Los personajes de Dragon Ball Z no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama.
Los personajes de Avatar: la leyenda de Aang no me pertenecen. Son creación de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko. La serie fue producida por Nickelodeon.
20. Decisión
—Dime Sokka, ¿sigues pensando que Trunks está de lado de la Nación del Fuego?
El sarcasmo que vestía al tono de Toph, parecía ser lo único en sacar al joven de la Tribu Agua de su profunda obnubilación, aún boquiabierto por la monstruosidad recién presenciada.
A pesar de conocer la verdad sobre Trunks, se mantenía reacio a creerlo por completo, ya que él usaba la lógica por delante de todo y lo recién ocurrido, desafiaba casi cualquier lógica. Para escépticos como él, no existe nada mejor que ver para creer, razón por la que no podía seguir haciéndose el indiferente. Ciertamente, el saiyajin tenía un poder increíble, inhumano.
Giró su rostro lentamente a la derecha, perdiendo su mirada en el horizonte sobre el que a duras penas, era perceptible una columna de humo similar a un hongo, pequeña debido a la distancia, pero de cientos de metros de altura en realidad. Dicha nube de polvo, correspondía a la inmensa montaña que desapareció con la extraña técnica del joven Brief, ese rayo de energía dorada que atravesó al taladro de lado a lado como si nada.
Muchos de los Maestros Tierra del muro se hallaban casi aterrados, pero al mismo tiempo, un poco aliviados, ya que la ciudad estaba a salvo después de todo. No podía culpárseles, pues ellos sí que no sabían nada acerca de su salvador.
Lo mismo era tan increíble, que la mayoría se negaba a aceptar lo sucedido, siendo víctimas del engaño de sus subconscientes que les gritaba que tal cosa no ocurrió, que sólo fue una falla mecánica que hizo explotar al taladro por sí sólo.
Aang estaba conmocionado, en menor medida que Sokka, pero sí muy conmocionado. Recordó a Roku cuando le dijo que el poder del misterioso individuo que vendría a aterrorizar a la Tierra, era suficiente para desaparecer al mundo entero del mapa, así como también que el individuo que le plantaría cara, contaba con un poder similar.
Ahora no tenía dudas. El pequeño monje podría jurar que Trunks se contuvo para no lastimar a nadie, aunque de todas formas, se le pasó un poco la mano.
No obstante, lo importante era que la Nación del Fuego fue detenida, sin mencionar que ellos no tuvieron que hacer nada, pues si bien el plan de Sokka era bueno, no les aseguraba un éxito absoluto. De haber tenido lugar la invasión, la guerra habría dado un giro terrible.
— ¿Ahora que tendrá planeado hacer?
Katara, tan anonadada como el resto, desvío su atención en el joven Avatar, haciéndose la misma pregunta.
La Maestra Agua recordó de repente que Trunks dijo que Ty Lee era la chica a quien buscaba, pero ella los había atacado antes, había intentado secuestrar a Aang junto a Azula para entregarlo a Ozai.
Por ello, se le hacía imposible estar completamente tranquila. Aún quedaba ver qué sucedería o como dijo Aang, qué tenía planeado el saiyajin.
Azula estaba algo aturdida, todo gracias a la enorme sacudida que sufrió el taladro. Era lo de menos. Más que aturdida, estaba confundida, incapaz de adivinar lo que había sucedido.
No había que ser un completo genio para entender que algo había salido mal con el funcionamiento de la máquina, que había dejado de andar y por sobre todo, que ese algo debía ser sumamente importante. Quizás la sala de máquinas había estallado por completo, era lo único que se le pasaba por la mente.
Observó con desagrado el inconsciente cuerpo del Ministro de Guerra Qin, víctima de un fuerte golpe en la cabeza cuando todo sucedió. No era el único. Algunos otros soldados y operadores estaban en su misma situación, aunque la mayoría se hallaban conscientes, pero muy aturdidos o atolondrados como para ser de utilidad.
Intuyendo que ninguno estaba en facultades de darle una adecuada respuesta sobre lo sucedido, la princesa decidió actuar por sí misma.
Lo más extraño fue cuando observó a Ty Lee pararse de su asiento y correr como loca hacia la puerta de la cabina, demasiado apurada por salir al exterior de la plataforma de la torre de control.
Se levantó de su asiento, caminó al puesto de Ty Lee y observó por el telescopio, viendo con frustración, como una gigantesca nube de humo negro le impedía por completo la visión.
Ahora, creía que la chica salió a toda prisa de la sala de control para ver con sus propios ojos lo ocurrido.
Azula pensó que era un poco tonto, pues no haría nada más que ver la misteriosa nube de humo negro, generada por las toneladas de acero destrozado y chamuscado gracias al disparo de energía del saiyajin. Sea lo que sea, la falla debía provenir de la sala de máquinas.
— ¿Qué diablos fue eso? ¿Ahora que salió mal? —Se quejaba Mai sentada desde su sitio, llevándose una mano a la cabeza para intentar librarse del monstruoso aturdimiento, ya que la explosión fue tan estruendosa, que los dejó a todos medio sordos—. ¿Y por qué Ty Lee se ha marchado? ¿Qué le sucede?
Fue como si la monótona chica le leyera la mente. La despiadada princesa formulaba exactamente las mismas interrogantes en su cabeza, por lo que no dudó en dirigirse a la puerta de metal que la acróbata dejó abierta, decidida a llamarla para que se uniera con Mai y averiguaran qué fue lo que pasó.
Salió con paso firme, entrecerró un poco los ojos debido a la intensa luz del sol que golpeaba sin clemencia su retina, todo por culpa de sus dilatadas pupilas acostumbradas a la oscuridad del interior de la sala de control.
No le tomó nada adaptarse a la molesta sensación y cuando lo hizo, una desagradable sacudida se apoderó de su ser, incapaz de creer lo que sus ojos estaban viendo.
—Viniste por mí…
A pesar de que la acróbata tenía enterrado su rostro con fuerza en el pecho de aquel desconocido, Azula captó a la perfección aquellas palabras ahogadas y llenas de inconfundibles sollozos.
