Otro Capítulo hoy…. Porque antes de todo soy lectora y se lo que significa esperar por un capítulo.. Disfruten…!

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CAPITULO 04

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HERMIONE despertó lentamente y en unos segundos comprobó que no se encontraba ni en su cama ni en su casa. Tras volver la cabeza vio que estaba sola en el lecho.

Allí no había señal de Draco. Después de mirar el reloj, saltó de la cama consternada, sacó ropa limpia del neceser y fue al cuarto de baño. Quince minutos después bajaba las escaleras y se dirigía a la cocina. Al oler el aroma del café y de las tostadas, de inmediato sintió que el estómago protestaba de hambre.

Draco estaba vestido con un pantalón oscuro y una camisa impecable. La chaqueta a juego y la corbata colgaban del respaldo de una silla. Su aspecto era demasiado dinámico para alguien que había pasado gran parte de la noche entregado a la actividad física. La sola visión del hombre puso en tensión los nervios de Hermione.

-Te iba a dejar dormir otros cinco minutos más antes de subir a buscarte -dijo mientras señalaba la cafetera

- ¿Café? -Por favor -respondió ella. Se sentía incómoda e increíblemente vulnerable-. Luego me iré en un taxi.

Draco puso frente a ella un plato con huevos revueltos y tostadas.

-Yo te llevaré a casa. Siéntate y come.

-No tengo hambre. Él la examinó apreciativamente, notó las sombras bajo los ojos y el cansancio.

-Come y luego nos iremos -insistió. Cualquier protesta habría sido inútil, y además el plato era apetitoso. Hermione se sentó, dio buena cuenta del desayuno y luego se sintió más dispuesta a enfrentar el día.

Tan pronto como hubo terminado. Draco se puso la corbata y la chaqueta. Hermione empezó a despejar la mesa con la intención de lavar los platos.

-Déjalo.

-Sólo será un par de minutos.

-Ya lo hará la señora de la limpieza. Sin decir una palabra, ella recogió el neceser y lo siguió hacia el garaje. Tras el corto viaje entre Wiltshire y Valle de Godric, Hermione casi no esperó a que Draco estacionara a la entrada de su edificio para abrir la puerta del coche.

Como no le vino a la mente ninguna palabra adecuada de despedida, se alejó sin más. Cuando abrió la puerta del apartamento, el gato maulló indignado. Tras dejar el neceser a un lado, le puso comida y luego bajó al estacionamiento subterráneo.

Minutos después, conducía su Porsche de época hasta el taller en medio de un difícil tráfico de hora punta. No fue nada fácil concentrarse en el trabajo mientras intentaba disipar de su mente la poderosa imagen de Draco. ¡Santo cielo, todavía podía sentirlo en su piel!

Como si no le hubiera bastado con el encuentro nocturno, se había acercado con sigilo en la madrugada y había vuelto a despertar sus sentidos incluso medio dormida como estaba. ¿Cómo podía reaccionar con tanta pasión hacia un hombre a quien odiaba? Y sin embargo, así era. Todo pensamiento racional barrido por una química sexual en todo su apogeo.

Durante el descanso para comer respondió la llamada de Harry que le había dejado un mensaje en el teléfono móvil.

-Sólo llamaba para saber cómo estás -dijo el hermano.

-¿Quieres saber cómo he sobrevivido al Acto Primero del drama nocturno en tres actos?

-¿Cinismo, Hermione?

-Tengo derecho. ¿No te parece?

-¿Y cuándo tendrá lugar el Acto Dos?

-El sábado por la noche.

-Te agradezco...

-No, por favor, no sigas por ahí —dijo con fiereza y cortó la comunicación. A continuación, después de comer frugalmente y sin apetito, volvió a su quehacer.

A media tarde le dolía la cabeza y tuvo que tomarse un analgésico. Más tarde ajustó el microscopio binocular, luego la luz y se entregó al trabajo.

Hermione se sintió muy aliviada cuando al fin terminó la jornada. Camino a casa se detuvo en un supermercado y compró comida para ella, fruta fresca y comida para el gato.

Más tarde, tras darle de comer, se preparó una ensalada y pescado. Después estuvo una hora mirando televisión y luego trabajó un rato en el ordenador portátil.

Cuando al fin estuvo en su cama sintió el peso del gato en sus piernas. Compañía y amor incondicional, fue lo último que pensó antes de dormirse no sin dificultad.

Era difícil intentar dormir cuando el único hombre que la agraviaba invadía sus pensamientos y sus sueños. Al día siguiente, sentía que se le desplomaba el estómago cada vez que sonaba el teléfono. Esperaba una llamada de Draco para confirmar el encuentro del sábado siguiente.

