e ingresó caminando a la enfermería.

— ¡Trunks! ¡Viniste! — Le recibió alegremente Toph, la primera en reconocerlo incluso antes de ingresar debido a su sentido sísmico. La chica corrió a recibirlo con un breve abrazo, al cual correspondió el joven con unas leves palmadas en la espalda. Era tan pequeña, que apenas alcanzaba el pecho del saiyajin.

Por su parte, él captó el ki de Aang y los demás, razón por la cual caminó directo hasta allí.

—Has venido a ayudarnos, ¿verdad?

La forma en la que Toph se lo pidió, casi le parte el alma, pues le recordó a una pequeña que una vez le suplicó por ayuda casi de la misma forma, cuando llegó a una de las ciudades que estaban destruyendo los androides.

Por desgracia, el saiyajin tenía que decirle que no. No estaba seguro si era buena idea evitar la invasión, ya que eso podría modificar de manera importante la historia y por ende, el futuro mismo.

Al desconocer todo sobre la Guerra de los Cien Años, no sabía si la Nación del Fuego logró invadir la capital del Reino Tierra gracias al taladro… hasta que unas palabras le hicieron cambiar de opinión…

— ¡Muy bien, creo que contigo tendremos mayores posibilidades! — Exclamó Sokka con verdadero entusiasmo y dejando completamente de lado su habitual sarcasmo—. Como iba diciendo, atacaremos de manera similar a como lo hace Ty Lee. Para ello, primero debemos…

— ¡Espera un momento! ¿Has dicho Ty Lee?

La abrupta interrupción de Trunks no pasó por alto. Todos se giraron a observarle. Por primera vez, le vieron salirse de su característico estado inmutable, casi sereno. Más notorio fue cuando corrió y tomó a Sokka por los hombros, llegando a asustarlo un poco.

— ¿Qué saben de ella? ¿Dónde está?

Quizás no fuese la única chica en el mundo llamada Ty Lee, pero tenía que ser ella. Después de todo, June le dijo que probablemente estaba en Ba Sing Se e incluso el shirshu, les llevó hasta allí. Era mucha casualidad.

— ¿Acaso la conoces? — preguntó Katara despacio, con cautela, casi temiendo la respuesta que pudiera darle el saiyajin.

—Sí, ella es la chica de la que les hablé. Es a ella a quien he estado buscando…

Sus palabras fueron como un balde de agua fría en medio de un crudo invierno. Fueron como una patada al estómago.

¿Acaso Trunks era aliado de la Nación del Fuego? Eso sería terrible.

—Hermano, ¿estás loco? ¡Eres amigo del enemigo! ¡Esa chica es aliada de la psicópata Princesa Azula! ¡CASI NOS MATA! ¡NOS MATA! —Sokka por poco y sufre un infarto allí mismo, se quitó las manos de Trunks de encima y comenzó a gritar como un histérico.

Sólo Aang se mantuvo sereno. Sabía que algo debía estar pasando. Además de la predicción de Roku sobre Trunks, nunca le pareció que Ty Lee fuera realmente malvada. Por ello, dio unos pasos firmes al frente, tomó a Sokka por un brazo y lo haló, para ponerse justo frente al saiyajin.

—Está dentro del gran taladro. Ella fue quien inmovilizó a todos los soldados con el bloqueo de chi.

En definitiva, era ella. Trunks comenzó a sudar. Su punzante mirada se sustituyó en el acto por un par de orbes azules abiertos de par en par. Mordisqueó con insistencia el interior de su mejilla. Tenía que llegar al fondo de todo.

—Espérenme. No tardo…

Salió en carrera de la enfermería, seguido a prisa por los demás. Cuando llegó al borde de la muralla, Trunks colocó una mano sobre ella y la saltó como si de una baranda se tratase.

Se dejó caer en picada, como un halcón, pero cuando iba a mitad de la caída, se detuvo en seco en el aire. Observó la situación por unos instantes y cerró los ojos, todo para captar la presencia de ella en el interior del tanque.

Le tomó trabajo, pues había una enorme cantidad de gente allí dentro. Sin embargo, en tan sólo unos cuantos segundos, la sintió. Su corazón comenzó a latir con violencia, golpeándole dolorosamente las costillas, como si quisiera salírsele del pecho.