Su mente hizo chispa y allí lo entendió todo. Ese tenía que ser Trunks.
No podía descifrar del todo la relación del joven con el improvisto sufrido por el enorme taladro y sin embargo, sabía de antemano que algo tenía que ver, ya que la casualidad, era demasiado grande.
Supuso que vino junto a un grupo de aliados que le ayudaron a sabotear el gigantesco vehículo, posiblemente ubicados en estos momentos, en la sala de máquinas o en alguna otra parte de la estructura del taladro, mientras él hacía lo propio por buscar a la acróbata.
Aquel misterioso chico que rodeaba con sus brazos a Ty Lee, levantó la cabeza de inmediato. Su fuerte mirada se cruzó con la de Azula, no exenta de una fiereza sin igual. De hecho, el saiyajin llegó a intimidarse un poco con el leve resplandor dorado que lanzó los ojos de la cruel princesa.
Pero quizás lo peor de esa chica, era su ki. Trunks no había sentido un ki cargado de tanta energía negativa desde el de Freezer, y eso porque los androides no tenían ki. Sencillamente, su presencia era maligna, casi aterradora.
—Ty Lee, ¿qué se supone que estás haciendo? —Exigió con altivez la voz de Azula en ese instante, logrando estremecer a la acróbata que aún no estaba al tanto de su presencia—. ¿Y quién se supone que es él? No me digas que…
—Sí, Azula, él es Trunks.
La princesa no se sorprendió tanto por la noticia, ya que lo suponía desde un principio, sino de la entereza con la que Ty Lee le respondió.
Se supone que la acróbata debería estar aterrorizada por su descubrimiento y sin embargo, no lo demostró, pero es porque ya había tomado una decisión. Si para estar con Trunks debía enfrentarla, lo haría. No tenía remordimientos, Azula demostró ser de todo menos una amiga con ella, así que no le temblaría el pulso.
—Ya veo. —Sonrió con marcado cinismo, aparentando indiferencia ante la respuesta de la chica.
Comenzó a examinar a Trunks de pies a cabeza, comprobando que su apariencia era muy extraña, tal y como le dijo el dueño del circo donde trabajaba Ty Lee. Resultaba imposible determinar a qué nación pertenecía por su pinta.
Del cuello hacia abajo, parecía un Maestro Tierra cualquiera, dado su trabajado físico, que no podía apreciarse demasiado bien bajo esa extraña chaqueta púrpura. Sin embargo, podría jurar que su definición muscular iba más allá de cualquier cosa que hubiera visto antes, a juzgar por la hendidura que se asomaba sobre el cuello de su camiseta negra, signo de la perfecta división de su pecho en dos marcados músculos.
Pero no era un Maestro Tierra, su piel era muy clara y su cabello no era negro o castaño como la gente de esa nación. Si bien era tan blanco como las personas de la Nación del Fuego, tampoco tenía el cabello negro y los ojos amarillos, rasgos muy típicos de la gente de Azula.
Y a pesar de que sus ojos eran tan azules como los de las personas de la Tribu Agua, tampoco tenía nada que ver con ellos, pues eran muy morenos. Simplemente, era diferente, siendo su vestimenta lo más peculiar.
—Oh, perdona mi mala educación, Trunks. Como podrás imaginar, soy la Princesa Azula. —El tono de la chica casi exhalaba amabilidad, pero ninguno de los dos se lo creía en lo más mínimo—. Es todo un placer tener la dicha de finalmente conocerte. Supongo que Ty Lee te contó mucho sobre mí…
—Pues la verdad no mucho. Y para ser sincero, se lo agradezco…
Mostraba repudio en su expresión, sin quitar su severa mirada de encima de Azula.
—Hmp… ¡Qué lástima!
La sonrisa que marcó las facciones de la princesa, provocó que por acto reflejo, Trunks soltara a Ty Lee de su abrazo, la tomara por un hombro y la pusiera tras él, intentando protegerla de cualquier cosa que se le ocurriera a Azula.
— ¿Qué sucede? ¿Me tienes miedo?
—En lo absoluto…
—Entonces, ¿por qué actúas de esa forma? Sólo quiero hablar con mi amiga, quien por cierto, me conoce desde hace mucho más tiempo que a ti…
Era como si intentara decirle al saiyajin que no tenía nada que hacer allí, que la lealtad de Ty Lee (o el miedo) era demasiado enorme como para abandonarla así nada más. Pero él no estaba dispuesto a ceder.
—Te advierto que la dejes en paz. Ella es muy diferente a ti, no debería estar contigo.
—¡Pero si ni siquiera me conoces! —Respondió con una vanidosa sonrisa, dando unos cuantos pasos al frente que sólo lograron que Trunks alzara un brazo, todo para mantener a Ty Lee fuera de su alcance—. Por si no lo sabes, Ty Lee pertenece a la nobleza de mi nación y por lo que a mí respecta, ella no merece estar contigo. —Dejó de caminar, pues notó que el joven guerrero sólo se estaba poniendo más tenso—. ¡Ja! ¡No me hagas reír! ¿En verdad pensaste que podrías venir aquí como si nada y llevártela? ¡Mírate! ¡Tú no tienes nada que ofrecerle! ¡Eres un artista marcial sin nada más en su haber que la ropa que lleva puesta! ¿Qué tienes para ofrecerle a ella?
—No lo sé, —Esbozó su característica sonrisa confiada de medio lado—, pero de seguro, puedo ser una mejor influencia para ella…
—Eso no lo decides tú.
—Tienes razón. —Habló Ty Lee para sorpresa de ambos, saliendo desde atrás del saiyajin para que la princesa le viera fijamente—. Eso lo decido yo… y mi decisión, es que no quiero estar más bajo tus órdenes… quiero estar con él. Tú lo sabes muy bien.
Escucharlo de boca de ella, le hizo perder la poca razón que le quedaba, la poca diplomacia que restaba en su ser para no tornarse completamente violenta y matarlos a ambos allí mismo.