El viernes por la tarde era un manojo de nervios y lo maldijo de modo muy locuaz. En consecuencia, le costó trabajo responder de forma civilizada cuando oyó su voz el sábado por la mañana.

-Pasaré a buscarte a las seis y media. Primero cenaremos y luego iremos a una exposición de arte.

-Si me dices la hora en que piensas volver a tu casa podemos reunimos allí -sugirió con rigidez.

-No. Los dedos de Hermione apretaron el teléfono móvil.

-Qué significa ese... «no»? -preguntó conteniendo la rabia-. Puedes llevar a otra persona a cenar y a la exposición.

-¿Ir de una mujer a otra? -preguntó en tono jocoso.

-Alternar contigo no forma parte del trato.

-Verás, según lo convenido tengo derecho a doce horas de tu tiempo. Si prefieres no salir, estoy muy dispuesto a pasar esas horas en la cama contigo. Hermione quiso matarlo.

-Minimizar los encuentros sexuales contigo es mi mayor prioridad –dijo intentando guardar la calma-. Voy a necesitar mi coche por la mañana, así que lo llevaré a tu casa.

-Seis y media, Hermione-dijo y cortó la comunicación antes de que ella pudiera añadir algo más. La elección del vestido no fue un problema, acostumbrada como estaba a una intensa vida social. El estilo en boga era el de una mujer suave y femenina, así que escogió uno de seda color jade, con tirantes en los hombros y un profundo escote en pico. Luego se recogió el cabello en un moño flojo y se dio los últimos toques de maquillaje.

Eran las seis y veinticinco cuando estacionó frente a la verja de entrada de la casa de Draco. El Aston Martín ya estaba fuera y Draco le abrió la puerta del coche.

Hermione se limitó a inclinar la cabeza a modo de saludo y se dirigió al vehículo.

-Una mujer puntual -comentó con una mirada penetrante.

-Dijiste a las seis y media —respondió ella en tanto lo sometía a un deliberado examen. Iba vestido de esmoquin, con camisa blanca y corbata de lazo y ella sintió que se le aceleraba el pulso-. ¿Nos vamos?

-Te has vestido para impresionar -dijo Draco tras una mirada apreciativa, en un sutil tono burlón.

-Debería ser para... matar -replicó ella con una sonrisa estudiada mientras se acomodaba en el asiento del acompañante.

-¿Debería ponerme en guardia por si llevas un arma escondida? –preguntó mientras se sentaba tras el volante.

-No es mi estilo.

-¿Y hacer un comentario sobre un vestido sí lo es?

-Es una prerrogativa femenina -respondió con una cierta ironía-. El vestido será una especie de armadura contra todas las miradas femeninas que esta noche se clavarán como dagas en mi espalda.

-¿Debido a mi presunta reputación?

-Tú lo has dicho. Draco dejó escapar una risa ronca y ella se mantuvo en silencio durante el breve trayecto a Hogsmeade. Luego intentó mostrarse civilizada cuando el maítre los acomodó en una mesa reservada.

-Al parecer Nueva York te atrae bastante -dijo en un intento por iniciar la conversación-. Estuviste todo el año pasado alli.

En ese momento esperaban el primer plato. Draco se reclinó en el asiento y la miró pensativamente.

-Tengo intereses comerciales y casas en varios países.

-Por lo tanto hay que asumir que tu residencia en la ciudad será transitoria.

-Posiblemente. Hermione bebió un sorbo de vino.

-Se comenta por ahí que has tenido un pasado tortuoso.

-¿Y tú lo crees? Ella lo estudió cuidadosamente.

-A veces los rumores de sociedad pueden ser erróneos.

-Invariablemente. Había una dureza manifiesta en su mirada, algo peligroso, casi letal bajo la superficie. Su mirada era la de un hombre que había visto muchas cosas, superado otras tantas... y que había logrado sobrevivir.

-Creo que disfrutas el misterio de esas suposiciones, y además creo que debido a que eres demasiado listo has esquivado el brazo de la ley.

-Gracias -dijo con irónico cinismo. El camarero llegó con los platos, les llenó las copas de vino y se retiró.

-¿Tienes familia en Nueva York? –preguntó Hermione.

-Un hermano.

El único que había sobrevivido a un tiroteo desde un coche que había matado a sus padres. Un suceso tremendo sucedido en los primeros meses de su estancia en America y que fue la razón que le hizo tomar el primer avión para casa... y quedarse allí a labrar su fortuna.

Eran casi las nueve de la noche cuando entraron en la galería de arte. El objetivo de la exposición de esa noche era más para hacerse ver que comprar esculturas y pinturas. Sin embargo, la velada iba a ser un éxito debido al hecho de que sólo los que tenían poder de compra y prestigio social habían recibido invitación.