Se percató de que todas y cada una de las energías dentro de la gigantesca máquina, se situaban de la mitad hacia atrás, de forma que el taladro propiamente dicho, estaba libre de personas en su interior.

Lentamente, descendió a la altura de la torre de vigilancia, ésa que se alzaba por encima del taladro y servía para observar mediante un telescopio, lo que ocurría afuera. Enfocó su atención en la punta del taladro, extendió ambos brazos al frente y comenzó a reunir su energía dorada en las palmas de sus manos.

Lo destrozaría con una potente pero controlada ráfaga de ki, lo suficiente como para averiar el mecanismo y evitar dañar al muro o a las persona de adentro.


En la sala de control se hallaba el Ministro de Guerra Qin, alardeando una y otra vez frente a Azula, sobre la extraordinaria maravilla fabricada por la Nación del Fuego, engrandeciendo siempre la intervención de la princesa en semejante campaña militar y llenándole la cabeza sobre toda la gloria que le traería a su padre, a la nación y a ella misma.

A cada lado del trono donde estaba la princesa, se encontraban Mai y Ty Lee en lo suyo. La chica de cabello negro jugaba, aburrida como siempre, con unas cuchillas entre los dedos, mientras la desganada acróbata, estaba sentaba al revés en su silla, observándolo todo de cabeza y también algo aburrida.

La actitud de Mai era de lo más normal, no así la de Ty Lee. Obviamente Azula sabía que le sucedía, así que intentó levantarle el ánimo a su manera, en compensación al buen trabajo realizado.

—Veo que consideraste mis palabras de anoche—. Habló con su típico tono frío, observando sus uñas con una mirada poco menos que engreída—. Estuviste genial allá afuera. Dejaste a esos maestros tierra fuera de combate en un instante. Ahora, ¿por qué no echas un vistazo y nos dices que tan cerca está la muralla?

La chica se giró para sentarse derecha y con normalidad en su puesto. Cerró un ojo y obedeciendo la orden de Azula, observó a través de la lente del telescopio. Y allí lo vio.

Sus ojos se abrieron como nunca e inmediatamente, se tornaron vidriosos. Se separó en el acto del telescopio y alzó una mano para ocultar su boquiabierta expresión. Pudo verlo. Pudo ver a Trunks flotando de espaldas a unos cuantos metros de la torre de control.

Pensó que era su imaginación, pero un poderoso estruendo, le hizo entender que era real, que allí estaba él.

¡KABOOOOOOMMM!

La estructura interna de la gigantesca máquina, se estremeció por completo, como si un enorme terremoto hubiera tenido lugar allí dentro. Todos los trabajadores y obreros integrantes de la brigada de ingeniería, cayeron al suelo como muñecos de trapo, pues el temblor invadió incluso la sala de máquinas.

Lo mismo ocurrió en la sala de control, sólo que Azula y sus amigas no terminaron derribadas por hallarse sentadas, pero el Ministro de Guerra Qin, terminó hasta inconsciente, pues rodó y se golpeó la cabeza contra la pared de acero.

Desde la cima de la muralla, Aang y los demás observaron todo con enorme asombro. Lo que vieron estaba fuera de toda comprensión.

De alguna manera, vieron que Trunks disparó con sus manos una gruesa columna de energía dorada, tan veloz como una luz, que atravesó de un lado a otro el taladro, como si estuviese hecho de mantequilla y no de toneladas y toneladas de acero.

Incluso, aquel haz de luz continuó su trayecto y siguió de largo, llegando de manera instantánea a una de las inmensas montañas que a duras penas se veían a la distancia, desapareciéndola por completo en medio de una hermosa explosión dorada.

Por suerte eran montañas deshabitadas por completo, sin mencionar que la distancia era tan grande, que fue difícilmente perceptible la cuestión, como un destello, nada más.

Toph no pudo ver nada, pero sintió las inmensas vibraciones terrestres de inmediato con sus pies descalzos. Imaginó que había ocurrido algo demasiado poderoso, ya que la pequeña sabía que ni un terremoto, producía semejantes vibraciones.