La invasión era mucho más importante y Azula jamás perdía de vista el objetivo principal, sin importar qué; pero ver que la temerosa de Ty Lee mostraba semejante templanza para hacerle frente, le sacó por completo de sus casillas, pues entendió que Trunks era tan importante para ella, que le daba el valor suficiente para imponérsele, cosa de la que nadie podía presumir sin llevarse su merecido.
La cólera comenzó a apoderarse de su ser, amenazando con estallar y sacar a flote su mayor brutalidad y salvajismo. Además de eso, una increíble envidia también tomó completo control de su juicio.
Sí, envidia. Envidia por tener innumerable cantidad de aliados, soldados y personas a su disposición, pero ninguno sentía aprecio real por ella, sino que obedecían a sus órdenes por el único hecho del miedo que le tenía. Todos temían a Azula.
Por el contrario, Ty Lee tenía a ese chico que de seguro movió cielo y tierra por hallarla e incluso, se atrevió a llegar a tales extremos para cumplir con su cometido.
Ella no tenía a nadie que hiciera semejante cosa por otra razón que no fuese una orden o una misión, lo sabía muy bien. De hecho, podría asegurar que su muerte o desaparición, sería un alivio y alegría para muchos.
—¡Eres un estúpido, un ingenuo! —Le dijo casi fuera de control, arrojando espumarajos de saliva y apuñalándole con una feroz mirada de ojos muy abiertos—. ¿No te das cuenta de que tú no eres realmente importante para ella? ¡Conozco a Ty Lee de toda la vida, y sé que ella es así! ¡Tú sólo eres uno más! ¡Siempre quiere toda la atención para ella! ¡TODA LA MALDITA ATENCIÓN!
—¡Te equivocas! —Respondió, con la mayor firmeza que le permitió su ser en ese momento—. ¡Trunks no es cualquier chico! ¡Él es muy importante para mí! ¡Lo más importante, lo mejor que me ha ocurrido! —Hizo una breve pausa, desviando un poco su mirada hacia el suelo, cuando su voz sonó como un hilo—. Sólo quiero estar con él…
Esa fue la gota que colmo el vaso para ambos.
El saiyajin no lo podía creer. La declaración de Ty Lee le tomó por sorpresa, logrando impresionarlo tanto, que desenfocó su atención de Azula y desvió su mirada hacia ella, hacia los ojos grises de la acróbata.
Sólo el crepitante sonido del relámpago formándose en la punta de los dedos de la princesa, logró sacarle de su estado de asombro.
Azula era una Maestro Fuego tan excepcional, que a pesar de su actual estado mental muy alterado, tuvo la suficiente habilidad como para separar las energías del ying y el yang de forma exitosa.
Las energías chocando y buscando nuevamente el equilibrio, crearon el mortífero rayo, que sólo esperaba ser canalizado por Azula en dirección al par de jóvenes.
La figura entera de la acróbata se estremeció en el acto. Recibir ese relámpago sería mortal, más sin embargo, estaba dispuesta a actuar. Ya estaba con Trunks y no permitiría que su felicidad se terminara tan de prisa.
No obstante, cuando se puso en guardia para esquivar el mortífero rayo, sintió sin previo aviso como su pequeña cintura, fue rodeada con firmeza por el fuerte brazo del saiyajin.
Sus pies se despegaron del suelo, ya que Trunks la levantó como si se tratase de una pluma. Luego, el mundo entero se convirtió en un remolino de colores ante sus ojos, incapaz de precisar que era lo que estaba ocurriendo.
Todo fue increíblemente rápido, por no decir que efímero, instantáneo. Cuando fue capaz de ver con normalidad de nuevo, se percató de que Trunks la seguía sujetando de la misma manera, y ambos se hallaban de pie a pocos metros detrás de Azula.
Allí lo comprendió todo. El saiyajin la tomó y usó su increíble velocidad para desplazarse junto a ella a espaldas de Azula. Sabía que Trunks podía llegar a ser muy rápido, pero no a ese extremo.
Fue tanto así, que Azula aún se mantenía con un brazo al frente, lanzando el poderoso relámpago al sitio donde se supone que se encontraban antes.
La plataforma de acero se partió en dos, mientras el poderoso rayo azul continuaba su trayectoria con total normalidad, como si nada, ensordeciéndolos a todos con su estruendoso sonido.
Una vez que el destello cobalto que bañó la atmosfera que les rodeaba se disipó por completo, entendió que era su momento de atacar.
Azula estaba demasiado conmocionada, girando su cabeza de un lado a otro para ver en donde se hallaban los jóvenes. Le costaba creer que alguien pudiese esquivar un rayo desde una distancia tan cercana, ya que la técnica en sí, era demasiado veloz.
Ty Lee aprovechó la oportunidad. Sujetó con sus manos el antebrazo de Trunks que aún le rodeaba la cintura, todo con el fin de zafarse. Como el saiyajin no se esperaba tal cosa, no pudo retenerla, sencillamente se soltó.
La acróbata corrió unos pocos pasos, ejecutó un par de veloces volteretas que le situaron justo detrás de la anonadada Azula, y le lanzó tres rápidos golpes con la yema de sus dedos: uno por encima de cada codo y el último, en la base de la nuca.
La princesa sintió a la acróbata acercarse, pero entre el asombro y la sorpresa de no comprender cómo demonios llegó a situarse a su espalda, no contó con la suficiente destreza para girarse a tiempo. Además, Ty Lee era más rápida gracias a sus entrenamientos con Trunks en la cámara de gravedad.
¡Poof!
No tardó en escucharse el golpe seco que sentenció la caída de Azula, cuya humanidad quedó inutilizada e inmóvil sobre la plataforma de acero.
Estaba absorta, no podía creer lo sucedido. Hace un par de minutos, estuvo a punto de alcanzar la gloria máxima de su nación, al ser partícipe en la invasión de Ba Sing Se.
Por supuesto, ella siempre mantenía sus reservas, pero jamás imaginó que las cosas se tornaran en su contra tan drásticamente: el taladro se hallaba completamente inservible, el tal Trunks llegó en busca de Ty Lee, quien no dudó en ponerse en su contra y por si fuera poco, la atacó y dejó inmóvil en el suelo, sin siquiera saber cómo hizo para aparecer por detrás.