Incluso era de rigor donar una cuantiosa suma de dinero para una obra de caridad. Camareras uniformadas circulaban con bandejas de canapés mientras que lo camareros ofrecían champán y zumo de naranja. La llegada de Draco y Hermione fue debidamente observada y posiblemente despertaba todo tipo de especulaciones.

-Vamos a mirar un poco —sugirió Draco suavemente mientras la conducía a la sección de pinturas más cercana. Los impresionistas modernos no llamaron la atención de Hermione y pronto se encontró explicando sus razones mientras iban a mirar algunas esculturas hechas en metal.

-Draco, no esperaba verte aquí —se oyó una dulce voz a sus espaldas. Hermione vio que Astoria Greengras se acercaba a Draco. Y se acercaba demasiado

-. Hermione, no he visto a Harry esta noche.

Harry solía apoyarse en la presencia de su hermana a modo de cobertura, en tanto que a ella le agradaba proporcionársela. A ambos les resultaba cómodo. La experiencia de dos relaciones anteriores ya no estimulaban a Hermione a tener fe en la especie masculina.

-Harry no ha podido venir -respondió con suavidad. El aspecto de Astoria era increíble; vestida a la perfección de pies a cabeza en un estilo italiano y con un elegante peinado muy natural. Enfundada en un traje de seda negro que realzaba sus curvas, su presencia era un imán que atraía la atención de todos los hombres.

Los ojos de Astoria se entornaron un segundo cuando un invitado fue en busca de Draco y lo llevó junto a un grupo de hombres.

-¿Has venido con Draco? -preguntó incrédula-. Es un hombre que no encaja con la gente de tu clase, ¿no es así?

-¿ Y eso significa... ?

-Es rico, salvaje y peligroso. Nunca conseguirías manejarlo.

-¿Y tú sí? Tras lanzarle una mirada, la modeló dejó escapar una risa reprobatoria.

-Oh, por favor, querida.

-En ese caso, ¿por qué Draco me invitó a mí cuando es obvio que tú estás muy dispuesta a acompañarlo?

Los hermosos ojos azules de Astoria echaron chispas de rabia. -¿Tal vez se deba al factor novedad? -dijo en un gélido tono burlón.

-¿Lo crees así? Tal vez esté cansado de las mujeres que disputan entre ellas para atraer su atención. Astoria puso una mano en el brazo de Hermione.

-Hacerse la difícil es un juego poco aconsejable. Terminarás sufriendo.

-¿Y eso te preocupa?

-No te engañes, querida.

-¿Has terminado? -preguntó Hermione con una sonrisa estudiada.

-Creo que sí. Por ahora. Cualquier cosa era mejor que cruzar espadas con la reina del glamour, así que Hermione se alejó para ver el resto de la exposición. Después de un rato, encontró a Astoria sumida en una charla con Draco. No estaba preparada para soportar el dardo doloroso que atravesó su cuerpo. Era ridículo, y odió esa reacción tanto como lo odiaba a él. Draco Malfoy simplemente era una aberración. Un hombre que cruelmente manipulaba las circunstancias en beneficio propio. Así que, ¿qué importaba si, era un amante experimentado, sensible a las necesidades de una mujer? Había otros hombres igualmente experimentados. Hombres de familias nobles, educados en colegios privados, graduados con honores en la universidad y que se desenvolvían en el campo de los negocios, de la medicina, del derecho. Ella los conocía, había alternado con ellos... pero nunca se había encendido una chispa que la hiciera arder. Hasta que conoció a Draco. ¿Era Astoria su compañera habitual? Era cierto que durante el último mes los había visto juntos en un par de ocasiones... Y no había duda de que Astoria estaba dispuesta a clavarle las garras.

-Hermione, querida. Esperaba encontrarte aquí. ¿Cómo estás? Había muchas señoras de la alta sociedad, pero Minerva McGonagall era jefe indiscutible de toda esa minoría selecta.

-Muy bien, gracias.

-¿Cómo está el querido Henry? Lamento tanto que no se encuentre bien -dijo y luego añadió, tras una breve pausa-: Veo que has venido con Draco Malfoy esta noche. Un hombre interesante e influyente.

-¿Verdad que sí? -convino Hermione dulcemente. Minerva desvió la mirada

-Ah, Draco. Estábamos hablando de ti. Él se acercó a ellas. Demasiado cerca de Hermione. Tan cerca, que podía sentir la fragancia de su perfume masculino.

-¿Sí? -preguntó en un tono de seda.