Todo fue muy rápido, pero pareció algo casi eterno dado lo impresionante del espectáculo. El taladro dejó de girar. Un gran boquete de 20 metros de diámetro lo atravesaba de un lado a otro. El agujero era tan grande, que por poco y divide al taladro en dos parte. Quedó inservible. Ni siquiera llegó a tocar el muro de la capital del Reino Tierra, aunque no le faltó demasiado para ello.

Viendo que su plan marchó a la perfección, Trunks se dio la vuelta y voló hasta la elevada plataforma de la sala de control, que se alzaba a muchos metros por encima de la ahora inmóvil máquina.

Cuando posó sus pies sobre la superficie de acero, justamente la puerta de la cabina allí ubicada, se abrió. El umbral fue atravesado por una figura familiar.

Allí estaba Ty Lee de pie, viéndolo como si fuera el ser más extraño del mundo. Pero no, ella fue la única que no se impresionó del chico volador o de la enorme e inhumana explosión que dejó al taladro completamente inservible.

Ella se impresionó por verlo de nuevo, algo que para ser sincera, pensó que jamás sucedería.

Trunks tenía muchas preguntas que hacerle. Quería saber por qué se fue sin decirle nada, por qué estaba dentro de un taladro de la Nación del Fuego, por qué pretendía penetrar la muralla de Ba Sing Se junto a Azula.

Pero no pudo. Quedó mudo cuando la vio de nuevo, tan bella y radiante como siempre. Todo se le olvidó en el acto.

Ella fue quien corrió a su encuentro y se le lanzó encima, rodeando con sus pequeños brazos, el cuello del aún paralizado saiyajin.

—Viniste por mí…— Sollozó con la cara enterrada en el musculoso pecho del chico, sintiéndose protegida en el acto cuando él la rodeó tímidamente con sus fuertes brazos.

Esta vez, el rostro de Ty Lee quedó empapado por lágrimas diferentes: lágrimas de júbilo y felicidad.

Se maldecía así misma por su error, por pensar que la cruel princesa podía hacerle daño a Trunks, razón que la llevó a seguirla en su misión. Sólo quería protegerlo.

Pero no más, no volvería a huir, enfrentaría lo que fuera con tal de permanecer a su lado.

Ya no le importaba nada, ya no le importaba Azula.

Sólo le importaba su saiyajin.


Perdonen la tardanza por actualizar, al menos espero que les haya gustado.

Sólo debo aclarar que Trunks no quería intervenir cuando lo del taladro porque aún piensa que sus acciones pueden modificar el futuro, todavía no comprende muy bien lo que sucede con los viajes por el tiempo.

Agradezco mucho a todos y todas por su apoyo, por seguir la historia, leerla y dejarme su opinión. La cantidad de lectores es mucho menor en comparación al otro fic, pero eso no significa que dejaré inconclusa la historia, poco a poco la iré completando.

Agradezco por este medio a SB, me alegra que te gustara la pelea de Toh. Hace tiempo recuerdo que me escribías sobre que querías leer la reacción de Azula cuando Ty Lee y Trunks se encontraran. Bueno, queda ya para lo próximo, pero creo que ya imaginarás la decisión de Ty Lee XD. Muchas gracias por tu opoyo todo este tiempo con este fic.

Sayachica tardé mucho, pero veo que te quedaste tranquila y sin convulsionar porque te mantuve entretenida con el otro fic por lo menos jajaja. Me extrañó que no empezaran tus amenazas por tardarme tanto, pero espero que al menos te guste el capítulo y trates de soportar para cuando ponga el siguiente. Lamento decirte que como me dediqué esta semana a esta historia, no tengo nada escrito para la de Naruto, así que mañana no habrá actualización. Por favor, sólo te suplico que no te dé la loquera, quizás para el martes lo tenga listo, pero paciencia, respira hondo y no te salgas de control, por favor XD jajaja. Gracias por tu apoyo y dejarme tu opinión de lo que te gusta (como la amistad de Trunks y Toph).

Nuevamente mil gracias a todos. Hasta la próxima.

¡Cuídense y saludos!