Todos los catastróficos eventos, no duraron más de un par de minutos, sólo eso.
—¡Maldita traidora! —Chillaba la enloquecida princesa, postrada boca abajo en el suelo, girando su cabeza a un lado para que sus gritos fueran perceptibles—. ¡Conoces bien las consecuencias! ¡Esto no se quedará así! ¡AUNQUE SEA LO ÚLTIMO QUE HAGA, LOS ENCERRARÉ A AMBOS EN LA ROCA HIRVIENTE! ¡NO VERÁN LA LUZ DEL SOL EN LO QUE LES RESTA DE VIDA!
Incluso Trunks estaba sorprendido por la determinación de Ty Lee. No anticipó que se soltara con semejante sangre fría para atacar a Azula, solucionando la cuestión de inmediato.
A pesar de todo, la chica no pudo evitar estremecerse un poco por las amenazas de Azula, ya que la princesa no dudaría en poner todo de cabeza para tratar de cumplir su cometido.
Mordía su labio inferior con desazón y ansiedad, desviando su mirada de ojos grises a ningún punto en específico… hasta que un par de manos se posaron sobre sus hombros.
—¿Estás lista?
Giró su rostro y se encontró con ese par de zafiros que componían la mirada de su saiyajin.
—Trunks, lo lamento mucho. —Comenzó a excusarse, incapaz de sostenerle la mirada dada la enorme vergüenza que recorría su ser—. Te lo quise explicar, pero no tuve otra opción. Azula me amenazó contigo y… tuve mucho miedo de…
No siguió hablando cuando él negó con un divertido gesto. No necesitaba excusas ni explicaciones, sabía muy bien que ella no tuvo la culpa. Lo importante es que ahora estaban juntos.
No hacían falta las palabras. Pasó ambos brazos alrededor del cuello del chico y se aferró a él en un caluroso abrazo, que no pensó que se repetiría de nuevo.
Una enorme sonrisa adornó sus infantiles facciones y cerró los ojos, concentrándose en los potentes y pausados latidos del corazón de Trunks, mientras él rodeaba su pequeña espalda con un brazo y ambos desprendían los pies de cualquier superficie existente, flotando lentamente en dirección a Ba Sing Se.
Encontrarse nuevamente en los aires, con la suave brisa acariciándole el rostro, le hizo sentirse más libre de lo que nunca jamás se había sentido. Y es que literalmente, pasó de estar poco menos que secuestrada, a estar con su saiyajin.
Ignoró por completo cualquier otro sonido que proviniera del entorno, como los continuos gritos de Azula que finalmente alertaron a los soldados y tripulantes de la sala de control, ya restablecidos de la salvaje sacudida del taladro, e intentando alcanzar a la pareja con inútiles llamaradas que arrojaban los pocos Maestros Fuego presentes.
Mai se mantuvo todo el tiempo oculta desde la entrada de la cabina, observando la escena y sonriendo como no tenía tiempo que lo hacía, por saber que su amiga era nuevamente feliz. No dijo una palabra, decidió no intervenir, pues sabía que si aquel desconocido muchacho fue capaz de llegar tan lejos, entonces no tendría problemas en irse con su amiga. Y así fue.
Se mantuvo estática, cuando los soldados corrieron apresurados a su lado para asistir a Azula, poco menos que con el juicio completamente perdido, y sacudiendo su cabeza como una maniática en medio de injurias y maldiciones.
Los vio alejarse poco a poco, hasta que se hicieron un diminuto punto en medio del aire que ya no era capaz de percibir, pero sabiendo que iban directo a la cima de la gigantesca muralla.
Por sobre todo, admiró el valor y arresto de su amiga. La conocía bien, y si fue capaz de revelarse ante Azula, era porque su amor era mucho más grande que su miedo.
—Creo que allí viene. —Señaló Aang, cuando un par de figuras conocidas que volaban juntas, se hacían cada vez más nítidas y perceptibles—. Parece que Trunks viene con Ty Lee…
Sokka estaba que quería protestar. Le parecía una locura que la misma chica que les persiguió con saña hasta el punto de no dejarles dormir, fuera traída como si nada al interior de los muros de la importante ciudad.
Toph le dio un codazo en las costillas al chico del boomerang que le dejó sin aire. Si bien no era capaz de leer la mente, la pequeña era muy perceptiva a pesar de su ceguera, por lo que reprendió al joven cuando sintió su ritmo cardíaco elevarse con desmesura.
—No es que me sienta a gusto con esto, —Comentó Katara por último, antes de que Trunks arribara a la muralla y pudiese escucharlos—, pero tampoco podemos negarnos. Después de todo, Trunks detuvo el taladro y ha demostrado ser de confianza. Y si el confía en Ty Lee, creo que nosotros también debemos… o al menos lo intentaremos…
—Todos están locos. —Murmuró… ¡Quien más que Sokka! Pero recibió otro codazo del lado opuesto de sus costillas, estaba vez de parte de Katara.
¡Tap!
Sonaron las botas del saiyajin cuando se posaron sobre el muro de piedra, seguido de inmediato por los pies de la acróbata que hacían lo mismo, cuando se soltó de su agarre.
El momento podría traducirse como incómodo. Ty Lee los reconoció a todos de inmediato, a pesar de que sostuvieron sólo dos encuentros y del resto, ni los nombres de los chicos conocía.
A pesar de ello, les sonreía con su característico gesto amigable, agitando una mano al aire para saludarlos a todos.
—Bueno, creo que ya conocen a Ty Lee. —Dijo Trunks, tratando de romper el hielo y la tensión que casi podía palparse en el aire, aunque notó que dicha tensión provenía del equipo Avatar, pues en lo que respectaba a Ty Lee, parecía como si no tuviera el más mínimo problema con ellos. (1)
—Hola, soy Ty Lee. Espero que podamos llevárnosla bien. —Dijo la chica con las manos entrelazadas hacia el frente y haciendo una profunda reverencia ante la atónita mirada de los demás.
No podían comprender como la acróbata olvidaba con tan insulsa facilidad las diferencias pasadas.