-Ambos debéis venir a la velada que se celebrará el próximo mes. Os haré llegar las invitaciones en el curso de la semana. Disfrutad de la fiesta -dijo al tiempo que presionaba los dedos de Hermioney el brazo de Draco.

-¿Te apetece un café? -preguntó Draco cuando quedaron a solas. «Lo que a mí me apetecería es irme a casa y dormir en mi cama... sola», pensó Hermione. Sólo que eso no iba a suceder.

-¿No? En ese caso nos marcharemos. Intentó zafarse de la mano que oprimía la suya, pero fue imposible.

-Astoria quedará desilusionada.

-¿Y esperas que te dé mi opinión?

-¿Deberías?

Les llevó varios minutos llegar a la salida y ella captó la mirada venenosa de Astoria cuando abandonaron la galería.

-¿Te importa? -dijo Hermione al tiempo que clavaba las uñas en la palma de Draco para soltarse-. No voy a escapar ni a gritar por la calle.

-No llegarías muy lejos.

-No necesitas recordarme mi obligación. No cruzaron palabra durante el trayecto a Wiltshire. Y apenas Draco estacionó, ella salió del vehículo. ¿Por qué estaba tan enfadada? Draco Malfoy no era suyo. Nada le unía a él. Era libre de ver a quien quisiera, y Astoria Greengras ciertamente era una tigresa en la cama.

Una risa lúgubre nació y murió en su garganta mientras precedía a Draco dentro de la casa.

-¿Te apetece algo de beber? -preguntó al tiempo que deshacía el lazo de la corbata y se desabrochaba la chaqueta. Hermione continuó su camino hacia la escalera.

-¿Para qué jugar a fingir? -dijo al tiempo que subía los primeros peldaños-. ¿Para poner en un contexto diferente la verdadera razón de mi presencia aquí?

-¿Un hombre y una mujer que se entienden en la cama? -preguntó él, en un tono suave como la seda.

-Es sexo solamente -dijo ella a sabiendas que mentía. Y sin decir más, siguió hacia la primera planta, consciente de la anticipación sensual que invadía su cuerpo a medida que subía los peldaños.

El calor y la pasión de la posesión de Draco se habían convertido en una entidad palpable y se odió por desear lo que él pudiera darle, porque había una parte de ella que deseaba que fuese real. Deseaba todo el bagaje emocional, y no sólo la mera parte sexual. Pero todo lo que podía haber entre ellos se remitía al sexo. Y ella debería sentirse contenta. Implicarse emocionalmente con Draco sería lo mismo que lanzarse desde un avión sin paracaídas. Sí, una locura. Hermione entró en el dormitorio de la suite, se quitó los zapatos, las joyas y bajó la cremallera del vestido.

Era consciente de la presencia de Draco y del neceser que le tendía en ese momento. Sus dedos temblaron al recibirlo y de inmediato fue al cuarto de baño. Minutos después, se quitó el maquillaje, se soltó el pelo y deliberadamente evitó mirarse en el espejo.

Draco estaba en la cama, con la cabeza apoyada en un codo y mirándola con una cierta ironía. De pronto fue muy consciente de la camiseta que le cubría los muslos. La antítesis del glamour. Astoria, o cualquiera de las muchas mujeres que habían compartido su cama habrían elegido una prenda transparente, tal vez negra o escarlata.

Pero ella no estaba allí para provocar. Así que se introdujo bajo la ropa de cama y se volvió a mirarlo. Él deslizó un dedo por la mejilla y luego lo enredó en sus cabellos. Después trazó el contorno de la piel detrás de la oreja y recorrió la base del cuello mientras la besaba. Hermione dejó escapar un gemido cuando una mano descansó en el muslo.

¿Cómo podía sucumbir tan fácilmente? De pronto tuvo el descaro de pensar que había estado sobre ascuas durante toda la velada, esperando ese momento, deseándolo. En ese instante, la lengua de Draco jugaba una danza erótica en su boca y ella empezó a responder. Draco se puso de espaldas, la atrajo hacia sí y empezó a acariciar sus pechos. Los pezones se excitaron mientras él los tocaba y los besaba hasta que ella dejó escapar un breve grito mitad de dolor y mitad de placer.

La erección era una fuerza muy potente y Hermione sintió que se incendiaba cuando él, dentro de ella, empezó a moverse con mucha suavidad al principio imprimiendo a ambos cuerpos un ritmo lento que fue creciendo en profundidad hasta que ella se sintió totalmente perdida, inconsciente de los sonidos que escapaban de su garganta, atrapada en el erotismo del ascenso hasta las alturas sólo para quedar suspendida en la cima... y luego volver a caer en los brazos de Draco.