—Un placer, Ty Lee. Mi nombre es Toph. —La pequeña fue la primera en corresponder a su reverencia, presentándose debidamente ante la incredulidad del resto. Su sentido sísmico le indicó la sinceridad que envolvía a las palabras de Ty Lee, sin mencionar que lo hizo más que nada por Trunks.
Sí, la joven Maestra Tierra captó un ligero pero importante cambio en los signos vitales del saiyajin, cuando éste abrió la boca y pronunció el nombre de la acróbata. Supo entonces que ella era muy importante para él.
Aang no tardó en seguir el ejemplo de la chica, quizás exento de todas las cualidades perceptivas de Toph, pero dotado de algo posiblemente más difícil de desarrollar: la virtud del perdón, transmitida y enseñada por la filosofía de los monjes que le criaron.
—¿Alguien más nota lo extraño de todo esto? Digo, hasta el taladro explotando es más creíble, pero esto es… ¡Uggh!
Sokka calló en el acto, esta vez recibiendo dos codazos simultáneos de cada lado que le dejaron sin aire y le hicieron caer de rodillas al suelo, uno de parte de Toph y otro de Katara. Lo iban a hacer escupir un pulmón.
De repente, mientras Sokka continuaba tosiendo de rodillas y maldiciendo a su hermana por lo bajo, llegó el General Sung, quien se puso de pie frente a Trunks e hizo una reverencia en señal de agradecimiento y respeto.
—En nombre de toda la ciudad de Ba Sing Se, agradezco tu ayuda con profunda sinceridad, joven guerrero. Eres bienvenido a la capital del Reino Tierra. —Giró sobre sus talones y esta vez se dirigió a Aang—. Lo mismo para ti y tus compañeros. Todo amigo del Avatar, será recibido con los brazos abiertos.
Aang sonrió algo apenado y se llevó una mano a la nuca, con un leve sonrojo tiñendo sus mejillas. Después de todo, realmente no hizo nada. No obstante, estaba decidido a intervenir junto a sus amigos, de eso no cabía la menor duda.
Es sólo que Trunks se adelantó, aunque quizás, fue lo mejor.
El nuevo e improvisto grupo recién formado, viajaba a bordo de uno de los monorrieles que traspasaban la muralla externa y recorrían de un extremo a otro la zona agraria, para así atravesar el muro interno y acceder al sector bajo.
Cuando Trunks y Ty Lee visitaron Ba Sing Se, accedieron a la ciudad volando muy por encima de ambas murallas, de modo que no hubo la necesidad de usar tal medio de transporte. Por ello, la acróbata parecía disfrutar bastante de la desconocida forma de viaje, pegando su rostro a una de las ventanas de vidrio para no perder pista del paisaje, compuesto por extensas llanuras con sus respectivas zonas agrícolas. Parecía una niña pequeña asomada por la ventana de un coche.
—Trunks, muchas gracias por habernos ayudado allá afuera. —Dijo Aang, logrando captar la atención del joven que se divertía un poco observando a Ty Lee—. Sin embargo, me extraña que hayas deseado intervenir. —Su gesto se tornó un poco más serio. Giró su rostro a varias direcciones para cerciorarse de que no había nadie cerca escuchándoles—. Después de todo, dijiste que no sabías cuanto podía afectar tu intervención en el futuro…
El saiyajin también se torno serio. Bajo su mirada, incapaz de hacer contacto visual con Aang.
—Lo sé, no tenía pensado hacerlo. Es sólo que… llevaba mucho tiempo buscándola y… cuando escuché que ella estaba allí dentro, creo que me precipité un poco. Espero que esto no resulte en nada grave…
—¿Eso es verdad? — Preguntó con ingenuidad la acróbata, apartando su atención de la ventana y observando a Trunks con sus ojos grises muy abiertos, los cuales de por sí, eran enormes—. ¿De verdad lo hiciste sólo por mí?
No sólo se trataba del chico buscándola por medio Reino Tierra, sino que también, se enfrentó a una tremenda máquina de destrucción para sacarla de allí sana y salva, sin importarle demasiado el asunto de la invasión, pues confiaba en que Aang y los demás podrían hacer algo al respecto.
Sí, Trunks temía intervenir y que el futuro resultase afectado de alguna manera por su culpa, pero no le importó hacerlo en lo más mínimo cuando Ty Lee estuvo de por medio. Sonaba algo egoísta, pero tratándose de ella, no solía pensar siempre con mucha claridad.
—Bu-bueno, no sólo por ti. —Comenzó a hablar atropelladamente y con evidente nerviosismo, desviando su mirada hacia la ventana para intentar ocultar el rubor de sus mejillas—. La-la verdad, e-e-ese taladro debía ser de-detenido y…
—Está mintiendo. —Interrumpió Toph con una sonrisa pícara, mientras entrelazaba las manos tras su cabeza—. Y no lo niegues, chico rudo. Recuerda que puedo saber si mientes o no.
Katara y Aang no pudieron evitar reírse un poco, cuando notaron como Trunks optó por dibujar esa expresión seria y severa, aunque su enrojecido rostro, no le ayudaba en lo más mínimo a parecer molesto.
—¡Trunks, eso es muy lindo de tu parte! ¡No sabes lo que significa para mí!—Se le lanzó Ty Lee a un brazo, aferrándose con mucha fuerza y sacudiéndolo de adelante hacia atrás con ímpetu, hasta casi hacerlo caer de su asiento— ¡Gracias, muchas gracias!
Al saiyajin le iba a dar algo. Sentía que su rostro ardía como si hubiera sumergido la cabeza en agua hirviendo. Ni mencionar su corazón, que latía con tal fuerza, que pensaba que le había subido hasta la garganta.
—¡Bah! ¡Amor adolescente! ¿Quién lo comprende? —Masculló Sokka con evidente mal humor, todavía algo renuente en aceptar a Ty Lee dentro del grupo.
—¡Oye! ¿Esa que está allá no es Suki? —Mintió Katara, señalando a un asiento lejano donde permanecía sentada una anciana.
—¿QUÉ? ¿SUKI? ¿DÓNDE, DÓNDE?
Sólo las risas de Aang, Toph y su hermana, le hicieron entender que era víctima de una estúpida broma.
Luego, Toph le lanzó un tosco puñetazo al brazo, dejándoselo dormido y haciendo que Sokka chillara como una pequeña niña.
—Con que amor adolescente, ¿eh?
El monorriel arribó a la estación del sector bajo, un lugar enorme e imponente donde sin embargo, la mayoría de los comerciantes que rondaban por el lugar, tenían aspecto de ser muy pobres y de bajos recursos.
La cantidad de refugiados que buscaban un lugar seguro donde vivir, habían hecho del sector bajo un lugar sobre poblado y hacinado.
Sokka se aproximó a un puesto cercano donde exhibían una enorme variedad de lentes de aumento, decidiéndose a comprar un pequeño telescopio en oferta que costaba sólo 10 monedas de cobre.
Lo usó de inmediato y justo al lugar donde apuntó, logró ver a una extraña e inquietante mujer, que no dejaba de esbozar una gran sonrisa forzada, falsa y hasta aterradora.
—¡Wow! ¡Esa mujer sí que tiene una expresión perturbadora! Mejor dejamos de perder el tiempo y ¡AAAAAHHH!
Cuando quitó la vista del telescopio, notó que la tipa se había transportado misteriosamente justo frente a él, como si se tratase de una película de terror barato.
—¿Cuál es su problema? ¿Qué pretende, matarme de un infarto? —Reclamó el asustado muchacho, quien no paraba de respirar con un desespero digno de alguien que jamás ha tomado una bocanada de oxígeno.
—Ya es la segunda vez que chillas como niña. —Se burló Toph, mientras le quitaba el telescopio y simulaba usarlo, sólo que lo sostenía al revés—. Si sigues así, romperás tu marca personal.
—Hola amigos, mi nombre el Joo Dee, y tengo la maravillosa tarea de recibirles y mostrarles nuestra hermosa ciudad.
Ciertamente, el comportamiento de la mujer resultaba algo perturbador. Aparte de su extraña y forzada expresión alegre que parecía tatuada en su rostro, sus movimientos eran casi robóticos, sin mencionar que no parecía mostrar emoción alguna en su tono de voz más allá de esa falsa amabilidad.
—Será todo un honor para mí guiar al Avatar por Ba Sing Se. Ustedes deben ser Sokka, Katara y Toph. Sean bienvenidos, ¿les parece si empezamos ya?
—¡Por supuesto! —Exclamó el chico del Boomerang mientras sacaba una especie de plano de su bolso—. ¡Tenemos información que nos urge enseñarle al Rey! Con ella, planearemos una invasión a la Nación del Fuego, que nos ayudará a acabar con la guerra de una vez por todas.
La funcionaria con el cerebro lavado por los Dai li, mostró total indiferencia a las palabras de Sokka, centrando su atención en el extraño joven con la espada y esa chica que, un poco más apartada del resto, enseñaba a Momo a caminar sobre sus patas delanteras, haciendo ella misma de ejemplo, por supuesto.
—¡Es fácil! Sólo tienes que caminar como lo haces con las patas de atrás ¡Pero usando las de adelante!
—¿Y ustedes son…?
A pesar del leve cambio en el tono de Joo Dee, no dejó ni por un instante su inmutable expresión de falsa y perturbada alegría, la cual estremeció levemente a la acróbata que se pudo rápidamente en pie con una voltereta.
La mujer tenía noticia del Avatar y sus tres acompañantes, incluyendo a Momo, pero no así de los otros dos chicos.
—Ellos vienen con nosotros, son nuestros amigos jejeje. —Explicó un nervioso Aang que jugaba con su planeador, ya que trataba de evitar cualquier inconveniente posible. No por nada, Ty Lee pertenecía a la Nación del Fuego y el caso de Trunks, era sencillamente una locura de explicar.
—Lo siento, pero no recibí notificación alguna de esta inesperada visita…
—Lo siento, pero nosotros no notificamos nada. —Replicó Sokka, colocando una expresión igual de estúpida que la mujer y remedándola directamente en su cara.
Viéndose en una incómoda situación, Joo Dee quería evitar dar explicaciones sobre su conocimiento anticipado de la llegada del Avatar y sus acompañantes, así que cambió de tema en el acto.
—Muy bien, si son tan amables en seguirme, comenzaremos con nuestro emocionante tour y después, los llevaré a su nuevo hogar. Les prometo que les encantará.
Comenzó a caminar en dirección a la salida de la estación, pero Sokka se le adelantó y la interceptó para que no diera un paso más.
—¿Acaso no escuchó lo que le dije? ¡Tenemos información importante que el Rey necesita conocer ahora mismo!
Ella sólo se mantuvo sonriendo como la maniática que era, provocando que Sokka se asustara poco a poco y diera unos cuantos pasos hacia atrás.
—Están en Ba Sing Se ahora. Es una ciudad muy segura. Aquí dentro, no hay nada de qué preocuparse.
Todos se quedaron boquiabiertos, incapaces de entender qué tenía que ver una cosa con la otra.
Trunks la observaba detenidamente con su punzante mirada, intentando descifrar que pretendía la extraña mujer. No le daba una buena impresión.
Y Ty Lee… bueno, ella no parecía notar nada extraño, tal y como demostró al correr directo hacia Joo Dee para abrazarla con su habitual alegría.
—¡Es usted una señora muy amable! ¡Ya quiero empezar con el recorrido!
— ¡Que recorrido tan aburrido! —Se quejaba la acróbata, con ambos codos apoyados en la ventana del carro que les transportaba y su mentón acunado en las manos. Su expresión, detonaba infinito fastidio, prefería recorrer por sí misma las calles de la ciudad—. ¿No podemos bajarnos aquí?
—¡Por supuesto que no! —Respondió Joo Dee con su invariable tono de voz, que no denotaba otra cosa que falso entusiasmo—. Ustedes son nuestros distinguidos invitados. No podríamos permitirnos la deshonra de que recorran las calles del sector bajo así nada más. Por el contrario, el sector medio es más adecuado para ustedes.
Algo no estaba bien. Era muy evidente para todos (menos Ty Lee), que la mujer no quería dejarles bajar allí, como si intentase ocultarles alguna realidad que al estado no le interesaba que los turistas vieran.
A pesar de circular por las calles principales del humilde sector, era más que evidente las malas condiciones en que vivían sus habitantes, no sólo por la innegable pobreza que allí imperaba, sino también la excesiva aglomeración de las viviendas, malas condiciones de servicio y hasta inseguridad a simple viste.
Sí, en un breve vistazo que echó por la ventana, Katara evidenció la presencia de bandidos en algunos callejones, llegando a ser testigo, de un fugaz robo a mano armada, donde ninguna autoridad pertinente parecía estar allí para evitarlo. Quizás ni les interesaba.
A ninguno le agradó la manera tan desigual en la que se distribuían las clases, aunque era innegable que la miseria que traía la guerra y con ella, la enorme cantidad de refugiados, eran importantes causas para que se diera semejante ambiente.
—Trunks, ¿no deseas dar una vuelta? ¡Anda, di que sí! ¡Como la última vez que estuvimos aquí!
Katara salió de sus pensamientos al escuchar tal declaración, viendo a ambos jóvenes con marcado interés.
—¿Ustedes ya estuvieron en Ba Sing Se? ¿Cuándo?
—Ummm… no lo sé… hace un par de semanas, creo ¡Fue genial! ¿Verdad que sí?
Trunks sólo asintió, nervioso por lo que pudiese decir la sospechosa mujer que no les quitaba la vista de encima a ellos dos en particular, pues parecían ser los "invitados sorpresa" y según ella, no les gustaban las "visitas sorpresas", cosa que dejó muy clara cuando Sokka insistió en pedir audiencia con el Rey por enésima vez.
—Eso es más que evidente. Cualquiera que visite nuestra hermosa ciudad de Ba Sing Se, se llevará la más grata impresión. Resulta imposible formase una mala opinión después de ver las maravillas que ofrece Ba Sing Se.
—Entonces, no debería haber inconvenientes si nos bajamos aquí, ¿verdad?
Esta vez, la pregunta de Ty Lee era más que persuasiva. Era como si quisiera resaltar el contradictorio discurso de la mujer, demostrando no ser tan inocente y cabeza hueca como Sokka llegó a pensar en principio.
—Por supuesto que no. Es sólo que si permitimos tal cosa, no sabrán cómo encontrar la casa que les tenemos asignada, que se ubica en el sector alto de Ba Sing Se, un lugar especial apartado para huéspedes importantes como ustedes.
—Insisto, —Continuó la acróbata, indispuesta a darse por vencida con tanta facilidad—, sabremos cómo llegar, hemos estado aquí antes. Bastará con llegar al sector alto y que Trunks perciba el ki de…
No la dejó terminar. El nervioso saiyajin, se apresuró en taparle la boca a la acróbata sentada a su lado, riendo nerviosamente por estar tan cerca de meter la pata. No deseaba levantar más sospechas con comentarios innecesarios.
—De todas formas, no lo creo muy adecuado. Verán, no podrán pasar de un sector a otro como si nada, en especial al sector alto. Deberán tener una autorización, que con gusto, me encargaré de suministrarles a su debido momento.
—¡Eso no importa! —Exclamó atropelladamente la chica, que tomó con sus pequeñas manos la de Trunks, para retirarla de su boca y poder hablar de nuevo—. La última vez que vinimos, fuimos a donde quisimos, volando por sobre los muros internos y nadie se dio cuen…
—¡No le haga caso! —Decía Trunks con notorio remordimiento— ¡Ella suele bromear así! ¡Además, eso no tiene sentido! ¿No lo cree?
Ahora sí, Aang y los demás lo observaban boquiabiertos. Primera vez que le veían sonreír así, sin mencionar su torpe comportamiento en intentar callar a Ty Lee. Siempre pensaron que Trunks era muy frío y hasta de pocas palabras si no se le sacaba conversación, pero su conducta era claramente modificada por la jovial chica, quizás por necesidad o de lo contrario, no dejaría jamás sus imprudencias.
—Bueno, eso no importa. —Se encogió de hombros Ty Lee, simulando desinterés absoluto. Era sólo parte de su plan, tal y como anunció una previa pero efímera sonrisita pícara—. A propósito, ¿dónde están esas autorizaciones especiales? ¿Acaso las lleva con usted?
—Así es. De hecho, las tengo por aquí mismo.
Con esas palabras, Joo Dee hurgó en los bolsillo de su larga túnica amarilla tradicional del Reino Tierra, para exponer a la vista de todos, unos cuantos pases, similares al pequeño documento que acreditaba a Toph como miembro de la familia Beifong y con el cual, consiguió los boletos en la estación de transbordadores de la Bahía Luna Llena.
—¡Perfecto, ahora no tendremos ningún problema!
En un rápido movimiento y ante la incredulidad de todos, Ty Lee extendió un brazo y arrebató con gran velocidad, un par de los dichosos pases de la mano de Joo Dee, al tiempo que retiraba el seguro de la puerta del carruaje y la abría de par en par, mientras se hallaba en movimiento, para luego tomar la mano del sorprendido Trunks y saltar junto a él fuera del vehículo.
No es que la velocidad fuese importante, pero el carro viajaba tan lento, que no supuso el más mínimo problema para los dos.
Trunks había olvidado los enérgicos arranques de la chica de circo, quien a pesar de ser tan pequeña y delgada, sacaba fuerzas suficientes para halarlo con facilidad cuando era necesario.
—¡Hasta luego! ¡Nos vemos en unas horas! —Se despidió alegre y sonriente, mientras se aferraba a uno de los brazos del saiyajin y corría en dirección opuesta juntó a él, para perderse de vista al cruzar una calle.
Al fin y Joo Dee dibujó una expresión diferente en su rostro: una de asombro y desconcierto, aunque inmediatamente, volvió a su habitual semblante hipócrita, simulando que nada raro había ocurrido.
Estaba nerviosa, ya que semejante improvisto podía salirle caro, pero si ordenaba al conductor detenerse para buscarlos, podría perder control del resto del grupo, y eso era algo que debía evitar. Además, el Avatar era el invitado más importante, los otros dos no podían representar ningún problema.
—¡Bien! Eso es lo grandioso de Ba Sing Se. Muy pocos podemos resistirnos a sus encantos. Sólo vean el entusiasmo de su amiga.
—En serio no me lo esperé…
Decía la verdad. La movida de la acróbata, fue algo tan rápido como inadvertido.
Ty Lee sólo se reía. Ambos habían detenido su carrera hace mucho, pero ella no soltaba el brazo del saiyajin.
Eso le hizo recordar la costumbre de la chica por aferrarse a él, cosa que por cierto, hacía constantemente durante los días que estuvieron en Ba Sing Se.
Como por cosas del destino, sus pasos les llevaron de inmediato a un pequeño y humilde local con fachada de madera, que no era más que un establecimiento para tomar té.
—Trunks, ¿no deseas tomar uno? ¡Velo como una manera de celebrar nuestro regreso!
No había fuerza en el mundo que le hiciera negarse a una petición de la chica, pero ella tuvo que hablarle de esa manera porque sabía muy bien que al saiyajin no le agradaba demasiado esa costumbre, totalmente en desuso en su época.
—Sí, me gustaría… es sólo que no llevo ni una moneda conmigo. Lo gasté todo buscándote.
Y como de costumbre, el joven desvió la mirada y su expresión se enrojeció levemente, dada la habitual vergüenza que le invadía por no tener nada que ofrecerle a Ty Lee.
Por supuesto, a ella eso no le importaba en lo más mínimo. Comenzó a jalar a Trunks directo al interior del establecimiento, con una sonrisa que se desvaneció ligeramente al notar lo ocupado que estaba el lugar. Por suerte, consiguieron una pequeña mesa en una esquina, que parecía apartada para ambos, pues era específicamente para dos personas.
No dudaron en aproximarse y tomar asiento, hasta que se acercara el empleado y pudiesen ser atendidos.
—¡Vaya, sí que huele bien! ¡Parece que el té de aquí es muy bueno, sólo mira cuantas personas!
No hacía falta ser muy detallista para comprobar que no cabía un alma más allí dentro. Tuvieron suerte, ya que algunos clientes, comenzaron a hacer fila en la entrada, esperando a que la casa de té se desocupara un poco.
—Dime, ¿Cuál prefieres tomar? A mí me gustaría uno de jazmín. Recuerdo que era el favorito del tío de Azula ¡Pero no te dejes engañar, ese señor era muy amable, preparaba el mejor té de todos y sus historias eran muy divertidas!
Entre la alegre conversación de la joven, Trunks no pudo evitar sonreír. Nunca olvidó lo bien que se sentía estar junto a ella, pero incluso ahora, le parecía mejor de lo que recordaba.
Extendió su brazo y tomó la pequeña mano de Ty Lee que descansaba sobre la mesa, acariciando con su pulgar, el dorso de la mano de la chica.
—Pide el que quieras. Sabes que para mí es lo mismo.
La acróbata sintió sus mejillas arder, perdiéndose un poco en la profunda mirada azul del saiyajin. Sacudió su cabeza, tratando de regresar a la realidad para hablarle al joven que se aproximaba a ambos para tomar su orden.
—Bienvenidos, que se les ofrece. —Habló con cierto aburrimiento en su voz el ajetreado muchacho, que parecía algo atareado por ir tan a prisa de un lado para otro.
—Dos té de jazmín, por favor.
Todo fue muy rápido. El joven estaba con la cabeza tan sumida en sus asuntos, que no la reconoció hasta fijarse bien en ella.
A Ty Lee le ocurrió algo similar, pero fue más que nada por el aspecto tan cambiado del muchacho. No sólo era impensable encontrarlo allí, sino que en lugar de su distinguida apariencia digna de la realeza, parecía poco menos que un pordiosero a juzgar por su vestimenta.
Los dos quedaron impactados, sus ojos se abrieron como platos al comprender quien era quien. Tenían muchos años sin verse, aunque era imposible que se olvidaran el uno del otro.
Además, esa cicatriz podría reconocerla en donde fuera.
—¿Zuko? ¿Qué haces aquí?
(1)Nunca se vio un encuentro así, pero todos sabemos que Ty Lee no era realmente mala, así que pienso que tal vez no habría tenido problemas de estar con el equipo Avatar, de haber ocurrido las cosas de manera diferente. Al final, se une y hace amiga de las guerreras Kyoshi sin mayor dificultad.
Traté de actualizar lo antes posible, espero les haya gustado el capítulo.
Agradezco mucho su apoyo y los comentarios recibidos. Cualquier consejo cosa que quieran decir, será tomada en cuenta y bien recibida, así como sus impresiones de lo que más les haya gustado o no.
SB, has acertado con la reacción de Azula. Se puso medio loca de la ira e incluso de los celos, pues ningún chico se le quiere acercar jamás por miedo XD. Ojalá no hubiera sido tan mala y psicópata, el personaje me gustaba apartando el hecho de que era tan mala. Hay que ver como ocurre la invasión ahora, pues tampoco está Ty Lee para que se infiltre con ellas como guerrera Kyoshi. Ya verás que ocurrirá la invasión pero de forma inesperada. Gracias como siempre por tu apoyo!
Sayachica Agradezco como siempre tus comentarios! Quise poner que Toph ve a Trunks un poco como si fuera un hermano mayor, pues siente respeto hacia él y en parte hasta protección. Como él la consideró desde el principio, entonces ella intenta tomar sus poderes de la manera más normal posible. Ya viste como reaccionó Azula jaja. Cuando te arrechas por la demora de mis actualizaciones, ¿te pones así? XD. Tal vez pude alargar más esa parte, pero preferí solucionarlo rápido y dejarla con el orgullo herido por ser la propia Ty Lee la que la dejó allí tirada y toda tiesa jaja. Ya veremos cómo reacciona Zuko cuando vea a la amiga de su hermana; de seguro se asustará por creer que le están emboscando.
Nuevamente gracias a todos. No tengo respuesta para decirles cuando subiré otro capítulo, porque dentro de poco estaré otra vez muy ocupado.
¡Saludos y suerte!
